Y tus recursos personales… ¿han desayunado? ;-)

Sí, desayunar para empezar el día o en el momento que desees, pero hoy quiero dedicarle esta entrada a una de las claves personales que estoy observando a mi alrededor.

Cada vez, me llegan más casos de personas que:

– están ante una nueva situación

– han llegado (sin saber ellos muy bien cómo) a una situación problemática o de conflicto

– se han dado cuenta de que están desmotivados en todas sus facetas de la vida

– son conscientes de repente que algo les falta a nivel personal, pues “sus historias vitales” se repiten y con resultados que no les gustan

reaccionan de manera desmedida a situaciones diarias o que de normal no solían generar estos sentimientos

dependen siempre de alguien para solucionar sus vidas

– han desarrollado un patrón de conducta guiado en extremo por sus miedos

y podría seguir…

stop go

Todos estos casos tienen en común que están viendo que durante mucho tiempo:

– Han desarrollado sólo una serie de recursos personales mínimos que no les permiten sentirse satisfechos en cómo resuelven situaciones nuevas o aquellas que están cargadas de incertidumbre

– Han sitúan el motivo de su insatisfacción en agentes externos

– “Viven como en una sucesión de hechos en los que se sienten ahogados o arrastrados por las circunstancias”

– El miedo les ha permitido evitar “consecuencias” que a priori les parecían peor que la propia situación y cada vez son menos capaces de resolver cualquier situación aunque sea sencilla

– Queriendo evitar “ser de determinada manera”, están creándose interiormente la persona que no quieren ser

Se sienten en general:

– Petrificados

– Bloqueados

– Viven las situaciones “desde fuera”

– Tristes

– Agotados, con un desgaste emocional alto

Así  pues, PONGO EN MAYÚSCULAS LO ESENCIAL QUE ES ALIMENTAR NUESTROS RECURSOS PERSONALES Y EVOLUCIONARLOS para que podamos crecer y resolver nuestras necesidades de cada día. Por ello es clave para nuestra salud emocional y nuestro consecuente éxito y equilibrio personal, al menos, tener en cuenta estos hábitos:

Evita pasar por los acontecimientos de tu vida, como si no pudieras controlar nada: NO ES VERDAD

– Tienes derecho a tener miedo, pero también tienes derecho y compromiso personal contigo, de solucionarlo, pedir ayuda y darte la oportunidad de seguir adelante

– Tu experiencia es clave para la evolución de tus recursos personales, pero mira a ver si estás estancando tu experiencia hasta que te lleva a actuar como un robot que no te permite crecer. Con lo que replantéate todo lo necesario y prueba otros recursos: las ideas y valores de años anteriores pueden no servirte para seguir adelante en la situación actual. No es que no valgan, es que ahora en esta situación, no te sirven.

– Se reflexivo y activo, es una de las mejores maneras de ser conscientes de nosotros mismos, de aprender, de tomar decisiones y de darte la oportunidad de ver qué te funciona o no, qué te permite estar bien o qué no.

Comparte tus inquietudes con quien consderes de confianza, en la mayor parte de los casos encontraremos mayores dosis de comprensión, aceptación y visión nueva de lo que nos esperamos.

Habla con profesionales para alimentar tus recursos personales si has llegado al estado de “cartón piedra triste”

– Permítete añadir nuevos valores a tu vida

– Ten como prioridad “NO AGUANTAR LO QUE VENGA”  porque, sí, estoy segura de que puedes aguantarlo, pero el DESGASTE EMOCIONAL que vas a acumular, seguro que te pasará factura.

– DESGASTE EMOCIONAL no es igual a RECURSOS PERSONALES MEJORES que permiten estar satisfechos con mi actuación, mis sentimientos y mi vida.

¿y tú, alimentas tus recursos personales? ¿te cuidas?

¿dedicas momentos a ser consciente de en qué punto estás de tu vida personal, profesional o social?

¿aprendes o te estancas?

¿Estás atrapado en tu rutina de no talento?

Estamos atrapados en “nuestra rutina de no talento” cuando sin darnos cuenta pensamos que ¡oye, estoy haciendo muchas cosas!.

Luego, te paras un minuto y alguien te hace ver que todo lo que estás haciendo te aleja de verdad de tus objetivos verdaderos, de lo que te hace feliz, de lo que te hace sentir vivo.

Me encuentro con algunas personas en proceso de coaching, que tienen en común, algo así como un cansancio y sensación de agotamiento acompañado de “algo no funciona”, pero con la sención contradictoria de “estoy implicándome en muchas cosas, estoy activo/a, yo hago cosas, no me quedo esperando a ver que pasa”. Suelen ser casos como:

Líderes que se pasan el día apagando los incendios que sus colaboradores sufren, y aprenden que su valía es grande porque ¡fíjate a cúantas situaciones doy respuesta! ¡qué harían sin mí!.

Profesionales que se implican, ayudan, están para todo el mundo, son hiperactivos, pero esa energía se olvidan de invertirla también en sí mismos para hacer crecer su talento.

Gerentes, que tiene “todo controlado” con tanto esmero y concentración en su control, que no se dan cuenta que no llegan a todo y que se asfixian por el camino y asfixian a los que están a su alrededor.

Personas que no saben o temen decir “NO” porque tradicionalmente aprendimos que somos mejores personas, amigos, hermanos, hijos, jefes que tenemos que estar ahí siempre y en todas las ocasiones

Jóvenes en busca de sus primeras oportunidades laborales, que se han acostumbrado a llevar su “día a día” de manera que al menos no se depriman con “la que está cayendo” y llenan su tiempo con actividades que no van a tener la repercusión que realmente quieren. Y se quedan esperando…

Profesionales que saben/sienten que pueden hacer algo mejor, y justifican que no tienen tiempo para invertir en formación, superación o en proyectos con más sinergia.

En realidad todos estos casos, te indican en sus conversaciones que “ODIAN LA RUTINA” y quieren conseguir más. ¡Muy bien!, es genial pero

¿y si te estuvieras creando tu propia rutina?

¿estás creando tu propio muro?

muro

Realmente, estás creando tu propia “rutina de no talento” y manteniéndote en un estado constante que se mueve desde una  “incompetencia inconsciente” a una “incompetencia consciente”:

incomptcia

Muchas de las actividades en las que estamos inmersos, son compromisos que aceptamos por inercia y casi sin darnos cuenta, con lo que es fácil entrar consecuentemente en el “CIRCULO 99”, ese en el que buscamos hacer más, controlar más, ayudar más, ser más…

A lo mejor sólo se trata, de ver si me he creado una rutina propia, y un círculo del que no salgo y no me satisface. A lo mejor se trata de tomar decisiones sobre lo que soy, lo que puedo aportar y lo que de verdad me hace sentir bien. A lo mejor se trata de demostrarme que de verdad no me gusta la rutina, esa que no me lleva donde quiero y tampoco disfruto, porque estoy atrapado en mi propia inercia.

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¿estás dispuesto a seguir en tu círculo 99?

¿has creado tu propia rutina de no talento?

P.D. dedicado a … ellos/as lo saben 😉

¿Cómo te comportas ante los conflictos?

 

Aceptar y respetar la diferencia es una de esas virtudes, sin las cuales la escucha no se puede dar.

Paulo Freire

El valor del conflicto y de la discrepancia nos permite, tal y como comentamos en “yo te llevaré la contraria”:

– asegurarnos de nuestro valor

– reorientar nuestro valor

– ampliar nuestra visión

– el primer paso hacia el cambio

– contar con la mirada del otro

– aprender a hacerlo diferente

– a potenciar nuestro valor

– descubrir nuevos mundos

– comunicar una señal de alarma

-expresar la intención y necesidad de que queremos que algo cambie y que algo se mantenga

Desafortunadamente hemos aprendido durante mucho tiempo, por educación, cultura…, y lo seguimos haciendo, que el conflicto es “algo malo”, porque además nos “pone de los nervios”, nos altera, nos hace sufrir y no nos gusta sentirnos mal. De hecho, este “razonamiento emocional”, es decir, “con esta relación, situación o persona me siento mal…entonces esto no es bueno y debo evitarlo”, es una de las creencias racionales que más causan problemas, y que más impiden ser resolutivos en situaciones de discrepancia y conflicto.

Este razonamiento emocional del que hablamos nos refuerza nuestra creencia de que tenemos la razón o lo sabemos todo… y además nos evita, nos salva una vez más, de aprender a gestionar nuestras reacciones emocionales, sobre todo las negativas.

En la mayoría de los conflictos en los que participo dentro de una empresa, o entre dos personas que tienen algún tipo de relación hay, entre otros, dos elementos comunes:

Lo que más les molesta  a los implicados es la “otra persona” en sí misma.

Casi, casi podríamos decir que los implicados se “han olvidado” de la fuente del conflicto o del problema real, y han entrado en una espiral de juicios de valor personales en la que nada de lo que hace la otra persona les parece bien. Además, se permiten interpretar los comportamientos del otro, siempre en clave, claro, de “es mala persona”, “no es normal”, “es egoísta”, “es prepotente”…y toda clase de “piropos personales”.

– La solución por la que optan es evitar cualquier interacción con esa persona a toda costa y defender, a capa y espada, su posición. Además la culpa es del otro.

La creencia menos productiva más firme llegados a este punto, es considerar que mientras el otro no cambie, nada va a cambiar. La responsabilidad de la situación es siempre del otro. Esto ocurre porque el estado emocional en que se encuentra este participante del conflicto, le impide considerar que pueda tener ningún impacto sobre el otro. Y esto no es así. La comunicación e interacción es bidireccional, ambas partes se influyen para bien o para mal. Lo que se nos olvida y no vemos es que si cambiamos algo de nuestro comportamiento tendrá un impacto posiblemente más constructivo en el otro.

Y lo que lo que necesitamos entonces es:

Evitar juicios, sobre todo personales, y gestionar mi propia reacción emocional

– Solucionar basándonos en un resultado final acordado cuyo criterio de validez, no pase ni por mi ni por ti, sino por la necesidad del cliente externo o interno, o del beneficio y satisfacción de las partes implicadas.

¿y tú que haces ante los conflictos?

¿la responsabilidad la sitúas en el otro?

¿sabes manejar primero tus recursos personales?

Liderazgo emocional: una responsabilidad personal con tu equipo

El liderazgo emocional es esencial si queremos conseguir que nuestro equipo viva el entorno laboral con compromiso e implicación.

Muchos son las figuras directivas que tienen muy claro cómo elaborar una estrategia, organizar, ejecutar y gestionar los recursos para conseguir los objetivos de su departamento o empresa. Ahora bien, pocos son los verdaderamente líderes, que tienen en su agenda, tal cual en su agenda, cómo movilizar a su equipo. Elementos como la inspiración, motivación, visión, significado de pertenencia y propósito. En definitiva, se suele dejar de lado el desarrollo de una cultura resonante (Liderazgo emocional según Boyatzis) que requiera lo mejor de cada uno.

Resonancia: Potente energía colectiva que reverbera entre las personas y contribuye a una mejor productividad y creatividad, a un sentido de unidad, a un sentido de propósito y a mejores resultados. (Boyatzis, McKee y Johnston).

Tomando una vez más, como punto de referencia mi experiencia en casos y consultas de coaching relacionados con líderes y equipos, me encuentro con muchos casos en los que:

Los miembros del equipo están en un estado emocional tan sumamente negativo que lleva a ir al especialista a que les recete toda clase de tranquilizantes y somníferos. ¡Por favor a qué niveles estamos llegando sin darnos cuenta!. Estos casos suelen convivir en el día a día con figuras directivas que generan miedos, insatisfacciones, instrucciones contradictorias, indefensión aprendida, desconfianza, y agotamiento emocional, por no saber ya, cómo lidiar adecuadamente con las situaciones diarias con su jefe, o con otros departamentos.

Así pues, como podréis suponer, los niveles de compromiso e implicación son mínimos o no existen en absoluto.

Líderes que han llegado a un punto, también, de agotamiento emocional con consecuencias en sus vidas personales y empiezan a darse cuenta de que su desempeño y el equilibrio personal del que aparentemente disfrutaban, no lo es tanto. Acaban actuando de “apaga fuegos”, generando un estricto control de los trabajos, pierden la capacidad de ver o impulsar lo mejor de cada uno de sus colaboradores, centrándose de manera excesiva en detalles, problemas, dificultades, defectos de los demás…

Ya sabremos pues, cual es el tipo compromiso que ellos mismos, acaban teniendo con su puesto y con la empresa.

No seré yo la que diga que en estos casos mencionados, la única responsabilidad es de la figura directiva. En todo conflicto, cada parte es responsable de gestionar sus emociones y de resolver lo mejor posible, el conflicto que vive, tal y como dijimos en entradas anteriores sobre emociones y conflictos.

Ahora bien, el temido “líder se nace, no se hace” tan escuchado, e inconscientemente defendido en muchas ocasiones, hace que las interacciones que se dan a partir de los dos ejemplos mencionados, carezcan del cultivo necesario para que se genere un equipo de profesionales, orgullosos de pertenecer al equipo y a la empresa donde trabajan. “Se nace, no se hace” parece ser la excusa que se busca para justificar el inmovilismo y la comodidad y seguridad aparente con nuestro “yo soy así”.

Con lo que, tengamos claro, que las habilidades se aprenden. De hecho, ¿cómo hemos llegado a ser cómo somos?, a través de nuestras experiencias de cada una de las áreas de nuestra vida. Probando por ensayo y error, reflexionando, observando a quienes admiramos, poniendo en marcha pequeñas acciones, que luego conjuntadas, han formado una gran habilidad. Lo que nos cuesta, a veces, es darnos cuenta de que nuestro aprendizaje se lleva originando en cada minuto de nuestra vida. Si miramos hacia delante, hacia el líder que nos queremos convertir, necesitaremos, intencionalidad (para acelerar el proceso y no dejarlo al libre albedrío) y cambio, posiblemente de pautas de comportamiento que tenemos muy arraigadas, porque en algún momento funcionaron. Ahora ya no funcionan, y podemos empeñarnos en ser un muro o empeñarnos en ser una puerta.

Todo esto conlleva entonces, que el líder, no solo realice un aprendizaje de técnicas de comunicación y motivación para liderar bien, sino que necesita llevar a cabo un proceso de aprendizaje y transformación personal para conseguir ese crecimiento profesional significativo.

Más que nunca, hoy, el mercado, los clientes, necesitan “engancharse” con la empresa que contratan, y si no conseguimos que nuestro equipo rebose resonancia emocional, no lo vamos a conseguir. Afortunadamente, ya hay empresas cuya cultura se basa en el liderazgo emocional. Y no añado, “teniendo en cuenta resultados”, porque, va incluido en el lote. A mayor compromiso e implicación, mayores resultados.

Así que, cuestiones clave sobre liderazgo emocional serían:

Desenterrar mitos como: “Mi estado de ánimo como líder no importa, yo controlo y sé lo que tengo que hacer” o “soy muy inteligente” o “la gente que vale se crece con presión constante” o “si obtienen resultados ya les mostraré emoción y nos contagiaremos todos”.

Ser sinceros con nosotros mismos y cuestionémonos preguntas como:

¿Inspiro a los demás? ¿El qué y cómo?

¿Genero confianza  y positividad en el futuro de nuestro proyecto?¿ ¿Cómo?

¿Genero conexiones racionales y emocionales con los miembros de mi equipo? ¿Cómo?

¿Perciben que me importan? ¿En qué lo notan?

¿Soy coherente y sincero conmigo mismo? ¿En qué lo perciben los demás?

Detectar nuestras señales de alarma y las de nuestro equipo

– Construir una visión con gran fortaleza

– Conocer a fondo nuestro valor y nuestro potencial, así como los de nuestro equipo.

– Soñar para llevar a la acción, no para dejarlo como una bonita utopía.

– Generar resonancia

Sé que puede costar, pero repito,

“¿te empeñarás en ser un muro o te empeñarás en ser una puerta hacia la resonancia?” 

No busques recetas mágicas en un coach. Tú creas tu desarrollo personal y profesional.

La búsqueda de recetas mágicas en un coach para conseguir un desarrollo personal y profesional, es un hábito todavía frecuente en las consultas que suelo atender. Tanto si el interlocutor se plantea una mejora profesional como personal, es frecuente encontrar que las personas pueden estar inmersas en diversas situaciones como:

– Conflicto emocional.

– Desestabilización de relaciones personales o laborales.

– Crisis personal o profesional.

– Desarrollo de marca personal con motivo de un cambio de trabajo elegido o no.

– Desarrollo de liderazgo.

– Optimización de resultados del equipo.

– Desarrollo de relaciones comerciales.

– …

Y es al inicio de las conversaciones donde se intercambia información, sobre la percepción del problema y la metodología de trabajo,  el momento en el que ocurre un primer descubrimiento.

¿Entonces no me vas a ayudar a hacer lo correcto?

¿No tienes un solución que incluya unos pasos concretos para poner en marcha?

¿No me vas a decir lo que tengo que hacer para recuperar esta situación…?

Pero yo quiero que me asesores lo que es adecuado…

LA RESPUESTA ES NO.

Y flaco favor, estaría yo haciendo a nadie, si la respuesta fuera afirmativa, porque como coach y como persona, no soy nadie para decirte lo que tienes que hacer. Además sabemos que los cambios impuestos no son sostenibles en el tiempo.

Resumiendo, lo que en otras ocasiones hablamos sobre qué es un coach y un proceso de coaching, destaco nuevamente conceptos como:

1) El coach tiene la responsabilidad de facilitar el camino del participante desde:

-su voluntad para evolucionar

– sus creencias y valores

– su realidad

– sus ilusiones y expectativas

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2) El desarrollo personal y profesional con un coach es posible porque el proceso realmente pone a disposición del participante/s:

– una visión más amplia de su entorno y de las consecuencias que sus conductas están teniendo

– una visión más integradora de sí mismo o del equipo, desde lo que se comparte o desde los valores y el potencial que se tiene

– unas cuestiones de reflexión que les proporcionan mayor comprensión y momentos de ¡eureka!

– feedback claro, constructivo y útil de lo que ocurre

– descubrimientos

– la creación contigo de un plan de trabajo para crear nuevos hábitos para nuevas necesidades

– las claves de su voluntad de cambio

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Entonces, como coach, no debo, no puedo, no quiero, no te ayuda, darte recetas mágicas:

Primero, porque no las hay.

Segundo, porque lo que una persona le funciona, a otra, puede que no.

Tercero, porque tú eres el resultado de tus aprendizajes, y el proceso de coaching lo que va a hacer, es potenciarlo.

Cuarto, el equilibrio y bienestar personal de alguien se origina en la satisfacción de elecciones sobre su persona y sobre su entorno; decirle a alguien lo que tiene que hacer, es asesorarle sobre la base de que hay algo correcto y adecuado, y algo que no lo es.

Quinto, es hora de que asumas la responsabilidad de tu bienestar, equilibrio, mejora, superación, desarrollo personal o profesional.

Y este último punto es el que más me preocupa, porque parece que estemos asumiendo una serie de conductas que poco nos ayudan a encontrar quiénes somos y quiénes queremos ser y asumir la responsabilidad de ello:

Dependencia: sin quererlo algunas personas están encadenándose a su pareja, familiares, superiores, etc., para establecer la adecuación o no de su persona, la corrección o no de sus comportamientos. De esta forma, ponen por encima a aquella persona de la que dependen emocionalmente para aparentemente sentirse bien consigo mismos. Cuando a la larga, ven que están convirtiéndose en un calco del que dependen y no se sienten igual de bien que aquella persona de la que dependen, entran en un nuevo estado de desequilibrio y malestar. ¡Es imposible vivir, crecer profesionalmente con los esquemas y actuaciones de otros! Porque tú, eres tú y el otro, es el otro. Dos identidades igual de valiosas con el mismo derecho a ser únicas.

Locus de control externo: Creer que lo que me ocurre, mi felicidad y bienestar, mi evolución como persona o profesional, no depende de mi, y depende de otros factores externos a mi sobre los que no tengo ninguna capacidad de actuación, nos limita y nos deja en un estado de indefensión total. Es cierto, y sabemos en lo más recóndito de nosotros, que hay cosas sobre las que podemos actuar y otras sobre las que puede ser más difícil tomar decisiones. Ahora bien, puede resultar más cómodo momentáneamente creer que nada depende de nosotros, y que somos el resultado de nuestro pasado y nuestras circunstancias. ¡Tú creas la mayoría de tus circunstancias.! La cuestión es si te atreves.

Idealización / Reconocimiento de dominio: Asumir que hay alguien que sabe más que yo, que hay alguien más sabio que yo, que hay alguien mejor que yo, es una falacia que nos limita nuevamente como personas y como profesionales. Si piensas un momento en aquellas personas que te hicieron sentir que tú valías en algún momento de tu vida, descubrirás que han sido personas que han dejado de lado su protagonismo, para inspirarte y provocar lo mejor de ti. No son personas, que te digan que “como ellos son más sabios y mejores, tú tienes que ser igual”. Las personas somos diferentes y ahí es donde radica nuestro valor. La interacción con personas de valor sí que puede hacer que seamos mejores, pero mejores que nosotros mismos, no que los demás.

Referencias irreales: Como consecuencia de lo anterior, se produce una idealización de una persona o grupo que se convierte en referencia para nosotros. Un estado, sentimiento o posición al que querríamos aspirar y no podemos llegar. Este punto ideal, está totalmente compuesto de presuposiciones irreales y anticipaciones emocionales que estamos asumiendo desde una perspectiva de observador. Olvidamos que no todo es cómo parece, que lo que puede deslumbrarnos desde fuera, también puede tener sus sombras y su sufrimiento o camino interior que nosotros queremos saltarnos. Queremos la luz, sin haber generado la energía interior suficiente para producirla.

Así pues, tanto si es con un coach como si no, para desarrollarnos personal o profesionalmente, necesitamos primero desprendernos de estas “visiones irreales” sobre lo que realmente implica crecer como persona o como profesional. Recordemos entonces que:

– Nadie que te acepte incondicionalmente y respete tu valía, te dirá lo que tienes que hacer. El coach no da recetas.

– Tú tienes el mismo derecho y capacidad de generar tu energía y tu destello. El coach lo potencia, te ayuda a descubrirlo, entiende qué te está ocurriendo y conoce las bases psicológicas que hacen que hayas llegado a dónde has llegado. A partir de tu persona generará el descubrimiento de varios caminos posibles en los que tú elegirás.

– Correcto e incorrecto, son dos extremos que nos limitan. El coach habla de enfoques / conductas que tienen unas consecuencias, y enfoques / conductas que tienen otras consecuencias. No son buenas o malas. Son diferentes. Descubrir cuál es la que te hace sentir mejor, es el objetivo al que tiene que prestar atención un coach.

– Nadie está por encima de nadie, ni siquiera un coach. El coach no ayuda desde una posición superior, sino desde una posición cercana, a tu lado. Cierto es que tiene otras capacidades y experiencias diferentes a las tuyas. Aprovechar tu valor y su valor, es lo que te puede ayudar a potenciar tu desarrollo personal o profesional.

– Las recetas “mágicas” son mágicas porque tú las creas, porque vienen de ti, porque a ti te sirven, porque son tus herramientas y son los recursos, que tú aprendes para ser una persona diferente, un profesional diferente. El coach provocará que encuentres tus propias “recetas”, tus propios recursos.

¿Todavía andas buscando la receta mágica?

¿De verdad, te fiarás de las recetas mágicas?

La solución a tu evolución pasa afortunada e irremediablemente por ti. Contigo.

Cómo tus trampas psicológicas bloquean tu felicidad y tus logros

Trabajando desde los casos de coaching personal que habitualmente me llegan, me llama la atención la frecuencia con que están presentes determinadas trampas psicológicas. Estas trampas personales y subjetivas, totalmente, impiden a las personas alcanzar o mantener su equilibrio personal o profesional, así como sus objetivos.

He aquí algunas de ellas:

  •  No me creo nada de las palabras bonitas que me dicen, no estoy consiguiendo resultados, con lo que no soy bueno o el mercado está imposible. No hay nada que hacer

Es frecuente en estado de ánimo bajos y prolongados que alguien se pueda sentir así. El entorno nos afecta y la forma en cómo evaluamos nuestro valor también. Pero cuidado, hay veces que ponemos un termómetro tan preciso para evaluarnos, que polarizamos totalmente nuestras interpretaciones. Parece que si no tenemos ese resultado concreto que tanto ansiamos no somos nada.  Esta polarización y estas “gafas” con las que nos miramos nos están haciendo perder “visión” de nosotros mismos y de nuestra realidad.

En este caso puedes o no creerte un feedback positivo sobre tu persona o perfil profesional (doy por supuesto que un buen feedback vendrá de personas que no nos dicen palabras fáciles y sin fondo). El problema es que ¡no lo aprovechas! Si no estamos consiguiendo los resultados que queremos, puede ser que:

–  Al no creer en nosotros hayamos dejado dormidas nuestras fortalezas y no las estemos poniendo en marcha realmente.

– Puede ser que nuestros resultados haya que redefinirlos porque en muchas ocasiones, sobre todo en lo que se refiere al mercado laboral, estamos esperando un resultado concreto que en el actual mercado es difícil que se de, por ejemplo del tipo: “quiero que una empresa me contrate con este sueldo y ya casi por tiempo ilimitado, no quiero cambiar más”. Si, es posible que pueda ocurrir pero no sé si es probable en ya muchos sectores, con lo que ¿y si nos redefinimos?

Ir contracorriente es creativo y genial pero ir en contra de la realidad, ¿lo es?.

  • Lo que yo pienso deber ser así porque así, lo he creído durante toda mi vida, y es lo que me ha ayudado a llegar donde estoy.

Nadie dice que no hayan sido valiosos y exitosos los valores y comportamientos que hasta el momento actual hayamos puesto en marcha. Ahora bien, son numerosos los casos en los que esta creencia tiene un límite en nuestra trayectoria vital. Bien porque no funciona, bien porque no se valora ya en nuestro entorno, bien porque no nos hacen sentir bien las consecuencias que hemos asumido de tener esa máxima en nuestras vidas.

Has llegado hasta aquí hoy pero ¿te servirán los mismo recursos para llegar donde quieres mañana?

  • Manejar cómo me siento es muy difícil teniendo en cuenta lo que los otros me hacen a mí. Yo soy así y me siento así, no lo puedo evitar

Esta parece ser la eterna pugna personal que tenemos con nosotros mismos tanto en ámbitos personales, sociales o laborales. Los demás me hacen esto y esto otro pues ¿cómo me voy a sentir? Además suele ser fuente de conflictos de todo tipo generando un subidón de las emociones negativas que se retroalimentan así mismas, confirmándonos cosas como ¿ves lo que me están haciendo? ¿cómo no me voy a sentir así?

¿Realmente te sientes así porque eres así o porque esto te ayuda a evitar otras cosas? ¿Manejas tus emociones negativas o las alimentas?

  • Es tarde para mi, tengo 40/50 y tantos y no puedo competir con los jóvenes.

¿Qué es tarde? ¿Qué es pronto? ¿Realmente me lo puedes decir?

Será tarde cuando tú hayas tirado la toalla, cuando tú hayas renunciado a tus sueños, cuando tú hayas renunciado a ti mismo/a. El tiempo no lo indica una fecha en el calendario y nuestro carnet de identidad. Ahora bien, si te vas a comparar con los demás, y te vas a comparar con otras personas que no son comparables a ti, la respuesta será siempre la misma: “no puedo, no soy mejor”.

¿Quieres seguir comparándote? No se trata de ser mejor o peor que otros, se trata de ser diferente.

  • Si me he implicado en varios proyectos/trabajos y después de unos años no estoy satisfecho, es que me he equivocado y me sigo equivocando.

Equivocarse, ¡que riesgo de palabra!. ¡Pero también que oportunidad para aprender! A lo mejor a lo largo del tiempo has cambiado, a lo mejor a lo largo del tiempo tu alrededor ha cambiado. A lo mejor ver el pasado como una equivocación no te ayuda, porque compararnos a nosotros mismos con lo que éramos hace quince años, genera disonancia y ¡menos mal que la genera! Esa disonancia es nuestro indicador para ver que hemos evolucionado.

Así que, realmente ¿te equivocaste o has cambiado y no te das cuenta?

  • Lo he hecho todo “bien” me he responsabilizado de mi familia, de mis hijos, de mi trabajo, de mi….. y nada me sale bien.

Responsabilidad, ese concepto que nos puede hacer sentir muy satisfechos o muy saturados. De la responsabilidad sana a la responsabilidad insana hay un paso muy pequeño. Y de ahí, al control para tranquilizar nuestro bienestar y nuestras inseguridades hay otro paso pequeño y resbaladizo.

Si el grado e implicación de nuestra responsabilidad nos muestra indicadores que no nos hacen sentir bien, a lo mejor estamos haciendo que todo pase por nosotros, que todas las soluciones dependan de nosotros, que todo el bienestar de las personas más cercanas pasen por nosotros y esto es insostenible en el tiempo. Y además genera dependencias en todas las direcciones, con lo que los resultados al final no se corresponden con lo que queríamos.

 ¿Tu responsabilidad es sana?

  • No puedo más. He hecho lo imposible por agradar a todos y siguen exigiéndome. Nunca es suficiente lo que hago.

Agradar constantemente a otros hace que nos perdamos en el camino, y además, acostumbramos a los demás a una incesante lista de requerimientos que hay que cumplir, y que cada vez, esta lista es más y más larga. Por otro lado, esta búsqueda infinita de cumplimiento con el agrado de los demás hace que lleguemos a un estado de agotamiento emocional que efectivamente nos hace expresar “no puedo mas”.

Claro que estamos agotados, ¿y tú? ¿dónde estás tú?

  • Si lucho y lucho muy fuerte, cuando lo consiga todo estaré tranquilo/a.

Luchar es elogiable, admirable, todo lo que queramos, nos permite superarnos y afirmar nuestra valía. Ahora bien, cuando no podemos sentirnos, ni vivirnos, ni disfrutar en esa lucha, entramos en una espiral que nunca acaba. Esta espiral nos hace mirar el final, como la meta de nuestras satisfacciones, alegrías y equilibrios internos. La realidad es que no hay una situación ideal que llegue y todo esté controlado y bajo unas condiciones determinadas. Si esperamos a que cambiemos/encontremos trabajo, los hijos se hagan mayores, el mercado mejore, etc…. ¡se nos va a pasar la vida!

¿Quieres perdertela? Cuidado con la eterna promesa que te haces a ti mismo/a.

He aquí algunas de las trampas psicológicas con las que las personas conviven en el día a día. Detectadas en los proceso de coaching personal, y con un arduo trabajo interno, no lo vamos a negar, las personas salen de estos auto boicoteos que sin darnos cuenta se asumen. Detectarlos es la primera fase, y la segunda, darse cuenta de que están limitando nuestra realidad y nuestras posibilidades.

Todos estos casos tienen en común una sola cosa para poder superarlos y salir de esas auto trampas:

¿Quieres salir de tu trampa o estás cómodo en ella?

Tu rutina de no talento. Infografía.

Recordamos la importancia de evitar la “rutina de no talento”.

De forma gráfica y y más ligera (para estos días de calor 😉 ), pero no con menos claves, identifica si has entrado en tu rutina y qué puedes hacer para salir de ella. Las vacaciones son un buen momento para ser consciente de dónde ha estado nuestro talento en los último meses.

rutina de no talento

Artículo original: entra aquí

Coaching para vacaciones, si te apetece.

Las vacaciones son un buen momento para muchas cosas, pero sobre todo para cuidarnos, disfrutar y reponer fuerzas. Para dar lo mejor de nosotros mismos, de nuestro talento, necesitamos permitirnos periodos de “estar totalmente out”.

Os deseo lo mejor en estos días de verano, sea que estéis a punto de disfutar de las vacaciones o que las hayáis disfrutado ya, cualquier momento libre es bueno para retomar esos momentos de disfrute y descanso. ¡Aprovechadlos al máximo!

En esta ocasión, os dejo unas pequeñas reflexiones veraniegas, que ¿por qué no? pueden servirnos para ser conscientes de nosotros mismos y de lo que queremos de aquí en adelante.

 

Coaching vacaciones

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