Uno de los hábitos mentales que más ansiedad genera en las personas es la tendencia a realizarse preguntas para las que no existe respuesta. Suele ser un hábito de diálogo interno basado en cuestiones que te sitúan en la búsqueda de seguridad  sobre lo que va a ocurrir, lo que otras personas van a hacer, y cómo los demás piensan de uno mismo. 

Así, hay muchas personas que entran en “bucle” planteándose cuestiones cómo:

  • ¿Me estará utilizando esta persona?
  • ¿Cómo puedo saber que los sentimientos de la otra persona son auténticos?
  • ¿Lo conseguiré?
  • ¿Y si no soy lo suficientemente buen@ en mi trabajo?
  • ¿Me sentiré alguna vez bien conmigo mismo?
  • ¿Y si no cumplo con lo que he prometido y esperan de mi?
  • ¿Me recuperaré de esto?

Con este tipo de preguntas la persona, trata de buscar una confirmación positiva o negativa de sus temores. Bien para calmarse, o bien para conseguir una certeza que le permita una “falsa seguridad” de que las cosas irán bien. ¿Te sientes identificado con este tipo de preguntas?

Este tipo de preguntas seguramente te harán sentir o comportarte con:

  • Perfeccionismo
  • Ansiedad
  • Inseguridad
  • Miedo

Sin madurez emocional no hay confianza

Si es así, si te sientes identificad@ con las preguntas anteriores, puede que lo que estés olvidando sea:

  • Primero, en esas preguntas no sabes, no te has planteado, cómo vas a responsabilizarte tú del resultado que quieres conseguir.
  • Segundo, parece que está implícito, el “yo voy a seguir así, ¿se solucionará por sí solo?. Hay cierto grado de que tú o el mundo está predeterminado. 
  • Tercero, las preguntas no te están ayudando, te mantienen en “bucle” y con miedo. Con lo que igual, es hora de cambiar las preguntas. 
  • Cuarto, si quieres de todas formas una primera respuesta, aquí la tienes: No lo sé. 
  • Quinto, aprende a plantearte otro tipo de preguntas que te van a situar, eso sí, en tu propia responsabilidad emocional sobre tus temores. ¿Tú que vas a hacer en esas situaciones?. ¿Qué quieres mejorar para influir en el resultado, o en la búsqueda de tu propia tranquilidad y confianza?. La respuesta la tienes tú.

En definitiva, tus miedos te están llamando a que te hagas responsable de tus emociones. Encontrar la paz y la tranquilidad, requiere de un trabajo interno relacionado con la madurez emocional y la confianza. 

Cómo potenciar la madurez emocional

Apoyándonos hoy en el artículo de www.liveyourtruestory.com en su artículo 12 signs of emotional maturity, repasaremos que es la madurez emocional y qué implica a nivel de hábitos personales. 

La madurez emocional se refiere a la habilidad de entender, y manejar tus propias emociones. Te proporciona la capacidad de crear la vida que tú quieres, con mayor sensación de felicidad y plenitud. Ante situaciones difíciles e inciertas, es tu madurez emocional la que determina tu habilidad para afrontar tales situaciones. 

Veamos que necesitas practicar para actuar de forma más madura emocionalmente y conseguir sentirte mejor.

Flexibilidad

Tu capacidad de adaptación es aquí muy importante. En esa situación que te preocupa. ¿Cómo puedes adaptar tus pensamientos, comportamientos y emociones?. Deja de actuar, pensar y sentir cómo lo has hecho en otras ocasiones. Las emociones difíciles que sientes ahora, te están indicando que te adaptes de otra forma distinta. ¿Qué vas a hacer para adaptarte y obtener un resultado diferente?

Si te quedas regodeándote con la duda de qué pasará en esa situación que temes, lo único que conseguirás es mayor malestar. 

Responsabilidad

Centrarte en por qué los otros no son de otra manera, o por qué las cosa no son de otra forma, etc… aparta de ti tu capacidad de aumentar la habilidad de la madurez emocional. Ser responsable en las circunstancias que vives, significa, dadas las características de la situación o de determinada relación, ¿qué puedes hacer tú que dependa de ti para sentirte mejor?.

No es cuestión de echarte la culpa. No es que deliberadamente hayas hecho algo con mala intención. La responsabilidad implica, que centres tus preguntas y tu diálogo interno en ti, no en tener respuesta a un “oráculo que sepa lo que va a ocurrir”. Seguramente ocurrirá, en gran medida, aquello en lo que tu te impliques. 

obtener un resultado diferente?

Si te quedas regodeándote con la duda de qué pasará en esa situación que temes, lo único que conseguirás es mayor malestar. 

Crecimiento y aprendizaje personal

Conseguir tus retos, asegurarte que vivas con mayor paz interna, superarte en el futuro, depende en definitiva del aprendizaje y desarrollo personal que estés dispuesto a asumir.  Si quieres que la situación cambie en algo, o que consigas sentirte mejor mañana, depende de cómo te relaciones contigo mismo y los cambios que empieces a hacer en ti. Sí, hay una pregunta mejor a las que habitualmente te planteas que es: ¿qué quieres aprender de ti en esta situación que está siendo tan difícil para ti?. No temas a esta pregunta, te va a dar una visión nueva, una mayor sensación de control y la opción de elegir cómo influir en los acontecimientos de vida personal, familiar, social y laboral. 

Busca, reflexiona y aplica otras perspectivas

Todo aquello que lees, todas esas conversaciones que tienes con otras personas hablando de tu problema, todos esos cursos a los que vas, no servirán de nada sino te auto-cuestionas. Selecciona lo que lees y estudias, y busca hablar con personas de confianza que quieran que crezcas (no que te trasladen sus propios miedos). Aprender significa plantearse las cosas desde otra perspectiva. De esta forma ampliarás tus herramientas para afrontar las situaciones más difíciles. Es frecuente buscar, personas con las que compartir tus miedos, que piensen igual que tú. Haz lo contrario, manteniendo la confianza que tienes con algunas personas, conversa con aquellas que suelen pensar y actuar de forma distinta a ti. 

Deja los juicios a un lado

Los juicios son calificaciones realizadas a uno mismo o a otros basados en la idea de que hay una sola forma de entender o hacer las cosas, que por supuesto, es la correcta. Nada más lejos de la realidad. Tú tienes el derecho de tomar tus propias decisiones y de tener ciertas opiniones. Los demás también. Y cada uno actúa, piensa y siente en base a sus creencias. Y son lícitas para cada uno. 

Entrar en que los demás “no deberían ser así…” te sitúa en una posición de juicio. El otro tiene sus prioridades e intereses. Siendo así, ¿tú como quieres actuar y adaptarte a esa situación o relación?

Aprende de tus emociones y actúa más desde la calma

Hemos comentado en otras ocasiones que recuerdes que las emociones no son tus enemigas, al contrario son tus aliadas. Te proporcionan información sobre lo que no va bien, y lo que te inquieta. Dedicarse a reflexionar por qué sientes lo que sientes, será la clave. Es decir, hay una gran diferencia entre dejarte llevar por tus emociones, y escuchar a tus emociones, para ser más sabio y ampliar tu madurez emocional.  La primera opción, te hará sobreactuar en las situaciones que vives, y la segunda te dará un mayor dominio de la situación, confianza y paz. Busca, pasa tiempo con tus emociones, escúchate para ver lo que necesitas y comprenderte mejor. De esta forma, podrás regular tus emociones ante las situaciones más difíciles e inciertas. Esto en definitiva es la resiliencia. 

Se un optimista activo

Sí, permítete creer en que las cosas buenas pueden pasarte también a ti. Y recuerda también la segunda parte. Sé activamente optimista. Céntrate en lo que puedes hacer en cada situación, con cada emoción que sientes, con cada pensamiento que pasa por tu cabeza. Te lo mereces, y seguro que te ocurren cosas muy buenas. Pero seguramente ocurrirán porque has buscado que ocurran. La inactividad y el bloqueo rara vez llevan a la paz interior, la confianza o la madurez emocional. 

Estrategias para desarrollar la confianza

Seguimos apoyándonos en la web de www.liveyourtruestory.com en su artículo 13 strategies for building trust, y repasaremos cómo desarrollar la confianza en uno mismo y en la relación con los demás. 

Cumple con tu palabra y las acciones acordadas

Seguramente te haya venido a la cabeza alguna vez, la pregunta ¿Y sino soy capaz de cumplir con lo que he acordado?. Bien, nuevamente es una pregunta sin respuesta. La cuestión es ¿en eso que has acordado en tu trabajo, con la familia o con los amigos, o incluso contigo mismo, has expresado con claridad lo que tú quieres?. Como ves necesitamos de la madurez emocional anterior, para decidir si quieres comprometerte o no y sentirte tranquilo en la relación con los demás. La confianza con los demás, requiere de gestionar tus emociones en esa petición y atreverte a expresar y acordar algo en lo que tú te encuentres a gusto. De esta forma será más fácil que cumplas con tus palabras y con las acciones acordadas. Y recuerda si acuerdas un reto difícil para ti, necesitarás invertir en tu propio aprendizaje. 

Aprende a comunicarte adecuadamente con los demás, haz peticiones, ofrece y acuerda de manera que ambas partes estén satisfechas y se genere confianza.

La confianza lleva tiempo

Tanto la confianza propia como la que provocamos con los demás, lleva su tiempo.  Es un trabajo diario en el que hay un doble foco. Con respecto a ti mismo, pon el foco en los avances, en el progreso de pequeños hitos que te lleven al resultado que quieres conseguir. En la relación con los demás, abre la posibilidad de conoceros, renegociar acuerdos, dar la oportunidad de que los acuerdos ocurran. Empieza por acuerdos que sean fáciles, factibles en el tiempo y con alta probabilidad de que ocurran. 

Reflexiona sobre tus decisiones y piensa antes de actuar demasiado rápido

No tienes porque responder rápido y con presión a compromisos que otras personas te demanden.  Tómate el tiempo que necesites para ver qué quieres tú de esa petición o compromiso que estáis a punto de acordar. La confianza en ti mismo vendrá de que tú elijas aquello que te hace bien y te supone un reto para crecer. La confianza en la relación con los demás vendrá de que ofrezcas aquello que estás dispuesto a acordar y lo cumplas. Para asegurarte de esto, tómate tu tiempo para reflexionar y no actuar o acordar, por presión del otro, para satisfacer al otro a costa de tu malestar, o por miedo a la opinión del otro. 

Valora y reconoce las relaciones que tienes, y no las des por supuestas

Sea un cliente, un amigo o un familiar, cuida tus relaciones. La confianza en las relaciones se crea en tanto en cuanto te ocupas de ellas. Ocúpate de mostrar tu presencia y tu implicación tanto en los buenos momentos como en los menos buenos. Da igual sino tienes la respuesta exacta para las preocupaciones de ese amigo o familiar. Lo primero es demostrarte a ti mismo y al otro, que estás ahí para aquello que puedes aportar. Aunque sólo sea la escucha. A lo mejor sólo necesitan eso. 

Tu colaboración a nivel social, familiar o laboral siempre será bien valorada. Sobre todo si tu aportación es honesta. Verbaliza claramente en lo que sí puedes ayudar, aportar o colaborar. Recuerda conócete a ti mismo y asegúrate de decir SÍ o NO, en función de lo que honestamente puedes comprometerte.

No escondas tus emociones, y ten en cuenta tus valores y prioridades

Difícilmente aumentarás tu auto-confianza o la confianza en la relación con los demás, si ocultas tus emociones. La inteligencia emocional te ayuda a no ignorar tus emociones, y la madurez emocional a ocuparte de ellas de forma responsable. Será difícil que los demás confíen en ti, si muestras una emoción que no sientes, la ocultas o la niegas. Esto afectará a los compromisos que generes con los demás. Seguramente te llevará a incumplirlos y hacerte sentir peor que antes. Aprende lo necesario de lo que te apuntan tus emociones y toma decisiones constructivas de forma coherente con lo que sientes. 

De igual forma, ten presentes tus valores y prioridades, vitales y profesionales, para acordar acciones en las relaciones con los demás. Acceder a compromisos, en los que no te atreves a decir NO, no te ayudará a sentir mayor confianza en ti mismo y a construirla re la relación con los demás. Tampoco lo hará, si accedes a compromisos que van en contra de tus valores y prioridades vitales. Aplica la madurez emocional y sé responsable de explicar lo que sientes, ajustar, negociar y adaptar aquello a lo que te comprometas que esté en consonancia contigo.

Resumen de habilidades

  • Flexibilidad
  • Responsabilidad
  • Crecimiento y aprendizaje personal
  • Aprender otras perspectivas
  • Evitar los juicios de valor
  • Aprovechar la sabiduría de tus emociones
  • Ser un optimista activo
  • Cumplir con lo que se acuerda
  • Aceptar que la confianza lleva su tiempo
  • Reflexión y tiempo antes de actuar
  • Expresa tus emociones
¿Cómo valoras tu nivel de madurez emocional?
¿Qué podrías hacer para mejorar tu capacidad emocional?
¿Cómo vas a activar tu confianza en ti mismo y en la relación con los demás?

Y si te apetece y puede ayudarte...