¿Te has sorprendido alguna vez por la reacción de otra persona ante tus comentarios? Un compañero de trabajo, un miembro de tu equipo ¿ha reaccionado desproporcionadamente a tus opiniones? ¿Se ha subido el tono en una reunión a raíz de ciertos comentarios? O incluso, ¿te has dado cuenta que has reaccionado en exceso ante una conversación con otra persona? ¿Es una crítica lo que nos están comunicando? ¿Hemos lanzado nosotros una crítica sin darnos cuenta? ¿Pensamos que no tienen razón?

En la mayoría de estos casos, las reacciones desproporcionadas tienen mucho que ver con cómo estamos interpretando la realidad que nos rodea, y en concreto, las conversaciones y comentarios que comunicamos o recibimos. Cada persona tiene una “pantalla” por la que filtra su realidad, y en base a los filtros que utiliza para ver los detalles y colores de esa realidad, conforme a eso, reacciona. Porque en definitiva, es la realidad que está viendo, percibiendo y sintiendo.

¿Y entonces que hacemos? Si cada uno tiene su realidad, ¿tenemos razón cuando reaccionamos de manera desproporcionada o agresiva? En estos casos, de “desconexión de pantallas” necesitamos buscar conocernos a nosotros mismos, y saber qué filtros estamos aplicando a la interpretación de nuestra realidad, y conocer también los filtros de los demás, para acordar un punto de enfoque común que nos haga conversar, reaccionar de manera adecuada y entendernos mejor.

¿Tienes razón cuando reaccionas a las críticas?

Señalaríamos tres aspectos fundamentales, a los que necesitamos prestar atención para resolver de mejor manera este tipo de conversaciones, que al final pueden acabar por activar nuestro Sistema Nervioso Simpático, dirigiéndonos a un estado total de posible agresividad, desconfianza y malestar, debido al aumento de nuestros niveles de cortisol, testosterona y norepinefrina:

  • Filtros personales que impiden acordar realidades con los demás.
  • Tipos de respuestas a situaciones de crítica
  • Autoestima y derechos asertivos
¿Qué filtros personales hacen que la realidad que ves y a la que reaccionas no sea tan objetiva como consideras?
  • Tus rasgos de personalidad: Son características estables que permiten determinar, explicar y a veces, no siempre predecir el comportamiento de una persona. Los rasgos de la personalidad marcan la posible tendencia a ser  más o menos activos en estas variables: sociabilidad, extroversión, ansiedad, impulsividad, atrevimiento, impulsividad, dominancia, autosuficiencia, autocontrol…etc.
  • Estado fisiológico: Seguro que has comprobado que determinado problema o situación la valoras de una forma al final del día, y al día siguiente cuando estamos más descansados y despejados, casi siempre ves las cosas de otra manera. El estado físico, afecta incluso aunque no seamos conscientes de que físicamente nos ocurre algo. Un dolor de cabeza, de estómago, un inicio de resfriado, una bajada de defensas, el cansancio… filtra la información que recibimos dándole un significado personal u otro, y claro, en base a ello, reaccionamos.
  • Estado emocional:  Recordemos como afecta a nuestras capacidades cognitivas la activación, según nuestro estado emocional, del Sistema Nervioso Simpático (izquierda del gráfico), encargado de preparar al cuerpo para defendernos en caso de que consideremos la situación como amenazante, y el Sistema Nervioso Parasimpático (derecha del gráfico), que permite renovarnos física y emocionalmente:

SnS y SNPS - copia (2)

 

  •  Patrones de comportamiento habitual: Cada persona tiene una historia aprendida de patrones de conducta de afrontamiento ante las situaciones que ha vivido en el pasado, que a menos que voluntaria y conscientemente decida mejorarlas o aprender otras nuevas, seguirá utilizándolas en el futuro. Estas estrategias se utilizan de forma automática y rápida porque son las estrategias que nuestro cerebro ya tiene aprendidas y validadas en situaciones anteriores. Con lo que nos es más fácil aplicarlas en situaciones complicadas, buscando similitudes de cómo lo resolvimos en el pasado. Así que, ante situaciones que consideramos amenazantes, trataremos de reaccionar y contestar como lo hicimos en el pasado. Ahora bien, no siempre estrategias automatizadas sirven de la mejor manera a nuevas personas y situaciones. Es por ello, que necesitamos concentrarnos cada vez en lo que estamos viviendo y tener un amplio rango de conductas de afrontamiento, además de una actitud continua de aprendizaje en habilidades. ¿Qué patrones de afrontamiento ya no te sirven?
  • Creencias: Los valores, prejuicios, interpretaciones y teorías que cada persona construye en cada interacción social que vive influyen en lo que uno ve en su propia “pantalla”. Es difícil desprenderse de las creencias, porque al igual que los patrones de conducta de afrontamiento, están instauradas automáticamente en nuestro cerebro y nos “cuidan” y “alertan” sobre lo que nos gusta o disgusta, sobre lo que nos alegra o nos hace daño, y sobre lo que nos funciona o no, en nuestras relaciones personales. Una vez más la consciencia de qué creencias has elaborado y el deseo voluntario de aprender nuevas creencias nos salvará de este filtro que en ocasiones no nos ayuda. ¿Qué creencias te están dificultando tus relaciones personales y de trabajo?
  • Necesidades: En muchas ocasiones, en cada relación personal, social o laboral en la que se participa, cada persona trata de cubrir alguna necesidad emocional. Este comportamiento que tratará de buscar en las interacciones personales resolver su necesidad emocional, distorsiona la realidad que cada uno vive. Un ejemplo puede ser esa persona que está constantemente pidiendo ayuda, porque necesita confirmación y control sobre todo lo que hace. Otro ejemplo, puede ser cuando un jefe acostumbra a pedir a su equipo que se le informe detalladamente de todo, y se implica en las partes técnicas más concretas de su departamento, no porque esté mostrando cercanía a su equipo, sino porque necesita tener el control de todo lo que se está haciendo y asegurarse de que todo va según su criterio. Un último ejemplo, puede ser cuando una persona está constantemente ayudando y siendo lo más agradable posible a todo el mundo, no porque sea buena persona (que lo será) sino porque necesita estar bien con todo el mundo, en cualquier situación, y evitar conflictos para apreciarse a sí misma. Reconocer esas necesidades puede ayudar a no reaccionar a las críticas o a conversaciones que consideramos, en principio, amenazantes. ¿Qué necesidades emocionales estás tratando de cubrir en tu relación con los demás?

Os cuento un caso que me ocurrió en las primeras clases que tuve en mi vida laboral:

Primer día de clase, un curso de técnicas de venta para comerciales. En la primera ronda de presentaciones y comunicación de expectativas, un alumno de repente comentó: “Me llamo X y yo vengo aquí a que tú me demuestres que tienes algo que enseñarme, porque llevo toda mi vida trabajando en la calle y no creo que una psicóloga tenga nada que enseñarme”

Evaluemos posibilidades:

  1. Si mi rasgo de personalidad hubiera sido tímido, estuviera nerviosa y cansada, si hubiera considerado amenazante su comentario se hubiera activado mi sistema nervioso simpático, si mi patrón de afrontamiento hubiera sido atacar a quien aparentemente me ataca, si tuviera una idea preconcebida sobre los comerciales, y necesitara ser continuamente aceptada por todo el mundo ¿cuál habría sido mi reacción? Posiblemente, atacar, callarle, demostrarle que mis estudios son muy válidos, sentirme mal porque no me da una oportunidad y no me conoce… o sea, la clase hubiera continuado fatal… 🙂
  2. Parece que uno de mis rasgos de personalidad es la sociabilidad y el respeto por todos y por sus estados emocionales, estaba tranquila, alerta, pero no a la defensiva, y me había preparado. Uno de mis patrones de afrontamiento antes de reaccionar, siempre es conocer o preguntar más a cerca de la persona o la situación. Siempre se habla de las ideas preconcebidas, pero aprendí muy pronto a relacionarme con un gran variedad de personas, con lo que mis prejuicios no estaban activos y por supuesto, asumía que como profesional que habitualmente trabaja con muchas personas, no podía caer bien a todo el mundo, y que cada uno tiene derecho a expresar sus miedos de la mejor manera que puede. Resultado: la clase funcionó muy bien, al igual que mi relación con ese alumno (que luego hablando con él, ya con más confianza, me reconoció, que no lo había hecho con mala intención, que le preocupaba algo y lo expresó así). Descubrí su necesidad, quería comprobar si el curso y la profesora eran lo suficientemente válidos como para traer a su equipo a aprender y no perder el tiempo.

Como vemos, nuestros rasgos de personalidad, estado físico o emocional, creencias, necesidades… tienen un gran impacto en cómo reaccionamos a las críticas y a las situaciones que nuestra “pantalla” mental elabora.

Ahora bien, todos estos factores ¿qué tipo de respuestas nos pueden hacer dar en estas situaciones difíciles?

¿Cómo respondemos a las críticas?

crítica

 

¿Cuál sería tu estilo más habitual? ¿Qué impacto tiene en ti? ¿Y en los demás?
¿Afecta nuestra autoestima y los derechos legítimos y asertivos que permitimos tener?

Sí indudablemente.  Los filtros que habitualmente utilizamos para elaborar nuestra realidad pueden ser “ajustados” con una buena autoestima y respetando una serie de derechos legítimos que tenemos todos:

  • Una persona con autoestima sana mostrará comportamientos asertivos
  • Una persona con autoestima baja mostrará comportamientos agresivos o pasivos
  • Una persona que reconozca sus derechos legítimos, tendrá una buena autoestima y su comportamiento mostrará colaboración y respeto
  • Una persona que ponga la valía de los demás por encima de la suya y reconozca los derechos legítimos de los demás, pero no los suyos, mostrará un comportamiento de sumisión y de baja autoestima
  • Una persona que ponga la valía de los demás por debajo de la suya y no reconozca los derechos legítimos de los demás, pero sí los suyos, mostrará un comportamiento agresivo

¿Cuáles son estos derechos?

Ser tratado con respeto y dignidad
Tener y expresar los propios sentimientos y opiniones
A ser escuchado y tomado en serio
A juzgar mis necesidades, mis prioridades y mis propias decisiones
A decir no, no lo sé y no me importa, sin sentir culpa
A pedir lo que quiero, respetando que el otro puede decirme que no
A cambiar de opinión
A pedir ayuda
A cometer errores
A no ser asertivo cuando así se decide
A ser independiente
A tener éxito
A disfrutar
A sentir tristeza o enfado
A pedir tiempo
Al descanso y al aislamiento
A superarse
Conclusiones
  • ¿Conoces tus rasgos más habituales de tu personalidad?
  • ¿Eres normalmente consciente de tu estado físico?
  • ¿Eres consciente de el estado emocional con el que afrontas las situaciones y te relacionas con los demás?
  • ¿Conoces tu patrón de conductas de afrontamiento habitual?
  • ¿Conoces tus creencias?
  • ¿Eres consciente de tus necesidades emocionales?
  • ¿Sabes cual es tu estilo de comunicación más habitual (pasivo, agresivo o asertivo)?
  • ¿Te permites tus derechos legítimos?
  • Las mismas cuestiones las conoces de los demás?
  • ¿Qué necesitarías mejorar?

La próxima vez que reacciones o veas reaccionar a alguien de manera exagerada o incluso que no reacciona o no se implica en las conversaciones, reuniones, etc, ¿crees que podría ayudarte recordar todo esto? ¿Qué has descubierto de ti mismo?

Os deseo una buena reflexión orientada a decisiones de cambio 🙂