Para qué te sirven las emociones que sientes a diario

¿Para qué te sirven las emociones que sientes a diario?. ¿Te lo has preguntado alguna vez?. ¿De qué te sirve sentir miedo, ansiedad o tristeza en durante un tiempo o en tu día a día?. Puede que me des una respuesta rápida, como “¡de nada!” o “¡me agota sentir lo que siento!.

Bueno, si te parece reflexionaremos hoy sobre la utilidad de las emociones y porqué las sentimos.

Recuerdo en varias ocasiones en algunas sesiones de desarrollo psicológico personal, en las que los clientes contaban que estaban experimentando unas emociones muy negativas, “que no deberían sentir”. “No me gusta, no debería sentir esto”, era el sentimiento común en todos estos casos. 

Y es que con demasiada frecuencia, puede que se esté inundando a la sociedad con mensajes demasiado positivos sobre lo que deben sentir o no. Parece que debes sentirte optimista, alegre y feliz la mayor parte del tiempo. Cuando estoy segura que sabes, que cuando nadie te ve, en ese momento que te sinceras contigo mismo, no es así. Sientes muchas emociones y no todas son “tan positivas” como parece que se está transmitiendo. 

Entiendo entonces, que muchas personas entran en un bucle de contradicción. Algo “malo” me pasa cuando no estoy sintiendo lo que debería o siento emociones que “no son buenas”.

El primer mensaje que me gustaría dar hoy es, tranquilo. No pasa nada. Tienes derecho a sentir lo que quiera que sientas. No te preocupes si esas emociones son emociones llamadas “positivas” o “negativas”. Forman parte de ti. Te dan información de cómo vives, y como experimentas la vida. Son tuyas y tienes derecho a sentirlas. Aprender de ellas sólo es posible si les prestas atención, y permites desde niveles regulados, que te enseñen qué es lo que necesitas.

¿Qué es una emoción?

Una emoción es un fenómeno mental que tiene su propia base psicológica y neuroquímica. Hablar de emociones significa darnos cuenta que es el único lenguaje que tiene la mente para hablar a través del cuerpo. Así, la emoción es vital para la supervivencia y tienen un papel fundamental para determinadas necesidades de las personas. 

La emoción es el modo mental de entender que el cuerpo nos está diciendo algo. 

La anatomía de nuestra mente tiene 3 procesos emocionales importantes que resultan en tres tipos de habilidades:

  • Experimentar emociones
  • Dar un significado a las emociones
  • Regular las emociones

De esta forma, las emociones están diseñadas para facilitar la adaptación al entorno. Esta es la razón por las que las emociones se experimentan con mucha rapidez. De esta forma no consumen prácticamente tiempo de procesamiento cognitivo en una gran variedad de amenazas, y señales de seguridad, y confort. 

Para qué sirven las emociones que sientes a diario

¿”Para qué me sirve estar enfadado o triste”?. ¿Te lo has preguntado alguna vez?. Y aún así ¿te has dado cuenta de que te cuesta no sentirlo?. Las emociones como proceso mental y psicológico que experimentas, tiene su propio curso, funcionamiento y necesidades. Ni es necesario ni beneficioso que las evites, las “ocultes”, o las niegues. Ocurren por una razón y es importante que las conozcas.

Las emociones son cruciales para la supervivencia, la comunicación y la resolución de problemas. Son señales, que vale la pena escuchar. A veces, te proporcionarán información de que estás en peligro, que tus límites han sido sobrepasados, que sientes cercanía con una persona, o que echas de menos a una persona importante. 

Las emociones ocurren por un cambio en el entorno o un cambio interior y provocan cambios en las personas. Sobre todo, te proporcionarán información sobre la calidad y nivel de relación que tienes con otras personas.

¿A qué te ayudan las emociones?

Leslie S. Greenberg, Profesora Emérita de Psicología en York University of Toronto, nos propone que, las emociones tendrán para ti diversas utilidades. Así pues, la emoción puede ser: 

  • Una señal emocional de cómo te sientes en la relación con otras personas o con el entorno.
  • Una ayuda para organizarte hacia la acción.
  • Un monitor del estado en el que están tus relaciones personales.
  • Un indicador de si las cosas están yendo bien para ti, según lo que tu priorizas, te importa, tus valores, etc.
  • Una ayuda para el aprendizaje. 
  • Un factor impulsor de tu inteligencia.
  • Una guía rápida para tomar decisiones en la que se reducen las alternativas a considerar.
  • Una alarma recordatoria de lo negativo que necesitas evitar para sobrevivir. Por ello las emociones y experiencias “negativas” son tan difíciles de olvidar.

Cuando tu emoción no te está ayudando. Emociones no adaptativas.

Hemos comentado que las emociones nos permiten adaptarnos al entorno. Ahora bien, hay ocasiones en las que el sistema emocional puede crear hábitos emocionales desadaptativos. En este caso las emociones no te ayudarán. Seguro que has experimentado en ocasiones, una preocupación excesiva sobre algún tema, un enfado en el que “explotas”, gran ansiedad ante situaciones con público. O incluso miedo ante determinado trato o acción de algunas personas. Y cada vez que vuelves a estar en esas situaciones, tus emociones se alteran de nuevo. Parece que aún con tus mejores intenciones, “no puedes controlarlo”.

Las emociones no adaptativas se generan por muchas razones. En general, podríamos decir que se aprenden en situaciones en las que se evocan emociones básicas y muy automáticas. Enfado u odio ante un abuso, miedo ante una amenaza, tristeza ante una pérdida. El grado en que esas emociones se vuelven desadaptativas y residentes al cambio depende de varios factores. Es decir, cuán tempranas fueron esas experiencias emocionales, y con cuánta intensidad se experimentaron. Y además con que frecuencia se repitieron esas situaciones que activaron nuevamente esas emociones. 

Emociones desadaptativas

De hecho esas emociones intensas de negación, abuso, o dominio en el pasado pueden activarse en situaciones similares del presente evocando las mismas emociones. Con lo que de esta forma, la persona aprende a repetir un patrón emocional que se convierte en desadaptativo cuando las situaciones del presente sólo tienen alguna característica similar a la original. Este es el mecanismo por el que puedes experimentar miedo, tristeza o ansiedad ante situaciones del presente pero que tienen un origen en una situación difícil o traumática que te haya ocurrido en el pasado. En este caso las emociones se convierten en desadaptativas porque no te ayudan. Cada vez son más las situaciones que tratas de evitar ya que te generan malestar. En las emociones desadaptativas puedes darte cuenta de que:

  • Llevan mucho tiempo contigo.
  • Te superan.
  • Te sientes tan mal ahora como antes.
  • No cambian ni evolucionan en distintas situaciones.
  • Son difíciles, estresantes y profundas.
  • Les acompaña un diálogo interior destructivo.
  • Están afectando negativamente a tu identidad personal.

¿A qué te ayuda la inteligencia emocional?

La Inteligencia Emocional es la capacidad de comprender y actuar sobre tus emociones a partir de el hábito de conocer que te indican y qué información te están proporcionando. 

He aquí la importancia de conocer para qué sirven las emociones. En los casos que comentaba al principio en los que los clientes se sorprendían de emociones que “no debían sentir” fue crucial trabajar sobre la utilidad de las emociones. Todas las emociones te proporcionan información. Y es importante también descubrir si están siendo adaptativas o no. En cualquier caso, te proporcionan la clave para trabajar con ellas. 

Fundamentalmente, ser inteligente en la gestión de tus emociones significa dos cosas:

  • Regular el nivel de las emociones disruptivas.
  • Conseguir sentir la emoción más adecuada para la situación que necesito abordar.

Así la Inteligencia Emocional, te puede ayudar practicando:

Sentido, expresión y regulación de las emociones

  • Tu capacidad de dar un sentido a las emociones. Lo lograrás aprendiendo a vivir en equilibrio. Integrando la razón con la emoción. El objetivo es que puedas llegar a vivir apasionadamente y también de forma reflexiva, de manera que puedas integrar tu cabeza y tu corazón.
  • La expresión de las emociones. Significa que puedas expresar, comunicar tus emociones de forma adecuada al contexto y situación en la que estás viviendo. Aprender cuándo y cómo expresar tus emociones, y cuándo te ayudarán y cuándo no es el objetivo más importante de la inteligencia emocional.
  • Tu capacidad para regular/nivelar la intensidad de tus emociones. Regular, adaptar la intensidad de tu experiencia emocional, así como el grado y la forma en la que expresas tus emociones. De esta forma, las emociones pueden guiarte. De otra forma, te dejarás llevar por ellas. Una cosa es que las emociones se apoderen de ti, y otra muy distinta, que la emoción te guíe en la situación que quieres abordar. 

Comprensión. Pasado, presente y futuro. Diálogo interno.

  • El nivel de comprensión de las emociones de los demás. Parte de la Inteligencia Emocional es ser capaz de comprender cómo se sienten los demás. No sólo comprender que pueden estar tristes o enfadados, sino entender, el significado de esas emociones para la otra persona. Por ello, dar la oportunidad de crear conversaciones que permitan poner palabras a las emociones es una de las mejores acciones que puedes realizar. Evita negar o no dar importancia a las expresiones emocionales del otro. En ocasiones, se tiende a decir enseguida, “no te preocupes, pasará”, “no te agobies, pensemos en otra cosa”… Y realmente la persona está tratando de “aterrizar” y gestionar lo que siente en esa conversación. Permítete escuchar, a veces, no es necesario “solucionarle la emoción” al otro, sólo demostrar que comprendes lo que siente. 
  • La integración del pasado, presente y futuro. Las emociones por su naturaleza dirigen tu atención al presente. De hecho parece que lo “invaden” todo y de esta forma, guían tus acciones en las metas más inmediatas. El objetivo es reorganizar cómo las emociones gobiernan tu vida. Las emociones del pasado definen tu aprendizaje, que te guiará en el presente y generará nueva información para que puedas ayudarte en futuras vivencias. Negar las emociones del pasado no te ayudará a gestionar las emociones de tu presente. Centrarte solamente en las emociones del día a día, puede que te lleve a unas experiencias futuras que no son emocionalmente saludables para ti. 
  • Tu capacidad de reflexión sobre la narrativa y el diálogo interno que elaboras sobre tus emociones. ¿Qué historia te cuentas cuando experimentas las emociones?. ¿Cómo lo expresas cuando hablas con otra persona de confianza?. Usar el lenguaje para expresar tus emociones favorece la integración cuerpo y mente. Evitar hablar sobre lo que te preocupa, te asusta o te duele reducirá tu capacidad de gestionar bien las emociones. De hecho, en personas que han sufrido experiencias difíciles o traumáticas, poder hablar y elaborar un sentido a lo ocurrido, poniéndolo en palabras, es realmente útil en la superación de estas emociones.

¿Cómo puedo aprovechar las emociones más difíciles?

Sentir Tristeza

Tristeza Saludable

Es breve. Aparece como respuesta a un evento de pérdida, dolor o despedida. Se acompaña de la capacidad de aceptación de lo inevitable. Esta tristeza está libre de culpa.

Tristeza No Saludable

Lleva mucho tiempo contigo. Ha cambiado tus hábitos de vida. Se alimenta de pensamientos y reflexiones que ponen el foco de atención exclusivamente en el aspecto negativo. Te protegen de sufrimiento futuro con lo que la mantienes presente en tu vida.

Sentir Enfado

Enfado Saludable

Es breve. Proporciona información sobre algo que necesitas cambiar. La reflexión desde la calma permite identificar la fuente del enfado. Te permite identificar tus límites y protegerte.

Enfado No Saludable

Te afecta personalmente y a tus relaciones con los demás. Te lleva a expresarte y comportarte de manera agresiva. Invade casi todas tus interacciones.

Sentir Miedo y Ansiedad

Miedo y Ansiedad Saludable

Es puntual. Te permite identificar cómo evitar el peligro, la incertidumbre o buscar protección. Aprovechas la anticipación que te proporciona el miedo o la ansiedad para tomar decisiones y afrontar la situación.

Miedo y Ansiedad No Saludable

El miedo o ansiedad se produce como consecuencia de una situación traumática para la persona. Se aprende a evitar cualquier situación similar que recuerde el evento traumático. La intensidad de las emociones pasadas se mantiene en el presente. Se vive con la ansiedad a cuestas.

Sentir Vergüenza

Vergüenza Saludable

Se produce como consecuencia de identificar que uno está sobrepasando sus límites personales o está yendo en contra de sus valores y moral. Proporcionan información que se puede aprovechar para identificar cómo comportarse para sentirse bien con uno mismo.

Vergüenza No Saludable

Se acompaña de culpa y de evaluación negativa de uno mismo. Impide valorarse a uno mismo, comprenderse y perdonarse. Dificulta las relaciones con los demás.

Sentir Dolor

Dolor Saludable

Te informa de que has experimentado un daño personal. Te pone en situación de alerta para prevenirlo en el futuro. Se acompaña de la necesidad de sobrevivir y aceptar el dolor. Evoluciona con flexibilidad y permite vivir nuevas experiencias. Se asume la responsabilidad de realizar nuevos esfuerzos y de tener nuevas metas.

Dolor No Saludable

Estancamiento en la experiencia traumática y en las emociones de dolor. Se acompaña de sentimiento de angustia vital. Se evita sentir el dolor o por el contrario se incuba de forma constante. Foco de atención en la desesperanza y en el desamparo.

Conclusión

Recuerda es importante saber para qué sirven las emociones que sientes a diario. Para ello trata de tener presente:

  • Tienes derecho a sentir la emoción que necesites.
  • Toda emoción será una fuente de información muy útil para tu aprendizaje y tu evolución como persona.
  • Determinados procesos emocionales pueden no ser adaptativos.
  • La Inteligencia Emocional es la capacidad que te ayudará a regular tus emociones y aprovechar lo máximo de ellas.
  • Recuerda que las emociones pueden ser saludables o no. Aprende a identificarlas. 
¿Prestas atención a tus emociones?
¿Eres capaz de identificar si la gestión que realizas es saludable o no?
¿Qué puedes empezar a hacer para practicar la Inteligencia Emocional?

Y si te apetece y puede ayudarte...

Cuando tu autoestima necesita asistencia urgente

¿Qué piensas de ti mismo?. ¿Cómo te describirías?. ¿Eres una buena conciencia con la que conversar?. ¿Cuánto te quieres?.

Estas cuestiones son probablemente difíciles de responder por personas que sufren de autoestima baja. ¿Qué es exactamente la autoestima?. Las creencias que tiene sobre ti mismo y en relación a los demás. ¿Cómo te posicionas en tu relación con los demás?. ¿Piensas que los demás son mejor que tú?. Aquí la primera cuestión clave. Nadie es mejor que nadie ni peor que nadie. Las personas son diferentes. Cada uno tiene unas experiencias, unos valores y unas habilidades. Quizá más o menos desarrolladas en comparación con otros. Pero eso no implica que el resultado de tu valoración sea “menos que otros”.

La autoestima es el pilar central, que nos permite seguir adelante con nuestras vidas. Nos permite implicarnos en retos y relacionarnos saludablemente con los demás. Las personas que sufren con las creencias que tienen de sí mismos, tienen muchas dificultades en estos aspectos. De hecho, es muy común.  Algunos clientes pueden asistir a mi consulta identificando diversos problemas en su vida diaria. Cuando reflexionas con ellos desde la calma, se descubre que el pilar de todo es la baja autoestima. 

¿A qué señales necesitamos prestar atención para ser conscientes de que nuestra autoestima necesita ayuda urgente?. Vamos a reflexionar sobre algunas cuestiones que son comunes cuando sufres con una autoestima baja.

Cuando tu autoestima necesita asistencia urgente

Gran dificultad para reconocer los logros personales de tu trayectoria vital

¿De qué te sientes más satisfecho en tu vida?. ¿Podrías señalar 15 logros que has conseguido y de los que te sientes orgulloso?. Ser consciente de cómo ha sido tu paso por la vida hasta ahora es importante. Reconocerse como protagonista de tu vida, es clave.

Sentir que tu vida es fruto de lo que te dejaron ser. O incluso, de las circunstancias, de las personas y situaciones que has vivido, te hará daño. Es importante ser realista con uno mismo y comprensivo. Tú también has tenido tu papel. ¿Cuál ha sido?. Evita tener una visión sesgada de la realidad. Habrá vivencias que han sido marcadas por las circunstancias. Y también habrá en esas vivencias un margen de maniobra que tú protagonizaste. ¿Cuál fue?. ¿Qué te dicen las decisiones que tomaste?. 

Búsqueda constante de aprobación, felicitación, y permiso de los demás

¿Puedo…?. Dime qué hago… Si a ti no te parece bien, pues es que no… ¿A qué esto que he conseguido es muy importante?. 

¿Cuántas veces piensas o dices estas frases en tu día a día?. En el trabajo, en tus relaciones personales o familiares ¿es éste un diálogo frecuente?. Páralo. Reflexiona. Tu opinión es tan importante como la de los demás. Gustar y complacer a todo el mundo es imposible. Cualquier reto que consigas es importante, si lo es para ti. Tu opinión es suficiente. La satisfacción que sientes es suficientemente importante. Si además los demás la reconocen, pues eso que te encuentras. 

Depender constantemente, y casi sin ser consciente, de la opinión de los demás, no te ayuda. Tu autoestima principalmente necesita alimentarse de tu valoración propia. Crea nuevos hábitos contigo mismo para hacer crecer tu autoestima. 

Hundimiento emocional cuando te critican

Es que tal persona piensa que soy… Si tomo esta decisión, no me hablarán… No puedo vivir con tantos comentarios crueles…Yo sé que no soy así ¿pero por qué no pueden dejar de criticarme?.

¿Te suenan estas reflexiones?. Las personas critican por muchos motivos. Puede ser que se defiendan de algo. Es posible que hayan aprendido a conseguir algo de ti, criticándote duramente. Y realmente les funciona. Incluso puede que no hayan aprendido otras formas de relacionarse con los demás. Y esta forma les da un sentido de control y poder. Falso, pero eficaz en el corto plazo. Luego estas críticas pueden ser más o menos agresivas. Puede incluso que haya algo de razón en ellas. No lo sé. Sería cuestión de analizarlo contigo.

Estoy de acuerdo, en que en cualquier caso las críticas deben ser amables. Y útiles para quien las recibe. Lo cierto es que no siempre las recibiremos de esta forma. 

En ambos casos, tanto si la crítica es amable o agresiva, es sólo una percepción. Es un punto de vista de la otra parte. Evita convertir en realidad absoluta la crítica. En tu realidad. Evita que las críticas te definan absolutamente. Ya que si conviertes en realidad absoluta la percepción de los demás, tú te dejas de lado. Veo muchas personas a diario que se hunden emocionalmente ante las críticas.

Ante cualquier crítica, sea amable o agresiva, reivindica tu papel. ¿Qué piensas tú?. ¿Puedes aprovechar algo de lo que te dicen?. ¿Te atreverás a rechazar la crítica sino es útil?.

Dificultad para tener un diálogo interno calmado y constructivo

Ansiedad, mucha ansiedad. Tristeza. Inquietud y malestar. Agotamiento emocional por la rapidez y automatismo del diálogo interno destructivo. Así son las consecuencias de un dialogo no saludable. 

Las personas con baja autoestima no dejan de hablarse continuamente de forma destructiva. Incorporan las críticas recibidas y  las hacen suyas y reales. Anticipan catastróficamente lo que ocurrirá …

Este hábito no saludable tiene consecuencias en sus emociones y en sus comportamientos. Así es posible que te puedas encontrar, que entre tus comportamientos habituales, estés:

  • Evitando. Situaciones, personas o por qué no, tus propias emociones. Evitar proporciona una “falsa calma” a corto plazo. Pero sobre todo, te impide resolver y aprender. Evitar te limitará en tu propia valoración. Tendrás menos oportunidades de descubrirte. Y lo peor, es que cada vez evitarás más situaciones, personas o emociones. 
  • Tomando precauciones excesivas con el consecuente estrés. La excesiva preocupación que dedicas a anticipar y a procurar controlarlo todo tomará forma en tu cerebro. Y buscarás todos los elementos que confirmen tus miedos. Así multiplicarás de nuevo tu ansiedad. 
  • Valorándote de incompetente. No puedo, no lo voy a conseguir…  te lleva irremediablemente a un bloqueo en el rendimiento emocional, cognitivo y conductual. Y así te preocupas y confirmas nuevamente tus predicciones. Sí que hay algo cierto. Si activas en tu cerebro el mecanismo que presta atención a las dificultades en vez de las soluciones, tu rendimiento baja. Permitirte verte como valioso en cada paso que des aumentará tu rendimiento.
  • Menospreciando el éxito conseguido. Cuando tu diálogo más frecuente es la autocrítica destructiva no hay sitio para la atribución de éxitos. Tenderás a atribuir los éxitos que consigas al azar, la suerte o a la participación de otros. 

 

Miedo a cuestionarse aprendizajes y creencias del pasado

Todas las experiencias vividas tienen su importancia. Cualquier aprendizaje que hayas obtenido es realmente valioso. Tu trayectoria personal te ha ayudado a ser quién eres hoy. Ahora bien, es posible que lo que antes te sirvió ahora no te aporte tanto. Los valores de hace 10 años puede que hayan cambiado para ti. Tienes derecho a que tus prioridades cambien. 

Acompaña esta evolución de nuevas o renovadas creencias en tu vida. Lo que aprendiste en tu familia puede que te sirviera en un momento determinado. Aquello que aprendiste con ese jefe, o con esa persona significativa te ha llevado a este momento actual. Valora lo aprendido y lo conseguido.

Pero sé también valiente. Ahora eres alguien diferente, con inquietudes posiblemente distintas. Con necesidades diversas. Puedes. Date permiso para crear tus propias creencias. Aparcar o minimizar lo aprendido en el pasado no implica desprecio a tu vida o a las personas importantes de tu vida.

¿Cuántas de estas reflexiones te son familiares? ¿Cuántas están presentes en tu vida diaria?
Recuerda, para cuidarse, detectar. Una vez detectes, cuestiónate. Una vez te cuestiones, reconstruye. Cuando uno es protagonista de su reconstrucción es más feliz.

Qué te estresa exactamente que te hace tanto daño

Estrés, ansiedad generalizada, malestar, inquietud, desasosiego e insatisfacción personal. Tristeza, preocupación constante, desánimo y dolor. Agobio, agotamiento mental y emocional, y ahogo. Estas son algunas de las emociones con las que vienen algunos clientes a consulta psicológica.

Relajación, mindfulness, meditación, deporte, pilates, yoga… y multitud de técnicas y ejercicios al alcance de todos para tratar de superarlo. Si bien, estas técnicas pueden ser muy útiles, en la mayoría de los casos, necesitamos algún paso más.

Las emociones, sobre todo las que causan intranquilidad, son una señal de alarma. Un aviso, al que a veces no le prestas la atención suficiente. 

El cerebro está preparado, entre otras cosas, para generar ideas y pensamientos, y para detectar el peligro y la amenaza. Es cuando detecta algún tipo de amenaza, cuando se disparan todos los procesos neuronales para generar ansiedad. O malestar, o tristeza, etc.

Necesitas de este sistema para adaptarte a las situaciones. Cuando tienes ansiedad o malestar crees que algo no funciona bien en ti. Pero es todo lo contrario. Tu cerebro funciona perfectamente. Todos los sistemas cognitivos y emocionales están organizándose para decirte algo. Te indican que en esa situación necesitas más recursos personales o diferentes de los que sueles utilizar habitualmente. 

Es muy común tratar de aplacar la ansiedad, o la tristeza o el agobio, evitándola. Haciendo algo para no sentirla. Normalmente esto provoca que tus “emociones incómodas” se multipliquen. Así que no resuelves mucho.

Un nivel adecuado de ansiedad (mejor de activación e inquietud) puede ayudarte a prestar más atención. Así, en una reunión importante, tu inquietud previa puede ayudarte a prepararte mejor. Ante una situación personal importante, ese estado de activación, te guiará para que seas más cuidadoso en las comunicaciones.

Antes o después de esta situación podrás aplicar técnicas de relajación, meditación, yoga para compensar y para sentirte mejor.

Cuando ese estrés, ansiedad, malestar, tristeza etc, se mantienen en el tiempo con niveles altos, ese punto tan alto ya no te ayudará. Te impedirá resolver bien la situación y te bloqueará. Ahí es cuando necesitas otros recursos, otras técnicas. 

Es la gestión emocional entre otras técnicas la que nos ayudará a resolver mayores niveles de malestar y ansiedad. De hecho Matthew Lippincott y Daniel Goleman así lo apuntan en alguno de sus artículos. Técnicas como el mindfulness por ejemplo, no funcionará sin un buen nivel de habilidades de gestión emocional.

Las técnicas y recursos psicológicos te serán de gran ayuda. Después puedes potenciar tu mejoría con otras técnicas. Primero resuelve psicológicamente lo que te ocurre. 

¿Qué es lo primero que puedes hacer para gestionar las emociones difíciles como la ansiedad, el agobio, la tristeza, etc.?

Lo primero es preguntarse identificar el tipo de situación que estoy viviendo. No todos los estímulos estresantes son iguales. No todos requieren las mismas técnicas. Y sobre todo en este punto de clarificación es importante trabajar el por qué. 

Tómate tu tiempo. Resolver emociones significa invertir tiempo en ti. Sentirse mal por no tener tiempo para sentir, no te ayudará. Piensa lo que sientes y siente lo que piensas.

  • ¿Por qué te sientes así?
  • ¿Cuál es el motivo de que en esta situación o con esa persona te sientas de esa manera?
  • ¿Por qué llevas tanto tiempo sintiéndote así?
  • ¿Qué ganas y qué pierdes con esta emoción?

Qué te estresa exactamente que te hace tanto daño

En esta ocasión vamos a ver los distintos tipos de situaciones estresantes en los que puedes estar inmerso y algunas indicaciones para abordarlos. Recuerda que nuestro desarrollo psicológico es delicado y precioso. No todas las recomendaciones servirán para todas las personas ni para todas las situaciones. 

1 Transiciones vitales

Son aquellos cambios en estadios determinados de tu vida que requieren de tu adaptación a las nuevas circunstancias. Son situaciones como:

  • Empezar nuevos estudios
  • Comprar una casa
  • Casarse
  • Tener un hijo
  • Jubilarse

Habitualmente este tipo de situaciones se abordan sin mayores problemas. En ocasiones, algunas personas sientes más ansiedad de lo normal y se sienten bloqueados. En este tipo de situaciones puede aumentar el nivel normal de ansiedad factores como:

  • El grado de elección 
  • Otras situaciones estresantes que estés afrontando
  • Tus estrategias de afrontamiento: “tu maleta de herramientas psicológicas”
  • Problemas u obstáculos imprevistos
  • El significado que tiene para ti este cambio
¿Qué nos ayuda en este tipo de transiciones vitales?

  • Que podamos elegir el cambio o algunos aspectos del mismo
  • Nuestra capacidad de adaptación
  • La creación de nuevos roles en nuestra vida
  • Coherencia entre los retos que nos esperan y el tipo de habilidades que pondremos en marcha
  • Apoyo social
  • Significado vital que tiene para nosotros
  • Recursos económicos

2 Acontecimientos vitales importantes

Este tipo de estresores incluyen fracaso, amenaza o pérdida. De estatus, posición, oportunidades, hábitos…Suelen generar incertidumbre, inseguridad y falta de confianza Pueden ser que estés viviendo situaciones como:

  • Pérdida de empleo o promoción en el puesto de trabajo
  • Fracaso académico
  • Divorcio o separación
  • Enfermedad grave
  • Infertilidad
  • Dependencia emocional de la pareja
  • Fallecimiento de un ser querido

Este tipo de vivencias suele generar shock, enfado, miedo, tristeza y requieren de tiempo y de procesos de desarrollo personal para afrontarlos.

¿Algunas ideas para empezar a gestionar las emociones en acontecimientos vitales importantes?

  • Tómate un tiempo en el que activamente aceptes la situación
  • Gestionar las emociones que acompañan esta nueva vivencia 
  • Crear nuevos hábitos y rutinas para estructurar el tiempo 
  • Confiar en nuestras fortalezas y ver cómo las podemos potenciar en estas nuevas situaciones vitales
  • Apoyarse en familia y amigos
  • Seguir considerándose la misma persona que eras antes de esta situación. Este tipo de situación no te convierte en “menos”.

3 Estresores crónicos. Vivir con ansiedad constante

El estrés crónico se produce cuando la situación estresante es crónica y forma parte de áreas importantes en tu vida. Por ejemplo, identifica de todas estas posibilidades cuáles estás viviendo ahora mismo, y que son crónicas en tu vida:

  • Grandes discusiones y/o agresividad con la pareja, familia, trabajo…
  • Problemas económicos
  • Enfermedad de un familiar o alguien muy cercano
  • Problemas de abuso de drogas
  • Cuidado de personas enfermas 
  • Alto nivel de demanda en el trabajo
  • Dificultades en estudios
  • Soledad
  • Dificultad de cumplir con tus responsabilidades
  • Falta de apoyo
  • Dolor crónico 
  • Trabajo monótono
  • Constantes viajes por trabajo
  • Insatisfacción con tu peso o con tus hábitos de comida
  • Situación familiar complicada
¿Por dónde empezar a reducir la ansiedad constante?

  • Revisar tu rol y la cantidad, y calidad de energía, que inviertes en esa situación
  • Centrar la atención en fragmentos de esa vivencia: resuelve cada situación de una en una
  • Tomar decisiones personales
  • Reevaluar la situación: cuánto estrés nos produce la situación en sí misma y cuánta ansiedad estás produciendo tú mismo

4 Trauma. Vivencias traumáticas que no te dejan vivir plenamente. Estrés postraumático.

Un vivencia traumática es aquella que causa amenaza para la vida o daño psicológico. Dicha experiencia sobrepasa a la persona y a sus recursos personales. Genera lo que conocemos por estrés postraumático. Puede ocurrir como consecuencia de:

  • Exposición a la guerra, desastres naturales, accidentes de tráfico, abuso sexual, violencia doméstica…Es decir, pueden ser vivencias externas que no controlamos y son inesperadas como las catástrofes naturales o el terrorismo. Puede ser vivencias interpersonales como los abusos o el maltrato.
  • Ser protagonistas en primera persona o ser observadores muy cercanos de otras personas allegadas que sufren esta situación.

Genera síntomas muy específicos que impiden que la persona continúe con su vida normalmente:

  • Recuerdos angustiosos y recurrentes que se reviven constantemente
  • Sueños o pesadillas
  • Vivencia en presente del suceso traumático aunque haya terminado
  • Malestar psicológico intenso o prolongado ante la exposición a situaciones relacionadas con el trauma
  • Reacciones fisiológicas propias de la vivencia traumática
  • Hipervigilancia, activación y reactividad excesiva
  • Incapacidad para recordar un aspecto importante del suceso vivido
  • Perdida de interés
  • Sentimiento de desapego
  • Incapacidad de experimentar emociones positivas
  • Pensamientos intrusivos y evitación 
¿Qué tipo de ayuda se necesita para superar el estrés postraumático?

Sin duda, esta es una de las vivencias estresantes que más requieren de apoyo psicológico. El tratamiento irá dirigido a la recuperación de la seguridad emocional de la persona. Se trabajará la exposición a las situaciones temidas. Se proporcionarán nuevos recursos cognitivos y emocionales, además de técnicas de mentalización. 

Conclusiones: Necesitas identificar la fuente de tu estrés y malestar psicológico

  • Identifica la situación que te genera estrés y describe las emociones que experimentas
  • Piensa en qué tipo de pérdida supone esa situación para ti
  • Invierte en aceptar esa situación. Céntrate en lo que puedes elegir de esa situación
  • Reflexiona en cómo resolverás las demandas que te genera esa nueva situación
  • Identifica si hay más vivencias estresantes en tu vida
  • Revisa con qué apoyo cuentas
  • Qué significado tiene para ti esa vivencia estresante
  • Valora si puedes encontrar un buen reto para ti en esa misma situación
  • Sé consciente que las situaciones estresantes pueden hacer tambalear la estructura de creencias y prioridades vitales de una persona. Cuídalas y reconstruye.

Como siempre espero que esta información de hoy pueda ayudarte a reflexionar sobre los motivos de lo que te puede estar ocurriendo. Sobre todo la responsabilidad emocional en la gestión de emociones es crucial.

 Como has visto muchos de estos elementos estresantes pueden sobrepasar los recursos que usas habitualmente. Es frecuente, y nunca significa que eres una persona “menos válida”. No dudes en pedir ayuda si lo consideras, ya que lo peor del estrés y de los estados emocionales difíciles, es el tiempo que lo llevas sufriendo. El agotamiento emocional dificulta un poco la superación de estas situaciones. Cuídate.

Fuentes:

Sin inteligencia emocional, el ‘mindfulness’ no funciona. Matthew Lippincott, Daniel Goleman. Harvard Business Review.

The Stress-Proof Brain. Melanie Greenberg. 

Cómo dejar de ser emocionalmente dependiente

Ser emocionalmente dependiente genera inestabilidad y sufrimiento a las partes implicadas.  La dependencia emocional genera un estado utópico de continua y ansiosa búsqueda de la aceptación de los demás. Racionalmente, reconocemos este hecho pero puede más el “enganche” a la aceptación de los demás.

Reconocerlo ya es un paso. Como siempre en problemas psicológicos necesitamos un paso más. Ser emocionalmente activos y  responsables de nuestras emociones.

Saber que es lo que hay detrás de la dependencia emocional es importante. Comprender qué no nos ayuda y qué genera un círculo de protección falso es determinante para su superación.

¿Qué síntomas podemos identificar para saber que uno mismo u otra persona es emocionalmente dependiente?

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Cómo dejar de ser emocionalmente dependiente

Comprender los motivos de la dependencia emocional
  • Baja autoestima. Se atribuye a menudo tener una buena autoestima con la cantidad de reconocimiento y aceptación que se recibe de los demás. Nada más lejos de la realidad. Una autoestima sana implica el hábito consciente de reconocerse a uno mismo el valor que tiene independientemente de la opinión de los demás.
  • Miedo. Miedo al rechazo, al abandono o a la crítica. Cuando uno se envía a sí mismo mensajes del tipo “si puedo hacer feliz a todo el mundo, me sentiré bien” o “no quiero llevarle la contraria porque no quiero que se enfade” o “sino te hago feliz no me aceptarás” está escondiendo miedo. En este diálogo interno se intenta por todos los medios evitar afrontar situaciones de conflicto a las que se le ha dado el valor de: evito conflictos = los demás me aceptan = me siento bien = tengo buena autoestima = estoy tranquilo. Esta cadena de significados asociados nos sitúa en una posición de dependencia absoluta de los demás.
  • Comportamiento aprendido. Sí el comportamiento se aprende, es la base de la creación de hábitos. Lo que ocurre es que en ocasiones, hemos aprendido “malos hábitos” sin darnos cuenta. O incluso, son hábitos que nos han servido en determinadas etapas de nuestra vida, o con determinadas personas, que nos han puesto fácil mantener nuestra dependencia emocional.

Lectura recomendada: ¿te llevas bien contigo mismo?

¿En qué entornos se da la dependencia emocional?

En cualquier ámbito: personal, familiar, social y laboral. La persona que sufre de dependencia emocional lleva esta forma de actuar a cualquiera de sus ámbitos vitales. Puede ser que en algunas personas, la dependencia, sea más determinante o visible, en un área que en otra. Por lo general, al ser una forma habitual de resolver situaciones y de “mal alimentar” la autoestima, la persona pone en marcha estos hábitos aprendidos en cualquier área de su vida.

Estos hábitos se mantendrán siempre que la otra parte se “aproveche” de este comportamiento. Así, encontraremos estilos de liderazgo, en el trabajo, que fomentan esta dependencia emocional. o también, relaciones personales que se sostienen debido a este “juego emocional”.

Entender qué te pierdes siendo emocionalmente dependiente
  • Protagonismo no saludable. Otra de las creencias que se asume en la dependencia emocional es la idea de que si uno está pendiente de que todo el mundo se sienta bien, estará siendo buena persona, incluso generoso. En este punto se corre el peligro de justo lo contrario de lo que queremos. Estando tan pendientes de los demás y de su aprobación, lo que se genera es un continuo “mírame que bueno soy y lo que estoy haciendo por ti”. Con lo que la generosidad o bondad hacia los demás se pierde. Se sustituye por una posición de excesivo protagonismo. Finalmente, como los demás no pueden, ni deben, estar totalmente pendientes de uno mismo, se genera resentimiento, porque ” con lo que yo hago por ti, y así me lo pagas”. Te pierdes la oportunidad de compartir con los demás tu propio respeto.
  • Ser víctima emocional. Cuando te pones en posición de víctima, sencillamente luchas lo indecible para no herir los sentimientos de los demás. ¿ Y los tuyos?. No hay ninguna garantía, ni siquiera aplicando las mejores técnicas psicológicas, de no herir a nadie. Aplicar técnicas psicológicas, como la asertividad, por ejemplo, te ayudará a cuidar de ti como mínimo. Sentirte satisfecho con el hecho de que has cuidado a ambas partes. También te ayudará a aumentar las posibilidades de que la otra persona pueda entrar en una conversación de iguales, pero nada más. No hay garantías de que sin herir a nadie, los demás te van a aceptar incondicionalmente. Evita perderte tú en las relaciones con los demás.
Eres tan importante como lo son los demás
  • No contar contigo. Uno de las mejores sensaciones que puede tener alguien es poder actuar de acuerdo a sus valores. Este enfoque personal permite estar en equilibrio con uno mismo. Tus valores son tan válidos como los de los demás. Ahora bien, cuando actúas poniendo el foco en las prioridades y satisfacción de los demás, dejas de actuar de acuerdo a tus propios valores. Pierdes la oportunidad de saber que está bien para ti y qué no lo está. Tus criterios son cada vez unos distintos, dependiendo de la persona a la que tratas de complacer. Y esto genera estrés y un desgaste emocional considerado.

Lectura recomendada: 7 estrategias que utilizas para no sentirte bien

Lectura recomendada: Cómo prevenir tu desgaste emocional

Cómo empezar a ser responsable de tus emociones

Por dónde empezar a trabajar la dependencia emocional:

  • Elige a quién quieres realmente complacer. No a todo el mundo, sé selectivo.
  • Asume que complacer a todo el mundo es una pérdida de tiempo y energía.
  • Si sabes que debajo de tu dependencia emocional hay una autoestima muy baja que te está afectando, con intensidad o durante mucho tiempo, pide ayuda profesional.
  • Valora que cuando estás tratando de complacer a todo el mundo, es posible que tengas más oportunidades de que alguien te manipule o se aproveche.
  • Las emociones negativas de los demás, igual que las tuyas, son válidas, no son para siempre, y ayudan a madurar personalmente. Evita eliminar ese aprendizaje a ti o a otros.
  • Es imposible contentar a todo el mundo. Necesitas ser valiente y crear tus propios criterios, a la vez que admites sugerencias útiles para superarte. Aprende.
  • Invierte energías en ti y en descubrir tus valores.
  • Tómate tiempo para tus decisiones. Tanto si la respuesta es sí como si es no, mereces elegirla.
  • Crea un diálogo interno saludable que te permita encontrar respuestas a ¿es lo que quieres?
  • Aprende asertividad
  • Asume otras formas de fortalecerte emocionalmente.
  • Reconoce tu valía independientemente de la opinión de los demás. Algunos lo valorarán otros no.
  • Dedica tiempo a tus metas, no tanto a las de los demás.
  • Aprende técnicas de relajación.
  • Crea relaciones saludables en las que ambas partes tengan la misma importancia.
  • Sé responsable y toma decisiones sobre tus emociones positivas y negativas.

Lectura recomendada: ¿Cómo crear relaciones saludables?

¿Ya has descubierto si eres emocionalmente dependiente?
¿Has identificado los motivos?
Elige un objetivo por dónde empezar
¡Disfruta de ti! te sentirás mejor.
Sorprendentemente las personas saludables y auténticas te valorarán más.

 

Cómo prevenir tu desgaste emocional

El desgaste emocional, es uno de los síntomas silenciosos, y peligrosos psicológicamente, con los que convivimos sin darnos cuenta durante todo el año. Todas nuestras actividades y decisiones diarias consumen mucha energía emocional, además de tiempo. Energía emocional que es clave para nuestro desempeño profesional y para nuestro bienestar emocional.

Necesitamos para vivir, el nivel y calidad de energía adecuada a las situaciones que elegimos vivir.

Es muy esclarecedor, cuando ayudas a alguien a ser consciente de a qué dedica el tiempo y las energías al cabo del día, en una semana, o en un periodo de un mes o de un año. Sorprendentemente, las personas suelen darse cuenta de que invierten demasiada energía, además de tiempo en alguno de estos ejemplos:

  • pensar algo, dándole continuas vueltas
  • sentirse mal en situaciones de crítica
  • analizar cómo es posible que determinadas personas se comporten de una forma u otra
  • pensar en lo que otros les recomiendan que tienen que hacer
  • en sentimientos de culpa
  • quejarse de situaciones difíciles
  • pensar en todas las cosas que “tienes que hacer”
  • en como evitar emociones, personas o situaciones
  • remordimientos
  • inseguridades sobre uno mismo

¿Dónde se van tus energías en tus pensamientos, en tus emociones o en tus comportamientos? Invertir energía en aquello que no te enriquece, que no te aporta, que no responde a tus prioridades vitales o profesionales, que no resuelve, que no nos hace sentir mejor y que no es elegido, suele generar agotamiento y desgaste emocional.

registro energía emocional

¿Por qué llegamos al punto de desgaste emocional?

Sería importante, como seguro que has hecho en periodos de fines de semana, vacaciones, etc, aprovechar para reponer energías y descansar. Ahora bien el problema es que, cuando volvemos a las obligaciones y compromisos diarios, seguimos afrontando nuestras vivencias de la misma forma, con lo que, es fácil caer de nuevo en el desgaste emocional.

Analicemos, ¿por qué nos desgastamos, por qué acabamos agotados al final de la semana, o incluso parece que llevamos una larga temporada “cansados”?. Es importante hacer tu propio análisis, pero es posible que descubras alguno de estos motivos:

  • no eres consciente de tus niveles de energía en cada momento del día, no los eliges y no los distribuyes
  • no sueles poner límites a los compromisos diarios
  • priorizas las decisiones y necesidades de los demás sobre las tuyas
  • viviste una situación traumática y has entrado en una espiral de preocupación o de emociones negativas de las que no sales
  • ha habido un cambio en tu vida y, no lo reconoces en público, pero te resistes  y te está agotando
  • te dejas llevar por la inercia de los acontecimientos de tu vida
  • llevas mucho tiempo con agotamiento emocional y has desistido
¡Atención! ¿sabes qué consecuencias está teniendo para ti y tu entorno?
  • Dependencia emocional de personas y situaciones
  • Has dado permiso para que otros definan tu valor personal y/o profesional
  • Evitas afrontar el problema real
  • Te sitúas en posición de “víctima” de personas y circunstancias
  • Aumenta tu sensibilidad emocional y pasas de comportamientos “pasivos” (no haces ni dices nada) a comportamientos “agresivos” (reaccionas de manera desproporcionada)
  • Pierdes la visión global de tu propósito profesional y personal en la vida
  • Te rindes continuamente en cada meta que te propones
  • Se apoderado de ti la “Indefensión Aprendida” (has aprendido inconscientemente que no puedes hacer nada para sentirte mejor, la vida es así)
  • Has hiperactivado tu Locus de Control Externo: consideras que cómo te sientes y en qué inviertes tu energía y tu tiempo no depende de ti
  • No acabas las cosas que empiezas por que “te cansas” por el camino, sobre todo sino consigues resultados rápidos
  • En las cosas que realmente te importan o te gustan llegas agotado
  • Tus relaciones personales y profesionales se resienten

Lectura recomendada: No esperes a tu propia crisis personal o profesional

Lectura recomendada: Cómo afrontarás tus objetivos personales y profesionales

Cómo prevenir tu desgaste emocional

Bien, lo que te planteo es que seas protagonista, porque se puede. Las personas “mentalmente fuertes” tienden a tener unos hábitos mentales y emocionales que les permiten vivir mejor y disfrutar más. Prevenir el desgaste emocional, no “regalar” tu energía en aquello que no te aporta, elegir conscientemente en qué vas a invertir tu tiempo y la intensidad de tus vivencias, es uno de esos hábitos. Como tal puede aprenderse.

La ventaja es que te ayudará a evitar el agotamiento y desgaste emocional. Como decíamos, si ya estás agotado, toca descasar y recargar pilas, pero no vuelvas al día a día, de la misma forma que llegaste al punto de cansancio.

Trata de poner en práctica las máximas acciones posibles para gestionar tu energía. 6 ideas:
  1. Observa tres veces al día (si lo haces durante una semana mejor) cómo estás de energía ¿te estás agotando? ¿es esa la energía que querías invertir en ese momento?
  2. Analiza los resultados de tu energía, ¿son los que querías? ¿te hacen sentir satisfecho contigo mismo?
  3. Identifica personas o situaciones que “te están robando la energía” y pregúntate por qué
  4. Identifica en qué te agotas diariamente, ¿en pensamientos negativos o poco productivos? ¿en emociones negativas? ¿en tus comportamientos?
  5. Identifica que es lo más importante para ti, ¿en qué realmente quieres invertir tu energía diaria? ¿Estás invirtiendo en ello? ¿Quieres hacer algún cambio para solucionarlo? ¿Qué decisiones puedes tomar?
  6. Crea tus propios límites que protejan las personas, situaciones, emociones, pensamientos y acciones en los que quieres invertir tu tiempo y energía.
4 ideas más:
  1. Haz un pequeño ejercicio de flexibilidad mental, y trata de dialogar internamente contigo de forma que asumas la responsabilidad, quiero, no quiero, esto me gusta o no, estoy juzgando por eso me enfado, la situación que viví fue difícil pero ahora voy a…, voy a tomarme un descanso para disponer de mi mejor energía para…. Evita un diálogo interno de “victimismo”, esta persona me altera, esta situación me tiene que afectar, si me siento mal es que esta situación o persona es mala, no puedo superarlo, etc.
  2. Piensa antes de actuar o tomar decisiones precipitadamente, pide tiempo si es necesario, y comprueba qué respuesta o reacción está más acorde con tus prioridades y límites
  3. Invierte en decisiones y alternativas diferentes a las que solías elegir y qué realmente son mejor para ti, no para otros, para ti
  4. Planifica con antelación que energía quieres invertir en las situaciones que vivirás al día siguiente y cómo vas a salvaguardarla

plan desgaste emocional

Pequeños trucos para redistribuir y resetear tu energía en el día a día:
  • En momentos de estrés o de incomodidad emocional, ralentiza el tiempo. Unos minutos aprovechados adecuadamente hacen maravillas. Concéntrate en 3-5 minutos en bajar la velocidad de tus pensamientos, la intensidad de tus emociones o de tus acciones.
  • Cambia tu enfoque. Si no estuvieras agotado, ¿cómo verías esta situación o persona? ¿cómo podrías actuar a partir de esa idea ahora mismo?
  • Incluye “actividades vitales”: beber agua, tomarte unos minutos para una bebida refrescante o relajante, llamar a alguien que te haga sentir bien sin hablar del tema que te agota, lee a alguien al que admires o que te “cargue las pilas”, da un paseo de 5 minutos, etc.
  • Céntrate por un momento en los hechos no en las “películas mentales de futuro” que estás creando en tu mente
  • Prueba a sonreir aunque no tengas demasiadas ganas. Hay personas que pensamos que de vez en cuando hay que ser egoístas con las sonrisas. A veces, dar una sonrisa, te permite recibir una carga emocional positiva impresionante.
  • Planifica en qué no quieres invertir energía inútil esta semana, o hasta dónde quieres invertir energía en determinado tema, situación o persona.

prevenir mejor que curar

Tú decides. Creo que es mejor prevenir que curar.
Esta vez puedes actuar con antelación. ¿te cuidarás?
¿Cuál es tu conclusión?
¿Tienes tu plan de prevención de desgaste emocional?

 

Esa soledad que no encuentras o que te asusta

La soledad es la nada. Es tristeza. Es cómo si no existieras, como si no vivieras.

Estas eran las palabras de una cliente en una de las sesiones de desarrollo personal en las que estaba participando para superar determinados retos personales, el principal, la ansiedad.

¿Soledad? no sé lo que es. No tengo tiempo. Soy el gerente de una importante área de negocio, tengo familia y obligaciones y esa es mi vida.

Estas eran las palabras de un gerente en una de las sesiones de coaching. Palabras que adelantaban que se había pasado la vida cumpliendo retos y obligaciones. Actualmente estaba en un momento de crisis personal en la que no se encontraba a sí mismo y sentía una gran insatisfacción.

Esa soledad que no encuentras o que te asusta

Es curioso como la palabra “soledad” cuanto menos nos inquieta y son pocas las personas que la viven como algo que forma parte de la vida, que es un “derecho emocional”  y que nos puede reportar muchos beneficios.

La soledad es más una experiencia subjetiva que un estado que dependa de elementos externos.

En los casos de mis clientes que expresan con sus propias palabras lo que sienten con el concepto de soledad, nos encontramos:

  • El miedo a estar solo. Es el miedo a no saber que te vas a encontrar sobre ti mismo. A menudo, se esconde detrás la creencia absoluta de que sólo somos alguien si recibimos atención e interacción de los demás. De esta forma pensamos que sólo con los demás se define nuestro valor, y somos esa persona, que define su identidad mediante la relación con los demás. Estas creencias nos llevan a necesitar, no querer, sino necesitar, estar siempre con alguien. En la interacción con los demás construimos nuestra identidad, pero no es la única forma.

Cómo consecuencia la persona trata de llenar su vida con una pareja (qué más o menos nos llevemos bien y nos haga compañía), con actividades compartidas que llenan todas las horas de su día, con más horas de trabajo y reuniones…

Cuando este objetivo de “no estar solo” no se cumple, la persona siente una profunda ansiedad y desesperación, causada por la dependencia emocional de la atención de los demás. Estando en soledad, su fuente de autoestima e identidad se ha desvanecido.

En el segundo caso, encontramos:

  • Vida repleta de actividad. Han sido muchos los casos, sobre todo de directivos, en los que me he encontrado que sin ser muy conscientes de ello, determinados profesionales han guiado su vida por un sinfín de obligaciones y retos. Primero estuvo el reto de los estudios, después el primer trabajo, ya de gran responsabilidad, a continuación la creación de una familia, la promoción profesional interna o externa que conllevaba grandísimos retos y resultados que conseguir… Un largo camino de retos en los que se ha perdido la identidad de la persona, porque ha sido sustituida por una identidad “correcaminos”. Casi como, un “no sé dónde voy pero voy, porque sé que puedo”.

A diferencia del caso anterior, no se es consciente del miedo a estar solo, porque hay otras prioridades, pero tampoco se es consciente del derecho emocional a la soledad.

En otros casos podemos también observar:

  • Sentirse solo en compañía de otros. En este caso la persona no se atreve a ser ella misma por temor al rechazo, al juicio o la agresividad. Trata de comportarse de una forma socialmente aceptable, pasando desapercibida y no generando ningún impacto, ni positivo ni negativo. A largo plazo, la persona tenderá a aislarse, a sentirse insegura e incomprendida y a crear miedo en las relaciones con los demás.
  • Soledad forzosa o sentimiento de abandono. Normalmente es consecuencia de un cambio en la relación con los demás siendo impuesta por la otra persona. Se percibe como un castigo y no se asume. Se inician conductas obsesivas para llenar el vacío de la persona que ya no está, tratando de liberarse de esa emoción negativa y huyendo de cualquier situación que implique soledad.

Entonces, ¿hemos de afrontar, evitar o vivir la soledad?

Sin duda saber vivir la soledad. Es curioso como se tiende a recomendar que las personas tienen que afrontar la soledad y hacer multitud de actividades, buscar personas nuevas, etc…

El objetivo de estas recomendaciones es lícito si además sabemos estar solos con nosotros mismos.

Saber vivir la soledad implica:

  • La única persona que va a estar contigo 24h al día eres tú, así que es muy sano emocionalmente aprender a conocerse, quererse y soñar.
  • Para dar lo mejor de nosotros mismos, para ser los mejores profesionales se necesita ser consciente de lo vivido y recolocar de forma voluntaria nuestras prioridades para ser feliz.
  • Escuchar continuamente a los demás, hace que no escuches al protagonista principal, tú.
  • Los espacios sanos de soledad permiten ser más creativos.
  • Darle valor a tus gustos, intereses, preferencias, reflexiones…
  • Recargar pilas. Nuestro cerebro y nuestro corazón necesita desconectar y cargarse nuevamente de energía que provenga de nosotros mismos.
  • Saber reconocer nuestros propios logros y aprendizajes.
  • Procesar y digerir las experiencias, las vivencias, los problemas, y la toma de decisiones con claridad.
  • Dirigir nuestra capacidad de concentración desde nuestras necesidades al resto del mundo.
  • Aumentar la confianza en uno mismo como fuente de autoestima, haciéndola más sólida y menos vulnerable a ataques externos.
  • Encontrar tus propias respuestas.
  • Ejercer tu derecho emocional a estar contigo mismo.

¿y tú sabes vivir tu soledad?

¿Cómo funcionan las emociones?

Las emociones se generan con un propósito específico. Nos dan la señal y el empuje hacia acciones que nos ayuden a sobrevivir.

Las emociones se muestran de manera ondular, crecen hasta un tope y luego decrecen. En ocasiones, da la sensación, de que no van a terminar nunca, debido a la intensidad de la emoción, y a los esfuerzos que realizamos para resistirnos o para reprimir la emoción.

Veamos lo que ocurre:
http://www.coachmaitefinch.com/app/uploads/2015/08/cómo-funcionan-las-emociones.png

emociones

El primer paso para aprovecharte de tus emociones, es identificarlas y comprenderte. Intentar reprimir o resistir las emociones, solo hará que multipliques su vivencia.

 

¿Cómo funcionan las emociones?

¿Empiezas identificando qué te ocurre?

Te duele, y menos mal que sientes ese dolor

Te duele y mucho. Parece que cada cosa que haces cuesta un mundo, y que parte de tu vida ha perdido el sentido. Lo siento mucho, de verdad, pero

¡”Te duele, y menos mal que sientes ese dolor”!

Los comienzos y los finales de las estaciones (verano, invierno…), del año, etapas vitales en general, parece que son una explosión de emociones para muchas personas. Es frecuente que los psicólogos recibamos más casos en algunas épocas del año, que tienen como denominador común, una intensa emoción difícil de sobrellevar por las personas que lo experimentan.

Las emociones con las que se encuentran estas personas, habitualmente son etiquetadas como dolor, pena, tristeza, pérdida de significado vital, falta de ilusión, ansiedad….

Ejemplo de casos:
  • Relaciones de matrimonio o pareja, en la que hay un pequeño detonante que hace saltar las alarmas de una forma tan potente que la relación se rompe.
  • Relaciones laborales que terminan generando una gran desánimo. Este sentimiento se ve multiplicado por algunas situaciones cotidianas, más o menos negativas, a las que damos un gran peso y que conforman un sentimiento de que todo va mal, y que la vida es muy difícil, o no tiene sentido.
  • Cambios laborales que generan un estrés por encima de lo normal y que desestabilizan el equilibrio personal y profesional de los protagonistas, dudando intensamente de si son buenos profesionales o no.
  • Descubrirse en un momento vital en el que sientes que no estás satisfecho, que no sabes si el esfuerzo vale la pena y que como consecuencia, se entra en un estado de bloqueo continuo y extrapolable a casi todas las áreas de la vida (familiar, social, personal…)

En todas estas experiencias inunda la tristeza y el dolor, y en ocasiones empieza un ciclo de rechazo y odio hacia otras situaciones o personas, o incluso uno mismo, que genera mayor tristeza y dolor, y así en un círculo vicioso que parece difícil de romper.

La tristeza y el dolor que lo acompaña, se une a la sensación subjetiva de haber experimentado algún tipo de pérdida: muerte, enfermedad, divorcio, separación, abandono, expectativas no cumplidas…

En todos estos casos, me he encontrado estrategias, que no funcionan, pero que las personas ponen a su disposición. Algunas de ellas son:
  • Pensamientos negativos obsesivos.
  • Búsqueda de culpables.
  • Represión del llanto.
  • Foco en datos subjetivos, que no objetivos, para explicar cómo “debería” ser la situación y no es.
  • Sentimientos de culpa y valoraciones propias de negatividad y “maldad”. No he sido buena esposa/o, buen profesional, buen hijo/a…
  • Creencia de que no encajas en este mundo.
  • Expectativas de que los demás “deberían” darnos lo que nosotros damos…

Mucho me temo, que todo esto no funciona y alarga el malestar, la tristeza y el dolor. Con estas estrategias se entra en un estado en el que sólo estas emociones existen. Es importante, recordar que hemos de vivir, lo necesitamos, alternado periodos de alegría y tristeza, de vivencias positivas y negativas, de compartir y de aislarnos, porque las emociones negativas nos alertan, ¡no lo olvidemos!, de que algo no va bien. En cada uno está el poder prestarles atención en cantidad y calidad suficiente.

Y es en ese punto, en el que necesitamos empezar a trabajar. No sin antes permitirnos:

Reconocer la emoción y darle nombre.

Darnos el tiempo necesario para elaborar nuestra pérdida.

Respetar que ahora necesitamos un ritmo distinto.

Acompañarnos de personas que sepan estar ahí, “estando y sin estar” presentes físicamente.

Espacios de silencio y soledad.

Llorar si es necesario.

Verbalizar nuestros sentimientos.

Combinar el foco continuo hacia uno mismo con el foco en el exterior.

Cuando estas personas se permiten escuchar sus emociones y asumir la responsabilidad de resolverlas de manera que sean más adaptativas y útiles, descubren inicialmente, como en los casos que he tenido que:

  • Estaban aguantando una situación de maltrato.
  • Habían creado una relación de protector-protegido que nada tiene que ver con el amor de pareja.
  • Han pasado gran parte de su vida en un segundo plano, priorizando siempre a los demás en detrimento propio.
  • Pueden hacer muchas más cosas que antes ni se planteaban.
  • Su situación ha cambiado y ellos no.
  • Tienen tanto valor como cualquier otra persona.
  • Hay más vida y más emociones.
  • Tienen posibilidades.
  • No son menos por sentir lo que sienten.

Son sólo algunos ejemplos, de descubrimientos iniciales que realizan estas personas, como tú y como yo, que gracias a que han decidido invertir en sus “emociones alarma” han podido empezar a sentirse mejor, a comprender, a elaborar nuevas estrategias y a seguir adelante.

Cualquier etapa o momento vital es bueno para crear consciencia de lo que nos ocurre, hablar con nosotros mismos, conocer nuestras emociones y aprender a vivir con ellas, no contra ellas. Instalarse como “ocupa” en tus emociones no te ayudará, darles la mano un tiempo sí te permitirá que el paseo sea más constructivo.

¿Serás un ocupa en tu malestar?

emociones

 

 

“Del Revés” te hace pensar y sentir…

¿Dejas actuar a todas tus emociones de forma inteligente?

¿Creas las suficientes “islas” que pueden integrar tu personalidad?

¿Cambias el “tablero de mandos” de las emociones conforme maduras?

¿”Limpias” tu cerebro de información inútil?

¿Creas “recuerdos esenciales” para recuperar momentos especiales en tu vida y sentirte en equilibrio y feliz?

“Del Revés” te hace pensar y sentir…

Parece que no, pero todas estas cuestiones son las que surgen cuando ves la nueva película de Disney. Inside Out (Del Revés), sencillamente me ha encantado. Es una de las pocas veces, que me encuentro con películas que incluyen explicaciones sencillas sobre cómo funcionan las emociones, su impacto, y la importancia de que absolutamente todas las emociones, son necesarias.

A parte de la calidad técnica, me llama la atención, la creación y curiosidad de su autor, Pete Docter, que invirtió en saber más a cerca de los cambios que estaba experimentando su hija pequeña. ¡El ser humano es genial!

Sin desvelaros la película, os puedo contar que todo transcurre desde la mente de una niña, y se tratan sus emociones como personajes.

Tenemos pues a:

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Alegría. Emoción y personaje principal y responsable de cuidar Riley, la niña. Es reconfortante recordar como “Alegría” es la principal responsable de cuidarnos y de conformar nuestra personalidad. Se encarga de hacernos ver el lado optimista de las cosas, nos inunda de nuevas ideas y recursos para afrontar situaciones nuevas y grandes retos en nuestra vida.

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Asco. Responsable máxima de evitar que nos “envenenemos” física y mentalmente. Es la emoción que nos dice que determinadas personas o situaciones son tóxicas. Generará toda clase de reacciones emocionales para avisarnos de que, esto o aquello que comemos o que vivimos, “nos puede envenenar”. Es importante también prestarle nuestra atención.

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Miedo. Gran compañero, al que debemos hacer caso, porque también nos protegerá y avisará de posibles peligros o situaciones que requieren esfuerzo extra por nuestra parte.

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Ira. Nuestra emoción más “justiciera”. Reacciona cuando valoramos que la situación es injusta y las cosas no van como nos gustaría.

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Tristeza. Le encantaría colaborar más en nuestra felicidad pero no lo puede evitar, ella ve el lado negativo de las cosas. Pero ¡ojo!, no la despreciemos tampoco.

Todas estas emociones conviven, o tratan de hacerlo, desde una sede central por el control “adecuado” del tablero de mandos.

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Y ayudan a crear nuestros recuerdos esenciales y las “islas” de nuestra personalidad, que es lo que nos define. Nuestra familia, amistades, intereses, hobbys, aprendizajes en general y que sustentan nuestro bienestar. Es decir, la creación de valores posibilita nuestro equilibrio personal.

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¿Qué sería importante extraer/recordar de esta historia?

(al menos para mí)

– La convivencia que puede haber entre cerebro y emociones actúa de forma más inteligente de lo que nos creemos.

– Todas y cada una de las emociones son importantes y necesarias para nuestro equilibrio y felicidad. A veces, encuentro a personas que tratan de anular, casi por completo, algunas emociones como la ira, el asco, el miedo o la tristeza y no se dan cuenta que eso no les ayuda en absoluto.

– Quizá nos ocurre porque prestamos atención a la emoción sobresaliente y no “llamamos” a las otras emociones para que nos “rescaten” y creen un juego equilibrado que nos permita resolver de manera “inteligente” la situación que estamos viviendo.

– Nuestro pensamiento se paraliza cuando dejamos que una sola emoción “domine el tablero” durante mucho tiempo.

– La alegría nos reconfortará en momentos difíciles, da igual, de que “recuerdos esenciales” se sirva. Nos ayuda.

– Llorar y permitirnos estar tristes, es decir, dejar actuar a la tristeza, restablece en muchas ocasiones ” las islas de nuestra personalidad”. Volviendo a permitir recuperar nuestros pilares y valores.

– El tablero de mandos y la cantidad y calidad de la participación de las emociones debe evolucionar con nuestras etapas vitales. “El tablero de regulación de emociones de la niña” no sirve para la etapa de pubertad.

– También el asco, la ira, y el miedo deben “jugar” un rato en el tablero de emociones. Nos salvan, nos avisan, y pueden jugar en equipo con la alegría y el optimismo.

Ocuparse de manera activa, en crear nuevas “islas”, es decir nuevos valores, intereses y aprendizajes es esencial para definir quiénes somos.

– Ser conscientes de nuestras emociones y de su utilidad, y de cómo se pueden redistribuir su participación en según qué situaciones, nos hará aplicar la inteligencia emocional.

– Repito por si no queda claro, escuchar, prestar atención a nuestras emociones, a todas, y aprovecharnos de cada una de ellas para resolver lo mejor posible una sitación, es el único camino para mantener sano nuestro equilibrio personal y nuestra felicidad.

¿Has visto ya la película?

¿Qué opinas?

¿Qué emociones te han surgido?

¿Qué ideas se te han despertado?

¡Compartelas en el apartado de comentarios!

¿No la has visto todavía?

¡Te espero a que la veas y comentamos!

*Todas las imágenes han sido descargadas del apartado de “downloads” del blog de Disney: http://movies.disney.com/inside-out/

 

Potenciar el conflicto: 9 conductas

Potenciar el conflicto sin darnos cuenta es tan frecuente… Ocurre normalmente porque las emociones nublan nuestras capacidades cognitivas, emocionales y sociales. Se reduce entonces:

– Nuestra capacidad de estar receptivos a las emociones de los demás, y a las expectativas, intereses y perspectivas de otras personas.

– Nuestra capacidad de valorar otras ideas, enfoques y posibilidades.

– Nuestra capacidad de aprendizaje, adaptación y cambio.

Con lo que tendemos a actuar con nuestros recursos al mínimo, y no somos capaces de resolver los conflictos que tenemos en cualquier ámbito de nuestra vida.

Hoy te planteo identificar las conductas que irremediablemente harán que aumente el tiempo y la dificultad de resolver un conflicto. Haz tu propia evaluación de tus conductas:

Potenciar el conflicto: 9 conductas

conflicto

 

 ¿Estás potenciando el conflicto?

 

¿Cómo aprovecharte del estrés? 3 pasos

Cómo aprovecharte del estrés pasa por aprender a tener un enfoque diferente hacia el estrés. Normalmente nuestras reacciones más comunes son intentar que se nos pase rápido, aguantarlo, o evitarlo.

En los tres casos, el estrés pasa una factura emocional bastante alta, pues pensamos que el estrés es una emoción muy negativa que no nos gusta tener. Y evidentemente, no es agradable ni debemos tenerla con mucha frecuencia

Ahora bien, para poder gestionarlo, funciona muy bien empezar por cambiar nuestra visión del estrés. Aprender a aprovecharnos de esa emoción incómoda, que llamamos estrés, implica al menos tres pasos esenciales que nos pueden ayudar. Veamos cuales son:

¿Cómo aprovecharte del estrés? 3 pasos

cómo aprovecharte del estrés

¿Y tú te aprovechas del estrés?

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