¡Yo quiero ser feliz ya!, a cada momento y tú?..

Thoreau dijo:

“Muchos hombres viven en una silenciosa desesperación”. No se resignen a eso. Escapen. No se limiten a saltar como conejos. Miren a su alrededor. Atrévanse a cambiar y buscar nuevos campos.

(también: Club de los poetas muertos)

Alta es la preocupación en estos tiempos sobre la combinación felicidad y trabajo. Incluso diría simplemente el concepto/sentimiento  de FELICIDAD.

Parece que haya mil razones para no ser felices, que no lo niego … pero creo que hay otras tantas para ser felices. Además considero que en muchas ocasiones lo consideramos como un tema de blanco o negro, o estoy siempre feliz o no lo estoy.

Pero fijaros, que tenemos una diferencia:  ¿ESTOY O SOY FELIZ?

Si nos planteamos como meta:

la felicidad de estado (quiero estar feliz) : estaremos constantemente evaluando cada situación, cada persona con la que nos encontramos, etc, como posibles merecedores del calificativo de feliz, y tamaño termómetro, nos lleva inconfundiblemente a realizar valoraciones negativas o neutras cuanto menos. En esta situación, encontraremos fácilmente elementos externos que “nos impiden” ser felices.

Por lo que además, tendemos a planificar que ya seré feliz, cuando llegue el fin de semana, el verano, …me jubile? (y el resto de tu vida ¿qué?)

Como ejemplo, señalaré una noticia que he recibido hoy de una persona conocida, que está sufriendo actualmente, pues un familiar está entrando en una etapa degenerativa del cerebro,  justo después de jubilarse. Lo primero que he pensado es… “espero que haya disfrutado mucho en su vida y acuérdate de no olvidar esto”

Quiero evitar cualquier tipo de alarma, pero a veces, mmm… nos cuesta reaccionar antes de verle las orejas al lobo!

Por otro lado, entonces, tenemos:

la felicidad como rasgo (quiero ser feliz): corresponde a una forma de ser, a unos valores, a unas creencias y actitudes, que guían nuestro comportamiento hacia una forma de vivir y actuar, que centra nuestra atención en la elección que tomamos a cada momento, en los pequeños detalles de los que sin duda sabemos disfrutar (cuando nos lo permitimos), y lo que hacemos con cada experiencia. Esta clase de felicidad es la que necesitamos desarrollar, buscar, practicar, trabajar, y a toda costa¡¡ sentir!!

En el ámbito laboral, me encuentro a menudo con casos cuyo eje central radica en desarrollar este SER en vez del ESTAR. Por ejemplo:


Os podéis imaginar el resto, el contexto de trabajo, lo que genera en los demás, lo que siente esta misma persona, etc…El día a día es un continuo estado de infelicidad que se convierte en un bucle del que es muy difícil salir.

Sin embargo, el mensaje clave que me gustaría marcar es:

– somos el resultado de nuestras experiencias

– las personas extraemos aprendizajes y conclusiones diferentes de las mismas experiencias, con lo que…posiblemente no tengamos la razón absoluta sobre lo que vemos …

– experiencia y aprendizaje van unidos como hemos comentado ya en otras ocasiones…

– ¿quieres aprender a reorientar tu experiencia y aprendizaje para SER FELIZ?

De hecho como ejemplo de CASO FELIZ, me dediqué en una ocasión a buscar perfiles a mi alrededor, de al parecer… “esta extraña raza de felices que somos algunos” 😉 y por supuesto me fue fácil. ¡¡Además es muy importante rodearse de personas felices!! y lo más curioso es que son como cualquiera de nosotros…

Así pues, os animo a que pidáis ayuda, feedback, reflexionéis, compartáis, pero sobre todos…luchéis por darle respuesta a estas cuestiones:

¿ESTÁS FELIZ?

¿ERES UNA PERSONA FELIZ ADEMÁS?

Si la respuesta a alguna de estas preguntas es NO:

¿QUIERES APRENDER A SER FELIZ?

Talentos protagonistas ¿de quién dependen?

¿eres protagonista?

Podríamos añadir a estas claves que me vienen hoy a la cabeza el “con o sin ayuda”, dependerá de ti y de otros factores. Tanto valor hay en pedir ayuda, como en organizarse para la autosuperación y el aprendizaje. No obstante, la clave principal reside en ti, porque con ayuda pero sin ti, tampoco conseguiremos nada. Así que puedes:

– decidir quién eres y cómo mostrarte al mundo

prepararte y superarte

– buscar tu diferenciación

– gestionar un alto porcentaje de tu tiempo

– disfrutar y centrarte en aquellos que te hacen feliz

– poner prioridades en tu vida

– seguir tus valores y/o crear nuevos

– mejorar en la gestión de tus interacciones

– captar la atención de alguien

– decidir en qué quieres invertir tiempo y energía

– establecer caminos que no quieres tomar

– establecer y crear caminos que quieres

– verte como una víctima o como un luchador

– parar, acelerar o desacelerar cuando te apetezca

– depender, abandonar o tomar  las riendas de tu vida

aprender

– decidir en qué te quieres comprometer

– mostrar lo mejor de ti

aceptar que tenemos cosas que mejorar

– ser lo suficientemente exigente contigo y con los demás para conseguir superación

organizarte para llegar a todo

permitirte no llegar a todo

– darte permisos en general

abandonar, seguir o reorientar la situación

– decidir qué te importa y qué no

– asumir las consecuencias de tus decisiones

– llamar la atención sobre lo que te molesta o lo que te ilusiona

– centrarte en los posibles

compartir o reservarte

– ser responsable de ti

P.D. Los extremos de “yo solo puedo hacerlo todo” o de “yo no puedo hacer nada” pueden causar efectos secundarios, que requerirán, entonces sí, irremediablemente ayuda de un profesional. El consumo moderado de tu “yo” y una actitud protagonista en la vida te ayudarán enormemente en tu equilibrio y felicidad.

Tus pies son tuyos ¿los diriges?

Reiniciando emociones: importante

Estrés, enfado, tristeza…¡eh!

¿reinicionamos emociones?

Recuerdo una vez, que fui a visitar a un nene, que de normal estaba siempre muy sonriente. Nos veíamos poco, pero era siempre muy sociable y sonriente. No sé por qué, ese día cuando entré, toda sonriente para saludarle… ¡hola guapo! 🙂 , estaba llorando 🙁 a todo pulmón, y se me quedó mirando mi cara… y siguió llorando, porque… noooo, buaaahhh, él estaba llorando. Punto.

En ese momento, se me ocurrió hacer una tontería que funcionó. Cambié mi cara inmediatamente a menos alegre, pero tranquila, y le dije suavemente: Vale, no te preocupes, sé que lloras, pero si quieres…vuelvo a entrar y empezamos de nuevo. Te digo hola y entonces nos saludamos, y nos damos un beso grande vale?

El nene, se me quedó mirando, paró un poco su llanto, pero me seguía mirando como ¿y ésta, qué dice ahora?

Inmediatamente, salí por la puerta y desaparecí. Volví a entrar de nuevo con la cara alegre, y le saludé con un gran ¡HOLA!, acercándome a él para darle un beso y un abrazo. ¡¡Y, maravilla, el nene sonrió! 🙂

Fue genial :-). A partir de ahí ya empezamos a hablar y jugar, como si nada, supercontento.

Lo más genial, es que es uno de esos hechos que te ocurren, que siempre recordaré porque… ¡narices! (perdón) ¿¡es tán fácil!?

Cuantas veces, en el día a día, se nos tuercen las emociones, por motivos más o menos justificados (no lo dudo), pero continuamos todo el día, semana, mes… con el mismo “llanto” con el que hubiera seguido este nene. ¿y si hiciéramos como en esta anécdota? ¡¡seguro que puedes!!

A veces, “reiniciar” es una buena idea, porque:

– nadie dice que tus motivos de tristeza o enfado no sean legítimos y dejarlos aparcados un rato, tampoco le quita relevancia

– esperar eternamente a que llegue el momento ideal para ser feliz o sonreir… es… (creo que ya lo sabes)

– en ese momento, si seguimos así, nadie más que nosotros, se pierde la siguiente sonrisa, la siguiente interacción, la siguiente buena idea…

– tenemos más poder del que creemos para hacernos sonreír a nosotros mismos y a los demás (¡sino mira que mi idea fue tonta…!, pero resultó)

– la cantidad de energía y desgaste que generamos para mantenernos en un estado emocional negativo es enorme

– la cantidad de beneficios que genera una simple sonrisa es increíble

– llevarnos la contraria nos produce ese “click” para el cambio

Así que, hoy,  como las imágenes valen más que mil palabras, solo alguna cuestión más y un video para añadir a mi anécdota. Espero que puedas extraer enseguida tus propias conclusiones:

¿tú, a qué esperas?

¿cuantas veces podrías haber hecho así?

Érase una vez una soledad pegada al líder…

Hoy un pequeño cuento, un pequeño relato. Pero no por cuento, menos real.

Me sigue impactando, que no sorprendiendo, qué solos se encuentran los líderes de vez en cuando. Líderes que tienen una cabeza genialmente amueblada en cuanto a:

– Capacidad técnica

– Compromiso

– Implicación

– Orientación a resultados

– Orientación a la acción

Y una falta total de mimbres relacionados con:

– Sociabilidad

– Inteligencia social

– Trabajo en equipo

– Influencia

– Estabilidad emocional

Y estos son más o menos los resultados que obtienen cuando realizas varias pruebas para evaluar sus competencias, antes de un proceso de coaching. Son totalmente coherentes estos resultados tanto si lo evalúas con pruebas psicólogicas objetivas, como cuando realizas un feedback 360º.

Realmente, no es un gran problema. Estos líderes, necesitan un reajuste de sus prioridades y ampliar su visión sobre las personas y su liderazgo. Esto bien llevado, hace que mediante los procesos de coaching puedan:

– Reflexionar

– Descubrirse

– Establecer nuevas acciones

– Convertirlo en hábitos

No digo que sea un camino fácil, pero es susceptible de ser aprendido, trabajado y mejorado, sobre todo con voluntad de los implicados.

Ahora bien, me preocupa sobremanera, algo casi más complicado, y son los hábitos cómodos que durante un tiempo más o menos extenso, han adquirido los demás sobre esta persona.

– Los responsables de recursos humanos solo le envían feedback negativo.

– Los compañeros del mismo nivel han entrado en una espiral de “con esta persona no se puede”.

– Los colaboradores han entrado en la comodidad absoluta de no contradecir, no preguntar, y se han adueñado del “lo hago porque eres mi jefe y me lo pides”.

– Otro dato común a todos: cuando les pides que  te indiquen fortalezas y oportunidades de esta persona, se despliega una incapacidad enorme por reconocerle nada bueno, escribiendo párrafos, y párrafos de todo aquello que tiene que mejorar.

Y como resultado durante un tiempo cualquier pequeño intento de esta persona líder, por cambiar, es valorado peor que antes, generando desasosiego y más inestabilidad emocional si cabe. Está claro, que “el que siembra vientos, recoge tempestades”, pero por favor, no nos olvidemos sea líder o no de que igualmente es una persona que:

– Tiene su historia, su experiencia y sus emociones

– Es merecedora del beneficio de la duda

– Es merecedora de oportunidades de cambio

– Puede que haya generado mucha inestabilidad y mal clima en el pasado, pero si ha elegido el cambio de la mejora, le debemos un respeto.

Es por ello, que en la mayoría de las ocasiones vale la pena ampliar el proceso de coaching a la interacción que va teniendo con todos los que trabaja, casi, casi, como comentamos en la versión “supernanny”. Es aquí donde el coach juega un papel de mediador y facilitador de las interacciones, que es clave, y puede hacer que se logre un mejor impacto de las mejoras de la persona líder.

Así pues, la pequeña reflexión de hoy:

¿Estamos enviando feedback negativo siempre a los mismos?

¿Hemos entrado en la espiral “con esta persona no se puede?

¿Hemos asumido el papel cómodo de “bien, yo hago lo que tú me digas?

Si respondes afirmativamente …. ¿te plantearas la soledad de esta persona?

¿Muerte por aburrimiento o compromiso por dinamización?

¿Estás así en los comités de dirección  o en tus reuniones?

Llamemos a las cosas por su nombre una vez más, y reforcemos nuestro talento, por favor. Un Comité de Dirección o reunión:

– Que dura más de dos horas (y lo marco con demasiado margen ya) no es rentable, ni útil, ni práctico ni nada parecido.

– Donde “no sé a qué voy“,  es lo peor

– En la que sólo voy a aportar una información y no tengo nada más que hacer, y lo hago en 10 minutos, no es una excusa para perder 1h o más.

– En la que hay interminables debates en los que no se llega a nada, no sirve, aburre, desmotiva, genera indefensión aprendida e impotencia. Un sentimiento genial para salir de allí y no tener ganas de implicarme en nada más.

– En la que sólo vamos a “tirarnos de las orejas“… , lo siento no sirve.

– En la que sólo participan unos cuantos y son siempre los mismo, tampoco me sirve.

– Que no tiene hora puntual de comienzo y de término, es una ladrón odioso de nuestro tiempo.

– En la que no se toman acuerdos, fechas, responsables y forma de seguimiento, no sirve absolutamente para nada.

– En la que aprovechamos para contarnos cosas que de normal deberíamos comunicarnos en el día a día, genera tedio, pérdida de tiempo y pérdida de enfoque de trabajo en equipo.

Y podíamos seguir…

En la inmensa mayoría de las reuniones nos ocurre esto y más cosas. Ahora bien, todos lo sabemos, todos lo sufrimos en silencio, pero ¡Ah! ahí seguimos. 🙁

Se necesita una vez más, un cambio de enfoque. Cualquier tipo de reunión, es una oportunidad de interacción con el equipo que en ese momento comparte tiempo, espacio y lugar. Ahora bien, es tan fácil, como hacerse con unos cuantos cambios de actitud y con unas cuantas técnicas sencillas de dinámica de grupos. Y pueden ser sencillos o más complejos. Pero, desde luego, ¡¡cuánto cambiaría el resultado con algunas técnicas sencillas!!.

Sólo corrigiendo los puntos anteriores en positivo ya ganaríamos:

– Respetando horarios

– Aceptando participaciones delimitadas por un tiempo en la reunión

– Dirigiendo los debates.

– Especificando de antemano a qué voy a la reunión y qué tengo que llevar preparado.

– Mejorando nuestras técnicas de comunicación.

– Enfocando aspectos positivos y otros a mejorar: es decir cuidando que la interacción sea constructiva y motivadora

Y además, podemos utilizar alguna de estas ideas:

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Cómo vemos, se trata de organizar y redistribuir tiempos, participaciones y contenidos. Existen muchísimas técnicas para dinamizar los grupos en las reuniones, pero podríamos empezar con algunas de estas. Quizá la parte más difícil sea que ¡te atrevas a darle una vuelta a tu actitud y a tu forma de coordinar las reuniones!. Así que:

Depende de ti, ¿lo vas a hacer?

Es cuestión de cambiar ¿te atreves?

Es cuestión de respetar tu tiempo y el de los otros, ¿eres un ladrón del tiempo?

Se trata de anular nuestra capacidad de provocar aburrimiento y dinamizar las participaciones para generar compromiso y motivación

¿aburres o motivas y comprometes?

¿Te atreves a descubrir las baldosas amarillas para optimizar tu talento?

Optimizar tu valor profesional o personal depende de la cantidad de descubrimientos que realizas.

¿te atreves?

Es increíble y tremendamente satisfactorio 🙂 participar en el proceso de descubrimiento de una persona, si me permitís transmitiros esta entrada desde la pasión que me produce mi trabajo.

Comentamos anteriormente que para mí un proceso de coaching es:

– Un STOP en tu trayectoria personal-profesional para tener un mayor impulso dirigido a unos objetivos.

– Un PROCESO de auto descubrimiento y aprendizaje.

– Una OPORTUNIDAD para mirar atrás y ver lo mejor que puedo aprovechar y he aprendido y mirar hacia delante orientándome claramente a unas metas, y utilizando mi potencial de talento.

– Un ESPACIO Y TIEMPO que te tomas para “verte” con otra “lupa”.

– Un CAMINO que solo puedes recorrer tú.

– Una AVENTURA en la que se te va a potenciar tu capacidad de reflexión, descubrimiento, orientación a la acción y creación de nuevos y mejores hábitos.

– Una ELECCIÓN para la mejora personal-profesional.

Y clave es en este proceso, utilizar la metodología adecuada para que el participante se sienta protagonista de sus descubrimientos y elecciones:

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Teniendo como base esto, veo continuamente tanto en mi entorno laboral como personal, personas/profesionales:

1 Que abanderan una serie de normas y lemas que tratan de “vender” a su alrededor, pero cuando tienen una situación problemática, tales principios no les sirven ni para resolverlos ni para sentirse mejor.

2 Que tienen firmes convicciones de cómo deben ser las cosas y cómo deben regir su vida y su profesionalidad, pero que a la hora de la verdad y de la interacción diaria, generan relaciones marcadas por el rechazo y la soledad.

3 Que tienen modelos de conducta, de gran peso, bien  de origen familiar o profesional, que cuando realmente paran para valorar qué es de su vida y cómo se sienten, no están nada satisfechos, sintiendo una gran contradicción en su interior. O incluso, que han llegado a una situación de crisis personal o profesional, y les está pasando una gran “factura emocional” generándoles un gran estrés interior que no les permite ver “la salida”.

Y desde luego, desde estas posiciones, los que se permiten pedir ayuda o simplemente buscan “un tiempo fuera”, están siendo los verdaderos ganadores de su satisfacción personal/profesional y de su felicidad y equilibrio personal.

En uno de mis últimos casos, partíamos de un perfil directivo con una cabeza genialmente amueblada en cuanto a:

– Capacidad técnica

– Compromiso

– Implicación

– Orientación a resultados

– Orientación a la acción

Sin más, a primera vista parecen unas buenas competencias profesionales valoradas por cualquier tipo de empresa con una cultura clara y orientada al cliente y a resultados. Ahora bien, la forma en cómo gsetionaba hacia los demás estas premisas, estaba generando que no tuviera un equipo consolidado, reacciones de no compromiso, de rechazo hacia su persona y a cualquier petición que esta figura directiva realizaba. Desde luego el liderazgo de su equipo se estaba desmontando.

Depués de ciertos análisis de sus interacciones y de sus valores, diseñé un camino de baldosas amarillas en la que fue genial como consiguió:

Aceptar que para caminarlo necesitaba un poco de “incomodidad emocional”

Permitirse hablar con su “espantapájaros, su hombre de hojalata y su león”  y valorar qué todos tenían algo que aportarle.

– Reunirlos a todos para descubrir qué le estaba pasando

Dejarlos hablar en su interior para que pudiera escucharse a sí mismo

– Hacer el gran descubrimiento

Decidir qué quería a partir de ahora

Decidir cómo iba a conseguirlo y en qué fortalezas se iba a apoyar para ello.

Cuando alguien realiza este viaje,  puedo asegurar que aunque es un camino, ligeramente incómodo al principio, si la reflexión que se genera es buena, la posición y bienestar, que alcanza la persona es muy buena. Y si además, confían en ti como coach, como mis clientes, puedo asegurar que la sinergia es genial, y genera un vinculo de sinergia que perdura en el tiempo. De hecho :-), me hace sonreír mucho cuando antiguos clientes te comentan al cabo del tiempo “es que llevo muy presente siempre esa cuestión, ese valor que descubrí, ese click que realicé, o esa “patada en el culo que me diste”.

Así que, sirva esta entrada para felicitar a todos aquellos que han iniciado su camino de baldosas amarillas y a mis clientes por la confianza depositada en mi. 🙂

A aquellos que estáis en alguna situación como las tres descritas anteriormente os animo a que seáis aventureros y asumáis el riesgo de optimizar vuestro talento.

¿te atreves? 🙂

¿Positividad? sí, y ¿aprendes también a manejar tus emociones negativas?

 

¿Qué haces con tus emociones negativas?

La actitud positiva es clave para superarnos, afrontar cambios y para aprender a priorizar nuestra felicidad y equilibrio personal. De hecho hablamos también, en un post anterior de la relación que tiene con la productividad personal y empresarial.

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Ahora bien, el manejo de las emociones negativas, también es una tarea pendiente, que en ocasiones puede dejarse de lado consciente e inconscientemente. Este hecho multiplica a medio o largo plazo las crisis personales o profesionales, las interacciones negativas en ámbitos personales, sociales o profesionales y como siempre que se nos olvida “trabajar” nuestro interior, la factura emocional es alta.

Tanto en casos de crecimiento personal como profesional, detecto casos en los que se ponen en marcha una serie de  “técnicas poco productivas” a largo plazo para aparentemente sobrellevar, que no manejar y afrontar, nuestras emociones negativas. Son casos como:

Reaccionar con comportamientos y verbalizaciones agresivas cuando alguien me “molesta” en un equipo o en una reunión. Comportamiento que poco a poco se generaliza a cualquier tipo de contexto e interacción. De esta forma, muy probablemente la persona tenga que aumentar cada vez más estas acciones para superar la situación creando una sensación de que “todo el mundo está contra mi”. Este comportamiento también convierte a la persona en el punto de mira de todos, y con un protagonismo mayor que la situación inicialmente que causaba desagrado.

Hacer como que la situación o la persona no me importa, desvalorizarla, entrar en estado de “anestesia emocional”,  son algunas de las reacciones que vemos en las interacciones personales y de equipos. Este comportamiento genera una “falsa realidad” en la que la persona deja de tener uno de sus pilares personales sin las estructuras adecuadas. Genera a medio o largo plazo, insatisfacción, desánimo,  indefensión aprendida y un compromiso cada vez menor con sus prioridades y responsabilidades vitales o profesionales, que hace tambalear su equilibrio personal.

Evitar al mínimo o totalmente hablar o reunirme con determinada persona o estar presente si quiera en determinada situación personal o profesional, es el ejemplo claro de otro caso en el que no se están manejando adecuadamente las emociones negativas. Este comportamiento elimina cualquier posibilidad de superación del conflicto o de la situación, que nos causa estrés emocional, y acaba por generalizarse y ampliarse, a cualquier situación o persona que identifiquemos con características similares a la original. Podemos dejar de participar en cada vez más actividades que nos limitan nuestra experiencia vital o profesional.

Estos casos responden a las siguientes técnicas:

Confrontamiento: intentos de solucionar directamente la situación mediante acciones directas, agresivas, o potencialmente arriesgadas.

Distanciamiento: intentos de apartarse del problema, no pensar en él, o evitar que le afecte a uno.

Huida-evitación: intentos de centrarse en cualquier otra actividad o situación que no se asocie o sea la que causa malestar.

Realmente, la inteligencia emocional nos proporciona un enfoque mucho más constructivo, que se basa en responsabilizarse de nuestras emociones negativas, tanto en la aceptación y reconocimiento de las mismas, cómo en las acciones que vamos a implementar para resolverlas, y conseguir nuestra meta emocional en la situación que nos estaba desagradando con intensidad.

Mantener en general una actitud positiva en la vida y en todos nuestros contextos vitales, es clave y necesario para saber aprovechar y potenciar lo mejora de cada uno y de cada situación. Esto nos impulsa a crear nuevas posibilidades y nuevas experiencias. Tan importante como esta última visión es alimentar nuestros recursos personales, de forma que da igual la situación que tengamos que afrontar, hemos desarrollado hábitos para manejar inteligentemente nuestras emociones. Para ello, necesitamos primero:

– Reconocer la emoción negativa.

– Plantearme cómo me gustaría sentirme en esa situación.

– Identificar cual es el motivo de mi sentimiento.

– Revisar o desarrollar nuevas acciones internas para resolver la emoción que quiero cambiar.

Parecen pasos lógicos, pero no por su claridad son menos complejos (para cada uno). Requieren de un esfuerzo personal por asimilar, “masticar” como digo en ocasiones, estos cuatro aspectos. Por mi experiencia profesional, compruebo que no se suele tener estos hábitos tan desarrollados como pensamos, porque suelen requerir de esfuerzo, decisión y voluntad. Suele ser mas fácil sobrellevar las inquietudes negativas, poniendo en marcha alguna de las tres técnicas indicadas al principio. Y cuanto más las mantenemos en el tiempo, más difíciles son luego de resolverlas de una forma más válida y constructiva. Se puede pero se sufre más.

Es tremendamente constructivo evitar pensar que lo tenemos todo claro, que nos conocemos mucho y que “somos así”, para aprender cada día a lidiar con nuestras emociones y recursos personales. Aquí os dejo un breve cuento que puede hacernos pensar:

[av_video src=’http://www.youtube.com/watch?v=0xn6dK9XK_c’ format=’16-9′ width=’16’ height=’9′]

¿Desbordas sabiduría o aprendes? 😉

¿Confrontas, te distancias o huyes de tus emociones negativas?

¿Manejas tus emociones negativas?

¿Cómo te comportas ante los conflictos?

 

Aceptar y respetar la diferencia es una de esas virtudes, sin las cuales la escucha no se puede dar.

Paulo Freire

El valor del conflicto y de la discrepancia nos permite, tal y como comentamos en “yo te llevaré la contraria”:

– asegurarnos de nuestro valor

– reorientar nuestro valor

– ampliar nuestra visión

– el primer paso hacia el cambio

– contar con la mirada del otro

– aprender a hacerlo diferente

– a potenciar nuestro valor

– descubrir nuevos mundos

– comunicar una señal de alarma

-expresar la intención y necesidad de que queremos que algo cambie y que algo se mantenga

Desafortunadamente hemos aprendido durante mucho tiempo, por educación, cultura…, y lo seguimos haciendo, que el conflicto es “algo malo”, porque además nos “pone de los nervios”, nos altera, nos hace sufrir y no nos gusta sentirnos mal. De hecho, este “razonamiento emocional”, es decir, “con esta relación, situación o persona me siento mal…entonces esto no es bueno y debo evitarlo”, es una de las creencias racionales que más causan problemas, y que más impiden ser resolutivos en situaciones de discrepancia y conflicto.

Este razonamiento emocional del que hablamos nos refuerza nuestra creencia de que tenemos la razón o lo sabemos todo… y además nos evita, nos salva una vez más, de aprender a gestionar nuestras reacciones emocionales, sobre todo las negativas.

En la mayoría de los conflictos en los que participo dentro de una empresa, o entre dos personas que tienen algún tipo de relación hay, entre otros, dos elementos comunes:

Lo que más les molesta  a los implicados es la “otra persona” en sí misma.

Casi, casi podríamos decir que los implicados se “han olvidado” de la fuente del conflicto o del problema real, y han entrado en una espiral de juicios de valor personales en la que nada de lo que hace la otra persona les parece bien. Además, se permiten interpretar los comportamientos del otro, siempre en clave, claro, de “es mala persona”, “no es normal”, “es egoísta”, “es prepotente”…y toda clase de “piropos personales”.

– La solución por la que optan es evitar cualquier interacción con esa persona a toda costa y defender, a capa y espada, su posición. Además la culpa es del otro.

La creencia menos productiva más firme llegados a este punto, es considerar que mientras el otro no cambie, nada va a cambiar. La responsabilidad de la situación es siempre del otro. Esto ocurre porque el estado emocional en que se encuentra este participante del conflicto, le impide considerar que pueda tener ningún impacto sobre el otro. Y esto no es así. La comunicación e interacción es bidireccional, ambas partes se influyen para bien o para mal. Lo que se nos olvida y no vemos es que si cambiamos algo de nuestro comportamiento tendrá un impacto posiblemente más constructivo en el otro.

Y lo que lo que necesitamos entonces es:

Evitar juicios, sobre todo personales, y gestionar mi propia reacción emocional

– Solucionar basándonos en un resultado final acordado cuyo criterio de validez, no pase ni por mi ni por ti, sino por la necesidad del cliente externo o interno, o del beneficio y satisfacción de las partes implicadas.

¿y tú que haces ante los conflictos?

¿la responsabilidad la sitúas en el otro?

¿sabes manejar primero tus recursos personales?

Autoestima sana, marca personal sólida.

Uno de los principales factores que diferencian al ser humano de los demás animales es la consciencia de sí mismo: la capacidad de establecer una identidad y darle valor. En otras palabras, tiene usted la capacidad de definir quién es y luego decidir si le gusta su identidad o no.  (Matthew McKay y Patrick Fanning, Autoestima)

Y es la consciencia de sí mismo y la capacidad de establecer una identidad y darle valor, justo lo que nos interesa trabajar y que a veces se nos olvida, tanto si somos emprendedores, profesionales, líderes…etc.

Actualmente vivimos en un mundo donde el verdadero desafío hoy, es el mundo de las interconexiones sean virtuales o presenciales y para que sean constructivas, enriquecedoras, provocadoras y motivadoras, necesitamos la base de una sana autoestima. Esta sana autoestima nos permitirá impactar de forma sólida con nuestra marca personal, allí donde interactuemos, presencial o virtualmente.

Ahora bien, ¿qué es exactamente una autoestima sana?:

– Es una relación constructiva de estima con nosotros mismos.

– Es la fuente origen que nos facilita nuestra propia aceptación.

– Es una voz siempre presente que nos habla en términos realistas sobre quiénes somos y qué podemos llegar a ser.

– Es un enfoque personal en el que nos permitimos percibir y experimentar, haciendo valiosa nuestra experiencia. Ni mejor ni peor que la de los demás, es diferente y por tanto valiosa.

– Es una relación de agradecimiento propio que nos hace estar satisfechos con nosotros mismos.

– Es una relación continuada con nosotros mismos en la que nos evaluamos, nos aceptamos,  nos cuidamos, nos queremos y nos perdonamos.

En todos estos ítems, hay algo que es evidente que sobresale y es “nosotros mismos” y esta es otra de las claves que a me parece particularmente importante. En los distintos procesos de coaching y de desarrollo personal relacionados con marca personal, liderazgo y equilibrio personal, me encuentro a menudo con que la autoestima de los participantes es “externa”. Es decir, depende de si mi alrededor me valora o no. Y ¡cuidado! aquí tenemos un riesgo enorme de caer en la “autoestima dependiente”. De esta forma, llegamos a un camino directo de dependencia emocional y espiral de insatisfacciones y de emociones negativas.

Es en este punto cuando nuestra marca personal, allí donde queramos mostrarla, en una entrevista de trabajo, en nuestras relaciones personales o laborales corre un gran riesgo, porque iniciaremos una serie de relaciones con los demás, marcadas entre otras por una serie de características:

La inseguridad.

La prioridad de los juicios de los demás sobre nosotros.

– La continua búsqueda de aceptación externa.

– La inconsistencia personal, basada en que “si soy de esta manera, esta persona me acepta y si soy de otra forma, me acepta esta otra”.

– Finalmente, la destrucción e insatisfacción propia de quiénes somos, qué podemos aportar, y que podemos llegar a ser.

Como es lógico, estas características van a afectar muy negativamente sobre la percepción de nuestra marca personal. Y es que, no es que no tengamos que tener en cuenta la opinión de otros, ni que no tengamos que alegrarnos y sentirnos satisfechos con las valoraciones externas. Sin embargo, es cuando “necesitamos” y “dependemos” de fuentes externas a nosotros mismos, para valorarnos y definirnos como persona o profesional, cuando estamos perdiendo el norte y debilitando nuestra marca personal y por supuesto, nuestra valía.

Así que las cuestiones clave son:

¿Estás alimentando tu autoestima para que impacte en tu marca personal?

¿Estás escuchando las percepciones de tu alrededor pero desde una óptica de aprendizaje y no de dependencia?

¿Haces crecer con tu experiencia, tu autovaloración, y así fortalecer lo que puedes aportar a tus clientes, tus colaboradores y tu entorno personal?

¿Estás satisfecho contigo mismo y con las relaciones que generas?

¿Sabes que las personas más felices y que más influyen con su marca personal, en cualquier ámbito, son las que tienen una autoestima sana?

No busques recetas mágicas en un coach. Tú creas tu desarrollo personal y profesional.

La búsqueda de recetas mágicas en un coach para conseguir un desarrollo personal y profesional, es un hábito todavía frecuente en las consultas que suelo atender. Tanto si el interlocutor se plantea una mejora profesional como personal, es frecuente encontrar que las personas pueden estar inmersas en diversas situaciones como:

– Conflicto emocional.

– Desestabilización de relaciones personales o laborales.

– Crisis personal o profesional.

– Desarrollo de marca personal con motivo de un cambio de trabajo elegido o no.

– Desarrollo de liderazgo.

– Optimización de resultados del equipo.

– Desarrollo de relaciones comerciales.

– …

Y es al inicio de las conversaciones donde se intercambia información, sobre la percepción del problema y la metodología de trabajo,  el momento en el que ocurre un primer descubrimiento.

¿Entonces no me vas a ayudar a hacer lo correcto?

¿No tienes un solución que incluya unos pasos concretos para poner en marcha?

¿No me vas a decir lo que tengo que hacer para recuperar esta situación…?

Pero yo quiero que me asesores lo que es adecuado…

LA RESPUESTA ES NO.

Y flaco favor, estaría yo haciendo a nadie, si la respuesta fuera afirmativa, porque como coach y como persona, no soy nadie para decirte lo que tienes que hacer. Además sabemos que los cambios impuestos no son sostenibles en el tiempo.

Resumiendo, lo que en otras ocasiones hablamos sobre qué es un coach y un proceso de coaching, destaco nuevamente conceptos como:

1) El coach tiene la responsabilidad de facilitar el camino del participante desde:

-su voluntad para evolucionar

– sus creencias y valores

– su realidad

– sus ilusiones y expectativas

Leer mas…

2) El desarrollo personal y profesional con un coach es posible porque el proceso realmente pone a disposición del participante/s:

– una visión más amplia de su entorno y de las consecuencias que sus conductas están teniendo

– una visión más integradora de sí mismo o del equipo, desde lo que se comparte o desde los valores y el potencial que se tiene

– unas cuestiones de reflexión que les proporcionan mayor comprensión y momentos de ¡eureka!

– feedback claro, constructivo y útil de lo que ocurre

– descubrimientos

– la creación contigo de un plan de trabajo para crear nuevos hábitos para nuevas necesidades

– las claves de su voluntad de cambio

Leer mas…

Entonces, como coach, no debo, no puedo, no quiero, no te ayuda, darte recetas mágicas:

Primero, porque no las hay.

Segundo, porque lo que una persona le funciona, a otra, puede que no.

Tercero, porque tú eres el resultado de tus aprendizajes, y el proceso de coaching lo que va a hacer, es potenciarlo.

Cuarto, el equilibrio y bienestar personal de alguien se origina en la satisfacción de elecciones sobre su persona y sobre su entorno; decirle a alguien lo que tiene que hacer, es asesorarle sobre la base de que hay algo correcto y adecuado, y algo que no lo es.

Quinto, es hora de que asumas la responsabilidad de tu bienestar, equilibrio, mejora, superación, desarrollo personal o profesional.

Y este último punto es el que más me preocupa, porque parece que estemos asumiendo una serie de conductas que poco nos ayudan a encontrar quiénes somos y quiénes queremos ser y asumir la responsabilidad de ello:

Dependencia: sin quererlo algunas personas están encadenándose a su pareja, familiares, superiores, etc., para establecer la adecuación o no de su persona, la corrección o no de sus comportamientos. De esta forma, ponen por encima a aquella persona de la que dependen emocionalmente para aparentemente sentirse bien consigo mismos. Cuando a la larga, ven que están convirtiéndose en un calco del que dependen y no se sienten igual de bien que aquella persona de la que dependen, entran en un nuevo estado de desequilibrio y malestar. ¡Es imposible vivir, crecer profesionalmente con los esquemas y actuaciones de otros! Porque tú, eres tú y el otro, es el otro. Dos identidades igual de valiosas con el mismo derecho a ser únicas.

Locus de control externo: Creer que lo que me ocurre, mi felicidad y bienestar, mi evolución como persona o profesional, no depende de mi, y depende de otros factores externos a mi sobre los que no tengo ninguna capacidad de actuación, nos limita y nos deja en un estado de indefensión total. Es cierto, y sabemos en lo más recóndito de nosotros, que hay cosas sobre las que podemos actuar y otras sobre las que puede ser más difícil tomar decisiones. Ahora bien, puede resultar más cómodo momentáneamente creer que nada depende de nosotros, y que somos el resultado de nuestro pasado y nuestras circunstancias. ¡Tú creas la mayoría de tus circunstancias.! La cuestión es si te atreves.

Idealización / Reconocimiento de dominio: Asumir que hay alguien que sabe más que yo, que hay alguien más sabio que yo, que hay alguien mejor que yo, es una falacia que nos limita nuevamente como personas y como profesionales. Si piensas un momento en aquellas personas que te hicieron sentir que tú valías en algún momento de tu vida, descubrirás que han sido personas que han dejado de lado su protagonismo, para inspirarte y provocar lo mejor de ti. No son personas, que te digan que “como ellos son más sabios y mejores, tú tienes que ser igual”. Las personas somos diferentes y ahí es donde radica nuestro valor. La interacción con personas de valor sí que puede hacer que seamos mejores, pero mejores que nosotros mismos, no que los demás.

Referencias irreales: Como consecuencia de lo anterior, se produce una idealización de una persona o grupo que se convierte en referencia para nosotros. Un estado, sentimiento o posición al que querríamos aspirar y no podemos llegar. Este punto ideal, está totalmente compuesto de presuposiciones irreales y anticipaciones emocionales que estamos asumiendo desde una perspectiva de observador. Olvidamos que no todo es cómo parece, que lo que puede deslumbrarnos desde fuera, también puede tener sus sombras y su sufrimiento o camino interior que nosotros queremos saltarnos. Queremos la luz, sin haber generado la energía interior suficiente para producirla.

Así pues, tanto si es con un coach como si no, para desarrollarnos personal o profesionalmente, necesitamos primero desprendernos de estas “visiones irreales” sobre lo que realmente implica crecer como persona o como profesional. Recordemos entonces que:

– Nadie que te acepte incondicionalmente y respete tu valía, te dirá lo que tienes que hacer. El coach no da recetas.

– Tú tienes el mismo derecho y capacidad de generar tu energía y tu destello. El coach lo potencia, te ayuda a descubrirlo, entiende qué te está ocurriendo y conoce las bases psicológicas que hacen que hayas llegado a dónde has llegado. A partir de tu persona generará el descubrimiento de varios caminos posibles en los que tú elegirás.

– Correcto e incorrecto, son dos extremos que nos limitan. El coach habla de enfoques / conductas que tienen unas consecuencias, y enfoques / conductas que tienen otras consecuencias. No son buenas o malas. Son diferentes. Descubrir cuál es la que te hace sentir mejor, es el objetivo al que tiene que prestar atención un coach.

– Nadie está por encima de nadie, ni siquiera un coach. El coach no ayuda desde una posición superior, sino desde una posición cercana, a tu lado. Cierto es que tiene otras capacidades y experiencias diferentes a las tuyas. Aprovechar tu valor y su valor, es lo que te puede ayudar a potenciar tu desarrollo personal o profesional.

– Las recetas “mágicas” son mágicas porque tú las creas, porque vienen de ti, porque a ti te sirven, porque son tus herramientas y son los recursos, que tú aprendes para ser una persona diferente, un profesional diferente. El coach provocará que encuentres tus propias “recetas”, tus propios recursos.

¿Todavía andas buscando la receta mágica?

¿De verdad, te fiarás de las recetas mágicas?

La solución a tu evolución pasa afortunada e irremediablemente por ti. Contigo.

Cómo tus trampas psicológicas bloquean tu felicidad y tus logros

Trabajando desde los casos de coaching personal que habitualmente me llegan, me llama la atención la frecuencia con que están presentes determinadas trampas psicológicas. Estas trampas personales y subjetivas, totalmente, impiden a las personas alcanzar o mantener su equilibrio personal o profesional, así como sus objetivos.

He aquí algunas de ellas:

  •  No me creo nada de las palabras bonitas que me dicen, no estoy consiguiendo resultados, con lo que no soy bueno o el mercado está imposible. No hay nada que hacer

Es frecuente en estado de ánimo bajos y prolongados que alguien se pueda sentir así. El entorno nos afecta y la forma en cómo evaluamos nuestro valor también. Pero cuidado, hay veces que ponemos un termómetro tan preciso para evaluarnos, que polarizamos totalmente nuestras interpretaciones. Parece que si no tenemos ese resultado concreto que tanto ansiamos no somos nada.  Esta polarización y estas “gafas” con las que nos miramos nos están haciendo perder “visión” de nosotros mismos y de nuestra realidad.

En este caso puedes o no creerte un feedback positivo sobre tu persona o perfil profesional (doy por supuesto que un buen feedback vendrá de personas que no nos dicen palabras fáciles y sin fondo). El problema es que ¡no lo aprovechas! Si no estamos consiguiendo los resultados que queremos, puede ser que:

–  Al no creer en nosotros hayamos dejado dormidas nuestras fortalezas y no las estemos poniendo en marcha realmente.

– Puede ser que nuestros resultados haya que redefinirlos porque en muchas ocasiones, sobre todo en lo que se refiere al mercado laboral, estamos esperando un resultado concreto que en el actual mercado es difícil que se de, por ejemplo del tipo: “quiero que una empresa me contrate con este sueldo y ya casi por tiempo ilimitado, no quiero cambiar más”. Si, es posible que pueda ocurrir pero no sé si es probable en ya muchos sectores, con lo que ¿y si nos redefinimos?

Ir contracorriente es creativo y genial pero ir en contra de la realidad, ¿lo es?.

  • Lo que yo pienso deber ser así porque así, lo he creído durante toda mi vida, y es lo que me ha ayudado a llegar donde estoy.

Nadie dice que no hayan sido valiosos y exitosos los valores y comportamientos que hasta el momento actual hayamos puesto en marcha. Ahora bien, son numerosos los casos en los que esta creencia tiene un límite en nuestra trayectoria vital. Bien porque no funciona, bien porque no se valora ya en nuestro entorno, bien porque no nos hacen sentir bien las consecuencias que hemos asumido de tener esa máxima en nuestras vidas.

Has llegado hasta aquí hoy pero ¿te servirán los mismo recursos para llegar donde quieres mañana?

  • Manejar cómo me siento es muy difícil teniendo en cuenta lo que los otros me hacen a mí. Yo soy así y me siento así, no lo puedo evitar

Esta parece ser la eterna pugna personal que tenemos con nosotros mismos tanto en ámbitos personales, sociales o laborales. Los demás me hacen esto y esto otro pues ¿cómo me voy a sentir? Además suele ser fuente de conflictos de todo tipo generando un subidón de las emociones negativas que se retroalimentan así mismas, confirmándonos cosas como ¿ves lo que me están haciendo? ¿cómo no me voy a sentir así?

¿Realmente te sientes así porque eres así o porque esto te ayuda a evitar otras cosas? ¿Manejas tus emociones negativas o las alimentas?

  • Es tarde para mi, tengo 40/50 y tantos y no puedo competir con los jóvenes.

¿Qué es tarde? ¿Qué es pronto? ¿Realmente me lo puedes decir?

Será tarde cuando tú hayas tirado la toalla, cuando tú hayas renunciado a tus sueños, cuando tú hayas renunciado a ti mismo/a. El tiempo no lo indica una fecha en el calendario y nuestro carnet de identidad. Ahora bien, si te vas a comparar con los demás, y te vas a comparar con otras personas que no son comparables a ti, la respuesta será siempre la misma: “no puedo, no soy mejor”.

¿Quieres seguir comparándote? No se trata de ser mejor o peor que otros, se trata de ser diferente.

  • Si me he implicado en varios proyectos/trabajos y después de unos años no estoy satisfecho, es que me he equivocado y me sigo equivocando.

Equivocarse, ¡que riesgo de palabra!. ¡Pero también que oportunidad para aprender! A lo mejor a lo largo del tiempo has cambiado, a lo mejor a lo largo del tiempo tu alrededor ha cambiado. A lo mejor ver el pasado como una equivocación no te ayuda, porque compararnos a nosotros mismos con lo que éramos hace quince años, genera disonancia y ¡menos mal que la genera! Esa disonancia es nuestro indicador para ver que hemos evolucionado.

Así que, realmente ¿te equivocaste o has cambiado y no te das cuenta?

  • Lo he hecho todo “bien” me he responsabilizado de mi familia, de mis hijos, de mi trabajo, de mi….. y nada me sale bien.

Responsabilidad, ese concepto que nos puede hacer sentir muy satisfechos o muy saturados. De la responsabilidad sana a la responsabilidad insana hay un paso muy pequeño. Y de ahí, al control para tranquilizar nuestro bienestar y nuestras inseguridades hay otro paso pequeño y resbaladizo.

Si el grado e implicación de nuestra responsabilidad nos muestra indicadores que no nos hacen sentir bien, a lo mejor estamos haciendo que todo pase por nosotros, que todas las soluciones dependan de nosotros, que todo el bienestar de las personas más cercanas pasen por nosotros y esto es insostenible en el tiempo. Y además genera dependencias en todas las direcciones, con lo que los resultados al final no se corresponden con lo que queríamos.

 ¿Tu responsabilidad es sana?

  • No puedo más. He hecho lo imposible por agradar a todos y siguen exigiéndome. Nunca es suficiente lo que hago.

Agradar constantemente a otros hace que nos perdamos en el camino, y además, acostumbramos a los demás a una incesante lista de requerimientos que hay que cumplir, y que cada vez, esta lista es más y más larga. Por otro lado, esta búsqueda infinita de cumplimiento con el agrado de los demás hace que lleguemos a un estado de agotamiento emocional que efectivamente nos hace expresar “no puedo mas”.

Claro que estamos agotados, ¿y tú? ¿dónde estás tú?

  • Si lucho y lucho muy fuerte, cuando lo consiga todo estaré tranquilo/a.

Luchar es elogiable, admirable, todo lo que queramos, nos permite superarnos y afirmar nuestra valía. Ahora bien, cuando no podemos sentirnos, ni vivirnos, ni disfrutar en esa lucha, entramos en una espiral que nunca acaba. Esta espiral nos hace mirar el final, como la meta de nuestras satisfacciones, alegrías y equilibrios internos. La realidad es que no hay una situación ideal que llegue y todo esté controlado y bajo unas condiciones determinadas. Si esperamos a que cambiemos/encontremos trabajo, los hijos se hagan mayores, el mercado mejore, etc…. ¡se nos va a pasar la vida!

¿Quieres perdertela? Cuidado con la eterna promesa que te haces a ti mismo/a.

He aquí algunas de las trampas psicológicas con las que las personas conviven en el día a día. Detectadas en los proceso de coaching personal, y con un arduo trabajo interno, no lo vamos a negar, las personas salen de estos auto boicoteos que sin darnos cuenta se asumen. Detectarlos es la primera fase, y la segunda, darse cuenta de que están limitando nuestra realidad y nuestras posibilidades.

Todos estos casos tienen en común una sola cosa para poder superarlos y salir de esas auto trampas:

¿Quieres salir de tu trampa o estás cómodo en ella?

Tu rutina de no talento. Infografía.

Recordamos la importancia de evitar la “rutina de no talento”.

De forma gráfica y y más ligera (para estos días de calor 😉 ), pero no con menos claves, identifica si has entrado en tu rutina y qué puedes hacer para salir de ella. Las vacaciones son un buen momento para ser consciente de dónde ha estado nuestro talento en los último meses.

rutina de no talento

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