Parece que no, pero las emociones de los primeros 15 días del año, pueden darnos grandes pistas a cerca de las prioridades de reflexión en los próximos meses. ¿Cómo te ha ido a ti? ¿Estás prestando atención consciente a lo que pasa a tu alrededor y a cómo te afecta? ¿Estás haciendo tu análisis?

He tenido oportunidad de intercambiar reflexiones con una veintena de personas, ultimamente. Esto es lo que me he encontrado:

¡Me voy!

Expresión intensa de cambio que me sigue dejando admirada y preocupada a la vez. Admirada, porque sé lo que cuesta esa decisión. Preocupada porque el entorno de dónde una persona decide irse, posiblemente haya dejado escapar un activo valioso que no ha podido o sabido fidelizar. Sí, estamos hablando incluso en este momento, de profesionales que habiendo llegado a su punto máximo de agotamiento emocional, deciden irse. Posiblemente de la empresa que les ha visto crecer como profesionales. La edad media suele ser de unos 40-50 años, tanto hombres como mujeres. Ellos han tenido una conversación consigo mismos y con su entorno personal, y han decidido que el resto de vida que tienen por delante quieren vivirlo de forma diferente.

Es curioso además como aproximadamente la mitad de las personas con las que he tenido estas conversaciones, están pensado seriamente en cambiar totalmente de rumbo profesional. «No quiero seguir haciendo lo mismo, me lo imagino y me deprimo». Los hay también, que están muy satisfechos con su perfil profesional y aman su profesión. Y lo único que buscan es un proyecto y entorno diferente. Un proyecto, que de nuevo les ilusione, y les permita desarrollar todavía más su potencial.

En ambos casos, ¡mi más sincera enhorabuena por decisión tan valiente!. En ambos casos, impulsados además por la energía emocional que provocan las decisiones, están aprovechando ayudas externas. Bien que les proporciona la empresa de la que salen, a través de procesos de outplacement,  o bien las buscan voluntariamente. En este caso, han detectado algo a lo que no están acostumbrados. Este nuevo hábito por desarrollar es común en las personas en este momento vital:  «no estoy acostumbrado a escucharme ni a pararme a pensar qué quiero, ni te sabría decir ahora mismo qué me haría feliz, sé que no quiero lo que tenía, pero no sé cómo llegar a lo que quiero».

¡No quiero seguir así con mi equipo, ni conmigo mismo!

Decía así un responsable de equipo en su empresa. Y es que fuera de seguir luchando, y discutiendo, y enfadándose, se ha parado a pensar que en su equipo pasa algo. Piensa que su forma de liderar, no está encontrando la fórmula para sacar el máximo potencial de los miembros de su equipo. Concretamente este líder ha detectado que el equipo:

  • invierte muchas energías en la queja y en la crítica hacia los demás
  • no se sienten equipo
  • están más preocupados por ver quién hace de menos o de más, en vez de colaborar internamente
  • la coordinación con otros departamentos de la empresa es una lucha continua agotadora
  • hay un ambiente negativo
  • estas interacciones poco constructivas están impactando en los resultados
  • el propio líder ha sufrido agotamiento emocional en el último año

Pero, nuevamente, la decisión voluntaria de cambiar las nuevas experiencias de los próximos meses, y el paso de empezar por sí mismo a desarrollar nuevas formas de liderar, le va a permitir reflexionar sobre sus actuaciones hasta el momento, descubrirse como líder,  y establecer un plan de acción para el cambio suyo y de su equipo. ¡Fenomenal!

¿Tengo derecho a protegerme entonces?

Cuando alguien te habla así, después de algunas reflexiones que le haces sobre sí mismo, sabes que ha estado sufriendo mucho, y que ha puesto sus prioridades y necesidades emocionales por debajo, muy por debajo, de las de los demás.

Aproximadamente igual eran las expresiones de otras personas que han estado viviendo una situación emocional «poco sana, pero aparentemente feliz» y no se han dado cuenta del coste, hasta que han experimentado y han hecho balance, de que la relación personal o de amistad que mantenían con la otra persona no era «justa emocionalmente», digámoslo así, para ellos.

Y es que a veces surge lo que yo he llamado últimamente, una «simbiosis emocional peligrosa». Esta «simbiosis» se da cuando dos personas  se «utilizan emocionalmente» pero no les une nada más  o no han trabajado en compartir ilusiones, valores, o futuro. Ambas partes aprovechan lo que el otro les da emocionalmente porque no lo obtienen de sí mismos o de su entorno habitual. Durante un tiempo funciona.

El problema es que se acaba asumiendo un rol del que en esa etapa temporal es difícil escapar:
  • Son hijas que han asumido un papel protector con la madre (potenciado por ambas). También tienen, por supuesto el rol de hija pero no pueden activarlo. Sufren, porque siempre están ahí para la otra persona, y cuando necesitan cambiar el rol, no hay nadie que esté allí para ellas. Así que, la relación ya no es la misma. Realmente la madre «utiliza» de paño de lágrimas y preocupaciones a su hija, y ésta asumió este papel porque era una fuente positiva para su autoestima. La relación acaba no siendo recíproca y hay alguien que da más o a un coste emocional más alto y entonces surge el sufrimiento.
  • Son personas con problemas en su matrimonio que «parece» que encuentran otra persona con la que tienen mayor sintonía, pero que sólo han creado una relación en la que se dan lo que no tienen habitualmente, y a la hora de la verdad, únicamente se han «aprovechado emocionalmente el uno del otro». Comienzan en algún punto a darse cuenta que «esto» que han creado no tiene el mismo significado para ambos, que uno ha dado más o con más valor al otro, pero sigue dando  y recibiendo porque al dar y recibir su autoestima mejora, y surge entonces la dependencia emocional de dar para que me valoren, pero como no siempre se puede estar dando a los demás… entonces surgen los reproches.
  • y así más casos similares…

Pero lo más importante y positivo, es que ¡se han dado cuenta y han decidido cambiar! ¡Genial!. Posiblemente les espera un camino de introspección personal intenso y muy satisfactorio.  Un camino, en el que descubrirán por qué han llegado a dónde han llegado. Se darán cuenta de qué no quieren que vuelva a ocurrir. Descubrirán quiénes son y el valor que tienen, sin estar esperando la aprobación de los demás.

Son buenos comienzos, ¡aunque no lo parezcan! Todos estos casos han dado el primer paso:
  • quién quiero ser, como persona o como profesional
  • van a invertir en quien, qué o cómo quieren ser
  • están investigando y pidiendo ayuda para saber cómo hacerlo bien, para desarrollar una buena agenda de aprendizaje
  • y están activamente poniendo en marcha nuevas experiencias, hábitos y prácticas.

pensar

 

¿Y tú has dado el primer paso ya?