Necesitas protagonizar tu propio camino porque a veces no es suficiente…

  • Leer frases bonitas, porque no te las crees
  • Pensar que hoy va a ser tu mejor día o el primer día del resto de tu vida, porque no lo sientes así
  • Mirar o aprender de los mejores, porque no te sientes identificado
  • Las autoayudas rápidas, porque no están alineadas con tu momento vital
  • Los programas rápidos de solución de problemas, porque todavía no estás preparado para solucionar
  • El optimismo sin límite, porque también es real esa parte negativa que estás viendo
  • Mirar siempre hacia delante, porque todavía de duele, te engancha o no has soltado “el antes”
  • No pensar en algo, porque eso no te hace superarlo y en el fondo lo sabes
  • Modificar tus recuerdos alterando la realidad que fue, porque no has acabado de aprender, de resolverlo o de superarlo
  • Saber racionalmente que no tienes razón, porque el sentimiento te puede
  • Saber que es lo que tienes que hacer, porque todavía algo no te permite decidir
  • Pensar que no necesitas ayuda, que depende de ti salir de dónde estás, porque no lo estás consiguiendo
  • Conformarte, porque sabes que no estás siendo feliz y te lo mereces
  • Ponerte una coraza, porque está afectando a todo lo nuevo que intentas crear
  • Mirar cómo otros lo superaron, porque no son tú
  • Etiquetarse, para decir “ya sé lo que me pasa, ya lo tengo delimitado”, porque saberlo no te hace resolverlo
  • Escuchar o hacer lo que otros te dicen que tienes que hacer, porque a ti no te sirve

Muchas personas me comentan frecuentemente que han probado todas estas estrategias anteriores que he listado, y que no les sirven, y tienen razón. No son suficientes. Y no son suficientes porque cada persona ha de vivir su cambio de una manera voluntaria y en primera persona. Cada persona ha de protagonizar su camino.

Hasta ese concepto de “mochila” que ya todos conocemos parece que se ha convertido en una carga con la que hay que vivir. A mi me gusta explicar a mis clientes, que la conocida “mochila” no debe ser una carga. “La mochila” está llena de nuestras vivencias, de nuestros aprendizajes, de nuestros “pendientes”, de nuestros miedos, expectativas, límites e ilusiones, de nuestro autoconcepto, de nuestros valores, nuestras creencias… Y podemos hacer dos cosas, asumir el peso de nuestra vida o imaginar que llevamos una “mochila con alimentos”, con nutrientes, y al igual, que hace nuestro cuerpo, necesitamos digerirlos, aprovechar lo que nos alimenta el corazón y la mente, y desechar aquello que no nos aporta (pero después de un proceso de digestión emocional y mental). De esta manera, al “digerir”, entender, aceptar, reconocer y asumir nuestras vivencias, aprendizajes, etc. … podemos llenarla de nuevas experiencias que también digeriremos.

Eso sí, necesitamos hacer “altos” en el camino, de vez en cuando, para alimentarnos de esos nutrientes y digerirlos con calma, porque sienta mal comer haciendo dos cosas a la vez, ¿a qué sí?, pues aquí ocurre lo mismo.

Ahora bien, ¿qué es eso de “digerir”? Cada vez más en las sesiones personales que tengo con los clientes, hay un denominador común: la persona sabe lo que le pasa pero no sabe cómo “digerirlo”. Y es justo en ese punto donde los profesionales que trabajamos en el desarrollo de personas, debemos poner al servicio de los clientes un proceso, único y protagonista, por donde el cliente pueda caminar con toda la autonomía posible. Diseñar ese proceso, esa vivencia desde la posición desde donde está la persona, no desde las frases bonitas y las “recetas mágicas”.

La orientación a la persona, al cliente debe ser máxima y debe proporcionarle procesos internos que le permitan digerir lo que su corazón y su mente no ha podido hacer todavía. Me encuentro pues, casos en los que:

  • Se ha terminado una relación personal, y sabiendo que no ha sido una relación sana, emocionalmente hablando, la persona sigue ” enganchada” y sufre sin poder seguir adelante. Sabe racionalmente que no se podía seguir, pero se siente muy mal y desconoce como superar ese sentimiento.
  • Directivos que no “sienten” su vida y empiezan a tener problemas en su desempeño profesional y en su vida personal. Son profesionales que han llegado a un punto de su vida en la que algo ha cambiado, no sabrían decir qué ni por qué, pero se sienten insatisfechos y desmotivados. Saben racionalmente que “aparentemente” no tienen de qué quejarse pero no pueden seguir con ese nivel de malestar emocional que les hace cuestionarse quién son y qué quieren, y no encuentran respuesta.
  • Personas que viven limitadas por su ansiedad. Poco a poco van aumentando las situaciones que evitan por la vivencia de estrés intenso que experimentan, afectándoles a su autoestima y a su potencial de desarrollo.
  • Profesionales que han promocionado a un puesto superior o de líder, manteniendo creencias, valores, actitudes y comportamientos que antes le daban resultados y están encontrando que no consiguen resultados. Un claro ejemplo de que nos hemos puesto “el sombrero” del nuevo rol sin haber digerido el cambio, las expectativas y los objetivos nuevos.
  • Personas que no pueden llegar a tomar decisiones porque hay algo que les frena y no son capaces des deshacerse del “ancla” a la que están sujetos. Saben racionalmente que necesitan tomar una decisión pero no pueden hacerlo.
  • Personas que han vivido durante mucho tiempo situaciones de maltrato, y aunque han tomado la decisión de terminar con esa situación, se encuentran que no pueden fácilmente seguir con su vida.

¿Qué podemos hacer si nos sentimos identificados con que las “recetas mágicas” no nos sirven?

Como proceso clave, hablar con uno mismo. El diálogo interno es la forma que tenemos para “digerir” nuestras vivencias. Si ese diálogo no es constructivo, funciona en espiral (vuelves siempre al mismo sitio) o no te hace sentir mejor, pide ayuda profesional. En serio, a quién sea de tu confianza, pero pide ayuda, porque el desgaste emocional de no saber cómo resolver nuestro equilibrio emocional, añade una factura extra al desgaste causado por la situación o problema inicial.

Sin, obviamente, dar soluciones rápidas al malestar emocional, a la baja autoestima, a la dificultad de tomar decisiones, al “enganche” al pasado, al miedo al futuro y a la gestión de los cambios, sí te diré, que ese camino que necesitas recorrer de forma protagonista, necesita tener en cuenta elementos como: Visión personal, Valores, Creencias, Equilibrio Emocional, Habilidades, Actitudes, Estrategias emocionales, Estrategias mentales, Hábitos de afrontamiento…

Ese diálogo interno, necesita, entre otras cosas, permitirnos elaborar reflexiones sanas sobre nuestro pasado, reflexiones de confianza sobre el futuro, puntos de inflexión o “quiebres” en los que las emociones reprimidas sean reconocidas, aceptadas y gestionadas, una identidad propia definida y con capacidad de evolución, una visión futura de qué queremos llegar a ser, descubrimientos sobre nuestro potencial, una agenda de aprendizaje personal,  un sentimiento de paz con nosotros mismos y con los demás…

Entonces, dejando a un lado la lista de cosas que ya sabes que no te ayudan,

deja a un lado incluso mi reflexión de este artículo,

¿estás digiriendo tu “mochila” o cargas con ella?
¿cómo es tu diálogo interno en el día a día?
¿lo evitas llenando tu día a día de actividades y llevando a la espalda el peso de la “mochila”?
¿te dejas llevar por el diálogo en espiral negativa?
¿Qué necesitas para ser protagonista de tu diálogo, hacer “altos” en el camino y caminar con una “nueva forma de alimentarte”?