Sentir vergüenza es bueno para tu salud emocional

¿Sientes vergüenza de sentir vergüenza?. ¿Te sientes mal porque te avergüenzan determinados aspectos de tu persona?. ¿Es en determinadas situaciones donde sientes mucha vergüenza y tratas de evitar la situación?.

Atento. Tratar de evitar la vergüenza, la multiplicará y dificultará que puedas gestionarla adecuadamente. Como todas las emociones, la clave está en aceptarla y trabajarla con cariño. Aprovéchate de tu sentimiento de vergüenza. Podrás regularlo y sentirte mejor. Sentir vergüenza es bueno para tu salud emocional.

La vergüenza es una emoción primaria que facilita las relaciones sociales, permitiéndonos conectar con otros y experimentar un sentido de pertenencia. Este nexo es necesario para la supervivencia, el comportamiento prosocial, la empatía y la compasión. 

La vergüenza actúa como regulador del comportamiento para dar a conocer a los demás que se ha roto/violado una norma social o que una persona ha actuado de forma inaceptable.

Una expresión sana de la vergüenza es una estrategia adaptativa que asegura la supervivencia y las buenas relaciones con los demás.

Sin embargo, cuando la vergüenza es impuesta, puede convertirse en tóxica y encerrar a la persona en un abismo de odio y daño hacia sí mismo. Ser repetidamente humillado y avergonzado puede generar una sensación crónica de vergüenza. El dolor emocional puede ser tan insoportable que las personas tienen que empujar sus sentimientos fuera de la consciencia consciente.  Y por tanto, desacoplarla de las experiencias originales que causaron la vergüenza. Es muy frecuente en terapia que los clientes no asocien su ansiedad a sus experiencias de vergüenza originales. 

Sentir vergüenza es bueno para tu salud emocional

Podemos definir la vergüenza como una intensa y duradera reacción a la amenaza de uno mismo, a su sentido de pertenencia y de autoaceptación.

Es importante identificar los elementos positivos y negativos asoaciados a la vergüenza. ¿De qué tipo son las experiencias que te causaron el sentimiento de vergüenza?

Sentir vergüenza de una forma saludable

La vergüenza saludable o adaptativa, se experimenta por todo el mundo de distintas formas y grados. Estas experiencias son positivas y nos recuerdan que somos humanos, que cometemos errores. También que necesitamos ser valorados, respetados y aceptarnos a pesar de los errores. En estas necesidades básicas media la vergüenza regulando las relaciones para mantener la cercanía, la sintonía y las pruebas de las relaciones que merecen la pena. Utilizaremos entonces, comportamientos prosociales, la cooperación, la empatía, la compasión y la aceptación. 

La vergüenza saludable nos proporciona la guía moral necesaria para facilitar la autoconsciencia de nuestro comportamiento en relación a los demás y nos impulsa a una mayor apreciación de las relaciones. Nos proporciona señales de aviso de cuándo un código social no se cumple. Por ello, en este caso, la experiencia de la vergüenza es transitoria. 

 Es cuando los demás no responden al arrepentimiento y humillan constantemente cuando la vergüenza saludable puede convertirse en crónica. En este momento, es cuando nos podemos sentir abandonados y enormemente rechazados.

Ejercicio: identifica experiencias de vergüenza saludable

Para identificar la vergüenza saludable, piensa en alguna experiencia basada en la vergüenza que haya guiado tu comportamiento de una forma positiva, o te haya ayudado a darte cuenta de que no eres mejor o peor que nadie.

Vergüenza crónica: siento vergüenza constantemente

Con el paso del tiempo, la naturaleza insistente de la vergüenza se puede volver crónica y tóxica. Entonces, los sentimientos intensos que la acompañan se convierten en creencias de que la identidad de la persona es defectuosa, inadecuada e inaceptable para otros. Estas consecuencias dejan a la persona tremendamente vulnerable, con miedo y psicológicamente frágil. Para superar estos sentimientos dolorosos, se ponen en marcha diversos mecanismos de defensa, como la disociación. Ésta permite a la persona protegerse de la vergüenza, situándola fuera del plano consciente. 

 Es muy probable que la vergüenza crónica, se internalice en forma de ataques personales. Comportamientos internos como rumiar, hacerse daño, mostrar compulsiones, adoptar conductas de riesgo y posibles adicciones, serán conductas persistentes en la vergüenza crónica. Este comportamiento persistente generará anticipaciones futuras de vergüenza. En ellas, cada nueva experiencia se añadirá al bagage personal que constantemente amenaza a la identidad personal.

Ejercicio: impacto de tus experiencias de vergüenza

Reflexiona sobre cómo te han impactado tus experiencias de vergüenza a lo largo del tiempo. Piensa como te han influido y hasta qué punto están presentes actualmente.

Vergüenza interna y externa.

  • Interna: El foco de atención se sitúa en la necesidad de cumplir con las expectativas de los demás para ser considerado un miembro más del grupo. Son los juicios de los demás los que tienen el poder de provocar los sentimientos de vergüenza. Estas fuentes externas tienen un alto poder regulador del comportamiento. Se centran en las demandas que consideramos que las personas importantes de nuestro alrededor tienen sobre nosotros.
  • Externa: Se relaciona con el aprendizaje vicario, es decir, la observación de otros. Se aprende el sentimiento de la vergüenza a partir de los sentimientos de vergüenza que tienen otras personas significativas en nuestra vida. Así el sentido de identidad de la persona, se ha infectado con las creencias de otros. Hasta el punto de que, la persona puede valorarse como defectuosa y poco valiosa. En este aprendizaje, se suelen generar conductas de auto-sabotaje personal, para confirmar que son inferiores a los demás.  
Ejercicio: identifica dónde se sitúa tu sentimiento de vergüenza
  1. Piensa qué expectativas de las personas significativas de tu vida estás tratando de cumplir a costa de tu bienestar emocional.
  2. Identifica si has asumido «modelos de vergüenza» en tu trayectoria personal.

 

Vergüenza consciente e inconsciente.

La diferencia crucial entre un sentimiento de vergüenza sano y uno no saludable es el grado en el que es una experiencia consciente. En la vertiente saludable, la vergüenza es un sentimiento transitorio y permanece en el consciente. Cuando la vergüenza es tóxica, los sentimientos son tan intensos que las personas tienden a guardarlo fuera de la consciencia y bloquearlo. Así lo separan del suceso original que causó la vergüenza. Aunque bloqueado, cualquier experiencia similar provoca nuevamente el sentimiento de vergüenza, creando una espiral en la que es difícil salir. 

  • Vergüenza consciente: La persona está en contacto con la sensación física de la vergüenza (taquicardia, cabeza baja, caída de hombros, etc) y los sentimientos que les acompañan. Les suele acompañar la negación del reconocimiento del sentimiento de vergüenza.
  • Vergüenza inconsciente: Al tratar de bloquear o situar la vergüenza fuera de la consciencia, las personas son capaces de evitar las emociones intensas que la provocan. Se crea un estado de disociación. En este estado se niegan las experiencias de vergüenza de uno mismo y de los demás. En posibles extremos, las personas pueden generar una especie de «anestesia emocional», en la que que no sienten nada de vergüenza. Este hecho puede degenerar en comportamientos extremos como el narcisismo, la arrogancia, etc… En algunas ocasiones, también, los pensamientos obsesivo-compulsivos, pueden tratar de cauterizar y bloquear los sentimientos de vergüenza, pero no se gestionan emocionalmente. Todo lo contrario, mantienen vivo el sentimiento de vergüenza. 

¿Te sientes culpable o avergonzado?

Sentirse culpable
  • «Hice algo que no estuvo bien».
  • Posibilidad de sentirse avergonzado por el comportamiento que se puso en marcha.
  • Normalmente consciente.
  • Impulsa la compensación, el cambio, la confesión.
  • Se elabora una respuesta reparadora del comportamiento que no fue adecuado.
  • No afecta a la identidad de la persona.
Sentir vergüenza
  • «Soy mala persona».
  • No siempre consciente.
  • Foco de atención en la identidad de la persona como fracasada o inadecuada.
  • Sentimiento insistente y crónico.
  • Produce bloqueo y parálisis.

¿Qué activa la vergüenza?

Identifica  cuál es el impulsor que pone en marcha tu sentimiento de vergüenza:

  • Ridículo
  • Comparación con otros
  • Juicios
  • Desprecio
  • Incompetencia
  • Culpabilidad
  • Pensamientos negativos
  • Vulnerabilidad y dependencia emocional
  • Abandono y rechazo
  • Exposición

¿Cuál es el mecanismo de defensa que pones en marcha?. ¿Sobre qué necesitas trabajar y reflexionar?.

Identifica cuál es el mecanismo de defensa que pones en marcha ante el sentimiento de vergüenza. Cada una de las opciones que marques serán tus objetivos de mejora para convertir la vergüenza en un sentimiento saludable.

  • Autoevaluación negativa
  • Pensamientos negativos
  • Diálogo interno destructivo
  • Comparación con otros
  • Necesidad de control
  • Represión de expresión de emociones 
  • Perfeccionismo
  • Grandiosidad y Narcisismo
  • Responsabilidad excesiva
  • Asumir roles impuestos por otros
  • Enfado y rabia
  • Falta de empatía y compasión

Conclusión

La próxima vez que...
  • Te avergüence una situación de exposición al público.
  • Sientas vergüenza delante de otra persona.
  • Sientas ansiedad ante una situación importante en tu vida.
  • Te avergüencen determinadas vivencias en tu vida.
  • Experimentes verdadera incomodidad con determinados aspectos físicos, psicológicos o emocionales de tu persona.
Aprovecha las señales que te proporciona tu sentimiento de vergüenza
  • Tómalo como una señal de alerta inteligente de cuerpo y mente para que hagas algo diferente.
  • Procura ponerle solución para que sea algo pasajero.
  • Evalúa si estás avergonzado  por un comportamiento o por tu persona.
  • Clarifica si ese sentimiento te está acompañando demasiado tiempo a lo largo de tu vida.
  • Pide ayuda si lo necesitas a un profesional que te permita regular el nivel del sentimiento de vergüenza.
¿Cómo es tu sentimiento de vergüenza? ¿Es saludable o te hace daño?
¿Tienes estrategias saludables para manejar el sentimiento de vergüenza?
En caso de que necesites mejorar tu sentimiento de vergüenza ¿Cuál es tu conclusión? ¿Por dónde necesitas empezar a trabajar?

Y si te apetece y puede ayudarte...

Tu perfeccionismo obsesivo multiplicará tu ansiedad

Querer mejorar y dar lo mejor de nosotros mismos, es un valor excepcional que nos mantendrá en el camino del aprendizaje. Por el contrario, el perfeccionismo obsesivo multiplicará tu ansiedad. Te mantendrá en un camino de constante insatisfacción. 

¿Eres de los que piensas constantemente si tu trabajo estará bien hecho?. ¿Te obsesionas pensando que hasta que no lo tengas todo bien organizado y terminado no puedes descansar?. ¿Te calificas negativamente sino estás haciendo algo todo el tiempo?. ¿Piensas que no haces suficiente por tus seres queridos?. Cuidado, aquí, es donde tu perfeccionismo te hará sentir una ansiedad constante y gratuita que no te dejará sentirte en equilibrio contigo mismo. 

Tu perfeccionismo obsesivo multiplicará tu ansiedad

Cuando te sientes estresado, tu amígdala envía a tu cerebro la orden para que se disparen todas las alarmas.  Tu neuroquímica cambia y la testosterona, la norepinefrina, y el cortisol se disparan. Este nivel hormonal te facilita pensar en negativo, luchar defensivamente y estar en constante tensión muscular. 

Las sensaciones de estrés están ahí para señalarnos que ante una situación que interpretamos como negativa, necesitamos más lucha, más defensa y recursos distintos a los habituales. Ahora bien, en el caso de que constantemente aumentes este nivel de alerta con mensajes del tipo: «no está del todo bien», «no he hecho lo suficiente»… se multiplicará tu ansiedad. Más allá de lo necesario. Las personas que tienen constantemente presentes estos pensamientos obsesivos, pueden convertir el estrés puntual en estrés crónico. 

De esta forma tu cerebro estará constantemente y para todas las situaciones, en modo alerta, con lo que tu salud física puede resentirse. Tu nivel de agotamiento emocional será cada vez mayor, por la constante exigencia a tu cerebro de un sobre esfuerzo. 

Las situaciones difíciles a las que nos enfrentamos en el día a día pueden compararse más a una maratón que a un sprint. Con lo que ¿quieres gastar toda tu energía en el primer KM?. Seguro que no llegarás o vas a acabar agotado física, emocional y mentalmente. Es muy posible que sientas que no puedes con todos los frentes que tienes abiertos.

Afrontar situaciones estresantes o difíciles requiere de tiempo de recuperación. Esta recuperación a nivel física, mental y emocional te permitirá seguir adelante con todos tus retos. Para cada etapa o momento de estrés se requiere etapas y momentos de recuperación y descanso. 

El coste emocional y físico que tiene tu obsesión por el perfeccionismo

Como comentábamos aumentar nuestra exigencia en situaciones que de por sí ya requieren un esfuerzo extra, tendrá un coste emocional y físico. Necesitarás tomarte descansos no sólo físicos, sino también mentales y emocionales.

El perfeccionismo alimenta tu necesidad de control. Con lo que cada vez, estarás menos preparado para afrontar situaciones de incertidumbre. ¿Qué otras consecuencias tiene el perfeccionismo?

  • Dificultad en disfrutar de lo que vives.
  • Menor sensación de felicidad.
  • Insatisfacción personal.
  • Tristeza.
  • Ansiedad crónica.
  • Insomnio.
  • Sistema inmunológico bajo.
  • Problemas de concentración.
  • Falta de autoestima.
  • Dificultad de sentirse en paz con uno mismo.
  • Sensación de culpa constante.
  • Protección y rechazo ante los cambios.

Te propongo algo. Quiero invitarte hoy a que te tomes un rato para revisar qué te ocurre. Tómate con tranquilidad unos minutos para reflexionar sobre el elemento que te está causando ese estrés que empieza a ser insoportable para ti. 

Usa el test que encontrarás a continuación para que te ayude a clarificar los motivos de perfeccionismo.

*Puedes enviarme tus respuestas de forma anónima. Así, puedo tener información de tus intereses para próximas entradas del blog. Y si quieres, puedes enviarme tu respuesta con tus datos y podemos comentarlo luego personalmente, si crees que te puede ayudar. 

9 formas de reducir la culpa y superar el perfeccionismo

1 Trabaja con listas

Si te sientes culpable porque crees que nunca haces lo suficiente por tu familia, amigos, trabajo, etc., haz una lista de las cosas que habitualmente haces. Después haz otra lista con las cosas que haces para cuidarte a ti mismo. ¿Qué lista es más larga?. Trabaja habitualmente con estas listas para ser consciente y tener datos objetivos sobre tu duda. Piensa además, cuánto te ayuda la lista de «cuidarme a mi mismo» a ser mejor padre, madre, hijo, amigo, profesional…

2 Afronta la realidad del problema

En lugar de sentirte culpable, afronta bien el problema. Pregunta a las personas que piensas que no se sienten suficientemente atendidas por ti. Considera si tienen tendencia a esperar demasiado de ti y no tienen en cuenta su propia responsabilidad sobre sus problemas. Piensa además, que cuando se lo solucionamos todo a alguien, cuando siempre estamos ahí, la otra persona no crece.

Concéntrate en alguien a quien admires. ¿Cómo vería desde fuera esta situación y estas relaciones?. En caso de que encuentres datos objetivos de que la otra persona no se sienta atendida, habla con ella y trata de llegar a un equilibrio entre lo que das y lo que te cuidas tú.

3 Date las gracias

La culpa y el perfeccionismo al activar tu amígdala y el Sistema Nervioso Simpático, impiden que puedas pensar en positivo y en posibilidades. Toma como hábito acabar el día, pensar qué cosas has hecho por los demás y permítete darte las gracias. Siéntete satisfecho y valora tu implicación. También recuerda sentirte orgulloso de las cosas que has hecho para cuidarte tú.

4 Toma perspectiva

A menudo tendemos a ser más comprensivos y compasivos con los demás que con nosotros mismos. ¿Y si te pusieras en su lugar?. ¿Qué pensarías tú si recibieras lo que tú le das?. Toma perspectiva y ponte en el lugar del «observador» y del que recibe.

5 Establece límites

Si consideras que tu perfeccionismo te está causando ansiedad y sensación de culpa, empieza por ponerte límites. Comienza por poner un límite de tiempo a ese trabajo que tienes que realizar. También, establece un número de veces que atiendes a esa persona al cabo del día, o de la semana.

Crea límites de tiempo o de frecuencia para esas tareas a las que dedicas un tiempo interminable. Procura hacer lo mismo con esas personas que están constantemente demandando tu atención. Te darás cuenta poco a poco que empiezas a ser más eficiente con tus tareas y más objetivo con la implicación hacia determinadas personas.

6 Uno o dos comprobaciones son suficientes

Date cuenta de cuánto tiempo y energía inviertes en comprobar una y otra vez ese mail, ese informe, esa presentación. No te permitas comprobar más de una o dos veces ese trabajo que estás realizando. Comprueba que estarás menos agotado y ganarás tiempo.

En última instancia, permítete equivocarte. Los demás no te van a dejar de valorar por un error puntual. Eres tú y tu miedo quién  no se perdona los propios errores. ¿A qué sueles perdonar más los errores ajenos que los tuyos propios?.

Focaliza tu atención, tienes una o dos comprobaciones para corregir lo que quieras, no más.

7 Comete algunos errores o descuidos adrede

Sí, no es broma. Hemos comentado que el perfeccionismo  alimenta tu necesidad de control y tu rechazo extremo a equivocarte. Así, es posible que huyas constantemente de la crítica, de la incertidumbre y del error. Si es tu caso, trata de reflexionar que también estás huyendo de las ideas alternativas, de la espontaneidad, de la improvisación y del aprendizaje. ¿De verdad quieres limitar tus habilidades y no disponer de estas últimas?. 

Permítete algún error, aunque sea pequeño. Después escribe que crees que pasará como resultados. Comprueba la realidad. ¿Fue tan malo como esperabas?. ¿Podrías haberte ahorrado esa ansiedad gratuita que experimentaste?.

8 Haz algo para no procrastinar con esa tarea que piensas que no vas a hacer bien

En ocasiones tu afán de perfeccionismo te bloquea. Procrastinas una y otra vez esa tarea que piensas que no vas a hacer suficientemente bien. Suficientemente perfecta. Esto te ocasiona problemas de cumplimiento de plazos y relaciones con los demás. 

Desmenuza esa tarea. Hazla en pasos más pequeños y simplemente empieza. Relájate y evita juzgarte. Es más, permítete imaginarte cómo te sentirías satisfecho con el cumplimiento de esa tarea. No, como la harás perfecta, sino cómo harás para sentirte satisfecho. ¿Qué toque personal puedes darle?. 

Aborda esa tarea o esa conversación pendiente y empieza. Sin juicios. Ya sabes dónde te lleva el juicio extremo y el perfeccionismo. Prueba ahora a dónde te lleva tu espontaneidad y tu implicación sin ataques personales. 

9 Mírate como te miran los que admiras y los que te aprecian

Cuando evalúes tu propio trabajo o tus actuaciones, para un momento. Da un paso atrás e imagina qué feedback te darían las personas que admiras y te aprecian. ¿Dónde pondrían el foco?. ¿Qué les gustaría de lo que has hecho?. ¿Qué dirían esas personas de esfuerzo y tu implicación?. Seguramente encontrarás motivos y reconocimientos en los que tú por ti mismo no habrías puesto atención.

Regula tu exigencia y tus estándares. Te sentirás más feliz y satisfecho contigo mismo.

En última instancia y si te cuesta hacer este ejercicio. Prueba otra cosa. ¿Qué espera el receptor de tu trabajo?. ¿Seguro que tu exigencia y tus normas son las mismas que las del receptor de tu trabajo?. A veces ponemos el foco en exigencias que no son necesarias, sobre todo para el que recibe el resultado de tu trabajo.

Conclusión

Perfeccionismo, culpa y ansiedad van de la mano. Multiplican tu ansiedad más allá de lo que la situación a la que te enfrentas requiere de verdad. Ser consciente de tu diálogo interno y tus hábitos de auto cuidado será un buen comienzo.

Recuerda, el objetivo no es que no te importe ser mejor. Es rebajar, regular, normalizar tu ansia por ser perfecto. En el momento que tu valor de ser mejor cada día te bloquea y te causa ansiedad, ahí deja todo de tener sentido. Caerás en tu propia contradicción. Tu ansiedad te impedirá lo que deseas, aprender y ser mejor en tu trabajo y en tus relaciones personales. 

¿Cómo impacta en tu vida diaria el perfeccionismo y la culpa?
¿Puedes identificar qué ganas y qué pierdes manteniendo ese nivel de ansiedad constante?
¿Por dónde empezarás a regular tu ansiedad?

Y si te apetece y puede ayudarte...

6 motivos por los que tu mente no te deja descansar

No dejas de pensar y darle vueltas esos pensamientos que te mantienen en una constante tormenta emocional. ¿Te ocurre?. Además, compruebas, pero te es difícil impedirlo, que cada vez sientes más ansiedad. Esto te impide abordar tus tareas y responsabilidades diarias con tranquilidad y seguridad. 

Es posible que vivas en un estado constante de intranquilidad e inseguridad. Acabas por pensar que no podrás afrontar determinadas situaciones. Es posible que cada vez te veas a ti mismo como menos capaz, afectando a tu autoestima y valía personal. 

Como explicamos en el post sobre perfeccionismo obsesivo, en situaciones de estrés o ansiedad, tu neuroquímica cerebral cambia. Tu amígdala, se ha encargado muy bien de mandar las órdenes adecuadas a tu sistema mente-emociones: «tengo miedo, me preocupa y debo estar en alerta».

Lo que ocurre es que no siempre este sistema se pone en marcha ante situaciones «reales» de peligro para las que necesites estar en alerta. Se activa con las interpretaciones que tú realizas de tu vivencia de la realidad. Así, es fácil que si te paras un momento, veas que hay siempre una serie de patrones de pensamientos que activan tu estado de alerta. Si alimentas estos esquemas mentales, seguirás en estado constante de ansiedad y malestar.

¿Qué formas de pensamiento te van a jugar una mala pasada a tu bienestar emocional?

6 motivos por los que tu mente no te deja descansar

Veamos algunos de los patrones mentales más comunes que no te dejarán descansar mental y emocionalmente. 

Pensamiento en blanco y negro. "Las cosas son horribles o perfectas".

  • Ese trabajo que has realizado no está lo suficientemente bien. Tiene que reunir los requisitos que están en tu cabeza y no consigues hacerlo.
  • Ese encargo que has hecho a un colaborador, familiar, o amigo, no está bien hecho. Las cosas se hacen sólo de la manera en cómo tú las piensas.
  • No debiste comportarte así. Es horrible lo que has hecho.
  • La ayuda que te han dado no te sirve, tú esperabas otra cosa.
  • Tu colaborador no hace su trabajo exactamente como le has indicado. No aprende. 
  • El resultado que has obtenido en esa situación es horrible. Tú querías conseguir algo diferente.

¿Suelen estar presentes este tipo de reflexiones en tu mente?. ¿Te hacen sentir bastante mal y te producen gran ansiedad?.

Si es así, necesitas ser consciente de que estás aplicando el «pensamiento en blanco y negro». A través de este patrón de pensamientos sitúas tus vivencias y resultados sólo en dos categorías. Horrible o perfecto. Con lo cual, sólo disfrutas cuando  las cosas salen exactamente como están en tu cabeza. Y en consecuencia, sufres constantemente cuando tus expectativas no se cumplen.

Razonamiento emocional. "Si me siento mal es que no está bien".

  • Me siento mal con esa persona. Esta relación no es buena. Esta persona es mala.
  • Si en esta situación yo me siento bien, es que está todo bien.
  • Me siento bien cuando me ayudan tanto. Esta es la forma en la que se debe ayudar a otros. 
  • Si realizar ese reto no me hace sentir bien es que no es bueno para mi. No debo hacerlo.

¿Tiendes a asumir que algo es verdadero porque te sientes que lo es?. O por el contrario, ¿tiendes a asumir que algo o alguna persona no es buena porque te sientes mal?. Bien. Nuevamente, amplía tu consciencia sobre este patrón de pensamiento. Estás aplicando el «razonamiento emocional». Tiendes en este caso a razonar y tomar decisiones en función de cómo te hacen sentir. Con lo que son las emociones que sientes las que dictan tus decisiones y juicios sobre situaciones o personas. Te pierdes la posibilidad de aprender que en gran medida, tienes más posibilidades de actuación de las que estás considerando.

Visión de túnel. Hay algo, vivencia o idea que está constantemente presente en tu vida.

En el patrón de pensamiento «visión de túnel», tus vivencias más difíciles dominan tu vida. Todo lo relacionas y lo razonas según se parezca o no a la situación difícil que viviste anteriormente. 

Si alguien te trató mal, buscas constantemente cómo te tratan y actúan las demás personas para ver si debes alejarte de ellas. Tu foco de atención está constantemente centrado en detectar posibles amenazas y fuentes de malestar o estrés. Comienzas, entonces un loop de pensamiento detectivesco que te ayuda anticipar posibles desgracias o evitar posibles males. Constantemente estás en búsqueda de que algo malo pueda ocurrir.

Tienes un nivel de vigilancia y alerta por encima de lo deseable. Este constante estado de activación vigilante, te mantiene en un estado emocional negativo que te genera cada vez más ansiedad y miedo.

Si te paras a pensar en algo positivo en tu vida, sí lo reconoces pero le buscas una explicación lógica relacionada con tus miedos. Y realmente no tiene tanta importancia. Lo realmente importante, es lo que pueda ocurrir y puedas prevenir. 

Pensamiento "seguro que todo sale bien". El deseo positivo te impide afrontar otros resultados.

¿Organizas tu vida en torno a tus deseos y creencias de que las cosas saldrán bien?. No quieres estresarte, todo irá bien. De hecho, no sueles prepararte para otros posibles resultados. ¿Qué harás si no sale todo cómo esperas?. ¿Tienes otro plan?. ¿Estás preparado para afrontar que esa persona tome una decisión diferente a la que imaginas?. ¿Has ideado otro plan de acción por si no obtienes la valoración que consideras que te mereces y has imaginado?. ¿Cómo lo afrontarás?.

Ser optimista es fundamental. Ahora bien, si tu optimismo y buenos deseos se convierten en tu único recurso personal para que las cosas salgan bien… Ahí puedes encontrarte después con la dura realidad. Y necesitarás de otros planes, y otros recursos personales, que te permitan recuperarte en caso de que tu sorpresa te cause verdadera ansiedad. 

Evitar estar preparado y obviar posibles resultados diferentes a los que tú esperas, te causará un bienestar a corto plazo. Ahora bien, lo importante es que seas capaz de afrontar tu desilusión.

¿Te has sentido muy mal después de que no te seleccionaran para esa entrevista de trabajo que pensabas que fue tan bien?. ¿Te has sentido muy decepcionado y ha afectado a tu autoestima que ese cliente no se decidiera por tu propuesta?. 

Analiza cuánto peso tienen los buenos deseos y el «seguro que todo sale bien» en tu forma de vivir. 

Personalización. "Es mi culpa".

¿Cuánto tiendes a echarte la culpa de todo lo que ocurre?. Y sobre todo, de lo malo que te ocurre. 

  • Si no me seleccionan en esta entrevista de trabajo es que no soy buen profesional.
  • En las relaciones personales, si mi pareja, me deja es que yo no soy suficientemente bueno.
  • En las situaciones familiares, si mis seres queridos se sienten mal o me tratan mal, es culpa mía. Algo no estoy haciendo bien.
  • Si mis amigos se enfadan, es que he hecho algo mal.
  • Ahora lo pienso, y no debí tomar esa decisión.

¿Te has descubierto a ti mismo pensando aproximadamente de esta manera?. ¿Te causa verdadera ansiedad?. ¿Se convierte este patrón de pensamiento en una preocupación habitual para ti?. ¿Tienes remordimientos por la decisión que tomaste hace tiempo?.

¡Ojo!. Todo no depende de ti. Las responsabilidades son compartidas siempre en cualquier relación. Y más aún. Las decisiones se toman y se valoran en relación a tu momento vital. Pasado el tiempo, tú siempre serás otra persona. Con valores y prioridades diferentes. Con lo que, martirizarte con lo que podrías haber hecho no dejará que descanses mental y emocionalmente.

Comparaciones inútiles

  • No soy tan bueno como…
  • Mis compañeros de trabajo son mejores que yo.
  • Yo nunca seré como…
  • Otros compañeros de carrera, a estas alturas, ya están en… y yo sigo todavía aquí.
  • Hay gente que es mucho mejor que yo, ¿para que voy a intentarlo?.
  • Se presenta mucha gente a esa entrevista, oposición… Seguro que hay personas mejores que yo, que sacarán mejores resultados.

¿Sueles realizar este tipo de comparaciones?. ¿Y el resultado, por supuesto, es que tú nunca eres suficientemente bueno comparado con otros?.

Bien es posible. Siempre encontraremos personas que aparentemente resuelven mejor que nosotros determinadas situaciones. Ahora bien, además de usar «tu bola mágica» para anticipar el pasado :-), ¿te has parado a pensar qué hacen que tú no?. Valorar sin más que otras personas pueden resolver determinados retos mejor que tú, no te sitúa en el foco de la solución. Identificar qué habilidades han entrenado y qué hábitos han desarrollado, puede ayudarte a ti a aprender. Puede situar tu foco de atención en aprendizajes y habilidades a las que no das importancia. Eso sí, ser «tan bueno como ellos» requiere aprendizaje y riesgos. ¿Estás dispuesto a asumirlos?. O, ¿estás más cómodo pensando que simplemente los demás son mejores que tú?.

Conclusión

  • Ver el mundo en blanco y negro, te dirige directamente a perderte matices y grises que permiten más posibilidades y aprendizajes.
  • El razonamiento emocional te impide darte cuenta de que igual necesitas nuevos recursos personales. Los juicios emocionales te causarán intranquilidad personal.
  • Valorar el mundo y tus vivencias en «modo túnel» te impide valorar las vivencias y las personas con mayor amplitud de miras. 
  • Confiar en que todo se solucionará y saldrá como tu esperas, bloquea tu capacidad de resolución de problemas.
  • Asumir la culpa de todo, te pondrá difícil diferenciar qué relaciones son saludables y cuáles no. 
  • Las comparaciones con los demás sólo son útiles en la medida que te impulsen a aprender recursos personales a los que no prestas atención.
¿En qué patrones de pensamiento te has sentido identificado?
¿Cuáles son las ventajas e inconvenientes de mantener esos patrones de pensamiento?
¿Qué otras estrategias de afrontamiento mental y emocional necesitas aprender?

Y si te apetece y puede ayudarte...

Qué necesitas saber para superar una crisis personal

El manual DSMV que manejamos los psicólogos para evaluar y diagnosticar, identifica el concepto de crisis de ansiedad (ataques de pánico). Este trastorno se muestra con la aparición súbita de miedo o malestar intenso. Alcanza su máxima expresión en minutos produciéndose entre otros síntomas: palpitaciones, dificultad para respirar, mareos, miedos, y sensación de irrealidad.

Ahora bien, cuando hablamos de crisis personal, hablamos de un decrecimiento de las habilidades de afrontamiento de situaciones cotidianas y vitales de la persona. Cuando se está ante una crisis personal, la persona siente que no puede avanzar. La persona se desmotiva, y su estado de ánimo disminuye. En ocasiones, este nuevo periodo en la vida de las personas se vive con gran ansiedad y con síntomas depresivos. Pudiendo también experimentar crisis de ansiedad (ataques de pánico) ante determinadas situaciones.

Las crisis personales pueden ser provocadas por multitud de vivencias como:

  • Cambios drásticos o inesperados en nuestra vida.
  • Llevar una vida de estrés y ansiedad continuada.
  • Decisiones personales pendientes.
  • Fallecimiento de un ser querido.
  • Separación o divorcio
  • Pérdida de un trabajo.
  • Vivencia de situaciones de desastres naturales, ataques terroristas.
  • Situaciones de maltrato y agresión, etc…

Qué necesitas saber para superar una crisis personal

En las crisis personales la persona siente que no sabe cómo actuar y cómo afrontar su vida. Sus capacidades no le resultan eficaces para superar los retos diarios. Lo que antes le podía servir ahora no le reporta los mismos beneficios, ni resultados que antes. El descenso de la autoestima, y la falta de energía e ilusión, acompañan en muchos casos a los estados de crisis personal.

Qué motivos pueden provocar una crisis personal

Las crisis personales vienen definidas por el motivo que las provoca. A lo largo de nuestra vida, nos encontraremos con decisiones y vivencias vitales que pueden desestabilizar el equilibrio personal alcanzado hasta ese momento. No siempre una decisión clave en nuestras vidas o una vivencia importante generará una crisis personal. Ahora bien, podemos experimentar una crisis personal, en caso de no estar atentos a los cambios que se producen en nuestras vidas, y al restablecimiento de valores y habilidades que le corresponden a cada nueva situación.

Las crisis de ansiedad están siendo muy frecuentes hoy en día. Hay personas que conviven con estados muy intensos de ansiedad que tratan de manejar con fármacos puntualmente. Además, han asumido que su vida incluirá siempre estos niveles de ansiedad. Es muy posible que el uso exclusivo de fármacos en estas situaciones genere un problema. La persona olvida que necesita restablecer y superar nuevas habilidades personales. Así, podrá resolver mejor las situaciones cotidianas a las que se tiene que enfrentar. Con mucha probabilidad, sino amplía sus recursos personales,  cada vez habrá más situaciones que provoquen nuevos estados de ansiedad. De esta manera,  se fortalece la sensación de incapacidad de la persona. Invertir en desarrollar nuestras habilidades personales ayudará a restablecer el equilibrio personal.

 

Experiencias traumáticas o perder el trabajo son algunos motivos de crisis personal

 

Las crisis relacionadas con acontecimientos o experiencias traumáticas no superadas también están muy presentes en la sociedad. Las personas tratan de vivir su día a día sin haber resuelto duelos, separaciones, rupturas o situaciones de maltrato. Este intento de hacer “como si no hubiera pasado nada” les produce más ansiedad. Aumenta así, la falta de motivación, y los síntomas depresivos, que tratan de paliar puntualmente sin decidir trabajar y superar el foco del problema.

Los cambios de rol, como los que se producen cuando se pierde un trabajo también aparecen como motivos de consulta psicológica y desarrollo personal. Acostumbrados durante mucho tiempo a tener un rol en la sociedad y un espacio donde nos sentimos útiles, perder el trabajo puede suponer un gran desequilibrio personal. La pérdida de autoestima y la falta de identidad personal en el nuevo mercado laboral provoca que la persona no se sienta capaz de responder a las nuevas demandas laborales.

Cómo ser consciente de que una crisis personal no debe asustarnos en exceso

Como somos personas adultas a las que nos gusta ser protagonistas de nuestra vida, lo mejor que nos puede pasar es experimentar algún momento de crisis y superarla. La experiencia personal es el mejor motivo que tenemos para seguir superándonos y creer en uno mismo.

De hecho, si revisamos nuestra trayectoria vital, seguro que encontramos momentos en que hemos tenido que hacer una profunda reflexión sobre lo que queremos en nuestras vidas. Esto nos ha permitido crecer y tomar decisiones. Este hábito es muy bueno para que esos momentos de desequilibrio vital no vayan a más.

En cualquier caso, una situación de crisis personal, es importante valorarla en su justa medida. Las emociones en una crisis personal son importantes y tienen un aspecto funcional al que es crucial prestar atención. Las sensaciones y sentimientos, que se experimentan en estos momentos de la vida, nos están avisando de algo. Prestemos atención. Esta intranquilidad y ansiedad quieren enviarnos un mensaje. Algo ocurre y por algún motivo, y necesitamos profundizar sobre ello.

A partir de ahí, se puede trabajar para superar la crisis y seguir adelante saliendo, seguro, más reforzado como persona.

Qué síntomas pueden alertarte de que puedes estar en un momento de crisis personal

Es importante tener cuidado con autodiagnosticarnos sin la ayuda de un profesional. No es lo mismo sufrir depresión o ansiedad, que estar viviendo una crisis personal con síntomas depresivos o ansiosos. Ahora bien, podemos prestar atención a una serie de síntomas que nos alertarán de que podemos estar experimentando una crisis personal que puede necesitar de ayuda profesional:

  • Cambios negativos en el estado de ánimo que nos acompañan más tiempo de lo habitual
  • Síntomas físicos y psicológicos de ansiedad ante determinadas situaciones o de forma generalizada (sentimos ansiedad constantemente)
  • Dudas sobre uno mismo y su capacidad de afrontar la vida
  • Cambios en nuestro desempeño laboral y personal
  • Pérdida de motivación. Desánimo. Falta de ilusión y creencia en el futuro.
  • Bloqueo emocional. Miedos.
  • Mayor irritabilidad, frustración o impaciencia.
  • Evitación de relaciones personales.
  • Insomnio.
  • Pérdida de autoestima. Sentimientos de vergüenza o culpa.

Muchos de estos síntomas junto con la exploración del momento vital de la persona, y sus experiencias recientes, podrán ayudar al profesional a confirmarnos o no si estamos ante una crisis personal. Recordemos que los motivos que provocan un estado de crisis personal son importantes, así como el significado que le hemos dado a lo que nos ha ocurrido.

Qué puede ayudar a cuidarte en caso de vivir una crisis personal

Los hábitos saludables, relacionados con la inteligencia emocional son de gran ayuda en caso de crisis personal. Cuidarse psicológicamente te ayudará a restablecer tu equilibrio personal. Algunos de estos buenos hábitos incluyen:

  • Reconocer que estamos ante un momento de cambio.
  • Escucharse a uno mismo. Practicar la escucha comprensiva de uno mismo, de lo que sientes, de aquello que temes. También de lo que te está frenando en este momento de tu vida.
  • Autocompasión. Cuidarte activamente hasta en las cosas más sencillas. Dedicarte tiempo libre, permitirte desconectar, comer saludablemente, verte con cariño en esta etapa vital, perdonarte a ti mismo si hace falta…
  • Valorar nuevas prioridades en la vida. Permitirte cambiar de criterios y prioridades en tu vida y empezar a tomar pequeñas decisiones.
  • Evitar en lo posible el juicio y la culpa. Las valoraciones negativas sobre ti mismo y el sentimiento de culpa, sesgarán todo nuestro aprendizaje y visión sobre nosotros mismos.
  • Identificar claramente qué has perdido. Las crisis personales tienen que ver con la pérdida. Revisa cómo sueles abordar las situaciones de pérdida.
  • Practica «decir no» a situaciones que sabes internamente que no te hacen sentir bien o con las que no estás de acuerdo. Aprovecha para reflexionar sobre ello.

 

Y además...

  • Valora qué necesitas hacer para sentirte con mejor equilibrio personal. Tus prioridades y necesidades pueden ser ahora distintas. Y tienes derecho a ello.
  • Permítete periodos de descanso y de no tomar decisiones clave en este momento.
  • Protege tus espacios y tiempos de intimidad y privacidad. No necesitas estar disponible para todo el mundo y a cualquier hora. Realmente, esto tampoco ayuda a los demás. 
  • Habla de ello con personas de confianza. Ahora bien, evita estar constantemente hablando de ello a todas horas y con todo el mundo.
  • Escribe sobre lo que sientes y piensas. Sin juzgarte, aunque lo que escribas no tenga mucho sentido o no lo comprendas de momento. Expresa todo lo que necesites.
  • Haz un poco de ejercicio físico aunque te cueste. Actividades como pasear sin pensar en nada más pueden ayudarte y no requiere mucho esfuerzo.
  • Reflexionar sobre otras etapas difíciles en tu vida, e identifica qué fortalezas tuyas te sirvieron entonces.
  • Pedir ayuda profesional si sientes que necesitas otros enfoques y nuevos aprendizajes personales.

Los momentos de cambio, son buenos, es más me preocuparía como psicóloga que alguien que ha experimentado un cambio importante en su vida, no se sintiera un poco “descolocado” y en estado de alerta. Estos momentos de desequilibrio son la señal para hacer algo diferente con nuestras vidas. Las crisis son normales y habituales en nuestras vidas, nos permiten aprender de nosotros mismos y avanzar. La clave está en regular el impacto que los cambios tienen en nuestras emociones y habilidades.

Conclusión

  • Las crisis personales son normales en determinados momentos de cambio en tu vida.
  • Vienen acompañadas de emociones que te avisan de qué necesitas cambiar o reorientar algo de manera diferente a la habitual. 
  • Las crisis personales suponen una pérdida. Es importante valorar qué consideras que has perdido y reflexionar sobre cómo lo vas a superar.
  • Permitirte espacios y tiempos para cuidarte y comprenderte es crucial.
  • Rodearte de personas de confianza te proporcionará quizá parte del apoyo que necesitas.
  • Pide ayuda profesional. Habla con un psicólogo. Valora en primera persona cómo un proceso psicológico puede ayudarte.
¿Has identificado alguno de los síntomas correspondientes a una crisis personal?
Pide lo que necesites
Date permiso para hacer un alto en el camino y comprenderte mejor

Y si te apetece y puede ayudarte...

Aprende a conversar y no pierdas oportunidades

Aprende a conversar y no pierdas oportunidades, ¿has pensado en ello?. Nuestra capacidad de crear conversaciones parece que está fuera de toda duda, porque evidentemente la usamos todos los días, y en cualquier ámbito de nuestra vida. Ahora bien, ¿qué impacto creas con tus conversaciones?. Quizá, has observado que:

  • Interactúas con tus colaboradores pero parece al tiempo que no te han entendido como tú querías.
  • Conversas con tu equipo de dirección pero parece que hay más diferencias que puntos en común. Así, resulta cada vez más complicado llegar a acuerdos.
  • Hablas con un compañero y resulta que la conversación toma un tono de ataque y defensa.
  • Mantienes una conversación personal con un ser querido y no encuentras entendimiento.
  • Participas en una entrevista de trabajo y crees que no has podido expresarte todo lo bien que querías.

Las conversaciones son capaces de generar las mejores emociones o las peores. ¿De qué depende?. De cómo converses. Hay determinadas expresiones, objetivos, preguntas, explicaciones, y tipos de feedback, que directamente activan tus mecanismos de defensa. O por el contrario, activan la mejor de las actitudes y predisposiciones a seguir hablando y a convertir lo acordado en realidad.

A la capacidad de crear conversaciones centradas en el «nosotros» se le llama Inteligencia Conversacional. Este enfoque permite facilitar la conexión, la confianza y la colaboración. 

Seguro que te has dado cuenta de que no te sientes igual, hablando con unas personas que con otras. Algunas activan tu estado de alerta y te ponen a la defensiva. Otras, en cambio, activan las mejores emociones y deseas seguir hablando con ellas.

¿Qué les diferencia?. Su forma de conversar. Las expresiones y preguntas que utilizan. Su lenguaje. Y las posibilidades que abren ante ti con su conversación.

Aprende a conversar y no pierdas oportunidades

 Las personas disponemos de unos sistemas y entramados cerebrales genialmente diseñados. Ellos nos permiten averiguar dónde nos situamos con respecto a nuestro interlocutor. Realizamos en unos pocos segundos una lectura rápida de la situación. Así, nuestro cerebro sabe cómo operar, si en modo protector-defensivo, o en modo apertura y descubrimiento. 

De esta forma, identificamos rápidamente si confiamos o no en la persona que tenemos delante. Y esa es la clave. ¿Tus conversaciones generan confianza o desconfianza?. 

Las «malas conversaciones» activan nuestra red neuronal de desconfianza. Se activa así nuestro Sistema Nervioso Simpático. Éste dará la orden a  nuestra amígdala para disparar hormonas como el cortisol, además de aumentar nuestra tasa cardiaca. Las «buenas conversaciones» activan nuestra red neuronal de confianza. Se activará entonces nuestro Sistema Nervioso Parasimpático que promoverá nuestra hormona de la felicidad y colaboración: la oxitocina entre otras.

Según que sistema se active, responderemos a nuestro interlocutor de una manera más amenazante y defensiva. O bien, de una forma más constructiva y colaboradora. Provocando así, el mismo proceso neuronal en nuestro interlocutor. Con lo que las «buenas conversaciones» seguirán creando un buen tono de escucha y colaboración. Y en el caso de las conversaciones defensivas, aumentará por ambas partes el tono de agresión y defensa.

¿Entonces, cómo hacemos?. Siendo consciente de cómo conversas y teniendo muy presente el objetivo e impacto de tu comunicación.

  • Si quieres conseguir implicación y compromiso en tus colaboradores…
  • En caso de querer abrir la mente de tu entrevistador…
  • Si deseas crear una conversación positiva en tus relaciones personales…

¡Se consciente de si tus palabras activan el Sistema Nervioso Simpático o el Parasimpático! 🙂

Qué pierdes si no creas buenas conversaciones con...

Analicemos posibles errores que frecuentemente me encuentro en las sesiones de formación y en diversas interacciones profesionales cuando trabajo la inteligencia conversacional.

Tus colaboradores y equipo

Si tus conversaciones son de tipo...
  • Interrogatorio. Buscas frecuentemente con tus preguntas una respuesta de SÍ o NO, para confirmar o no el grado de acuerdo que tienen contigo o si finalmente han hecho todo lo que tú consideras que deben haber hecho.
  • ¿Eres consciente de lo que has hecho?. Si buscas constantemente confirmación sobre si ha entendido que su comportamiento no es adecuado, que no cumple con sus responsabilidades o que está siendo irresponsable con los plazos acordados.
  • Las cosas deben ser así. En este caso tratas de explicar y ser protagonista en gran medida de la conversación que tienes con tu colaborador. En un 80% de tu conversación tratas de que te entienda repitiendo una y otra vez lo que consideras importante.
  • Amenazas. Usas frecuentemente el condicional, «si no … entonces…», aunque intencionalmente no quieras amenazar, y lo que quieres es que sea consciente de las consecuencias.
Estás perdiendo...
  • La motivación propia de tus colaboradores, ya que sólo buscas confirmar tus ideas. Tus receptores han activado el modo defensivo, ya que temen no cumplir con lo que tú esperas.
  • La predisposición al cambio. Ya que si tu intención es sólo criticar, vuelves a activar el SNS y el modo defensivo para el que se tienen que preparar y defenderse ante ti.
  • La atención de tu colaborador o del propio equipo. Estar constantemente hablando tú, no es conversar. Así no creas colaboración y no creas interacción.
  • La creatividad e implicación en la búsqueda de soluciones. En modo defensivo, el cerebro fisiológicamente no le está permitido activar la corteza prefrontal en la que se elaboran las soluciones y las posibilidades de futuro.

El reclutador en tu entrevista de trabajo

Si tus conversaciones son de tipo...
  • Dubitativo y contradictorio. Cuando no acabas bien y no elaboras adecuadamente las frases que expresas. O bien, si saltas de un tema a otro, mostrando sin darte cuenta contradicción con respecto a las preguntas del reclutador.
  • Falta de evidencias. Si al expresarte no proporcionas hechos o hábitos que den cuenta de lo que quieres explicar y hacerle ver a tu interlocutor. 
  • Excesiva autopromoción. Cuando utilizas frases aprendidas, que no son tuyas, tratando de darte importancia. Cuando hablas de us anteriores trabajos sólo usando el «yo» y olvidas hablar de lo que aportaste y conseguiste al trabajar en equipo.
  • Con incertidumbre y secretismo. Ante determinadas preguntas respondes con generalidades y evasivas. Tratas de evitar dar una respuesta clara y defender adecuadamente tu opinión o tu experiencia.
  • Si piensas que estás en posición inferior. Conversas con el entrevistador desde una posición inferior. Esto te hace sentir triste o nervioso activando tu modo defensivo. En este caso a tu cerebro le es difícil, hablar de la mejor versión de ti, y centrar la conversación en tus fortalezas y posibilidades.
Estás perdiendo...
  • La confianza del entrevistador. Con dudas e incertidumbre, el entrevistador activa su modo defensivo y la desconfianza ante tu propuesta. 
  • Su comprensión. Si dejas a un lado el proporcionar evidencias sobre tu trabajo, al reclutador le es difícil activar su corteza prefrontal, donde reside su capacidad de comprensión de tu potencial.
  • Tu imagen de futuro. Al reclutador le será difícil imaginar lo que puedes aportar al puesto. Así, cómo imaginar lo bien que puedes encajar en su empresa.
  • Sus emociones positivas y que se lleve una buena imagen de tu marca personal. En el momento en que te «colocas» en posición inferior tus mejores emociones no te acompañan. Con lo que será difícil que provoques un impacto emocional positivo en el reclutador. La huella que se lleve de ti el entrevistador a nivel emocional, es clave para ti.

Tu amigo, familiar o compañero de trabajo

Si tus conversaciones son de tipo...
  • Acusador. Quieres señalar a toda costa que la culpa de algo es de la otra persona. Puede o no que la responsabilidad sea de la otra persona. Ahora bien,  acusándole en vez de centrar la conversación en la solución, provocarás que la otra persona no esté receptiva.
  • Crítico. Utilizas constantemente juicios de valor y adjetivos para explicarle a la otra persona cómo la ves y en lo que se ha convertido. 
  • Ganador. En las discusiones quieres demostrar que tienes razón. Toda tu energía está centrada en defender tu argumento, y menos en comprender, o ver los puntos en común que tienes con el otro. 
  • Sin escucha ni compasión. «Tú di lo que quieras, que yo estoy pensando en lo que te voy a decir». Olvidas en tu conversación que la otra parte escuche de verdad que le prestas atención y que te importa su opinión.
Estás perdiendo...
  • Su confianza. Centrar las conversaciones en señalar «el autor del crimen» no te ayudará. Te estás dejando abrir la posibilidad de una conversación en la que preguntes para comprender,  y para que se pueda aprender o solucionar para la próxima vez.
  • La predisposición al cambio. ¿Cuál es el objetivo de proporcionar una crítica?. El cambio y el aprendizaje. No, que se sienta mal por tus palabras. Ningún cambio o aprendizaje se dará en condiciones de modo defensivo activado y con emociones negativas.
  • La conexión. Ese momento emocional positivo en el que dos personas conectan sólo se da cuando se activa la oxitocina. ¿Qué tipo de relación quieres crear con esta persona?. Deja a un lado la mentalidad de «ganar o perder» en una conversación y mueve tu energía a buscar puntos en común.
  • Le guste estar contigo. Nos gusta estar con personas que nos comprendan y nos escuchemos en sus palabras. Elegimos relacionarnos con personas que aunque piensen diferente a nosotros les importamos y nos muestran su compasión. Compasión es la capacidad de implicarse con el otro y esta capacidad activa la receptividad de la otra persona y sus emociones positivas.

Qué necesitas cambiar en tus conversaciones

  1. Abre tu mente a posibilidades de comprensión y de actuación. Comunicarás con mejores expresiones que activen las emociones positivas de ambos.
  2. Comparte tus miedos y preocupaciones para que ambos implicados os entendáis y os ocupéis desde la colaboración y el compromiso.
  3. Muestra verbalmente que cuidas a la otra persona.
  4. Evita los juicios de valor en tus conversaciones.
  5. Provoca más la imagen de futuro que los errores pasados.
  6. Fomenta propósitos compartidos en el tema del que estáis tratando.
  7. Aprende a buscar ventajas y verbalizarlas, de los argumentos de tu interlocutor. Sobre todo cuando discrepas.
  8. Comprueba que has comprendido a la otra persona antes de reaccionar y responder sin pensar.
  9. Usa el «nosotros» siempre que quieras fomentar soluciones en proyectos e ideas comunes.
  10. Empatía no es sólo «ponerte en el lugar del otro» comprendiendo como entiende un tema. También es ser capaz de identificar la emoción que tiene la otra persona, no la que entiendes que tendrías tú. Házselo saber.
  11. Sé consciente de qué emoción es la que llevas a las conversaciones. Ajústala si crees que va a generar otra emoción negativa en tu  interlocutor.
  12. Presta atención a las reacciones microemocionales de la otra persona para ajustar tu conversación con las expresiones y preguntas que utilizas.
  13. Valora las conversaciones como una oportunidad de descubriros ambos y crear algo juntos.
¿Cuál es el objetivo de mejora que has identificado para cambiar en tus conversaciones?
¿Qué emociones crees que generas y cuáles te gustaría conseguir?
Recuerda busca la emoción adecuada para conversar, prepára tu conversación y permanece atento a las emociones de tu interlocutor

Y si te apetece y puede ayudarte...

Cómo encontrarse a uno mismo en días de descanso

¿Tienes unos días de descanso?. Aunque sea ¿unos poquitos?. Espero que sí :-). Y si no, busca incluso ratos en los que te permitas descansar, desconectar, encontrarte contigo mismo. Es fundamental para seguir adelante, con fuerzas, con energía y con ilusión. 

Nuestro cerebro necesita de vez en cuando hacer un STOP para compensar el desgaste del día a día. El cuerpo necesita compensar el agotamiento del estrés diario. De hecho se recomienda vivir tres experiencias positivas por cada una negativa para reequilibrar nuestro bienestar. 

Los momentos de vacaciones son geniales para restablecer el equilibrio personal. Y además sería interesante buscar «mini momentos» de «recarga emocional» en nuestra vida diaria. No obstante, ahora posiblemente tengas a la vista unos días de descanso. Así que no dejes pasar esta oportunidad. 

Además de lo que estoy segura que ya sabes: desconecta el móvil e internet, descansa, haz cosas nuevas, viaja… etc, te propongo algunas ideas. Sé que tu imaginación te permitirá disfrutar de conversaciones y actividades extra que te harán sonreír. Ahora bien, ¿te guardas también algunos momentos de soledad?. ¿Cómo los llevas?. ¿Tienes algo pendiente de resolver?. ¿Alguna emoción difícil de asimilar?. 

Las actividades nuevas en momentos de vacaciones o descanso te renovarán. Sin embargo, procura que no «oculten» algo y te ayuden a «evitar» tus tareas emocionales y de equilibrio personal. Descansar para renovarse y recargar pilas, es fántástico. Quizá también sea un buen momento para retomar reflexiones que estás evitando y que el día a día ahoga con las responsabilidades y obligaciones. 

Quisiera hoy proporcionarte algunas ideas para hacer de reflexiones en soledad, un momento más positivo y constructivo. En la medida que pueda ayudar a que tú diálogo mental se reoriente a caminos más positivos, pienso que puede ser beneficioso para ti. Si quieres las vemos. 😉

Cómo encontrarse a uno mismo en días de descanso

Si quieres aprovechar estas reflexiones, te recomiendo hacerlo en momentos de relax y que preferiblemente estés solo. Dedícate una ratito, al aire libre, si puedes, con una bebida agradable, y con algo para apuntar.

Reflexiones personales para sentirte feliz contigo mismo

  • ¿Cuáles son los mejores logros que has conseguido estos primeros meses del año?.
  • ¿De qué te sientes más orgulloso ahora mismo?.
  • ¿Qué has conseguido o estás consiguiendo que te ha sorprendido a ti mismo?.
  • ¿Cómo lo has conseguido?. Recuerda, ¿Qué decisiones has tomado?. ¿Qué cambios has realizado?.
  • ¿Qué es lo mejor de ti que estás aprovechando al máximo en estos primeros meses del año?.
  • Reconócete ¿Qué puedes celebrar ya estos días?

Reflexiones para mirarte con buenos ojos

  • ¿Qué es lo que más valora de ti tu familia y amigos?.
  • Y tú, ¿Qué es lo que más valoras de ti mismo?. Y ¿Qué te gusta de ti?.
  • Piensa en ti. ¿Qué te da vida?. 
  • Recuerda experiencias propias, ¿Qué hace brillar tus ojos?.
  • En momentos difíciles ¿Qué te gusta de ti?.
  • Y en los buenos momentos, ¿Qué te gusta de ti?.

Reflexiones para soñar y sonreír

  • Imagina que han pasado 3 años y te encuentras muy bien. Eres muy feliz, caminas tu día a día con una increíble sensación de bienestar y de paz contigo mismo. Tienes una genial expresión en la cara de felicidad y de satisfacción contigo mismo. Te gusta tu vida y te gustas a ti mismo. 
  • ¿Qué has conseguido?.
  • ¿Cómo eres y qué haces en ese día a día?.
  • ¿Qué más sientes?.
  • ¿De qué estás agradecido?.
  • ¿Qué has cambiado de ti mismo?.
  • ¿Cuáles son las decisiones qué has elegido para vivir con esa sensación de bienestar?.
  • ¿De qué te sientes orgulloso?.
  • ¿Qué has hecho para encontrarte a ti mismo?.

Reflexiones para invertir en ti mismo

  • De esa imagen a 3 años vista, ¿Qué es lo que más te gustaría conseguir?. Piensa, ¿Qué sería lo que marcaría un impacto verdadero en tu felicidad?.
  • ¿En qué te gustaría invertir de verdad para encontrarte a ti mismo?. 
  • ¿Qué camino te haría ilusión empezar para sentirte mejor?.
  • Si pudieras empezar mañana, ¿Qué «proyecto» personal o profesional te daría vida?.
  • ¿Por dónde empezarías y cómo te haría sentir?.
  • ¿Cuáles serían los siguientes pasos?.

Reflexiones para reorientar tus dudas

  • ¿Qué duda te viene a la mente una y otra vez.
  • Destápala ¿Qué hay detrás de esa duda?.
  • ¿En qué te frena esa duda?.
  • ¿Cómo puedes aprovechar la duda para que te impulse hacia delante?.
  • ¿Cuál es el beneficio de esa duda?.

Reflexiones para encontrar lo que te importa de verdad

  • Vuelve a la imagen que has elaborado a 3 años vista.
  • ¿Cuánto te importa de 1 a 10 esa imagen?.
  • ¿Cómo te sentirías si estuvieras ya allí?.
  • De esa imagen qué querrías tener mañana más en tu vida?.
  • ¿Por qué has elegido esa imagen?.
  • ¿Para qué has elegido esa imagen de ti mismo?.
  • ¿Cuánto vas a permitir que esa imagen te impulse para sentirte bien y encontrarte contigo mismo?.

Conclusión

En momentos de bienestar y tranquilidad,  dónde la las hormonas de la felicidad fluyen, puedes aprovechar mejor la posibilidad de encontrarte a ti mismo. Recuerda que todo cambio, viene acompañado de una pregunta que nos impulsa a tomar decisiones. 

Date permiso para encontrar tus preguntas y por supuesto, tus respuestas. Las de nadie más. Sólo las tuyas. Son las válidas y las que te harán ser tú. Las personas que son felices consigo mismas son las protagonistas de la vida.

Espero que puedan ayudarte estas cuestiones a empezar un camino positivo y constructivo que te permita encontrarte. 

¿Cuánto deseas encontrarte a ti mismo?
¿Qué reflexión te impulsará a ser protagonista de vida y de tus emociones?
¿Cuál es la pregunta que te ronda la cabeza y está pidiéndote un cambio?

Y si te apetece y puede ayudarte...

Qué diferencia a las personas con mayor resiliencia

Qué diferencia a las personas con mayor resiliencia. ¿Te lo has planteado?. 

Si tuviste ocasión con el post anterior de encontrarte a ti mismo con las cuestiones que te planteé, seguro que activaste emociones positivas. ¿Lo conseguiste?. Algunos de mis lectores me dieron feedback y disfrutaron mucho de la experiencia. Eligieron un rato tranquilo y se permitieron:

  • Sentirse feliz con uno mismo.
  • Reflexionar sobre lo que les hacía sonreír.
  • Pensar sobre cómo invertir en uno mismo.
  • Reorientar las dudas.
  • Encontrar lo que de verdad importa.

En algunas ocasiones, este tipo de cuestiones puede generar algunos bloqueos. Si fue tu caso, tómalo como una señal de que necesitas resolver algo que no te está haciendo nada bien. Ocurre en pocas ocasiones, pero ocurre.

No obstante, si puedes dejar a un lado tus preocupaciones y como quiero marcar en este post, aprovechar tus momentos de descanso y bienestar, podrás hacerlo. En otro momento, si quieres puedes volver a ver cómo resuelves los temas emocionales pendientes. 

Hoy vamos a aprovechar y reflexionar qué diferencia a las personas con mayor resiliencia. 

Si me permites te guío en algunas reflexiones.

Qué diferencia a las personas con mayor resiliencia

He aquí la clave principal. Las personas con mayor resiliencia, disfrutan más. Sí, cultivan más las emociones positivas, lo que les permite desarrollar mejores recursos cognitivos y emocionales. 

Los modelos de la Psicología Positiva y de Indagación Apreciativa nos proponen que las emociones positivas tienen una misión importante: 

  • Las emociones positivas son buenos indicadores de bienestar y felicidad.
  • Cultivar emociones positivas produce bienestar a largo plazo, aumentando el crecimiento de recursos psicológicos. 
  • Las emociones positivas ayudan a restaurar el impacto psicológico de las emociones negativas.

Las emociones positivas impulsan tus capacidades cognitivas

Cuando experimentas emociones negativas se reducen tus capacidades cognitivas de afrontamiento del estrés, resolución de conflictos y la capacidad de superación. 

Con lo que, vamos a analizar qué ventajas obtendremos si cultivamos más las emociones positivas. Cultivar las emociones positivas, buscar momentos para disfrutar, realizar reflexiones para mirarse desde un punto de vista más compasivo, incorporar en tu vida hábitos para disfrutar, potenciará tus recursos cognitivos para afrontar las dificultades.

Las personas que cultivan las emociones positivas:

  • Son más flexibles a la hora de categorizar y clasificar eventos en sus vidas.
  • Generan más conexiones y relaciones entre sus pensamientos e ideas, con lo que procesan sus vivencias de manera más flexible.
  • Desarrollan una mayor capacidad de memorizar, de elaborar nuevas ideas y enfoques, y de ser más creativos.
  • Elaboran mejores planes de acción a la hora de resolver situaciones y tienen mayor capacidad de convertir el pensamiento en acción.
  • Tienen mayor capacidad de realizar variaciones, alternativas, adaptaciones de las ideas o soluciones previamente elegidas.
  • Muestran mayor capacidad para comprender situaciones complejas y mayor capacidad de aprendizaje.

Resuelves mejor los problemas cuando te sientes bien

Cuando sientes emociones como enfado, tristeza, desengaño, etc. tu cerebro está preparado para seguir buscando información que justifique la emoción que sientes. Así, te será siempre mucho más fácil buscar errores, diferencias con lo que te gustaría que fuera, realizar críticas a ti mismo o a los demás. 

Entonces, permítete un momento para reflexionar. Si te paras a pensar unos minutos, comprobarás algo mucho mejor. ¿Recuerdas la última vez que te sentiste feliz, alegre o satisfecho?. ¿Cómo veías los problemas?. Seguramente tu foco de atención estaba más en buscar alternativas, relativizar los aspectos negativos y en contar con tus propias fortalezas para sentir más confianza en esa situación. 

Cuando te sientes bien

  • Creas con mayor claridad una imagen futura de lo que quieres conseguir en cada área de tu vida o en esas situaciones pendientes de resolver.
  • Es más fácil que seas consciente de tus propias fortalezas y cómo te puedes servir de ellas en tu vida diaria.
  • Mejoras tu compromiso y voluntad de crear pequeños o grandes cambios aumenta.
  • Tu diálogo interno usa palabras más constructivas que te impulsan a la acción y al cambio.
  • Así, las palabras e ideas que están en tu mente empiezan a crear un mundo diferente sea en el ámbito personal, familiar, social o laboral. Tus palabras crean el mundo en el que vives.
  • Aparecen en tu mente las cuestiones y preguntas más adecuadas. Esas preguntas que te impulsan a moverte, a aprender y a resolver o tomar decisiones.
  • Te permites anticipar la imagen que deseas para las situaciones que vives diariamente. En vez de poner el foco en lo inamovible, cuando te sientes bien, focalizas tu atención en las posibilidades. Y además, en cómo puedes hacer para conseguir esa imagen futura que te gustaría.
  • Tu cerebro está más preparado para buscar logros y éxitos pasados. Con lo que eres más consciente de las verdaderas fortalezas que tienes para afrontar cualquier reto.

Cuándo te sientes bien te recuperas física, mental y emocionalmente. Amplías la visión de ti mismo y te permites reconsiderar positivamente tu valía ante la incertidumbre y las dificultades. 

Las emociones positivas compensan el impacto de las emociones negativas

Recuerda necesitas al menos 3 vivencias positivas por cada 1 negativa que experimentas. Las vivencias negativas y sus emociones correspondientes tienen un impacto sobre el agotamiento físico y mental. 

Las personas que sonríen más, practican el humor y cultivan sus emociones positivas:

  • Ante situaciones estresantes o negativas tardan menos tiempo en recuperarse emocionalmente y en volver a un estado emocional tranquilo.
  • Recuperan su nivel cardiovascular en menos tiempo.
  • Ante situaciones de evaluación son mejores en recuperarse y en focalizar su atención en la resolución de problemas.
  • Tienen más capacidad de distanciarse emocionalmente de actitudes tóxicas, situaciones negativas o estresantes.

Cómo cultivar las emociones positivas

Convierte en hábitos todas las acciones posibles que faciliten activar tus emociones positivas y las de los demás. Impactar positivamente en los demás, también te influirá a ti.

  • Sé agradecido, provoca una sonrisa en los demás.
  • Revisa periódicamente todas las cosas por las que te sientes afortunado y orgulloso.
  • Reflexiona sobre tus logros ya conseguidos y cómo los superaste.
  • Revisa también los malos momentos pasados desde una perspectiva positiva. ¿Qué lado positivo tuvieron?. ¿Qué ganaste en esa vivencia?.
  • Mantente conectado a las personas de tu entorno que te dan vida.
  • Acércate a las personas felices para contagiarte y para aprender.
  • Incluye diariamente rituales o momentos para disfrutar y reírte.
  • Recuerda momentos felices que has vivido y compártelos con otras personas.
  • Ralentiza tu tiempo de vez en cuando. Pasea despacio y huele el azahar, las flores…Estimula alguno de tus sentidos por encima de otros: tacto, vista, oído…

Y además...

 

  • «Engánchate» un rato en esa actividad que tanto disfrutas.
  • Incluye ejercicio físico o paseos regulares para disfrutar y relajarte.
  • Déjate llevar por la curiosidad de cualquier tema. Observa a dónde te lleva.
  • Aporta cosas nuevas a tu vida o a la vida de otros.
  • Visualiza la imagen futura de ti mismo que te haría feliz. «Remolonea» todo lo que quieras en esa imagen y constrúyela con todo detalle.
  • Reconoce las capacidades que tienes de las que te sientes más orgulloso.
  • Planifica eventos especiales periódicamente, para asegurar que tendrás momentos clave para disfrutar. 
  • Ten presente siempre tu propósito en la vida, en el trabajo, en la familia, y con los amigos.
  • Practica poder encontrar un significado a tus experiencias vitales.

Conclusión

Las personas con resiliencia disponen de mejores recursos psicológicos. Estos recursos les permiten afrontar mejor las situaciones difíciles y con incertidumbre. Son personas que se cuidan y mantienen una buena salud emocional. Disfrutar y cultivar las emociones positivas amplía sus capacidades cognitivas.

Así, practican y tienen más presentes nuevas formas de abordar las dificultades. Con lo que en situaciones estresantes o complejas se agotan menos, se recuperan antes, relativizan, y tienen mayor capacidad para redirigir su foco de atención.

 

¿Cómo te sientes en general ante situaciones difíciles o de incertidumbre?
¿De qué forma podrías cultivar más momentos felices?
Recuerda tu nivel de resiliencia, es decir tu capacidad para afrontar la incertidumbre depende en gran parte, de cuánto prepares tu cerebro para ampliar el nivel de tus recursos mentales y emocionales. Disfruta más y aumentarás tu resiliencia 😉

Y si te apetece y puede ayudarte...

El coste emocional de negar que #noesno

Imposible no reflexionar ante las noticias en las que un “no” expresado por una mujer no es escuchado. También, imposible no replantearse cuestiones personales y creencias sobre el mundo, sobre la dignidad de uno mismo, y sobre el sentido de control que tenemos sobre nuestras vivencias.

Y esto justo es la clave. No es no. Bien sea que un niño es maltratado. También, cuando dentro de una relación personal no se atiende a un no expresado por una mujer. O igualmente cuando extraños y/o conocidos ignoran un “no”.  

Aunque menores son los casos, estaríamos en la misma situación cuando un hombre expresa un “no”. Conozco casos y son igualmente desagradables. Desafortunadamente, las estadísticas nos muestran mayor número de casos en la mujer. En ningún caso, un “no” debería ser desatendido. Como personas integradas en una sociedad, merecemos todos un respeto y un valor.

No, es basta. Decir no, es gritar para. No, es no quiero esto en mi vida. Gritar no, es decir que ahora mismo quiero otra cosa, y que tengo derecho a cambiar de opinión.

Negar la escucha de un “no”, no sólo afecta a la persona implicada afecta todas las personas que se relacionan con el hecho traumático. Así cuanto más cerca o más implicados estamos en un hecho traumático más probabilidad de que nos afecte también.

Negar la escucha de un “no” significa que justo en ese momento se desestabilizan, sino todas, muchas de las creencias básicas que necesitamos para vivir y desarrollar relaciones de equilibrio personal y confianza.

El coste emocional de negar que #noesno

Las creencias básicas son esquemas conceptuales que desarrollamos sobre nosotros mismos, sobre los demás y en relación con el mundo en general. Estas creencias nos ayudan a manejarnos con cierta sensación de orden y control en la vida. Esta sensación de control y orden, se modifican bruscamente cuando nuestra vida se ve interrumpida por hechos traumáticos como el abuso, la violencia, y la agresión sexual, entre otros. Y aquí es cuando, con mucha seguridad, surge el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT).

Con una agresión aprendemos que el mundo no es bueno

Una de las primeras creencias que nos permite vivir nuestra vida de una forma adaptativa es considerar que por lo general el mundo es bueno. Ante un hecho traumático, estas creencias se caen.

Dejamos de creer que el mundo por lo general es benevolente, así como los hechos que ocurren en él

Las personas por lo general albergamos enfoques optimistas y creemos que ocurren más hechos positivos que negativos. Este enfoque optimista se relaciona con indicadores de bienestar como, por ejemplo:

  • Menor reacción ante el estrés.
  • Mejor capacidad de afrontamiento.
  • Menor depresión y ansiedad.
  • Mayor satisfacción con la vida y sensación de felicidad.

Así estas creencias crean un balance globalmente positivo del mundo en el que vivimos, ya que asumimos que podemos predecir un futuro positivo, y que tenemos pocas probabilidades de sufrir hechos negativos. Incluso consideramos que determinados hechos negativos son controlables. Estas creencias, por supuesto tienen mayor fuerza en las personas que no han experimentado hechos traumáticos.

No todas las personas que experimentan un hecho traumático desarrollan un TEPT, pero en caso de desarrollarlo, se reduce y se pierde:

  • La sensación de invulnerabilidad.
  • El grado de confianza que se puede tener en que se vivirán experiencias positivas.
  • La satisfacción personal con la propia vida, las estrategias de afrontamiento y el sentimiento de felicidad.

Dejamos de creer en que el mundo social que nos rodea es bueno y que podemos confiar en las personas

En relación con nuestro entorno social tendemos a creer que éste es benevolente y que las personas, por lo general nos tratarán con bondad y respeto. Esta creencia nos permite desarrollar una buena integración social, un sentido de pertenencia, y unas buenas relaciones sociales positivas.

Las vivencias traumáticas y la violencia colectiva generan bruscamente la sensación de no saber, de no controlar y de no conocer, cómo se desarrolla el mundo. Así como también, provocan la ruptura de nuestra capacidad de confianza en la gente. Predecimos entonces, que el mundo no tiene sentido y que no existe cohesión social.

Ante una agresión dejamos de creer en el sentido del mundo, el control, el azar y la justicia.

Se asocia a criterios de salud mental desarrollar unas creencias sanas sobre la justicia en el mundo, así como tener un buen locus de control interno (capacidad para crear resultados a partir del compromiso y esfuerzo propio).

Janoff-Bulman (1992) diferencia dentro 3 tipos de creencias básicas y cruciales en nuestra vida:

  • Creencias sobre el control del mundo, que se relacionan con nuestra capacidad de control.
  • Las creencias sobre el azar, que se relaciona con la afirmación de que los hechos no ocurren por azar.
  • Creencias sobre la justicia, según las cuales las personas reciben lo que se merecen, es decir que lo que les ocurre es justo.

Estas creencias cubren nuestras necesidades de mantener un enfoque relativamente estable y coherente sobre lo que ocurre en el mundo, de asimilar las novedades e integrarlas con nuestras creencias, reduciendo la incertidumbre y finalmente, de atribuir un significado al mundo, y de reforzar la consistencia entre nuestras creencias.

Así, cuando ocurre un hecho traumático como una agresión, el sistema que sustenta nuestra capacidad de control, la relación con el azar y las creencias sobre la justicia, se deshacen. Nos sumergen en un estado de descontrol total en el que aprendemos a que no podemos confiar en nadie y que no viviremos en un mundo justo.

Con una agresión se deja de valorar la dignidad de uno mismo

Para mantener una identidad personal y colectiva adecuada necesitamos creer en nosotros mismos. No sólo eso, necesitamos creer que somos merecedores y dignos de respeto. Así, según Janoff-Bulman (1992), es crucial que nos veamos a nosotros mismos como personas:

  • Valiosas con una buena autoestima. Esta capacidad de valorarnos a nosotros mismos se relaciona con menores niveles de ansiedad y depresión, y con una mayor capacidad de reaccionar ante el TEPT. Considerarnos como personas valiosas nos permite, además, recordar con mayor frecuencia los hechos positivos y atribuir con mayor frecuencia los éxitos conseguidos en nuestra vida.
  • Eficaces y con capacidad de decidir. Las personas que valoran que controlan su vida, reaccionan mejor ante el estrés, y sienten que tienen mayor capacidad de decidir libremente, y controlar su destino. Esto facilita un mayor ajuste psicológico.

Ante la vivencia de un hecho traumático, la percepción de valía sobre uno mismo es bruscamente atacada, así como la sensación de ser capaz de afrontar situaciones difíciles, y de decidir libremente sobre la propia vida. Estas consecuencias ponen en riesgo el ajuste psicológico necesario para vivir con nuestro pasado, disfrutar del presente y confiar en un futuro positivo.

Qué les espera a las víctimas de vivencias traumáticas

Para afrontar nuestra vida de una forma emocionalmente saludable necesitamos comprender las vivencias negativas que nos ocurren e integrarlas en nuestra vida: pasado, presente y futuro. Es importante también, que estos hechos traumáticos o negativos tengan cabida y ajuste con nuestro sistema de creencias sobre la justicia, el control, la ausencia del azar y el sentido del mundo. Las personas que han sufrido vivencias traumáticas necesitan encontrar respuestas a qué es, cómo y por qué ocurrió ese acontecimiento, que les desestabilizó por completo su sistema de creencias sobre la bondad y la justicia en el mundo.

Nolen-Hoeksema, S. y Davis, C.G. (2005) y Tennen, H. y Affleck,G. (2005) concluyeron algunas ideas sobre la búsqueda del sentido en relación a la vivencia de hechos traumáticos:

  • No todas las personas logran encontrar un sentido explicativo a lo ocurrido. Entre un 35% y 60% de personas no consiguen encontrar un porqué a las pérdidas incluso varios años después de haber ocurrido el suceso.
  • Las personas que no encuentran un sentido que explique el hecho traumático en un primer momento, siguen sin encontrarlo a medio y largo plazo.
  • Sólo si se encuentra un sentido explicativo al hecho traumático a corto plazo se va a conseguir un mejor ajuste emocional.
  • Cuánto más se tarda en encontrar un sentido a la vivencia traumática peor se valora el mundo, la justicia y el lado benevolente del mundo.

Así, encontramos que las personas que han vivido un hecho traumático tendrán, en la medida que su desarrollo emocional vaya mejorando, una ardua tarea personal de recuperar el sentido de sus vidas, de volver a valorarse personalmente y de reconciliarse con el mundo.

¿En qué más necesitarán invertir las víctimas de violencia?

Entre otros retos, las personas que han sufrido una vivencia traumática necesitarán invertir en

  • Reducir la asociación de aprendizaje que sea ha creado entre relacionarse con personas nuevas o conocidas y las consecuencias de peligro para la persona. Es decir, aprender a confiar de nuevo.
  • Recuperar la estructura mental del miedo como un sistema adaptativo que nos avisa en caso de peligro real. EL TEPT genera una amplia conexión de estímulos reales e imaginados que provocan que la persona necesite evitar cada vez más estímulos o situaciones relacionadas con el hecho traumático original. Las personas que han experimentado abusos y agresiones necesitan ajustar la estructura mental del miedo y reducir la asociación de cualquier situación al hecho traumático.
  • Volver a establecer el control de las situaciones, la atribución de responsabilidades y la integración de nuevas vivencias.
  • Reducir la reacción de la ansiedad mediante la creación de nuevos recuerdos positivos ante nuevas vivencias relacionadas con el mundo, consigo mismo y con las personas.
  • Disminuir las valoraciones negativas excesivas causadas por la vivencia traumática.
  • Reforzar las estrategias de afrontamiento de la persona y aprender nuevos recursos psicológicos que reduzcan el impacto intrusivo que produce el recuerdo constante del hecho traumático.
  • Trabajar la memoria traumática caracterizada por revivirse continuamente aumentando la sensación de que se experimenta de nuevo el trauma.
  • Regular la rumiación de pensamientos negativos relativos a la experiencia traumática.
  • Impulsar la capacidad para aplicar la inteligencia emocional para resolver los miedos y las emociones desestabilizadoras que siente la víctima.
  • Recuperar la autoestima y la percepción de que se merece respeto y dignidad.
  • Crear una vida con expectativas positivas sobre el futuro.
  • Recuperar su identidad personal para evitar definirse como una víctima.
  •  Eliminar la sensación de culpa. 
  • Creer de verdad que su vida  tiene sentido y que merecen sus ilusiones y objetivos.

Conclusión

Las vivencias traumáticas tienen un alto coste emocional para las personas que lo protagonizan. Fundamentalmente tienen un coste emocional:

  • Sobre la expectativa y creencia de que el mundo por lo general es un buen lugar en el que habitualmente ocurren más cosas buenas que malas.
  • En la confianza de las personas que nos rodean.
  • Sobre la valoración de la propia persona como alguien digno de respeto y aprecio.
  • Cuando se produce una vivencia traumática causada por otras personas y considerada como “evitable”, la sensación de dolor y desamparo es muy grande. Confiábamos en que el mundo en general es bueno. Entonces, a la víctima le queda un trabajo personal y emocional para recuperarse, y vivir el resto de su vida de la mejor forma posible.

Buenas noticias

En estos días en las conversaciones con mis clientes que han sufrido situaciones traumáticas similares me cuentan que están bien. Me comunican, que lo han superado y que ver este tipo de noticias, lejos de sumergirlas en recuerdos traumáticos, les han empujado a sentirse “como un león”. Mujeres con fuerza, y con una gran valoración de sí mismas, que han aprendido a confiar de nuevo en el mundo, sin dejar de potenciar sus recursos psicológicos.

¡Enhorabuena! 🙂 Y mi más sentido y emocionado agradecimiento por haber compartido conmigo su proceso de recuperación, y estos momentos de fuerza y valentía.

Mis mejores deseos de recuperación para todas aquellas personas, especialmente mujeres y niños que estén viviendo situación de agresión, abuso o maltrato para que puedan pronto recuperarse y salir del impacto de este recuerdo traumático. 

Ojalá no sufras. De verdad, que ojalá, cada vez haya menos situaciones, por no decir cero, relacionadas con maltrato, violencia o abuso. Pero si lo has sufrido o lo estás sufriendo:

  • Pide ayuda.
  • Se puede superar.
  • Puedes recuperar tu dignidad.
  • Tienes derecho a decir no.
  • Gestionar tu ansiedad y tu tremendo miedo es posible.
  • Tú no tienes la culpa.
  • Sigue habiendo un mundo mejor para ti y te lo mereces.
  • Hay personas y profesionales que están contigo para lo que necesites.
  • El estrés postraumático tiene solución.
#Noesno
Nadie es dueño de nadie
La recuperación emocional empieza siempre por un "quiero, a pesar de todo"

Fuentes

Begue, L. (2002). Belief in justice and faith in people: just world, religiosoity and interpersonal trust. Personality and Individual Differences, 32, 375-382.

Fernández, Itziar. Modelos para la comprensión de las respuestas postraumáticas.

Furnham, A. (2003). Belief in a just world: research progress over the past decade. Personality and Individual Differences, 34, 795-817.

Janoff–Bulman, R. (1992). Shattered Assumptions: Towards a New Psychology of Trauma. Nueva York: The Free Press.

Mas Hesse, Blanca. Modelos explicativos del Trastorno de Estrés Postraumático.

Nolen-Hoeksema, S. y Davis, C.G. (2005). Positive responses to loss: perceiving benefits and growth. En C.R. Snyder y S.J. Lopez (Eds.).Handbook of Positive Psychology. (pp. 598-603) Oxford: Oxford University Press.

Tennen, H. y Affleck,G. (2005). Benefit-finding and benefit-reminding.En C.R. Snyder y S.J. Lopez (Eds.).Handbook of Positive Psychology. (pp. 584-597) Oxford: Oxford University Press.

Foto tomada en Valencia. Grafitti de Julieta xlf. 

 

Y si te apetece y puede ayudarte...

He perdido la motivación ¿cómo puedo recuperarla?

«He perdido la motivación, ¿cómo puedo recuperarla?», ¿has escuchado esta expresión alguna vez?. O incluso tú mismo, ¿puede que la hayas pensado y que te sientas sin ilusión?. 

La mayoría de las personas que se han encontrado alguna vez con esta sensación piensan que el mundo es un lugar demasiado difícil. Sienten que la vida no tiene un sentido claro para ellos y, que incluso, «parece que haya que ser falso para estar bien y llevarse  bien con todo el mundo».

La verdad es que cuando se permiten hacer un «stop emocional» en sus vidas y comprender su desmotivación, se dan cuenta que su motivación siempre estuvo ahí. Lo que ocurre es que en determinadas épocas de sus vidas no la dejaron salir.

Todo el mundo tiene un motivo que le impulsa como mínimo a:

  • Querer influir positivamente en las personas de su alrededor. Sea el trabajo, la familia, los amigos, etc.
  • Afiliarse y sentirse identificado con un grupo. En cualquiera de sus ámbitos vitales. Formar parte de algo más grande que uno mismo, nos impulsa a aportar lo mejor de nosotros mismos.
  • Conseguir retos. Es el impulso que nos dirige a superarnos, a conseguir nuestras metas y a implicarnos en lo necesario para conseguirlas.

 

Entonces, ¿a dónde se fue tu motivación?

 Podríamos decir, que «se ha escondido». La motivación a menudo se encuentra abrumada y oculta por, al menos, alguna de estas razones:

  • Un montón de vivencias difíciles no resueltas emocionalmente.
  • El cansancio o agotamiento.
  • La falta de recursos psicológicos.
  • Posible inercia de comprometernos con demasiadas obligaciones.
  • Exceso de perfeccionismo.

Pero existe, la tienes. Tu motivación está ahí. Quizá la parte más difícil sea trabajar en ti mismo para dejarla salir. Por ello, invertir en ti para deshacerte de todo lo que oculta tu motivación, es crucial para gestionar esa desilusión.

¿Qué hace que pierdas la motivación?. Veamos algunos casos. También te invito a que te plantees algunas pequeñas acciones para que puedas sacarla a la luz. Cómo ya me conoces, sabes que no daré recetas mágicas ni rápidas. Pero al menos, algunas indicaciones de cómo empezar si que sería interesante que pudieras tenerlas en cuenta. Es importante recordar que los procesos psicológicos son muy personales y que no a todo el mundo le sirve todo. En los casos de desmotivación, siempre estamos ante un camino de autodescubrimiento personal e intransferible.

He perdido la motivación ¿cómo puedo recuperarla?

Hay una serie de señales físicas, emocionales y mentales que te avisarán de que tu motivación está quedándose en un segundo o tercer plano. De hecho, identificar estos avisos y profundizar en cómo llegamos hasta ahí, será la clave para gestionar la tristeza y falta de ilusión que produce la pérdida de motivación. 

¿Qué te dice tu cuerpo sobre tu pérdida de motivación?

  • No escuchas lo que necesita tu cuerpo
  • Trabajas demasiado
  • Te sientes cansado
  • Últimamente los resfriados son más frecuentes o duraderos, igual que los dolores de cabeza o dolores musculares.
  • Tu sistema inmunológico parece estar bajo mínimos.

Una investigación llevada a cabo por Jonathan Leval, Shai Danziger, and Liora Avniam-Pesso en las universidades de Columbia and Ben-Guron mostraba la importancia de la glucosa en nuestro cuerpo. Cuanta menos glucosa tienes en tu cuerpo, menos dispuesto estás a hacer una decisión activa para cambiar el futuro.

¿Puede que tu cuerpo te esté avisando de que necesita determinados alimentos para sentirse mejor?. Puede ser glucosa, pueden ser vitaminas, … Negar las necesidades fisiológicas de tu cuerpo puede afectar a tu energía, en consecuencia a tus emociones y motivación. 

Ya sé que lo sabes, pero hazlo, empieza por lo básico, aliméntate bien.

  • Haz un repaso de tu dieta.
  • Incluye fruta, verdura y frutos secos.
  • Bebe agua.
  • Camina o realiza alguna actividad física. 
  • Y todas las recomendaciones que nos dicen los médicos…

Pero sobre todo, disfruta comiendo. Evita comer pensando en lo siguiente que tienes que hacer. Haz las comidas con mentalidad de mindfulness. Disfruta y concéntrate en cada alimento, en su sabor, en su olor… Si tienes ocasión, ya cuando estés en casa, dedícale un poco de tiempo más a preparar lo que vas a comer. Tan importante es preparar la comida como ingerirla. El proceso de darse la oportunidad de «me merezco este rato para disfrutar» es un proceso  básico que personas con depresión o con gran desmotivación siempre relegan. Lo sustituyen por comer cualquier cosa o incluso comer mal y menos. Lo mismo ocurre con la actividad física. Empieza por lo básico. Luego veremos qué más puedes hacer para recuperar tu motivación. 

¿Qué te dice tu mente sobre tu pérdida de motivación?

  • Te estás involucrando en demasiadas decisiones.
  • Tu perfeccionismo te está ahogando porque no puedes llegar nunca a lo que consideras que es correcto.
  • Te dejas llevar por los ambientes tensos, de incertidumbre y tóxicos.
  • Tienes conflictos internos que te están estresando continuamente y te están agotando.
  • No puedes imaginar claramente tus próximas metas.

Necesitas profundizar, conocerte a ti mismo es la clave para activar tu motivación

lo que te dice tu menteempieza con algunas reflexiones
Te estás involucrando en demasiadas decisiones¿Realmente tienes que tomar tú todas esas decisiones?. ¿Son todas urgentes?. ¿Son decisiones que quieres tomar?. Haz una lista de las decisiones que quieres tomar, las que debes y las que podrías tomar. Identifica así, más fácilmente el plazo para tomarlas. Ahora déjalas a un lado por un momento, y piensa cuáles son tus prioridades más importantes en tu vida. ¿Puedes reorganizar tu lista de decisiones?. Empieza a ser posible por las decisiones que quieres tomar.
Tu perfeccionismo te está ahogando¿Qué hay detrás de tu perfeccionismo obsesivo?.Piensa. ¿Qué buscas calmar y no estás consiguiendo?. Haz una lista de motivos por los cuales necesitas prestar tanta atención a la perfección y a lo correcto. ¿Qué te dicen esos motivos?. Reflexiona. ¿Qué necesitas reorientar o fortalecer en vez del perfeccionismo?. Te en cuenta, ¿Qué te pierdes poniendo el perfeccionismo como eje de todas tus actuaciones?.
Te dejas llevar por ambiéntes tensos, tóxicos y de incertidumbreCuánto menos consciente es uno mismo de sus fortalezas y sus recursos psicológicos, más fácil es dejarse abrumar por este tipo de ambientes o por personas con comportamientos tóxicos. Reflexiona sobre quién eres, de qué te sientes orgulloso, cuáles fueron tus logros pasados y cómo los resolviste. Vive las situaciones tensas, tóxicas o de incertidumbre desde lo qué tu quieres hacer, lo que tú puedes aportar. Delimita bien tus límites y decide en qué batallas quieres poner tu energía y tu valor. A veces la tensión, la incertidumbre y la toxicidad no son un ataque personal. Valora qué puedes y quieres hacer en cada momento de forma consciente.

Más cosas que te dice tu mente...

lo que te dice tu menteempieza con algunas reflexiones
Tienes conflictos internos importantesLos conflictos internos generan emociones negativas posiblemente de ansiedad, intranquilidad y frustración. Si sientes contradicción interna es porque tus valores, prioridades y principios no encuentran coherencia en tu vida. ¿Cómo estás afrontando tu día a día?. ¿Qué estás poniendo por delante de ti?. ¿Son coherentes tus decisiones con tus valores?. Investiga a quién estás dando prioridad y por qué. Posiblemente te venga bien invertir tiempo en reflexionar que lo qué tu quieres es tan importante como lo que quieren los demás, y que vale la pena reflexionar sobre cómo encontrar la forma de llegar a acuerdos. En vez de priorizar lo que piensan los demás sobre lo que piensas tú.
No puedes imaginar claramente tus metasSeguramente las emociones negativas que acompañan a tu desmotivación hacen que mentalmente no dispongas de claridad sobre tus metas. También puede influir que no le estás dedicando el tiempo y reflexión necesarias para poner blanco sobre negro en lo que quieres conseguir. En el caso de que las emociones negativas te estén bloqueando, resuelve y regula primero tus emociones, luego revisa nuevamente tus metas. Para reflexionar sobre tus metas es importante que profundices, sobre el motivo de tus metas, para qué quieres conseguirlas, cómo te harán sentir, a qué estás dispuesto a renunciar y en qué estás dispuesto a implicarte al máximo.

¿Qué te dicen tus emociones sobre tu pérdida de motivación?

  • No te sientes autónomo en tu vida personal, familiar, social o laboral.
  • Dependes mucho de los demás para sentirte bien.
  • Te resulta muy difícil identificar por qué no estás bien.
  • No se lo has contado a nadie o casi nadie pero intuyes que hay alguna emoción no resuelta desde hace tiempo. 
  • Sientes miedo.

Para resolver tus emociones es necesario conocerlas, identificar el motivo y buscar nuevos recursos psicológicos

lo que te dicen tus emocionesEmpieza con algunas reflexiones
No te sientes autónomo en las diversas facetas de tu vidaSentir que no eres "dueño" de tu tiempo, de tu vida o incluso de tus decisiones puede causar gran desmotivación. La autonomía personal además, influye directamente en tu autoestima. Así que, préstale la atención adecuada y revisa en qué facetas de tu vida no sientes la suficiente autonomía personal. Reflexiona sobre cuánta autonomía tienes en relación a las metas que quieres conseguir. ¿Hay algún área donde te sientes controlado?. Identifica cómo puedes desarrollar progresivamente mayor autonomía. ¿Cómo puedes asumir mayor autonomía en tus tareas, tiempo, decisiones, retos, etc.? Si es necesario pide la autonomía que crees que puedes asumir en algún entorno determinado como el trabajo, por ejemplo.
Dependes mucho de los demás para sentirte bienEstá genial sentirnos contagiados por las personas que desprenden alegría y energía. Ahora bien, el problema está cuando dependes del entorno para sentirte bien y no dispones de los recursos necesarios para activar tus mejores emociones cuando las necesitas. La búsqueda de aceptación y aprobación, el considerarte menos que los demás, y la falta de conocimiento consciente de uno mismo, pueden provocar tu desmotivación. Revisar situaciones en las que "por compromiso", tuviste que activar tu mejor emoción puede ayudarte. Muy posiblemente, ser consciente de cómo activaste tu mejor emoción en una situación que "no querías o no podías" expresar tus emociones negativas, puede ayudarte. Seguro que ante un cliente, amigo o familiar diste lo mejor de tus emociones aunque no te sintieras así al principio. Seguramente acabaste por sentirte mucho mejor que cuando entraste en esa situación. ¿Cómo lo hiciste?.

Incluso si te resulta difícil...

lo que te dicen tus emocionesEmpieza con algunas reflexiones
Te resulta muy difícil identificar por qué no estás bienSeguramente no quieras saber cómo te sientes. Hay muchas personas que "huyen" de profundizar en sus emociones por temor a reconocer lo que sienten. Pero esto, es un falso recurso psicológico, porque el malestar aumenta cada vez más. Prueba a hablar con alguien de confianza, con un profesional o incluso empezar a escribir sobre ello. Empieza por poner palabras sin orden ni concierto sobre lo que sientes. Desarrolla después cada idea emocional. Exprésate y explícate con todo el detalle que necesites. Reflexiona más tarde sobre lo que has sido capaz de expresar ¿qué es exactamente lo que sientes y por qué te ocurre?.

Escucha a tus emociones...

lo que te dicen tus emocionesEmpieza con algunas reflexiones
Sabes que tienes alguna emoción no resuelta desde hace tiempoHay emociones que puede que te duelan demasiado, o incluso sientas vergüenza de sentirlas. Lo cierto, es que como no han requerido una solución urgente las has ido procrastinando, y la inercia del día a día las ha ido ocultando. Las emociones que se guardan en cápsulas internas "pendientes de ser resueltas" pueden acabar por hacerte más daño que la emoción inicial. Suelen crear etapas de desmotivación, de crisis personal o de ansiedad en momentos decisivos de la vida de las personas. Date permiso psicológico para abordarlas. Reconcíliate con ellas. Préstales la atención que necesitan. Es como si tuvieras una etapa de tu vida sin terminar y sientes que no te deja seguir adelante con tranquilidad y seguridad. Evita esperar a momentos de crisis. A veces, suelen requerir perdonarse, asumir algunas pérdidas en nuestra vida, reconocer el dolor o la rabia, hacer las paces con nosotros mismos o con alguien.
Sientes miedoPiensa de qué o quién tienes miedo. ¿Qué es exactamente lo que te preocupa?. Tu miedo te está paralizando, así que presta atención a los motivos ya que son parte de la solución. ¿Qué necesitas hacer para que ese miedo se calme?. El miedo es un aviso de que estás ante una situación que requiere de recursos diferentes a los habituales.

Conclusión

La falta de motivación viene acompañada de multitud de señales físicas, mentales y emocionales. Prestarles atención es el paso necesario para iluminar de nuevo tu motivación, tu propósito, tu impulso y tus compromisos. Esa razón por la cual te brillan los ojos, puede estar oculta en determinadas etapas de tu vida. No la has perdido. Puede que sencillamente tengas algunos «pendientes» emocionales, físicos y mentales que atender primero.

Préstales atención y aumenta tu capacidad de vivir de manera plena, consciente y elegida. Tu motivación está esperando a que «hagas los deberes». 🙂 

¿Qué señales estás recibiendo de tu cuerpo, tu mente o tus emociones?
¿Cuáles serían las acciones más pequeñas por las que podrías empezar a resolver tus "pendientes"?
Imagina cómo te sentirías si pudieras dejar salir tu motivación 🙂

Y si te apetece y puede ayudarte...

Qué hacer con jefes tóxicos que matan tu motivación

Sí definitivamente en los últimos meses está habiendo un aumento de personas que optan por plantearse un servicio de psicología/coaching porque no pueden más. Viven constantemente, y durante más de un tercio de sus días, en constante malestar y ansiedad. Son personas que se encuentran en un entorno laboral tóxico, desmotivador y sin expectativas de que mejore.

Se encuentran con que sus jefes, que no líderes, les están haciendo la vida imposible. Bien sea porque su jefe tiene una visión muy particular de cómo dirigir. O también, porque, el entorno empresarial y los valores de la empresa está creando unos hábitos de dirección en toda la empresa que matan la motivación de los colaboradores.

Soy de la opinión que por lo general las personas tienen su propio punto de motivación, y salvo algunas excepciones, la gente viene “motivada de casa”. Al líder corresponde como mínimo no matar esa motivación, e incluso potenciarla, y dar cuerda a esa motivación para que la persona de lo mejor de sí mismo.

Ahora bien, es en ese punto mínimo donde encontramos verdaderos ejemplos de un mal liderazgo.

Qué hacer con jefes tóxicos que matan tu motivación

Sé que en algunos entornos empresariales existe una gran presión por los resultados de venta y demás indicadores. Pero bueno, como en todas las empresas. A nadie se le escapa que el desempeño necesita ser lo más eficiente posible para que la empresa sea sostenible. Pero, ¿cómo se está potenciando el desempeño de los colaboradores?.

¿Se potencia, o se presiona y amenaza?

Parece que fuera mentira, pero sigue habiendo entornos donde se cree que la amenaza, la humillación, el constante control y la comunicación destructiva van a conseguir que un trabajador de su máximo desempeño.

¿Cuál es el perfil de un jefe tóxico que mata tu motivación?

  • Controlan resultados y procesos hasta el más mínimo detalle.
  • No proporcionan nunca un feedback positivo. Parece que nada está bien nunca.
  • Utilizan una comunicación destructiva con intención de amenaza sobre el puesto de trabajo.
  • Ponen el foco únicamente en los resultados, no en las actitudes, en los esfuerzos, o en los pequeños cambios y avances.
  • Establecen objetivos cada vez mayores.
  • No proporcionan ayuda.
  • Tampoco establecen seguimiento para redirigir esfuerzos, energía o métodos de trabajo. Sólo exigen.
  • Sus intervenciones suelen ser más uno a uno que en equipo para controlar quizá mejor la manipulación y los mensajes contradictorios. Con lo que la consciencia de equipo se pierde. Cada colaborador se centra en cumplir lo máximo posible con su trabajo.
  • No proporcionan conversaciones inspiradoras o de ayuda para potenciar el desempeño de los colaboradores. Sólo señalan lo que no se está consiguiendo.
  • Evitan establecer nuevos planes de acción acordados con cada colaborador.
  • Son tóxicos en sus comportamientos y conversaciones diarias. El colaborador evita lo máximo posible encontrarse o hablar con su jefe.
  • Usan la amenaza de perder el empleo como motivo impulsor para que el colaborador reaccione.
  • Cuando ven que la amenaza no funciona, porque a veces no es tan fácil crear un despido, castigan con la ignorancia y el desprecio al colaborador. Cuando por casualidad quieren recuperar algún tipo de comunicación con el colaborador comprueban que han perdido toda confianza de su colaborador.
  • Los colaboradores perciben que a su jefe no les importa lo más mínimo las personas ni el equipo. Sólo interesa los resultados y las comisiones de venta.

¿Cómo impacta un jefe y una empresa tóxica en las personas?

Como os comentaba en el último año estoy recibiendo a clientes que necesitan armarse de seguridad psicológica y emocional para aguantar este tipo de entornos. O incluso, necesitan volver a recuperar su autoestima para poder tomar nuevas decisiones en cuanto a su futuro laboral.

El punto clave que en muchos momentos se plantean es ¿cómo voy a aguantar los 20-30 años de vida laboral que me quedan trabajando así?

Veamos que consecuencias psicológicas están viviendo desde estas relaciones tóxicas con sus jefes y empresas:

Desmotivación general

Sienten que no hay un horizonte claro a nivel profesional. No son capaces de visualizar una imagen futura nítida y motivadora en la que se vean creciendo personal y profesionalmente. Su sensación es que “les toca aguantar” lo máximo posible, hasta que definitivamente les despidan o tengan que cogerse una baja por depresión o ansiedad.

Relaciones negativas o nulas en el área personal, familiar y social

Vivir de 8-10 horas de trabajo activa la suficiente desmotivación y malestar para que se agoten emocionalmente. Con lo que sus relaciones familiares se resienten y tienden a reducir sus fuentes de felicidad, porque están demasiado cansados. Se reducen las salidas con amigos o el tiempo dedicado a deporte o hobbies. La sensación es que viven en un bucle sin salida.

Disminución de la autoestima

Sensación de que “haga lo que haga nunca está bien y nunca es suficiente”. La actividad profesional es una de las fuentes importantes que permite a la persona crecer personalmente. Es un tipo de entorno que uno ha elegido porque piensa que puede aportar algo valioso y aprender. Cuando el entorno laboral no permite crecer, ni aprender, ni percibirse como valioso, el impacto negativo en la autoestima es muy grande. De hecho, si definitivamente salen de ese entorno, les cuesta visualizarse como profesionales que tienen algo que aportar.

Aumento de la ansiedad

Viven en una constante presión y situación de amenaza. Tienen presente frases tipo como, “si no eres capaz de realizar el trabajo puedes dejarlo”. Presentan síntomas de taquicardia, presión en el pecho, malestar general, tensión muscular constante, miedo, y desesperación.

Una única motivación: el salario (de momento asegurado)

Se han propuesto de momento “aguantar”. Ya que en ocasiones es el único salario que entra en sus casas. “Aguantar” es la única estrategia que de momento tienen en sus mentes ya que el mercado laboral no es fácil, y se plantean con miedo, ¿quien les va a contratar a esta edad y con esta experiencia profesional que es tan específica de esta empresa?. Cuando esta estrategia de “aguantar” se sostiene durante un largo periodo de tiempo, el cuerpo, la mente y la gestión emocional, se resienten gravemente. Así, a la persona le es más difícil todavía verse a sí mismo como valioso para otras opciones laborales.  

Urge la gestión emocional

Es el principal motivo por el que se pide ayuda en estos casos. La persona agotada mental y emocionalmente, necesita primero de todo recuperarse. Siente que ha perdido todos sus recursos psicológicos para afrontar situaciones difíciles y tóxicas. Incluso con la estrategia de “aguantar”, la persona pide urgentemente “cómo puedo aprender a que no me afecte tanto cómo me trata mi empresa y mi jefe”. Cuando pueden verse a sí mismos con más claridad y fortaleza posiblemente se planteen la posibilidad de cambiar de trabajo y realizar un plan, pero la urgencia es estar bien consigo mismos.

¿Cómo puedes lidiar con este jefe y empresa tóxicos?

  • Lo primero cuídate físicamente. Aunque te suponga un esfuerzo, incluye en tu día a día espacios para ti, para descansar, desconectar, disfrutar, hacer ejercicio, comer bien y dedicarle tiempo a tus hobbies o actividades favoritas.
  • Segundo, reserva un espacio cuando consigas bajar el agotamiento, para pensar en ti. Identifica qué necesitas en este momento de tu vida. ¿Es recuperarte emocionalmente, creer en ti, reorientar tu enfoque en el trabajo, tener un plan alternativo?.
  • Valora si puedes aceptar la posibilidad de reservar tiempos y espacios para recuperar o renovar tu autoestima, tus recursos psicológicos o la capacidad de crear un plan alternativo.
  • Pide ayuda profesional si lo consideras. No te agotes más gratuitamente.
  • Seguro que tendrás compañeros con tu mismo jefe y en tu misma empresa que están viviendo este momento de otra forma y sufren menos. ¿Qué otro enfoque podrías darle a tu etapa en esta empresa?. ¿Qué recursos personales no estás poniendo en marcha para afrontar mejor esta situación?.
  • Ante actitudes de desprecio o amenaza, o incluso manipulaciones emocionales pon límites y sé firme en verbalizarlos.
  • Distánciate emocionalmente de las actitudes tóxicas. No suelen ser nada personal contra ti. Los jefes que actúan de esta manera, en el fondo no saben, no creen, o no quieren asumir otro tipo de interacciones con sus colaboradores. Y suelen actuar así con todos. Con lo que no te ataques personalmente más de lo necesario. En la medida de lo posible céntrate en los problemas y no tanto en las emociones que se generan.
  • Toma medidas preventivas para tu desgaste emocional.

Toma decisiones para reducir el Impacto de un jefe tóxico

  • Seguramente tú tengas tus propios criterios de cómo se realiza un trabajo eficientemente, quizá aprendido de jefes anteriores, de otra etapa en la empresa. Pero desde luego tu jefe actual tiene otros criterios y te lo está haciendo ver. Quizá no de la mejor manera, pero lo está haciendo. ¿Cómo podrías aumentar su calma para reducir el impacto y el control que está ejerciendo sobre ti?
  • ¿Es un jefe estresado con mucha presión hacia resultados y números?. Seguro que las preguntas y obstáculos que le planteas le alteran más. ¿Puedes ir con soluciones más a menudo?
  • Sé asertivo y respetuoso aunque tu jefe no lo sea. Cuando este tipo de jefes se encuentra con un equipo o persona que desde el respeto y la firmeza le plantean las cosas claramente, suelen responder mejor. Lo que no beneficiará a tu salud emocional es que te des el permiso de caer en su mismo tipo de comunicación y actitudes.
  • Busca momentos para comprender los motivos por el que tu jefe actúa así. Mantiene su comportamiento porque no encuentra motivos para actuar de otra forma. ¿Qué motivos necesita para calmarse?. Si desconfía, ¿qué puedes hacer para que confíe en ti?. Si interrumpe constantemente ¿para qué lo hace?. Si controla en exceso, ¿cómo puedes anticiparte?. Procura responder a estas cuestiones desde su punto de vista, no desde tu dolor, rabia, enfado o tristeza. Gestiona tus emociones primero.

Tus emociones dependen de ti

  • Asume la responsabilidad de que sentirte mejor en esta etapa de tu vida es cosa tuya. Sé que muchas de estas recomendaciones pasan porque tú hagas un esfuerzo o cambio distinto. Piensa que eres tú el que está agotado y no te sientes bien. A no ser que puedas o quieras irte de la empresa de un día para otro, admite la posibilidad de que tienes margen de maniobra para sentirte mejor.
  • La no gestión de emociones propias y de los demás son el motivo de mayor agotamiento personal. Invierte en aprender a gestionar tus propias emociones, porque el origen de las mismas está en cómo enfocas y afrontas las situaciones difíciles o estresantes.

Admite otras decisiones cuando ya no quieras estar en ese entorno tóxico

  • Si a pesar de todo, no estás dispuesto a “adaptarte” tanto durante mucho tiempo, ve pensando en un plan B. Recupera tu energía, tu autoestima y tu gestión emocional, y admite la posibilidad de que hay más opciones laborales en las que tú puedes ser más feliz.
  • Date la posibilidad de que éste sea un momento de inflexión en tu carrera profesional. Aprovéchalo como una oportunidad si tu jefe o empresa ya no son capaces de darte nada más para aprender o crecer profesionalmente.
  • A tu ritmo, a tu velocidad, recupera tu propia motivación diseñando el resto de vida profesional.
  • Reencuéntrate con lo que quieres, con lo que es importante en tu vida y cómo podrías lograrlo.
  • Recuerda y revisa los mejores logros personales y profesionales que has tenido en tu vida. ¿Qué te gustaría recuperar, impulsar, fortalecer y/o seguir invirtiendo en ello?
  • ¿En qué otro entorno profesional serías valioso y además te haría sentirte feliz?

Conclusión

  • “Aguantar” puede ser una estrategia temporal que puede agotarte demasiado personalmente.
  • Recuperarte y ser fuerte en estos entornos profesionales es la clave.
  • Los jefes tóxicos tienen sus motivos, miedos o preocupaciones, seguramente, mal dirigidas, pero de momento, es lo que tienes. Aprovecha la mejor forma de distanciarte sino tienes opción cercana de irte de ese trabajo.
  • Decidir si quieres invertir tiempo, energía y a veces dinero en este entorno profesional es algo que te mereces. Si lo consideras, valora el tomar una decisión.
  • Sobre todo cuídate y no añadas más desgaste gratuito a tu persona.
¿Cómo estás viviendo ese entorno tóxico?
¿Qué impacto está teniendo en ti y en tu vida?
¿Qué te gustaría hacer al respecto?

Y si te apetece y puede ayudarte...

Cómo dejar de vivir con ansiedad todos los días

Acostumbrarse a vivir con ansiedad puede resultar muy perjudicial para tu salud emocional. Mantener un estado de ansiedad continuado te lleva a vivir en estado de alerta constante. En este estado emocional tu cerebro mantiene siempre activo el modo “búsqueda de errores, culpables y hechos negativos”. Cómo vives cada experiencia personal, familiar, personal o social se ve influenciada por el filtro de que algo negativo va a pasar, que no es segura la situación y que debes estar alerta constantemente por si vuelves a sufrir.

Este modo mental de afrontar las situaciones forma parte de nuestro sistema nervioso. Es importante que funcione para situaciones realmente de peligro o amenaza. Ahora bien, el ser humano tiene la capacidad de activarlo y mantenerlo en “modo on”, simplemente con la interpretación sesgada de las experiencias que vivimos.

Las experiencias pasadas, los miedos, las experiencias traumáticas y las emociones negativas no resueltas pueden hacer que este modo de afrontamiento esté en constante funcionamiento. De esta forma, se genera una forma de vivir cada nueva experiencia desde la ansiedad y el miedo.

Es en este estado cuando el foco de atención de la persona que vive con ansiedad se centra en la situación amenazante o en “pistas” que considera amenazantes, o en el resultado negativo que aventura que ocurrirá. Así, se prepara para prevenir o minimizar el posible dolor posterior o sufrimiento.

Vivir en estado de alerta constante no permite al cuerpo y a la mente descansar, recuperarse, y compensar el desgaste físico y emocional que provoca la ansiedad continuada. El cuerpo está preparado para afrontar situaciones estresantes de manera puntual pero no está capacitado para mantenerse en periodos prolongados de ansiedad.

Cómo dejar de vivir con ansiedad todos los días

Reflexionemos hoy cómo puedes aprender a dejar de vivir con ansiedad todos los días. Recuerda que sin tu voluntad de cambio y elección personal de superarte, el estado de alerta no desaparecerá.

Qué necesito hacer para dejar de controlarlo todo

Deja que las cosas fluyan

Cuando estás en constante estado de alerta mantienes tu amígdala en funcionamiento continuado. Así tu cuerpo y tu mente reciben señales para mantener activo el “modo defensivo”, lo que en muchas ocasiones te llevará a poner en marcha una acción impulsiva para contrarrestar. Incluso, una acción que puede que no sea la mejor en esa situación.

  • Permanece atento a la primera señal de alarma. Respira y para un poco. Si luego quieres seguir con tu impulsividad, lo puedes hacer igualmente. Pero permítete, aprender.
  • ¿Cómo podrías hacer para dejar que la situación fluya por sí sola?. Sabes que controlarlo todo y estar en constante anticipación no es demasiado productivo. Ya lo has comprobado muchas veces.
  • Prueba algo diferente. Deja que la situación ocurra y confía en que si es realmente necesario, sabrás cómo afrontar lo que ocurra después. Habla con alguien en el momento que tu impulso de ansiedad te avise.
  • Evita hacerte más daño al dejarte llevar por la impulsividad y urgencia que pide tu estado de alerta.

Déjate llevar por las distracciones

De normal, parece que no sea bueno dejarse llevar por las distracciones. Parece que tengamos que estar siempre con el foco muy atentamente activado. En esta ocasión utiliza las distracciones en tu beneficio. Tu cerebro necesita apartar la atención de lo que habitualmente te lleva a vivir en estado de alerta constante.

  • En lugar de estar controlando todo, encuentra algo distinto que hacer. Puede ser algo divertido, un crucigrama, un hobby, escuchar a otra persona, leer un libro, ver las noticias, jugar con tus hijos, o acariciar a tu mascota. Lo que quieras, pero en vez de dejarte llevar por el impulso, decide qué otra actividad puede captar tu atención en ese momento.

Si tienes que luchar, lucha contra tus impulsos

La amígadala y todas las hormonas y caminos neuronales que se ponen en marcha son los responsables de tus acciones impulsivas. Esos impulsos retroalimentan de nuevo el estado de alerta.

  • Así que, activa tu corteza prefrontal. Es ahí donde se encuentra la solución. Calmarás la amígdala dejando que la corteza prefrontal dirija las estrategias de afrontamiento más saludables para ti.
  • Necesitas intencional y habitualmente buscar estrategias más saludables que no dejen paso a la urgencia destructiva a la que estás acostumbrado.

Supera la mentalidad de escasez que activa la ansiedad

La vivencia de la mayoría de situaciones estresantes pone en marcha la “mentalidad de la escasez”. Bajo este foco de atención seguro que identificas todo lo que no tienes. Tiendes a pensar que no tienes suficiente:

  • Dinero
  • Valía
  • Capacidad
  • Amor
  • Tranquilidad
  • Seguridad
  • Etc…

Este modo de focalizar tu atención causa enfado, ansiedad y/o tristeza. Puedes incluso obsesionarte con lo que consideras que te falta. Así activas entonces, y de manera constante tu “modo urgente defensivo”. Nuevamente se pondrán en marcha todos los comportamientos impulsivos que tienes aprendidos y que aparentemente te dan una “calma falsa” y muy puntual. Pero no resuelves la ansiedad de la próxima vivencia que experimentas con el mismo filtro de atención.  La amígdala toma el control y no tiene en cuenta mejores soluciones para el largo plazo. Sólo pones en marcha soluciones a corto plazo que no aumentan tus recursos de afrontamiento y flexibilidad cognitiva.

Acabas destruyendo tu ilusión y motivación por vivir situaciones nuevas y cambios. Evitas los posibles peligros que anticipas en tu mente dirigida por la amígdala. Te mantienes protagonizando una vida con los mismos recursos psicológicos que siempre, sabiendo que no te ayudan a largo plazo y te proteges de superarte y crecer.

Elige intencionadamente activar la corteza prefrontal. En la corteza prefrontal se encuentran tus mejores capacidades cognitivas: creatividad, solución de problemas, toma de decisiones, aprendizaje… Prueba poco a poco estrategias diferentes:

Pon el foco en lo que tienes, no en lo que te falta

Revisa tu entorno laboral, social y familiar. ¿Qué tienes que te hace sentir bien?. ¿De qué te sientes orgulloso y agradecido?. Reflexiona sobre ti mismo: ¿Qué logros conseguiste en pasado?. ¿Con qué herramientas mentales y emocionales cuentas, que ya has puesto en marcha antes?

Clarifica tus prioridades

Las personas que viven mejor las situaciones difíciles y estresantes son aquellas que tienen sus valores y prioridades muy claras. De hecho, les es más fácil tomar decisiones en situaciones urgentes. ¿Cuáles son tus valores?. ¿Cuáles son tus prioridades en la vida?. ¿Qué es lo más importante para ti por encima de otras cosas?.

Anticípate con estrategias

Si has de anticipar que no sean miedos. Todavía no se han materializado. Pon el foco en estrategias que utilizarás cuando tus señales de alarma se pongan en funcionamiento. Prepara cómo evitarás dejarte llevar por impulsos ansiosos que sólo te protegerán momentáneamente y no solucionarán tu ansiedad a largo plazo.

Elige tomar riesgos razonables

Antes de se dispare tu amígdala y todas las sensaciones de ansiedad que sabes que sueles sentir, reflexiona. Haz acopio de lo que tienes y asume pequeños riesgos. Riesgos razonables en los que sepas que manejas un alto porcentaje de recursos necesarios para superar ese reto. Para ese porcentaje que crees que no manejas, permítete aprender.

Pon el foco de atención en el largo plazo

La ansiedad constante te proporciona una sensación de urgencia para que actúes impulsivamente o evites la situación que tienes delante. Busca un momento un poco más tranquilo y prepara estrategias a largo plazo que te permitan aprender estrategias mentales y emociones a largo plazo. ¿O te imaginas en 5-10 años viviendo todavía con este estado de alerta constante?.

Cuida tus mejores relaciones

La ansiedad puede provocar estados de aislamiento y reducir el número de impactos y vivencias positivas que nos proporcionan las relaciones personales. Es justo lo que necesitas para recuperarte y aprender otras estrategias. Tus mejores relaciones personales son tu apoyo. Son tu fuente de energía positiva para compensar el desgaste emocional que genera el estado de alerta constante. Mantén esas relaciones, cuídalas. No te castigues. Y procura poner el foco en sus experiencias. Comparte lo que te ocurre, pero de manera delimitada. Deja que tu cerebro expanda sus posibilidades escuchando a tus mejores amigos o a tus seres más queridos.

Elige vivir emociones positivas

Conclusión

  • Vivir en estado de alerta constante perjudica tu salud emocional y tus capacidades cognitivas.
  • La amígdala dirige las acciones urgentes que necesitas hacer cuando tienes miedo, estás enfadado o sientes ansiedad.
  • Las estrategias que pones en marcha bajo tu estado de alerta sólo tienen un efecto a corto plazo y no solucionan el próximo momento de alerta.
  • Elegir voluntariamente la activación de tu corteza prefrontal te permite aprender estrategias a largo plazo.
  • Invertir en conscientemente aprender nuevas acciones ante nuestros miedos reducirá la ansiedad que te provoca el estado de alerta permanente.
  • Ocuparte de vivir emociones positivas activa tu capacidad para afrontar situaciones difíciles o estresantes. Tu capacidad de resiliencia necesita de vivencias de felicidad.
¿Vives en estado de ansiedad todos los días?
¿Qué pequeño cambio y de gran impacto puedes empezar a realizar?
¿Cómo será tu plan para aprender estrategias mentales y emocionales?

Y si te apetece y puede ayudarte...

6 habilidades que te ayudarán a vivir mejor

Entender por qué las habilidades de ayudarán a vivir mejor, es crucial para tu bienestar emocional. Todos los días lo compruebo con las personas que vienen a consulta. Vienen con un mar de intranquilidad o inquietud porque existen situaciones o relaciones que no están llevando de la mejor forma. Lo sienten en su día a día, les agota y les impide llevar una vida en la que se sientan satisfechos consigo mismos.

Da igual si el reto es personal o profesional. La cuestión central es que necesitan desarrollar una serie de habilidades que les proporcionen los recursos necesarios para desenvolverse mejor. Sea que hablemos de relaciones personales, sociales o familiares. Incluso también fomentar mejores recursos psicológicos que les faciliten en cuidarse a ellos mismos. 

Cuando la persona que acude a consulta viene con un reto personal o profesional, consigue llevarse muchos recursos. Entre ellos: mayor satisfacción personal, herramientas para afrontar nuevas situaciones, recursos mentales y emocionales para vivir mejor, y una flexibilidad cognitiva mucho mayor.

6 habilidades que te ayudarán a vivir mejor

Autoestima

Desarrollar el hábito de cuidar nuestra autoestima es esencial, es una condición imprescindible para sobrevivir psicológicamente hablando. La autoestima es una de las características que nos diferencia como seres humanos. Las personas tenemos la habilidad de formar una identidad a la que asignemos un valor. Esta característica nos permite definir quiénes somos y tomar decisiones en base a ello. 

Cuando rechazas y juzgas parte o la totalidad de tu identidad, dañas las estructuras psicológicas que literalmente te permiten sobrevivir psicológicamente. 

Desarrollar y cuidar los cimientos de nuestra identidad personal significa aprender a:

  • Realizar una valoración precisa de tus fortalezas y oportunidades de mejora.
  • Identificar y mejorar ciertas estructuras cognitivas fomentadas por las emociones que se activan en el SNS que favorecen el daño a la autoestima.
  • Desarrolla la capacidad de compasión a uno mismo y a los demás.
  • Diferenciar las normas de los valores. Estos últimos fortalecen tu identidad personal y te proporcionan las directrices que facilitan sentir que actúas con coherencia en tu vida.
  • Afrontar de manera saludable los errores, mejorando la forma en que te relacionas con ellos.
  • Reaccionar de manera emocionalmente inteligente a las críticas sin perder el valor de tu identidad.
  • Crear el hábito de gestionar tus retos y conseguirlos para aumentar tu autoestima.
  • No evitar el dolor y saber afrontarlo de forma saludable.
  • Relacionarte con los demás al mismo nivel.

Compasión

Una habilidad estrechamente relacionada con la autoestima es la compasión. Cuando muestras compasión por ti mismo te comprendes y aceptas. Si cometes un error, te perdonas. Cuando eres compasivo contigo mismo estableces expectativas razonables sobre ti mismo y te propones metas conseguibles y retadoras. En general, la compasión te permite valorarte como una persona esencialmente buena ¿Cómo vas de compasión?.

Cuando la compasión te acompaña en tu vida diaria eres capaz de descubrir ante los demás el mejor valor que tienes en cada situación. Además, tu diálogo interno te cuida del daño excesivo o de la autocrítica más destructiva.

La compasión por uno mismo favorece la intención de conocerte sin juzgarte, de aceptar y comprender tus emociones, tus decisiones y tus actuaciones. Lo mismo ocurre cuando aplicamos la compasión a los demás. Es un hábito intencional de  comprender y cuidar en base a esa comprensión. La compasión requiere hacia uno mismo o hacia los demás de:

  • Aceptación sin juicios
  • Perdón
  • Conocimiento de necesidades
  • Identificación de creencias
  • Descubrimiento de emociones
  • Afirmación del valor de uno mismo
  • Empatía
  • Escucha activa
  • Cuidado
  • Tolerancia al estrés
  • Sensibilidad
  • Simpatía

Inteligencia Emocional

La inteligencia emocional es la capacidad de gestionar (regular, no controlar) las emociones propias y de los demás de manera que se pueda encontrar una emoción más adecuada a la vivencia que estás experimentando.

Es fundamental el reconocimiento e identificación de la emoción que se está experimentando y comprender las razones de esa emoción. Sea que esta emoción la estemos experimentando en primera persona o la sientan las personas con las que vives esa situación. La aceptación y comprensión de las emociones te permitirá calmar la intensidad con la que estás viviendo. Desde ahí, el paso hacia su gestión o regulación es más fácil. 

Acompañando a la identificación está el saber expresar esa emoción a ti mismo o hacia los demás. En multitud de ocasiones me encuentro con clientes que llevan años acumulando de forma oculta para los demás ciertas emociones muy intensas y dolorosas. Este hábito dañino sólo hace que alimentar la emoción dolorosa y les impide comprenderla desde la calma o desde otros puntos de vista.

Emociones como el dolor, la rabia, el odio, la ira, la tristeza pueden acumularse en tu interior impidiéndote vivir con mayor satisfacción personal. 

Tanto en el ámbito personal como en el profesional necesitas de la inteligencia emocional para vivir y trabajar con la mejor emoción. Incluso, para liderar, enseñar o relacionarte con los demás provocando las mejores emociones.

Para crear relaciones resonantes (energía positiva que se contagia provocando colaboración y compromiso) necesitas primero aprender a regular tus emociones para afrontar lo mejor posible las situaciones de tensión o incertidumbre. Después cuando ya manejes tu capacidad para regular tus emociones puedes pasar a ayudar a otros. 

Las técnicas de inteligencia emocional te permitirán tener un enfoque mental mucho más saludable e inteligente, emocionalmente hablando, para afrontar lo que necesites. La práctica consciente, deliberada y planificada te facilitará desarrollar este hábito para que ya te acompañe siempre en tu vida personal, familiar, social o laboral. 

Flexibilidad Cognitiva

La flexibilidad cognitiva te ayudará a ampliar tu capacidad mental de forma que evites quedarte atrapado en enfoques rígidos, negativos o “tramposos”. En muchas ocasiones las personas acuden atrapadas en una espiral mental de la que es difícil salir sin los recursos necesarios. A menudo, esta espiral mental que afecta a las emociones viene formada por cierta tendencia a:

  • La realización de predicciones negativas sobre el futuro.
  • Subestimar las habilidades propias para afrontar situaciones difíciles.
  • Asumir culpas o atribuciones negativas.
  • Pensar en términos de “debo, tengo que, debería…”

Este tipo de enfoques mentales contribuyen a que sientas mayor ansiedad, tristeza, enfado, vergüenza, y culpa. De hecho determinados enfoques vitales alimentan constantemente este malestar convirtiendo posiblemente el mundo en que vives en un lugar muy difícil. Acostumbras posiblemente a definir el mundo en función de cómo te sientes. Así, pierdes la oportunidad de que tú, con otros capacidades como la flexibilidad cognitiva puedes verte a ti, y al mundo de una manera mucho más realista y calmada. 

La flexibilidad cognitiva, te ayuda a:

  • Tener una mejor consciencia de la imagen completa de la situación.
  • Valorar “las dos caras de la moneda”.
  • Entender el propósito de tus enfoques negativos.
  • Encontrar explicaciones alternativas que no habías valorado anteriormente.
  • Analizar la situación desde otras perspectivas.
  • Vivir desde la elección y no desde las normas.

Inteligencia Conversacional

Las conversaciones tienen un impacto mayor de lo que habitualmente eres consciente. Además, incluyen más dimensiones que las que aparentemente ves de “preguntar y responder”. Algo esencial que a veces das por supuesto, es que las conversaciones generan emociones. Así de sencillo, hay conversaciones que te hacen sentir bien, o por el contrario, te hacen sentir muy mal. 

Tienes una red neuronal en tu cerebro preparada para identificar si la conversación que estás manteniendo en ese momento es una amenaza para ti o bien, es una conversación “amiga”. Así, las conversaciones impulsan múltiples conexiones neuronales que influyen en cómo te sitúas frente a tu interlocutor y cómo respondes. Incluso, cómo quieres abordar esa conversación. 

Entrenar tu corteza prefrontal te permitirá disfrutar de mejores conversaciones. A todos los niveles, familiar, social o laboral. Ya son muchas las personas que bien a nivel particular o para un enfoque más profesional (líderes, profesores…) están aprendiendo esta habilidad. 

Una mala conversación genera desconfianza, crea actitudes de defensa y ataque, y aumenta las distancias y las diferencias entre las personas.

¿Cómo impactan tus conversaciones?

Cómo extracto, podemos resumir que existen tres tipos de conversaciones:

  • Protectoras: en las que los interlocutores simplemente dicen y preguntan, se dan consejos y se pone el foco en una sola estrategia. Este tipo de conversación genera desconfianza y actitudes defensivas. Se favorece la activación de la amígdala que dispara todas las hormonas encargadas de potenciar el estado de alerta.
  • Consenso: los interlocutores se centran en realizar un intercambio de poder. Se pregunta para ver si se acepta o rechaza al otro. Se investiga para ver de que forma se puede expandir el poder o la influencia. 
  • Descubrimiento: en este tipo de conversación se intercambia energía y se pregunta con la intención de descubrir conjuntamente. Se explora la perspectiva del otro para unir y transformar la realidad. Se escucha para conectar, siendo el tipo de conversación que más confianza genera ya que opera desde la corteza prefrontal. El éxito de la conversación es compartido. Se utilizan preguntas para descubrir no para obtener la respuesta que queremos desde nuestra posición. 

¿Y tú en que nivel conversacional te mueves?.

Toma de decisiones

¿Qué tal vas con esa decisión pendiente?. ¿Cuánto tiempo y energía estás invirtiendo?. La capacidad, el entrenamiento y el hábito de tomar decisiones puede ser una fuente de total bienestar o gran estrés. Sea que tu decisión sea cambiar de trabajo, mejorar tu actitud, reorientar tu vida, o elegir entre diversas actuaciones personales, es importante que te entrenes.

La habilidad para tomar decisiones no depende tanto de que tomes la decisión correcta. Sino más bien, de qué seas consciente de qué te hará sentir mejor y te permitirá ser más coherente con tus prioridades e identidad personal. A muchas personas le causa un estrés tremendo tener que tomar decisiones. A menudo entran en días, semanas o meses en las que andan en espiral valorando qué opciones tienen más o menos ventajas para ellos. O incluso tratando de averiguar qué decisión es la más correcta. He aquí, una de las primeras trampas. Las decisiones son correctas según desde dónde lo valoremos. Con lo que arriesgarnos a identificar y darle valor a los criterios propios es la clave.

Es más fácil tomar decisiones desde el autoconocimiento y la identidad personal. En vez de tratar de sobreanalizar las opciones a tomar. 

Algunas ayudas para tomar decisiones

Como ayuda nos puede servir en general:

  • Limitar la información con la que vas a contar. En ocasiones seguro que tratas de hacerte con el máximo número de datos posibles en relación a las opciones que tienes. La realidad es que si revisas decisiones pasadas con las que estás satisfecho, solo un número limitado de información es la que te hizo decantarte por una opción u otra.
  • Asigna un plazo máximo para tomar esa decisión.
  • Recuerda que tu satisfacción con la decisión que tomes es lo importante, no lo que piensen otros. Puedes tenerlo en cuenta y valorarlo, pero al final las ventajas e inconvenientes las vas a asumir tú.
  • Prepárate para asumir las consecuencias de tu decisión. Cada decisión tiene sus consecuencias. ¿Qué estás dispuesto a asumir?
  • Confía en lo que te dice tu intuición. No sólo la que sientes en el estómago sino la que está basada en tu experiencia.
  • Revisa qué tipo de energía y cuánta estás dispuesto a poner en esta toma de decisión y en la opción que finalmente elijas. No serías el primero, que realmente valora que al final, esa decisión que tenía pendiente, realmente es algo que no le interesa realmente. Con lo que ¿para qué preocuparse?. 

Conclusión

Recuerda invertir en el aprendizaje de las habilidades que más impacto están teniendo en el bienestar emocional de las personas y como consecuencia en sus relaciones:

  • Autoestima
  • Compasión
  • Inteligencia Emocional
  • Flexibilidad Cognitiva
  • Inteligencia Conversacional
  • Toma de decisiones

El aprendizaje de habilidades personales te ayudará a:

  • Conocerte a ti mismo
  • Relacionarte contigo mismo desde la calma
  • Interactuar con los demás de manera más saludable
  • Regular tus emociones
  • Disfrutar más de la toma de decisiones
¿Qué necesitas para vivir mejor contigo mismo?
¿Cuál de las 6 habilidades sería un buen reto para empezar?
¿Cómo te sentirías si consiguieras desarrollar mejor esa habilidad?

Y si te apetece y puede ayudarte...

error: Content is protected !!