Tienes más estrés cuando no eres proactivo

Tienes más estrés cuando no eres proactivo. ¿Has podido darte cuenta de esta idea?. Es increíble la cantidad de temas pendientes, preocupaciones y urgencias que creemos ser capaces de llevar en la cabeza. Y luego, seguro que has comprobado, que no es posible. O, prestas atención a unas cosas, o a otras, pero todo a la vez, no se puede. Al final, siempre se queda algo sin hacer o sin abordar. Normalmente, algo no importante (o a veces no urgente), ya que en el fondo nuestra mente es inteligente y nos presiona para distribuir sus energías.

Ahora bien, aún confiando en la capacidad de nuestra mente para filtrar información, lo que me preocupa es la expresión de agotamiento que llevan muchas personas al intentar cargar con todo en su cabeza. Es muy fácil, perder de vista los objetivos que son importantes en tu trabajo, si estás todo el día, abordando imprevistos y urgencias.  Además, esto tiene como consecuencia que pasen las semanas, y hayas podido dejar de lado hacia dónde necesitas dirigir tus esfuerzos, tu profesionalidad y tus retos laborales.

Me preocupa cuando mis clientes que se plantean como mejorar su desempeño profesional, no tienen esta parte bien gestionada. El cansancio, el agotamiento, y el desgaste emocional provoca que sus niveles de atención y motivación estén bajo mínimos.

¿Cómo estás organizándote que te estás agotando tanto?

Un factor común que detecto en las personas que sienten demasiado estrés por las actividades diarias de su trabajo, es que no son proactivos. El día a día les lleva a ellos, pero ellos no dirigen su día a día.

Tienes más estrés cuando no eres proactivo.

Vamos a revisar algunos hábitos comunes que no te ayudarán a sentirte demasiado satisfecho al final del día y que están agotando tu nivel de energía.

Los objetivos y retos de tu puesto de trabajo están en tu cabeza, pero no tienen un plan escrito que puedas seguir

¿Tienes claro cuáles son las responsabilidades que tienes en tu puesto de trabajo?. Es decir, de qué eres responsable. ¿Qué es necesario que funcione correctamente y tú eres el responsable final?. Es independientemente de si las tareas para esa responsabilidad tengas que hacerlas tú o tengas a cargo un equipo que se va a ocupar de ellas. ¿Cómo haces el seguimiento?. ¿Le prestas atención conforme surgen problemas?. Entonces estás siendo reactivo, no proactivo. Y más urgencias e imprevistos de los necesarios surgirán devorando el tiempo que necesitas para atender a lo importante.

¿Y los objetivos?. ¿Cuáles son los retos que tienes este año?. Elaborar un plan por anticipado, por escrito y previniendo todo lo necesario te ayudará a ser más organizado en el día a día. Verás más claro, cuáles son tus prioridades cada día.

Y por supuesto aumentarás el nivel de satisfacción personal, ya que puedes ir comprobando progresivamente cómo estás avanzando

Sé proactivo con las responsabilidades de tu puesto de trabajo

Haz un mapa mental (https://www.xmind.net/xmind8/) con lo que conllevan estas responsabilidades. Identifica los hábitos que asegurarían que a esa responsabilidad le estás prestando la atención adecuada.

Ahora mismo no sabes si llegarás a tu objetivo, pero “¡oye! Yo hago un montón de cosas cada día”.

Fantástico, me alegro por ti. Bueno no, en realidad no. Si esas actividades que haces y llenan tu día de trabajo no están alineadas con tus objetivos, no me puedo alegrar. ¿Estás dedicando tiempo, energía y esfuerzo a tareas que realmente aportan valor?. Sino es así, es muy posible que te agotes y que te sientas insatisfecho. ¿Son esas tareas en las que realmente tú estás aplicando tu mejor talento?. ¿Lo que haces es aquello en lo qué tú puedes aportar tu mejor versión?.

Sé que, en el trabajo de todos, va a haber un porcentaje de tiempo que dediquemos a imprevistos y urgencias, y otro porcentaje a tareas que no son de mucho valor, pero hay que hacerlas. Ahora bien, este tipo de trabajo no puede llenar la mayor parte de nuestro tiempo.

Haz el análisis, registra a qué tareas estás prestando atención en tu día a día y apunta el tiempo que le dedicas. Después revisa si esas tareas te están llevando a tus objetivos. Si no es así, necesitas cambiar algo. Reflexiona cómo lo puedes hacer.

Sé proactivo con lo que quieres hacer cada día

  • Libera un tiempo para pensar en tus objetivos.
  • Anticipa qué proyectos o áreas de trabajo necesitarás para cumplir esos objetivos.
  • Identifica las tareas correspondientes a esos proyectos o áreas de trabajo y planifícalas con antelación, asignado fechas e implicados.

Los “problemas” y los “pendientes” se convierten en rumiaciones mentales que te agotan

¿Estás caminando al trabajo o de vuelta a casa pensando en ese tema pendiente o en ese problema?. ¿Estás haciendo un trabajo pero pensando a la vez en eso que te preocupa?. ¿Y si pudieras disfrutar de ese ratito que tienes hasta llegar al trabajo o de vuelta a casa para disfrutar del paseo o de una buena canción en tu coche?. ¿Cómo te sentirías si al hacer un trabajo tu concentración pudiera ser máxima e hicieras un gran trabajo?

Yo creo que sería genial, ¿no?. Bueno, la verdad es que yo lo hago así. 🙂

Cuando surge un problema o tienes un tema pendiente, es importante que no le des más vueltas de las necesarias. Cómo seguro que habrás escuchado, “preocupate menos y ocúpate más”. Las rumiaciones mentales generan que tu cerebro dispare cortisol, lo que afecta a tus emociones. Con lo que, tu emoción y actitud ante ese problema o tema pendiente serán casi seguro negativas. Bajo ese estado emocional el cerebro está en modo “búsqueda de errores y culpables” ya que estás percibiendo el tema como una amenaza a tu tranquilidad o a un trabajo bien hecho.

Sé proactivo con los temas pendientes y con problemas

Es mucho más rentable en tiempo y energía que busques un momento adecuado emocionalmente para abordarlo. En ese estado emocional más tranquilo activarás en tu cerebro el “modo solución de problemas”. Aumentará tu creatividad, tu dinamismo y tu buen hacer.

Y por supuesto, que conforme te llegue un imprevisto o problema, diseñes un plan de acción. ¿Para qué?. Con la finalidad de que diseñes pasos para su solución, identifiques plazos, asignes implicados y puedas en los momentos que has planificado hacer su seguimiento. Pero deja de darle vueltas inútilmente, con el ansia de que no se te olvide que este tema se ha de resolver.

Tienes la sensación de que nunca acabas lo importante

Claro, si sumamos todo lo anterior, atender a otros, llamadas, imprevistos, urgencias y problemas … ¡todo esto puede llegar a consumir un día de trabajo!

El problema con esta inercia de trabajo es la sensación de “estar para todo el mundo” menos para ti, y el trabajo que es importante dentro de tu puesto de trabajo.

Esa idea que tienes que poner en marcha, ese proyecto sobre el que tienes que pensar, o ese cambio que tienes que implantar en tu equipo o en procedimientos de trabajo, también acaba por convertirse en una urgencia. Y… ¡ya estamos otra vez!. Las urgencias devoran tu tiempo. Acabas por considerar que tienes una sobrecarga de trabajo y que no puedes con todo. Activamos de nuevo el estrés y el modo “búsqueda de errores y culpables”. Incluso valorando que tú estás cometiendo errores o que tú tienes la culpa.

Procura dejar la culpa a un lado. Lo que sí es cierto es que tienes responsabilidad y capacidad. Ahora bien, ambas cualidades sólo podrás ponerlas en marcha si trabajas de forma proactiva.

Con frecuencia en las jornadas laborales de todos, es muy difícil encontrar un espacio de tiempo largo para empezar y acabar un trabajo todo de una vez. Bien, yo lo asumí hace tiempo. ¿Y tú?. Lo que no puedes hacer es estar nuevamente teniendo constantemente en mente en forma de rumiación eso importante que tienes que hacer. Porque la sensación de que no lo acabarás nunca es demoledora y tu cerebro no está tranquilo sobre este tema. Y tú, mientras tanto, te desgastas emocionalmente.

Sé proactivo con cada parte del total de tu trabajo

Busca un momento, cuando quieras, pero lo más pronto posible para pensar. Desmenuza, fragmenta ese tema importante que tienes que hacer y que, además, estoy segura de que quieres hacer bien. Planifica cada fase, cada tarea, cada contenido de las tareas, tiempo para imprevistos, y asígnales fecha, y espacios de tiempo en los que le prestarás atención (30 min, 1 hora, 2 horas…).

Sí, sé que algunos imprevistos o urgencias seguirán surgiendo, pero con un plan por anticipado es más fácil organizarse, ya que tus fechas contarán con un margen de maniobra y podrás adaptarte.

Conseguirás hacer ese trabajo o proyecto importante, pero asume que tu atención necesita centrarse en cómo vas consiguiendo cada fase que has planificado. Evita hacer como siempre, prestar atención a que “no lo has acabado todavía y no sabes cuándo podrás hacerlo”.

No liberas un tiempo para pensar

Sí, soy consciente, muchas de las recomendaciones anteriores que he comentado conllevan un espacio de tiempo para ser proactivo y pensar. Bueno, ¿y si lo incluyes en tu planificación diaria?. También es uno de mis hábitos :-). Puede que estés tan inmerso en la inercia del día a día y en la adrenalina que genera estar en un sitio y en otro, que no lo estás teniendo en cuenta.

Para ganar tiempo, es importante tener una estrategia para ganar ese tiempo. Gestionar bien tus emociones y evitar que te desgastes emocionalmente conlleva tener una estrategia mental para abordarlas.

No contar en tu planificación con tiempos de reflexión impedirá que abordes las siguientes tareas con la emoción adecuada. Descuidar en tu planificación tener tiempo para planificar, provocará que aquello en lo que tenías tiempo, se convierta en urgente. Al final, no disfrutas, no das lo mejor de ti, y es muy probable, que tengas la sensación de que no eres dueño de tu tiempo.

Sé proactivo con tu tiempo para pensar y desconectar

  • Incluye en tu día a día o en la semana espacios para pensar, reflexionar y tomar decisiones sobre lo importante, o lo que te preocupa. Por supuesto, un tiempo tranquilo, desde el que tu cerebro pueda abordar la reflexión desde un estado emocional adecuado.
  • Planifica también en tu día a día o en la semana, momentos en los que desconectes.

No asignas un tiempo para coordinación o seguimiento de un tema

Hace un tiempo comentaba con un directivo a cerca de proyectos y otros temas que estaba abordando en su empresa. Para algunos, además, tenía desde hace tiempo, una fecha tope de finalización impuesta por agentes externos. Le pregunté ¿y cómo váis, llegaréis a tiempo? La respuesta fue, no lo sé, se está ocupando otra persona.

Me entró un poco de susto. ¿Cómo es posible?. ¿Ha faltado un plan, con hitos a conseguir, fechas y momentos de coordinación y seguimiento?. Claro, estaba bastante preocupado por si llegarían o no al plazo. Esto le estaba provocando que constantemente tuviera este tema en la cabeza y frecuentemente llamara a la persona en cuestión para preguntar como va.

Posiblemente, estas llamadas para preguntar le estaban ocasionando una interrupción en su trabajo, con el consiguiente desgaste para todos, disminución de concentración y posibles retrasos. Ahora sólo me faltaría que la persona encargada, respondiera “voy bien” sin que directivo y colaborador supieran exactamente que significa “voy bien”.

¿Se ha conseguido lo que necesitaríamos a estas alturas?. ¿En qué fase estamos?. ¿Qué falta?. ¿Cuándo y cómo podemos comprobarlo?.

Sé proactivo en tener tiempo para la coordinación y seguimiento

  • Cuando tengas que implementar un cambio o realizar un proyecto planifica con antelación qué fases necesitas, qué tareas se tienen que hacer, quién las tiene que hacer y en qué momentos os sentaréis para revisar lo conseguido hasta ese momento.
  • Genera que tu equipo te proporcione periódicamente y conociéndolo por anticipado en qué momentos hará seguimiento contigo y qué tiene que estar hecho para esos momentos de seguimiento.
  • Pon en tu calendario y el calendario del equipo fecha y hora de reunión de seguimiento. No esperes a que se acerque mitad del proyecto para que entonces encontremos una fecha. Estaréis todos ocupados y será difícil encontrar “huecos” en la agenda.
  • Haz lo mismo si el proyecto o trabajo te implica sólo a ti. Es importante que puedas comprobar en ciertas fechas si has llegado hasta dónde querías llegar.
  • Facilita a todos comprobar constantemente si “vamos bien”. Y por supuesto, que sepamos qué significa eso: qué hitos podemos comprobar todos que se han conseguido hasta la fecha.

Conclusión

La proactividad facilita la gestión del estrés y la productividad personal tuya y de tu equipo. Recuerda que es importante ser proactivo en:

  • En la consecución de tus objetivos y responsabilidades
  • “Hacer muchas cosas” en tu día a día, no significa que estés dando lo mejor de ti y estés aportando valor.
  • Los problemas y en los temas pendientes. Dedícales tiempo planificado y con sentido.
  • Lo importante
  • Tener un tiempo para pensar y planificar
  • Coordinación y seguimiento de proyectos
¿Cómo vas de estrés en tu día a día?
¿Qué coste está teniendo para ti no ser proactivo?
¿Qué cambios puedes realizar para ser más proactivo?

Y si te apetece y puede ayudarte...

Cómo encontrarse a uno mismo en días de descanso

¿Tienes unos días de descanso?. Aunque sea ¿unos poquitos?. Espero que sí :-). Y si no, busca incluso ratos en los que te permitas descansar, desconectar, encontrarte contigo mismo. Es fundamental para seguir adelante, con fuerzas, con energía y con ilusión. 

Nuestro cerebro necesita de vez en cuando hacer un STOP para compensar el desgaste del día a día. El cuerpo necesita compensar el agotamiento del estrés diario. De hecho se recomienda vivir tres experiencias positivas por cada una negativa para reequilibrar nuestro bienestar. 

Los momentos de vacaciones son geniales para restablecer el equilibrio personal. Y además sería interesante buscar «mini momentos» de «recarga emocional» en nuestra vida diaria. No obstante, ahora posiblemente tengas a la vista unos días de descanso. Así que no dejes pasar esta oportunidad. 

Además de lo que estoy segura que ya sabes: desconecta el móvil e internet, descansa, haz cosas nuevas, viaja… etc, te propongo algunas ideas. Sé que tu imaginación te permitirá disfrutar de conversaciones y actividades extra que te harán sonreír. Ahora bien, ¿te guardas también algunos momentos de soledad?. ¿Cómo los llevas?. ¿Tienes algo pendiente de resolver?. ¿Alguna emoción difícil de asimilar?. 

Las actividades nuevas en momentos de vacaciones o descanso te renovarán. Sin embargo, procura que no «oculten» algo y te ayuden a «evitar» tus tareas emocionales y de equilibrio personal. Descansar para renovarse y recargar pilas, es fántástico. Quizá también sea un buen momento para retomar reflexiones que estás evitando y que el día a día ahoga con las responsabilidades y obligaciones. 

Quisiera hoy proporcionarte algunas ideas para hacer de reflexiones en soledad, un momento más positivo y constructivo. En la medida que pueda ayudar a que tú diálogo mental se reoriente a caminos más positivos, pienso que puede ser beneficioso para ti. Si quieres las vemos. 😉

Cómo encontrarse a uno mismo en días de descanso

Si quieres aprovechar estas reflexiones, te recomiendo hacerlo en momentos de relax y que preferiblemente estés solo. Dedícate una ratito, al aire libre, si puedes, con una bebida agradable, y con algo para apuntar.

Reflexiones personales para sentirte feliz contigo mismo

  • ¿Cuáles son los mejores logros que has conseguido estos primeros meses del año?.
  • ¿De qué te sientes más orgulloso ahora mismo?.
  • ¿Qué has conseguido o estás consiguiendo que te ha sorprendido a ti mismo?.
  • ¿Cómo lo has conseguido?. Recuerda, ¿Qué decisiones has tomado?. ¿Qué cambios has realizado?.
  • ¿Qué es lo mejor de ti que estás aprovechando al máximo en estos primeros meses del año?.
  • Reconócete ¿Qué puedes celebrar ya estos días?

Reflexiones para mirarte con buenos ojos

  • ¿Qué es lo que más valora de ti tu familia y amigos?.
  • Y tú, ¿Qué es lo que más valoras de ti mismo?. Y ¿Qué te gusta de ti?.
  • Piensa en ti. ¿Qué te da vida?. 
  • Recuerda experiencias propias, ¿Qué hace brillar tus ojos?.
  • En momentos difíciles ¿Qué te gusta de ti?.
  • Y en los buenos momentos, ¿Qué te gusta de ti?.

Reflexiones para soñar y sonreír

  • Imagina que han pasado 3 años y te encuentras muy bien. Eres muy feliz, caminas tu día a día con una increíble sensación de bienestar y de paz contigo mismo. Tienes una genial expresión en la cara de felicidad y de satisfacción contigo mismo. Te gusta tu vida y te gustas a ti mismo. 
  • ¿Qué has conseguido?.
  • ¿Cómo eres y qué haces en ese día a día?.
  • ¿Qué más sientes?.
  • ¿De qué estás agradecido?.
  • ¿Qué has cambiado de ti mismo?.
  • ¿Cuáles son las decisiones qué has elegido para vivir con esa sensación de bienestar?.
  • ¿De qué te sientes orgulloso?.
  • ¿Qué has hecho para encontrarte a ti mismo?.

Reflexiones para invertir en ti mismo

  • De esa imagen a 3 años vista, ¿Qué es lo que más te gustaría conseguir?. Piensa, ¿Qué sería lo que marcaría un impacto verdadero en tu felicidad?.
  • ¿En qué te gustaría invertir de verdad para encontrarte a ti mismo?. 
  • ¿Qué camino te haría ilusión empezar para sentirte mejor?.
  • Si pudieras empezar mañana, ¿Qué «proyecto» personal o profesional te daría vida?.
  • ¿Por dónde empezarías y cómo te haría sentir?.
  • ¿Cuáles serían los siguientes pasos?.

Reflexiones para reorientar tus dudas

  • ¿Qué duda te viene a la mente una y otra vez.
  • Destápala ¿Qué hay detrás de esa duda?.
  • ¿En qué te frena esa duda?.
  • ¿Cómo puedes aprovechar la duda para que te impulse hacia delante?.
  • ¿Cuál es el beneficio de esa duda?.

Reflexiones para encontrar lo que te importa de verdad

  • Vuelve a la imagen que has elaborado a 3 años vista.
  • ¿Cuánto te importa de 1 a 10 esa imagen?.
  • ¿Cómo te sentirías si estuvieras ya allí?.
  • De esa imagen qué querrías tener mañana más en tu vida?.
  • ¿Por qué has elegido esa imagen?.
  • ¿Para qué has elegido esa imagen de ti mismo?.
  • ¿Cuánto vas a permitir que esa imagen te impulse para sentirte bien y encontrarte contigo mismo?.

Conclusión

En momentos de bienestar y tranquilidad,  dónde la las hormonas de la felicidad fluyen, puedes aprovechar mejor la posibilidad de encontrarte a ti mismo. Recuerda que todo cambio, viene acompañado de una pregunta que nos impulsa a tomar decisiones. 

Date permiso para encontrar tus preguntas y por supuesto, tus respuestas. Las de nadie más. Sólo las tuyas. Son las válidas y las que te harán ser tú. Las personas que son felices consigo mismas son las protagonistas de la vida.

Espero que puedan ayudarte estas cuestiones a empezar un camino positivo y constructivo que te permita encontrarte. 

¿Cuánto deseas encontrarte a ti mismo?
¿Qué reflexión te impulsará a ser protagonista de vida y de tus emociones?
¿Cuál es la pregunta que te ronda la cabeza y está pidiéndote un cambio?

Y si te apetece y puede ayudarte...

Aprende a conversar y no pierdas oportunidades

Aprende a conversar y no pierdas oportunidades, ¿has pensado en ello?. Nuestra capacidad de crear conversaciones parece que está fuera de toda duda, porque evidentemente la usamos todos los días, y en cualquier ámbito de nuestra vida. Ahora bien, ¿qué impacto creas con tus conversaciones?. Quizá, has observado que:

  • Interactúas con tus colaboradores pero parece al tiempo que no te han entendido como tú querías.
  • Conversas con tu equipo de dirección pero parece que hay más diferencias que puntos en común. Así, resulta cada vez más complicado llegar a acuerdos.
  • Hablas con un compañero y resulta que la conversación toma un tono de ataque y defensa.
  • Mantienes una conversación personal con un ser querido y no encuentras entendimiento.
  • Participas en una entrevista de trabajo y crees que no has podido expresarte todo lo bien que querías.

Las conversaciones son capaces de generar las mejores emociones o las peores. ¿De qué depende?. De cómo converses. Hay determinadas expresiones, objetivos, preguntas, explicaciones, y tipos de feedback, que directamente activan tus mecanismos de defensa. O por el contrario, activan la mejor de las actitudes y predisposiciones a seguir hablando y a convertir lo acordado en realidad.

A la capacidad de crear conversaciones centradas en el «nosotros» se le llama Inteligencia Conversacional. Este enfoque permite facilitar la conexión, la confianza y la colaboración. 

Seguro que te has dado cuenta de que no te sientes igual, hablando con unas personas que con otras. Algunas activan tu estado de alerta y te ponen a la defensiva. Otras, en cambio, activan las mejores emociones y deseas seguir hablando con ellas.

¿Qué les diferencia?. Su forma de conversar. Las expresiones y preguntas que utilizan. Su lenguaje. Y las posibilidades que abren ante ti con su conversación.

Aprende a conversar y no pierdas oportunidades

 Las personas disponemos de unos sistemas y entramados cerebrales genialmente diseñados. Ellos nos permiten averiguar dónde nos situamos con respecto a nuestro interlocutor. Realizamos en unos pocos segundos una lectura rápida de la situación. Así, nuestro cerebro sabe cómo operar, si en modo protector-defensivo, o en modo apertura y descubrimiento. 

De esta forma, identificamos rápidamente si confiamos o no en la persona que tenemos delante. Y esa es la clave. ¿Tus conversaciones generan confianza o desconfianza?. 

Las «malas conversaciones» activan nuestra red neuronal de desconfianza. Se activa así nuestro Sistema Nervioso Simpático. Éste dará la orden a  nuestra amígdala para disparar hormonas como el cortisol, además de aumentar nuestra tasa cardiaca. Las «buenas conversaciones» activan nuestra red neuronal de confianza. Se activará entonces nuestro Sistema Nervioso Parasimpático que promoverá nuestra hormona de la felicidad y colaboración: la oxitocina entre otras.

Según que sistema se active, responderemos a nuestro interlocutor de una manera más amenazante y defensiva. O bien, de una forma más constructiva y colaboradora. Provocando así, el mismo proceso neuronal en nuestro interlocutor. Con lo que las «buenas conversaciones» seguirán creando un buen tono de escucha y colaboración. Y en el caso de las conversaciones defensivas, aumentará por ambas partes el tono de agresión y defensa.

¿Entonces, cómo hacemos?. Siendo consciente de cómo conversas y teniendo muy presente el objetivo e impacto de tu comunicación.

  • Si quieres conseguir implicación y compromiso en tus colaboradores…
  • En caso de querer abrir la mente de tu entrevistador…
  • Si deseas crear una conversación positiva en tus relaciones personales…

¡Se consciente de si tus palabras activan el Sistema Nervioso Simpático o el Parasimpático! 🙂

Qué pierdes si no creas buenas conversaciones con...

Analicemos posibles errores que frecuentemente me encuentro en las sesiones de formación y en diversas interacciones profesionales cuando trabajo la inteligencia conversacional.

Tus colaboradores y equipo

Si tus conversaciones son de tipo...
  • Interrogatorio. Buscas frecuentemente con tus preguntas una respuesta de SÍ o NO, para confirmar o no el grado de acuerdo que tienen contigo o si finalmente han hecho todo lo que tú consideras que deben haber hecho.
  • ¿Eres consciente de lo que has hecho?. Si buscas constantemente confirmación sobre si ha entendido que su comportamiento no es adecuado, que no cumple con sus responsabilidades o que está siendo irresponsable con los plazos acordados.
  • Las cosas deben ser así. En este caso tratas de explicar y ser protagonista en gran medida de la conversación que tienes con tu colaborador. En un 80% de tu conversación tratas de que te entienda repitiendo una y otra vez lo que consideras importante.
  • Amenazas. Usas frecuentemente el condicional, «si no … entonces…», aunque intencionalmente no quieras amenazar, y lo que quieres es que sea consciente de las consecuencias.
Estás perdiendo...
  • La motivación propia de tus colaboradores, ya que sólo buscas confirmar tus ideas. Tus receptores han activado el modo defensivo, ya que temen no cumplir con lo que tú esperas.
  • La predisposición al cambio. Ya que si tu intención es sólo criticar, vuelves a activar el SNS y el modo defensivo para el que se tienen que preparar y defenderse ante ti.
  • La atención de tu colaborador o del propio equipo. Estar constantemente hablando tú, no es conversar. Así no creas colaboración y no creas interacción.
  • La creatividad e implicación en la búsqueda de soluciones. En modo defensivo, el cerebro fisiológicamente no le está permitido activar la corteza prefrontal en la que se elaboran las soluciones y las posibilidades de futuro.

El reclutador en tu entrevista de trabajo

Si tus conversaciones son de tipo...
  • Dubitativo y contradictorio. Cuando no acabas bien y no elaboras adecuadamente las frases que expresas. O bien, si saltas de un tema a otro, mostrando sin darte cuenta contradicción con respecto a las preguntas del reclutador.
  • Falta de evidencias. Si al expresarte no proporcionas hechos o hábitos que den cuenta de lo que quieres explicar y hacerle ver a tu interlocutor. 
  • Excesiva autopromoción. Cuando utilizas frases aprendidas, que no son tuyas, tratando de darte importancia. Cuando hablas de us anteriores trabajos sólo usando el «yo» y olvidas hablar de lo que aportaste y conseguiste al trabajar en equipo.
  • Con incertidumbre y secretismo. Ante determinadas preguntas respondes con generalidades y evasivas. Tratas de evitar dar una respuesta clara y defender adecuadamente tu opinión o tu experiencia.
  • Si piensas que estás en posición inferior. Conversas con el entrevistador desde una posición inferior. Esto te hace sentir triste o nervioso activando tu modo defensivo. En este caso a tu cerebro le es difícil, hablar de la mejor versión de ti, y centrar la conversación en tus fortalezas y posibilidades.
Estás perdiendo...
  • La confianza del entrevistador. Con dudas e incertidumbre, el entrevistador activa su modo defensivo y la desconfianza ante tu propuesta. 
  • Su comprensión. Si dejas a un lado el proporcionar evidencias sobre tu trabajo, al reclutador le es difícil activar su corteza prefrontal, donde reside su capacidad de comprensión de tu potencial.
  • Tu imagen de futuro. Al reclutador le será difícil imaginar lo que puedes aportar al puesto. Así, cómo imaginar lo bien que puedes encajar en su empresa.
  • Sus emociones positivas y que se lleve una buena imagen de tu marca personal. En el momento en que te «colocas» en posición inferior tus mejores emociones no te acompañan. Con lo que será difícil que provoques un impacto emocional positivo en el reclutador. La huella que se lleve de ti el entrevistador a nivel emocional, es clave para ti.

Tu amigo, familiar o compañero de trabajo

Si tus conversaciones son de tipo...
  • Acusador. Quieres señalar a toda costa que la culpa de algo es de la otra persona. Puede o no que la responsabilidad sea de la otra persona. Ahora bien,  acusándole en vez de centrar la conversación en la solución, provocarás que la otra persona no esté receptiva.
  • Crítico. Utilizas constantemente juicios de valor y adjetivos para explicarle a la otra persona cómo la ves y en lo que se ha convertido. 
  • Ganador. En las discusiones quieres demostrar que tienes razón. Toda tu energía está centrada en defender tu argumento, y menos en comprender, o ver los puntos en común que tienes con el otro. 
  • Sin escucha ni compasión. «Tú di lo que quieras, que yo estoy pensando en lo que te voy a decir». Olvidas en tu conversación que la otra parte escuche de verdad que le prestas atención y que te importa su opinión.
Estás perdiendo...
  • Su confianza. Centrar las conversaciones en señalar «el autor del crimen» no te ayudará. Te estás dejando abrir la posibilidad de una conversación en la que preguntes para comprender,  y para que se pueda aprender o solucionar para la próxima vez.
  • La predisposición al cambio. ¿Cuál es el objetivo de proporcionar una crítica?. El cambio y el aprendizaje. No, que se sienta mal por tus palabras. Ningún cambio o aprendizaje se dará en condiciones de modo defensivo activado y con emociones negativas.
  • La conexión. Ese momento emocional positivo en el que dos personas conectan sólo se da cuando se activa la oxitocina. ¿Qué tipo de relación quieres crear con esta persona?. Deja a un lado la mentalidad de «ganar o perder» en una conversación y mueve tu energía a buscar puntos en común.
  • Le guste estar contigo. Nos gusta estar con personas que nos comprendan y nos escuchemos en sus palabras. Elegimos relacionarnos con personas que aunque piensen diferente a nosotros les importamos y nos muestran su compasión. Compasión es la capacidad de implicarse con el otro y esta capacidad activa la receptividad de la otra persona y sus emociones positivas.

Qué necesitas cambiar en tus conversaciones

  1. Abre tu mente a posibilidades de comprensión y de actuación. Comunicarás con mejores expresiones que activen las emociones positivas de ambos.
  2. Comparte tus miedos y preocupaciones para que ambos implicados os entendáis y os ocupéis desde la colaboración y el compromiso.
  3. Muestra verbalmente que cuidas a la otra persona.
  4. Evita los juicios de valor en tus conversaciones.
  5. Provoca más la imagen de futuro que los errores pasados.
  6. Fomenta propósitos compartidos en el tema del que estáis tratando.
  7. Aprende a buscar ventajas y verbalizarlas, de los argumentos de tu interlocutor. Sobre todo cuando discrepas.
  8. Comprueba que has comprendido a la otra persona antes de reaccionar y responder sin pensar.
  9. Usa el «nosotros» siempre que quieras fomentar soluciones en proyectos e ideas comunes.
  10. Empatía no es sólo «ponerte en el lugar del otro» comprendiendo como entiende un tema. También es ser capaz de identificar la emoción que tiene la otra persona, no la que entiendes que tendrías tú. Házselo saber.
  11. Sé consciente de qué emoción es la que llevas a las conversaciones. Ajústala si crees que va a generar otra emoción negativa en tu  interlocutor.
  12. Presta atención a las reacciones microemocionales de la otra persona para ajustar tu conversación con las expresiones y preguntas que utilizas.
  13. Valora las conversaciones como una oportunidad de descubriros ambos y crear algo juntos.
¿Cuál es el objetivo de mejora que has identificado para cambiar en tus conversaciones?
¿Qué emociones crees que generas y cuáles te gustaría conseguir?
Recuerda busca la emoción adecuada para conversar, prepára tu conversación y permanece atento a las emociones de tu interlocutor

Y si te apetece y puede ayudarte...

5 excusas geniales para no conseguir lo que quieres

Parece irónico ¿verdad?. Nos ponemos excusas geniales para no conseguir lo que queremos. ¿Cómo puede ser eso posible?. ¿Cómo no vamos a querer conseguir lo que queremos?. Pues pensemos un poco. Porque las conversaciones diarias en el trabajo, familiares, en una cafetería, en formación, están llenos del famoso:

PERO ES QUE….

En ese momento todo tu ser, y toda tu capacidad mental y emocional, se bloquean. Tu Sistema Nervioso Simpático (activo ante situaciones de amenaza)  se lo pasa genial poniéndote a la defensiva. Toda tu capacidad para valorar la situación se arma de un escudo de protección. Ya está, un sencillo «pero es que…» ha obrado la magia. «Estarás a salvo. Nadie va a conseguir que pierdas tu equilibrio». (Aunque sea falso). Quedas inmunizado ante la posibilidad del cambio y del aprendizaje. No te preocupes. No pasará nada. Nada cambiará. Todo permanecerá igual. Tú mismo te salvas de cualquier avance. Y lo haces muy bien. ¡Fantástico!

Se te olvida algo. Ese malestar continuo que sientes, ese cansancio y agotamiento, y esa irritabilidad seguirá. Puede que te hayas acostumbrado pero también forma parte de ti. Y forma parte de otro sistema que funciona fenomenal. Forma parte de capacidad para gestionar las emociones. Empieza siempre avisándote que sientes un cambio emocional y que necesitas prestarle atención. 

Los mejores cambios y los mejores aprendizajes se producen por una motivación interna y personal. Es esa inquietud que nos dice que tienes más que ganar, que lo que puedes perder. Que seguramente implicará otras estrategias y cambios adyacentes pero que sin duda, te van a ayudar. 

Cuándo, en ocasiones, te planteas no sé lo que me motiva o no sé lo que quiero. La respuesta la encontrarás en tus emociones ¿Qué te dicen?. ¿Qué te remueve y despierta inquietud (de la buena)?. ¿Te escuchas?

Pregúntate cuando te pongas excusas:

  • ¿De que te protege tu excusa?
  • ¿Qué es lo que te hace sentir en situación de amenaza?
  • ¿Qué temes perder si abandonas la excusa?

Veamos algunas con las que me suelo encontrar a diario. Si te sientes identificado con alguna de las excusas, ¡bien!, por ahí se empieza. Tómate 5-15 minutos más después de esta lectura si lo consideras para pensar en las reflexiones que las acompañan.

5 excusas geniales para no conseguir lo que quieres

No tengo tiempo para...

  • Aplicar las técnicas de gestión del tiempo que me han recomendado. Implica que me tengo que sentar a pensar y organizar. tengo demasiadas cosas urgentes que hacer. Ok. ¿Entonces estarás bien como estás?. ¿Ya no sufrirás más estrés?. ¿Abandonarás tu diálogo interno de «no puedo más, estoy cansado»?
  • Hacer un análisis claro sobre lo que necesita mi equipo y desarrollar un plan de mejora para cada uno de ellos. Tengo demasiadas urgencias y problemas que me plantean para resolver diariamente. Ok. ¿Qué impacto tendrá en los resultados que tu equipo haya llegado ya el nivel máximo de talento?. ¿Trabajan bien ya como lo están haciendo?. ¿Sabrán resolver por sí mismos las demandas del cliente y de los procesos de trabajo algún día?
  • Hacer un plan para contactar con empresas que no sé si necesitan un perfil como el mío. Aunque no tengo trabajo, creo que no tengo tiempo ni ganas para eso. Esperaré mejor a que se publique alguna oferta y que contacten conmigo. Ok. ¿Cómo llevarás que tardes más tiempo en encontrar empleo?. ¿Cómo te sentirás si no te llegan las ofertas para las que tu crees que vales?. ¿Cómo llevarás la espera?
¿Tiempo para ti?
  • Pensar en mi. Qué quiero, qué me hace feliz y qué necesito, implica tomarme tiempo para mi. No lo tengo. Tengo muchas obligaciones familiares, laborales y sociales. Ok. ¿Cómo llevarás el malestar constante?. ¿Qué harás con esa insatisfacción personal que te persigue?. ¿Cómo harás para deshacerte de la sensación de que no eres dueño de tu vida?
  • Pensar a 6 meses, 1 ó 3 años vista sobre mi vida personal, familiar, social o laboral. Debo resolver todo lo que tengo ahora. No me puedo permitir parar. No sé lo que pasará en 3 años. Ok. ¿Cómo llevarás que pasen los años y te hayas dejado llevar sólo por urgencias y compromisos?. ¿Cómo te sentirás sin una meta que te ilusione y provoque cambios a medio o largo plazo?. ¿Te sentirás orgulloso de ti mismo dentro de 6 meses, 1 ó 3 años?

Si los demás cambiasen yo viviría mejor, sería más feliz

¡Qué malos son lo demás que nos impiden ser felices! 😉

En serio, plantéate algunas ideas:

  • Los demás, de momento, son como son.
  • Aunque parezca lo contrario es posible, que los demás sufran las consecuencias de cómo son y no se sientan tan bien como te parece
  • Los demás tienen derecho a decidir como quieren actuar, te puede gustar más o menos.
  • Puede que los demás no hayan aprendido a actuar de otra manera y también tengan sus excusas para no cambiar
  • Las personas eligen sus actuaciones por diversos motivos. Aunque no lo parezca los demás tienen también sus motivos. Son válidos, aunque no te gusten.
  • Los demás pueden opinar lo que quieran de ti, de tu vida, de tus decisiones y de tus relaciones. Insisto te puede gustar su opinión o no. Que tengan su opinión no convierte tu realidad en «esa verdad».
  • ¿Cómo quieres tú elegir ser ante estas personas o ante determinadas situaciones?
  • ¿Ahora mismo de que sufrimiento hablamos?. ¿Del tuyo?. Bien. ¿Qué quieres hacer con tu infelicidad en estos momentos?. ¿Qué necesitarías hacer en esas situaciones o con esas personas para sentirte más feliz?
  • Tú también tienes derecho a decidir sobre tus actuaciones. ¿Qué elegirás?
  • ¿Cuál es tu excusa para seguir permitiendo a los demás que te impidan ser feliz?
  • ¿qué opinas de tu vida?. ¿Cuánto valor quieres darle a tu opinión?. ¿Cuál es la visión sobre la que tu quieres invertir?

Hay otros más preparados, mejores que yo...

Sin duda. Hay personas más preparadas que tú. Y también menos preparadas que tú para lo que tú quieres aportar. Estos hechos no te quitan el derecho a que tú puedas segur mejorando. Enriquecerte, ser mejor que como eras ayer, hace un año o varios, es lo importante. 

Tienes derecho a estudiar a tu velocidad, a aprender a tu ritmo y a crecer según lo consideres. ¿Por qué prescindes de ese derecho?. 

Si realmente, tienes las ganas, el deseo y la energía de ser mejor en aquello que haces. Ve a por ello. Deja de compararte con los demás. Los demás tienen su propio ritmo. Es posible que tengan unas capacidades que ahora mismo tú no tienes. Y también es posible, aunque no lo veas, que tú tengas otras virtudes que ellos no. 

Es la voluntad de combinar tus virtudes y tu talento, con lo que vayas a aprender lo que te hará ser diferente. Cómo aproveches tú, tu potencial y tus habilidades, lo que asegurará una marca distintiva de tu persona.

Los demás, si quieres, siempre serán una excusa para quedarte como estás. Tú, serás la mejor razón y el mejor motivo, para convertirte en la persona y profesional que quieres ser.

Mi caso es distinto. Yo soy distinto. Lo que me planteas no sirve para mi.

¡Fantástico!. Me alegro muchísimo de que seas capaz de apreciar tu diferencia.

Ahora bien, ¿cuánto vale esa diferencia si te impide acercarte a lo que quieres?. Yo creo que vale mucho más de lo que crees. Cuando pones tu diferencia como excusa, te estás protegiendo de algo. ¿Qué es?. Cuando usas tu diferencia como motivo para adaptar los nuevos aprendizajes, lo que consigas será especial y será tuyo.

Son las diferencias en las personas y su capacidad para convertirlas en oportunidad y palanca, lo que las convierten en geniales. ¿Qué quieres hacer tú?. 

Esconderse detrás de una excusa como «soy diferente» realmente te quita ese valor diferencial. Aprovéchalo. Tienes claro que tu caso es distinto. Adáptalo. Haz que sirva para ti. Tú tienes la clave. Nadie más.

Aprovéchate de lo que lees, de lo que aprendes y de lo que escuchas. Sé valiente, adáptalo para ti. Convierte tu diferencia en motivo y en criterio de aprendizaje.

Mi pasado me impide ser feliz. Mi trayectoria vital me ha marcado mucho. Yo soy así.

Lo lamento. Lamento que hayas decidido que tu pasado te impida ser feliz. No debes sentirte bien con ello. Y no es agradable. 

Plantéate diferenciar que una cosa es el pasado, y que no puedes cambiarlo. Y otra cosa distinta, es lo que has hecho con tu pasado. Cómo lo hayas «digerido» mental y emocionalmente, es la clave. Ahí está tu poder de decisión. Decidir que tu pasado te impide ser feliz puede significar que todavía no has hecho la «digestión» de tus vivencias. Es posible que te falte decidir como quieres procesar lo vivido. ¿Con qué te quieres quedar?. 

Desde luego tu pasado ha influido en ti. Y quizá se te olvide que también ha hecho de ti quién eres. Tanto para lo mejor de ti, como aquello que es susceptible de mejora. No sólo para lo último.

Siempre estás a tiempo de decidir como quieres vivir lo vivido. Asumir lo que experimentaste, comprender tus decisiones y perdonarte en caso necesario. Cuanto antes lo hagas mejor. Te será más fácil. Te desgastarás emocionalmente menos.  Dejarás de arrastrar tristeza y resignación  en los años que te quedan por vivir.

Acuérdate vivir es urgente. Y «digerir» lo vivido si te está bloqueando aún más. Céntrate en lo que puedes elegir del pasado y del futuro.

Decide si quieres tener excusas o motivos para conseguir lo que quieres

  • Identifica tu excusa
  • Averigua a qué te ancla
  • Investiga qué te está haciendo perder y ganar
  • Haz caso a tus emociones
  • Decide cómo dejar las excusas y encontrar motivos
¿Cuál es la excusa que siempre vive contigo?. ¿Cómo te hace sentir?
¿Decidirás invertir en ti mismo para encontrar tus motivos?

Por qué escribir te ayudará en situaciones difíciles

Compartir, y comunicar situaciones difíciles que hemos vivido es algo sobre lo que sentimos necesidad. Nos reconforta, nos relaja y nos permite elaborar mejor nuestras ideas. De hecho, es una buena manera de afrontar las situaciones difíciles. Situaciones que nos causan ansiedad, estrés, tristeza o preocupación.

Aún mejor estrategia de afrontamiento es la escritura. Y la escritura de nuestras experiencias negativas, sobre todo. Hay investigaciones que demuestran que que se obtienen mejores resultados de afrontamiento emocional, cuando escribimos sobre nuestras experiencias negativas. No se obtiene tanto beneficio emocional cuando escribimos tanto sobre sucesos positivos como negativos. (Pennebaker y Chung 2007). 

Por qué escribir te ayudará en situaciones difíciles

Escribir de manera expresiva y narrativa sobre lo que vives. En este tipo de escritura que os propongo hoy, es importante reconstruir una narración sobre lo que te ha ocurrido.

Escribe sobre cómo estabas antes de esa situación difícil, cómo ocurrió esa situación y cómo te ha hecho sentir.

Te permitirá darle un significado, sobre todo si la dejas fluir. No te limites, no te preocupes por la corrección o conveniencia de las frases o palabras. Sólo escribe tus reflexiones, los pensamientos que tuviste, la causa de esa situación, tu papel, el papel de otros, tu interpretación de los hechos…Escribe también tus dudas, tus contradicciones…Identifica las emociones, descríbelas, exprésalas con tus propias palabras. Olvídate, repito, de diccionarios y de normativas. Sólo exprésate como sientas, recuerdes, pienses..

¿A quién beneficia escribir sobre situaciones emocionalmente difíciles?

  • A todos en general cuando hayamos vivido o estemos experimentando en el momento actual una situación traumática. o emocionalmente difícil.
  • El beneficio emocional es más positivo cuando se escribe en periodos espaciados con tiempos de 15-20 minutos.
  • Las consecuencias positivas para salud emocional son mayores cuando escribes en ambientes de privacidad. Puede ser tu casa o un sitio que te permita encontrarte a gusto y seguro.
  • Poner en palabras los sentimientos y pensamientos produce un bienestar psicológico mayor que simplemente pensar.
  • Se obtienen beneficios físicos y psicológicos sobre todo al escribir sobre temas de los que no has hablado nunca previamente
  • Se obtienen grandes beneficios afrontamiento emocional cuando se han vivido situaciones traumáticas graves. Por ejemplo: muertes repentinas de un ser querido, situaciones de violencia traumática o maltrato, desastres naturales, y situaciones de terror. Tanto las personas que han vivido directamente un atentado, como las que lo han vivido indirectamente, pueden beneficiarse de las escritura expresiva.

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¿En qué te beneficia escribir sobre situaciones emocionalmente difíciles, estresantes o traumáticas?

  • Regula la actividad cognitiva y emocional.
  • Te proporciona un sentido de dignidad y control.
  • Se reducen los pensamientos y recuerdos intrusivos sobre la vivencia estresante.
  • Mejora el estado de ánimo y genera menos visitas a los médicos. Posiblemente menos dependencia de fármacos.
  • Mejora la capacidad de adaptación a largo plazo.

 Me gustaría añadir una nota importante. El impacto de esta técnica en cada persona variará según la gravedad de la situación. Incluso dependerá de la vivencia, y de las estrategias de afrontamiento previas de la persona. No me gustaría que entendiéramos esta técnica como la «receta perfecta» para todos los casos. En muchos casos, una ayuda psicológica y/o médica debe acompañar a las personas en sus vivencias traumáticas.

De hecho, es una técnica que utilizo habitualmente, con mis clientes cuando están superando vivencias traumáticas o estresantes. 

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 ¿Por qué hablar de esta estrategia entonces?. Porque pienso que puede ayudar. Puede ser el comienzo para afrontar situaciones difíciles en nuestro día a día. Si desarrollas como hábito esta habilidad, podrás aumentar tus estrategias de afrontamiento.

Un efecto de esta técnica con el que te puedes encontrar, es el malestar posterior. No suele durar mucho. La mayoría de las personas comentan al poco tiempo una gran sensación de alivio.

¿Cómo empezar? ¿Sobre qué escribir si has vivido una situación estresante o emocionalmente difícil?

  • Sobre lo que quieras. Que sea algo que te haya afectado de manera importante.
  • Cómo ocurrió y cómo te sentiste al respecto. También como te sientes ahora.
  • Por qué crees que te sientes de esa forma.
  • Puedes hacerlo en forma de diario, biografía, o carta que enviarías (aunque no la envíes).
  • Profundiza sobre la experiencia más impactante en tu vida.
  • Cuáles fueron tus pensamientos en ese momento y qué piensas ahora.
  • Cómo puedes explicar lo que ha ocurrido.
  • Qué significa para ti esta vivencia.
  • Cuál ha sido tu mayor aprendizaje.
  • Qué no has conseguido solucionar o aprender.
  • Qué te ha quitado y qué te ha dado esta vivencia.

Conclusiones. La escritura expresiva puede: 

  • Ayudarte a regular tus emociones.
  • Reducir la necesidad de hablar y estar en situación de «bucle» con respecto a la vivencia.
  • Reducir tu nivel de tristeza, estrés o miedo.
  • Ser una estrategia de afrontamiento a desarrollar para cuidar tu equilibrio personal.

Si reflexionaras sobre este año… ¿hay alguna vivencia difícil sobre la que podrías escribir?. ¡Aprovecha! . Una sencilla libreta y un bolígrafo pueden aclararte las ideas y hacer que te sientas mejor. :-). Recuerda busca un momento y un lugar privado y seguro, que te proporcione tanquilidad. 

Como siempre, estoy a tu disposición por si consideras que puedo ayudarte.

Referencias bibliográficas:

 Pennebaker, J. W. y Chung, C. K. (2007). Expressive writing, emotional upheavals, and health. En H. Friedman y R. Silver (Eds.), Handbook of health psychology (pp.263-284). Nueva York: Oxford University Press

Cómo organizar tu trabajo para no sentir tanto estrés

Sí por favor. ¿Hacemos un ejercicio de análisis de cómo estamos trabajando?. ¿Nos sentimos bien con nuestra gestión del tiempo?.

Esta fue la propuesta que trabajamos con un gran profesional. Miguel Gironés, Decano del Colegio de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas e Ingenieros Civiles. CITOPIC, Zona Aragón. 

Miguel y su equipo, han tenido la amabilidad de invitarme a colaborar con este artículo. En su revista CIMBRA, publicada semestralmente. 

Me alegra muchísimo haber colaborado con ellos, tratando de aportar ideas sobre nuestra gestión del tiempo diaria. Así que os invito a revisar estas reflexiones por si os pueden servir.

Podéis consultar la revista completa en el aquí en su enlace original. 

Cómo organizar el trabajo para no sentir tanto estrés

¿Se puede estar satisfecho de la organización de nuestro trabajo? ¿Y de nuestro tiempo? Sí, efectivamente se puede. Se hace. Y es una de las ventajas de las que más pronto disfrutas cuando te organizas.

 Cuando te organizas y eres el protagonista de tu tiempo y tu gestión, tomas decisiones, negocias tiempos y plazos. Aprovechas los tiempos según el nivel de concentración que necesitas. Siente uno la satisfacción de que cada día te has aproximado a lo que querías. Sino en un 100%, en un porcentaje muy alto.

 

Preocupaciones frecuentes en la gestión del tiempo

Desde profesionales freelance hasta directivos, veo a menudo como el tiempo se come su bienestar y su tranquilidad. Constantemente tienen presente en su cabeza:

  • tareas pendientes
  • llamadas que no hicieron
  • la preocupación de resultados
  • la ansiedad de que no se olviden las cosas
  • la intranquilidad por si no llegan a tiempo a todo

Así, el estado de agotamiento continuo del día a día, dificultará tus mejores niveles de concentración y atención. Es decir, la intranquilidad de las tareas futuras, no te dejará hacer un trabajo de calidad en el presente. Y lo que es peor, no disfrutarás tampoco de tu trabajo. Ya que dedicamos muchas horas al día a trabajar, ¡qué menos que las puedas disfrutar!

Una buena gestión del tiempo y organización del trabajo, te permite concentrarte en lo que quieres hacer. Además, te deja tranquilo. Lo que queda pendiente, tiene un tiempo y un lugar para realizarlo. ¿Por qué?, porque lo has planificado y le has asignado un día y una hora.

¿Pero por dónde empiezo? Haz un "stop" y decide organizar el trabajo.

Una de las primeras recomendaciones que sugiero en los cursos de gestión del tiempo es que te dediques una rato a tener una visión global de tus proyectos y tareas. Elige un tiempo en el que puedas registrar todos tus proyectos, trabajos, etc. Agrupa tareas por similaridad o temáticas. Para ellos son excelentes las ventajas que te pueden proporcionar las aplicaciones de gestión de proyectos y tareas. Buenos ejemplos pueden ser Todoist y Asana, por ejemplo. Si además gestionas equipos, te permitirán hacer un seguimiento al instante, del estado de las tareas asignadas, sin molestar con interrupciones

Registra cada proyecto, o cada cliente, o cada temática de trabajo y registra todas las tareas que serán necesarias para llevarlas a cabo. Mantén esta información actualizada. Y con cada imprevisto o tarea no esperada que te surja en el día, registra en el momento, cuál es el plazo máximo y cuándo la vas a hacer. Consigue que tu cabeza no piense más en ello. Sólo el tiempo que hayas planificado para ello.

Asigna a cada tarea el plazo máximo. Y empieza cada día con las prioridades que te marca tu propia planificación.

El nivel y calidad de concentración en una tarea no está al máximo desde el momento mismo que la empiezas. La concentración sigue un curva de U invertida, que se reactiva cada 1.5h aproximadamente. Por ello antes de exigirte, tu máxima creatividad y esfuerzo, es importante que realices algunas tareas de organización y preparación, como por ejemplo:

  • Si vas a realizar llamadas importantes, haz un esquema de cada llamada y prepárate lo que quieres comunicar y qué quieres conseguir
  • Al realizar un informe importante, dedica unos minutos a preparar los hitos que para ti serán claves y qué puntos incluirás en cada uno de ellos
  • En caso de participar en una reunión prepárate bien lo que quieres comunicar y anticipa cómo manejarás posibles objeciones

Y como dice una expresión inglesa, ¡eat your frogs first!. «Cómete tus ranas primero. Es decir empieza por esas tareas que tienes que hacer pero no te gustan demasiado. Empieza fragmentando la tarea, y progresivamente ve terminando. Tendrás la satisfacción de haberla acabado y el resto del día, para invertir más tiempo en lo que te gusta.

¿Y el calendario, para qué lo uso? Para eventos.

Compruebo como muchos profesionales llenan su calendario con múltiples tareas que constantemente mueven de día. Consiguiendo además, que el aspecto visual del calendario nos genere ansiedad. El calendario es para crear eventos, reuniones, visitas o fechas topes de algo importante. Evita usarlo como recordatorio de tareas. Te saltarán múltiples recordatorios pero no te facilitará establecer prioridades.

¿Y el correo electrónico? Para algo que no sea inmediato.

Cuando es algo urgente, se llama, o se busca a la persona para una interacción presencial.

Muchos directivos me comentan que en su bandeja de entrada reciben diariamente de 200-500 correos. Eso es imposible de gestionar, a no ser que te pases toda la semana contestando. Y no creo que les paguen para eso. Cuando utilizas un gestor de proyectos o tareas, el correo puede reducirse en cerca de un 70-90%. Así que, plantéate:

  • ¿Tendrías que estar en copia en todos esos correos?. Empieza a decidir con los demás cuándo es necesario que estés en copia.
  • ¿Una reunión periódica con tu equipo o con otros departamentos solucionaría los temas? ¿Reduciría la incertidumbre de los demás, ya que no saben cuándo les prestarás atención?
  • ¿Estás discutiendo/debatiendo por correo? Cuando un mismo tema de correo va y viene más de tres veces, plantéate una llamada o reunión
  • ¿Los correos que recibes son para que otros dejen constancia de lo que  han hecho? Usa un gestor de proyectos y combínalo con reuniones de seguimiento estructurado
  • ¿Sabes de qué va ese correo que recibes?. Pide y envía un correo con un asunto concreto, especifica lo que quieres de la otra persona y acostúmbrate a indicar un plazo de tiempo para que todos se puedan organizar.

¿ Y qué hago con los imprevistos? Decidir, si lo son.

Deja en tu planificación un margen para imprevistos. Si es urgente este imprevisto, es urgente. Te corresponde atenderlo. Si es verdaderamente urgente, repito. Si no, se firme con la pregunta ¿urgente para cuando? ¿dentro de una hora?, ¿de un día?. Asígnale un plazo y un tiempo en el que le prestarás atención. Inmediatamente, inclúyelo en tu gestor de tareas. Y olvídate hasta entonces.

Aplica el mismo criterio para las llamadas y visitas inesperadas. Organiza, agrupa y agenda todo lo que puedas con antelación. Incluso asigna un día y hora específico. Muchos imprevistos podrían no haberlo sido con una organización previa, Reduce la incertidumbre de los demás, acerca de cuándo se pueden sentar contigo a ver ese tema.

¿Y las reuniones? Por favor, decide que sean eficaces para todos.

Otra de las quejas comunes en las empresas es las horas interminables que tienen las reuniones y la incertidumbre del tiempo de duración. Estos hábitos generan una tremenda ansiedad sobre cuándo podrán hacer el resto de trabajo que tienen pendiente. Además, provoca una gran pérdida de la sensación de ser «dueño de nuestro tiempo». Así que puedes empezar a reflexionar sobre cuestiones como:

  • ¿Tiene todo el mundo claro para qué va a la reunión?
  • ¿Saben la hora de comienzo y de finalización?
  • ¿Conocen cuál será su aportación y rol en la reunión?
  • ¿Es necesaria para todos la asistencia completa a toda la reunión?
  • ¿Se sabe el orden y tiempo que dedicaremos a cada tema?
  • ¿Cómo recordarán las conclusiones y tareas que se han decidido en la reunión?

Apresúrate, evita hacer una reunión más sin que tengas toda esta información clara para todos los asistentes. Decide hacer que el tiempo invertido sea el justo y sea eficiente para el objetivo.

Sé feliz con tu tiempo. Una vez se vaya, tú pierdes la oportunidad de sentirte mejor.

Como última recomendación, decide en tu organización que la gestión del tiempo es un tema de todos. Si uno sólo aplica decisiones, sirve, pero sirve poco. Conciencia y decide con todos, cómo os organizaréis y como respetaréis vuestro tiempo y vuestras energías.

Pero sobre todo, decide ser feliz con tu tiempo y tu organización del trabajo. Recuerda el objetivo, trabajar con la máxima tranquilidad y satisfacción.

Cómo empezar a crear cambios en tu vida

¿Qué es lo que más te cuesta de conseguir el cambio que quieres?.

¿Tienes emociones contradictorias cuando decides cambiar algo en tu vida?

¿Notas que hay momentos que avanzas y otros que retrocedes?

Revisa tranquilamente estas reflexiones. Seguramente puedas estar más tranquilo y más seguro. Comprende qué facilita el cambio y qué lo dificulta.

Cómo empezar a crear cambios en tu vida

Comprendamos primero el cambio

Me basaré en esta ocasión en la Teoría del Cambio Intencional de Boyatzis (ICT) (2006). El  cambio en las personas no tendrá éxito a largo plazo sin tener en cuenta y trabajar tres elementos importantes:

  1. La intencionalidad, voluntariedad del cambio
  2. El equilibrio y alternancia entre fuerzas emocionales positivas (PEA) y negativas (NEA)
  3. La aceptación de que el cambio es un proceso discontinuo creciente de aprendizaje. El cambio es provocado por descubrimientos y las reflexiones de las personas

Esta teoría nos proporciona una visión del cambio que incluye no solo aspectos comportamentales. Si no también aspectos emocionales y neuroendocrinos del aprendizaje.

El cambio sostenible se llevará a cabo conforme facilitemos el desarrollo de  algunos componentes esenciales. Los comportamientos, los pensamientos, las emociones, y las percepciones. Este cambio representa una transformación en acciones, hábitos y competencias asociadas al desempeño. Esta transformación puede darse en los sueños o aspiraciones de una persona. También en la forma en la que actúa. En la sensibilidad que muestra hacia otras personas. O incluso, en el desarrollo de una visión personal que le inspire y motive.

Tengo la intención y quiero cambiar

En ocasiones aprendemos habilidades como respuesta a una necesidad puntual. O también a una necesidad de aprobación o complacencia. En estas ocasiones no incluimos el compromiso. Este tipo de aprendizaje no se sostiene en el tiempo (Specht & Sandlin, 1991). Sin embargo, el aprendizaje y cambio más sostenible en el tiempo es aquel que es intencional (Sinatra & Pintrich, 2003). Aquel en el que la persona decide poner en marcha esfuerzo y compromiso. La persona elige recursos cognitivos y emocionales, para que el cambio se produzca. Aquí es dónde empieza el cambio.

Es la motivación intrínseca a la persona la que produce mayores resultados de aprendizaje. Ya que proviene de una activación interna de la persona para crear su propio cambio.

Cómo profesional de psicología, que aplica las bases de coaching, este aspecto es crucial. Se ayuda a reactivar este tipo de motivación e impulso hacia el cambio. Se redirige hacia los objetivos que el participante de un proceso de coaching haya elegido.

Todas las emociones son necesarias para el cambio

Desde este mismo enfoque teórico se tiene en cuenta el rango emocional. Gestionar adecuadamente el equilibrio y alternancia de las fuerzas emocionales que acompañan al cambio, es fundamental. Hablamos, entonces, de las emociones positivas y de las emociones negativas. Ambas acompañarán siempre al cambio.

Es en este punto donde las teorías de la neurociencia y neuroendocrinología toman su importancia a la hora de provocar el cambio sostenible.

Las emociones positivas, vendrán impulsadas por los «Atractores Emocionales Positivos» (PEA). Aquí se incluyen las esperanzas, sueños, posibilidades, y fortalezas de la persona. Los PEA activarán el Sistema Nervioso Parasimpático de la persona favoreciendo la apertura al aprendizaje. Se activará la atención a las nuevas posibilidades, al desarrollo de las capacidades cognitivas y emocionales. Además se potenciará la recuperación del sistema inmunológico. En estados de PEA aprendemos.

Las emociones negativas, vendrán impulsadas por los «Atractores Emocionales Negativos» (NEA). Aquí se incluyen los miedos, los problemas y las debilidades de una persona. Los NEA activarán el Sistema Nervioso Simpático de la persona. Así nos mantendremos alerta y en tensión. Aumentará entonces la capacidad de centrarse en los errores y en los miedos. En estados de NEA no aprendemos de forma sostenible, sólo se facilita la supervivencia.

Las emociones positivas y negativas se alternan a lo largo del tiempo en todas las personas. De hecho necesitamos ambas para un aprendizaje de cambio.

Como psicólogos especialistas en coaching, nuestro papel es provocar, mediante técnicas, que la persona pueda reactivar lo máximo posible los PEA. Ya que es en este proceso en el que el aprendizaje de cambios sostenibles se desarrolla.

También es importante, ayudar a que pueda gestionar los estados en los que los NEA se activan. Aunque están asociados a miedos y amenazas, también aportan el compensar el exceso de optimismo en la consecución de los logros.

Un proceso de coaching logrará un equilibrio adecuado entre estas fuerzas emocionales. Se necesita provocar la autonomía de la persona, en saber gestionar el equilibrio de ambos tipos de emoción. Es en esta adecuada alternancia, de los PEA y NEA, donde se producirá el aprendizaje y cambio sostenible.

El cambio es un proceso discontinuo creciente provocado por los descubrimientos de las personas

Es fácil comprobar que el cambio y el aprendizaje no es algo lineal y ascendente. Cualquier hábito que hayamos intentado cambiar y mejorar se habrá visto interrumpido por altibajos de éxito y retroceso. Estos altibajos se alternarán. Con voluntariedad, con una gestión adecuada de los impulsores emocionales, se logrará. Serán importantes también las propias reflexiones. Aquellas que permitan hacer nuevos descubrimientos personales en el aprendizaje del nuevo hábito. Así nos acercaremos a instaurar el cambio definitivo y sostenible en el tiempo.

Desde las sesiones de psicología y/o coaching, se tiene en cuenta y se respeta este hecho. Es importante para comprender la evolución de las personas en sus procesos de cambio. Y más importante, que cada cliente comprenda su velocidad de cambio. el objetivo es que sean conscientes de cómo será su proceso de cambio y aprendizaje, hasta la consecución de los logros acordados.

¿Qué cuestiones podrías aprovechar para impulsar tu cambio?

Espero que sea de utilidad 😉

Si tienes cualquier consulta sobre tus avances en los cambios que quieres conseguir, ya sabes. Estoy a tu disposición. 😉

4 claves para lidiar con las «urgencias» de tu día a día

Aprovecha ya mismo para tomar decisiones sobre las «urgencias» e imprevistos que te van a llegar hoy. Algunas, sabes que serán realmente urgentes. Otras, si lo analizas tres segundos, verás que no lo son. Evita dejarte llevar por las aparentes «urgencias e imprevistos».

Consigue reducir al máximo los impactos innecesarios que captan tu atención en tareas que no son realmente relevantes y urgentes para ese mismo momento.

Recuerda, la mejor gestión del tiempo, implica DECISIÓN.

4 claves para lidiar con las "urgencias" de tu día a día

¿Qué decisiones puedes tomar ya mismo?

Recuerda, los imprevistos y las urgencias reales no podemos eliminarlas. Ahora bien, puedes reducir el número de impactos "urgentes" que recibes al día y que no tenías previsto.

6 riesgos que asumes cuando no aceptas el cambio

La psicología, el coaching, y la formación experiencial y aplicada, son promotores del cambio. Desde cualquiera de estos enfoques de trabajo provocaremos el cambio en tanto en cuanto los participantes implicados así lo decidan. Desde este tipo de intervenciones se facilita que la persona pueda crear algún tipo de cambio y aprendizaje. Recursos personales, creación de nuevos hábitos y desarrollo de nuevas competencias, serán los objetivos clave. 

Cuando hablamos de generar un cambio necesitamos tener en cuenta en nuestros procesos de trabajo los elementos que lo facilitan.

¿Qué condiciones se necesitan para favorecer el cambio?

Es importante conocer que el cambio, entendiendo éste como sostenible en el tiempo requiere de tres condiciones.

  • Que sea intencional y voluntario. Es decir, que realmente si quieres cambiar hayas elegido hacerlo. Los cambios impuestos o por compromiso, no se sostendrán en el tiempo y no permitirán incorporar nuevos hábitos. Cuando eliges poner en marcha esfuerzo, compromiso, y recursos cognitivos y emocionales, tendrás éxito. Si tu motivación es propia e interna podrás acceder a disfrutar del cambio. Si vas a complacer a alguien, no lo asumirás.

  •  Gestión de impulsos emocionales. Será difícil mantener el cambio en el tiempo sin una adecuada y equilibrada gestión emocional. La inteligencia emocional nos ayudará a desarrollar la capacidad de manejar tanto nuestras emociones negativas, como positivas. Los miedos, los problemas y las debilidades de una persona provocarán las emociones negativas correspondientes a este proceso de cambio. Las esperanzas, sueños, posibilidades y fortalezas de la persona provocarán nuestras emociones negativas. Necesitaremos de la gestión de ambas. La regulación de nuestros miedos nos permitirá estar en alerta en el nuevo proceso, y no pecar de excesivo optimismo. Los sueños y las posibilidades nos ayudarán a permanecer abiertos al aprendizaje.

  •  El cambio es un proceso discontinuo y creciente. Es fácil comprobar que el cambio y el aprendizaje, no es algo lineal y ascendente. Cualquier hábito que hayamos intentado cambiar y mejorar, se habrá visto interrumpido por altibajos de éxito y retroceso. Estos altibajos se alternarán hasta que con voluntariedad nos superamos. Con una gestión emocional adecuada y con reflexiones propias lo conseguiremos. Esto nos permitirá hacer nuevos descubrimientos personales en el aprendizaje del nuevo hábito, ayudándonos a instaurar el cambio definitivo y sostenible en el tiempo.

 ¿Y si no invertimos en todo esto?

6 riesgos que asumes cuando no aceptas el cambio

Te estancas. No aprendes. Tu vida no es mejor.

  1. Quedarte como estás significa quedarte estancado. En cualquier aspecto de tu vida que decidas no elegir cambiar, te quedarás estancado. Tanto en el área personal, laboral, social o familiar, te puedes quedar en un punto muerto. Es posible que lo hayas detectado. Puedes encontrarte con relaciones personales que ya no te satisfacen. Situaciones laborales que no te hacen sentir bien o no te enriquecen. ¿Te has dado cuenta?. ¿ Y si le prestas atención a esa sensación?. Tu emoción siempre comunica algo. La cuestión es ¿quieres arriesgarte a vivir en ese «punto muerto» que no te ayuda vivir una vida plena?. O por el  contrario. ¿Quieres experimentar que otra vida es posible?

  2. No aprenderás nuevas competencias o recursos personales. El mundo va a seguir cambiando contigo o sin ti. Que tú decidas no aliarte con los cambios no impedirá que los demás cambien. ¿Quieres perderte de verdad nuevos conocimientos, nuevos valores, nuevas habilidades, nuevas emociones?. Algunas personas parece que ya llegaron a la cima de su potencial. Consideran que ya no tienen nada que aprender. O incluso, que es más cómodo actuar como lo llevan haciendo durante muchos años. Desde luego cómodo puede ser, pero poco satisfactorio también. La baja tolerancia a la inquietud emocional que producen las situaciones de aprendizaje, te impedirá aprender nuevas competencias. Te impedirá ser mejor profesional. Te impedirá incluso, ser mejor persona y disfrutarte más. ¿ Y si invirtieras en disfrutar de esa inquietud?

  3. Tu vida seguramente no será mejor. Si no aceptas el cambio, tu vida no mejorará. En la vida de todos hay temas, situaciones y emociones por resolver. Todo está esperando que tú hagas algo diferente. Pensar que al menos, «no estaremos peor» no sirve a largo plazo. Sí estaremos peor, porque tu agotamiento emocional con las situaciones que no resuelves aumentará. Con lo que tu satisfacción personal se reducirá. Tu vida no será mejor. ¿ Qué te hace asumir este gran riesgo?. Seas quien seas te mereces que tu vida sea mejor. Eso sí, requiere de tu voluntad. Se necesita de tu responsabilidad para gestionar emociones en este proceso. Y necesitas ser paciente ya que no será un camino ascendente, sin obstáculos, y rápido.

Sin retos. Te superan. Te cuesta mucho cambiar.

  1. No crearás oportunidades de reto o superación. Un aspecto común en todas las personas que se resisten al cambio es la pérdida de oportunidades vitales que les permitan superarse. Han entrado en un «círculo vicioso» que les mantiene en una vida sin oportunidades para reír y disfrutar. Cuando no aceptas el cambio, alimentas una espiral que te impide protagonizar la creación de nuevas fuentes de autoestima. Elegir el cambio como hábito en tu vida, te permite estar en constante posibilidad de retarte. Aumenta las posibilidades de sentirte mejor contigo mismo. Cuando eliges el cambio y el aprendizaje en tu vida tienes más posibilidades de éxito. También de fracaso, pero es que esto también es un aprendizaje que te llevará a otros éxitos. Lo que necesitas tener claro es que quedarte como estás no te ayudará a sentir que evolucionas.

  2. Otras personas te superaránNo es que tengas que compararte con los demás. Ahora bien, en cualquier relación sea familiar, personal, social o laboral, te encontrarás con personas que aceptan el cambio. Ellos crecerán. Tendrán nuevas ilusiones, retos, valores y prioridades. Tus relaciones ya no serán las mismas si tú no cambias y aprendes. Ellos van a disfrutar ¿por qué tú no?. ¿Esperas que las personas sean como las conociste un día?. ¿Esperas que las relaciones sean siempre igual? Esto no funciona mucho, de verdad. Tanto las relaciones personales como las profesionales, necesitan avanzar, tener nuevos retos y capacidad para disfrutar de forma diferente. Este hábito enriquece las relaciones, garantiza que se mantengan en el tiempo y las enriquece. Se crean nuevos descubrimientos, sorpresas e ilusiones. ¿Tú que quieres?

  3. Cuanto más tardes en elegir el cambio más difícil será. Nuestro cerebro funciona perfectamente. Cuando le hemos enseñado un hábito y lo utilizamos, lo mantiene y lo perfecciona. Ahora bien, ¿todos tus hábitos te están proporcionando el resultado que quieres?. Analiza cuáles se están quedando caducos. Ya que cuanto más tiempo pases anclado en un hábito más difícil te será cambiarlo. Si piensas a menudo, «ya cambiaré cuando….», nunca encontrarás el momento adecuado. Ya que los aprendizajes antiguos se resistirán al cambio, sobre todo porque los sigues utilizando. Pasará el tiempo y te costará más aprender. Lo que sea, aprendizajes técnicos o personales. Te costará más. No será imposible, pero ¿qué necesidad tienes de que te cueste más? 

Y ahora dime ¿Quieres seguir asumiendo estos riesgos? 

Recuerda
  •   El cambio requiere de intención, de gestión emocional y de aceptar que habrá altibajos en el proceso.
  • No te mereces quedarte estancado. Todo el mundo por muy difícil que sea su situación, tiene margen para las posibilidades.
  • Incorpora en tu vida la inquietud emocional que provocan los aprendizajes. Pueden ser un impulso para ti.
  • Tu vida será mejor en tanto en cuando decidas que así quieres que sea.
  • Crea nuevas «espirales positivas» que te aseguren un camino de descubrimientos y éxitos.
  • A las personas que te rodean les gustarás más si creces. Tu marca personal, tu liderazgo, tu persona atraerá mucho más si evolucionas.
  • Entrena a tu cerebro a un aprendizaje constante, ya que este hábito multiplicará los siguientes aprendizajes.

 Si te puedo ayudar, estoy a tu disposición. Disfruta de tus cambios. 🙂

Profesor ¿puedo aprender y emocionarme con tus conversaciones?

Dos habilidades clave están ocupando, últimamente, mi foco de trabajo cuando formo a formadores. ¡Es tan importante darse cuenta del impacto que tenemos cuando formamos a otras personas!. Merece el esfuerzo. Un formador puede hacer que los alumnos crean en su potencial o que lo abandonen.

Podemos ser capaces, como formadores, de crear entornos inspiradores o de bloqueo. Tendremos posibilidad, si invertimos en ello, de crear conversaciones que potencien la confianza y el aprendizaje. Ya que sin confianza el aprendizaje se deteriora. O por el contrario, crearemos una distancia con el alumno, que genere desconexión.

Un buen formador seguirá invirtiendo en sus habilidades y en cuestionarse los hábitos tradicionales que ya tiene dominados. ¿Por qué no?.

Si nos gusta formar, es más, si nos emociona provocar que las personas aprendan, aprendamos nosotros. Seas formador de niños, adolescentes o adultos. Seas formador de instituto o de universidad, o bien un formador de empresa (interno o externo). Estoy segura que te gustaría contar con buenas metodologías. Metodologías, que te aseguraran lo máximo posible, que vas a provocar buenas conversaciones de aprendizaje. Habilidades que te permitan facilitar la mejor emoción según el tipo de actividad de aprendizaje que vas a desarrollar.

Profesor ¿puedo aprender y emocionarme con tus conversaciones?

¿Cómo puedes conseguir este objetivo que están deseando los alumnos? Te propongo aprender sobre 2 habilidades clave:

  • La inteligencia Conversacional: Habilidad que nos permite convertir conversaciones centradas en el «yo», en conversaciones centradas en el «nosotros». Permite la conexión, la confianza y la colaboración.

  •  La Inteligencia Emocional: Habilidad que nos permite ayudar a gestionar nuestras emociones y las de nuestros alumnos. Además nos dota de técnicas que ayudan a crear conversaciones que generen inspiración y resonancia. Entendemos por «Resonancia», la energía positiva que se contagia entre las personas impulsando la creatividad, la colaboración y la productividad.

 Un mensaje clave que es prioritario para mi en la formación de formadores es: prepárate. Prepárate no sólo los contenidos teóricos y prácticos que te corresponda enseñar. Organiza previamente cómo vas a favorecer el aprendizaje. Invierte un tiempo en pensar cómo vas a interactúar con tus alumnos, de forma que tus conversaciones sean fuente de aprendizaje. Gestiona qué emoción vas a tratar cada parte de la clase. Y diseña cómo vas a provocar la mejor emoción del alumno según el tipo de actividad que vayan a realizar.

Emociones y neuroquímica de conversaciones

Tus palabras, tus interacciones y tu lenguaje no verbal puede activar las conexiones cerebrales de los alumnos que consigan que se distancien o se acerquen a ti

 Es importante aprender que con tus conversaciones e interacciones puedes:

  •  Activar el Cerebro Reptiliano haciendo que el alumno te considere o no una amenaza.
  • Provocar que el Cerebro Límbico de tus alumnos te etiquete como «amigo o enemigo».
  • Potenciar o no el Neocortex, de forma que promuevas o no la comprensión y el entendimiento por parte de tus alumnos.
  • Despertar en un sentido o en otro el Cerebro Emocional de tus alumnos para facilitar o dificultar la interpretación de sus emociones
  • Facilitar o dificultar que el Cerebro Ejecutivo realice buenos juicios y predicciones constructivas

 Es muy común que las interacciones profesor-alumno se desarrollen en un plano «yo  (profesor) vs yo (alumno). En su lugar, con estas habilidades estaríamos buscando activar adecuadamente las conexiones neuronales desde un enfoque del «nosotros». De esta manera los 5 cerebros se activarían de una forma positiva permitiendo la confianza y el aprendizaje.

Instintos vitales

¿Sabes que tus alumnos no lo dirán, pero interiormente se plantean una serie de cuestiones que ponen en juego tu relación? A los alumnos les preocupa si:

  •  Esta relación va a ser justa: si existe un «yo vs tú» o un «nosotros».
  • Existen unas reglas de compromiso: ¿se han verbalizado las reglas de colaboración?.
  • Va a existir reciprocidad: ¿nos vamos a cuidar mutuamente?.
  • Va a haber colaboración: ¿nuestra relación es «yo aprendo de ti» o » aprendo contigo»?.
  • Tendremos espacios para expresarnos: ¿hay  tiempo sólo para escucharte o para intercambiar reflexiones?.
  • Se fomentará el respeto: ¿podremos sentirnos ambos orgullosos de quién somos?

Niveles de conversación

Parece obvio pero no lo es. Cuando analizas los estilos de comunicación de algunos docentes te encuentras que realmente podrían mejorar en su impacto. En el nivel mínimo, encontramos estilos docentes que más que conversar y provocar aprendizaje, informan. Esperando así que su conocimiento se transfiera por arte de magia a sus alumnos.

Tengamos en cuenta que aprender significa que el alumno sea capaz de reproducir lo que tú dominas. Incluso mejorarlo. Con lo que, tu comunicación como docente puede no provocar que el alumno:

  • Razone por sí mismo.

  • Cuestione lo que está aprendiendo.

  • Busque soluciones a sus propias objeciones.

  • Comparta con otros sus reflexiones.

  • Descubra su aplicación

 Sin estos objetivos, el alumno no aprenderá. Sólo habrá escuchado a alguien que puede que sepa mucho. Pero no será capaz de reproducir la competencia correspondiente en su ámbito profesional o personal.

 Para ello necesitamos que el profesor use menos los hábitos más comunes. Por ejemplo, hablar y hacer preguntas retóricas, o hablar y preguntar para aceptar o rechazar lo que el alumno propone.

En su lugar, el formador puede aprovecharse de crear otro tipo de conversaciones. Conversaciones en las que el «compartir» y descubrir» sean los pilares clave en los que se apoyen sus interacciones.

Conversaciones para redirigir emociones

¿Y qué ocurre cuando detectas que la emoción de tu grupo de alumnos no es la adecuada? ¿Sigues dando clase poniendo más énfasis en pruebas, ejercicios, y exigencias?  ¿Les recriminas su falta de actitud? Pues en ese caso activarás todas las conexiones cerebrales que provoquen más emociones negativas por parte de tus alumnos. Con lo que en primer lugar saldrás perdiendo tú, porque tu impacto didáctico se reducirá aún más. Y en segundo lugar, será difícil que tus alumnos redirijan espontáneamente sus emociones.

 Es vuestra clase, vuestro entorno de aprendizaje y es tu responsabilidad crear el entorno adecuado. Para eso eres el docente.

Sin la emoción adecuada nada se aprende. Y el grupo por sí mismo, es muy fácil que alimente posibles emociones como apatía, desilusión, tristeza, ansiedad, etc. Tú tienes la responsabilidad y la posibilidad.

 Antes de seguir con la clase, vale la pena hacer un «stop» y reorientar las emociones. Prepáratelo, desarrolla tu inteligencia emocional y conversacional para provocar una conversación en grupo que les despierte una mejor emoción.

Estilos de comunicación

¿Sabes adaptar tu estilo de comunicación al del alumno? Nuestros estilos de comunicación tienen en su base ciertas estructuras mentales mediante las cuales, escuchamos y aprendemos. Nos corresponde como formadores identificar el estilo de comunicación de cada alumno y adaptarnos en la medida de lo posible.

Así puede que te encuentres alumnos con un estilo de comunicación:

  •  Dominante: Prefiere la evaluación por resultados no por procesos. Detesta el trabajo rutinario. Es muy activo y dinámico. Necesita ser protagonista en todo momento, controlando resultados.
  • Influyente: Necesita que la comunicación positiva sea la protagonista. Le gusta el reconocimiento social y conectar con las personas. Prioriza el trabajo en equipo y la diversidad.

  • Estable: Necesita del largo plazo en su aprendizaje y de la estabilidad en procedimientos y en compañeros. Necesita tomarse su tiempo para cambiar o tomar decisiones. Prioriza el trabajo bien hecho.

  • Orientado a las normas: Prioriza las tareas concretas, los estándares y los controles de calidad. Necesita pruebas y evidencias. Prefiere los entornos seguros y sin conflictos

 ¿Identificas a tus alumnos con alguno de estos estilos de comunicación? ¿Qué estás haciendo para cubrir sus necesidades en tus conversaciones? ¿Y si necesitaras reorientar el cambio de estilos para favorecer un aprendizaje más completo?

 Analiza a tus alumnos. Es más, analiza cuál es tu estilo de comunicación más habitual. Piensa qué cambios puedes hacer en tus conversaciones para llegar mejor a todo el grupo. 

Conclusión

Destacamos 2 habilidades en las que invertir si eres profesor: la inteligencia conversacional y la inteligencia emocional

 Estas habilidades te ayudarán a:

  •  Crear las emociones positivas adecuadas para que se produzca la confianza y el aprendizaje.
  • Dar respuesta a los instintos vitales que el alumno siente pero no verbaliza.
  • Mejorar el impacto de tus conversaciones desde un enfoque de «compartir y descubrir».
  • Redirigir emociones de desilusión, tristeza o ansiedad a emociones más adecuadas para el aprendizaje.
  • Adaptarte y ser flexible con los estilos de comunicación
¿Por dónde necesitas empezar a invertir para conversar y emocionar?

Cómo organizar mejor tu trabajo

Cómo organizar mejor tu trabajo. ¿Serías más feliz si disfrutaras más y te centraras en lo importante? Para mí, es fundamental una buena organización y gestión de tareas. Con buenos hábitos para organizar mejor el trabajo, uno como que respira mejor. Uno de los sentimientos que más genera la falta de organización es la ansiedad. Y si encima, de todo el trabajo que tienes, le aumentas la ansiedad por no saber por dónde empezar o por dónde seguir, pues no tiene sentido ¿no te parece?

La verdad, es que en organización de tiempo y de trabajo se ha escrito mucho. A mi me gusta, cuando trabajo estos temas en formación, analizar bastante cuál es el tipo de trabajo y cuál sería la mejor manera. No todas las técnicas le sirven a todo el mundo.

Ahora bien, analizando y teniendo una visión general del asunto, creo que hay ciertos hábitos que nos pueden venir bien a todos. No pretendo hacer un programa completo de cómo organizarse mejor, porque como decía, necesitaría conocer tu trabajo. No obstante veamos algunas ideas que pueden ser comunes a todos ¿vale?

Serán ideas sencillas las que verás aquí. Aún así me merece la pena resaltarlas hoy porque veo a diario personas que no lo ponen en práctica y aumentan la pérdida de tiempo propia y de los demás.

 Identifica las que posiblemente no estás haciendo y te podrían ayudar a organizarte mejor tu trabajo.

Cómo organizar mejor tu trabajo

Objetivos
  • Escribe los objetivos de:
    • Tu próximo año
    • Tus próximos 6 meses
    • Tus próximos tres meses
    • Tu próximo mes
  • Clasifica cada objetivo con el nivel de satisfacción / felicidad que te va a proporcionar si lo consigues
  • Marca cada objetivo con el grado de importancia que tienen para ti (alta, media, baja)
  • Modifica los objetivos si alguno no tiene una importancia o satisfacción alta o media

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Planificación Proyectos / Temas de trabajo
  • De verdad deja las agendas dónde apuntas las cosas para el día o los próximos días. Al final se convierten en un libro lleno de tachones en los que vamos reescribiendo una y otra vez las tareas no realizadas.
  • Si quieres marcar eventos o reuniones, utiliza un calendario on line, te permitirá reorganizar fácilmente el evento sin tachones visuales y te dará una perspectiva de tu tiempo ocupado y libre para otras tareas.
  • Comparte los calendarios si te puede ser útil o envía una cita al calendario de otra persona, para asegurarnos confirmación.
  • Abre una cuenta en un gestor de proyectos/tareas como WRIKE, WUNDERLIST, TRELLO, TODOIST o EVERNOTE
  • Organiza tu trabajo por temas o proyectos
  • Escribe las tareas que se necesitan para cada tema o proyectos
  • Crea procesos que puedas reutilizar si hay tareas o fases que se repitan en varios procesos. Simplemente los copiarás cada vez en el proyecto o tema que corresponda, ahorrándote tiempo. De esta forma sabrás en cada momento en qué punto te has quedado del proceso.
  • Incluye en el proceso las tareas como en «espera de confirmación», «recibir respuesta», «realizar consulta», «llamar para…»
  • Marca una fecha límite
  • Marca además (muy importante) un recordatorio para el día y hora que prevés que puedes abordar ese tema. Así aumentarás tu tranquilidad de qué tienes un espacio de tiempo para realizar la tarea.
  • Ve marcando las tareas realizadas
  • Comparte los proyectos o temas de trabajo que incluyan a varias personas, así los implicados saben en todo momento por dónde vamos
  • Asigna tareas a las personas que corresponda con fecha de vencimiento
  • Usa los chats internos de los gestores de tareas para consultas, peticiones, o comentarios rápidos. Así evitarás que tengas exceso de correos electrónicos que sólo llevan información cómo «¿está terminado?», «envíame el informe de…», «te adjunto información», «revisa esto»…

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Concentración y Ansiedad
  • Utiliza la Técnica del Pomodoro (revisa la técnica aquí)
  • Practica la «concentración única» durante el día: céntrate en una sola cosa cada vez
  • Empieza el día concentrándote en cada acción que vas haciendo no en las horas siguientes: desayuno, paseo o conducción al trabajo…
  • Practica la respiración profunda varias veces al día
  • Utiliza juegos de vez en cuando para acostumbrar al cerebro a realizar una actividad con alta concentración como por ejemplo: eye test game
  • Agrupa tus llamadas
  • Agrupa la respuesta a los posibles correos todo en una vez y en varios momentos al día. No hace falta en un 90% que contestes enseguida a los correos. Si es algo urgente las personas solemos llamar.
  • Ansiedad en el trabajo = falta de control. Vuelve al punto anterior y organiza todo lo que tienes pendiente sin dejarte nada por apuntar. Aumentará tu tranquilidad si sabes que no se te olvidará y cuándo vas a hacerlo.
Ejecución
  • Empieza por las tareas más difíciles o que requieran más esfuerzo de concentración o elaboración
  • Cierra las notificaciones durante periodos de 1 hora, consúltalas después de ese tiempo
  • Si recibes una llamada y no tienes más remedio que atenderla en ese momento, o alguien te interrumpe en tu mesa de trabajo, registra la petición de tu interlocutor o la acción correspondiente en tu gestor de tareas, ponle una fecha de vencimiento y fecha de realización. Después sigue trabajando.
  • Crea formatos de trabajo que reutilices. informes, propuestas, preparación de una reunión, presentaciones…
  • Antes de hacer la tarea visualiza y define criterios que te permitan comprobar cuando acabes el trabajo que está realizado como querías
  • Si tienes que estudiarte algo, «vuelve al cole», porfa, y sigue los pasos: lectura rápida + lectura comprensiva + subrayado + esquema + fichas de conceptos importantes + ficha de dudas
  • Ten una libreta siempre cerca o un gestor de notas on line al que puedas acceder en cualquier momento y lugar, ya que es posible que en los momentos más inesperados te surja una idea sobre lo que estás trabajando estos días. Esas ideas que te vienen a la mente de camino al trabajo o antes de dormir, apúntalas y sigue disfrutando del momento. Aunque sea dormir 🙂
  • Lee, clasifica y guarda información que retomes más tarde.
  • Sé que siempre habrá imprevistos e interrupciones pero el objetivo no es eliminarlos, es reducirlos y aumentar la concentración.
  • Cuando trabajes, trabaja. cuando descanses, descansa.
Reuniones:
  • Elige bien el tema y tiempo de la reunión ¿Tienes una finalidad clara que no se puede solventar mediante el gestor de proyectos / tareas? Sí la respuesta es sí, entonces convócala. Sino evita la reunión.
  • Prepara el contenido y orden de la reunión, marca qué necesita traer cada uno a la reunión, cuál va a ser tu intervención (y si ésta requiere una asistencia parcial o completa a la reunión), y envíalo con antelación a los asistentes.
  • Se respetuoso con horas de inicio y de finalización, lo sabes, pero posiblemente no lo practiques. Aprende o aprende. Una mala reunión desmotiva.
  • Registra respuestas, ideas, acciones o soluciones habladas en la reunión
  • Envía esta información a los asistentes o mejor aún, conviértelo en tareas en el gestor de proyectos / tareas.

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Correo electrónico
  • Evita enviar un mail y a continuación un whasapp y luego una llamada telefónica. Los demás también merecen gestionar su tiempo
  • Si utilizas los gestores de proyectos tareas, realmente verás reducida tu bandeja de entrada en un 80-90%
  • Prepara plantillas de correo que puedas reutilizar en distintas situaciones
  • Identifica claramente el asunto del correo, por favor, permite clasificar y anticipar el motivo y acción de los correos cuando los recibes.
  • Explica en el texto del correo que quieres de tu receptor. Evita enviar un archivo que la otra persona no sabe de qué es o para qué es, esperando que te llame cuando lo reciba.
  • Si estás pidiendo algo, indica fecha en la que lo necesitarás. Ayuda a gestionar el tiempo de tu receptor
¿Qué dificultades tienes tú a la hora de organizar tu trabajo?
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Si tienes cualquier duda, conversamos  y te ayudo en lo que consideres.

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Cómo organizar tu mente y sentirte mejor

Cómo organizar tu mente y sentirte mejor ¿te lo has planteado en alguna ocasión?. Es muy probable que al volver después de vacaciones o ya cuando llevas un tiempo reincorporado a tus quehaceres diarios, vuelvan a surgir un montón de pensamientos como por ejemplo:

  • preocupaciones recurrentes
  • situaciones difíciles que resolver
  • cambios que afrontar
  • emociones que estás evitando
  • retos que estaría bien conseguir pero que no te acabas de animar y poner en marcha
  • decisiones pendientes que pospones una y otra vez

¿Te suena alguno de estos pensamientos? ¿Tu mente se está volviendo hiperactiva?

Seguramente entonces tengas también alguno de estos síntomas:

  •  Tu mente está siempre activa pensado
  • A veces, te cansas de tanto pensar
  • Tienes la sensación de que si dejas de pensar en ello, es que no estás siendo responsable
  • compartes tus pensamientos con otras personas para seguir con el flujo de razonamiento y sigues sin salir de ese punto
  • cada vez que piensas en ello te sientes mal, con lo que aumentan las preocupaciones y aumenta tu malestar
  • te sientes bloqueado y estresado
  • vives el día a día a medias, porque sigues pensando mientras trabajas, hablas con alguien, haces la compra…

Bien, nuevamente tu mente y tus emociones funcionan muy bien, como hemos dicho en otras ocasiones. Tus emociones te están avisando de que las estrategias que estás poniendo en marcha no te están sirviendo. Necesitas enfocarlo de manera diferente, tomarte las cosas de otra forma o aprender nuevas formas de lidiar con tu mente hiperactiva pero poco productiva y tranquilizadora.

La pregunta es ¿estás preparado y dispuesto ya a hacer algo diferente o al menos a organizar tu mente un poco?

Lectura recomendada: 7 estrategias que utilizas para no sentirte bien

Cómo organizar tu mente y sentirte mejor

Vamos a ver algunas ideas que te pueden servir. Ya sabes que de ti depende. Puedes leerlas sólo o empezar a practicar alguna 😉

Aumenta tu consciencia en el momento presente

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Haz un trato contigo mismo, accede a darte permiso (si no es muy urgente tu decisión) para poner tu mente en orden en un proceso de varios días. Organizar tu mente y sentirte mejor, saliendo de la hiperactividad emocional y mental en la que te has sumergido, requiere de un poco de paciencia y procedimiento.

Dedícate al menos un día (si puedes una semana sería genial) a practicar lo que conocemos como mindfulness, y sobre lo que seguro que has leído algo. Ninguna buena solución ni aprendizaje se da bajo agotamiento mental y estrés. Así que primero vamos a redirigir tu capacidad de prestar atención a las cosas. No te preocupes, que dejar de pensar, por un día o varios, ese tema que te preocupa, no te va a hacer menos responsable (normalmente hay pocas cosas urgentes, además llevas ya mucho tiempo invertido pensando).

Estar de cuerpo y mente presente en el día a día, regula tu estado emocional, por ello antes de abordar los temas pendientes, nos centraremos en tu nivel emocional y bienestar.

Revisa este pequeño plan de activación de consciencia:
  • Disfruta de las comidas del día. Cuando desayunes, desayuna. Cuando comas o cenes, haz lo propio. Saborea los alimentos o disfruta de una conversación compartida y tranquila. Evita distracciones como el móvil, la TV, etc…
  • Disfruta de tus pequeños momentos del día, la ducha, el paseo en coche o andando a la oficina…No son tiempos muertos que hay que pasar para llegar al punto siguiente, son tus momentos, concéntrate solo en lo que haces en ese momento. A veces vivimos en el momento siguiente de forma continua, perdiéndonos el momento presente y el siguiente, porque en el siguiente, estaremos pensando en el que viene luego. Esto no es bueno.
  • Evitar asumir la multitarea sea en casa o en el trabajo. Hay tiempo para todo. Y el tiempo será de mayor calidad y emoción si te centras en el momento presente. Lo que te hará sentirte mejor.
  • Presta atención durante el día a tu respiración. Si  no es de tu agrado, para unos segundos, regúlala y sigue de nuevo desde ese punto. Si vuelves a descubrir que te aceleras, repite el proceso.
  • Disfruta de todos los sentidos: vista, oído, gusto, olfato y tacto. Son vías de comunicación y de bienestar.
  • Si tu mente se distrae y se vuelve hiperactiva de nuevo, apunta en un papel en dos minutos lo que tienes pendiente, déjalo para retomarlo más tarde, vuelve a respirar y concéntrate de nuevo.
Tus valores y prioridades son tus criterios de decisión

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Desde la tranquilidad y la consciencia que hayas podido reactivar con el paso anterior, tómate unos minutos para reflexionar por escrito sobre tus valores y prioridades en la vida. Los valores son las guías de lo que más nos importa en la vida. Tenlos presente y apúntalos. Escribe:

  • cuáles son tus valores personales
  • qué valores tienes a nivel profesional
  • qué valores normalmente guían tus relaciones sociales
  • qué valores personales están presentes a nivel familiar

Recuerda para hacer este ejercicio, que son los valores que actualmente tienes, no los que te gustaría tener, o los que «deberías tener».

Lectura recomendada: ¿Dónde vas sin unos valores claros?

Clasifica tus problemas / retos

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Una vez realizados los dos pasos anteriores, vamos desde la tranquilidad y la consciencia una vez más a reorganizar lo que te preocupa. Comprométete a clasificar tus problemas / retos.

Algo prioritario en esta técnica, es empezar a quitar el concepto de problema y cambiarlo por el de reto. De esta forma es más fácil asumir la responsabilidad y la solución de aquello que queremos superar y nos va a suponer satisfacción personal.

Tendemos a ver como problema (es más difícil y menos susceptible de ser abordado): «esta persona es insoportable», «no puedo llegar al plazo que me han marcado», «mi equipo no consigue resultados», etc.

Consideraremos mejor como reto (es más asumible y puedo actuar sobre ello): «necesitaría saber responder a esta persona», «quiero organizarme y priorizar», «cómo puedo ayudar para que mi equipo tenga éxito en las conversaciones de venta»

La técnica que convendría utilizar en este punto es la «técnica de los cubos» (Kris V Plachy). Esta técnica nos ayuda a clasificar y agrupar los retos pendientes o preocupantes según el criterio que elijamos.

  • Dibuja o incluso hazte con unos cubos (de colores si es posible)
  • Escribe, cada uno de los retos que quieres abordar en un post´it
  • Teniendo en cuenta los retos que has escrito, ponle un nombre a cada cubo de manera que refleje el criterio que consideres más adecuado
  • Clasifica cada reto en un cubo distinto
  • Ahora ordena los cubos por prioridad de acción

Te añado algunas reflexiones, una vez los hayas clasificado:

  • Revisa nuevamente los retos de cada cubo y comprueba en qué medida son coherentes con los valores y prioridades vitales
  • Si responden los retos a tus valores, perfecto, adelante
  • Si crees que no tienen mucho sentido, valora si es un reto que quieres mantener y analiza por qué te preocupaba…
Plan de Acción

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¡Ahora sí! manos a la obra. Felicítate por el trabajo que has hecho hasta ahora y haz tu plan de acción.

Organiza tu plan:

  • Fases
  • Acciones
  • Fortalezas tuyas que puedes aprovechar
  • Aprendizajes necesarios
  • Apoyos con los que puedes contar
  • Ayuda que puedes solicitar
  • Plazo final
  • Plazos de seguimiento

¡Y disfruta!

Espero que este pequeño proceso para organizar tu mente y sentirte mejor, cumpla su propósito.

¿Qué has aprendido en el proceso?

¿De qué te has dado cuenta haciendo los ejercicios?

¿En qué necesitas seguir invirtiendo para sentirte mejor?

Si valoras que te puede venir bien una conversación que pueda ayudarte, ¡estoy a tu disposición!

Gracias por tu implicación 🙂

Cita previa

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