Piensa lo que sientes y siente lo que piensas

Tómate unos minutos para pensar sobre esto: 

  • ¿Cuándo te enfadas tienes que «hacer algo» sino no eres capaz de que se te pase?
  • ¿Cuándo los demás no hacen algo que para ti es importante te afecta emocionalmente?
  • ¿Tiendes a juzgar lo valioso que eres para alguien según las acciones o hechos que hacen por ti?
  • ¿Sueles asumir una posición de «experto» aconsejando a los demás lo que tienen que hacer?
  • Cuando quieres que los demás sepan qué te ocurre ¿muestras comportamientos y acciones dirigidas a que el otro se entere de tu enfado o malestar?
  • ¿Tiendes a esperar que los demás se comporten de manera racional y lógica?

Valorar más las acciones que los demás hacen por nosotros puede mostrar cierta dificultad para la reflexión. Valorar las relaciones en tanto en cuanto los demás hacen algo por ti, te impide comprender los estados emocionales.

Creer más en las acciones visibles que en la comunicación reflexiva, te puede impedir desarrollar tu inteligencia emocional.

Piensa lo que sientes y siente lo que piensas

Nuestra madurez emocional depende de nuestra actividad mental, muchas veces intuitiva y emocional. Esta capacidad nos permite comprender el comportamiento propio y ajeno en términos de estados y procesos mentales.

Nuestra capacidad de reflexión, actúa como mecanismo que nos facilita la regulación de nuestras emociones y poder establecer relaciones interpersonales satisfactorias. Esta capacidad de reflexión la llamamos mentalización.

Desde niños y hasta los cuatro años nos relacionamos de manera causal y racional. Una acción produce una consecuencia. De niños aprendemos a esperar acciones visibles y lógicas de nuestros mayores. 

 Este tipo de pensamiento se denomina «Modelo teleológico». Bajo este este esquema nos expresamos y comprendemos a los demás. Siempre desde la perspectiva de la acción racional. Darse cuenta de los motivos por los cuales alguien actúa de determinada manera, se nos escapa todavía. 

 Es a partir de los cuatro años, y bajo contextos de apego seguro con nuestros familiares, cuando evolucionamos. El apego seguro con nuestros padres, nos proporciona un vínculo emocional de seguridad cuando nos sentimos vulnerables. A partir de esta edad, entonces, desarrollamos otra nueva capacidad. Somos capaces de atribuir intenciones psicológicas a las acciones de los demás. Es decir comprendemos por qué actúan de determinada manera. 

Comprender el por qué de pensamientos, emociones y conductas

Creceremos entonces con una capacidad importantísima en nuestra vida. Ser capaces de explicar y predecir nuestro propio comportamiento y el de los demás. ¿Cómo?. Aprendemos a ser capaces de de atribuir estados mentales que expliquen las conductas.

 De hecho nos será más fácil comprender qué nos pasa, cómo nos sentimos, por qué actuamos como lo hacemos. De igual manera, lo podremos hacer con los pensamientos y sentimientos de los demás.

 Esta habilidad nos permitirá no solo «creer en lo que vemos» de nosotros mismos y de los demás. También seremos capaces de:

  • Ser menos impulsivos
  • Comprender las acciones de los demás
  • Entender nuestras emociones y las de los demás
  • Valorar las actitudes
  • Entender nuestros propios pensamientos
  • Comprender las prioridades y decisiones de los demás
  • Resolver nuestras emociones más difíciles
  • Disolver conflictos emocionales con los demás
  • Estar satisfecho con tus decisiones
  • Comprender las prioridades de los demás

 ¿Cuál es el mecanismo que nos permite todo esto? La reflexión. Esta función reflexiva te ayudará a:

PENSAR LO QUE SIENTES Y SENTIR LO QUE PIENSAS

 Pensar acerca de los sentimientos propios y ajenos y sentir los pensamientos, tuyos y de los demás, es crucial para desarrollar tu propia identidad. Así mismo, es fundamental para crear relaciones saludables y satisfactorias.

Piensa un poco en ti

Piénsalo:

  •  ¿Cuántas veces no entiendes las decisiones y acciones de tus colaboradores? ¿ o de tus compañeros de trabajo?
  • ¿A menudo no sabes lo que te pasa? ¿Incluso por qué reaccionas como lo haces en determinadas situaciones?
  • Con amigos o familiares, ¿sientes un enfado considerable porque no actúan como esperas?
  • ¿Cuando no te sientes bien, esperas que los demás te comprendan debido a que has cambiado tu forma de comportarte con ellos?

Es posible que en estas situaciones estés aplicando sólo el modelo teleológico. Estás esperando que las acciones sean lógicas, racionales y consecuentes. Acostumbras desde este enfoque a expresar lo que sientes con acciones visibles a los demás. 

Se te olvida o has dejado de practicar tu capacidad de reflexión. La inercia de tu día a día te está impidiendo vivir tus experiencias desde la reflexión. Necesitamos vivir. Pensar lo vivido. Y además sentir lo vivido. 

 La función reflexiva es un conjunto de acciones mentales que te permite identificar tus propios estados mentales, y los ajenos. Permite diferenciar entre tu propia realidad y la de los demás. 

La capacidad y el hábito de reflexión te ayuda a vincular emociones, pensamientos y acciones. Recuerda, no sólo pongas el foco en tus acciones o reacciones y en las de los demás. Hay más elementos en las relaciones personales a tener en cuenta. Procura prestarles atención desde tus momentos de reflexión.

¿Cuál es el mejor modo de reflexionar para que poder crear relaciones personales satisfactorias?

Luyfen et al (en Bateman y Fonagy, 2012) identifica 4 polaridades en la reflexión (mentalización). Una adecuada reflexión requiere de un buen equilibrio entre ellas, con suficiente flexibilidad para para funcionar de manera óptima en cada situación.

Es decir, es importante, manejar las cuatro tipos de reflexión y sus polos. Ahora bien, lo esencial es poder elegir el mejor tipo de reflexión (mentalización) según la situación. Aplicar en nuestra capacidad de reflexión solo un modo nos dificultará el beneficiarnos de la reflexión.

 Pensamientos automáticos vs reflexión controlada

El modo automático es con el que funcionamos habitualmente. Sobre todo cuando las cosas van bien. Mentalmente nuestros pensamientos y reflexiones automáticos nos dicen que no hace falta un esfuerzo extra de reflexión. 

El modo controlado, es el provocado. El que atendiendo a señales emocionales, cognitivas y conductuales de los demás nos ayuda a dirigir nuestros pensamientos. Requiere mayor consciencia sobre lo que ocurre. Incluye que nos cuestionemos supuestos automáticos que a veces creamos sobre las situaciones y las personas. 

Autoreflexión vs juicios externos

La autoreflexión pone el foco en nuestro mundo interior o de los demás. Es el curso de reflexión que nos lleva a entendernos y a crear un diálogo mental sano sobre quiénes somos. También nos ayuda a entender cómo funcionamos en las distintas situaciones. 

Esta capacidad de autoreflexión, además, tiene que ver con el interés sobre lo que le ocurre a los demás, cómo se sienten, qué piensan, qué historia han vivido para ser cómo son. 

La realización de juicios rápidos es la reflexión dirigida al exterior. Es la que nos ayuda a entender los gestos y el aspecto externo de los demás, así como nuestras propias señales fisiológicas (sudor, taquicardia…)

Reflexión cognitiva vs reflexión emocional

La reflexión emocional suele asociarse al enfoque de la certeza. Sabes algo porque lo estás sintiendo. Es importante además diferenciar entre «me siento así» y «ser consciente de lo que siento».

La reflexión cognitiva es la que permite la duda y las posibilidades.

Piensas en ti vs piensas en los demás

Ambos focos son importantes en nuestra capacidad de reflexión. Nuestra capacidad de adaptación y las relaciones interpersonales requieren de ambas. A veces encontramos personas que tienen muy desarrollado en foco de atención en sí mismos. Y en otras ocasiones, encontramos personas que casi ponen a los demás como prioritarios en sus vidas.

Como hemos comentado los polos en la reflexión no nos ayudarán. El equilibrio adecuado, entre tenernos en cuenta a nosotros mismos y pensar en los demás, es el objetivo.

Entonces dime, ¿piensas lo que sientes y sientes lo que piensas?

En situaciones de estrés laboral, en conflictos personales o en estados emocionales difíciles nuestra capacidad de reflexión se polariza o incluso se anula.

Te en cuenta que es muy posible que en situaciones así, observes como te inclinas a:

  • Los pensamientos automáticos (rápidamente haces un juicio)
  • Focalizar en lo exterior (buscas responsabilidades fuera de ti o factores externos para la explicación)
  • Reflexión emocional (lo sabes porque así lo sientes)

Cierto es que en situaciones críticas esta combinación permite que podamos dar respuestas rápidas. Ahora bien, procura buscar momentos más tranquilos para compensar y tratar de equilibrar tu capacidad de reflexión:

  • Ten el hábito de reflexionar diariamente de manera voluntaria y tranquila
  • Acostúmbrate a cuestionarte de vez en cuando. Busca admitir la duda y las nuevas posibilidades cuando reflexiones
  • Pon el foco en tu propio mundo interior y en el de los demás

Así podrás:

  • Reflexionar mejor incluso en momentos de enfado o de gran tristeza o por lo menos trabajar reflexivamente tus emociones
  • Aprender a valorar actitudes, gestos, pensamientos y emociones que tienen los demás
  • Dar importancia a las palabras, reflexiones e ideas que te trasmiten los demás
  • Acompañar y ayudar a los demás desde la reflexión conjunta 
  • Expresar verbalmente tus emociones y comprender las de los demás
  • Aprender a qué los motivos de las decisiones y acciones de los demás importan
¿Y tú cuánto tiempo dedicas a la reflexión? ¿Cuánto piensas lo que sientes y sientes los que piensas?

Qué te estresa exactamente que te hace tanto daño

Estrés, ansiedad generalizada, malestar, inquietud, desasosiego e insatisfacción personal. Tristeza, preocupación constante, desánimo y dolor. Agobio, agotamiento mental y emocional, y ahogo. Estas son algunas de las emociones con las que vienen algunos clientes a consulta psicológica.

Relajación, mindfulness, meditación, deporte, pilates, yoga… y multitud de técnicas y ejercicios al alcance de todos para tratar de superarlo. Si bien, estas técnicas pueden ser muy útiles, en la mayoría de los casos, necesitamos algún paso más.

Las emociones, sobre todo las que causan intranquilidad, son una señal de alarma. Un aviso, al que a veces no le prestas la atención suficiente. 

El cerebro está preparado, entre otras cosas, para generar ideas y pensamientos, y para detectar el peligro y la amenaza. Es cuando detecta algún tipo de amenaza, cuando se disparan todos los procesos neuronales para generar ansiedad. O malestar, o tristeza, etc.

Necesitas de este sistema para adaptarte a las situaciones. Cuando tienes ansiedad o malestar crees que algo no funciona bien en ti. Pero es todo lo contrario. Tu cerebro funciona perfectamente. Todos los sistemas cognitivos y emocionales están organizándose para decirte algo. Te indican que en esa situación necesitas más recursos personales o diferentes de los que sueles utilizar habitualmente. 

Es muy común tratar de aplacar la ansiedad, o la tristeza o el agobio, evitándola. Haciendo algo para no sentirla. Normalmente esto provoca que tus «emociones incómodas» se multipliquen. Así que no resuelves mucho.

Un nivel adecuado de ansiedad (mejor de activación e inquietud) puede ayudarte a prestar más atención. Así, en una reunión importante, tu inquietud previa puede ayudarte a prepararte mejor. Ante una situación personal importante, ese estado de activación, te guiará para que seas más cuidadoso en las comunicaciones.

Antes o después de esta situación podrás aplicar técnicas de relajación, meditación, yoga para compensar y para sentirte mejor.

Cuando ese estrés, ansiedad, malestar, tristeza etc, se mantienen en el tiempo con niveles altos, ese punto tan alto ya no te ayudará. Te impedirá resolver bien la situación y te bloqueará. Ahí es cuando necesitas otros recursos, otras técnicas. 

Es la gestión emocional entre otras técnicas la que nos ayudará a resolver mayores niveles de malestar y ansiedad. De hecho Matthew Lippincott y Daniel Goleman así lo apuntan en alguno de sus artículos. Técnicas como el mindfulness por ejemplo, no funcionará sin un buen nivel de habilidades de gestión emocional.

Las técnicas y recursos psicológicos te serán de gran ayuda. Después puedes potenciar tu mejoría con otras técnicas. Primero resuelve psicológicamente lo que te ocurre. 

¿Qué es lo primero que puedes hacer para gestionar las emociones difíciles como la ansiedad, el agobio, la tristeza, etc.?

Lo primero es preguntarse identificar el tipo de situación que estoy viviendo. No todos los estímulos estresantes son iguales. No todos requieren las mismas técnicas. Y sobre todo en este punto de clarificación es importante trabajar el por qué. 

Tómate tu tiempo. Resolver emociones significa invertir tiempo en ti. Sentirse mal por no tener tiempo para sentir, no te ayudará. Piensa lo que sientes y siente lo que piensas.

  • ¿Por qué te sientes así?
  • ¿Cuál es el motivo de que en esta situación o con esa persona te sientas de esa manera?
  • ¿Por qué llevas tanto tiempo sintiéndote así?
  • ¿Qué ganas y qué pierdes con esta emoción?

Qué te estresa exactamente que te hace tanto daño

En esta ocasión vamos a ver los distintos tipos de situaciones estresantes en los que puedes estar inmerso y algunas indicaciones para abordarlos. Recuerda que nuestro desarrollo psicológico es delicado y precioso. No todas las recomendaciones servirán para todas las personas ni para todas las situaciones. 

1 Transiciones vitales

Son aquellos cambios en estadios determinados de tu vida que requieren de tu adaptación a las nuevas circunstancias. Son situaciones como:

  • Empezar nuevos estudios
  • Comprar una casa
  • Casarse
  • Tener un hijo
  • Jubilarse

Habitualmente este tipo de situaciones se abordan sin mayores problemas. En ocasiones, algunas personas sientes más ansiedad de lo normal y se sienten bloqueados. En este tipo de situaciones puede aumentar el nivel normal de ansiedad factores como:

  • El grado de elección 
  • Otras situaciones estresantes que estés afrontando
  • Tus estrategias de afrontamiento: «tu maleta de herramientas psicológicas»
  • Problemas u obstáculos imprevistos
  • El significado que tiene para ti este cambio
¿Qué nos ayuda en este tipo de transiciones vitales?
  • Que podamos elegir el cambio o algunos aspectos del mismo
  • Nuestra capacidad de adaptación
  • La creación de nuevos roles en nuestra vida
  • Coherencia entre los retos que nos esperan y el tipo de habilidades que pondremos en marcha
  • Apoyo social
  • Significado vital que tiene para nosotros
  • Recursos económicos

2 Acontecimientos vitales importantes

Este tipo de estresores incluyen fracaso, amenaza o pérdida. De estatus, posición, oportunidades, hábitos…Suelen generar incertidumbre, inseguridad y falta de confianza Pueden ser que estés viviendo situaciones como:

  • Pérdida de empleo o promoción en el puesto de trabajo
  • Fracaso académico
  • Divorcio o separación
  • Enfermedad grave
  • Infertilidad
  • Dependencia emocional de la pareja
  • Fallecimiento de un ser querido

Este tipo de vivencias suele generar shock, enfado, miedo, tristeza y requieren de tiempo y de procesos de desarrollo personal para afrontarlos.

¿Algunas ideas para empezar a gestionar las emociones en acontecimientos vitales importantes?
  • Tómate un tiempo en el que activamente aceptes la situación
  • Gestionar las emociones que acompañan esta nueva vivencia 
  • Crear nuevos hábitos y rutinas para estructurar el tiempo 
  • Confiar en nuestras fortalezas y ver cómo las podemos potenciar en estas nuevas situaciones vitales
  • Apoyarse en familia y amigos
  • Seguir considerándose la misma persona que eras antes de esta situación. Este tipo de situación no te convierte en «menos».

3 Estresores crónicos. Vivir con ansiedad constante

El estrés crónico se produce cuando la situación estresante es crónica y forma parte de áreas importantes en tu vida. Por ejemplo, identifica de todas estas posibilidades cuáles estás viviendo ahora mismo, y que son crónicas en tu vida:

  • Grandes discusiones y/o agresividad con la pareja, familia, trabajo…
  • Problemas económicos
  • Enfermedad de un familiar o alguien muy cercano
  • Problemas de abuso de drogas
  • Cuidado de personas enfermas 
  • Alto nivel de demanda en el trabajo
  • Dificultades en estudios
  • Soledad
  • Dificultad de cumplir con tus responsabilidades
  • Falta de apoyo
  • Dolor crónico 
  • Trabajo monótono
  • Constantes viajes por trabajo
  • Insatisfacción con tu peso o con tus hábitos de comida
  • Situación familiar complicada
¿Por dónde empezar a reducir la ansiedad constante?
  • Revisar tu rol y la cantidad, y calidad de energía, que inviertes en esa situación
  • Centrar la atención en fragmentos de esa vivencia: resuelve cada situación de una en una
  • Tomar decisiones personales
  • Reevaluar la situación: cuánto estrés nos produce la situación en sí misma y cuánta ansiedad estás produciendo tú mismo

4 Trauma. Vivencias traumáticas que no te dejan vivir plenamente. Estrés postraumático.

Un vivencia traumática es aquella que causa amenaza para la vida o daño psicológico. Dicha experiencia sobrepasa a la persona y a sus recursos personales. Genera lo que conocemos por estrés postraumático. Puede ocurrir como consecuencia de:

  • Exposición a la guerra, desastres naturales, accidentes de tráfico, abuso sexual, violencia doméstica…Es decir, pueden ser vivencias externas que no controlamos y son inesperadas como las catástrofes naturales o el terrorismo. Puede ser vivencias interpersonales como los abusos o el maltrato.
  • Ser protagonistas en primera persona o ser observadores muy cercanos de otras personas allegadas que sufren esta situación.

Genera síntomas muy específicos que impiden que la persona continúe con su vida normalmente:

  • Recuerdos angustiosos y recurrentes que se reviven constantemente
  • Sueños o pesadillas
  • Vivencia en presente del suceso traumático aunque haya terminado
  • Malestar psicológico intenso o prolongado ante la exposición a situaciones relacionadas con el trauma
  • Reacciones fisiológicas propias de la vivencia traumática
  • Hipervigilancia, activación y reactividad excesiva
  • Incapacidad para recordar un aspecto importante del suceso vivido
  • Perdida de interés
  • Sentimiento de desapego
  • Incapacidad de experimentar emociones positivas
  • Pensamientos intrusivos y evitación 
¿Qué tipo de ayuda se necesita para superar el estrés postraumático?

Sin duda, esta es una de las vivencias estresantes que más requieren de apoyo psicológico. El tratamiento irá dirigido a la recuperación de la seguridad emocional de la persona. Se trabajará la exposición a las situaciones temidas. Se proporcionarán nuevos recursos cognitivos y emocionales, además de técnicas de mentalización. 

Conclusiones: Necesitas identificar la fuente de tu estrés y malestar psicológico

  • Identifica la situación que te genera estrés y describe las emociones que experimentas
  • Piensa en qué tipo de pérdida supone esa situación para ti
  • Invierte en aceptar esa situación. Céntrate en lo que puedes elegir de esa situación
  • Reflexiona en cómo resolverás las demandas que te genera esa nueva situación
  • Identifica si hay más vivencias estresantes en tu vida
  • Revisa con qué apoyo cuentas
  • Qué significado tiene para ti esa vivencia estresante
  • Valora si puedes encontrar un buen reto para ti en esa misma situación
  • Sé consciente que las situaciones estresantes pueden hacer tambalear la estructura de creencias y prioridades vitales de una persona. Cuídalas y reconstruye.

Como siempre espero que esta información de hoy pueda ayudarte a reflexionar sobre los motivos de lo que te puede estar ocurriendo. Sobre todo la responsabilidad emocional en la gestión de emociones es crucial.

 Como has visto muchos de estos elementos estresantes pueden sobrepasar los recursos que usas habitualmente. Es frecuente, y nunca significa que eres una persona «menos válida». No dudes en pedir ayuda si lo consideras, ya que lo peor del estrés y de los estados emocionales difíciles, es el tiempo que lo llevas sufriendo. El agotamiento emocional dificulta un poco la superación de estas situaciones. Cuídate.

Fuentes:

Sin inteligencia emocional, el ‘mindfulness’ no funciona. Matthew Lippincott, Daniel Goleman. Harvard Business Review.

The Stress-Proof Brain. Melanie Greenberg. 

Huyes de tus emociones o te dejas superar por ellas

Huyes de tus emociones o te dejas superar por ellas. Sí, estrategias extremas que se aplican habitualmente para «aparentemente» hacerse con las emociones. 

Hace poco un cliente me comentaba: «Siento una gran rabia y esto no debería sentirlo». «¿Por qué no?», fue el inicio de nuestra conversación. Estaba tratando por todos los medios de no sentir esa rabia que le producía una vivencia personal. 

Sí así lo sientes, es por algo, hay algún motivo que ha provocado esa emoción. La emoción te está dando una alerta.  Tratar de evitarla te hará más daño. 

Huyes de tus emociones o te dejas superar por ellas

Como le ocurría a mi cliente, evitar la emoción le generaba mayor intranquilidad y malestar. Y a su vez no podía dejar de sentir rabia. Las investigaciones demuestran que evitar emociones genera:

  • Menor consciencia de las señales que nos envía nuestro cuerpo
  • Dificultad para identificar las emociones que transmitimos a los demás. También para identificar las señales emocionales que nos envían los demás.
  • Dificultades de comunicación
  • Ansiedad
  • Bloqueo emocional
  • Depresión

Ser un «procrastinador emocional» te causará mayor insatisfacción personal y nuevas emociones negativas.

Por el contrario, en ocasiones tengo clientes, que vienen totalmente embargados por una emoción. Sea tristeza, enfado o miedo, la emoción inunda sus vidas. Su nivel de 0-10, siempre es 10. Dejarse superar por una emoción provoca:

  • Multiplicar la emoción
  • Dificultades para afrontar normalmente los retos personales
  • Incapacidad para visualizar un futuro viable
  • Que las decisiones vitales estén condicionadas a la emoción por la que te sientes superado
  • La emoción que te supera etiqueta todas las vivencias personales

Y la más sobresaliente característica en estos casos. Dejarse superar por las emociones genera RAZONAMIENTO EMOCIONAL.  Es decir:

  • Si me siento mal, esto no es bueno
  • Me siento culpable, así es que lo soy
  • Siento que no soy suficientemente bueno, entonces no tengo nada que hacer

Sentir una emoción intensamente, no convierte la situación en verdadera. Sentirte culpable, no te convierte en culpable. Sin embargo, sí te da un aviso, de que has procesado una vivencia con cierto enfoque que requiere de tu atención y revisión. 

La tristeza y tus estrategias

No reconocer que te sientes triste

Evitar la tristeza puede hacer que actúes con alguno de estos comportamientos:

  • Buscas emociones fuertes en forma de retos enormes, actividades físicas extremas o implicarte en situaciones emocionalmente intensas
  • Te ríes explosivamente con cualquier cosa (pero detrás si observas hay tristeza)
  • Te sientes invencible y asumes riesgos enormes
  • Cualquier conflicto se convierte en una «batalla campal»
  • Llenas todo tu tiempo con muchísimas actividades sociales (que evitan tener que pensar en ti)
  • Trabajas muchísimo, no de forma eficiente, pero llena todo tu tiempo
  • Abusas del alcohol u otro tipo de droga

Me siento muy triste

Dejarte llevar por la tristeza en su máximo nivel puede hacer que asumas alguno de estos comportamientos:

  • Tiendes a aislarte de personas y situaciones con la justificación de «que no te apetece o es siempre lo mismo»
  • Necesitas alcohol u otro tipo de drogas para llevarlo mejor
  • Te rodeas de vivencias tristes, una canción, una película, recuerdos tristes del pasado…
  • Prestas excesiva atención a todas las cosas que van mal, del mundo, de otras personas y de tu vida
  • Vives en el pasado
  • Sientes pena de ti mismo
  • Piensas que sentirte triste te convierte en una persona muy débil

El enfado y tus estrategias

No reconocer tu enfado o rabia

Cuando no reconoces tu enfado, es posible que actúes con alguno de estos comportamientos:

  • Sólo hay una forma de hacer las cosas (la que tu opinas)
  • Escuchas en función de cuánto se parece a ti o no lo que tu interlocutor comenta
  • No prestas atención a las emociones de los demás, sólo en los resultados
  • Tú crees que no pero los demás te comentan que estás irritable
  • La tensión hace personas fuertes, así que la creas
  • Sientes que estás en conflicto pero «lo causan los demás, si los demás no hicieran, no fueran…»

Me siento terriblemente enfadado y siento una gran rabia

Cuando te dejas llevar por el enfado o la rabia puede que asumas alguno de estos comportamientos:

  • Tus comentarios son agresivos 
  • Desprecias con tus acciones y con tu falta de ellas
  • Esperas que los demás reaccionen y solucionen algo mostrando tu enfado
  • Envías indirectas a determinadas personas «a ver si se dan cuenta»
  • No escuchas
  • Sólo ves problemas, defectos, errores e inconvenientes
  • Realizas juicios de valor a los demás

El miedo, la ansiedad y tus estrategias

Puedo vivir sin esa situación.

Una de las formas más frecuentes de evitar sentir miedo, es no afrontar determinadas situaciones. Ha personas que aprenden a vivir sin usar el avión, sin hablar en público, sin subir en ascensores, sin hablar con determinadas personas… O incluso han generado dependencia hacia determinada medicación, que les evita sentir miedo o ansiedad. Así, puede que:

  • Estés dependiendo cada vez más de fármacos por no ser capaz de sentir ansiedad
  • Hayas aprendido a evitar en tu vida determinadas situaciones con las que te has acostumbrado a vivir
  • Cada vez ves que puedes afrontar menos situaciones, pero vives con ello
  • Pones el foco y tu energía en otras cosas o en otras personas en vez de en tus miedos
  • Actúas de determinada forma con algunas personas para que así no se enfaden, no te griten, no te critiquen…
  • No reconoces el miedo que te generan determinadas vivencias pero vives en estado permanente de hipervigilancia

Vivir con miedo y ansiedad

Vivir constantemente con miedo y ansiedad te hace sentir que no depende de ti. Parece que es «algo con lo que te ha tocado vivir». Necesariamente «parece» que no puedes hacer otra cosa más que dejarte superar por esos miedos. Crees que escapa de tu control y hace que actúes con alguno de estos comportamientos:

  • Constante preocupación
  • No hay muchas más emociones en tu vida, es ansiedad o a veces, muy pocas, tranquilidad
  • Dudas muchísimo de ti mismo
  • Has desarrollado hábitos compulsivos que sólo inicialmente calman tu ansiedad
  • Crees que el perfeccionismo calmará algún día tus miedos o ansiedad
  • Experimentas constantes recuerdos de tus errores
  • Vives con tensión muscular constante
  • Tienes fuertes dolores de cabeza, dolor de estómago. Somatizas.

¿Entonces tengo que evitar las emociones o sentirlas en toda su intensidad?

Quizá es el punto más difícil. Encontrar el equilibrio. Evitar emociones has visto que las multiplica y no te hace sentir bien. Dejarse llevar constantemente por una emoción intensa, te impedirá ver las cosas con claridad. Te dificultará tomar buenas decisiones. Es importante recordar que:

  • La gestión de emociones se aprende
  • Es importante identificar claramente la emoción
  • Bajo estados muy intensos de emoción es tremendamente difícil gestionar una emoción, ya que nuestro Sistema Nervioso Simpático lo impide
  • Es fundamental, sentir la emoción en un nivel aceptable y regulado para identificar la señal de alarma
  • Invertir en averiguar por qué sientes esa emoción es un paso importantísimo para su gestión
  • Despreciar las emociones o creer que no debes sentirlas es negarte a ti mismo 
  • Cuando aprendes a gestionar las emociones, todas las emociones son válidas
  • Aprovecharse de lo que te comunican las emociones te hará crecer personal y profesionalmente
  • Gestionar las emociones te ayudará a mejorar tus relaciones personales
  • Tu autoestima se mantendrá sana y fuerte cuando prestes atención a tus emociones
  • Bajo niveles más regulados de enfado, tristeza o miedo puedes aprender recursos personales muy valiosos
¿Y tú? ¿Cuál es tu estrategia más frecuente? ¿Evitas emociones o te dejas llevar por ellas?.
¿Qué emoción está muy presente en tu vida ahora mismo? ¿Tristeza, enfado o miedo?
¿Qué comportamientos has identificado que no te están ayudando? ¿Por dónde puedes empezar a responsabilizarte de tu emoción?

Ninguna mujer tiene dueño. Violencia doméstica y Estrés Postraumático. 

Ninguna mujer tiene dueño. Sí, este fue el subtítulo que sin lugar a dudas me vino a la cabeza. Estaba preparando un trabajo sobre Trastornos de Estrés Postraumático y Violencia Doméstica.

Hay muchas noticias en el telediario que me gustaría que no tuvieran que emitir. Pero, sin duda, hay una que me pone en alerta sobremanera. El maltrato y la violencia doméstica. Por el número elevado de casos que conocemos que acaban con la vida de tantas mujeres. Y además, por los casos que no se conocen, pero siguen activos. Es decir, hay muchísimos casos en los que sigue habiendo mujeres que son o han sido víctimas de violencia y maltrato doméstico. 

Puede ser una mujer que conoces, puede ser una amiga de tu amiga, o una conocida, que sin saberlo tú, es ha sido víctima de abusos, maltrato y violencia.

Son más de lo deseable (que sería cero) los casos en los que he trabajado. Me encuentro en ocasiones, con mujeres que afortunadamente piden ayuda psicológica, quizá por otros temas, o por ese motivo en particular. ¡Aprovecho para felicitarlas!. 

 En cualquier caso, son las vidas de mujeres que sufren o han sufrido este gran trauma y dolor en sus vidas. Es una situación que además se suele esconder, a excepción de signos visibles. No les resulta fácil incluso reconocerlo. Y cuando lo hacen, finalmente se dan cuenta de que les está afectando una serie de consecuencias psicológicas que les causa un gran estrés postraumático. 

Porque sí, es el estrés postraumático, la consecuencia psicológica que sufren estas mujeres. Impidiéndoles tener una relación sana consigo misma y con los demás. Dificultándoles vivir sin ansiedad y sin miedo.

Ninguna mujer tiene dueño. Violencia doméstica y Estrés Postraumático. *

*Extracto del trabajo presentado por Maite Finch como TFM

Hoy y sin necesidad de que sea ninguna fecha concreta en el calendario, quiero lanzar esta reflexión. Me gustaría poder aportar desde mi trabajo, algunas ideas y datos sobre el maltrato doméstico y las consecuencias psicológicas que se producen. Para que las conozcamos todos. Por si llega a alguna mujer que está sufriendo. Para que pueda ver como normal, y consecuentes, los síntomas y emociones que puede estar sintiendo. Y que tiene derecho a superarlos. Con la idea de que se pueda identificar y comprender mejor. Quiero hacerles llegar, con la mejor de las intenciones que tiene solución. Que puede sentirse mejor. Ella tiene a su disposición un trabajo psicológico adecuado para estas vivencias y que pueden conseguir salir de esa vida de estrés y miedo.

Ninguna mujer tiene dueño 

Martin (Hache). Film de Adolfo Aristarain. 1997.

¿Qué es la violencia doméstica?

La violencia doméstica se define como un patrón de conductas abusivas que incluyen un amplio rango de maltrato físico, sexual y psicológico. Estas conductas abusivas son usadas, por una persona en una relación íntima contra otra, para poder ganar o mantener el abuso de poder, control y autoridad sobre esa persona. (Walker, 1999). Podemos distinguir 3 tipos de maltrato: físico, psicológico y sexual. 

Se proponen tres requisitos mínimos que necesita reunir un comportamiento caracterizado por violencia doméstica:

  • Ejercicio de violencia física, sexual y/o psicológica.
  • Practicada por el/la cónyuge o ex cónyuge, pareja de hecho, expareja, novio o ex novio, o por cualquier otro miembro de la unidad familiar.
  • El agresor está en situación de dominio permanente en los casos en los que la víctima es mujer.
  • En el caso de violencia psicológica, está presente de forma reiterada o habitual.

La violencia por parte de la pareja se asocia a una sensación de amenaza a la vida y al bienestar emocional por las graves implicaciones psicológicas que produce.Es decir, la mujer teme por su vida y por su salud psicológica. (Sarasua, Zubizarreta, Echeburúa y de Corral, 2007). Heise y Moreno (2002) nos aportan dos criterios más:

  • Relaciones o conductas sexuales forzadas
  • Conductas de control, tales como aislamiento, control de las actividades y restricciones en el acceso a la información y asistencia. 
Tienes derechos

Sé que puede parecer evidente, pero a veces se nos olvida. Incluso las mujeres en situación de maltrato piensan que no tienen una serie de derechos, que sí les están permitidos. Mujer, tienes derecho a:

  • Decir que no en cualquier momento.
  • Ser autónoma e independiente de la «buena voluntad» de los demás.
  • Entrar, salir y realizar cualquier actividad sin restricciones de horarios ni de personas.
  • A tu intimidad.
  • A tener acceso a cualquier información y apoyo.

¿Qué es el maltrato doméstico?

El maltrato doméstico se refiere a las agresiones físicas, psíquicas o sexuales llevadas a cabo reiteradamente en el hogar por parte de un familiar. Estas agresiones, vulneran la libertad de otra persona y causan daño físico o psicológico (Echeburúa, Corral, Amor, Sarasua y Zubizarreta, 1997). El maltrato doméstico se identifica por una serie de características específicas como:

  • Es una conducta que no suele denunciarse. Y si se denuncia, la víctima frecuentemente perdona al supuesto agresor antes de que el sistema penal sea capaz de actuar.
  • Es una conducta continuada en el tiempo.
  • Como conducta agresiva, se corre el riesgo de ser aprendida de forma vicaria por los hijos.

El maltrato evoluciona en una escala ascendente en cuanto a la gravedad y frecuencia de aparición de los actos violentos. Es decir, no suele remitir en el tiempo. Por el contrario, cada vez habrá más situaciones de control y abuso. Además, las conductas humillantes y las actitudes de menosprecio tienen también un carácter intimidatorio. 

La mujer víctima de maltrato doméstico, queda así atrapada en un círculo violento en donde las agresiones físicas y/o psicológicas se manifiestan de forma repetida e intermitente. Se combinan con con actitudes y comportamientos de arrepentimiento o buen trato (Walker, 1984).

El círculo repetitivo de agresión y arrepentimiento, es el punto que más fortalece la dependencia emocional que se genera en las mujeres víctimas de maltrato. Pensando que sólo ha ocurrido unas cuantas veces, y que parece que el maltratador lo lamenta, se continua en este tipo de relación.

Tienes derechos

Por mucho, que aparentemente lo lamente el maltratador, como mujer tienes derecho a:

  • Decir ¡Basta!
  • Alejarte de esa relación.
  • Poner límites y condiciones.
  • Pedir ayuda.
  • Elegir otro tipo de vida y otro tipo de relaciones.
  • Estar tranquila. Su comportamiento no es culpa tuya.
  • Merecer algo mejor en tu vida.

Una de las características que más llaman la atención en estos casos es que la mayor parte de las mujeres permanecen con su pareja durante muchos años, y vuelve con ella, aunque hayan sido capaces de abandonarla temporalmente. Porque como señalan Heise y García-Moreno (2002), dejar una relación de abuso es un proceso que incluye periodos de negación, culpa y sufrimiento. Estos sentimientos aparecen antes de que las mujeres sean capaces de reconocer la realidad del maltrato, punto que suele señalar el comienzo de la separación y de la recuperación del abuso.

¿Cuáles son las consecuencias negativas de la violencia doméstica?

Las consecuencias negativas de la violencia doméstica son múltiples y afectan a la vida de la persona en su totalidad. A nivel de salud física destacan según Labrador, Fernández-Velasco y Rincón (2005):

  • Los trastornos funcionales (colon irritable, trastornos gastrointestinales, dolor crónico, etc.).
  • Lesiones y daños permanentes en articulaciones, pérdida parcial de audición y visión y/o disfunciones sexuales. 

En cuanto a las consecuencias psicológicas, Lorente (2001), estima que el 60% de las mujeres maltratadas sufre de este tipo de problemas. Predominan pues:

  • Síntomas depresivos. Pérdida de interés por una misma y por el mundo.
  • Sentimientos de ineficacia. Creer que una no sirve para nada.
  • Dudas sobre la propia capacidad. Dudar del potencial que tienes como persona.
  • Síntomas de autoinculpación. Sentir que esa situación es culpa tuya.
  • Pensamientos distorsionados sobre tí misma y el mundo.
  • Desconfianza hacia los demás .

Además las mujeres víctimas de maltrato y violencia doméstica pueden sufrir:

  • Trastornos de ansiedad.
  • Depresión.
  • Abuso y dependencia del alcohol y otras sustancias.
  • Especialmente el trastorno de estrés postraumático (TEPT) (Astin, Ogland-Hand, Foy y Coleman, 1995; Campbell, Sullivan y Davidson, 1995; Dutton, 1992; Golding, 1999; Labrador, Rincón, De Luis y Fernández-Velasco, 2004). 

¿Qué es el TEPT y qué relación tienen con la violencia doméstica?

EL TEPT consecuencia de la violencia doméstica tiene características específicas que lo definen según Labrador et al (2005): 

  • Es un tipo de trauma reiterado que se produce en el lugar que debería ser el más seguro para la persona, su hogar. Por este motivo, se da en la víctima un estado permanente de hipervigilancia e hiperactivación. Además, se experimenta la vivencia del fracaso personal y con frecuencia, sentimientos de culpa y pérdida de autoestima en la víctima.
  • Suele ser un problema crónico y prolongado: las mujeres tardan alrededor de 10 años de media en pedir ayuda, debido a las consecuencias personales, familiares y sociales para la víctima. Entre ellas, la pérdida de muchas actividades cotidianas, sociales y de ocio, reduciéndose así las posibilidades de exprimentar situaciones positivas y facilitando la aparición de síntomas depresivos. 

TEPT y depresión son las consecuencias más comúnmente detectadas a largo plazo (Amor, Echeburúa, Corral, Sarasua, y Zubizarreta, 2001; Echeburúa, Corral, Amor, Sarasua y Zubizarreta, 1997).

El Estrés Postraumático causa entre otros síntomas:

  • Pensamientos intrusivos constantes.
  • Evitación persistente de personas y situaciones.
  • Alteraciones en el estado de ánimo.
  • Estado de ansiedad, alerta y reactividad.
  • Embotamiento emocional.
  • Miedo y sensación de indefensión.

¿Cómo es la ayuda para superar el Estrés Postraumático en víctimas de violencia y maltrato doméstico?

Se dan una serie de necesidades específicas en estos casos. Labrador et al (2005). Cuando se trabaja el estrés postraumático en mujeres que han sufrido violencia y maltrato doméstico, se ayuda entre otros objetivos, a:

  • Superar las experiencias traumáticas vividas.
  • Dotar de recursos personales para superar los síntomas asociados, entre los que se encuentran síntomas depresivos, pérdida de autoestima, sentimientos de culpa y problemas de adaptación personal y social.
  • Desarrollar un proceso de ayuda psicológica breve y concreto para superar el problema y activar cuanto antes la readaptación a la sociedad.
  • Manejar los pensamientos e ideas de culpa y vergüenza relacionadas con el maltrato.
  • Exponerse a las situaciones temidas.
  • Entrenamiento en desarrollo de autoestima, asertividad, autocuidado y autodefensa.
  • Buscar apoyo social.
  • Tener información psicológica sobre su situación.
  • Entrenamiento en control de la activación

Conclusión

Pongamos atención para identificar y comprender la violencia y el maltrato doméstico. La mujer víctima de esta situación puede sufrir Estrés Postraumático entre otras consecuencias físicas y psicológicas. Identificar, reconocer y superar son los tres objetivos principales. 

  • La violencia doméstica se define como un patrón de conductas abusivas que incluyen un amplio rango de maltrato físico, sexual y psicológico. Estas conductas abusivas son usadas, por una persona en una relación íntima contra otra, para poder ganar o mantener el abuso de poder, control y autoridad sobre esa persona.
  • El maltrato doméstico se refiere a las agresiones físicas, psíquicas o sexuales llevadas a cabo reiteradamente en el hogar por parte de un familiar. Estas agresiones, vulneran la libertad de otra persona y causan daño físico o psicológico.
  • El Trastorno de Estrés Postraumático y la Depresión son las consecuencias psicológicas más frecuentes a largo plazo. 
Aunque hayas terminado con una relación de maltrato es importante que te cuides psicológicamente. Superar el pasado debe permitirte vivir con tranquilidad e ilusión.
Volver a creer en ti y en todo lo que te mereces, es tu principal meta.
No dudes en pedir ayuda a quien consideres de confianza. Muchas mujeres están disfrutando de su vida y han superado las situaciones de maltrato.
Desde aquí mi deseo de que se reduzcan al máximo las noticias de violencia y maltrato doméstico. Ojalá todas las mujeres que lo necesiten reciban la ayuda adecuada.
Recuerda ninguna mujer tiene dueño. Tú puedes y te mereces ser dueña de ti misma 🙂

Y si te apetece y puede ayudarte...

Sentir vergüenza es bueno para tu salud emocional

¿Sientes vergüenza de sentir vergüenza?. ¿Te sientes mal porque te avergüenzan determinados aspectos de tu persona?. ¿Es en determinadas situaciones donde sientes mucha vergüenza y tratas de evitar la situación?.

Atento. Tratar de evitar la vergüenza, la multiplicará y dificultará que puedas gestionarla adecuadamente. Como todas las emociones, la clave está en aceptarla y trabajarla con cariño. Aprovéchate de tu sentimiento de vergüenza. Podrás regularlo y sentirte mejor. Sentir vergüenza es bueno para tu salud emocional.

La vergüenza es una emoción primaria que facilita las relaciones sociales, permitiéndonos conectar con otros y experimentar un sentido de pertenencia. Este nexo es necesario para la supervivencia, el comportamiento prosocial, la empatía y la compasión. 

La vergüenza actúa como regulador del comportamiento para dar a conocer a los demás que se ha roto/violado una norma social o que una persona ha actuado de forma inaceptable.

Una expresión sana de la vergüenza es una estrategia adaptativa que asegura la supervivencia y las buenas relaciones con los demás.

Sin embargo, cuando la vergüenza es impuesta, puede convertirse en tóxica y encerrar a la persona en un abismo de odio y daño hacia sí mismo. Ser repetidamente humillado y avergonzado puede generar una sensación crónica de vergüenza. El dolor emocional puede ser tan insoportable que las personas tienen que empujar sus sentimientos fuera de la consciencia consciente.  Y por tanto, desacoplarla de las experiencias originales que causaron la vergüenza. Es muy frecuente en terapia que los clientes no asocien su ansiedad a sus experiencias de vergüenza originales. 

Sentir vergüenza es bueno para tu salud emocional

Podemos definir la vergüenza como una intensa y duradera reacción a la amenaza de uno mismo, a su sentido de pertenencia y de autoaceptación.

Es importante identificar los elementos positivos y negativos asoaciados a la vergüenza. ¿De qué tipo son las experiencias que te causaron el sentimiento de vergüenza?

Sentir vergüenza de una forma saludable

La vergüenza saludable o adaptativa, se experimenta por todo el mundo de distintas formas y grados. Estas experiencias son positivas y nos recuerdan que somos humanos, que cometemos errores. También que necesitamos ser valorados, respetados y aceptarnos a pesar de los errores. En estas necesidades básicas media la vergüenza regulando las relaciones para mantener la cercanía, la sintonía y las pruebas de las relaciones que merecen la pena. Utilizaremos entonces, comportamientos prosociales, la cooperación, la empatía, la compasión y la aceptación. 

La vergüenza saludable nos proporciona la guía moral necesaria para facilitar la autoconsciencia de nuestro comportamiento en relación a los demás y nos impulsa a una mayor apreciación de las relaciones. Nos proporciona señales de aviso de cuándo un código social no se cumple. Por ello, en este caso, la experiencia de la vergüenza es transitoria. 

 Es cuando los demás no responden al arrepentimiento y humillan constantemente cuando la vergüenza saludable puede convertirse en crónica. En este momento, es cuando nos podemos sentir abandonados y enormemente rechazados.

Ejercicio: identifica experiencias de vergüenza saludable

Para identificar la vergüenza saludable, piensa en alguna experiencia basada en la vergüenza que haya guiado tu comportamiento de una forma positiva, o te haya ayudado a darte cuenta de que no eres mejor o peor que nadie.

Vergüenza crónica: siento vergüenza constantemente

Con el paso del tiempo, la naturaleza insistente de la vergüenza se puede volver crónica y tóxica. Entonces, los sentimientos intensos que la acompañan se convierten en creencias de que la identidad de la persona es defectuosa, inadecuada e inaceptable para otros. Estas consecuencias dejan a la persona tremendamente vulnerable, con miedo y psicológicamente frágil. Para superar estos sentimientos dolorosos, se ponen en marcha diversos mecanismos de defensa, como la disociación. Ésta permite a la persona protegerse de la vergüenza, situándola fuera del plano consciente. 

 Es muy probable que la vergüenza crónica, se internalice en forma de ataques personales. Comportamientos internos como rumiar, hacerse daño, mostrar compulsiones, adoptar conductas de riesgo y posibles adicciones, serán conductas persistentes en la vergüenza crónica. Este comportamiento persistente generará anticipaciones futuras de vergüenza. En ellas, cada nueva experiencia se añadirá al bagage personal que constantemente amenaza a la identidad personal.

Ejercicio: impacto de tus experiencias de vergüenza

Reflexiona sobre cómo te han impactado tus experiencias de vergüenza a lo largo del tiempo. Piensa como te han influido y hasta qué punto están presentes actualmente.

Vergüenza interna y externa.

  • Interna: El foco de atención se sitúa en la necesidad de cumplir con las expectativas de los demás para ser considerado un miembro más del grupo. Son los juicios de los demás los que tienen el poder de provocar los sentimientos de vergüenza. Estas fuentes externas tienen un alto poder regulador del comportamiento. Se centran en las demandas que consideramos que las personas importantes de nuestro alrededor tienen sobre nosotros.
  • Externa: Se relaciona con el aprendizaje vicario, es decir, la observación de otros. Se aprende el sentimiento de la vergüenza a partir de los sentimientos de vergüenza que tienen otras personas significativas en nuestra vida. Así el sentido de identidad de la persona, se ha infectado con las creencias de otros. Hasta el punto de que, la persona puede valorarse como defectuosa y poco valiosa. En este aprendizaje, se suelen generar conductas de auto-sabotaje personal, para confirmar que son inferiores a los demás.  
Ejercicio: identifica dónde se sitúa tu sentimiento de vergüenza
  1. Piensa qué expectativas de las personas significativas de tu vida estás tratando de cumplir a costa de tu bienestar emocional.
  2. Identifica si has asumido «modelos de vergüenza» en tu trayectoria personal.

 

Vergüenza consciente e inconsciente.

La diferencia crucial entre un sentimiento de vergüenza sano y uno no saludable es el grado en el que es una experiencia consciente. En la vertiente saludable, la vergüenza es un sentimiento transitorio y permanece en el consciente. Cuando la vergüenza es tóxica, los sentimientos son tan intensos que las personas tienden a guardarlo fuera de la consciencia y bloquearlo. Así lo separan del suceso original que causó la vergüenza. Aunque bloqueado, cualquier experiencia similar provoca nuevamente el sentimiento de vergüenza, creando una espiral en la que es difícil salir. 

  • Vergüenza consciente: La persona está en contacto con la sensación física de la vergüenza (taquicardia, cabeza baja, caída de hombros, etc) y los sentimientos que les acompañan. Les suele acompañar la negación del reconocimiento del sentimiento de vergüenza.
  • Vergüenza inconsciente: Al tratar de bloquear o situar la vergüenza fuera de la consciencia, las personas son capaces de evitar las emociones intensas que la provocan. Se crea un estado de disociación. En este estado se niegan las experiencias de vergüenza de uno mismo y de los demás. En posibles extremos, las personas pueden generar una especie de «anestesia emocional», en la que que no sienten nada de vergüenza. Este hecho puede degenerar en comportamientos extremos como el narcisismo, la arrogancia, etc… En algunas ocasiones, también, los pensamientos obsesivo-compulsivos, pueden tratar de cauterizar y bloquear los sentimientos de vergüenza, pero no se gestionan emocionalmente. Todo lo contrario, mantienen vivo el sentimiento de vergüenza. 

¿Te sientes culpable o avergonzado?

Sentirse culpable
  • «Hice algo que no estuvo bien».
  • Posibilidad de sentirse avergonzado por el comportamiento que se puso en marcha.
  • Normalmente consciente.
  • Impulsa la compensación, el cambio, la confesión.
  • Se elabora una respuesta reparadora del comportamiento que no fue adecuado.
  • No afecta a la identidad de la persona.
Sentir vergüenza
  • «Soy mala persona».
  • No siempre consciente.
  • Foco de atención en la identidad de la persona como fracasada o inadecuada.
  • Sentimiento insistente y crónico.
  • Produce bloqueo y parálisis.

¿Qué activa la vergüenza?

Identifica  cuál es el impulsor que pone en marcha tu sentimiento de vergüenza:

  • Ridículo
  • Comparación con otros
  • Juicios
  • Desprecio
  • Incompetencia
  • Culpabilidad
  • Pensamientos negativos
  • Vulnerabilidad y dependencia emocional
  • Abandono y rechazo
  • Exposición

¿Cuál es el mecanismo de defensa que pones en marcha?. ¿Sobre qué necesitas trabajar y reflexionar?.

Identifica cuál es el mecanismo de defensa que pones en marcha ante el sentimiento de vergüenza. Cada una de las opciones que marques serán tus objetivos de mejora para convertir la vergüenza en un sentimiento saludable.

  • Autoevaluación negativa
  • Pensamientos negativos
  • Diálogo interno destructivo
  • Comparación con otros
  • Necesidad de control
  • Represión de expresión de emociones 
  • Perfeccionismo
  • Grandiosidad y Narcisismo
  • Responsabilidad excesiva
  • Asumir roles impuestos por otros
  • Enfado y rabia
  • Falta de empatía y compasión

Conclusión

La próxima vez que...
  • Te avergüence una situación de exposición al público.
  • Sientas vergüenza delante de otra persona.
  • Sientas ansiedad ante una situación importante en tu vida.
  • Te avergüencen determinadas vivencias en tu vida.
  • Experimentes verdadera incomodidad con determinados aspectos físicos, psicológicos o emocionales de tu persona.
Aprovecha las señales que te proporciona tu sentimiento de vergüenza
  • Tómalo como una señal de alerta inteligente de cuerpo y mente para que hagas algo diferente.
  • Procura ponerle solución para que sea algo pasajero.
  • Evalúa si estás avergonzado  por un comportamiento o por tu persona.
  • Clarifica si ese sentimiento te está acompañando demasiado tiempo a lo largo de tu vida.
  • Pide ayuda si lo necesitas a un profesional que te permita regular el nivel del sentimiento de vergüenza.
¿Cómo es tu sentimiento de vergüenza? ¿Es saludable o te hace daño?
¿Tienes estrategias saludables para manejar el sentimiento de vergüenza?
En caso de que necesites mejorar tu sentimiento de vergüenza ¿Cuál es tu conclusión? ¿Por dónde necesitas empezar a trabajar?

Y si te apetece y puede ayudarte...

Tu perfeccionismo obsesivo multiplicará tu ansiedad

Querer mejorar y dar lo mejor de nosotros mismos, es un valor excepcional que nos mantendrá en el camino del aprendizaje. Por el contrario, el perfeccionismo obsesivo multiplicará tu ansiedad. Te mantendrá en un camino de constante insatisfacción. 

¿Eres de los que piensas constantemente si tu trabajo estará bien hecho?. ¿Te obsesionas pensando que hasta que no lo tengas todo bien organizado y terminado no puedes descansar?. ¿Te calificas negativamente sino estás haciendo algo todo el tiempo?. ¿Piensas que no haces suficiente por tus seres queridos?. Cuidado, aquí, es donde tu perfeccionismo te hará sentir una ansiedad constante y gratuita que no te dejará sentirte en equilibrio contigo mismo. 

Tu perfeccionismo obsesivo multiplicará tu ansiedad

Cuando te sientes estresado, tu amígdala envía a tu cerebro la orden para que se disparen todas las alarmas.  Tu neuroquímica cambia y la testosterona, la norepinefrina, y el cortisol se disparan. Este nivel hormonal te facilita pensar en negativo, luchar defensivamente y estar en constante tensión muscular. 

Las sensaciones de estrés están ahí para señalarnos que ante una situación que interpretamos como negativa, necesitamos más lucha, más defensa y recursos distintos a los habituales. Ahora bien, en el caso de que constantemente aumentes este nivel de alerta con mensajes del tipo: «no está del todo bien», «no he hecho lo suficiente»… se multiplicará tu ansiedad. Más allá de lo necesario. Las personas que tienen constantemente presentes estos pensamientos obsesivos, pueden convertir el estrés puntual en estrés crónico. 

De esta forma tu cerebro estará constantemente y para todas las situaciones, en modo alerta, con lo que tu salud física puede resentirse. Tu nivel de agotamiento emocional será cada vez mayor, por la constante exigencia a tu cerebro de un sobre esfuerzo. 

Las situaciones difíciles a las que nos enfrentamos en el día a día pueden compararse más a una maratón que a un sprint. Con lo que ¿quieres gastar toda tu energía en el primer KM?. Seguro que no llegarás o vas a acabar agotado física, emocional y mentalmente. Es muy posible que sientas que no puedes con todos los frentes que tienes abiertos.

Afrontar situaciones estresantes o difíciles requiere de tiempo de recuperación. Esta recuperación a nivel física, mental y emocional te permitirá seguir adelante con todos tus retos. Para cada etapa o momento de estrés se requiere etapas y momentos de recuperación y descanso. 

El coste emocional y físico que tiene tu obsesión por el perfeccionismo

Como comentábamos aumentar nuestra exigencia en situaciones que de por sí ya requieren un esfuerzo extra, tendrá un coste emocional y físico. Necesitarás tomarte descansos no sólo físicos, sino también mentales y emocionales.

El perfeccionismo alimenta tu necesidad de control. Con lo que cada vez, estarás menos preparado para afrontar situaciones de incertidumbre. ¿Qué otras consecuencias tiene el perfeccionismo?

  • Dificultad en disfrutar de lo que vives.
  • Menor sensación de felicidad.
  • Insatisfacción personal.
  • Tristeza.
  • Ansiedad crónica.
  • Insomnio.
  • Sistema inmunológico bajo.
  • Problemas de concentración.
  • Falta de autoestima.
  • Dificultad de sentirse en paz con uno mismo.
  • Sensación de culpa constante.
  • Protección y rechazo ante los cambios.

Te propongo algo. Quiero invitarte hoy a que te tomes un rato para revisar qué te ocurre. Tómate con tranquilidad unos minutos para reflexionar sobre el elemento que te está causando ese estrés que empieza a ser insoportable para ti. 

Usa el test que encontrarás a continuación para que te ayude a clarificar los motivos de perfeccionismo.

*Puedes enviarme tus respuestas de forma anónima. Así, puedo tener información de tus intereses para próximas entradas del blog. Y si quieres, puedes enviarme tu respuesta con tus datos y podemos comentarlo luego personalmente, si crees que te puede ayudar. 

9 formas de reducir la culpa y superar el perfeccionismo

1 Trabaja con listas

Si te sientes culpable porque crees que nunca haces lo suficiente por tu familia, amigos, trabajo, etc., haz una lista de las cosas que habitualmente haces. Después haz otra lista con las cosas que haces para cuidarte a ti mismo. ¿Qué lista es más larga?. Trabaja habitualmente con estas listas para ser consciente y tener datos objetivos sobre tu duda. Piensa además, cuánto te ayuda la lista de «cuidarme a mi mismo» a ser mejor padre, madre, hijo, amigo, profesional…

2 Afronta la realidad del problema

En lugar de sentirte culpable, afronta bien el problema. Pregunta a las personas que piensas que no se sienten suficientemente atendidas por ti. Considera si tienen tendencia a esperar demasiado de ti y no tienen en cuenta su propia responsabilidad sobre sus problemas. Piensa además, que cuando se lo solucionamos todo a alguien, cuando siempre estamos ahí, la otra persona no crece.

Concéntrate en alguien a quien admires. ¿Cómo vería desde fuera esta situación y estas relaciones?. En caso de que encuentres datos objetivos de que la otra persona no se sienta atendida, habla con ella y trata de llegar a un equilibrio entre lo que das y lo que te cuidas tú.

3 Date las gracias

La culpa y el perfeccionismo al activar tu amígdala y el Sistema Nervioso Simpático, impiden que puedas pensar en positivo y en posibilidades. Toma como hábito acabar el día, pensar qué cosas has hecho por los demás y permítete darte las gracias. Siéntete satisfecho y valora tu implicación. También recuerda sentirte orgulloso de las cosas que has hecho para cuidarte tú.

4 Toma perspectiva

A menudo tendemos a ser más comprensivos y compasivos con los demás que con nosotros mismos. ¿Y si te pusieras en su lugar?. ¿Qué pensarías tú si recibieras lo que tú le das?. Toma perspectiva y ponte en el lugar del «observador» y del que recibe.

5 Establece límites

Si consideras que tu perfeccionismo te está causando ansiedad y sensación de culpa, empieza por ponerte límites. Comienza por poner un límite de tiempo a ese trabajo que tienes que realizar. También, establece un número de veces que atiendes a esa persona al cabo del día, o de la semana.

Crea límites de tiempo o de frecuencia para esas tareas a las que dedicas un tiempo interminable. Procura hacer lo mismo con esas personas que están constantemente demandando tu atención. Te darás cuenta poco a poco que empiezas a ser más eficiente con tus tareas y más objetivo con la implicación hacia determinadas personas.

6 Uno o dos comprobaciones son suficientes

Date cuenta de cuánto tiempo y energía inviertes en comprobar una y otra vez ese mail, ese informe, esa presentación. No te permitas comprobar más de una o dos veces ese trabajo que estás realizando. Comprueba que estarás menos agotado y ganarás tiempo.

En última instancia, permítete equivocarte. Los demás no te van a dejar de valorar por un error puntual. Eres tú y tu miedo quién  no se perdona los propios errores. ¿A qué sueles perdonar más los errores ajenos que los tuyos propios?.

Focaliza tu atención, tienes una o dos comprobaciones para corregir lo que quieras, no más.

7 Comete algunos errores o descuidos adrede

Sí, no es broma. Hemos comentado que el perfeccionismo  alimenta tu necesidad de control y tu rechazo extremo a equivocarte. Así, es posible que huyas constantemente de la crítica, de la incertidumbre y del error. Si es tu caso, trata de reflexionar que también estás huyendo de las ideas alternativas, de la espontaneidad, de la improvisación y del aprendizaje. ¿De verdad quieres limitar tus habilidades y no disponer de estas últimas?. 

Permítete algún error, aunque sea pequeño. Después escribe que crees que pasará como resultados. Comprueba la realidad. ¿Fue tan malo como esperabas?. ¿Podrías haberte ahorrado esa ansiedad gratuita que experimentaste?.

8 Haz algo para no procrastinar con esa tarea que piensas que no vas a hacer bien

En ocasiones tu afán de perfeccionismo te bloquea. Procrastinas una y otra vez esa tarea que piensas que no vas a hacer suficientemente bien. Suficientemente perfecta. Esto te ocasiona problemas de cumplimiento de plazos y relaciones con los demás. 

Desmenuza esa tarea. Hazla en pasos más pequeños y simplemente empieza. Relájate y evita juzgarte. Es más, permítete imaginarte cómo te sentirías satisfecho con el cumplimiento de esa tarea. No, como la harás perfecta, sino cómo harás para sentirte satisfecho. ¿Qué toque personal puedes darle?. 

Aborda esa tarea o esa conversación pendiente y empieza. Sin juicios. Ya sabes dónde te lleva el juicio extremo y el perfeccionismo. Prueba ahora a dónde te lleva tu espontaneidad y tu implicación sin ataques personales. 

9 Mírate como te miran los que admiras y los que te aprecian

Cuando evalúes tu propio trabajo o tus actuaciones, para un momento. Da un paso atrás e imagina qué feedback te darían las personas que admiras y te aprecian. ¿Dónde pondrían el foco?. ¿Qué les gustaría de lo que has hecho?. ¿Qué dirían esas personas de esfuerzo y tu implicación?. Seguramente encontrarás motivos y reconocimientos en los que tú por ti mismo no habrías puesto atención.

Regula tu exigencia y tus estándares. Te sentirás más feliz y satisfecho contigo mismo.

En última instancia y si te cuesta hacer este ejercicio. Prueba otra cosa. ¿Qué espera el receptor de tu trabajo?. ¿Seguro que tu exigencia y tus normas son las mismas que las del receptor de tu trabajo?. A veces ponemos el foco en exigencias que no son necesarias, sobre todo para el que recibe el resultado de tu trabajo.

Conclusión

Perfeccionismo, culpa y ansiedad van de la mano. Multiplican tu ansiedad más allá de lo que la situación a la que te enfrentas requiere de verdad. Ser consciente de tu diálogo interno y tus hábitos de auto cuidado será un buen comienzo.

Recuerda, el objetivo no es que no te importe ser mejor. Es rebajar, regular, normalizar tu ansia por ser perfecto. En el momento que tu valor de ser mejor cada día te bloquea y te causa ansiedad, ahí deja todo de tener sentido. Caerás en tu propia contradicción. Tu ansiedad te impedirá lo que deseas, aprender y ser mejor en tu trabajo y en tus relaciones personales. 

¿Cómo impacta en tu vida diaria el perfeccionismo y la culpa?
¿Puedes identificar qué ganas y qué pierdes manteniendo ese nivel de ansiedad constante?
¿Por dónde empezarás a regular tu ansiedad?

Y si te apetece y puede ayudarte...

6 motivos por los que tu mente no te deja descansar

No dejas de pensar y darle vueltas esos pensamientos que te mantienen en una constante tormenta emocional. ¿Te ocurre?. Además, compruebas, pero te es difícil impedirlo, que cada vez sientes más ansiedad. Esto te impide abordar tus tareas y responsabilidades diarias con tranquilidad y seguridad. 

Es posible que vivas en un estado constante de intranquilidad e inseguridad. Acabas por pensar que no podrás afrontar determinadas situaciones. Es posible que cada vez te veas a ti mismo como menos capaz, afectando a tu autoestima y valía personal. 

Como explicamos en el post sobre perfeccionismo obsesivo, en situaciones de estrés o ansiedad, tu neuroquímica cerebral cambia. Tu amígdala, se ha encargado muy bien de mandar las órdenes adecuadas a tu sistema mente-emociones: «tengo miedo, me preocupa y debo estar en alerta».

Lo que ocurre es que no siempre este sistema se pone en marcha ante situaciones «reales» de peligro para las que necesites estar en alerta. Se activa con las interpretaciones que tú realizas de tu vivencia de la realidad. Así, es fácil que si te paras un momento, veas que hay siempre una serie de patrones de pensamientos que activan tu estado de alerta. Si alimentas estos esquemas mentales, seguirás en estado constante de ansiedad y malestar.

¿Qué formas de pensamiento te van a jugar una mala pasada a tu bienestar emocional?

6 motivos por los que tu mente no te deja descansar

Veamos algunos de los patrones mentales más comunes que no te dejarán descansar mental y emocionalmente. 

Pensamiento en blanco y negro. "Las cosas son horribles o perfectas".

  • Ese trabajo que has realizado no está lo suficientemente bien. Tiene que reunir los requisitos que están en tu cabeza y no consigues hacerlo.
  • Ese encargo que has hecho a un colaborador, familiar, o amigo, no está bien hecho. Las cosas se hacen sólo de la manera en cómo tú las piensas.
  • No debiste comportarte así. Es horrible lo que has hecho.
  • La ayuda que te han dado no te sirve, tú esperabas otra cosa.
  • Tu colaborador no hace su trabajo exactamente como le has indicado. No aprende. 
  • El resultado que has obtenido en esa situación es horrible. Tú querías conseguir algo diferente.

¿Suelen estar presentes este tipo de reflexiones en tu mente?. ¿Te hacen sentir bastante mal y te producen gran ansiedad?.

Si es así, necesitas ser consciente de que estás aplicando el «pensamiento en blanco y negro». A través de este patrón de pensamientos sitúas tus vivencias y resultados sólo en dos categorías. Horrible o perfecto. Con lo cual, sólo disfrutas cuando  las cosas salen exactamente como están en tu cabeza. Y en consecuencia, sufres constantemente cuando tus expectativas no se cumplen.

Razonamiento emocional. "Si me siento mal es que no está bien".

  • Me siento mal con esa persona. Esta relación no es buena. Esta persona es mala.
  • Si en esta situación yo me siento bien, es que está todo bien.
  • Me siento bien cuando me ayudan tanto. Esta es la forma en la que se debe ayudar a otros. 
  • Si realizar ese reto no me hace sentir bien es que no es bueno para mi. No debo hacerlo.

¿Tiendes a asumir que algo es verdadero porque te sientes que lo es?. O por el contrario, ¿tiendes a asumir que algo o alguna persona no es buena porque te sientes mal?. Bien. Nuevamente, amplía tu consciencia sobre este patrón de pensamiento. Estás aplicando el «razonamiento emocional». Tiendes en este caso a razonar y tomar decisiones en función de cómo te hacen sentir. Con lo que son las emociones que sientes las que dictan tus decisiones y juicios sobre situaciones o personas. Te pierdes la posibilidad de aprender que en gran medida, tienes más posibilidades de actuación de las que estás considerando.

Visión de túnel. Hay algo, vivencia o idea que está constantemente presente en tu vida.

En el patrón de pensamiento «visión de túnel», tus vivencias más difíciles dominan tu vida. Todo lo relacionas y lo razonas según se parezca o no a la situación difícil que viviste anteriormente. 

Si alguien te trató mal, buscas constantemente cómo te tratan y actúan las demás personas para ver si debes alejarte de ellas. Tu foco de atención está constantemente centrado en detectar posibles amenazas y fuentes de malestar o estrés. Comienzas, entonces un loop de pensamiento detectivesco que te ayuda anticipar posibles desgracias o evitar posibles males. Constantemente estás en búsqueda de que algo malo pueda ocurrir.

Tienes un nivel de vigilancia y alerta por encima de lo deseable. Este constante estado de activación vigilante, te mantiene en un estado emocional negativo que te genera cada vez más ansiedad y miedo.

Si te paras a pensar en algo positivo en tu vida, sí lo reconoces pero le buscas una explicación lógica relacionada con tus miedos. Y realmente no tiene tanta importancia. Lo realmente importante, es lo que pueda ocurrir y puedas prevenir. 

Pensamiento "seguro que todo sale bien". El deseo positivo te impide afrontar otros resultados.

¿Organizas tu vida en torno a tus deseos y creencias de que las cosas saldrán bien?. No quieres estresarte, todo irá bien. De hecho, no sueles prepararte para otros posibles resultados. ¿Qué harás si no sale todo cómo esperas?. ¿Tienes otro plan?. ¿Estás preparado para afrontar que esa persona tome una decisión diferente a la que imaginas?. ¿Has ideado otro plan de acción por si no obtienes la valoración que consideras que te mereces y has imaginado?. ¿Cómo lo afrontarás?.

Ser optimista es fundamental. Ahora bien, si tu optimismo y buenos deseos se convierten en tu único recurso personal para que las cosas salgan bien… Ahí puedes encontrarte después con la dura realidad. Y necesitarás de otros planes, y otros recursos personales, que te permitan recuperarte en caso de que tu sorpresa te cause verdadera ansiedad. 

Evitar estar preparado y obviar posibles resultados diferentes a los que tú esperas, te causará un bienestar a corto plazo. Ahora bien, lo importante es que seas capaz de afrontar tu desilusión.

¿Te has sentido muy mal después de que no te seleccionaran para esa entrevista de trabajo que pensabas que fue tan bien?. ¿Te has sentido muy decepcionado y ha afectado a tu autoestima que ese cliente no se decidiera por tu propuesta?. 

Analiza cuánto peso tienen los buenos deseos y el «seguro que todo sale bien» en tu forma de vivir. 

Personalización. "Es mi culpa".

¿Cuánto tiendes a echarte la culpa de todo lo que ocurre?. Y sobre todo, de lo malo que te ocurre. 

  • Si no me seleccionan en esta entrevista de trabajo es que no soy buen profesional.
  • En las relaciones personales, si mi pareja, me deja es que yo no soy suficientemente bueno.
  • En las situaciones familiares, si mis seres queridos se sienten mal o me tratan mal, es culpa mía. Algo no estoy haciendo bien.
  • Si mis amigos se enfadan, es que he hecho algo mal.
  • Ahora lo pienso, y no debí tomar esa decisión.

¿Te has descubierto a ti mismo pensando aproximadamente de esta manera?. ¿Te causa verdadera ansiedad?. ¿Se convierte este patrón de pensamiento en una preocupación habitual para ti?. ¿Tienes remordimientos por la decisión que tomaste hace tiempo?.

¡Ojo!. Todo no depende de ti. Las responsabilidades son compartidas siempre en cualquier relación. Y más aún. Las decisiones se toman y se valoran en relación a tu momento vital. Pasado el tiempo, tú siempre serás otra persona. Con valores y prioridades diferentes. Con lo que, martirizarte con lo que podrías haber hecho no dejará que descanses mental y emocionalmente.

Comparaciones inútiles

  • No soy tan bueno como…
  • Mis compañeros de trabajo son mejores que yo.
  • Yo nunca seré como…
  • Otros compañeros de carrera, a estas alturas, ya están en… y yo sigo todavía aquí.
  • Hay gente que es mucho mejor que yo, ¿para que voy a intentarlo?.
  • Se presenta mucha gente a esa entrevista, oposición… Seguro que hay personas mejores que yo, que sacarán mejores resultados.

¿Sueles realizar este tipo de comparaciones?. ¿Y el resultado, por supuesto, es que tú nunca eres suficientemente bueno comparado con otros?.

Bien es posible. Siempre encontraremos personas que aparentemente resuelven mejor que nosotros determinadas situaciones. Ahora bien, además de usar «tu bola mágica» para anticipar el pasado :-), ¿te has parado a pensar qué hacen que tú no?. Valorar sin más que otras personas pueden resolver determinados retos mejor que tú, no te sitúa en el foco de la solución. Identificar qué habilidades han entrenado y qué hábitos han desarrollado, puede ayudarte a ti a aprender. Puede situar tu foco de atención en aprendizajes y habilidades a las que no das importancia. Eso sí, ser «tan bueno como ellos» requiere aprendizaje y riesgos. ¿Estás dispuesto a asumirlos?. O, ¿estás más cómodo pensando que simplemente los demás son mejores que tú?.

Conclusión

  • Ver el mundo en blanco y negro, te dirige directamente a perderte matices y grises que permiten más posibilidades y aprendizajes.
  • El razonamiento emocional te impide darte cuenta de que igual necesitas nuevos recursos personales. Los juicios emocionales te causarán intranquilidad personal.
  • Valorar el mundo y tus vivencias en «modo túnel» te impide valorar las vivencias y las personas con mayor amplitud de miras. 
  • Confiar en que todo se solucionará y saldrá como tu esperas, bloquea tu capacidad de resolución de problemas.
  • Asumir la culpa de todo, te pondrá difícil diferenciar qué relaciones son saludables y cuáles no. 
  • Las comparaciones con los demás sólo son útiles en la medida que te impulsen a aprender recursos personales a los que no prestas atención.
¿En qué patrones de pensamiento te has sentido identificado?
¿Cuáles son las ventajas e inconvenientes de mantener esos patrones de pensamiento?
¿Qué otras estrategias de afrontamiento mental y emocional necesitas aprender?

Y si te apetece y puede ayudarte...

Qué necesitas saber para superar una crisis personal

El manual DSMV que manejamos los psicólogos para evaluar y diagnosticar, identifica el concepto de crisis de ansiedad (ataques de pánico). Este trastorno se muestra con la aparición súbita de miedo o malestar intenso. Alcanza su máxima expresión en minutos produciéndose entre otros síntomas: palpitaciones, dificultad para respirar, mareos, miedos, y sensación de irrealidad.

Ahora bien, cuando hablamos de crisis personal, hablamos de un decrecimiento de las habilidades de afrontamiento de situaciones cotidianas y vitales de la persona. Cuando se está ante una crisis personal, la persona siente que no puede avanzar. La persona se desmotiva, y su estado de ánimo disminuye. En ocasiones, este nuevo periodo en la vida de las personas se vive con gran ansiedad y con síntomas depresivos. Pudiendo también experimentar crisis de ansiedad (ataques de pánico) ante determinadas situaciones.

Las crisis personales pueden ser provocadas por multitud de vivencias como:

  • Cambios drásticos o inesperados en nuestra vida.
  • Llevar una vida de estrés y ansiedad continuada.
  • Decisiones personales pendientes.
  • Fallecimiento de un ser querido.
  • Separación o divorcio
  • Pérdida de un trabajo.
  • Vivencia de situaciones de desastres naturales, ataques terroristas.
  • Situaciones de maltrato y agresión, etc…

Qué necesitas saber para superar una crisis personal

En las crisis personales la persona siente que no sabe cómo actuar y cómo afrontar su vida. Sus capacidades no le resultan eficaces para superar los retos diarios. Lo que antes le podía servir ahora no le reporta los mismos beneficios, ni resultados que antes. El descenso de la autoestima, y la falta de energía e ilusión, acompañan en muchos casos a los estados de crisis personal.

Qué motivos pueden provocar una crisis personal

Las crisis personales vienen definidas por el motivo que las provoca. A lo largo de nuestra vida, nos encontraremos con decisiones y vivencias vitales que pueden desestabilizar el equilibrio personal alcanzado hasta ese momento. No siempre una decisión clave en nuestras vidas o una vivencia importante generará una crisis personal. Ahora bien, podemos experimentar una crisis personal, en caso de no estar atentos a los cambios que se producen en nuestras vidas, y al restablecimiento de valores y habilidades que le corresponden a cada nueva situación.

Las crisis de ansiedad están siendo muy frecuentes hoy en día. Hay personas que conviven con estados muy intensos de ansiedad que tratan de manejar con fármacos puntualmente. Además, han asumido que su vida incluirá siempre estos niveles de ansiedad. Es muy posible que el uso exclusivo de fármacos en estas situaciones genere un problema. La persona olvida que necesita restablecer y superar nuevas habilidades personales. Así, podrá resolver mejor las situaciones cotidianas a las que se tiene que enfrentar. Con mucha probabilidad, sino amplía sus recursos personales,  cada vez habrá más situaciones que provoquen nuevos estados de ansiedad. De esta manera,  se fortalece la sensación de incapacidad de la persona. Invertir en desarrollar nuestras habilidades personales ayudará a restablecer el equilibrio personal.

 

Experiencias traumáticas o perder el trabajo son algunos motivos de crisis personal

 

Las crisis relacionadas con acontecimientos o experiencias traumáticas no superadas también están muy presentes en la sociedad. Las personas tratan de vivir su día a día sin haber resuelto duelos, separaciones, rupturas o situaciones de maltrato. Este intento de hacer “como si no hubiera pasado nada” les produce más ansiedad. Aumenta así, la falta de motivación, y los síntomas depresivos, que tratan de paliar puntualmente sin decidir trabajar y superar el foco del problema.

Los cambios de rol, como los que se producen cuando se pierde un trabajo también aparecen como motivos de consulta psicológica y desarrollo personal. Acostumbrados durante mucho tiempo a tener un rol en la sociedad y un espacio donde nos sentimos útiles, perder el trabajo puede suponer un gran desequilibrio personal. La pérdida de autoestima y la falta de identidad personal en el nuevo mercado laboral provoca que la persona no se sienta capaz de responder a las nuevas demandas laborales.

Cómo ser consciente de que una crisis personal no debe asustarnos en exceso

Como somos personas adultas a las que nos gusta ser protagonistas de nuestra vida, lo mejor que nos puede pasar es experimentar algún momento de crisis y superarla. La experiencia personal es el mejor motivo que tenemos para seguir superándonos y creer en uno mismo.

De hecho, si revisamos nuestra trayectoria vital, seguro que encontramos momentos en que hemos tenido que hacer una profunda reflexión sobre lo que queremos en nuestras vidas. Esto nos ha permitido crecer y tomar decisiones. Este hábito es muy bueno para que esos momentos de desequilibrio vital no vayan a más.

En cualquier caso, una situación de crisis personal, es importante valorarla en su justa medida. Las emociones en una crisis personal son importantes y tienen un aspecto funcional al que es crucial prestar atención. Las sensaciones y sentimientos, que se experimentan en estos momentos de la vida, nos están avisando de algo. Prestemos atención. Esta intranquilidad y ansiedad quieren enviarnos un mensaje. Algo ocurre y por algún motivo, y necesitamos profundizar sobre ello.

A partir de ahí, se puede trabajar para superar la crisis y seguir adelante saliendo, seguro, más reforzado como persona.

Qué síntomas pueden alertarte de que puedes estar en un momento de crisis personal

Es importante tener cuidado con autodiagnosticarnos sin la ayuda de un profesional. No es lo mismo sufrir depresión o ansiedad, que estar viviendo una crisis personal con síntomas depresivos o ansiosos. Ahora bien, podemos prestar atención a una serie de síntomas que nos alertarán de que podemos estar experimentando una crisis personal que puede necesitar de ayuda profesional:

  • Cambios negativos en el estado de ánimo que nos acompañan más tiempo de lo habitual
  • Síntomas físicos y psicológicos de ansiedad ante determinadas situaciones o de forma generalizada (sentimos ansiedad constantemente)
  • Dudas sobre uno mismo y su capacidad de afrontar la vida
  • Cambios en nuestro desempeño laboral y personal
  • Pérdida de motivación. Desánimo. Falta de ilusión y creencia en el futuro.
  • Bloqueo emocional. Miedos.
  • Mayor irritabilidad, frustración o impaciencia.
  • Evitación de relaciones personales.
  • Insomnio.
  • Pérdida de autoestima. Sentimientos de vergüenza o culpa.

Muchos de estos síntomas junto con la exploración del momento vital de la persona, y sus experiencias recientes, podrán ayudar al profesional a confirmarnos o no si estamos ante una crisis personal. Recordemos que los motivos que provocan un estado de crisis personal son importantes, así como el significado que le hemos dado a lo que nos ha ocurrido.

Qué puede ayudar a cuidarte en caso de vivir una crisis personal

Los hábitos saludables, relacionados con la inteligencia emocional son de gran ayuda en caso de crisis personal. Cuidarse psicológicamente te ayudará a restablecer tu equilibrio personal. Algunos de estos buenos hábitos incluyen:

  • Reconocer que estamos ante un momento de cambio.
  • Escucharse a uno mismo. Practicar la escucha comprensiva de uno mismo, de lo que sientes, de aquello que temes. También de lo que te está frenando en este momento de tu vida.
  • Autocompasión. Cuidarte activamente hasta en las cosas más sencillas. Dedicarte tiempo libre, permitirte desconectar, comer saludablemente, verte con cariño en esta etapa vital, perdonarte a ti mismo si hace falta…
  • Valorar nuevas prioridades en la vida. Permitirte cambiar de criterios y prioridades en tu vida y empezar a tomar pequeñas decisiones.
  • Evitar en lo posible el juicio y la culpa. Las valoraciones negativas sobre ti mismo y el sentimiento de culpa, sesgarán todo nuestro aprendizaje y visión sobre nosotros mismos.
  • Identificar claramente qué has perdido. Las crisis personales tienen que ver con la pérdida. Revisa cómo sueles abordar las situaciones de pérdida.
  • Practica «decir no» a situaciones que sabes internamente que no te hacen sentir bien o con las que no estás de acuerdo. Aprovecha para reflexionar sobre ello.

 

Y además...

  • Valora qué necesitas hacer para sentirte con mejor equilibrio personal. Tus prioridades y necesidades pueden ser ahora distintas. Y tienes derecho a ello.
  • Permítete periodos de descanso y de no tomar decisiones clave en este momento.
  • Protege tus espacios y tiempos de intimidad y privacidad. No necesitas estar disponible para todo el mundo y a cualquier hora. Realmente, esto tampoco ayuda a los demás. 
  • Habla de ello con personas de confianza. Ahora bien, evita estar constantemente hablando de ello a todas horas y con todo el mundo.
  • Escribe sobre lo que sientes y piensas. Sin juzgarte, aunque lo que escribas no tenga mucho sentido o no lo comprendas de momento. Expresa todo lo que necesites.
  • Haz un poco de ejercicio físico aunque te cueste. Actividades como pasear sin pensar en nada más pueden ayudarte y no requiere mucho esfuerzo.
  • Reflexionar sobre otras etapas difíciles en tu vida, e identifica qué fortalezas tuyas te sirvieron entonces.
  • Pedir ayuda profesional si sientes que necesitas otros enfoques y nuevos aprendizajes personales.

Los momentos de cambio, son buenos, es más me preocuparía como psicóloga que alguien que ha experimentado un cambio importante en su vida, no se sintiera un poco “descolocado” y en estado de alerta. Estos momentos de desequilibrio son la señal para hacer algo diferente con nuestras vidas. Las crisis son normales y habituales en nuestras vidas, nos permiten aprender de nosotros mismos y avanzar. La clave está en regular el impacto que los cambios tienen en nuestras emociones y habilidades.

Conclusión

  • Las crisis personales son normales en determinados momentos de cambio en tu vida.
  • Vienen acompañadas de emociones que te avisan de qué necesitas cambiar o reorientar algo de manera diferente a la habitual. 
  • Las crisis personales suponen una pérdida. Es importante valorar qué consideras que has perdido y reflexionar sobre cómo lo vas a superar.
  • Permitirte espacios y tiempos para cuidarte y comprenderte es crucial.
  • Rodearte de personas de confianza te proporcionará quizá parte del apoyo que necesitas.
  • Pide ayuda profesional. Habla con un psicólogo. Valora en primera persona cómo un proceso psicológico puede ayudarte.
¿Has identificado alguno de los síntomas correspondientes a una crisis personal?
Pide lo que necesites
Date permiso para hacer un alto en el camino y comprenderte mejor

Y si te apetece y puede ayudarte...

Cómo encontrarse a uno mismo en días de descanso

¿Tienes unos días de descanso?. Aunque sea ¿unos poquitos?. Espero que sí :-). Y si no, busca incluso ratos en los que te permitas descansar, desconectar, encontrarte contigo mismo. Es fundamental para seguir adelante, con fuerzas, con energía y con ilusión. 

Nuestro cerebro necesita de vez en cuando hacer un STOP para compensar el desgaste del día a día. El cuerpo necesita compensar el agotamiento del estrés diario. De hecho se recomienda vivir tres experiencias positivas por cada una negativa para reequilibrar nuestro bienestar. 

Los momentos de vacaciones son geniales para restablecer el equilibrio personal. Y además sería interesante buscar «mini momentos» de «recarga emocional» en nuestra vida diaria. No obstante, ahora posiblemente tengas a la vista unos días de descanso. Así que no dejes pasar esta oportunidad. 

Además de lo que estoy segura que ya sabes: desconecta el móvil e internet, descansa, haz cosas nuevas, viaja… etc, te propongo algunas ideas. Sé que tu imaginación te permitirá disfrutar de conversaciones y actividades extra que te harán sonreír. Ahora bien, ¿te guardas también algunos momentos de soledad?. ¿Cómo los llevas?. ¿Tienes algo pendiente de resolver?. ¿Alguna emoción difícil de asimilar?. 

Las actividades nuevas en momentos de vacaciones o descanso te renovarán. Sin embargo, procura que no «oculten» algo y te ayuden a «evitar» tus tareas emocionales y de equilibrio personal. Descansar para renovarse y recargar pilas, es fántástico. Quizá también sea un buen momento para retomar reflexiones que estás evitando y que el día a día ahoga con las responsabilidades y obligaciones. 

Quisiera hoy proporcionarte algunas ideas para hacer de reflexiones en soledad, un momento más positivo y constructivo. En la medida que pueda ayudar a que tú diálogo mental se reoriente a caminos más positivos, pienso que puede ser beneficioso para ti. Si quieres las vemos. 😉

Cómo encontrarse a uno mismo en días de descanso

Si quieres aprovechar estas reflexiones, te recomiendo hacerlo en momentos de relax y que preferiblemente estés solo. Dedícate una ratito, al aire libre, si puedes, con una bebida agradable, y con algo para apuntar.

Reflexiones personales para sentirte feliz contigo mismo

  • ¿Cuáles son los mejores logros que has conseguido estos primeros meses del año?.
  • ¿De qué te sientes más orgulloso ahora mismo?.
  • ¿Qué has conseguido o estás consiguiendo que te ha sorprendido a ti mismo?.
  • ¿Cómo lo has conseguido?. Recuerda, ¿Qué decisiones has tomado?. ¿Qué cambios has realizado?.
  • ¿Qué es lo mejor de ti que estás aprovechando al máximo en estos primeros meses del año?.
  • Reconócete ¿Qué puedes celebrar ya estos días?

Reflexiones para mirarte con buenos ojos

  • ¿Qué es lo que más valora de ti tu familia y amigos?.
  • Y tú, ¿Qué es lo que más valoras de ti mismo?. Y ¿Qué te gusta de ti?.
  • Piensa en ti. ¿Qué te da vida?. 
  • Recuerda experiencias propias, ¿Qué hace brillar tus ojos?.
  • En momentos difíciles ¿Qué te gusta de ti?.
  • Y en los buenos momentos, ¿Qué te gusta de ti?.

Reflexiones para soñar y sonreír

  • Imagina que han pasado 3 años y te encuentras muy bien. Eres muy feliz, caminas tu día a día con una increíble sensación de bienestar y de paz contigo mismo. Tienes una genial expresión en la cara de felicidad y de satisfacción contigo mismo. Te gusta tu vida y te gustas a ti mismo. 
  • ¿Qué has conseguido?.
  • ¿Cómo eres y qué haces en ese día a día?.
  • ¿Qué más sientes?.
  • ¿De qué estás agradecido?.
  • ¿Qué has cambiado de ti mismo?.
  • ¿Cuáles son las decisiones qué has elegido para vivir con esa sensación de bienestar?.
  • ¿De qué te sientes orgulloso?.
  • ¿Qué has hecho para encontrarte a ti mismo?.

Reflexiones para invertir en ti mismo

  • De esa imagen a 3 años vista, ¿Qué es lo que más te gustaría conseguir?. Piensa, ¿Qué sería lo que marcaría un impacto verdadero en tu felicidad?.
  • ¿En qué te gustaría invertir de verdad para encontrarte a ti mismo?. 
  • ¿Qué camino te haría ilusión empezar para sentirte mejor?.
  • Si pudieras empezar mañana, ¿Qué «proyecto» personal o profesional te daría vida?.
  • ¿Por dónde empezarías y cómo te haría sentir?.
  • ¿Cuáles serían los siguientes pasos?.

Reflexiones para reorientar tus dudas

  • ¿Qué duda te viene a la mente una y otra vez.
  • Destápala ¿Qué hay detrás de esa duda?.
  • ¿En qué te frena esa duda?.
  • ¿Cómo puedes aprovechar la duda para que te impulse hacia delante?.
  • ¿Cuál es el beneficio de esa duda?.

Reflexiones para encontrar lo que te importa de verdad

  • Vuelve a la imagen que has elaborado a 3 años vista.
  • ¿Cuánto te importa de 1 a 10 esa imagen?.
  • ¿Cómo te sentirías si estuvieras ya allí?.
  • De esa imagen qué querrías tener mañana más en tu vida?.
  • ¿Por qué has elegido esa imagen?.
  • ¿Para qué has elegido esa imagen de ti mismo?.
  • ¿Cuánto vas a permitir que esa imagen te impulse para sentirte bien y encontrarte contigo mismo?.

Conclusión

En momentos de bienestar y tranquilidad,  dónde la las hormonas de la felicidad fluyen, puedes aprovechar mejor la posibilidad de encontrarte a ti mismo. Recuerda que todo cambio, viene acompañado de una pregunta que nos impulsa a tomar decisiones. 

Date permiso para encontrar tus preguntas y por supuesto, tus respuestas. Las de nadie más. Sólo las tuyas. Son las válidas y las que te harán ser tú. Las personas que son felices consigo mismas son las protagonistas de la vida.

Espero que puedan ayudarte estas cuestiones a empezar un camino positivo y constructivo que te permita encontrarte. 

¿Cuánto deseas encontrarte a ti mismo?
¿Qué reflexión te impulsará a ser protagonista de vida y de tus emociones?
¿Cuál es la pregunta que te ronda la cabeza y está pidiéndote un cambio?

Y si te apetece y puede ayudarte...

Qué diferencia a las personas con mayor resiliencia

Qué diferencia a las personas con mayor resiliencia. ¿Te lo has planteado?. 

Si tuviste ocasión con el post anterior de encontrarte a ti mismo con las cuestiones que te planteé, seguro que activaste emociones positivas. ¿Lo conseguiste?. Algunos de mis lectores me dieron feedback y disfrutaron mucho de la experiencia. Eligieron un rato tranquilo y se permitieron:

  • Sentirse feliz con uno mismo.
  • Reflexionar sobre lo que les hacía sonreír.
  • Pensar sobre cómo invertir en uno mismo.
  • Reorientar las dudas.
  • Encontrar lo que de verdad importa.

En algunas ocasiones, este tipo de cuestiones puede generar algunos bloqueos. Si fue tu caso, tómalo como una señal de que necesitas resolver algo que no te está haciendo nada bien. Ocurre en pocas ocasiones, pero ocurre.

No obstante, si puedes dejar a un lado tus preocupaciones y como quiero marcar en este post, aprovechar tus momentos de descanso y bienestar, podrás hacerlo. En otro momento, si quieres puedes volver a ver cómo resuelves los temas emocionales pendientes. 

Hoy vamos a aprovechar y reflexionar qué diferencia a las personas con mayor resiliencia. 

Si me permites te guío en algunas reflexiones.

Qué diferencia a las personas con mayor resiliencia

He aquí la clave principal. Las personas con mayor resiliencia, disfrutan más. Sí, cultivan más las emociones positivas, lo que les permite desarrollar mejores recursos cognitivos y emocionales. 

Los modelos de la Psicología Positiva y de Indagación Apreciativa nos proponen que las emociones positivas tienen una misión importante: 

  • Las emociones positivas son buenos indicadores de bienestar y felicidad.
  • Cultivar emociones positivas produce bienestar a largo plazo, aumentando el crecimiento de recursos psicológicos. 
  • Las emociones positivas ayudan a restaurar el impacto psicológico de las emociones negativas.

Las emociones positivas impulsan tus capacidades cognitivas

Cuando experimentas emociones negativas se reducen tus capacidades cognitivas de afrontamiento del estrés, resolución de conflictos y la capacidad de superación. 

Con lo que, vamos a analizar qué ventajas obtendremos si cultivamos más las emociones positivas. Cultivar las emociones positivas, buscar momentos para disfrutar, realizar reflexiones para mirarse desde un punto de vista más compasivo, incorporar en tu vida hábitos para disfrutar, potenciará tus recursos cognitivos para afrontar las dificultades.

Las personas que cultivan las emociones positivas:

  • Son más flexibles a la hora de categorizar y clasificar eventos en sus vidas.
  • Generan más conexiones y relaciones entre sus pensamientos e ideas, con lo que procesan sus vivencias de manera más flexible.
  • Desarrollan una mayor capacidad de memorizar, de elaborar nuevas ideas y enfoques, y de ser más creativos.
  • Elaboran mejores planes de acción a la hora de resolver situaciones y tienen mayor capacidad de convertir el pensamiento en acción.
  • Tienen mayor capacidad de realizar variaciones, alternativas, adaptaciones de las ideas o soluciones previamente elegidas.
  • Muestran mayor capacidad para comprender situaciones complejas y mayor capacidad de aprendizaje.

Resuelves mejor los problemas cuando te sientes bien

Cuando sientes emociones como enfado, tristeza, desengaño, etc. tu cerebro está preparado para seguir buscando información que justifique la emoción que sientes. Así, te será siempre mucho más fácil buscar errores, diferencias con lo que te gustaría que fuera, realizar críticas a ti mismo o a los demás. 

Entonces, permítete un momento para reflexionar. Si te paras a pensar unos minutos, comprobarás algo mucho mejor. ¿Recuerdas la última vez que te sentiste feliz, alegre o satisfecho?. ¿Cómo veías los problemas?. Seguramente tu foco de atención estaba más en buscar alternativas, relativizar los aspectos negativos y en contar con tus propias fortalezas para sentir más confianza en esa situación. 

Cuando te sientes bien

  • Creas con mayor claridad una imagen futura de lo que quieres conseguir en cada área de tu vida o en esas situaciones pendientes de resolver.
  • Es más fácil que seas consciente de tus propias fortalezas y cómo te puedes servir de ellas en tu vida diaria.
  • Mejoras tu compromiso y voluntad de crear pequeños o grandes cambios aumenta.
  • Tu diálogo interno usa palabras más constructivas que te impulsan a la acción y al cambio.
  • Así, las palabras e ideas que están en tu mente empiezan a crear un mundo diferente sea en el ámbito personal, familiar, social o laboral. Tus palabras crean el mundo en el que vives.
  • Aparecen en tu mente las cuestiones y preguntas más adecuadas. Esas preguntas que te impulsan a moverte, a aprender y a resolver o tomar decisiones.
  • Te permites anticipar la imagen que deseas para las situaciones que vives diariamente. En vez de poner el foco en lo inamovible, cuando te sientes bien, focalizas tu atención en las posibilidades. Y además, en cómo puedes hacer para conseguir esa imagen futura que te gustaría.
  • Tu cerebro está más preparado para buscar logros y éxitos pasados. Con lo que eres más consciente de las verdaderas fortalezas que tienes para afrontar cualquier reto.

Cuándo te sientes bien te recuperas física, mental y emocionalmente. Amplías la visión de ti mismo y te permites reconsiderar positivamente tu valía ante la incertidumbre y las dificultades. 

Las emociones positivas compensan el impacto de las emociones negativas

Recuerda necesitas al menos 3 vivencias positivas por cada 1 negativa que experimentas. Las vivencias negativas y sus emociones correspondientes tienen un impacto sobre el agotamiento físico y mental. 

Las personas que sonríen más, practican el humor y cultivan sus emociones positivas:

  • Ante situaciones estresantes o negativas tardan menos tiempo en recuperarse emocionalmente y en volver a un estado emocional tranquilo.
  • Recuperan su nivel cardiovascular en menos tiempo.
  • Ante situaciones de evaluación son mejores en recuperarse y en focalizar su atención en la resolución de problemas.
  • Tienen más capacidad de distanciarse emocionalmente de actitudes tóxicas, situaciones negativas o estresantes.

Cómo cultivar las emociones positivas

Convierte en hábitos todas las acciones posibles que faciliten activar tus emociones positivas y las de los demás. Impactar positivamente en los demás, también te influirá a ti.

  • Sé agradecido, provoca una sonrisa en los demás.
  • Revisa periódicamente todas las cosas por las que te sientes afortunado y orgulloso.
  • Reflexiona sobre tus logros ya conseguidos y cómo los superaste.
  • Revisa también los malos momentos pasados desde una perspectiva positiva. ¿Qué lado positivo tuvieron?. ¿Qué ganaste en esa vivencia?.
  • Mantente conectado a las personas de tu entorno que te dan vida.
  • Acércate a las personas felices para contagiarte y para aprender.
  • Incluye diariamente rituales o momentos para disfrutar y reírte.
  • Recuerda momentos felices que has vivido y compártelos con otras personas.
  • Ralentiza tu tiempo de vez en cuando. Pasea despacio y huele el azahar, las flores…Estimula alguno de tus sentidos por encima de otros: tacto, vista, oído…

Y además...

 

  • «Engánchate» un rato en esa actividad que tanto disfrutas.
  • Incluye ejercicio físico o paseos regulares para disfrutar y relajarte.
  • Déjate llevar por la curiosidad de cualquier tema. Observa a dónde te lleva.
  • Aporta cosas nuevas a tu vida o a la vida de otros.
  • Visualiza la imagen futura de ti mismo que te haría feliz. «Remolonea» todo lo que quieras en esa imagen y constrúyela con todo detalle.
  • Reconoce las capacidades que tienes de las que te sientes más orgulloso.
  • Planifica eventos especiales periódicamente, para asegurar que tendrás momentos clave para disfrutar. 
  • Ten presente siempre tu propósito en la vida, en el trabajo, en la familia, y con los amigos.
  • Practica poder encontrar un significado a tus experiencias vitales.

Conclusión

Las personas con resiliencia disponen de mejores recursos psicológicos. Estos recursos les permiten afrontar mejor las situaciones difíciles y con incertidumbre. Son personas que se cuidan y mantienen una buena salud emocional. Disfrutar y cultivar las emociones positivas amplía sus capacidades cognitivas.

Así, practican y tienen más presentes nuevas formas de abordar las dificultades. Con lo que en situaciones estresantes o complejas se agotan menos, se recuperan antes, relativizan, y tienen mayor capacidad para redirigir su foco de atención.

 

¿Cómo te sientes en general ante situaciones difíciles o de incertidumbre?
¿De qué forma podrías cultivar más momentos felices?
Recuerda tu nivel de resiliencia, es decir tu capacidad para afrontar la incertidumbre depende en gran parte, de cuánto prepares tu cerebro para ampliar el nivel de tus recursos mentales y emocionales. Disfruta más y aumentarás tu resiliencia 😉

Y si te apetece y puede ayudarte...

El coste emocional de negar que #noesno

Imposible no reflexionar ante las noticias en las que un “no” expresado por una mujer no es escuchado. También, imposible no replantearse cuestiones personales y creencias sobre el mundo, sobre la dignidad de uno mismo, y sobre el sentido de control que tenemos sobre nuestras vivencias.

Y esto justo es la clave. No es no. Bien sea que un niño es maltratado. También, cuando dentro de una relación personal no se atiende a un no expresado por una mujer. O igualmente cuando extraños y/o conocidos ignoran un “no”.  

Aunque menores son los casos, estaríamos en la misma situación cuando un hombre expresa un “no”. Conozco casos y son igualmente desagradables. Desafortunadamente, las estadísticas nos muestran mayor número de casos en la mujer. En ningún caso, un “no” debería ser desatendido. Como personas integradas en una sociedad, merecemos todos un respeto y un valor.

No, es basta. Decir no, es gritar para. No, es no quiero esto en mi vida. Gritar no, es decir que ahora mismo quiero otra cosa, y que tengo derecho a cambiar de opinión.

Negar la escucha de un “no”, no sólo afecta a la persona implicada afecta todas las personas que se relacionan con el hecho traumático. Así cuanto más cerca o más implicados estamos en un hecho traumático más probabilidad de que nos afecte también.

Negar la escucha de un “no” significa que justo en ese momento se desestabilizan, sino todas, muchas de las creencias básicas que necesitamos para vivir y desarrollar relaciones de equilibrio personal y confianza.

El coste emocional de negar que #noesno

Las creencias básicas son esquemas conceptuales que desarrollamos sobre nosotros mismos, sobre los demás y en relación con el mundo en general. Estas creencias nos ayudan a manejarnos con cierta sensación de orden y control en la vida. Esta sensación de control y orden, se modifican bruscamente cuando nuestra vida se ve interrumpida por hechos traumáticos como el abuso, la violencia, y la agresión sexual, entre otros. Y aquí es cuando, con mucha seguridad, surge el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT).

Con una agresión aprendemos que el mundo no es bueno

Una de las primeras creencias que nos permite vivir nuestra vida de una forma adaptativa es considerar que por lo general el mundo es bueno. Ante un hecho traumático, estas creencias se caen.

Dejamos de creer que el mundo por lo general es benevolente, así como los hechos que ocurren en él

Las personas por lo general albergamos enfoques optimistas y creemos que ocurren más hechos positivos que negativos. Este enfoque optimista se relaciona con indicadores de bienestar como, por ejemplo:

  • Menor reacción ante el estrés.
  • Mejor capacidad de afrontamiento.
  • Menor depresión y ansiedad.
  • Mayor satisfacción con la vida y sensación de felicidad.

Así estas creencias crean un balance globalmente positivo del mundo en el que vivimos, ya que asumimos que podemos predecir un futuro positivo, y que tenemos pocas probabilidades de sufrir hechos negativos. Incluso consideramos que determinados hechos negativos son controlables. Estas creencias, por supuesto tienen mayor fuerza en las personas que no han experimentado hechos traumáticos.

No todas las personas que experimentan un hecho traumático desarrollan un TEPT, pero en caso de desarrollarlo, se reduce y se pierde:

  • La sensación de invulnerabilidad.
  • El grado de confianza que se puede tener en que se vivirán experiencias positivas.
  • La satisfacción personal con la propia vida, las estrategias de afrontamiento y el sentimiento de felicidad.

Dejamos de creer en que el mundo social que nos rodea es bueno y que podemos confiar en las personas

En relación con nuestro entorno social tendemos a creer que éste es benevolente y que las personas, por lo general nos tratarán con bondad y respeto. Esta creencia nos permite desarrollar una buena integración social, un sentido de pertenencia, y unas buenas relaciones sociales positivas.

Las vivencias traumáticas y la violencia colectiva generan bruscamente la sensación de no saber, de no controlar y de no conocer, cómo se desarrolla el mundo. Así como también, provocan la ruptura de nuestra capacidad de confianza en la gente. Predecimos entonces, que el mundo no tiene sentido y que no existe cohesión social.

Ante una agresión dejamos de creer en el sentido del mundo, el control, el azar y la justicia.

Se asocia a criterios de salud mental desarrollar unas creencias sanas sobre la justicia en el mundo, así como tener un buen locus de control interno (capacidad para crear resultados a partir del compromiso y esfuerzo propio).

Janoff-Bulman (1992) diferencia dentro 3 tipos de creencias básicas y cruciales en nuestra vida:

  • Creencias sobre el control del mundo, que se relacionan con nuestra capacidad de control.
  • Las creencias sobre el azar, que se relaciona con la afirmación de que los hechos no ocurren por azar.
  • Creencias sobre la justicia, según las cuales las personas reciben lo que se merecen, es decir que lo que les ocurre es justo.

Estas creencias cubren nuestras necesidades de mantener un enfoque relativamente estable y coherente sobre lo que ocurre en el mundo, de asimilar las novedades e integrarlas con nuestras creencias, reduciendo la incertidumbre y finalmente, de atribuir un significado al mundo, y de reforzar la consistencia entre nuestras creencias.

Así, cuando ocurre un hecho traumático como una agresión, el sistema que sustenta nuestra capacidad de control, la relación con el azar y las creencias sobre la justicia, se deshacen. Nos sumergen en un estado de descontrol total en el que aprendemos a que no podemos confiar en nadie y que no viviremos en un mundo justo.

Con una agresión se deja de valorar la dignidad de uno mismo

Para mantener una identidad personal y colectiva adecuada necesitamos creer en nosotros mismos. No sólo eso, necesitamos creer que somos merecedores y dignos de respeto. Así, según Janoff-Bulman (1992), es crucial que nos veamos a nosotros mismos como personas:

  • Valiosas con una buena autoestima. Esta capacidad de valorarnos a nosotros mismos se relaciona con menores niveles de ansiedad y depresión, y con una mayor capacidad de reaccionar ante el TEPT. Considerarnos como personas valiosas nos permite, además, recordar con mayor frecuencia los hechos positivos y atribuir con mayor frecuencia los éxitos conseguidos en nuestra vida.
  • Eficaces y con capacidad de decidir. Las personas que valoran que controlan su vida, reaccionan mejor ante el estrés, y sienten que tienen mayor capacidad de decidir libremente, y controlar su destino. Esto facilita un mayor ajuste psicológico.

Ante la vivencia de un hecho traumático, la percepción de valía sobre uno mismo es bruscamente atacada, así como la sensación de ser capaz de afrontar situaciones difíciles, y de decidir libremente sobre la propia vida. Estas consecuencias ponen en riesgo el ajuste psicológico necesario para vivir con nuestro pasado, disfrutar del presente y confiar en un futuro positivo.

Qué les espera a las víctimas de vivencias traumáticas

Para afrontar nuestra vida de una forma emocionalmente saludable necesitamos comprender las vivencias negativas que nos ocurren e integrarlas en nuestra vida: pasado, presente y futuro. Es importante también, que estos hechos traumáticos o negativos tengan cabida y ajuste con nuestro sistema de creencias sobre la justicia, el control, la ausencia del azar y el sentido del mundo. Las personas que han sufrido vivencias traumáticas necesitan encontrar respuestas a qué es, cómo y por qué ocurrió ese acontecimiento, que les desestabilizó por completo su sistema de creencias sobre la bondad y la justicia en el mundo.

Nolen-Hoeksema, S. y Davis, C.G. (2005) y Tennen, H. y Affleck,G. (2005) concluyeron algunas ideas sobre la búsqueda del sentido en relación a la vivencia de hechos traumáticos:

  • No todas las personas logran encontrar un sentido explicativo a lo ocurrido. Entre un 35% y 60% de personas no consiguen encontrar un porqué a las pérdidas incluso varios años después de haber ocurrido el suceso.
  • Las personas que no encuentran un sentido que explique el hecho traumático en un primer momento, siguen sin encontrarlo a medio y largo plazo.
  • Sólo si se encuentra un sentido explicativo al hecho traumático a corto plazo se va a conseguir un mejor ajuste emocional.
  • Cuánto más se tarda en encontrar un sentido a la vivencia traumática peor se valora el mundo, la justicia y el lado benevolente del mundo.

Así, encontramos que las personas que han vivido un hecho traumático tendrán, en la medida que su desarrollo emocional vaya mejorando, una ardua tarea personal de recuperar el sentido de sus vidas, de volver a valorarse personalmente y de reconciliarse con el mundo.

¿En qué más necesitarán invertir las víctimas de violencia?

Entre otros retos, las personas que han sufrido una vivencia traumática necesitarán invertir en

  • Reducir la asociación de aprendizaje que sea ha creado entre relacionarse con personas nuevas o conocidas y las consecuencias de peligro para la persona. Es decir, aprender a confiar de nuevo.
  • Recuperar la estructura mental del miedo como un sistema adaptativo que nos avisa en caso de peligro real. EL TEPT genera una amplia conexión de estímulos reales e imaginados que provocan que la persona necesite evitar cada vez más estímulos o situaciones relacionadas con el hecho traumático original. Las personas que han experimentado abusos y agresiones necesitan ajustar la estructura mental del miedo y reducir la asociación de cualquier situación al hecho traumático.
  • Volver a establecer el control de las situaciones, la atribución de responsabilidades y la integración de nuevas vivencias.
  • Reducir la reacción de la ansiedad mediante la creación de nuevos recuerdos positivos ante nuevas vivencias relacionadas con el mundo, consigo mismo y con las personas.
  • Disminuir las valoraciones negativas excesivas causadas por la vivencia traumática.
  • Reforzar las estrategias de afrontamiento de la persona y aprender nuevos recursos psicológicos que reduzcan el impacto intrusivo que produce el recuerdo constante del hecho traumático.
  • Trabajar la memoria traumática caracterizada por revivirse continuamente aumentando la sensación de que se experimenta de nuevo el trauma.
  • Regular la rumiación de pensamientos negativos relativos a la experiencia traumática.
  • Impulsar la capacidad para aplicar la inteligencia emocional para resolver los miedos y las emociones desestabilizadoras que siente la víctima.
  • Recuperar la autoestima y la percepción de que se merece respeto y dignidad.
  • Crear una vida con expectativas positivas sobre el futuro.
  • Recuperar su identidad personal para evitar definirse como una víctima.
  •  Eliminar la sensación de culpa. 
  • Creer de verdad que su vida  tiene sentido y que merecen sus ilusiones y objetivos.

Conclusión

Las vivencias traumáticas tienen un alto coste emocional para las personas que lo protagonizan. Fundamentalmente tienen un coste emocional:

  • Sobre la expectativa y creencia de que el mundo por lo general es un buen lugar en el que habitualmente ocurren más cosas buenas que malas.
  • En la confianza de las personas que nos rodean.
  • Sobre la valoración de la propia persona como alguien digno de respeto y aprecio.
  • Cuando se produce una vivencia traumática causada por otras personas y considerada como “evitable”, la sensación de dolor y desamparo es muy grande. Confiábamos en que el mundo en general es bueno. Entonces, a la víctima le queda un trabajo personal y emocional para recuperarse, y vivir el resto de su vida de la mejor forma posible.

Buenas noticias

En estos días en las conversaciones con mis clientes que han sufrido situaciones traumáticas similares me cuentan que están bien. Me comunican, que lo han superado y que ver este tipo de noticias, lejos de sumergirlas en recuerdos traumáticos, les han empujado a sentirse “como un león”. Mujeres con fuerza, y con una gran valoración de sí mismas, que han aprendido a confiar de nuevo en el mundo, sin dejar de potenciar sus recursos psicológicos.

¡Enhorabuena! 🙂 Y mi más sentido y emocionado agradecimiento por haber compartido conmigo su proceso de recuperación, y estos momentos de fuerza y valentía.

Mis mejores deseos de recuperación para todas aquellas personas, especialmente mujeres y niños que estén viviendo situación de agresión, abuso o maltrato para que puedan pronto recuperarse y salir del impacto de este recuerdo traumático. 

Ojalá no sufras. De verdad, que ojalá, cada vez haya menos situaciones, por no decir cero, relacionadas con maltrato, violencia o abuso. Pero si lo has sufrido o lo estás sufriendo:

  • Pide ayuda.
  • Se puede superar.
  • Puedes recuperar tu dignidad.
  • Tienes derecho a decir no.
  • Gestionar tu ansiedad y tu tremendo miedo es posible.
  • Tú no tienes la culpa.
  • Sigue habiendo un mundo mejor para ti y te lo mereces.
  • Hay personas y profesionales que están contigo para lo que necesites.
  • El estrés postraumático tiene solución.
#Noesno
Nadie es dueño de nadie
La recuperación emocional empieza siempre por un "quiero, a pesar de todo"

Fuentes

Begue, L. (2002). Belief in justice and faith in people: just world, religiosoity and interpersonal trust. Personality and Individual Differences, 32, 375-382.

Fernández, Itziar. Modelos para la comprensión de las respuestas postraumáticas.

Furnham, A. (2003). Belief in a just world: research progress over the past decade. Personality and Individual Differences, 34, 795-817.

Janoff–Bulman, R. (1992). Shattered Assumptions: Towards a New Psychology of Trauma. Nueva York: The Free Press.

Mas Hesse, Blanca. Modelos explicativos del Trastorno de Estrés Postraumático.

Nolen-Hoeksema, S. y Davis, C.G. (2005). Positive responses to loss: perceiving benefits and growth. En C.R. Snyder y S.J. Lopez (Eds.).Handbook of Positive Psychology. (pp. 598-603) Oxford: Oxford University Press.

Tennen, H. y Affleck,G. (2005). Benefit-finding and benefit-reminding.En C.R. Snyder y S.J. Lopez (Eds.).Handbook of Positive Psychology. (pp. 584-597) Oxford: Oxford University Press.

Foto tomada en Valencia. Grafitti de Julieta xlf. 

 

Y si te apetece y puede ayudarte...

He perdido la motivación ¿cómo puedo recuperarla?

«He perdido la motivación, ¿cómo puedo recuperarla?», ¿has escuchado esta expresión alguna vez?. O incluso tú mismo, ¿puede que la hayas pensado y que te sientas sin ilusión?. 

La mayoría de las personas que se han encontrado alguna vez con esta sensación piensan que el mundo es un lugar demasiado difícil. Sienten que la vida no tiene un sentido claro para ellos y, que incluso, «parece que haya que ser falso para estar bien y llevarse  bien con todo el mundo».

La verdad es que cuando se permiten hacer un «stop emocional» en sus vidas y comprender su desmotivación, se dan cuenta que su motivación siempre estuvo ahí. Lo que ocurre es que en determinadas épocas de sus vidas no la dejaron salir.

Todo el mundo tiene un motivo que le impulsa como mínimo a:

  • Querer influir positivamente en las personas de su alrededor. Sea el trabajo, la familia, los amigos, etc.
  • Afiliarse y sentirse identificado con un grupo. En cualquiera de sus ámbitos vitales. Formar parte de algo más grande que uno mismo, nos impulsa a aportar lo mejor de nosotros mismos.
  • Conseguir retos. Es el impulso que nos dirige a superarnos, a conseguir nuestras metas y a implicarnos en lo necesario para conseguirlas.

 

Entonces, ¿a dónde se fue tu motivación?

 Podríamos decir, que «se ha escondido». La motivación a menudo se encuentra abrumada y oculta por, al menos, alguna de estas razones:

  • Un montón de vivencias difíciles no resueltas emocionalmente.
  • El cansancio o agotamiento.
  • La falta de recursos psicológicos.
  • Posible inercia de comprometernos con demasiadas obligaciones.
  • Exceso de perfeccionismo.

Pero existe, la tienes. Tu motivación está ahí. Quizá la parte más difícil sea trabajar en ti mismo para dejarla salir. Por ello, invertir en ti para deshacerte de todo lo que oculta tu motivación, es crucial para gestionar esa desilusión.

¿Qué hace que pierdas la motivación?. Veamos algunos casos. También te invito a que te plantees algunas pequeñas acciones para que puedas sacarla a la luz. Cómo ya me conoces, sabes que no daré recetas mágicas ni rápidas. Pero al menos, algunas indicaciones de cómo empezar si que sería interesante que pudieras tenerlas en cuenta. Es importante recordar que los procesos psicológicos son muy personales y que no a todo el mundo le sirve todo. En los casos de desmotivación, siempre estamos ante un camino de autodescubrimiento personal e intransferible.

He perdido la motivación ¿cómo puedo recuperarla?

Hay una serie de señales físicas, emocionales y mentales que te avisarán de que tu motivación está quedándose en un segundo o tercer plano. De hecho, identificar estos avisos y profundizar en cómo llegamos hasta ahí, será la clave para gestionar la tristeza y falta de ilusión que produce la pérdida de motivación. 

¿Qué te dice tu cuerpo sobre tu pérdida de motivación?

  • No escuchas lo que necesita tu cuerpo
  • Trabajas demasiado
  • Te sientes cansado
  • Últimamente los resfriados son más frecuentes o duraderos, igual que los dolores de cabeza o dolores musculares.
  • Tu sistema inmunológico parece estar bajo mínimos.

Una investigación llevada a cabo por Jonathan Leval, Shai Danziger, and Liora Avniam-Pesso en las universidades de Columbia and Ben-Guron mostraba la importancia de la glucosa en nuestro cuerpo. Cuanta menos glucosa tienes en tu cuerpo, menos dispuesto estás a hacer una decisión activa para cambiar el futuro.

¿Puede que tu cuerpo te esté avisando de que necesita determinados alimentos para sentirse mejor?. Puede ser glucosa, pueden ser vitaminas, … Negar las necesidades fisiológicas de tu cuerpo puede afectar a tu energía, en consecuencia a tus emociones y motivación. 

Ya sé que lo sabes, pero hazlo, empieza por lo básico, aliméntate bien.

  • Haz un repaso de tu dieta.
  • Incluye fruta, verdura y frutos secos.
  • Bebe agua.
  • Camina o realiza alguna actividad física. 
  • Y todas las recomendaciones que nos dicen los médicos…

Pero sobre todo, disfruta comiendo. Evita comer pensando en lo siguiente que tienes que hacer. Haz las comidas con mentalidad de mindfulness. Disfruta y concéntrate en cada alimento, en su sabor, en su olor… Si tienes ocasión, ya cuando estés en casa, dedícale un poco de tiempo más a preparar lo que vas a comer. Tan importante es preparar la comida como ingerirla. El proceso de darse la oportunidad de «me merezco este rato para disfrutar» es un proceso  básico que personas con depresión o con gran desmotivación siempre relegan. Lo sustituyen por comer cualquier cosa o incluso comer mal y menos. Lo mismo ocurre con la actividad física. Empieza por lo básico. Luego veremos qué más puedes hacer para recuperar tu motivación. 

¿Qué te dice tu mente sobre tu pérdida de motivación?

  • Te estás involucrando en demasiadas decisiones.
  • Tu perfeccionismo te está ahogando porque no puedes llegar nunca a lo que consideras que es correcto.
  • Te dejas llevar por los ambientes tensos, de incertidumbre y tóxicos.
  • Tienes conflictos internos que te están estresando continuamente y te están agotando.
  • No puedes imaginar claramente tus próximas metas.

Necesitas profundizar, conocerte a ti mismo es la clave para activar tu motivación

lo que te dice tu mente empieza con algunas reflexiones
Te estás involucrando en demasiadas decisiones ¿Realmente tienes que tomar tú todas esas decisiones?. ¿Son todas urgentes?. ¿Son decisiones que quieres tomar?. Haz una lista de las decisiones que quieres tomar, las que debes y las que podrías tomar. Identifica así, más fácilmente el plazo para tomarlas. Ahora déjalas a un lado por un momento, y piensa cuáles son tus prioridades más importantes en tu vida. ¿Puedes reorganizar tu lista de decisiones?. Empieza a ser posible por las decisiones que quieres tomar.
Tu perfeccionismo te está ahogando ¿Qué hay detrás de tu perfeccionismo obsesivo?.Piensa. ¿Qué buscas calmar y no estás consiguiendo?. Haz una lista de motivos por los cuales necesitas prestar tanta atención a la perfección y a lo correcto. ¿Qué te dicen esos motivos?. Reflexiona. ¿Qué necesitas reorientar o fortalecer en vez del perfeccionismo?. Te en cuenta, ¿Qué te pierdes poniendo el perfeccionismo como eje de todas tus actuaciones?.
Te dejas llevar por ambiéntes tensos, tóxicos y de incertidumbre Cuánto menos consciente es uno mismo de sus fortalezas y sus recursos psicológicos, más fácil es dejarse abrumar por este tipo de ambientes o por personas con comportamientos tóxicos. Reflexiona sobre quién eres, de qué te sientes orgulloso, cuáles fueron tus logros pasados y cómo los resolviste. Vive las situaciones tensas, tóxicas o de incertidumbre desde lo qué tu quieres hacer, lo que tú puedes aportar. Delimita bien tus límites y decide en qué batallas quieres poner tu energía y tu valor. A veces la tensión, la incertidumbre y la toxicidad no son un ataque personal. Valora qué puedes y quieres hacer en cada momento de forma consciente.

Más cosas que te dice tu mente...

lo que te dice tu mente empieza con algunas reflexiones
Tienes conflictos internos importantes Los conflictos internos generan emociones negativas posiblemente de ansiedad, intranquilidad y frustración. Si sientes contradicción interna es porque tus valores, prioridades y principios no encuentran coherencia en tu vida. ¿Cómo estás afrontando tu día a día?. ¿Qué estás poniendo por delante de ti?. ¿Son coherentes tus decisiones con tus valores?. Investiga a quién estás dando prioridad y por qué. Posiblemente te venga bien invertir tiempo en reflexionar que lo qué tu quieres es tan importante como lo que quieren los demás, y que vale la pena reflexionar sobre cómo encontrar la forma de llegar a acuerdos. En vez de priorizar lo que piensan los demás sobre lo que piensas tú.
No puedes imaginar claramente tus metas Seguramente las emociones negativas que acompañan a tu desmotivación hacen que mentalmente no dispongas de claridad sobre tus metas. También puede influir que no le estás dedicando el tiempo y reflexión necesarias para poner blanco sobre negro en lo que quieres conseguir. En el caso de que las emociones negativas te estén bloqueando, resuelve y regula primero tus emociones, luego revisa nuevamente tus metas. Para reflexionar sobre tus metas es importante que profundices, sobre el motivo de tus metas, para qué quieres conseguirlas, cómo te harán sentir, a qué estás dispuesto a renunciar y en qué estás dispuesto a implicarte al máximo.

¿Qué te dicen tus emociones sobre tu pérdida de motivación?

  • No te sientes autónomo en tu vida personal, familiar, social o laboral.
  • Dependes mucho de los demás para sentirte bien.
  • Te resulta muy difícil identificar por qué no estás bien.
  • No se lo has contado a nadie o casi nadie pero intuyes que hay alguna emoción no resuelta desde hace tiempo. 
  • Sientes miedo.

Para resolver tus emociones es necesario conocerlas, identificar el motivo y buscar nuevos recursos psicológicos

lo que te dicen tus emociones Empieza con algunas reflexiones
No te sientes autónomo en las diversas facetas de tu vida Sentir que no eres "dueño" de tu tiempo, de tu vida o incluso de tus decisiones puede causar gran desmotivación. La autonomía personal además, influye directamente en tu autoestima. Así que, préstale la atención adecuada y revisa en qué facetas de tu vida no sientes la suficiente autonomía personal. Reflexiona sobre cuánta autonomía tienes en relación a las metas que quieres conseguir. ¿Hay algún área donde te sientes controlado?. Identifica cómo puedes desarrollar progresivamente mayor autonomía. ¿Cómo puedes asumir mayor autonomía en tus tareas, tiempo, decisiones, retos, etc.? Si es necesario pide la autonomía que crees que puedes asumir en algún entorno determinado como el trabajo, por ejemplo.
Dependes mucho de los demás para sentirte bien Está genial sentirnos contagiados por las personas que desprenden alegría y energía. Ahora bien, el problema está cuando dependes del entorno para sentirte bien y no dispones de los recursos necesarios para activar tus mejores emociones cuando las necesitas. La búsqueda de aceptación y aprobación, el considerarte menos que los demás, y la falta de conocimiento consciente de uno mismo, pueden provocar tu desmotivación. Revisar situaciones en las que "por compromiso", tuviste que activar tu mejor emoción puede ayudarte. Muy posiblemente, ser consciente de cómo activaste tu mejor emoción en una situación que "no querías o no podías" expresar tus emociones negativas, puede ayudarte. Seguro que ante un cliente, amigo o familiar diste lo mejor de tus emociones aunque no te sintieras así al principio. Seguramente acabaste por sentirte mucho mejor que cuando entraste en esa situación. ¿Cómo lo hiciste?.

Incluso si te resulta difícil...

lo que te dicen tus emociones Empieza con algunas reflexiones
Te resulta muy difícil identificar por qué no estás bien Seguramente no quieras saber cómo te sientes. Hay muchas personas que "huyen" de profundizar en sus emociones por temor a reconocer lo que sienten. Pero esto, es un falso recurso psicológico, porque el malestar aumenta cada vez más. Prueba a hablar con alguien de confianza, con un profesional o incluso empezar a escribir sobre ello. Empieza por poner palabras sin orden ni concierto sobre lo que sientes. Desarrolla después cada idea emocional. Exprésate y explícate con todo el detalle que necesites. Reflexiona más tarde sobre lo que has sido capaz de expresar ¿qué es exactamente lo que sientes y por qué te ocurre?.

Escucha a tus emociones...

lo que te dicen tus emociones Empieza con algunas reflexiones
Sabes que tienes alguna emoción no resuelta desde hace tiempo Hay emociones que puede que te duelan demasiado, o incluso sientas vergüenza de sentirlas. Lo cierto, es que como no han requerido una solución urgente las has ido procrastinando, y la inercia del día a día las ha ido ocultando. Las emociones que se guardan en cápsulas internas "pendientes de ser resueltas" pueden acabar por hacerte más daño que la emoción inicial. Suelen crear etapas de desmotivación, de crisis personal o de ansiedad en momentos decisivos de la vida de las personas. Date permiso psicológico para abordarlas. Reconcíliate con ellas. Préstales la atención que necesitan. Es como si tuvieras una etapa de tu vida sin terminar y sientes que no te deja seguir adelante con tranquilidad y seguridad. Evita esperar a momentos de crisis. A veces, suelen requerir perdonarse, asumir algunas pérdidas en nuestra vida, reconocer el dolor o la rabia, hacer las paces con nosotros mismos o con alguien.
Sientes miedo Piensa de qué o quién tienes miedo. ¿Qué es exactamente lo que te preocupa?. Tu miedo te está paralizando, así que presta atención a los motivos ya que son parte de la solución. ¿Qué necesitas hacer para que ese miedo se calme?. El miedo es un aviso de que estás ante una situación que requiere de recursos diferentes a los habituales.

Conclusión

La falta de motivación viene acompañada de multitud de señales físicas, mentales y emocionales. Prestarles atención es el paso necesario para iluminar de nuevo tu motivación, tu propósito, tu impulso y tus compromisos. Esa razón por la cual te brillan los ojos, puede estar oculta en determinadas etapas de tu vida. No la has perdido. Puede que sencillamente tengas algunos «pendientes» emocionales, físicos y mentales que atender primero.

Préstales atención y aumenta tu capacidad de vivir de manera plena, consciente y elegida. Tu motivación está esperando a que «hagas los deberes». 🙂 

¿Qué señales estás recibiendo de tu cuerpo, tu mente o tus emociones?
¿Cuáles serían las acciones más pequeñas por las que podrías empezar a resolver tus "pendientes"?
Imagina cómo te sentirías si pudieras dejar salir tu motivación 🙂

Y si te apetece y puede ayudarte...

error: Content is protected !!