Las personas fuertes también sienten inseguridad

Las personas fuertes también sienten inseguridad. ¿lo sabías?.

En muchas ocasiones los clientes que acuden solicitando ayuda psicológica sienten que su autoestima es tremendamente baja. La inseguridad marca su vida, así como las emociones de tristeza, culpa, enfado, etc. En frecuentes ocasiones se plantean que su objetivo es desarrollar una fuerte autoestima que les ayude a no sufrir, y a no sentir inseguridad sobre sí mismos. 

Esta etiqueta de “baja autoestima” suele inundar sus vidas, sus relaciones, su diálogo interno y su capacidad para percibirse como una persona válida. Así, describen muchos problemas y conflictos emocionales que sienten tanto en sus relaciones familiares, sociales o profesionales. 

Este hecho de “tener baja autoestima” se convierte en el centro de sus preocupaciones. Les impide en ocasiones, resolver mejor sus intervenciones en reuniones difíciles, en conversaciones con clientes o en sus preocupaciones familiares.

Como consecuencia de esta “baja autoestima”, pierden oportunidades laborales, disfrutan menos de su vida y viven todo con una sensación de amenaza.

Una de las claves que suelo aclarar desde el principio, en las sesiones, es que no es cuestión de tener o no buena autoestima. No es que esta percepción sea algo inamovible para el resto de tu vida. Desarrollar una buena autoestima depende de tu hábito de cuidarte y reconocerte como alguien valioso. Además, serás capaz de identificar en qué aspectos puedes mejorar. Pero desde la calma y desde la visión de aprendizaje. No desde la culpa por no poder “ser de determinada forma”. 

Para mis clientes, yo quiero, que cuando finalmente sientan que ya no necesitan contar con un apoyo psicológico extra, puedan seguir por sí mismos. Es crucial para mí, que alcancen la autonomía emocional suficiente para que puedan seguir con sus vidas desde la calma, y la alegría. Esto implicará además que serán capaces de ver sus inseguridades como parte de su autoestima sana.

Las personas fuertes también sienten inseguridad

Tener una autoestima sana no significa que uno no tiene inseguridades. Se tienen, y son puntuales y normalmente útiles. Pues estas inseguridades, ayudan a la persona a saber que en qué le interesa mejorar o crecer.

Cuando decimos “tengo baja autoestima” pensamos que el objetivo a conseguir es sentirse seguros siempre. Y no es así. La persona que está sufriendo porque no se percibe como alguien valioso por sí mismo y en relación a los demás, no tiene una “losa” en sí mismo que lo define como persona. Sencillamente, lo que falta en estos casos son buenos hábitos de autoestima. Además de la aceptación de la inseguridad como algo normal y sano.

Trabajar sobre tus mejores hábitos de autoestima

Los clientes que acuden en búsqueda de apoyo psicológico y que tienen éxito en su trabajo personal, no es que hayan conseguido ser seguros para siempre. Esto no sería sano tampoco. Lo que dejan atrás es:

  • La sensación de inseguridad constante y en todas las facetas de su vida.
  • Un diálogo interno destructivo y constante.
  • Miedos.
  • La vivencia constante negativa de una experiencia difícil es sus vidas.
  • Hábitos no saludables de relación consigo mismos y con los demás.
  • La sensación de decepción constante.
  • La dificultad para contradecir a los demás o defender sus propios intereses. 
  • La dependencia en las relaciones familiares, personales, sociales o laborales. 
  • Una vida en la que todas sus decisiones dependen o están orientadas a otros en vez de a sí mismos.

En definitiva, cuando terminan el proceso de ayuda psicológica han aprendido una serie de hábitos y enfoques vitales que les permite estar más satisfechos de sí mismos. Repito entonces:

La autoestima sana proviene de los buenos hábitos que tienes al relacionarte contigo mismo.

Maite Finch

Compromiso constante con tu capacidad de compasión

En el caso de que sientas que tienes una “autoestima baja” recuerda que puedes empezar a absorber la idea de que “no tienes nada malo”. Son los hábitos que has desarrollado hasta hoy, que son poco saludables y útiles emocionalmente, los que te hacen sentir así. 

Con lo que puedes empezar a sufrir menos considerando que lo único que te hace falta son aprender hábitos diferentes, que te ayuden a vivir cada día, con mejor bienestar emocional. Y lo bueno es que estos hábitos van a depender únicamente de ti mismo. 

El término que utiliza Jorge Bucay en su libro El camino de la autodependencia, es genial en este sentido. Y es que en muchas ocasiones si sientes que tienes autoestima baja, es muy probable que estés “rendido” a los pies de las valoraciones de los demás. 

Veo con frecuencia como muchas personas “venden” su autoestima a la “apuesta externa”. Parece que sólo salen de su malestar emocional cuando alguien les valora. Y aún así, a veces les cuesta creérselo. Genial que alguien pueda valorarte. La información que te proporcionan los demás sobre ti mismo, es muy valiosa y necesaria. Pero no la conviertas en imprescindible para tu valía personal. La fuente de una autoestima sana está en uno mismo. Después, si alguien además, te valora cómo tú hacia ti mismo, fantástico.

Auto Compasión

La auto compasión (que no es tener pena de uno mismo, sino interesarse y ocuparse de uno mismo), es un buen hábito para empezar. Requiere un cambio de mentalidad como nos indica Reed Rawlings en su artículo Self-Compassion, the next step for self-care. Esta nueva mentalidad permite alejarte de las decisiones basadas en la ansiedad y el miedo. En cambio, te dirige a la capacidad de tomar decisiones basadas en la capacidad para hacer:

  • Un contraste mental: aprende a identificar los obstáculos en la consecución de tu meta.
  • Intenciones de ejecución: pregúntate cual es el plan de acción que te ayudará a superar el posible fracaso.

Tú tienes capacidad para ser compasivo. Estoy segura que regalas esa capacidad a las personas que más te importan. Les cuidas, les animas, les ayudas a ver otras perspectivas de sí mismos, y les apoyas en su toma de decisiones, sean cuales sean. ¿Y si esa capacidad de compasión la enfocaras hacia ti mismo?. Cambia el objetivo. Esta vez puede que seas tú quien necesite de tu propia compasión.

Las personas fuertes también sienten inseguridad.

Si tu compasión no te incluye a ti mismo, entonces tu capacidad de compasión no es completa.

Jack Kornfield

Actividad Recomendada

Escribe tranquilamente en el formato que quieras, papel o digital, la siguiente reflexión.

  • ¿En qué momentos o situaciones crees que puedes actuar con más compasión contigo mismo?
  • Haz una lista.
  • Piensa que necesitas de ti mismo.
  • Ayúdate.

El hábito de confiar en ti

La confianza no proviene de acertar en todo momento y hacer lo correcto siempre. La confianza proviene de no tener miedo a equivocarse.

Marcus Arcanjo

Y como todo hábito, practica, una y otra vez. Y más veces. Todas las que necesites, durante toda tu vida. En cada momento vital de nuestra vida tendremos ocasión de retarnos. Cada momento de la vida, requiere de unas decisiones, de unos riesgos, de unas emociones determinadas. Sigue probando. Las personas a las que tú les pones la etiqueta de “autoestima alta” sólo se diferencian de ti, en que constantemente siguen adelante. Prueban, piensan, analizan, se apoyan en sus fortalezas para abordar sus retos. Y donde se sienten inseguros, trazan un plan, aprenden o piden ayuda. 

Y este es uno de los mejores hábitos. Tener la mentalidad siempre presente de afrontar en vez de evitar. De dar un paso y pensar el siguiente. El hábito de cuidar la autoestima a través de ser consistente con tu confianza requiere de ti para:

  • Recordar logros pasados y analizar cómo los superaste.
  • Analizar cómo puedes aprovechar lo que mejor sabes hacer para el próximo reto.
  • Tomar la decisión de aprender, antes, durante o después de tu reto. Pero aprender. Nadie sabe hacerlo todo. Muchas personas se bloquean cuando identifican un obstáculo o algo que no saben hacer. Pocos asumen el riesgo de aprovechar sus fortalezas y establecer un plan de aprendizaje.

Y además...

  • Elegir un diálogo interno que sea más constructivo y más realista (no sólo pongas el foco en lo negativo). Cierto es que habrá cosas que ahora no puedas o no sepas hacer. Igual que hace unos años. Ahora, también es cierto que sabes y puedes hacer muchas cosas. Tienes habilidades y enfoques valiosos que aportar. Hazlo. Empieza contigo. 
  • Evita las “metas de evitación”. Cámbialas por retos asumibles y cercanos. Acércate progresivamente a dónde quieres llegar.
  • Recuerda sentirse inseguro no significa que tengas una “autoestima baja”, significa que te faltan mejores hábitos para abordar tus miedos.
  • Llévate contigo la idea de que tener dudas sobre tus capacidades te hace más responsable. Así que aprovéchalas, están ahí para ayudarte a ser mejor. Que es en definitiva, lo que quieres. Efectivamente, mantener unos hábitos de vida que te mantengan en una buena salud emocional.
  • Recuerda las personas fuertes también sienten inseguridad. 

Actividad Recomendada

Escribe tranquilamente en el formato que quieras, papel o digital, la siguiente reflexión.

Haz 4 listas:

  • Los peores escenarios que pueden ocurrir en aquello que temes
  • Acciones o decisiones que puedes hacer para prevenir el fracaso
  • Acciones o decisiones que puedes poner en marcha en caso de que finalmente te equivoques o no llegues para reparar la situación
  • Identifica los beneficios que conseguirías en caso de intentarlo y los costes que tendrías de no intentarlo.

El hábito de aceptar todo de ti

Me gusta mucho el concepto de “aceptación radical de ti mismo” propuesto por Meg Selig autora de Changepower! 37 Secrets to Habit Change Success. Y es que te será mucho más fácil. Ya que seguro que pasas mucho tiempo pensando en ti mismo, aprovéchalo. Te conoces, te sabes. Quizá con el foco de atención más en lo negativo de ti mismo que en lo positivo. Vale, por algo se empieza. Haz un esfuerzo por conocer y saber de ti también lo que tienes de bueno. Tus fortalezas, tus ilusiones, tus valores, tus prioridades, tus logros, lo que te hace sonreir, lo que te inspira…

Prueba. Completa ese conocimiento de ti mismo. Y ahora acéptalo todo. Absolutamente todo. Lo que te parece genial y lo que te incomoda de ti. Ahora mismo esa persona eres tú. Hace un tiempo eras de otra manera, quizá con más miedos, quizá con más consciencia de tus virtudes. Mañana habrás evolucionado seguro a mejor. Pero ahora, es imprescindible que aceptes tal cual eres en este momento de tu vida. ¿Mañana?. Serás lo que hayas elegido ser. Y pasado mañana, serás también los retos que hayas elegido superar. Y te convertirás en alguien que se siente cada día más orgulloso de sí mismo.

Recuerda aceptarte

Pero recuerda, acéptate completamente. Acepta también que a veces quieres decir no, que a veces, quieres que tus prioridades sean otras. Sólo recuerdas que tienes derecho a todo ello. Reconócelo y acéptalo también. A los demás les das todas esas posibilidades. ¿Dónde está escrito que tú seas menos? 😉

Acéptate también en la relación con los demás. Cada uno es como es, o al menos, cómo elige crecer. Si puedes, rodéate de personas, no que te alaben únicamente, sino que te ayuden a crecer. Son aquellas personas que confían en tus posibilidades las que de verdad te aceptan. Estarán contigo, aunque seguramente el trabajo más importante sea el que tú hagas.

Ideas para tus nuevos hábitos de autoestima

Lolli Daskal, en su artículo 19 Simple Ways to Boost Your Self-Esteem Quickly, nos propone buenas ideas para desarrollar esos buenos hábitos vitales que ayudarán a que tu autoestima se desarrolle. Mi recomendación: convierte estas ideas en hábitos que siempre te acompañen.

  1. Aprende todo lo posible sobre una habilidad que te ilusione y esté en coherencia con tus valores e intereses.
  2. Acostúmbrate a hacer revisión de tus logros.
  3. Ten el hábito de aplicar tu creatividad en lo que quieras. Por pequeño que sea para los demás, si a ti te va a hacer sonreír, es suficiente.
  4. Aclara de forma periódica cuáles son los valores en los distintos momentos de tu vida.
  5. Reta con frecuencia tus pensamientos más catastrofistas.
  6. Programa con frecuencia salir de tu “zona cómoda”.
  7. Ayuda a alguien.
  8. Cura las heridas de tu pasado, y cualquier herida que puedas llegar a tener.
  9. Deja a un lado, lo que los demás piensen. 
  10. 10. Lee habitualmente algo inspirador.
  11. Defiende con constancia tu integridad personal.
  12. Deja que algunas personas negativas se vayan de tu lado.
  13. Estable límites que te protejan cuando alguien los cruce. Decide cuánta energía quieres invertir en según que “batallas”.
  14. Cuida habitualmente tu aspecto. Ponte guap@.
  15. Acepta el fracaso como medio de aprendizaje, no de nada más.
  16. Sé un estudiante perenne.
  17. Sé mentor de alguien.
  18. Afronta tus miedos.
  19. Define lo que es para ti, tu éxito, el que quieres conseguir.

Conclusión

Recuerda. Es muy importante, las personas fuertes también sienten inseguridad. No es tu objetivo dejar de sentir inseguridad, sino desarrollar hábitos para ser valiente. Ser valiente para tener oportunidades de crecer y de comprobar que lo has conseguido. Y sino habrás aprendido. 

  • Son los hábitos que tienes en tu vida y en la relación contigo mismos, los que te convertirán en una persona fuerte emocionalmente. 
  • Aumenta tu compromiso con la capacidad de autocompasión.
  • Confía en ti como hábito.
  • Acepta todo de ti en cada momento de tu vida.
¿A qué te ayudaría ser más compasivo contigo mismo?
¿Qué ganarías si decidieras confiar más en ti?
¿Cuánto descansarías si te aceptaras completamente?

Y si te apetece y puede ayudarte...

Para qué te sirven las emociones que sientes a diario

¿Para qué te sirven las emociones que sientes a diario?. ¿Te lo has preguntado alguna vez?. ¿De qué te sirve sentir miedo, ansiedad o tristeza en durante un tiempo o en tu día a día?. Puede que me des una respuesta rápida, como “¡de nada!” o “¡me agota sentir lo que siento!.

Bueno, si te parece reflexionaremos hoy sobre la utilidad de las emociones y porqué las sentimos.

Recuerdo en varias ocasiones en algunas sesiones de desarrollo psicológico personal, en las que los clientes contaban que estaban experimentando unas emociones muy negativas, “que no deberían sentir”. “No me gusta, no debería sentir esto”, era el sentimiento común en todos estos casos. 

Y es que con demasiada frecuencia, puede que se esté inundando a la sociedad con mensajes demasiado positivos sobre lo que deben sentir o no. Parece que debes sentirte optimista, alegre y feliz la mayor parte del tiempo. Cuando estoy segura que sabes, que cuando nadie te ve, en ese momento que te sinceras contigo mismo, no es así. Sientes muchas emociones y no todas son “tan positivas” como parece que se está transmitiendo. 

Entiendo entonces, que muchas personas entran en un bucle de contradicción. Algo “malo” me pasa cuando no estoy sintiendo lo que debería o siento emociones que “no son buenas”.

El primer mensaje que me gustaría dar hoy es, tranquilo. No pasa nada. Tienes derecho a sentir lo que quiera que sientas. No te preocupes si esas emociones son emociones llamadas “positivas” o “negativas”. Forman parte de ti. Te dan información de cómo vives, y como experimentas la vida. Son tuyas y tienes derecho a sentirlas. Aprender de ellas sólo es posible si les prestas atención, y permites desde niveles regulados, que te enseñen qué es lo que necesitas.

¿Qué es una emoción?

Una emoción es un fenómeno mental que tiene su propia base psicológica y neuroquímica. Hablar de emociones significa darnos cuenta que es el único lenguaje que tiene la mente para hablar a través del cuerpo. Así, la emoción es vital para la supervivencia y tienen un papel fundamental para determinadas necesidades de las personas. 

La emoción es el modo mental de entender que el cuerpo nos está diciendo algo. 

La anatomía de nuestra mente tiene 3 procesos emocionales importantes que resultan en tres tipos de habilidades:

  • Experimentar emociones
  • Dar un significado a las emociones
  • Regular las emociones

De esta forma, las emociones están diseñadas para facilitar la adaptación al entorno. Esta es la razón por las que las emociones se experimentan con mucha rapidez. De esta forma no consumen prácticamente tiempo de procesamiento cognitivo en una gran variedad de amenazas, y señales de seguridad, y confort. 

Para qué sirven las emociones que sientes a diario

¿”Para qué me sirve estar enfadado o triste”?. ¿Te lo has preguntado alguna vez?. Y aún así ¿te has dado cuenta de que te cuesta no sentirlo?. Las emociones como proceso mental y psicológico que experimentas, tiene su propio curso, funcionamiento y necesidades. Ni es necesario ni beneficioso que las evites, las “ocultes”, o las niegues. Ocurren por una razón y es importante que las conozcas.

Las emociones son cruciales para la supervivencia, la comunicación y la resolución de problemas. Son señales, que vale la pena escuchar. A veces, te proporcionarán información de que estás en peligro, que tus límites han sido sobrepasados, que sientes cercanía con una persona, o que echas de menos a una persona importante. 

Las emociones ocurren por un cambio en el entorno o un cambio interior y provocan cambios en las personas. Sobre todo, te proporcionarán información sobre la calidad y nivel de relación que tienes con otras personas.

¿A qué te ayudan las emociones?

Leslie S. Greenberg, Profesora Emérita de Psicología en York University of Toronto, nos propone que, las emociones tendrán para ti diversas utilidades. Así pues, la emoción puede ser: 

  • Una señal emocional de cómo te sientes en la relación con otras personas o con el entorno.
  • Una ayuda para organizarte hacia la acción.
  • Un monitor del estado en el que están tus relaciones personales.
  • Un indicador de si las cosas están yendo bien para ti, según lo que tu priorizas, te importa, tus valores, etc.
  • Una ayuda para el aprendizaje. 
  • Un factor impulsor de tu inteligencia.
  • Una guía rápida para tomar decisiones en la que se reducen las alternativas a considerar.
  • Una alarma recordatoria de lo negativo que necesitas evitar para sobrevivir. Por ello las emociones y experiencias “negativas” son tan difíciles de olvidar.

Cuando tu emoción no te está ayudando. Emociones no adaptativas.

Hemos comentado que las emociones nos permiten adaptarnos al entorno. Ahora bien, hay ocasiones en las que el sistema emocional puede crear hábitos emocionales desadaptativos. En este caso las emociones no te ayudarán. Seguro que has experimentado en ocasiones, una preocupación excesiva sobre algún tema, un enfado en el que “explotas”, gran ansiedad ante situaciones con público. O incluso miedo ante determinado trato o acción de algunas personas. Y cada vez que vuelves a estar en esas situaciones, tus emociones se alteran de nuevo. Parece que aún con tus mejores intenciones, “no puedes controlarlo”.

Las emociones no adaptativas se generan por muchas razones. En general, podríamos decir que se aprenden en situaciones en las que se evocan emociones básicas y muy automáticas. Enfado u odio ante un abuso, miedo ante una amenaza, tristeza ante una pérdida. El grado en que esas emociones se vuelven desadaptativas y residentes al cambio depende de varios factores. Es decir, cuán tempranas fueron esas experiencias emocionales, y con cuánta intensidad se experimentaron. Y además con que frecuencia se repitieron esas situaciones que activaron nuevamente esas emociones. 

Emociones desadaptativas

De hecho esas emociones intensas de negación, abuso, o dominio en el pasado pueden activarse en situaciones similares del presente evocando las mismas emociones. Con lo que de esta forma, la persona aprende a repetir un patrón emocional que se convierte en desadaptativo cuando las situaciones del presente sólo tienen alguna característica similar a la original. Este es el mecanismo por el que puedes experimentar miedo, tristeza o ansiedad ante situaciones del presente pero que tienen un origen en una situación difícil o traumática que te haya ocurrido en el pasado. En este caso las emociones se convierten en desadaptativas porque no te ayudan. Cada vez son más las situaciones que tratas de evitar ya que te generan malestar. En las emociones desadaptativas puedes darte cuenta de que:

  • Llevan mucho tiempo contigo.
  • Te superan.
  • Te sientes tan mal ahora como antes.
  • No cambian ni evolucionan en distintas situaciones.
  • Son difíciles, estresantes y profundas.
  • Les acompaña un diálogo interior destructivo.
  • Están afectando negativamente a tu identidad personal.

¿A qué te ayuda la inteligencia emocional?

La Inteligencia Emocional es la capacidad de comprender y actuar sobre tus emociones a partir de el hábito de conocer que te indican y qué información te están proporcionando. 

He aquí la importancia de conocer para qué sirven las emociones. En los casos que comentaba al principio en los que los clientes se sorprendían de emociones que “no debían sentir” fue crucial trabajar sobre la utilidad de las emociones. Todas las emociones te proporcionan información. Y es importante también descubrir si están siendo adaptativas o no. En cualquier caso, te proporcionan la clave para trabajar con ellas. 

Fundamentalmente, ser inteligente en la gestión de tus emociones significa dos cosas:

  • Regular el nivel de las emociones disruptivas.
  • Conseguir sentir la emoción más adecuada para la situación que necesito abordar.

Así la Inteligencia Emocional, te puede ayudar practicando:

Sentido, expresión y regulación de las emociones

  • Tu capacidad de dar un sentido a las emociones. Lo lograrás aprendiendo a vivir en equilibrio. Integrando la razón con la emoción. El objetivo es que puedas llegar a vivir apasionadamente y también de forma reflexiva, de manera que puedas integrar tu cabeza y tu corazón.
  • La expresión de las emociones. Significa que puedas expresar, comunicar tus emociones de forma adecuada al contexto y situación en la que estás viviendo. Aprender cuándo y cómo expresar tus emociones, y cuándo te ayudarán y cuándo no es el objetivo más importante de la inteligencia emocional.
  • Tu capacidad para regular/nivelar la intensidad de tus emociones. Regular, adaptar la intensidad de tu experiencia emocional, así como el grado y la forma en la que expresas tus emociones. De esta forma, las emociones pueden guiarte. De otra forma, te dejarás llevar por ellas. Una cosa es que las emociones se apoderen de ti, y otra muy distinta, que la emoción te guíe en la situación que quieres abordar. 

Comprensión. Pasado, presente y futuro. Diálogo interno.

  • El nivel de comprensión de las emociones de los demás. Parte de la Inteligencia Emocional es ser capaz de comprender cómo se sienten los demás. No sólo comprender que pueden estar tristes o enfadados, sino entender, el significado de esas emociones para la otra persona. Por ello, dar la oportunidad de crear conversaciones que permitan poner palabras a las emociones es una de las mejores acciones que puedes realizar. Evita negar o no dar importancia a las expresiones emocionales del otro. En ocasiones, se tiende a decir enseguida, “no te preocupes, pasará”, “no te agobies, pensemos en otra cosa”… Y realmente la persona está tratando de “aterrizar” y gestionar lo que siente en esa conversación. Permítete escuchar, a veces, no es necesario “solucionarle la emoción” al otro, sólo demostrar que comprendes lo que siente. 
  • La integración del pasado, presente y futuro. Las emociones por su naturaleza dirigen tu atención al presente. De hecho parece que lo “invaden” todo y de esta forma, guían tus acciones en las metas más inmediatas. El objetivo es reorganizar cómo las emociones gobiernan tu vida. Las emociones del pasado definen tu aprendizaje, que te guiará en el presente y generará nueva información para que puedas ayudarte en futuras vivencias. Negar las emociones del pasado no te ayudará a gestionar las emociones de tu presente. Centrarte solamente en las emociones del día a día, puede que te lleve a unas experiencias futuras que no son emocionalmente saludables para ti. 
  • Tu capacidad de reflexión sobre la narrativa y el diálogo interno que elaboras sobre tus emociones. ¿Qué historia te cuentas cuando experimentas las emociones?. ¿Cómo lo expresas cuando hablas con otra persona de confianza?. Usar el lenguaje para expresar tus emociones favorece la integración cuerpo y mente. Evitar hablar sobre lo que te preocupa, te asusta o te duele reducirá tu capacidad de gestionar bien las emociones. De hecho, en personas que han sufrido experiencias difíciles o traumáticas, poder hablar y elaborar un sentido a lo ocurrido, poniéndolo en palabras, es realmente útil en la superación de estas emociones.

¿Cómo puedo aprovechar las emociones más difíciles?

Sentir Tristeza

Tristeza Saludable

Es breve. Aparece como respuesta a un evento de pérdida, dolor o despedida. Se acompaña de la capacidad de aceptación de lo inevitable. Esta tristeza está libre de culpa.

Tristeza No Saludable

Lleva mucho tiempo contigo. Ha cambiado tus hábitos de vida. Se alimenta de pensamientos y reflexiones que ponen el foco de atención exclusivamente en el aspecto negativo. Te protegen de sufrimiento futuro con lo que la mantienes presente en tu vida.

Sentir Enfado

Enfado Saludable

Es breve. Proporciona información sobre algo que necesitas cambiar. La reflexión desde la calma permite identificar la fuente del enfado. Te permite identificar tus límites y protegerte.

Enfado No Saludable

Te afecta personalmente y a tus relaciones con los demás. Te lleva a expresarte y comportarte de manera agresiva. Invade casi todas tus interacciones.

Sentir Miedo y Ansiedad

Miedo y Ansiedad Saludable

Es puntual. Te permite identificar cómo evitar el peligro, la incertidumbre o buscar protección. Aprovechas la anticipación que te proporciona el miedo o la ansiedad para tomar decisiones y afrontar la situación.

Miedo y Ansiedad No Saludable

El miedo o ansiedad se produce como consecuencia de una situación traumática para la persona. Se aprende a evitar cualquier situación similar que recuerde el evento traumático. La intensidad de las emociones pasadas se mantiene en el presente. Se vive con la ansiedad a cuestas.

Sentir Vergüenza

Vergüenza Saludable

Se produce como consecuencia de identificar que uno está sobrepasando sus límites personales o está yendo en contra de sus valores y moral. Proporcionan información que se puede aprovechar para identificar cómo comportarse para sentirse bien con uno mismo.

Vergüenza No Saludable

Se acompaña de culpa y de evaluación negativa de uno mismo. Impide valorarse a uno mismo, comprenderse y perdonarse. Dificulta las relaciones con los demás.

Sentir Dolor

Dolor Saludable

Te informa de que has experimentado un daño personal. Te pone en situación de alerta para prevenirlo en el futuro. Se acompaña de la necesidad de sobrevivir y aceptar el dolor. Evoluciona con flexibilidad y permite vivir nuevas experiencias. Se asume la responsabilidad de realizar nuevos esfuerzos y de tener nuevas metas.

Dolor No Saludable

Estancamiento en la experiencia traumática y en las emociones de dolor. Se acompaña de sentimiento de angustia vital. Se evita sentir el dolor o por el contrario se incuba de forma constante. Foco de atención en la desesperanza y en el desamparo.

Conclusión

Recuerda es importante saber para qué sirven las emociones que sientes a diario. Para ello trata de tener presente:

  • Tienes derecho a sentir la emoción que necesites.
  • Toda emoción será una fuente de información muy útil para tu aprendizaje y tu evolución como persona.
  • Determinados procesos emocionales pueden no ser adaptativos.
  • La Inteligencia Emocional es la capacidad que te ayudará a regular tus emociones y aprovechar lo máximo de ellas.
  • Recuerda que las emociones pueden ser saludables o no. Aprende a identificarlas. 
¿Prestas atención a tus emociones?
¿Eres capaz de identificar si la gestión que realizas es saludable o no?
¿Qué puedes empezar a hacer para practicar la Inteligencia Emocional?

Y si te apetece y puede ayudarte...

Comprende y practica tu capacidad de resiliencia

Comprende y practica tu capacidad de resiliencia. ¿Te lo has planteado?. Si miras atrás hacia los últimos 12 meses, seguro que encuentras situaciones difíciles que has vivido. Ojalá que hayas podido manejarlas lo mejor posible a nivel emocional. Quizá puedas mejorar con las ideas de hoy. Sino es el caso, si te fue difícil manejar tus emociones en situaciones difíciles y te impactaron fuertemente, hoy es tu oportunidad. Te planteo, reflexionar sobre esta capacidad que tanto desgaste emocional nos puede ahorrar.

En ocasiones, se entiende que las personas residentes no sufren y permanecen impasibles y en calma ante situaciones adversas. La verdad es que esta explicación poco tiene que ver con la capacidad de resiliencia. La resiliencia no es la ausencia de estrés o de experiencias traumáticas, todo lo contrario.

Comprende y practica tu capacidad de resiliencia

The Positive Psychology Program, en su artículo How To build Resiliente with Resilience Training, nos confirma la idea de que la resiliencia es la capacidad que se puede aprender. La resiliencia es una gran capacidad de los seres humanos para adaptarnos a situaciones adversas.

Las personas resilientes no sólo son capaces de sobrevivir una situación adversa, y se recuperan después de un contratiempo, sino que se convierten en personas más fuertes y más sabias. Las personas que desarrollan esta capacidad de recuperación emocional suelen  tener gran práctica en encontrar el lado positivo en cualquier situación. Además, les es mucho más fácil que a otras personas, encontrar el aprendizaje de cada experiencia negativa que viven, y aplicarla en otras situaciones futuras.

Qué habilidades necesitas mejorar para ser más resistente

Siguiendo con el enfoque de Positive Psychology Program, podríamos decir, que la capacidad de resiliencia es una “supercapacidad”. ¿Por qué?. La verdad es que engloba otras capacidades que al actuar conjuntamente te permiten afrontar mejor las situaciones adversas o llenas de incertidumbre. Vemos aquí varias de las habilidades personales en las que puedes necesitar invertir.

Recuerda que poner el foco en estas capacidades aumentará tu capacidad de ser resiente. Identifica cuáles consideras que son tus fortalezas. Reflexiona sobre aquellas en las que tengas menos práctica.

Actividad Recomendada

Analiza las siguientes habilidades para desarrollar tu resiliencia

HABILIDADES PARA DESARROLLAR RESILIENCIA Valora cómo te ves en cada capacidad de 1 (min) – 5 (max)

Creer que tienes control sobre tu vida.

Considerarte alguien valioso y que vale la pena conocer.

Sentimiento de auto-eficacia. Creer que puedes hacer lo que te propongas.

Capacidad para comprender y regular tus emociones.

Compromiso con la vida y con los retos que te brinda.

Capacidad para cultivar tu positividad, bienestar y propósito en la vida.

Ser agradecido con tu vida y practicar el agradecimiento de manera habitual.

Capacidad para establecer metas específicas, medibles, realistas y acotadas en el tiempo.

Capacidad para ser flexible y prevenir la rigidez y la no flexibilidad de pensamiento.

Tener un patrón explicativo constructivo sobre por qué ocurren las cosas que ocurren.

Practica y ocúpate de tu resiliencia

Resumiendo y aprovechando el enfoque de Penn Resiliency Program señalado por Positive Psychology Program, se trata de practicar y ocuparte de desarrollar todo lo que puedas tu capacidad de:

  • Valorar distintas perspectivas sobre las vivencias que experimentas.
  • Tomar decisiones.
  • Afrontar y regular emociones.
  • Ser asertivo.
  • Relajación.
  • Ser cognitivamente flexible.

Factores que influyen en el desarrollo de la resiliencia y estrategias para mejorar

La APA (American Psychological Association) en su artículo The Road to Resilience, nos define también la resiliencia como un proceso de adaptación para afrontar la adversidad, el trauma, la tragedia y diversas amenazas o fuentes de estrés. Algunos ejemplos podrían ser relaciones personales y familiares problemáticas, problemas serios de salud, o estresores laborales o financieros.

Coincido con la APA en considerar a la capacidad de resiliencia no un rasgo sino una habilidad susceptible de ser aprendida por todo el mundo.

¿Qué factores están asociados al desarrollo de la resiliencia?:

  • La capacidad de crear planes realistas y establecer los pasos necesarios para conseguirlos.
  • Visión positiva de uno mismo y confianza en las propias fortalezas y habilidades.
  • Habilidades de comunicación y resolución de problemas.
  • Capacidad para manejar emociones fuertes e impulsos.

Estrategias que puedes aplicar para desarrollar tu resiliencia

  • Crear relaciones sanas emocionalmente. Aceptar ayuda y apoyo de aquellos a los que les importas y te van a escuchar sin juicios y con compasión.
  • Evitar ver las crisis personales como problemas insuperables. No puedes cambiar los acontecimientos que surgen en tu vida. No obstante, sabes qué puedes hacer, aunque te resulte difícil ver cómo lo harás. Puedes cambiar cómo interpretas los acontecimientos de tu vida y cómo respondes a ellos. 
  • Aceptar el que el cambio forma parte de tu vida. De la de todos. Algunos objetivos pueden no ser alcanzables como resultado de determinadas circunstancias y acontecimientos. Ahora bien, aceptar las circunstancias y dentro de este nuevo escenario ver qué puedes hacer, controlar o mejorar ayudará a tu capacidad de resiliencia. También a tu sentido de control sobre tu vida.
  • Poner en marcha acciones decisivas. En muchas ocasiones, las personas tienden a “encerrarse en la espiral de la no posibilidad”. Constantemente ponen su foco de atención en lo que no debería ser, no debería ocurrir, y en lo que no se merecen. La realidad es distinta. Tus circunstancias son las que son. Lo que te ha ocurrido, te ha ocurrido y negarlo te hará más débil emocionalmente. Con lo que “reinicia emocionalmente” y pon en marcha acciones que tengan un impacto importante para ti. 
Más estrategias para desarrollar resiliencia
  • Buscar oportunidades para el auto-descubrimiento. Desarrolla la capacidad de aprender y descubrirte en las situaciones adversas. Si eres capaz de contar con us mejores fortalezas en las situaciones difíciles, dejarás paso al auto-descubrimiento. 
  • Alimenta la visión positiva que sabes que existe de ti mismo. Permítete ver también quién eres y qué es lo mejor de ti en esas situaciones difíciles. Vivir una situación traumática no define quién eres, sólo lo que has vivido. Lo que realmente define quién eres es lo que has sido hasta ahora, y lo que te permitas ser de ahora en adelante. Por encima de lo que vivas. Además cuídate desde lo más básico hasta tus necesidades más altas. 
  • Mantén la perspectiva. Da igual lo difícil que sea la situación que estás viviendo ahora mismo. Date permiso para ver esta experiencia en un contexto más amplio. Recuerda cómo te sentirás y qué habrás conseguido cuando superes esa adversidad. Evita magnificar la experiencia traumática como algo que anula tu pasado, quién eres y el futuro que puedes llegar a vivir.
  • Salvaguarda la mirada esperanzadora sobre tu vida. Vuelve un poco atrás y recupera el recuerdo de las cosas buenas que te han ocurrido. Ponlas en el presente y trabaja la creencia de que eres digno de que te ocurran mejores experiencias todavía. Cuando esto pase, vendrán otras experiencias positivas. Trabaja para que ocurran.

Actividad Recomendada

Escribe tranquilamente en el formato que quieras, papel o digital, las siguientes cuestiones de reflexión.

  • ¿Qué tipo de vivencias han sido más estresantes para ti?
  • ¿Cómo te han impactado?
  • ¿Consideras útil pensar en personas importantes para ti cuando sufres estrés o vives una situación difícil?
  • ¿A quién has pedido ayuda para superar una vivencia adversa o traumática?
  • ¿Qué has aprendido de ti en la relación con los demás durante esa vivencia difícil?
  • ¿Qué obstáculos has sido capaz de superar? ¿Cómo lo has conseguido?
  • ¿Qué te ayudó a tomar perspectiva, estar más en calma y esperar lo mejor del futuro?

3 habilidades clave para desarrollar la resiliencia

El equipo de MINDTOOLS, en su artículo Developing Resilience – Bounce Back from Setbacks, nos cita a Susan Kobasa. La autora, selecciona 3 elementos esenciales para desarrollar la resiliencia: 

  • Reto. Las personas con resiliencia clasifican las dificultades como retos. No como acontecimientos que les bloquean. Consideran también los fracasos y los errores como grandes fuentes de información con las que aprender. No contemplan valorar los errores como algo que les defina como personas menos valiosas o con menos capacidades que los demás.
  • Compromiso. Las personas con resiliencia se comprometen con su vida y sus objetivos. Además, buscan un motivo para levantarse cada mañana, no por obligación sino porque son capaces de encontrar una “palanca” sobre la que actuar, aprender y disfrutar. 
  • Control Personal. Las personas con resiliencia invierten su mejor tiempo y energía en aquellas actividades en las que pueden disfrutar. Y, en aquellas sobre las que pueden ejercer un mayor impacto. Crean para sí mismos, las oportunidades necesarias para sentirse capaces y confiados. 

Complementariamente, Dr. Cal Crow, co-founder and Program Director of the Center for Learning Connections, nos señala que las personas resilientes:

  • Se ocupan de visualizar positivamente su futuro.
  • Crean metas sólidas.
  • Practican la empatía y la compasión.
  • No se consideran víctimas sino protagonistas de su vida.

Activa tu capacidad de darte explicaciones constructivas sobre lo que vives

Conocerás también al Psicólogo Martin Seligman y su enfoque sobre la psicología positiva. En el desarrollo de la resiliencia, Seligman, da importancia al patrón explicativo que sueles aplicar a los contratiempos o situaciones adversas que vives. Seligman, de hecho habla más bien de optimismo y pesimismo en vez de resiliencia, pero viene a explicar el mismo concepto. Las personas resilientes utilizan bien estos 3 conceptos cuando experimentan vivencias adversas:

  • Permanencia vs Temporalidad. Las personas recipientes son capaces de ver que las situaciones adversas, traumáticas o difíciles tienen un fin. Son temporales. No es para siempre.
  • Generalizar vs Concretar. Las personas resilientes elaboran explicaciones más concretas. Identificando que pueden no ser buenas en algo concreto. Nunca interpretarán que no son valiosos como persona.
  • Personalizar vs Delimitar. Las personas resilientes son capaces de diferenciar lo que depende de ellos y lo que no. No asumen que son los culpables de todo lo que les ocurre.  

Conclusión

Recuerda, es importante, comprende y practica tu capacidad de resiliencia:

  • Aprende a ver las experiencias de distintas perspectivas.
  • Toma decisiones.
  • Gestiona bien las emociones y sé asertivo.
  • Practica la flexibilidad cognitiva.
  • Crea planes realistas.
  • Mantén una visión positiva sobre ti mismo.
  • Desarrolla tu capacidad para resolver problemas.
  • Crea relaciones saludables.
  • Permítete el autodescubrimiento.
  • Activa las 3 claves de la resiliencia: Reto, Compromiso y Control Personal.
Revisa lo leído ¿qué fortalezas tienes que te ayudarán a tener más resiliencia?
Comprueba también, ¿qué habilidades necesitarías mejorar?
¿Qué pequeña práctica pero de gran impacto puedes empezar a hacer para superar tus retos de resiliencia?

Y si te apetece y puede ayudarte...

6 Propósitos para mejorar tu desarrollo personal

6 propósitos para mejorar tu desarrollo personal en este nuevo año. Ya casi lo tenemos aquí.

¿Qué ha sido lo mejor de este año?.

Cómo cada año que vivimos, es necesario y saludable hacer un repaso de qué te llevas de este año que termina. Ser consciente de lo vivido te permitirá crecer, aprender e interioridad de forma saludable todas tus experiencias.

De hecho te planteo algunas cuestiones que pueden ayudarte a asentar tus experiencias y resultados este año:

  • ¿Qué ha sido lo mejor de este año?.
  • ¿Cuáles han sido los logros más importantes que has conseguido?.
  • ¿Cuál ha sido la emoción más importante?.
  • ¿Qué cambio de mentalidad has podido interiorizar en los últimos 12 meses?.
  • ¿Cuál ha sido el aprendizaje más importante que te has llevado?.
  • ¿Qué es lo mejor de ti que has podido ofrecer a los demás?.
  • ¿De quién has aprendido más?.

Algunas reflexiones más para analizar los meses vividos

  • ¿En qué has crecido o mejorado este año?.
  • ¿Qué oportunidades te has permitido abordar?.
  • De todas tus fortalezas, ¿cuáles han sido las que más has desarrollado?.
  • ¿Qué libro ha significado un cambio para ti?.
  • ¿En quién te has fijado este año para inspirarte?.
  • ¿De qué te has podido liberar este año?.
  • ¿Cuál ha sido tu mejor descubrimiento personal?.

Como siempre tómate tu tiempo para disfrutar de encontrar las respuestas que te mereces pensar.

Hoy daremos un repaso a posibles ideas y reflexiones que aún te pueden ayudar más en el comienzo de tu nuevo año.

Afrontar una nueva etapa de tu vida siempre es posible. Decide cómo quieres vivirla.

6 Propósitos para mejorar tu desarrollo personal

Abandona ya el modo de pensar todo-nada

Unas breves recomendaciones sobre esta trampa mental que no te ayudará a sentirte mejor. Nos apoyaremos en este apartado en 3 Steps To Free Yourself From An All-Or-Nothing Mindset del blog Pick the Brain. Te propongo a continuación algunas acciones que puedes empezar a poner en marcha:

  1. Deja a un lado las normas y “deberes” que no has creado tú mismo. Prueba a definir mejor tus valores y aquellos compromisos que quieres asumir en los próximos meses. Deja que estos valores guíen tus decisiones, con la sabiduría de que tienes derecho a elegir qué guía tus decisiones.
  2. Cambia el sentido de fracaso por el de oportunidad de obtener feedback sobre tus actuaciones y decisiones. Presta atención a los resultados que obtienes en tu día a día. Son la pista que necesitas para pulir tus actuaciones y decisiones. Ten en mente siempre la pregunta ¿qué puedo aprender aquí en este momento?.
  3. Abandona la meta de ser perfecto porque no te ayudará. Céntrate en lo que eres bueno y qué puedes hacer con ello. Piensa dónde más puedes aprovechar tus fortalezas. Decide cómo puedes extenderlas. Combina varias fortalezas para resolver mejor situaciones que valoras que son un reto para ti. Cuenta contigo, cuenta con tus mejores habilidades poténcialas. Sin valorar y compararte con otros.

Potencia tu mentalidad de crecimiento

La mentalidad de crecimiento es lo que diferencia a las personas que mejoran constantemente su desarrollo personal. Aquellas que se siente con mayor equilibrio personal son las que cultivan su forma de pensar. La forma en cómo te retas y cómo te permites crecer hace la diferencia en todos los ámbitos personales. La mentalidad de crecimiento ayuda a desarrollar mejores relaciones con uno mismo, con la familia, amigos y entorno profesional.

Nos apoyaremos en este punto en  el artículo 15 Small Yet Powerful Mindset Shifts You Can Use to Change Your Life. Fue publicado por Ayodeji Awosika autor del libro The Destiny Formula. Te propongo en este apartado algunas ideas para reflexionar:

  • ¿Y si convirtieras la envidia en curiosidad?.
  • ¿Cómo cambiaría tu vida y tu nivel de competencias si asumieras el aprendizaje como tu única responsabilidad?.  
  • ¿Y si te centraras más en aquello que estás invirtiendo, aprendiendo o creando en vez de etiquetarte con “yo es que soy…”?.
  • ¿Qué ganarías si en vez de focalizar tu energía en mostrar tus títulos, centrarás tus esfuerzos en lo que estás creando, haciendo, desarrollando, aprendiendo…?.
  • Pon el foco también en lo que no quieres hacer. Establece tus límites y las equivocaciones que no quieres cometer.
  • Dirige tu miedo hacia la dirección que te ayude. En vez de temer a equivocarte o no controlar algo, ¿y si usas el miedo para evitar no arrepentirte o no aprender?. Una dosis nivelada de miedo puede hacerte muy valiente.
  • Aprovecha todas las experiencias que viven. Cada una de ellas te proporcionará algo diferente. ¿Eres capaz de aprovechar todo lo que vives?.

En momentos difíciles, date permiso para lo que te hace feliz

Necesitamos 3 experiencias positivas por cada 1 negativa que vivimos. Esta proporción nos permite recuperar el desgaste emocional causado por la activación de las hormonas del estrés y de las emociones negativas. ¿Cómo has afrontado los momentos difíciles este año que ya vas a cerrar?. Podría ser un buen propósito plantearte que:

  • Vendrán sin duda otros momentos difíciles que superaras lo mejor posible.
  • Y será mucho más saludable para ti que tengas preparado tu plan de recuperación. 
  • Sin esperar a que pase la dificultad. Ante una vivencia difícil protege un espacio para hacer algo que te haga sonreír. Tu equilibrio personal lo necesitará.

Apoyándonos en este caso en el artículo If You’re Having a Tough Day, Try the ‘1-2-3 Strategy’ del blog Lifehacker, repasamos 3 acciones que puedes poner en marcha cuando tengas un día difícil. Recuerda, para compensar el desgaste de las vivencias difíciles, puedes:

  1. Termina esa tarea que tienes pendiente. Te servirá poner el foco de atención en aquello que depende de ti. Y además te proporcionará una gran satisfacción personal marcar “hecho” en tu lista de tareas pendientes.
  2. Haz algo que quieras hacer. Lo que te apetezca tanto si es dedicarte un rato a leer, darte un paseo o retomar un hobbie o actividad que te gusta mucho. Lo importante es que sea algo que “quieras hacer”.
  3. Haz algo por los demás, aunque pienses que es algo pequeño. Date permiso para recibir la sonrisa de alguien y potenciar tu sentido de propósito. 

Dedica tiempo y energía a superar tu miedo al cambio

El miedo al cambio te protege de nuevos aprendizajes, emociones, modos de pensar y de hábitos.

Los aprendizajes que has tenido hasta ahora son perfectamente respetables y te han permitido llegar a dónde estás ahora. De hecho, te han ayudado a ser quién eres. Ahora bien, todo cambio tiene una fase de aprendizaje inicial en el que sientes que controlas una parte y otra no. En esta última está tu reto.

Aprovecharemos en este apartado algunas recomendaciones de Gustavo Razzetti autor de liberationist.org.

Reflexiona algunas ideas sobre tu miedo al cambio:

  • Aprendiste a montar en bicicleta probando cómo se hacía y con alguna ayuda y protección. ¿Cómo podrías contar con ayuda y algo de protección para asumir ese cambio que tienes pendiente?.
  • Tu trayectoria vital está llena de grandes y pequeñas  decisiones. Repásalas encuentra tu fuerza interior a la que quizá no estés prestando atención. Tráetela al presente y aprovéchala en ese cambio y supera cada fragmento de miedo.
  • Asume que hay cosas que no puedes controlar, ni siquiera la reacción de las personas. ¿En qué te puedes centrar que dependa de ti en ese cambio que necesitas abordar?.
  • Si los resultados de tu proceso de cambio no son lo que esperabas, interioriza y sácale provecho. ¿Qué información te está proporcionando esa equivocación?. Piensa, ¿Qué microcambio puedes hacer?.

Céntrate en 6 preguntas clave para conseguir lo que quieres

Jay Steven Levin en Forbes Coaches Council, nos propone centrar nuestros esfuerzos en preguntas que nos impulsen al crecimiento y a mirar hacia adelante. Te en mente siempre estas preguntas para evitar “liarte” mental y emocionalmente:

  • ¿Qué es lo verdaderamente importante?
  • Piensa, ¿qué es lo que realmente quieres hacer?
  • ¿Qué estás haciendo?
  • ¿Está funcionando?
  • ¿Qué plan has creado para ese compromiso?
  • ¿Cuál es tu verdadero compromiso?

Tu mente necesita la adversidad para crecer y prosperar

Brianna Wiest en su blog de Medium, nos recuerda reflexiones importantes sobre los miedos y la incertidumbre.

  • Aunque no te lo parezca tu mente es “anti-fágil”. Es decir, mejora y crece con la adversidad.
  • Tu mente tiende a prestar atención a la amenaza menos probable. Si consideramos una dificultad como muy probable, la afrontamos y la resolvemos. 
  • La mente tiende a preocuparse de la amenaza menos probable así te protege del cambio y justifica la energía que estás invirtiendo en tu miedo.
  • La anti-fragilidad necesita tensión, resistencia, adversidad y dolor para romperse y transformarse.

  • Puedes aprovecharte de tu capacidad para ser resistente a la fragilidad siendo protagonista de tu vida, en lugar de temer tus emociones y quedarte al margen.

Conclusión

Recuerda, interiorizar las vivencias que has experimentado este año, es muy importante para tu equilibrio personal. Hoy te he propuesto abordar 6 propósitos para mejorar tu desarrollo personal:

  • Abandonar el modo de pensar “todo-nada”.
  • Potenciar tu mentalidad de crecimiento.
  • En momentos difíciles, date permiso para lo que te hace feliz.
  • Dedica tiempo y energía para superar tu miedo al cambio.
  • Céntrate en 6 preguntas clave para conseguir lo que quieres.
  • Tu mente necesita la adversidad para crecer y prosperar.
¿Cuál es tu propósito pendiente para este año que va a comenzar?
¿En qué áreas de tu vida piensas que puede impactar este nuevo propósito?
¿Cómo te sentirías si realmente consiguieras ponerte en marcha?

Y si te apetece y puede ayudarte...

7 habilidades personales que no puedes dejar de aprender

7 habilidades personales que no puedes dejar de aprender. ¿Por qué hoy esta pregunta?. Porque me parece crucial. Personas como tú a nivel particular y en empresas como la tuya han estado invirtiendo ya. La diferencia que tienen los profesionales que sobresalen son sus habilidades personales. Las personas que están viviendo con un mayor equilibrio personal, son las que están potenciando sus habilidades personales. Los equipos de trabajo que están siendo más competentes son los que están aprendiendo a mejorar sus habilidades. 

Tu conocimiento y sabiduría a nivel técnico se quedarán a un menor nivel, sin las mejores habilidades personales. Bien sea habilidades que te permitan una mejor gestión personal. O bien, habilidades que te permitan relacionarte mejor con las personas en tu trabajo. 

¿Cómo dirías que son tus habilidades personales?. ¿Te ayudan a sentirte mejor?. ¿Tus habilidades personales potencian el impacto de tus conocimientos?.

7 habilidades personales que no puedes dejar de aprender

En uno de los artículos de la revista Forbes, Unlocking the soft skills within your workforce, Lital Marom, ya nos lo adelanta. Tanto  los informes aportados por la consultora McKinsey como el Co-director of Harvard’s Change Leadership Group, Dr. Tony Wagner nos hablan del gran impacto de las habilidades personales. 

Para el año 2030 serán cruciales las habilidades tecnológicas, las habilidades sociales y emocionales así como las habilidades cognitivas. 

El aprendizaje de estás últimas, las habilidades personales no requieren de memorizar una serie de conceptos para acordarse de ellos después. Requieren de un proceso de aprendizaje más interno y personal. Realmente el aprendizaje de habilidades personales pasa por un proceso de desbloqueo y descubrimiento personal. Este proceso, te permite mediante la aplicación en la vida diaria, hacer tuyas estas habilidades e incorporarlas a tu repertorio personal.

El desarrollo de habilidades personales te facilita además desarrollar tu mentalidad de crecimiento. Es my frecuente que las personas y equipos de trabajo que invierten en el aprendizaje de  habilidades, mejoren en su mentalidad de crecimiento. 

Aprender habilidades requiere de análisis, autoconocimiento, reflexión, curiosidad, imaginación y pensamiento crítico. Con lo que, suele ser muy visible, que cuando las personas desarrollan sus capacidades personales, logran cambiar su mentalidad hacia sí mismos, las personas y relaciones y las situaciones que viven. 

¿Y cuáles son las habilidades personales en las que están invirtiendo personas como tú y empresas como la tuya?

Vamos a hacer un repaso. Nos falta muy poco para acabar el año. Quizá pueda venirte bien esta reflexión de hoy para establecer tus próximos retos personales. Espero que puedan ser de tu interés, ya que este resumen parte de lo que muchos de mis clientes han decidido que son sus retos prioritarios.

A menudo las habilidades personales marcan la diferencia entre las personas felices de las que sufren más de lo que toca. Las habilidades personales marcan la diferencia entre los mejores profesionales y los que no consiguen buenos resultados.

Maite Finch

Organización personal y productividad

Sí fundamental. Las personas que se organizan y que marcan sus prioridades tanto a largo plazo como en el corto plazo, se sienten mejor. Su capacidad de atención está mucho más centrada y es más eficiente. No sufren tanto por tener cien cosas en la cabeza pendientes de que no se les olvide.

No tienen tanto miedo y tanto estrés. Cuentan con el apoyo de nuevas tecnologías, y además, aplican sus esquemas mentales para ayudarse a decidir. 

Incluyen en su agenda, tiempo para pensar y reflexionar. Asumen que en su agenda tan importante es organizar tiempos para concentrarse en lo importante cómo tiempos para desconectar y disfrutar. 

Deciden. Son protagonistas de su vida laboral, personal, social y familiar. El tiempo no “les come”. Estas personas deciden su tiempo. Han aprendido a decir NO, sin sentirse culpables. Y además, han aprendido a ofrecer soluciones y alternativas a las demandas del día a día. Tienen la mente mucho más despejada para tomar decisiones, crear soluciones y ser más creativos y eficientes.

Hábitos y Técnicas de Estudio

Desde adolescentes a adultos que están en procesos de estudio. Conocer cómo funciona su cerebro a la hora de estudiar, y aprender de sus necesidades personales. Las personas que aprenden sobre sí mismos y sobre nuevas técnicas de estudio, están obteniendo mejores resultados. 

Empeñarse en estudiar como siempre lo has hecho cuando tienes que abordar el reto de obtener el mejor resultado en unas oposiciones, no ayuda. 

Los nuevos métodos de evaluación para estudiantes en general, hacen imprescindible que el alumno aprenda a cambiar sus estrategias. 

No se requiere que el alumno aprenda de memoria, sino que comprenda de verdad y sea capaz de emitir juicios discriminativos. Además, se requiere que se aprenda a aplicar lo aprendido no solo a recordar de memoria una serie de datos. Aprender a razonar lo aprendido debe estar incluido en el proceso de estudio. Las técnicas tradiciones de memorización pueden dejarte con resultados medios en tu proceso de estudio. 

Por ello es importante, conocer cómo funciona el cerebro cuando aprende. Es esencial, saber cuáles son las condiciones que demanda tu cerebro para asentar el aprendizaje. Y así, aplicar los mejores métodos para optimizar tus resultados. 

Manejo de ansiedad

Adolescentes, adultos, líderes, profesionales técnicos, padres, profesores, equipos. Desde cualquier sector profesional, y desde cualquier perfil personal, el manejo de la ansiedad es un objetivo prioritario para poder disfrutar de la vida. 

Me suelo encontrar dos extremos cuando trabajo este objetivo. Personas que tratan de ignorar su ansiedad y se esfuerzan enormemente en seguir con su vida como si no pasara nada. Hábito que multiplica la ansiedad enormemente dejando un gran coste emocional y físico. O bien, personas que, sin saber bien cómo, se han dejado invadir por las sensaciones de ansiedad. En este caso, están viviendo estados de ansiedad generalizada, que les impide ser felices y disfrutar de su vida con normalidad.

En ambos casos, los hábitos aprendidos son muy poco saludables y con gran coste emocional y personal para ellos. 

Es muy frecuente, en las personas que sufren o evitan prestar atención a su ansiedad, plantearse un objetivo. No sentir. Se parte de la base que lo que “debería ser” es no sentir nada de ansiedad. Y aquí, a parte de otras consideraciones y objetivos de trabajo, parte una idea errónea.

Es importante sentir ansiedad. Esta emoción es una señal de nuestro cuerpo que nos avisa de que algo no encaja con lo habitual. Es una señal de que necesitamos abordar esa situación con nuevos y mejores recursos de los que utilizamos habitualmente. Si no haces caso de esta señal o te dejas invadir por ella, es cuando la ansiedad toma el control de tu vida.

El objetivo es regular la ansiedad hasta un nivel de alerta saludable que te permita desempeñar mejor el reto que tienes por delante. 

Inteligencia Emocional

Culpa, vergüenza, tristeza, apatía, miedo, dependencia emocional, desánimo, bloqueo emocional, decepción, conflictos personales… Emociones con las que determinadas personas han estado acostumbrándose a vivir, hasta que afortunadamente, han decidido abordarlas y superarlas. No les ha dado miedo pedir ayuda y han empezado un gran camino de aprendizaje, superación y cambio.

Aprender cuál es la función de estas emociones, de dónde provienen, por qué se han mantenido tanto en el tiempo, y cómo pueden resolverlas, son algunos de los objetivos cruciales en inteligencia emocional. 

Una de las consecuencias más sobresalientes de no gestionar las emociones y “cargar con ellas” mucho tiempo es que se generalizan. Conforme pasa el tiempo, cada vez son más las situaciones por las que uno se siente culpable. Cada vez son más las relaciones dependientes que algunas personas crean a su alrededor. Con mayor frecuencia y en un mayor número de situaciones se pierde la ilusión y la alegría.

Por eso es tan importante, que con urgencia, inviertas en aprender inteligencia emocional si “arrastras” a diario el peso de las emociones negativas.

La mejor noticia es que personas como tú ya han aprendido. Ya disponen de mejores habilidades personales que le ayudan en su día a día superar las emociones difíciles. Recuerda, el objetivo de la inteligencia emocional, no es que no sientas nunca más tristeza o decepción. El objetivo es que cuando lo sientas, sepas cómo abordarlo y te permita seguir adelante aprendiendo de ti mismo. Son bloqueos, sin sufrimientos gratuitos. 

Inteligencia Conversacional

Hay conversaciones que inspiran y hay conversaciones que bloquean a las personas. Bien sea que:

  • Necesites relacionarte mejor con tus clientes.
  • Te hayas planteado impactar mejor a tus alumnos.
  • Necesites mejorar el impacto de tu liderazgo con tu equipo.
  • Te hayas propuesto relacionarte mejor con tus compañeros de trabajo de otros departamentos.
  • Sencillamente, quieras que tus conversaciones inspiren a las personas de tu alrededor.

La inteligencia conversacional es la habilidad que te ayudará a que tus interlocutores estén más receptivos, os entendáis mejor y las conversaciones sean más satisfactorias.

Posiblemente, no te des cuenta pero a veces no se conversa. Se habla para imponer. En ocasiones, se comunica para demostrar la posición propia. Se hacen preguntas para las que ya se conoce la respuesta. A menudo, no se escucha. Se piensan las respuestas mientras el otro habla. Pero no se conversa.

Actuar de esta forma tanto en entornos profesionales como personales, dificulta las relaciones. Genera conflictos y malos entendidos. Distancia a las personas. Impide la comprensión y el descubrimiento mutuo. Centra las interacciones en los desacuerdos más que en los puntos en común. Impide conocer las fortalezas de la otra parte.

Comunicar es crear conversaciones para conectar con  otra persona y crear conjuntamente espacios nuevos. 

¿Y tú como comunicas?. ¿Cuál es tu propósito?. ¿Facilitas con tu conversación que ambas partes seáis protagonistas?. ¿Ayudas a crear escenarios nuevos compartidos?. ¿Escuchas para crear un espacio común o para buscar lo que os distancia?. 

La inteligencia conversacional está ayudando a muchos profesionales actualmente. Desde docentes, a líderes, a los miembros de equipos de trabajo distintos, a comerciales, y a todas las personas que creen que se pueden generar mejores relaciones personales. 

Desarrollar personas y potenciar equipos

¿Cuáles están siendo los retos principales de los líderes en las empresas hoy?. Desarrollar personas y potenciar los equipos de trabajo. 

Hoy un líder que se dedica únicamente a distribuir tareas, hacer un control de plazos de entrega y resolver las urgencias del día a día, es un líder que se queda a medias. Las empresas, y concretamente los espacios dirigidos por un líder necesitan ser escenarios en los que creer y crecer. 

Es importante que el equipo de trabajo esté “enamorado” de sí mismo y “enganchado” al proyecto de empresa. El líder tiene la responsabilidad de crear que ese conjunto de personas quiera trabajar conjuntamente y bajo su liderazgo. Porque juntos son mejores. Y también porque comprueban día a día que en ese entorno de trabajo se crece personal y profesionalmente hablando.

Para ello, el líder actual, asume las responsabilidades y el aprendizaje de habilidades relacionadas con su:

  • Capacidad de comunicación y conversación.
  • Habilidad para provocar conversaciones que ayuden a desarrollar la autonomía de las personas.
  • Capacidad para crear conversaciones sobre el desempeño que realmente sean útiles para que las personas crezcan.
  • Nivel de Inteligencia Emocional para potenciar su autoconocimiento, autogestión personal, desarrollo de equipos y creación de relaciones resonantes.

Y además...

  • Capacidad para ser asertivo y proporcionar tanto feedback positivo como de mejora. Siempre de manera constructiva y con la finalidad de que las personas crezcan con estos mensajes de forma clara y comprobable.
  • Habilidad para fomentar valores y criterios de actuación que permitan ser una guía para todos.
  • Capacidad para crear conversaciones mediante el uso de más preguntas provocadoras que “sermones” sobre lo que debe ser o no ser. 
  • Habilidad para conocer lo que motiva a cada persona y al equipo de trabajo. Conocer sus fortalezas y áreas de mejora y establecer agendas de aprendizaje para todos.
  • Nivel de análisis del funcionamiento interno de los equipos. De esta forma podrá trabajar con el propio equipo para potenciar los resultados.

¿Y tú como líder estás invirtiendo en aprender estas habilidades?

Manejo de entrevistas de trabajo y entrevistas comerciales

Bien sea que estés en proceso de búsqueda de empleo o bien que necesites optimizar tus entrevistas comerciales. Prepararse las entrevistas profesionales en general es importante por el resultado y por tu percepción de valía.

Una entrevista es un espacio de descubrimiento mutuo y una oportunidad de conectar e iniciar colaboraciones beneficiosas para ambas partes. 

Las personas que están aprendiendo esta habilidad consiguen:

  • Expresar mejor su mensaje.
  • Conversar para llegar a acuerdos.
  • Transmitir su mejor valor personal y profesional.
  • Aprender a escuchar cuáles son las necesidades del receptor para adaptar sus argumentos y preguntas.
  • Aprovechar sus fortalezas para enlazarlas con lo que necesita el interlocutor.
  • Aprender a resolver posibles objeciones de la otra parte, ya que son una señal de interés que es importante que no dejes pasar.
  • Asumir que el feedback recibido es una oportunidad para cuestionarse y mejorar.
  • Defender mejor porque consideran que su propuesta de valor puede servir al interlocutor.

Conclusión

Acuérdate, 7 habilidades que es importante que revises. Reflexiona si estás dando lo mejor de ti en cada una de ellas. Analiza cuáles son tus fortalezas y cuáles podrían ser tus próximos retos personales:

  • Organización personal y productividad.
  • Hábitos y técnicas de estudio.
  • Manejo de ansiedad.
  • Inteligencia Emocional.
  • Inteligencia Conversacional.
  • Desarrollar personas y potenciar equipos.
  • Manejo de entrevistas de trabajo y entrevistas comerciales.
¿Cuáles de estas habilidades ya forman parte de tus recursos personales?
¿Qué habilidades serían tus próximos retos?
¿Qué beneficios obtendrás de las habilidades que has decidido mejorar?

Y si te apetece y puede ayudarte...

Cómo recuperarte cuando sientes que has fracasado

Cómo recuperarte cuando sientes que has fracasado. Ese es el objetivo más importante en el que centrarte. Recuperarte y seguir adelante. ¿Tienes estrategias psicológicas para conseguirlo?

Qué hacer cuando sientes que has fracasado. Sí, justo esta es la pregunta clave. Justo este enfoque es lo que diferencia a las personas que se consideran o no fracasadas. 

Sufrir porque uno siente que ha fracasado en algún aspecto de su vida o proyecto es algo común. No por ello, sentirás mayor consuelo, estoy segura. Y es que vivir, implica experiencias más o menos satisfactorias, y más o menos exitosas. Quizá la primera pregunta que es importante hacerte, es ¿aceptas que vivir es lograr éxitos, encontrarte con fracasos y aprender?

Racionalmente, estoy casi segura que lo aceptas. Lo que me preocupa, y con lo que más frecuencia me encuentro, es quizá la aceptación emocional de esta pregunta clave. Es decir, ¿estás dispuesto a asumir la gestión e la euforia de tus éxitos y el desánimo cuando tus expectativas no se cumplen?. ¿Tienes práctica en la gestión de estos dos “polos emocionales?. ¿Sabes cómo gestionarlo cuando ocurre?. O, ¿tienes miedo a sentirte mal?.

Sentir el fracaso de forma que a uno lo paraliza, suele venir acompañado de otras emociones importantes como la CULPA y la VERGÜENZA. Emociones demoledoras que sostienen el bloqueo de estrategias psicológicas que permiten afrontar las experiencias de fracaso.

Y volvemos de nuevo a la clave. Encontrarte con experiencias en las que no estás consiguiendo o no has conseguido lo que esperabas, no te convierte en “fracasado”. Cuidado con etiquetarte. Es dañino emocionalmente. Si te miras con perspectiva, seguro que encuentras momentos, áreas de tu vida y situaciones en las que te implicaste y si lograste sentirte bien. No las desprecies.

Aún voy más allá, seguro que habrá experiencias en las que tus expectativas no se cumplieron, pero no sufriste tanto. ¿Qué hiciste para superarlo o que no te importara tanto?.

En definitiva, la forma en la que afrontas las situaciones de fracaso, es lo que te va a permitir sufrir menos y aprender más. Aceptar la vida con todas sus experiencias y seguir adelante. Ser consciente de qué recursos utilizas para gestionar las emociones de todas tus experiencias vitales. 

Cómo recuperarte cuando sientes que has fracasado

Vamos a reflexionar ahora sobre algunas pistas para comprender este sentimiento tan intenso como puede ser el fracaso.

Comprenderte siempre es el paso previo para aprende a cómo recuperarte cuando sientes que has fracasado.

Contaremos con algunas ideas de Guy Winch, Ph.D., autor en Psychology Today y ponente en TED talks.

El autor nos propone una primera clasificación de estilos de afrontamiento, que definen como las personas actúan:

  • Aquellos que abandonan rápidamente. Realizan un primer intento de abordar un reto pero no lo consiguen. Posteriormente, lo dejan estar ya que identifican que está fuera de su alcance.
  • Personas que desmoralizan tanto que se bloquean y permanecen pasivos y con sensación de desamparo.
  • Aquellos que fracasan pero siguen intentándolo hasta que lo consiguen.
  • Personas que se estresan y se autoevalúan tanto que no pueden pensar.

¿En qué estilo de afrontamiento te sueles mover con mayor frecuencia?. Como ves la forma en que afrontamos el fracaso es fundamental para el éxito en la vida. También para tu bienestar, equilibrio personal y felicidad.

El fracaso duele. Ahora bien, puede ser una valiosísima fuente de aprendizaje e información. Puede ser, si te das permiso una experiencia de crecimiento personal, en tanto en cuanto, te plantees que puedes hacer diferente la próxima vez. Si te quedas mirando como no consigues lo que quieres, no habrá ni crecimiento, ni aprendizaje ni equilibrio personal.

Todo las personas pueden aprender de las experiencias de fracaso. Ahora bien, es importante entender el impacto que tiene en ti, las limitaciones psicológicas que crea y los retos emocionales que conlleva.

El único verdadero fracaso, es aquel del que no aprendes nada.

Limitaciones psicológicas cuando sientes que has fracasado

Abordar y poner en marcha tus mejores recursos psicológicos ante el fracaso marcará la diferencia de cómo te sientas y de lo que consigas. Cuando sientes que has fracasado:

  • Las metas parecen que son más inalcanzables y que tú eres más “pequeño”. Fracasar puede hacerte sentir menos inteligente, menos válido, menos capaz y menos competente. Todos estos sentimientos tendrán un alto impacto en tu autoestima y en el resultado de los esfuerzos que realices en el futuro. Extraerás conclusiones generalizadas de tu aparente incapacidad para conseguir nuevos retos. Por otro lado, los pensamientos negativos de tu diálogo interno, te impedirán analizar desde la calma. Te dificultarán valorar de una forma más objetiva cuáles son las verdaderas causas de por qué no lo estás consiguiendo. Y así poder buscar la solución.
  • Se te olvida crear un plan para tu meta. Al igual que los propósitos de año nuevo, puedes comprobar que con mucha frecuencia la lista de propósitos se queda en el papel. Nuevamente puedes comprobar que fracasas una y otra vez en conseguir lo que deseas. Normalmente, dedicamos mucha energía en este tipo de listas. Lo que quizá se te olvide es en preparar un plan para abordarlo. Es fenomenal que te plantees una lista de retos. Ahora bien, que sea una lista alcanzable y motivadora. Y además le añadas un plan para cada meta. Un plan que incluya cada paso, cada recurso psicológico que utilizarás y cada estrategia que pondrás en marcha en caso de desmotivación por encontrar dificultades. 

"Bucles" emocionales

  • Pasividad y sensación de desamparo. Cuantas más interpretaciones realices a cerca de tu incapacidad de afrontar nuevos retos, mayor será tu desmotivación. Con lo que tu pasividad en las actuaciones y tu sensación de desamparo crecerá. ¿Cómo vas a seguir adelante si estás invirtiendo gran parte de tu energía en convencerte que no puedes?. De hecho, cuanto más te convences más compruebas que no puedes. Claro, pensar que no puedes resolver una situación difícil, hará que no inviertas en realizar ningún esfuerzo. Este bucle será tu mayor trampa. Al no tomar ninguna decisión, por pequeña que sea que te acerque a tu objetivo, seguirás experimentando situaciones de fracaso.
  • La sensación de ansiedad, culpa o vergüenza bloquea tu concentración. Estas emociones pueden ser tan intensas que dificultan tu capacidad para comprender cuestiones clave en el logro de resultados. Además, La activación constante de estas emociones bloqueará tu habilidad para recuperar información o habilidades clave, así como tu capacidad para tomar decisiones.
  • Refugio en el apoyo emocional como única estrategia de recuperación. Cuando el sentimiento de fracaso o de “aparente incapacidad” es intenso, es posible que tiendas a refugiarte en el autoconsuelo. O incluso, que las personas que están a tu alrededor, tiendan a consolarte y mimarte para que no sufras. Está comprobado que el apoyo emocional y social como estrategia sólo te mantendrá en la afirmación de que “no puedes” conseguirlo.

"Bucles" mentales

  • Te “enganchas” a la sensación de que tus pensamientos son la verdad. Pensamientos del tipo: “no voy a ser capaz”, “esto es demasiado para mi”, “yo no soy suficientemente…”, “mi hermano, mi amigo, mi compañero es más fuerte que yo…” se repiten constantemente en tu cabeza.  La verdad es que este tipo de reflexiones internas tienen una funcionalidad, prevenir que te sientas más ansioso, desechando la posibilidad de que vuelvas a intentarlo. Te previenen del hábito de gestionar nuevas emociones a las que no estás acostumbrado. Convierten así, lo que piensas en tu realidad inmediata. Con lo que tenderás a no hacer ningún esfuerzo adicional o diferente para afrontar el reto que tienes delante. 
  • Se dispara tu capacidad para imaginar mayores fracasos en el futuro. Al activarse el Sistema Nervioso Simpático tus capacidades cognitiva se mantienen limitadas, pudiendo poner en marcha solo un tipo de recursos psicológicos. Los más frecuentes son: seguir atribuyéndote la culpabilidad, buscando más errores pasados que realizaste, recordar eventos negativos anteriores y anticipar nuevos problemas. Con este enfoque mental, imaginarás cada vez mayores situaciones similares a la original que no pudiste afrontar, creyendo que tampoco podrás afrontar nuevos y diferentes retos. 

El secreto de permanecer siempre vigente es comenzar a cada momento.

Qué puedes hacer cuando sientes que has fracasado

Todo el apoyo emocional que quieras junto con aprendizaje

Por si nos habíamos sorprendido antes por el hecho de que la búsqueda de apoyo emocional no te ayudará, vamos a situarnos. Cuídate, mímate y busca el apoyo que necesites. Ahora bien, añadámosle una condición de éxito. Aprende. Esta es la estrategia más eficaz. ¿Qué puedes aprende de esta experiencia?. Pero no te quedes en un aprendizaje abstracto y trascendental. Identifica claramente qué necesitas cambiar, qué acción realizaste que necesitas modificar, mejorar o realizar de forma distinta. 

El fracaso te proporciona nuevas oportunidades. Aprovéchalas. Recuerda que cuando algo no te sale bien, te sitúa en un nuevo escenario que hubiera sido imposible que experimentaras de no atreverte a abordarlo. 

Al contrario de lo que te dicen tus miedos y pensamientos negativos, que ya sabes que te previenen de una nueva gestión emocional, el fracaso te hará más fuerte. Te permitirá aprender recursos psicológicos diferentes que te facilitarán nuevos éxitos en el futuro.

Si lo analizas bien y te permites hacerlo desde la calma, es la constante inversión en progresar, y superar cada paso de tu reto final lo que más contribuye a tu bienestar y satisfacción personal. Más allá del éxito final, la gestión (durante el proceso) del fracaso es una de las llaves para asegurarse el constante bienestar emocional y la felicidad. 

Pon el foco en aquello que puedas controlar y dependa de ti

La mejor forma de recuperar la creencia en uno mismo es activar tu capacidad para centrarte en lo que puedes controlar. Lo primero, es evaluar de nuevo la fase inicial, es decir, el plan para alcanzar tu meta. Segundo, tu desempeño, es decir, cómo pusiste en marcha tu esfuerzo, cómo actuaste en esa parte de tu camino hacia la meta final. 

Así, que si quieres realmente, aprender del fracaso y aumentar la percepción que tienes de ti, céntrate. Centra tus esfuerzos en redefinir tu meta de la forma más realista y específica posible. Ser mejor líder, mejor profesional o mejor estudiante está fenomenal. Ahora conviértelo en algo más realista y concreto. “Quiero ser capaz de realizar mejor las conversaciones sobre exigencia y desempeño con mis colaboradores”. O, “quiero manejar determinada técnica/habilidad en mi profesión para abordar la situación de…”. O bien, “ quiero acordarme con más facilidad y calidad lo que estudio durante estos meses hasta el examen”. 

Tu capacidad para reorientar tu atención y tu energía es crucial para aprender a cómo recuperarte cuando sientes que has fracasado.

Fragmenta y planifica para recuperarte del fracaso

Fragmenta cada paso intermedio hacia tu meta. Aprender la capacidad de diseñar retos intermedios suficientemente motivadores es otra de las claves. Nuevamente céntrate en lo que depende de ti, lo que puedes aportar, lo que puedes hacer diferente para alcanzar esa meta intermedia.

Que no se te olvide asignar plazos de tiempo. Tan importante es la fecha en la que empezarás a poner en marcha nuevas acciones como la fecha en la que lo habrás completado. 

Y por último, haz una lista de posibles situaciones de desmotivación, dificultades que te puedan surgir o tentaciones que puedas tener que te desvíen de tu meta intermedia. Añade a esta lista posibles soluciones que puedas anticipar y poner en marcha si llega el caso. 

Potencia el control que tienes sobre el desempeño de tus tareas

  • Describe exactamente la situación en la que no has conseguido lo que querías o esperabas. 
  • Explica con detalle los factores que han contribuido a tu fracaso.
  • Clasifica que factores están bajo tu control y cuáles no.
  • Reenfoca cada uno de los motivos y factores que están bajo tu control y aprende a verlos desde una perspectiva diferente.
  • Crea un nuevo plan de acciones que dependan de ti para abordar de nuevo la situación.

Hazte responsable del miedo que sientes ante el fracaso

Es tu miedo y tu ansiedad. Nadie la resolverá por ti a menos que tomes la decisión responsable de afrontar estas emociones difíciles. Aprende a cómo gestionar tus emociones más difíciles. Reflexiona cómo superaste en el pasado emociones que te pudieron bloquear. Comparte con personas de confianza lo que sientes con el fin de descargar y entenderte mejor. Evita compartir lo mal que te sientes constantemente para mantenerte en esa situación emocional. Te mantendrá en posición de víctima.

Pide ayuda profesional si es necesario para gestionar tu capacidad para gestionar tus emociones. Escribe sobre lo que sientes y el impacto que está teniendo en ti. Libera el peso emocional que sientes para poder abordarlo mejor. 

Gestionar y ocuparte de tus emociones te ayudará a volver a centrar tu atención y tus esfuerzos. Ocúpate de que puedas salir exitoso de tus meta final y de tus retos intermedios. Sigue adelante, demuéstrate que los pensamientos de miedo solo son avisos, no realidades inamovibles.

Compensa el desgaste emocional del miedo y de la ansiedad, felicitándote por los pequeños retos intermedios que consigas. Recuerda que para mantenerte en equilibrio emocional necesitas ocuparte de vivir 3 experiencias positivas por cada negativas que vives. ¿Cómo vas a asegurar que vives esas experiencias positivas?. Amplía la visión de tu autoestima conforme vayas consiguiendo esos pequeños retos intermedios que has planificado. Aprende a verte mejor de cómo te veías antes. 

La persona a la que admiras se repuso seguro de sus fracasos y es por ese motivo por el que la admiras. ¿Cómo conseguirás admirarte a ti mismo?

Conclusión

Repasemos las ideas clave para aprender a cómo recuperarte cuando sientes que has fracasado: 

  • La sensación de fracaso viene frecuentemente acompañada de sentimientos de culpa y vergüenza. Es muy importante que estés preparado para gestionar las emociones que acompañan a tus retos.
  • Procura que tu estilo de afrontamiento ante nuevos retos sea asumir el fracaso y seguir intentándolo hasta conseguirlo.
  • Para que las metas no te parezcan tan inalcanzables es importante que diseñes el plan que seguirás para alcanzar tu meta.
  • Recuerda que los “bucles emocionales” limitarán tu valía real.
  • Los “bucles mentales” son tu mayor “trampa” para aprender a cómo recuperarte cuando sientes que has fracasado.
  • Busca apoyo emocional junto con la condición de éxito de potenciar tu aprendizaje.
  • Céntrate en lo que depende de ti.
  • Potencia el control que tienes sobre el desempeño de tus tareas.
  • Hazte responsable del miedo que sientes ante situaciones de fracaso.
¿En qué sientes que has fracasado y estás sufriendo el impacto de las limitaciones psicológicas?
¿Cuáles es tu comportamiento habitual ante nuevos retos?
¿Qué nuevas medidas puedes poner en marcha para aprender a cómo recuperarte cuando sientes que has fracasado?

Y si te apetece y puede ayudarte...

Cómo protegerse del sentimiento de culpa

Cómo protegerse del sentimiento de culpa. ¿Cómo lo llevas?. ¿Te acompaña el sentimiento de culpa habitualmente en tu vida?.

El sentimiento de culpa es un sentimiento bastante frecuente originado por la creencia de que has hecho algo malo o equivocado. Incluso, este sentimiento de culpa incluye la creencia de que has hecho daño de alguna forma a otra persona. Es esa terrible sensación de eres “el malo”. 

A decir verdad, es muy difícil vivir sin herir a nadie. Ya que cada uno elige sus prioridades vitales y sus decisiones. Vivir de acuerdo a unos estándares, criterios o valores personales puede hacer que, de vez en cuando, actúes de forma que puedes ofender o herir a alguien sin querer. 

Habitualmente el sentimiento de culpa, suele ser puntual y temporal, y desaparece fácilmente. Es ese sentimiento de culpa que aparece cuando te saltas tu dieta, te gastas más dinero que lo presupuestado, procrastinas … etc.  Cuando tienes esta señal de culpabilidad, normalmente tratas de buscar formas de compensarlo, disculparte, o de arreglar la situación. Este sentimiento suele ser pasajero y no acaba molestando ni dañándonos demasiado emocionalmente. 

De hecho, podríamos decir que la culpa, al igual que la vergüenza, tiene un papel funcional. Te avisa de cuándo te alejas de tus prioridades, y de lo que consideras adecuado para ti, y para los que te rodean. 

Ahora bien, no todo sentimiento de culpa es funcional ni adaptativo. Algunos sentimientos de culpa y sus motivos, realmente dañan mucho la salud emocional de las personas. Cuando el sentimiento de culpa está arraigado en tu vida, y dura ya mucho tiempo, empieza a ser no saludable.

Vamos a profundizar hoy en el sentimiento de culpa para entenderlo mejor según el análisis de algunos autores, entre ellos Guy Winch, que nos indica tipos y consecuencias. 

Cómo protegerse del sentimiento de culpa

Repasa conmigo los tipos de sentimiento de culpa más frecuentes. Verás sus implicaciones y puede que te ayuden a comprenderte mejor. 

Tipos de culpa.

Culpa no resuelta

Este tipo de culpa es la más frecuente y la más dolorosa. Una de las principales razones es que, en ocasiones, crees que eres bueno en pedir disculpas. Pero, te das cuenta que no es así, y la posible disculpa que has hecho, no ha resuelto del todo la situación. Seguramente podrías haberlo hecho de una manera más eficiente. 

Otra forma en la que la culpa permanece sin resolver es cuando realmente el daño causado a otra persona demasiado grande para que te pueda perdonar. O bien esa persona quiere perdonarte pero no está siendo capaz. En ambas situaciones, el sentimiento de culpa no se resuelve y puede convertirse en un sentimiento tóxico. Además, es habitual que te acompañe una gran ansiedad difícil de mitigar.

Podríamos incluir aquí también, el sentimiento de culpa que tiene que ver con pensar que hemos hecho algo malo porque otros no se sienten bien. Con lo que el criterio para validar tu estatus de culpa, lo tienen los demás. Este escenario es bastante tramposo, porque tiende a hacerte creer que la única forma de no sentirte culpable es atendiendo siempre los criterios de los demás. Lógicamente este objetivo es inalcanzable, y racionalmente puede que hasta lo aceptes. Ahora bien, mira las implicaciones emocionales. Si realmente asumes este sentimiento de culpa será difícil, o imposible resolverlo, ya que los criterios y necesidades de los demás cambian constantemente, en una misma persona y entre las personas que tienes más cerca.

Asumir que eres responsable de las emociones de los demás te llevará a una espiral difícil de solucionar. Además, te mantendrá en estado permanente de insatisfacción y valía personal. Será prácticamente imposible que puedas resolver o compensar la situación.

La culpa de los supervivientes

Este sentimiento de culpa aparece en las personas que han sobrevivido a situaciones traumáticas. Se encuentran que ha habido otros implicados que han sufrido más y ellos no. Surgen entonces todo tipo de dudas y preguntas en relación a por qué ellos han salido ilesos de esa situación y otros no. Incluso puede ocurrir que se sientan culpables porque piensan que podrían haber hecho algo para evitar el daño, aunque realmente no es así. Es la culpa de los supervivientes en catástrofes naturales, enfermedades, accidentes o eventos negativos inesperados y no controlables.

Lo más difícil de este sentimiento de culpa es que no puedes hacer nada para resolverlo. No hay nadie a quien pedir perdón, ninguna relación que arreglar, o nada que ajustar en tus prioridades personales.

La culpa por separación

La culpa de separación surge cuando tratas de seguir adelante con tu vida o mejorar de alguna forma y esto implica un coste. Tomar decisiones sobre seguir adelante, a veces, implica que dejas a algunas personas atrás. Bien por que no las ves tanto, o porque tus prioridades ya no son las que eran y esto implica decisiones diferentes entre vosotros.

Este sentimiento de culpa hace que valores tu actuación en esta relación como desleal hacia las personas que dejas atrás. Irse fuera a estudiar, cambiar de residencia por trabajo, decisiones personales que implican otro estilo de vida, etc. Es aquí cuando surge la preocupación de qué pensarán tus seres queridos sobre tus decisiones. También aparece la duda de si estás cumpliendo o no las expectativas de los demás sobre ti. Incluso el miedo de que tus decisiones se consideren desleales y negativas.

Heridas psicológicas del sentimiento de culpa

Hay dos heridas psicológicas fundamentales cuando la culpa empieza a ser tóxica, y no saludable para las personas. 

La primera de ellas, es la que incluye un impacto en la vida y felicidad de la persona. Este tipo de culpabilidad reduce seriamente tu capacidad para prestar una adecuada atención a tus necesidades y responsabilidades. Suele provocar auto-castigo.

La segunda, provoca consecuencias muy negativas en tus relaciones personales. Dificulta la comunicación y limita la forma en la que te relacionas. Con este sentimiento de culpa disminuyes la autenticidad del comportamiento. Suele además asociarse al sentimiento de vergüenza.

Para saber cómo protegerse del sentimiento de culpa, es importante que analices qué impacto está teniendo en ti. 

¿Qué impacto tienen las heridas psicológicas del sentimiento de culpa?

  • Autocastigo: Sensación constante de que tienes que “pagar” por el daño realizado. Puede distraerte de tus responsabilidades habituales e inundar tus pensamientos y emociones diarias. Puede paralizarte y convertirse en el tema central de tu vida. De hecho, hasta que no decides realizar algunas acciones para resolverlo, el sentimiento de culpa no es emocionalmente saludable. Es importante que te des cuenta que además de sentirte mal, este sentimiento de culpa te impide sentirte bien por otras vivencias. Puede acabar en desmotivación general y apatía.
  • Bloqueo en relaciones personales: El sentimiento de culpa no resuelto impide cuidar las relaciones actuales y crear nuevas. La tensión de la culpa dificulta hablar con normalidad del hecho que lo motivó, y acabas evitando cualquier conversación al respecto. Esto genera a su vez, que la relación sea difícil y falte confianza. 
  • Relaciones tóxicas y con manipulación emocional. Suele darse en relaciones personales my cercanas y familiares. Es un tipo de influencia manipuladora a la que a veces, te sometes cuando alguien muy cercano te envía mensajes condicionales. “Un día me pasará algo y no te enterarás porque nunca me llamas”. “Desde que tuviste esa discusión, tu amigo, tu familiar está sufriendo mucho”. “Si tomas esa decisión, me harás muy infeliz”. Este tipo de manipulaciones realmente se realizan con el objetivo de influir en tus decisiones o comportamientos. Es posible que acabes asumiendo tu culpa por todos estos mensajes. Es importante, entonces recordar que son demandas poco constructivas de los demás, y que la clave está en buscar soluciones saludables. Y no asumir que nuevamente, “eres el malo”, porque no haces lo que esperan de ti.

Agresividad y extremismo

  • Reacciones agresivas. Para lidiar y desprenderte del sentimiento de culpa, es posible que trates de defenderte con todas tus fuerzas. Y esta intensa fuerza, puede resultar en comportamientos agresivos o incluso de evitación e desprecio por otras personas. Actuar de esta forma te hace volver irremediablemente a nuevos comportamientos por los que más tarde te puedas sentir culpable. Así, añadirás al sentimiento de culpa inicial más motivos por los que sentirte mal, poco valioso y posiblemente no digno en esa relación personal. 
  • Enfoques excesivos ante las vivencias cotidianas. La culpa puede que te convierta en una persona excesivamente consciente del impacto de tus actos. O bien, que te lleve a ser excesivamente sensible a lo “correcto” y a lo “incorrecto”.
  • Ignorar otras emociones. El sentimiento de culpa puede llegar a abarcar bastante energía y tiempo en tu vida, con el consecuente desgaste emocional. Esto te puede llevar a no ser capaz de disfrutar de vivencias y resultados positivos que estás obteniendo en otras áreas o relaciones de tu vida.

Cómo saber si el sentimiento de culpa es tóxico o saludable

Diana Lalor, Psicóloga y Propietaria de Cottesloe Counselling Centre, y la Dra. Margaret Paul, co-creadora de la web Inner Bonding, nos ayudan a entender claramente la diferencia y los objetivos a trabajar. El sentimiento de culpa puede ser saludable y ayudarte. En otros casos, no sólo no te ayudará, sino que te afectará emocionalmente de forma seria. 

También repasaremos algunas de las recomendaciones de Leon F. Seltzer de Psycology Today. 

Para potenciar las estrategias de afrontamiento y saber cómo protegerse del sentimiento de culpa es fundamental saber si es saludable o tóxica.

Cómo es el sentimiento de culpa saludable

El sentimiento de culpa es saludable cuando has hecho algo erróneo (hacer daño a alguien de forma deliberada, por ejemplo). Este sentimiento te permite ser consciente y asumir la responsabilidad de tus decisiones y tus acciones. Cuando enfocamos la culpa de manera saludable, tu voz interior te permite poner el foco en cómo mejorar para la próxima vez. Así, esta perspectiva del sentimiento de culpa te facilita observarte valorar tu comportamiento en la medida que cuidas o no de los demás.

Cómo es el sentimiento tóxico de culpa

El sentimiento de culpa puede volverse tóxico cuando eliges ser excesivamente responsable, consciente y competente. Casi buscando el perfeccionismo. Esta forma de afrontar tus vivencias puede llevarte a asumir más responsabilidades y tareas de las que realmente puedes afrontar. 

Con frecuencia el sentimiento tóxico de culpa se basa en la creencia de que puedes controlar e influir en los sentimientos y comportamientos de los demás. Eso sí, con la condición de que actúes “correctamente”. Este enfoque condicional te lleva a juzgarte a ti mismo constantemente de forma que trates (falsamente) de asegurar o justificar que tu comportamiento es correcto. De esta forma, esta constante auto-evaluación negativa de ti mismo provoca el sentimiento tóxico de culpa.

Como consecuencia puede que te veas inmerso en un círculo sin salida. Tiendes a creer que has hecho “algo malo” cuando realmente no lo has hecho. Por ejemplo, dejar un trabajo, decidir estudiar fuera, o cambiar las prioridades en tu vida puede causarte un sentimiento tóxico de culpa. Es posible que consideres que dejas atrás o haces que sufran otras personas.

Todas las decisiones personales implican cambios para las personas que están a tu alrededor. Resulta imposible conseguir que todo tus seres cercanos se sientan bien con tus decisiones. Fundamentalmente, porque no son tú. Tienen otras prioridades, otros valores, y seguro tomarían otras decisiones. No olvides, que tú tienes derecho a tus propias elecciones.

Limita tu responsabilidad

No eres responsable de cómo se sienten los demás, sólo eres responsable de tu intencionalidad. Si tienes la intención de hacer daño a alguien, eres responsable del resultado de estas acciones. Ahora, cuando tratas de hacer algo por y para ti mismo, sin la intención voluntaria de hacer daño a alguien, no eres responsable de cómo se sienten los demás. 

El sentimiento tóxico de culpa no admite errores. Provoca que esperes demasiado de ti mismo y de los demás. Puede surgir ante:

  • Conflictos de valores personales.
  • Disciplinas excesivamente rígidas o duras.
  • Estándares o normas de comportamiento poco realistas.

Cómo centrarte en la culpa saludable y protegerte del sentimiento tóxico de culpa

cómo resolver el sentimiento de culpa
  1. Reconoce el tipo de culpa con el que estás lidiando. El sentimiento de culpa es útil siempre que te ayude a mejorar. Tiene un propósito y te facilita crear nuevos retos que potencien tu madurez personal. Cuando no existe ningún propósito por el sentimiento de culpa, permanece alerta. En este caso, necesitas de la inteligencia emocional para resolver esta emoción.
  2. Planifica cambios o compensaciones si la situación que has originado realmente está en relación a un comportamiento que puedes mejorar. La culpa saludable te avisará de que necesitas realizar algo diferente de cómo actúas habitualmente. Esa acción diferente te permitirá reparar o compensar el impacto que se ha producido en tus relaciones. Piensa cuál es el siguiente paso que necesitas hacer.
  3. Acepta que te has equivocado, pero actúa. Si tus intenciones de traicionaron y realizaste en algún momento algo que sabes que dañaría a otros, arréglalo o compénsalo. Haz algo, actúa. Cómo se sienta la otra persona depende de ella.  Que tú vuelvas a restablecer tus prioridades, intenciones y valores depende de ti.
  4. Aprende y ten en cuenta que la perfección no existe para nadie. Acepta que todo no lo sabes hacer, que puedes equivocarte y que ese, justo, es el momento en el que puedes aprender. Ni siquiera las personas que admiras son perfectas. Todas las personas tienen un potencial de mejora. Llena tu potencial de mejora de nuevos hábitos, enfoques, estrategias y decisiones. En caso contrario, te privarás de crecer personalmente. 

Más estrategias para conseguir un sentimiento de culpa saludable

  1. Admite el poco control que tienes sobre el comportamiento y las emociones de los demás.  Esta aceptación te ayudará a juzgarte menos y en consecuencia a castigarte menos, por no cumplir las expectativas de los demás. Así, podrás fomentar y aprovechar mejor los sentimientos saludables de culpa.
  2. Aprende a perdonarte y a seguir adelante con orgullo. Estoy segura de que el mismo comportamiento que no te perdonas, lo perdonarías a otra persona. Eres igual de valioso que los demás. ¿Para qué mantenerte en una posición inferior?. Necesitas ser la principal fuente de perdón y de estima hacia ti mismo. A partir de ahí, los demás podrán aceptarte y apreciarte mejor. Es muy doloroso permitir que la falta de perdón a uno mismo invada toda tu vida.
  3. En el pasado, no sabías lo que sabes ahora. Como dijo Heráclito: “nunca nos bañamos dos veces en el mismo río”. Considerar que acciones pasadas las hubieras realizado de otra manera es inevitable. Esto no te convierte en culpable. Sencillamente, lo que eres hoy te hará casi siempre ver acontecimientos pasados de otra forma. Tú has cambiado, seguramente eres más sabio que ayer y afortunadamente harías las cosas de otra forma. Significa que has crecido. Pero no, que te equivocaste. 
  4. Acepta que en ocasiones estás asumiendo ideales muy altos que no son los tuyos. En ocasiones, si lo analizas, es posible que estés asumiendo expectativas e ideales excesivos. Primero que puede que no sean tuyos, los asumiste por presiones familiares, sociales o laborales. Y segundo, que puede que sean muy altos, y no tengas en cuenta tus propios límites. Deja de culparte por ello. Decide en qué quieres invertir energía, tiempo y compromiso por ti mismo y hasta donde te haría sentir satisfecho.

2 estrategias más para afrontar el sentimiento de culpa

  1. Reconoce tu derecho a proteger tus propios intereses. Aprende a decir no cuando lo consideres sin sentirte culpable por ello. Estar constantemente accediendo a las demandas de los demás cuando, sobre todo, va en contra de lo que tu sientes o piensas, no te ayudará. Te situará en un plano inferior a la opinión de los demás por miedo a ser rechazado. Las personas que de verdad te aprecian respetarán tus decisiones y elecciones. No necesitan que estés siempre actuando como lo harían ellos.
  2. Ten un diálogo compasivo contigo mismo. A lo largo de tu trayectoria vital, seguro que has recibido muchos mensajes y recomendaciones sobre cómo comportarte y cómo ser para ser una “buena persona”. Es lógico, ya que esto te ha permitido seguramente llegar a ser parte de quién eres. Ahora bien, conforme te has hecho adulto, estoy segura de que has tenido tus propias experiencias y aprendizajes. Has ido elaborando seguro tus propias prioridades, intereses y elecciones. En ocasiones, estos nuevos aprendizajes han entrado en conflicto con lo que “te enseñaron”. Y es totalmente normal. La vida cambia y los intereses de las personas son diferentes. Asúmelo. El mayor protagonista de tu vida eres tú. Y tienes por ello, derecho a vivir con los valores y decisiones que tú elijas. Aprende a integrar lo aprendido en el pasado con tus nuevas elecciones sin castigarte mentalmente por ello. 

Conclusión

Cómo protegerse del sentimiento de culpa es el objetivo que te traigo hoy. Recuerda estas recomendaciones para revisarlas desde la calma cuando tengas un rato para ti:

  • Identifica el tipo de culpa con el que estás lidiando y qué nivel de ansiedad de está causando. Puede ser una culpa no resuelta, por supervivencia o por separación.
  • Analiza las heridas psicológicas que están siendo un coste emocional para ti. El auto-castigo, el bloqueo en relaciones personales, la manipulación emocional y las reacciones agresivas son algunas de ellas. 
  • Aprende a diferenciar si el sentimiento de culpa que estás experimentando es tóxico o saludable. Si es saludable te ayudará a mejorar. En caso de ser tóxico, necesitas invertir en regular las emociones que sientes en esas situaciones.
  • Crea acciones de cambio y mejora para comportamientos que sabes que puedes hacer mejor u aprender.
  • Asume que el error es parte del aprendizaje vital.
  • Recuerda que no tienes control sobre las emociones y los comportamientos de los demás. Sólo eres responsable de la intención de tus actos y decisiones.
  • Se compasivo contigo mismo como lo harías con los demás.
¿Cuánto te afecta en tu vida diaria el sentimiento de culpa?
¿Has analizado si puedes hacer algo para arreglar la situación?. ¿Cómo lo solventarás?
En caso de que no puedas hacer nada y no te permita aprender, ¿por dónde empezarás para aceptarte y ser compasivo contigo mismo?. Te en cuenta que puede que estés sintiéndote culpable sin necesidad de hacerlo.

Y si te apetece y puede ayudarte...

7 formas de ser dependiente emocional y no te das cuenta

¿Eres dependiente emocional y no te das cuenta?. La dependencia emocional genera mucho dolor y afecta en gran medida a la autoestima de la persona. Recordemos que se alimenta la dependencia emocional cuando:

  • Te sientes responsable de cómo están los demás.
  • Tiendes a decir que estás de acuerdo, cuando no lo estás por miedo al rechazo.
  • Llegas al límite para evitar conflictos y enfados.
  • Dices que sí a todo el mundo.
  • Buscas aprobación en tu vida personal y profesional.
  • Inviertes mucha energía en impresionar a los demás.
  • Te guía el miedo al rechazo.

7 formas de ser dependiente emocional y no te das cuenta

Te invito a reflexionar sobre 7 comportamientos habituales hoy en día. Posiblemente no te des cuenta, pero afectarán a tu autoestima y al modo en que te relacionas con los demás. Date un momento para reflexionar y crear posibles cambios. 

Si no me contestas o me llamas enseguida, no me valoras

En la era de la mensajería instantánea, se suele esperar que el otro esté disponible para uno mismo inmediatamente. Es habitual, mandar un mensaje o hacer una llamada y no solo esperar que te contesten al instante, se pide aún más. Se considera casi una obligación que el otro te atienda. 

Quizá me digas, ¡eso no es posible!. Bueno, seguro que a ti no te pasa ;-). Pero yo lo veo todos los días. Discusiones por el móvil por este tema, cuando vas en autobús, cuando escuchas sin querer la conversación de una pareja cuando paseas por la calle, incluso en consulta psicológica aparecen estos temas…

Bien ahora revisa, ¿qué nivel de ansiedad, contrariedad y enfado te genera que no te llamen enseguida o que no te contesten a ese mensaje que te has preparado?. ¿Por qué te ocurre?

Si detectas que este tipo de situaciones te generan sufrimiento y ansiedad, ponte alerta. Es una de las señales de posible dependencia emocional. La persona que sufre cuando no recibe una respuesta inmediata está creando 3 hábitos dañinos para la autoestima:

    1. Medir su valía personal en función del tiempo que el otro le dedica y la rapidez con la que le contesta. Cuanto más y más rápido me prestas atención, más valioso soy para ti.
    2. Crear el hábito de “gratificación inmediata”: he enviado un mensaje (acción) y quiero una respuesta inmediata (gratificación).
    3. Como consecuencia no aprende a vivir con incertidumbre y desarrollar su resiliencia. Cada vez más las personas están perdiendo la capacidad de vivir con cierta incertidumbre, activando sus circuitos de ansiedad. Estas reacciones emocionales cada vez son más frecuentes, y más potentes, con eventos cada vez menos importantes.

Gestiona tu incertidumbre

Tengamos en cuenta que si hacemos esta interpretación rápida y automática “si no me contestas enseguida, no me valoras”, estamos dependiendo del otro. Es la actuación de la otra persona la que valida tu valor como persona. Es importante aprender a vivir con capacidad de postergar resultados y recompensas. Sobre todo porque en situaciones más graves e importantes, resultará más difícil manejarlas.

Recordemos que el otro tiene derecho a elegir cuando nos llama y cuando nos responde. No es que no seas su prioridad. A lo mejor, no puede. O posiblemente quiera elegir un momento más tranquilo para hablar o contestar. Incluso, puede no estar bien, y quiera contestar cuando esté mejor.

Evita en esta era digital atormentarte por el doble check de los mensajes, por el estado “en linea” o por cualquier otra indicación digital. La tecnología está para ayudarnos. De ti depende que nivel de dependencia emocional quieres crear en tus relaciones y con los medios tecnológicos que tienes a tu alcance.

Haces un interrogatorio a la otra persona para ver si le puedes pedir algo y no molestar

¿Qué vas a hacer cuando termines?. ¿Vas a ir hoy a…?. ¿Tienes muchas cosas que hacer hoy..?. ¿Y luego tienes un rato libre?. Y así un sinfín de preguntas que determinadas personas realizan a la persona a la que le quieren pedir algo.

Quizá no se quiera molestar al otro. Es posible que seas amable y quieras interrumpir lo menos posible a la otra persona. Pero realmente cuando realices tres, cuatro, cinco preguntas antes de pedir lo que quieres, realmente estás haciendo otra cosa.

Estás seguramente evitando que el otro rechace tu petición. Estás evitando por todos los medios escuchar un posible NO a tu demanda.  Y es que esta es otra palabra y respuesta a la que cada vez se tiende a aceptar menos. Estás preparando el camino de un SÍ. Porque así valoras positivamente el aprecio de la otra persona. Todo es más fácil de esta forma. 

Aprende a recibir un NO

Ponte alerta de nuevo. Tu rechazo a escuchar un NO, está haciéndote dependiente emocional de las respuestas del otro, de su atención y de su tiempo. Pregunta directamente qué necesitas, qué quieres o lo que propones. Tienes derecho a pedir. Ahora recuerda, que el otro tiene derecho también a decir NO. Practica el llegar a un acuerdo, acepta el NO en tu vida. Busca alternativas. 

Y sobre todo evita asociar un NO a tu valía personal. Evita interpretar mágicamente que un NO, es un rechazo a tu persona y al aprecio que la otra persona te tiene. 

Además estos derechos son bidireccionales. Tú también puedes decir NO a los demás y negociar cuándo puede ser un SÍ. Si determinado favor o propuesta no te vienen bien aceptarla en ese momento, negocia cuando sí que puede ser. No es necesario decir SÍ siempre a los demás. De verdad, que no cambia tu valía. El número de veces que estás disponible a los demás no dicta tu valor personal. Tampoco, el número de veces que alguien te propone una alternativa diferente a la tuya, o rechaza algo, no define tu valor ni el nivel de relación. 

Piensas y organizas tu agenda en función del tiempo libre que tiene la otra persona

“No, es que no puedo porque mi pareja ya ha terminado de trabajar y entonces…”. No puedo, es que mi hijo (suficientemente mayor), ya estará libre y quiere que…”. No es que…. ¿Te suena?.

¿Cuántas veces has dicho que no a un plan que te apetecía mucho porque no coincide con el horario adecuado para que puedas estar en todas partes?. Respira. Una cosa es querer estar con los tuyos, con amigos, compañeros de trabajo, etc… Otra muy distinta es que niegues tus ilusiones y preferencias para que no coincidan con el tiempo en el que parece que “deberías” estar haciendo otra actividad.

Proporcionar tu mejor tiempo, energía y atención a los seres queridos es fantástico. Ahora bien, que por obligación te impongas que solo puedes hacer determinada actividad o elección, haciéndolo coincidir con el tiempo en el que no están las personas importantes de tu vida, te hace dependiente emocional. 

No te van a querer menos. Y si lo hacen tenemos un problema :-(. Esa relación puede que no sea emocionalmente sana. Tienes derecho a elegir cómo invertir tu tiempo y tu energía. No estar disponible todo el tiempo para determinadas personas no significará que estas personas te valoren menos. Redistribuir el tiempo, realizar actividades con diversas personas de tu entorno enriquece las relaciones. Te permite después compartir nuevas experiencias. No te quites esa oportunidad.  

Aguantas y no dices nada de lo que no te gusta o te molesta hasta que ya no puedes más y explotas

Vale, no pasa nada. Ok, lo hacemos así. Bien, vale. (cuando no estás de acuerdo o algo te molesta).

Y así un día y otro día. Hay cosas que te molestan y te duelen pero no dices nada. Se crea una relación en la que tú otorgas y el otro dispone. Puede ser en el trabajo, en la familia o en las relaciones personales. Pero luego tú te vas con gran intranquilidad, ansiedad o tristeza, porque no has expresado nada de lo que sientes. Temes contrariar a la otra persona. Incluso llegas a creer que tus opiniones y sentimientos no son importantes.

Eso sí, habrá ocasiones que habrás comprobado, que saltas y explotas emocionalmente. Quizá de manera exagerada, pero es que llevas aguantando mucho tiempo.

Alerta de nuevo. Tú eres tan importante como los demás. Aunque en determinada situación, puedas estar equivocado, incluso así, tienes derecho a expresarte. Y no siempre será una cuestión de tener razón o no tenerla. Son tus gustos, tus preferencias tus conocimientos y tus sentimientos lo que pones en juego, y tiras a la basura cada vez que no te expresas. Vuelves a ser dependiente de un rechazo por parte de la otra persona. Que una persona se enfade no significa que no aprecia la relación. Sino le importara, ni siquiera se enfadaría.

Exprésate con libertad

Exprésate con libertad. Di lo que opinas, lo que sientes y lo que propones. Tienes derecho. Igual exactamente a cómo lo hace la otra persona. Y nuevamente, acompañando a este derecho, tienes la responsabilidad de aceptar un no, una nueva propuesta o un nuevo acuerdo. Que tú objetivo no sea no molestar. Cambia de objetivo si lo que quieres es que se haga lo que tú dices, y evitar nuevamente un NO.  Sé responsable de tus gustos, opiniones, ideas y emociones. Puedes expresar lo que quieras (con respeto, por supuesto) y ser responsable de ello. Acepta con tranquilidad sin interpretaciones irracionales la respuesta del otro. 

Es en el intercambio sano con las otras personas dónde más aprendemos. No te pierdas esa oportunidad.

Muestras tu enfado con silencio y con un lenguaje no verbal distante

Y piensas mentalmente: vale pues ahora no le contesto, ahora me callo, ya se dará cuenta.

¿Has visto en alguien esta conducta? ;-). El silencio digital o presencial, es la respuesta emocional que en ocasiones utilizas esperando que el otro te de una muestra de aceptación, respeto o cariño.

Bien, puede ser que la recibas. Sobre todo si en las relaciones cercanas hemos acostumbrado a la otra persona a que actuamos así.
Pese a la costumbre, no es sano emocionalmente. Esto no te ayuda. Nuevamente como en el punto anterior, estás negándote. Dependes de las muestras de cariño y/o aprecio del otro cuando te muestras en silencio o distante. “Si sé da cuenta y reacciona es que valora nuestra relación”. 

Sé responsable de gestionar tus propias emociones incómodas. Aprende a nivelar tus estados de malestar. Busca un enfoque adecuado para resolver lo que te incomoda con la persona que quieres. 

Interpretas cómo piensa, actúa o siente la otra persona

Si actúa así, es que… Si piensa así, entonces… Se ha molestado, entonces es que…

El uso de la “bola de cristal” como si de visiones reveladoras y certeras se tratara, se ha puesto en marcha :-). 

¿Te has preguntado qué ganas interpretando rápidamente a los demás?. Cuando interpretas de manera certera e inequívoca a los demás, según tu certero análisis, estás posiblemente preparándote para lo peor. Que no te pille desprevenido. Protegerte de un desengaño, rechazo o de algo que no entiendes. Posiblemente esté siendo tu objetivo y no te das cuenta.

Nuevamente alerta, por favor. El miedo a lo desconocido, a lo diferente, a la incertidumbre, puede hacer que reacciones de manera desmedida e inadecuada al comportamiento de los demás.  

Tu miedo te hará dependiente emocional

¿Dónde te has dejado aprender, conocer, enriquecerte con los demás?. Tu miedo te hará dependiente. Ejerce tu derecho a preguntar, y proporciona el derecho al otro a que se explique. Crea relaciones sanas en las que aprendas aunque sea para saber que esto no es lo que quieres. O quizá para descubrir nuevos enfoques que no habías tenido en cuenta. 

La protección emocional excesiva alimenta tu dependencia emocional, reduce tu capacidad de aprendizaje y tu nivel de resiliencia. También se verá afectada tu capacidad de inteligencia emocional que permite conectar con los demás. 

Valoras la bondad de una relación en función de cuánto te da en comparación con lo que tú le das

Es que yo siempre… y él/ella no… Cuando a él/ella le pasa algo yo siempre… y al revés no recibo lo mismo.

Y como conclusión valoras que no eres tan importante en esa relación como lo es para ti la otra persona. Te entristeces, te genera ansiedad, te incomoda. Has creado una dependencia de nivel de inversión en la relación. ¿Cuánto das tú?. ¿Cuánto te da la otra persona?. Si haces este esfuerzo por la otra persona, ¿por qué no recibes lo mismo?

¿Te has preguntado estas cuestiones alguna vez?. 

Sin querer, consciente o inconscientemente, has caído en la trampa emocional de valorarte en función de lo que recibes. La dependencia emocional suele ser grande en estos casos. Pones tu autoestima en riesgo cada vez que la atención que interpretas de los demás resulta en “saldo negativo”. Es más, conviertes en lista de requerimientos certeros lo que tú consideras que debe ser una relación. Creas una relación basada en ciertas obligaciones que se necesitan cumplir recíprocamente.

Se te olvida algo. Tú eliges que inversión haces en cada relación. Eres tú, quién define lo que te hace feliz dar en cada relación. Si quieres dar más, hazlo. Si quieres dar menos, hazlo también. Tú eres parte de la relación y también decides. Dar para esperar que el otro te de lo mismo, te crea dependencia y cierra posibilidades y aprendizaje en una relación.

Tú tienes tu propio código de conducta. La otra persona también. Descubrir que coinciden o que son complementarios será enriquecedor para cualquier tipo de relación, profesional, personal, familiar o emocional. Y por supuesto, lo que te da la otra persona no define tu valía personal. Recuerda, tu valía personal la defines tú.

Conclusión

Permanece alerta a si tu comportamiento diario te acerca a ser dependiente emocional y no te das cuenta. Recuerda que: 

  • La inmediatez exigida en las relaciones de hoy en día te impide aprender a gestionar la incertidumbre.
  • Tener miedo al rechazo y dar rodeos en tus conversaciones no te ayudará. Tienes derecho a preguntar y a pedir. También tienes la responsabilidad de asumir las respuestas de los demás.
  • Acepta un NO por respuesta. No pasa nada. No significa más que un NO.
  • Da a tus preferencias e intereses el mismo nivel de importancia que a las preferencias de los demás. Aprende a negociar y a enriquecerte. 
  • Aprende a gestionar tus propias emociones sin hacer responsable a los demás de cómo te sientes.
  • El miedo es mal amigo de la autonomía emocional. Aprende a que tu miedo sea útil para ti.
  • Cada uno actúa de una forma y eso no implica que nos valore menos. Compararlo con cómo tu actuarías mantendrá tu ansiedad y tu dependencia.

Una divertida reflexión sobre la dependencia en la era digital

¿Te has sentido identificado con alguno de estos comportamientos?
¿Cuándo vas a decidir dejar de ser dependiente emocional y ser más libre?
Elige un cambio que puedas realizar para sentirte más libre emocionalmente

Y si te apetece y puede ayudarte...

Cómo superar la ansiedad de los pensamientos obsesivos

Cómo superar la ansiedad de los pensamientos obsesivos, es uno de los grandes retos de algunas personas. Si tienes pensamientos obsesivos habrás experimentado la característica esencial de este problema psicológico, crean muchísima ansiedad. En estos casos, como consecuencia, la personas cada vez experimentan mayor ansiedad en un número mayor de situaciones afectando a su desempeño en la vida diaria. Se puede ver afectada tanto la vida familiar, social, laboral y por supuesto, la relación consigo mismo.

Es importante que este problema sea diagnosticado y tratado por profesionales de psicología y psiquiatría en caso necesario. Ahora bien, sin necesidad de obsesionarnos también si tenemos este problema o no, de momento hoy centraremos la atención, en comprender qué es y por qué ocurre. 

De hecho podemos encontrar muchas personas que sin llegar a un nivel de diagnóstico de TOC (trastorno obsesivo-compulsivo) experimentan en determinadas ocasiones o áreas de su vida estos pensamientos obsesivos, acompañados o no de las compulsiones.

¿Qué diferencia hay entre obsesión y compulsión?

¿Qué son las obsesiones?

Pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes que se experimentan como intrusivos y no deseados. A menudo la persona no quiere pensar en ello, pero le es realmente difícil controlar estos pensamientos o imágenes recurrentes e intrusivas.

Las obsesiones consumen tiempo y energía e interfieren con las rutinas diarias de la vida en las relaciones personales. Suelen causar una preocupación excesiva y ansiedad.

¿Qué son las compulsiones?

Conductas repetitivas o actos mentales que una persona se siente impulsada a realizar en respuesta a una obsesión o de acuerdo a unas reglas que deben aplicarse rígidamente. Estas conductas repetitivas se realizan para prevenir la preocupación o ansiedad generada por la obsesión. Suelen ir acompañadas de un “componente mágico” que proporciona a la persona una cierta garantía (falsa aunque no lo parezca) de que lo que teme no ocurrirá. 

Por ejemplo, un pensamiento obsesivo en situaciones traumáticas por maltrato puede ser “si me comporto perfectamente como me piden no me pegarán”. En este tipo de pensamiento a persona cree verdaderamente que cuidando hasta la perfección su comportamiento prevendrá un posible castigo. Así se esforzará constantemente y de manera obsesiva en comportarse de manera correcta. Es más, aprenderá que cualquier emoción, pensamiento o actuación fuera de las reglas que aprendió es negativo, perjudicial y digno de ser castigado.

Cómo superar la ansiedad de los pensamientos obsesivos

En realidad todas las personas se ven invadidas en alguna ocasión por pensamientos intrusivos y obsesivos. Todos hemos comprobado a veces si hemos cerrado con llave la puerta de casa o del coche. Y sentimos un poco de intranquilidad al no acordarnos de si lo hemos hecho. Ahora bien, seguro que en alguna ocasión, has asumido, que “bueno, si no he dado la vuelta a la llave de casa, no pasa nada, tampoco tardo tanto en volver”. 

La diferencia con las personas que sufren realmente el impacto de la obsesión-compulsión, es que estas personas no pueden seguir con su vida, sino lo comprueban varias veces, o sino realizan los rituales que les salvarán de la ansiedad o del castigo. La ansiedad es tal, que paraliza todas las actividades de su vida diaria hasta que consiguen realizar algún ritual que les garantice un poco de calma.

Todas las personas tienen temas que les preocupan pero por lo general dedican un tiempo determinado no muy largo a pensar en ello y buscar soluciones. Por lo general, lo resuelven pronto. Ahora, el problema está cuando la preocupación es excesiva, ocupa la mayor parte del día, puede que lleve semanas o años con la misma preocupación o temor, causando un gran nivel de ansiedad que le impide afrontar la situación o pensamiento temido.

De hecho cuando las obsesiones y compulsiones ocupan mucho tiempo y energía de tu día a día, aquí, es cuando es importante que decidas aprender nuevos recursos psicológicos para que puedas llevar una vida más satisfactoria y con menos sufrimiento. 

Algunos ejemplos de obsesiones

Para aprender a cómo superar la ansiedad de los pensamientos obsesivos primero identifica qué te ocurre:

  • Obsesiones de contaminación. Miedo excesivo o gran ansiedad y preocupación alta en la evitación de situaciones como: suciedad, productos químicos de limpieza, contaminantes atmosféricos, insectos, y enfermedades como el SIDA, hepatitis, herpes u otras enfermedades sexuales.
  • Acumular, guardar y coleccionar. Preocupación excesiva de no tirar cosas, aunque sean inútiles. 
  • Obsesiones sobre el orden. Preocupación excesiva con el orden, la simetría, la exactitud, la escritura perfecta, el orden de papeles, libros y cualquier cosa que pueda organizarse de manera perfecta.
  • Escrupulosidad, normas y religión. Preocupación excesiva sobre el hecho de tener pensamientos  y actuaciones siempre acordes con la religión, con las normas, y con rezar adecuadamente.
  • Obsesiones sobre la propia imagen. Preocupación excesiva sobre cualquier defecto que anule la bondad o belleza del resto de la imagen corporal. Incluso sobre la posibilidad de que otros se den cuenta de los defectos de uno mismo y generen rechazo.
  • Sobre la salud. Preocupación excesiva y pensamientos intensivos sobre la posibilidad de tener una enfermedad grave, de ser responsable de causarse a uno mismo una enfermedad grave o de no prevenirla. 
  • Obsesiones agresivas. Preocupación con miedo excesivo e irracional a perder el control y hacer daño a otros, actuar de forma impulsiva, de ser responsable de un terrible accidente, de hacer algo inconveniente o que provoque que uno mismo parezca loco.
  • Relacionadas con la sexualidad. Pensamientos no deseados e intrusivos que causan miedo o ansiedad a cerca de perder el control a nivel sexual, abusar de otros, de ser homosexual,  o de ser capaz de generar actos violentos sin darse cuenta.

Qué hacer para comprender mis pensamientos obsesivo-compulsivos

Un primer ejercicio para aprender a cómo superar la ansiedad de los pensamientos obsesivos:

  • Describe tu trayectoria con los pensamientos obsesivos y en caso de que las realices también con las compulsiones.
  • Identifica algunos de los peores síntomas que experimentas debido a estos pensamientos obsesivos.
  • Describe la progresión de estos síntomas. Cuándo aparecieron por primera vez, cómo se han mantenido y en qué situación te encuentras ahora. Identifica posibles cambios que hayan aparecido a lo largo del tiempo.
  • Analiza el impacto que han tenido los síntomas en tu vida: trabajo, carrera profesional, familia, amigos, relaciones personales, etc.
  • Piensa durante unos minutos cómo cambiaría tu vida si no te afectaran tanto, ni invirtieras tanta energía y atención a estos pensamientos intensivos y a sus posibles compulsiones. 

Comprende cuál es tu comportamiento ante estos pensamientos obsesivos

Habitualmente ante pensamientos obsesivos seguramente trates de buscar la forma de neutralizar tus miedos realizando alguna acción o teniendo algún otro pensamiento que calme la ansiedad. Los pensamientos obsesivos y los métodos (normalmente inútiles) que se utilizan para tratar de reducir la ansiedad buscan evitar también que la persona afronte sus propias emociones. Realmente las acciones o pensamientos que genera una persona para tratar de controlar esa emoción incómoda, lo que provocan es, una evitación de la situación temida.

La persona, así, aprende que con determinado ritual mental o conductual se va a sentir mejor y va a evitar el posible daño o peligro que teme. Realmente el ritual no consigue evitar nada, y se refuerza la conducta evitativa cada vez en mayor número de situaciones y pensamientos. 

Los pensamientos obsesivos e intrusivos que puede experimentar una persona al hablar en público causándole gran ansiedad, harán que evite cada vez mayor número de ocasiones en las que tenga que hablar en público. Al principio puede evitar hablar ante un auditorio o clase. Posteriormente, ya que ha aprendido que la evitación genera una “calma inmediata”, pero sus pensamientos obsesivos continuan, pasará a evitar hablar en cualquier situación que haya un número de personas que se considere elevado o al que no conozca. Si se mantiene en el tiempo, esta persona podría llegar a evitar cualquier contacto social con casi cualquier persona que no conozca o situación que provoque sus pensamientos de miedo.

Así pues, es muy importante comprender qué se hace ante situaciones que provocan los pensamientos obsesivos. 

¿Cuál es la función que cumple el ritual de conducta o de pensamiento que se pone en marcha ante el pensamiento obsesivo?

Habitualmente se pueden encontrar 4 funcionalidades de los rituales compulsivos:

  • Prevenir y restaurar. Se trata de realizar alguna acción de manera persistente cada vez que se considera que se puede prevenir o restaurar algo, un peligro, un castigo… El orden, la desinfección, la contaminación o los contagios. Lavarse las manos constantemente, limpiar frecuentemente aquello que se considera que puede estar sucio o con gérmenes, llenar la casa con medidas de seguridad ante posibles accidentes eléctricos, etc… Por supuesto, esta preocupación excesiva por evitar posibles contagios puede llevar a que una persona no se relacione normalmente con otras personas y en situaciones normales de la vida cotidiana.
  • Analizar y descifrar. Se trata de invertir un alto nivel de energía y tiempo en analizar y descifrar qué significado tiene lo que se piensa o hace. “¿Y si pensar esto significara que…?”. La persona puede tratar de descifrar obsesivamente si su comportamiento tiene algún significado negativo o peligroso hacia sí mismo o hacia los demás. La obsesión por buscar evidencias aumentarán la ansiedad y normalmente acaba por no encontrarse nunca suficientes evidencias para calmarse. Este hábito perjudicará seriamente la confianza de la persona.

Y además...

  • Controlar o paralizar las emociones que se sienten. El intento por no sentir una emoción determinada o paralizar el nivel de emoción que se puede sentir es una de las funciones que cumplen los rituales compulsivos. La realidad es que en estos casos a la persona le faltan recursos psicológicos para afrontar lo que siente. Sus intentos de controlar o paralizar la emoción que molesta y estorba, generará cada vez, en un mayor número de ocasiones, que la emoción a evitar, se dispare. Al no sentir control o tener la percepción y aprendizaje de que las emociones se pueden regular, la persona seguirá tratando de bloquear las emociones aún sabiendo con su evidencia que no puede conseguirlo. 
  • Controlar o paralizar los pensamientos. El mismo funcionamiento ocurre con los pensamientos. La persona invierte una gran cantidad de tiempo y energía en tratar de paralizar los pensamientos, lo que resulta en mayor ansiedad e intranquilidad. La falta de práctica en cuestionarse los propios pensamientos, y afrontar de forma saludable las preocupaciones, es la base de este intento fallido pero persistente por sentirse mejor. 

En qué necesitas trabajar si tus pensamientos obsesivos están afectando a tu vida diaria

Para aprender a cómo superar la ansiedad de los pensamientos obsesivos:

  • Ante todo conocer y comprender por qué se produce tu obsesión en determinadas conductas y pensamientos obsesivos.
  • Ser sincero contigo mismo a cerca del impacto que este problema puede estar causando a tu vida. 
  • Aprender formas efectivas de manejar el estrés y mejorar la relación con tus propias emociones. La Inteligencia Emocional y las Técnicas de gestión del estrés y de relajación son de gran ayuda.
  • Aprender a vivir con incertidumbre. Los pensamientos obsesivos tratan de controlar y garantizar al 100% algún tipo de tranquilidad y seguridad o de prevenir al 100% algún tipo de peligro. Recuerda que no es posible. Vivir saludablemente requiere convivir también con cierto grado de incertidumbre.
  • Evitar tratar de bloquear los pensamientos obsesivos y las emociones que lo acompañan. El objetivo es que aprendas a afrontar no que mantengas la evitación. 
  • Invertir más energía y tiempo en darle la importancia justa y adecuada a los pensamientos obsesivos. Realmente no suponen ningún peligro.
  • Conocer bien tus pensamientos obsesivos, cuál es el tema que persiste, la frecuencia, el posible origen, y el impacto que está teniendo en tu vida. 
  • Aprender a focalizar tu atención.
  • Realizar cambios en tu vida para tener una vida más saludable y con menos estrés.
  • Aprender nuevas estrategias de pensamiento y actuación cuando los síntomas aparecen.
  • Tener paciencia con tu capacidad de superación.
  • Sé amable contigo mismo. Evita más juicios negativos sobre ti mismo por estar sufriendo con tus pensamientos obsesivos.
  • Acude por favor, a un psicólogo profesional de tu confianza, que pueda ayudarte a optimizar los resultados de aprendizaje y mejora en el afrontamiento de tus pensamientos obsesivo-compulsivos.

Conclusión

Para aprender cómo superar la ansiedad de los pensamientos obsesivos:

  • Identifica y diferencia la obsesión de la compulsión.
  • Valora cuánto tiempo y energía te consumen tus pensamientos obsesivos.
  • Analiza cuánto impacto tienen en que tu vida diaria sea satisfactoria para ti.
  • Escribe y comprende tus pensamientos obsesivos y los posibles rituales compulsivos que llevas a cabo.
  • Analiza el nivel de ansiedad con el que estás viviendo.
  • Identifica si estás tratando de prevenir y restaurar constantemente algún peligro.
  • Comprueba cuánto tiempo estás dedicando a analizar y descifrar el significado de los pensamientos que te causan tanta ansiedad.
  • Permanece alerta si estás tratando con todas tus fuerzas de controlar o paralizar pensamientos y emociones incómodas.
  • Recuerda: aprender a vivir con cierto grado de incertidumbre manejando adecuadamente pensamientos y emociones es tu objetivo.
¿Hay algún tema recurrente en tus pensamientos obsesivos?
¿Qué nivel de ansiedad y malestar te causan?
¿Cómo te sentirías si consiguieras llevar una vida más saludable con tus pensamientos y emociones?

Y si te apetece y puede ayudarte...

Que aprender de ti para regular tus emociones

Aprender de ti es el recurso psicológico más importante para regular tus emociones. Las personas que no lo hacen corren un altísimo riesgo de hacerse daño a nivel de su salud emocional. También corren el riesgo de sentir que no están teniendo éxito en su vida o que son infelices. No regular tus emociones afecta a la gestión del tiempo, al desempeño y a las energías con las que afrontas tu vida diaria.

Te propongo algunas preguntas. Trata de valorarlas de 0-4. Siendo 4 la respuesta que indicará que siempre actúas así.

¿Eres capaz de frenar tu comportamiento impulsivo?
¿Eres capaz de permanecer positivo y proactivo en situaciones de prueba?
¿Afrontas las emociones estresantes, regulando el nivel asociado a esa situación?
Aunque estés en minoría, ¿eres capaz de mantener tus ideas y valores?
¿Eres capaz de manejar con humor y compasión tus malos hábitos emocionales?
¿Asumes la responsabilidad de tus decisiones y acciones y de las decisiones y acciones que no realizas?
¿Priorizas lo que es importante y urgente?
¿Permites el cambio en tus planes y aceptas cierto grado de incertidumbre?
¿Mantienes una mente abierta cuando alguien te lleva la contraria?

Qué aprender de ti para regular tus emociones

Cuando te enganchas a tus emociones

Cuando se tiene dificultad en regular las propias emociones, habitualmente uno se encuentra “enganchado” a una emoción incómoda, a un pensamiento o a un comportamiento. Este “enganche” normalmente incluye algún tipo de conflicto al que constantemente uno presta atención y energías. Seguramente habrás notado, que generas como un diálogo interno que te es difícil parar. Un diálogo interno que te permite “contarte una historia” sobre lo que te ocurre. El problema es que esta historia, no suele tener final y empieza una y otra vez en tu cabeza. 

Esta estrategia de “pensar lo que nos ocurre” realmente es una buena estrategia. Te ayuda a organizar tus experiencias y a mantener tu salud emocional. Ahora bien, cuando aceptas este diálogo repetitivo como verdad absoluta sin cuestionarlo y tomar decisiones, realmente, ya no te ayuda. En ese momento, un sinfín de evaluaciones y juicios, muchos negativos dejan de ser neutrales y rara vez aportan calma. Es en ese momento, en el que te “enganchas” a tu voz interior negativa, obsesiva y destructiva hacia ti mismo o hacia los demás. Es como si fuera una adicción, cuando más escuchas esa voz interior, más la necesitas. Pero sigue sin hacerte sentir bien.

Diálogos internos adictivos

  • No soy suficientemente bueno. ¿Por qué no consigo lo que consiguen otros?
  • Mi vida es un desastre y un fracaso.
  • ¿Por qué me cuesta más que a otros hacer esto? Si fuera más inteligente como … lo haría más rápido.
  • No me gustan los cambios. No van a salir bien. Ya están bien las cosas como están.
  • Me van a despedir… Me va a dejar… Me va a odiar… Ya no voy a gustar…
  • Los demás tienen mejores vidas que yo. Soy un perdedor.

¿Te sientes identificado con alguno de estos “diálogos internos adictivos?

Esta forma adictiva de pensar genera a su vez emociones muy negativas que provocan a su vez más diálogos internos como estos. Con lo que estás creando una espiral genial que se retroalimenta por sí sola. Y en este caso, es muy difícil que puedas recuperarte y regular tus emociones. De hecho todas tus actuaciones y decisiones estarán guiadas por esta espiral y como habrás comprobado aumentará tu malestar.

¿Cómo un pensamiento se convierte en un “diálogo adictivo”?

DIÁLOGO INTERNO + PENSAMIENTO COMBINADO EN TECNICOLOR + EMOCIÓN CATASTROFISTA

DIÁLOGO INTERNO. Comienza cuando escuchas a tu voz interior que te juzga sin límites de manera extrema y totalitaria.

PENSAMIENTO COMBINADO EN TECNICOLOR. Para confirmar tu diálogo interno, tu Sistema Nervioso Simpático, que ya te ha estresado, busca recuerdos anteriores. Vienen a tu cabeza toda clase de imágenes negativas del pasado y del futuro, anticipando lo peor que puede ocurrir.

EMOCIÓN CATASTROFISTA. Verbalizas todas las emociones más negativas sobre ti mismo: culpabilidad, miedo extremo, fracaso, etc…

¿Cómo puedo empezar a dejar estos pensamientos obsesivos y adictivos?

El psicólogo Daniel Kahneman describió que la mente humana trabaja bajo dos sistemas operativos básicos. El SISTEMA 1, en el que los pensamientos son rápidos, automáticos, asociativos implícitos. Este tipo de pensamientos no suelen ser accesibles a la introspección. Es decir, a tu capacidad de reflexión. Tienen una gran peso emocional y son resultados de tus “enganches”. 

El SISTEMA 2,  en el que los pensamientos  ocurren con mayor calma y deliberación. Son más flexibles y te permiten decidir de forma más coherente. En este modo de pensamiento ganas agilidad emocional. Ganas capacidad para regular tus emociones. Desde este modo operativo mental,  es más fácil ver la realidad tal como es, no como esperas o temes verla. Aprendes a ser más consciente de todo en vez de estar limitado por los pensamientos y emociones automáticas que te mantienen “enganchado”.

Desde el modo de trabajo que potencia la regulación emocional vas a ser más capaz de actuar y tomar decisiones acordes a tus valores y prioridades. Es entonces cuando puedes sentir que estás protagonizando tu vida y tus emociones.

De normal, ¿con qué modo actúas con el 1 o con el 2?. ¿Eres capaz de buscar momentos para potenciar el SISTEMA 2?.

La capacidad para regular tus emociones implica ser consciente de tus emociones y aceptarlas aunque sean difíciles. Incluso para aprende de ellas. La Inteligencia Emocional es el hábito de frecuentemente buscar espacios y tiempos para pensar  sentir con el SISTEMA 2. Ser más ágil emocionalmente te permite responder de manera más constructiva y adecuada a la situación desde tus propios valores y prioridades. 

¿Embotellas o incubas tus emociones?

Embotellar las emociones

Susan David, psicóloga en la facultad de Harvard Medical School, apunta una clasificación muy realista y amena de cómo se suelen afrontar las emociones. Susan identifica personas que “embotellan” sus emociones y personas que “incuban” sus emociones. 

¿Qué hacen las personas que “embotellan” sus emociones? (piensa si quieres cuántos de estos comportamientos son habituales en ti)

COMPORTAMIENTO

¿ES HABITUAL?

Sueles ignorar tus sentimientos de frustración o enfado y te centras en otras cosas.

 

Le quitas importancia a tu frustración, diciéndote que ha sido un al día, una mala situación, conversación , etc. 

 

Ante emociones difíciles o incómodas, tratas de distraerte con amigos, algo de alcohol, alguna actividad que te genere mucha adrenalina, etc. 

 

Los “embotelladores” tratan de “desengancharse” de sus emociones dejándolas a un lado y tratando de seguir con otras actividades de su vida. El motivo suele ser que no son capaces de afrontar estas emociones difíciles con lo que se distraen de lo que sienten. O incluso, tienden a creer que sentir lo que sienten es algo que “no deben sentir” o que es un signo de debilidad. 

¿Eres o conoces a alguien que bloquee sus emociones?

Estas personas operan a nivel emocional tratando de racionalizar o bloquear prácticamente todas sus emociones en el trabajo, o en el ámbito personal. Es lo que yo llamo, en muchas ocasiones, estar en estado de “anestesia emocional”. No lo siento, no hay ningún problema entonces. 

Siendo que a veces, en situaciones de urgencia a nivel emocional esta estrategia puede ayudarte. Cuando alguien tiene un accidente por ejemplo, hay personas que tienden a bloquear el susto y miedo inicial, para ser resolutivos en la situación (llamar a la ambulancia, atender a otros, etc). Posteriormente se permiten sentir el estrés y el miedo que causó esta situación grave. El problema es que si ésta es tu estrategia única a nivel emocional, ahí ya empieza a ser nada ágil emocionalmente. 

Ignorar habitualmente las emociones no soluciona el origen de la emoción difícil o estresante. Y es muy probable que tengas que empezar de nuevo. Tratando de “embotellar o anestesiar” de nuevo tus emociones de frustración, miedo, enfado, etc… Otro aspecto importante es que las investigaciones en inteligencia emocional demuestran que tratar de ignorar las emociones estresante, lejos de anularlas las multiplican. Con lo que tus energías serán inútiles y te agotarás tratando de “embotellar” lo que sientes. 

Incubar las emociones

¿Qué hacen las personas que “incuban” sus emociones? (marca si quieres cuántos de estos comportamientos son habituales en ti)

COMPORTAMIENTO

¿ES HABITUAL?

Te castigas días enteros o incluso semanas (pensando una y otra vez) por algo que consideras que no has hecho buen y te evalúas como el peor padre, profesional, amigo, etc…

 

Inviertes mucho tiempo en pensar lo que querrías decirle a alguien pero no lo haces y sigues pensando.

 

Le dedicas mucho tiempo a pensar cómo podría haber sido diferente si hubieras…

 

Los “incubadores” viven constantemente con el calor asfixiante que les proporciona sus pensamientos obsesivos y temen constantemente un peligro o ansiedad imaginada. Pierden las perspectiva y sea ahogan emocionalmente. Cuando se “incuban” las emociones se pierde la fuerza necesaria y se afrontan cada vez menos situaciones estresantes o incómodas. Con lo que cuando utilizas habitualmente esta estrategia puedes sentirte cada vez menos capaz de hacer cosas. Te cuestionas por qué si que antes conseguías tus metas o te sentías mejor y ahora no. Las emociones son cada vez más intensas pero son devastadoras y agotan emocionalmente. 

Cuando rumiar no te ayuda emocionalmente

Rumiar constantemente las emociones y pensamientos asociados proporcional una falsa sensación de estar ocupándote de lo que te ocurre. Pero realmente, lo único que estás haciendo es hundiéndote en la culpabilidad y el malestar. Si además, habitualmente hablas de este malestar y diálogo interno a todas horas y con las personas más cercanas, esto no te ayuda. Realmente, estás alimentando el Sistema Nervioso Simpático que te mantiene en constante estado de alerta, estrés, enfado o tristeza.

Cómo conclusión, ninguna de estas estrategias emocionales, “embotellar o incubar” te va a ayudar a regular tus emociones. Lo primero es darse cuenta de qué estrategias estás utilizando que no te ayudarán. Después aprende a poner en marcha el SISTEMA 2 de pensamiento. En él encontrarás desde la calma, otras cuestiones, otra realidad más constructiva y una percepción más sana de ti mismo.

Cómo aprovecharse de forma sana de las emociones difíciles

Seguro que ya lo has podido comprobar, huir o hundirse en las emociones negativas no es nada útil para regular lo que sientes. Ahora bien, recuerda desde el SISTEMA 2 de pensamiento, que era más calmado y menos automático, podrás aprender que un nivel regulado y adecuado de emociones negativas:

  • Te ayuda a crear mejores argumentos y diálogos internos, más tangibles y concretos. Puede ser más fácil para ti evitar juicios extremistas sobre ti o sobre los demás.
  • Aumenta la capacidad de memorización. 
  • Potencia la constancia.
  • Te ayuda a prestar mayor atención y a ser más prudente. 
  • Aumenta tu generosidad, prestarás más atención a las injusticias.
  • Estarás más abierto a posiciones y conversaciones diferentes a tus opiniones.

Es decir,  para que lo veas al contrario. Cuando estamos eufóricos, estos beneficios raramente se producen. Si “embotellamos o incubamos” las emociones también nos perdemos estas capacidades.

Conclusión

Aprender de ti para regular tus emociones implica:

  • Identificar los hábitos poco inteligentes emocionalmente hablando.
  • Reconocer si te enganchas con frecuencia a determinadas emociones y pensamientos.
  • Descubrir tus diálogos internos más adictivos
  • Practicar la reflexión desde la calma para regular tus emociones.
  • Recordar que bloquear tus emociones o regodearte en ellas, no te ayudará.
  • Descubrir y disfrutar de los beneficios que te puede reportar un nivel adecuado de emoción negativa.
¿Habitualmente cómo es tu nivel de regulación emocional?
¿Qué estrategias no te están ayudando a sentirte mejor?
¿Por dónde empezarás a aprender de ti para regular tus emociones?

Y si te apetece y puede ayudarte...

9 consejos para sentirse bien con uno mismo

9 consejos para sentirse bien con uno mismo. ¿Cuál recomendarías tú?. Seguro que si revisas en tu trayectoria personal, identificarás algo que te ha servido mucho en tu vida. Seguro que conseguiste sentirte bien contigo mismo. ¿Qué fue lo que te hizo sentirte mejor en los momentos más difíciles?.

Hoy te propongo repasar 9 consejos de manera breve y sencilla. Si quieres profundizar, fenomenal, puedes hacerlo en los artículos que acompañan a cada idea.

No hay recetas infalibles para todo el mundo. Pero quizá, vale la pena, tomarse unos minutos para reflexionar. Incluso para pensar en los consejos que tu darías. Si tu mejor amigo necesitara un consejo valioso ¿cuál le darías?. ¿Cuál sería ese mensaje esencial que le prestarías?.

Y ahora, dale la vuelta y mira hacia a ti. ¿Sigue ese consejo presente en tu vida?. ¿Cuánto tiempo hace que no pensabas en ese mensaje esencial para tu vida?.

Te animo si quieres a que en el apartado de comentarios nos dejes tu propio consejo. De lo que quieras. Cualquier idea para sentirse bien con uno mismo, siempre es de agradecer, ¿te animas?.

Ahora revisemos el extracto que te propongo para hoy. 🙂

9 consejos para sentirse bien con uno mismo

Qué hacer cuando sientes vergüenza

Cómo superar el perfeccionismo

Cómo descansar tu mente

Qué hacer ante una crisis personal

Cómo encontrarse a uno mismo

Cómo activar tu resiliencia

Supera el estrés, siendo proactivo

Cómo conseguir resultados

Cómo recuperar tu motivación

Conclusión

Tomas las riendas de tu bienestar emocional. Siéntete bien contigo mismo y reactívate. Lleva contigo siempre ideas sencillas para:

  • Superar la vergüenza.
  • Mejorar tu nivel de perfeccionismo.
  • Darte permiso para descansar tu mente.
  • Evitar que llegues a momentos de crisis personal.
  • Encontrarse a uno mismo.
  • Activar tu resiliencia.
  • Ser proactivo y superar el estrés.
  • Conseguir resultados.
  • Revolucionar tu motivación.
¿Qué consejo estaría bien que recordaras esta semana?
¿Cómo puedes ponerlo en marcha?
Visualiza qué ganarías y cómo te sentirías

Y si te apetece y puede ayudarte...

6 habilidades que te ayudarán a vivir mejor

Entender por qué las habilidades de ayudarán a vivir mejor, es crucial para tu bienestar emocional. Todos los días lo compruebo con las personas que vienen a consulta. Vienen con un mar de intranquilidad o inquietud porque existen situaciones o relaciones que no están llevando de la mejor forma. Lo sienten en su día a día, les agota y les impide llevar una vida en la que se sientan satisfechos consigo mismos.

Da igual si el reto es personal o profesional. La cuestión central es que necesitan desarrollar una serie de habilidades que les proporcionen los recursos necesarios para desenvolverse mejor. Sea que hablemos de relaciones personales, sociales o familiares. Incluso también fomentar mejores recursos psicológicos que les faciliten en cuidarse a ellos mismos. 

Cuando la persona que acude a consulta viene con un reto personal o profesional, consigue llevarse muchos recursos. Entre ellos: mayor satisfacción personal, herramientas para afrontar nuevas situaciones, recursos mentales y emocionales para vivir mejor, y una flexibilidad cognitiva mucho mayor.

6 habilidades que te ayudarán a vivir mejor

Autoestima

Desarrollar el hábito de cuidar nuestra autoestima es esencial, es una condición imprescindible para sobrevivir psicológicamente hablando. La autoestima es una de las características que nos diferencia como seres humanos. Las personas tenemos la habilidad de formar una identidad a la que asignemos un valor. Esta característica nos permite definir quiénes somos y tomar decisiones en base a ello. 

Cuando rechazas y juzgas parte o la totalidad de tu identidad, dañas las estructuras psicológicas que literalmente te permiten sobrevivir psicológicamente. 

Desarrollar y cuidar los cimientos de nuestra identidad personal significa aprender a:

  • Realizar una valoración precisa de tus fortalezas y oportunidades de mejora.
  • Identificar y mejorar ciertas estructuras cognitivas fomentadas por las emociones que se activan en el SNS que favorecen el daño a la autoestima.
  • Desarrolla la capacidad de compasión a uno mismo y a los demás.
  • Diferenciar las normas de los valores. Estos últimos fortalecen tu identidad personal y te proporcionan las directrices que facilitan sentir que actúas con coherencia en tu vida.
  • Afrontar de manera saludable los errores, mejorando la forma en que te relacionas con ellos.
  • Reaccionar de manera emocionalmente inteligente a las críticas sin perder el valor de tu identidad.
  • Crear el hábito de gestionar tus retos y conseguirlos para aumentar tu autoestima.
  • No evitar el dolor y saber afrontarlo de forma saludable.
  • Relacionarte con los demás al mismo nivel.

Compasión

Una habilidad estrechamente relacionada con la autoestima es la compasión. Cuando muestras compasión por ti mismo te comprendes y aceptas. Si cometes un error, te perdonas. Cuando eres compasivo contigo mismo estableces expectativas razonables sobre ti mismo y te propones metas conseguibles y retadoras. En general, la compasión te permite valorarte como una persona esencialmente buena ¿Cómo vas de compasión?.

Cuando la compasión te acompaña en tu vida diaria eres capaz de descubrir ante los demás el mejor valor que tienes en cada situación. Además, tu diálogo interno te cuida del daño excesivo o de la autocrítica más destructiva.

La compasión por uno mismo favorece la intención de conocerte sin juzgarte, de aceptar y comprender tus emociones, tus decisiones y tus actuaciones. Lo mismo ocurre cuando aplicamos la compasión a los demás. Es un hábito intencional de  comprender y cuidar en base a esa comprensión. La compasión requiere hacia uno mismo o hacia los demás de:

  • Aceptación sin juicios
  • Perdón
  • Conocimiento de necesidades
  • Identificación de creencias
  • Descubrimiento de emociones
  • Afirmación del valor de uno mismo
  • Empatía
  • Escucha activa
  • Cuidado
  • Tolerancia al estrés
  • Sensibilidad
  • Simpatía

Inteligencia Emocional

La inteligencia emocional es la capacidad de gestionar (regular, no controlar) las emociones propias y de los demás de manera que se pueda encontrar una emoción más adecuada a la vivencia que estás experimentando.

Es fundamental el reconocimiento e identificación de la emoción que se está experimentando y comprender las razones de esa emoción. Sea que esta emoción la estemos experimentando en primera persona o la sientan las personas con las que vives esa situación. La aceptación y comprensión de las emociones te permitirá calmar la intensidad con la que estás viviendo. Desde ahí, el paso hacia su gestión o regulación es más fácil. 

Acompañando a la identificación está el saber expresar esa emoción a ti mismo o hacia los demás. En multitud de ocasiones me encuentro con clientes que llevan años acumulando de forma oculta para los demás ciertas emociones muy intensas y dolorosas. Este hábito dañino sólo hace que alimentar la emoción dolorosa y les impide comprenderla desde la calma o desde otros puntos de vista.

Emociones como el dolor, la rabia, el odio, la ira, la tristeza pueden acumularse en tu interior impidiéndote vivir con mayor satisfacción personal. 

Tanto en el ámbito personal como en el profesional necesitas de la inteligencia emocional para vivir y trabajar con la mejor emoción. Incluso, para liderar, enseñar o relacionarte con los demás provocando las mejores emociones.

Para crear relaciones resonantes (energía positiva que se contagia provocando colaboración y compromiso) necesitas primero aprender a regular tus emociones para afrontar lo mejor posible las situaciones de tensión o incertidumbre. Después cuando ya manejes tu capacidad para regular tus emociones puedes pasar a ayudar a otros. 

Las técnicas de inteligencia emocional te permitirán tener un enfoque mental mucho más saludable e inteligente, emocionalmente hablando, para afrontar lo que necesites. La práctica consciente, deliberada y planificada te facilitará desarrollar este hábito para que ya te acompañe siempre en tu vida personal, familiar, social o laboral. 

Flexibilidad Cognitiva

La flexibilidad cognitiva te ayudará a ampliar tu capacidad mental de forma que evites quedarte atrapado en enfoques rígidos, negativos o “tramposos”. En muchas ocasiones las personas acuden atrapadas en una espiral mental de la que es difícil salir sin los recursos necesarios. A menudo, esta espiral mental que afecta a las emociones viene formada por cierta tendencia a:

  • La realización de predicciones negativas sobre el futuro.
  • Subestimar las habilidades propias para afrontar situaciones difíciles.
  • Asumir culpas o atribuciones negativas.
  • Pensar en términos de “debo, tengo que, debería…”

Este tipo de enfoques mentales contribuyen a que sientas mayor ansiedad, tristeza, enfado, vergüenza, y culpa. De hecho determinados enfoques vitales alimentan constantemente este malestar convirtiendo posiblemente el mundo en que vives en un lugar muy difícil. Acostumbras posiblemente a definir el mundo en función de cómo te sientes. Así, pierdes la oportunidad de que tú, con otros capacidades como la flexibilidad cognitiva puedes verte a ti, y al mundo de una manera mucho más realista y calmada. 

La flexibilidad cognitiva, te ayuda a:

  • Tener una mejor consciencia de la imagen completa de la situación.
  • Valorar “las dos caras de la moneda”.
  • Entender el propósito de tus enfoques negativos.
  • Encontrar explicaciones alternativas que no habías valorado anteriormente.
  • Analizar la situación desde otras perspectivas.
  • Vivir desde la elección y no desde las normas.

Inteligencia Conversacional

Las conversaciones tienen un impacto mayor de lo que habitualmente eres consciente. Además, incluyen más dimensiones que las que aparentemente ves de “preguntar y responder”. Algo esencial que a veces das por supuesto, es que las conversaciones generan emociones. Así de sencillo, hay conversaciones que te hacen sentir bien, o por el contrario, te hacen sentir muy mal. 

Tienes una red neuronal en tu cerebro preparada para identificar si la conversación que estás manteniendo en ese momento es una amenaza para ti o bien, es una conversación “amiga”. Así, las conversaciones impulsan múltiples conexiones neuronales que influyen en cómo te sitúas frente a tu interlocutor y cómo respondes. Incluso, cómo quieres abordar esa conversación. 

Entrenar tu corteza prefrontal te permitirá disfrutar de mejores conversaciones. A todos los niveles, familiar, social o laboral. Ya son muchas las personas que bien a nivel particular o para un enfoque más profesional (líderes, profesores…) están aprendiendo esta habilidad. 

Una mala conversación genera desconfianza, crea actitudes de defensa y ataque, y aumenta las distancias y las diferencias entre las personas.

¿Cómo impactan tus conversaciones?

Cómo extracto, podemos resumir que existen tres tipos de conversaciones:

  • Protectoras: en las que los interlocutores simplemente dicen y preguntan, se dan consejos y se pone el foco en una sola estrategia. Este tipo de conversación genera desconfianza y actitudes defensivas. Se favorece la activación de la amígdala que dispara todas las hormonas encargadas de potenciar el estado de alerta.
  • Consenso: los interlocutores se centran en realizar un intercambio de poder. Se pregunta para ver si se acepta o rechaza al otro. Se investiga para ver de que forma se puede expandir el poder o la influencia. 
  • Descubrimiento: en este tipo de conversación se intercambia energía y se pregunta con la intención de descubrir conjuntamente. Se explora la perspectiva del otro para unir y transformar la realidad. Se escucha para conectar, siendo el tipo de conversación que más confianza genera ya que opera desde la corteza prefrontal. El éxito de la conversación es compartido. Se utilizan preguntas para descubrir no para obtener la respuesta que queremos desde nuestra posición. 

¿Y tú en que nivel conversacional te mueves?.

Toma de decisiones

¿Qué tal vas con esa decisión pendiente?. ¿Cuánto tiempo y energía estás invirtiendo?. La capacidad, el entrenamiento y el hábito de tomar decisiones puede ser una fuente de total bienestar o gran estrés. Sea que tu decisión sea cambiar de trabajo, mejorar tu actitud, reorientar tu vida, o elegir entre diversas actuaciones personales, es importante que te entrenes.

La habilidad para tomar decisiones no depende tanto de que tomes la decisión correcta. Sino más bien, de qué seas consciente de qué te hará sentir mejor y te permitirá ser más coherente con tus prioridades e identidad personal. A muchas personas le causa un estrés tremendo tener que tomar decisiones. A menudo entran en días, semanas o meses en las que andan en espiral valorando qué opciones tienen más o menos ventajas para ellos. O incluso tratando de averiguar qué decisión es la más correcta. He aquí, una de las primeras trampas. Las decisiones son correctas según desde dónde lo valoremos. Con lo que arriesgarnos a identificar y darle valor a los criterios propios es la clave.

Es más fácil tomar decisiones desde el autoconocimiento y la identidad personal. En vez de tratar de sobreanalizar las opciones a tomar. 

Algunas ayudas para tomar decisiones

Como ayuda nos puede servir en general:

  • Limitar la información con la que vas a contar. En ocasiones seguro que tratas de hacerte con el máximo número de datos posibles en relación a las opciones que tienes. La realidad es que si revisas decisiones pasadas con las que estás satisfecho, solo un número limitado de información es la que te hizo decantarte por una opción u otra.
  • Asigna un plazo máximo para tomar esa decisión.
  • Recuerda que tu satisfacción con la decisión que tomes es lo importante, no lo que piensen otros. Puedes tenerlo en cuenta y valorarlo, pero al final las ventajas e inconvenientes las vas a asumir tú.
  • Prepárate para asumir las consecuencias de tu decisión. Cada decisión tiene sus consecuencias. ¿Qué estás dispuesto a asumir?
  • Confía en lo que te dice tu intuición. No sólo la que sientes en el estómago sino la que está basada en tu experiencia.
  • Revisa qué tipo de energía y cuánta estás dispuesto a poner en esta toma de decisión y en la opción que finalmente elijas. No serías el primero, que realmente valora que al final, esa decisión que tenía pendiente, realmente es algo que no le interesa realmente. Con lo que ¿para qué preocuparse?. 

Conclusión

Recuerda invertir en el aprendizaje de las habilidades que más impacto están teniendo en el bienestar emocional de las personas y como consecuencia en sus relaciones:

  • Autoestima
  • Compasión
  • Inteligencia Emocional
  • Flexibilidad Cognitiva
  • Inteligencia Conversacional
  • Toma de decisiones

El aprendizaje de habilidades personales te ayudará a:

  • Conocerte a ti mismo
  • Relacionarte contigo mismo desde la calma
  • Interactuar con los demás de manera más saludable
  • Regular tus emociones
  • Disfrutar más de la toma de decisiones
¿Qué necesitas para vivir mejor contigo mismo?
¿Cuál de las 6 habilidades sería un buen reto para empezar?
¿Cómo te sentirías si consiguieras desarrollar mejor esa habilidad?

Y si te apetece y puede ayudarte...

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