Quizá tu problema no es la desmotivación

“No tengo ganas de hacer nada, no me apetece implicarme como lo hacía antes”. La desmotivación suele verbalizarse conectada a la parálisis de los comportamientos habituales de la persona. Así se suele dejar de hacer lo que antes se hacía, tanto a nivel social, familiar, laboral o personal. 

Es una expresión bastante común que me encuentro en las sesiones de coaching. Y compruebas, que de repente la persona a dejado de disfrutar con lo que antes disfrutaba, se aísla socialmente, y busca distraerse con actividades que no le reportan nada. Con lo que la desmotivación aumenta. 

Lo primero, revisa si es realmente desmotivación

 Frecuentemente cuando exploro con el cliente de coaching, lo que hay detrás de esa “desmotivación”, me encuentro que no es ese el problema. La motivación es la fuerza y el “por qué”  de una persona que se implica en un hábito o meta. Realmente, podríamos decir que una persona desmotivada, no tiene o no ha descubierto su “motivo o porqué”. Cuando sientes la motivación, para mí la razón por la que quieres hacer algo, te organizas, implicas y caminas hacia la meta que quieres conseguir. Y además sueles encontrarte el “cómo lo harás”, bastante definido y claro. 

Ahora bien, como decía, al explorar en las conversaciones de coaching con los clientes, ves que sus motivos están intactos. Son realmente chulos y disfruta (o ha disfrutado) con ellos. Son motivos coherentes con sus valores, intereses y satisfacciones personales. De hecho esta motivación suele ayudar a:

  • Caminar hacia las metas personales y profesionales.
  • Comprometernos en hábitos saludables.
  • Ser activos en las decisiones que requiere la meta.
  • Persistir en un esfuerzo continuado hacia la meta, ocupándonos de los obstáculos que encontramos.
  • Concentrar nuestra mejor energía en conseguir la meta.

¿Entonces, qué pasa?, ¿no es desmotivación lo que a veces expresamos?

En ocasiones vale la pena revisar tú “por qué” y tu “para qué”. Si no tienes definido tu propósito, es posible que sí sea desmotivación, y es importante trabajar en ello.

Ahora bien, en la perspectiva que quiero enfatizar hoy, puede que te encuentres que tu propósito está intacto, y aún así te has paralizado por algo. Ese “algo”, me gustaría resaltar hoy, está posiblemente asociado a un desequilibrio emocional. Es decir, las emociones con las que te encuentras en tu camino al propósito son difíciles para ti, o te has encontrado con algunas emociones no resueltas, que te impiden avanzar. Sientes ese desequilibrio emocional y necesita que le prestes atención. 

Segundo, revisa si lo que te falta practicar es la inteligencia emocional

Se nos olvida fácilmente que las emociones difíciles como el enfado, la decepción, la tristeza, el rechazo, el miedo… son inherentes al ser humano. No podríamos vivir sin ellas, ya que nos protegen y nos guían. Sin embargo, muchas personas siguen con la creencia que no deberían sentir estas emociones. O incluso, que es horrible sentirlas. En cuyo caso, suelen evitarlas o distraerse de ellas.

La Inteligencia Emocional es la capacidad del ser humano de manejarlas, regularlas en intensidad, descubrir qué hay detrás de ese mensaje del cerebro. Todas las emociones son alertas. A veces, son alertas muy satisfactorias como la alegría, satisfacción, afecto,… y otras, son alertas para informarte de que algo falta, no va bien, o estás pasando por alto.

Las emociones más difíciles (comúnmente llamadas negativas aunque no lo son) también nos proporcionan:

  • Feedback sobre la seguridad que sentimos en determinado entorno o con determinadas personas.
  • Nos impulsan a la acción y a tomar decisiones.
  • Ayudan a explorar nuevos comportamientos para afrontar mejor una situación.
  • Potencian la comprensión de lo que es valioso o no en las relaciones y en nuestra vida. 

Y recuerda, el desequilibrio emocional que generan es justo la señal de alerta, la campana, que te avisa, de que necesitas tomar decisiones emocionales. 

Tercero, estás reprimiendo o evitando tus emociones

El patrón de evitación de emociones, realmente, está muy extendido. Y causa, sí o sí, desequilibrio emocional. Solo hay que ver la cantidad de mensajes que recibimos presencial y digitalmente relacionados con:

  • Mira hacia adelante, no pienses en el pasado.
  • Sé feliz, es lo importante.
  • Chic@ no es para tanto, ya es suficiente, para de sentirte así.
  • Desecha lo malo, quédate con lo bueno.

¿Te suenan?. Todos estos mensajes, realmente son incompletos y responden al criterio de quedarnos con recetas rápidas para ser feliz. También, a la creencia de que no haciendo caso a la emoción, desaparecerá. Es común, que las personas que sienten alguna emoción difícil y la comparten con otros, reciban mensajes tipo: “chic@ disfruta de lo bueno que tienes, no le des importancia a eso”. Realmente, en estos mensajes se descubre también, que esa segunda persona tiene dificultad en prestar atención a emociones difíciles, sean de uno mismo o de otro. Y así desarrollamos ciertas premisas sobre las emociones, que tienen un gran coste emocional en sí mismas:

  • Las emociones difíciles (negativas) son malas y es horrible sentirlas.
  • No debes compartir lo que sientes si es negativo o difícil.
  • Di siempre que estás bien, cuando te pregunten, y procura distraerte.
  • Lo importante es trabajar, cuidarte físicamente, y cumplir con tus obligaciones familiares y sociales. Lo que sienta no es importante.
  • Aleja de ti las personas tristes, enfadadas, con miedo…, que no te quiten energía.

No sé si viéndolo así escrito, te reconoces en algo, o reconoces a alguien, pero si te paras a ser consciente de lo que implica vivir con estas premisas, pues… ¡Evitando emociones difíciles estás haciendo todo más difícil! 😉

Cuarto, acepta y regula las emociones más difíciles para dar luz verde a tu motivación

La capacidad para regular las emociones se refiere al proceso por el cual las personas influyen en sus propias emociones, cuando las sienten y en cómo las experimentan. La regulación emocional puede ser automática o controlada, consciente o inconscientemente puede tener impacto en uno o más puntos del proceso emocional.

Gross, 1988

Entonces aquí está la clave, hacer todo lo posible por ser conscientes de las emociones, comprender cuál es el mensaje para ti y regular la intensidad de las mismas. De esta forma podrás elaborar un comportamiento o decisión que te permita afrontar la situación de la forma más adecuada para ti.

No es lo mismo sentir enfado, que odio. La primera puede permitirte descubrir mucho sobre ti y tomar decisiones al respecto. El odio suele inundar todo lo que haces, piensas y sientes. Y los sientes con tal intensidad que es muy difícil, por no decir imposible, tomar perspectiva sobre cómo afrontar la situación o la persona que tú has procesado que te lo causa. 

La consciencia emocional te permite afinar lo que sientes. Tengo muchos clientes cuya expresión emocional, se limita a “me siento bien/me siento mal/ me gusta/no me gusta”. Sólo es práctica de verdad. Y es importante profundizar en nombrar la emoción más ajustada, más definida, más concreta para averiguar qué te ocurre, y cómo puedes resolverlo. 

Ocúpate de tu desequilibrio emocional

Aplicar la inteligencia emocional, no es un proceso rápido, aunque sí más fácil, cuando tienes práctica. Saber aplicar estrategias que nos ayuden también es importante como:

  • Re-evaluar como estás interpretando, procesando la situación, puede ayudar mucho a elegir dónde y cómo quieres posicionarte ante lo que estás viviendo.
  • Practicar la auto-calma. Trabajar tu habilidad para ser compasiv@ contigo mismo, respirar, cuidarse…
  • Control de foco de atención. Saber si estás creando una imagen sesgada de lo que vives y lo que te ocurre, poniendo foco solo en lo negativo y perdiendo otras perspectivas o datos. 
  • Aceptación incondicional de quién estes y de lo que sientes.
  • Practicar con más frecuencia un enfoque apreciativo de ti mism@, de las situaciones y de las personas. 

Conclusiones

  • Diferencia si sientes desmotivación o estás sintiendo emociones que no te gustan o no aceptas.
  • Revisa tu nivel de inteligencia emocional en este momento.
  • Comprueba que no estás evitando sentir algo que realmente te está bloqueando. 
  • Acepta y regula cualquier emoción. Es lo que te permite protegerte y afrontar la situación.
  • Pide ayuda profesional si este proceso emocional te está costando mucho resolverlo.

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