La soledad es la nada. Es tristeza. Es cómo si no existieras, como si no vivieras.

Estas eran las palabras de una cliente en una de las sesiones de desarrollo personal en las que estaba participando para superar determinados retos personales, el principal, la ansiedad.

¿Soledad? no sé lo que es. No tengo tiempo. Soy el gerente de una importante área de negocio, tengo familia y obligaciones y esa es mi vida.

Estas eran las palabras de un gerente en una de las sesiones de coaching. Palabras que adelantaban que se había pasado la vida cumpliendo retos y obligaciones. Actualmente estaba en un momento de crisis personal en la que no se encontraba a sí mismo y sentía una gran insatisfacción.

Esa soledad que no encuentras o que te asusta

Es curioso como la palabra «soledad» cuanto menos nos inquieta y son pocas las personas que la viven como algo que forma parte de la vida, que es un «derecho emocional»  y que nos puede reportar muchos beneficios.

La soledad es más una experiencia subjetiva que un estado que dependa de elementos externos.

En los casos de mis clientes que expresan con sus propias palabras lo que sienten con el concepto de soledad, nos encontramos:

  • El miedo a estar solo. Es el miedo a no saber que te vas a encontrar sobre ti mismo. A menudo, se esconde detrás la creencia absoluta de que sólo somos alguien si recibimos atención e interacción de los demás. De esta forma pensamos que sólo con los demás se define nuestro valor, y somos esa persona, que define su identidad mediante la relación con los demás. Estas creencias nos llevan a necesitar, no querer, sino necesitar, estar siempre con alguien. En la interacción con los demás construimos nuestra identidad, pero no es la única forma.

Cómo consecuencia la persona trata de llenar su vida con una pareja (qué más o menos nos llevemos bien y nos haga compañía), con actividades compartidas que llenan todas las horas de su día, con más horas de trabajo y reuniones…

Cuando este objetivo de «no estar solo» no se cumple, la persona siente una profunda ansiedad y desesperación, causada por la dependencia emocional de la atención de los demás. Estando en soledad, su fuente de autoestima e identidad se ha desvanecido.

En el segundo caso, encontramos:

  • Vida repleta de actividad. Han sido muchos los casos, sobre todo de directivos, en los que me he encontrado que sin ser muy conscientes de ello, determinados profesionales han guiado su vida por un sinfín de obligaciones y retos. Primero estuvo el reto de los estudios, después el primer trabajo, ya de gran responsabilidad, a continuación la creación de una familia, la promoción profesional interna o externa que conllevaba grandísimos retos y resultados que conseguir… Un largo camino de retos en los que se ha perdido la identidad de la persona, porque ha sido sustituida por una identidad «correcaminos». Casi como, un «no sé dónde voy pero voy, porque sé que puedo».

A diferencia del caso anterior, no se es consciente del miedo a estar solo, porque hay otras prioridades, pero tampoco se es consciente del derecho emocional a la soledad.

En otros casos podemos también observar:

  • Sentirse solo en compañía de otros. En este caso la persona no se atreve a ser ella misma por temor al rechazo, al juicio o la agresividad. Trata de comportarse de una forma socialmente aceptable, pasando desapercibida y no generando ningún impacto, ni positivo ni negativo. A largo plazo, la persona tenderá a aislarse, a sentirse insegura e incomprendida y a crear miedo en las relaciones con los demás.
  • Soledad forzosa o sentimiento de abandono. Normalmente es consecuencia de un cambio en la relación con los demás siendo impuesta por la otra persona. Se percibe como un castigo y no se asume. Se inician conductas obsesivas para llenar el vacío de la persona que ya no está, tratando de liberarse de esa emoción negativa y huyendo de cualquier situación que implique soledad.

Entonces, ¿hemos de afrontar, evitar o vivir la soledad?

Sin duda saber vivir la soledad. Es curioso como se tiende a recomendar que las personas tienen que afrontar la soledad y hacer multitud de actividades, buscar personas nuevas, etc…

El objetivo de estas recomendaciones es lícito si además sabemos estar solos con nosotros mismos.

Saber vivir la soledad implica:

  • La única persona que va a estar contigo 24h al día eres tú, así que es muy sano emocionalmente aprender a conocerse, quererse y soñar.
  • Para dar lo mejor de nosotros mismos, para ser los mejores profesionales se necesita ser consciente de lo vivido y recolocar de forma voluntaria nuestras prioridades para ser feliz.
  • Escuchar continuamente a los demás, hace que no escuches al protagonista principal, tú.
  • Los espacios sanos de soledad permiten ser más creativos.
  • Darle valor a tus gustos, intereses, preferencias, reflexiones…
  • Recargar pilas. Nuestro cerebro y nuestro corazón necesita desconectar y cargarse nuevamente de energía que provenga de nosotros mismos.
  • Saber reconocer nuestros propios logros y aprendizajes.
  • Procesar y digerir las experiencias, las vivencias, los problemas, y la toma de decisiones con claridad.
  • Dirigir nuestra capacidad de concentración desde nuestras necesidades al resto del mundo.
  • Aumentar la confianza en uno mismo como fuente de autoestima, haciéndola más sólida y menos vulnerable a ataques externos.
  • Encontrar tus propias respuestas.
  • Ejercer tu derecho emocional a estar contigo mismo.

¿y tú sabes vivir tu soledad?