Decir «NO» en tus vacaciones

Algunos nuevamente ya han llegado a este periodo ansiado de vacaciones donde su talento necesita descansar.

Otros, lo harán en breve. En todo caso, ya conocemos los riesgos de no descansar. Hoy, para recordarlo, sólo quisiera hacer hincapié en un par de cosas:

– Prepárate para tus vacaciones. Sí, sí. Para esto también es recomendable prepararnos. De hecho a la mayoría de la gente, le cuesta unos días, después del primer día oficial de vacaciones, sentir que realmente están en su periodo de descanso. Así que, no te olvides: para que tu talento sea mejor, necesita descansar, regenerar emociones, y desconectar.

– Uno de las capacidades claves para disfrutar de tu periodo de descanso es decir «No» a unos cuantos hábitos. ¿Lo has pensado? ¿Te preparas para ello?

Aquí os dejo unas cuantas sugerencias:

Decir no en vacaciones

 

 

Un saludo 🙂 y que disfrutes con tu ¡NO!

Gracias por compartir tu tiempo conmigo, pero si estás de vacaciones, no estés mucho tiempo aquí ¿vale? 😉

Cómo tus trampas psicológicas bloquean tu felicidad y tus logros

Trabajando desde los casos de coaching personal que habitualmente me llegan, me llama la atención la frecuencia con que están presentes determinadas trampas psicológicas. Estas trampas personales y subjetivas, totalmente, impiden a las personas alcanzar o mantener su equilibrio personal o profesional, así como sus objetivos.

He aquí algunas de ellas:

  •  No me creo nada de las palabras bonitas que me dicen, no estoy consiguiendo resultados, con lo que no soy bueno o el mercado está imposible. No hay nada que hacer

Es frecuente en estado de ánimo bajos y prolongados que alguien se pueda sentir así. El entorno nos afecta y la forma en cómo evaluamos nuestro valor también. Pero cuidado, hay veces que ponemos un termómetro tan preciso para evaluarnos, que polarizamos totalmente nuestras interpretaciones. Parece que si no tenemos ese resultado concreto que tanto ansiamos no somos nada.  Esta polarización y estas «gafas» con las que nos miramos nos están haciendo perder «visión» de nosotros mismos y de nuestra realidad.

En este caso puedes o no creerte un feedback positivo sobre tu persona o perfil profesional (doy por supuesto que un buen feedback vendrá de personas que no nos dicen palabras fáciles y sin fondo). El problema es que ¡no lo aprovechas! Si no estamos consiguiendo los resultados que queremos, puede ser que:

–  Al no creer en nosotros hayamos dejado dormidas nuestras fortalezas y no las estemos poniendo en marcha realmente.

– Puede ser que nuestros resultados haya que redefinirlos porque en muchas ocasiones, sobre todo en lo que se refiere al mercado laboral, estamos esperando un resultado concreto que en el actual mercado es difícil que se de, por ejemplo del tipo: «quiero que una empresa me contrate con este sueldo y ya casi por tiempo ilimitado, no quiero cambiar más». Si, es posible que pueda ocurrir pero no sé si es probable en ya muchos sectores, con lo que ¿y si nos redefinimos?

Ir contracorriente es creativo y genial pero ir en contra de la realidad, ¿lo es?.

  • Lo que yo pienso deber ser así porque así, lo he creído durante toda mi vida, y es lo que me ha ayudado a llegar donde estoy.

Nadie dice que no hayan sido valiosos y exitosos los valores y comportamientos que hasta el momento actual hayamos puesto en marcha. Ahora bien, son numerosos los casos en los que esta creencia tiene un límite en nuestra trayectoria vital. Bien porque no funciona, bien porque no se valora ya en nuestro entorno, bien porque no nos hacen sentir bien las consecuencias que hemos asumido de tener esa máxima en nuestras vidas.

Has llegado hasta aquí hoy pero ¿te servirán los mismo recursos para llegar donde quieres mañana?

  • Manejar cómo me siento es muy difícil teniendo en cuenta lo que los otros me hacen a mí. Yo soy así y me siento así, no lo puedo evitar

Esta parece ser la eterna pugna personal que tenemos con nosotros mismos tanto en ámbitos personales, sociales o laborales. Los demás me hacen esto y esto otro pues ¿cómo me voy a sentir? Además suele ser fuente de conflictos de todo tipo generando un subidón de las emociones negativas que se retroalimentan así mismas, confirmándonos cosas como ¿ves lo que me están haciendo? ¿cómo no me voy a sentir así?

¿Realmente te sientes así porque eres así o porque esto te ayuda a evitar otras cosas? ¿Manejas tus emociones negativas o las alimentas?

  • Es tarde para mi, tengo 40/50 y tantos y no puedo competir con los jóvenes.

¿Qué es tarde? ¿Qué es pronto? ¿Realmente me lo puedes decir?

Será tarde cuando tú hayas tirado la toalla, cuando tú hayas renunciado a tus sueños, cuando tú hayas renunciado a ti mismo/a. El tiempo no lo indica una fecha en el calendario y nuestro carnet de identidad. Ahora bien, si te vas a comparar con los demás, y te vas a comparar con otras personas que no son comparables a ti, la respuesta será siempre la misma: «no puedo, no soy mejor».

¿Quieres seguir comparándote? No se trata de ser mejor o peor que otros, se trata de ser diferente.

  • Si me he implicado en varios proyectos/trabajos y después de unos años no estoy satisfecho, es que me he equivocado y me sigo equivocando.

Equivocarse, ¡que riesgo de palabra!. ¡Pero también que oportunidad para aprender! A lo mejor a lo largo del tiempo has cambiado, a lo mejor a lo largo del tiempo tu alrededor ha cambiado. A lo mejor ver el pasado como una equivocación no te ayuda, porque compararnos a nosotros mismos con lo que éramos hace quince años, genera disonancia y ¡menos mal que la genera! Esa disonancia es nuestro indicador para ver que hemos evolucionado.

Así que, realmente ¿te equivocaste o has cambiado y no te das cuenta?

  • Lo he hecho todo «bien» me he responsabilizado de mi familia, de mis hijos, de mi trabajo, de mi….. y nada me sale bien.

Responsabilidad, ese concepto que nos puede hacer sentir muy satisfechos o muy saturados. De la responsabilidad sana a la responsabilidad insana hay un paso muy pequeño. Y de ahí, al control para tranquilizar nuestro bienestar y nuestras inseguridades hay otro paso pequeño y resbaladizo.

Si el grado e implicación de nuestra responsabilidad nos muestra indicadores que no nos hacen sentir bien, a lo mejor estamos haciendo que todo pase por nosotros, que todas las soluciones dependan de nosotros, que todo el bienestar de las personas más cercanas pasen por nosotros y esto es insostenible en el tiempo. Y además genera dependencias en todas las direcciones, con lo que los resultados al final no se corresponden con lo que queríamos.

 ¿Tu responsabilidad es sana?

  • No puedo más. He hecho lo imposible por agradar a todos y siguen exigiéndome. Nunca es suficiente lo que hago.

Agradar constantemente a otros hace que nos perdamos en el camino, y además, acostumbramos a los demás a una incesante lista de requerimientos que hay que cumplir, y que cada vez, esta lista es más y más larga. Por otro lado, esta búsqueda infinita de cumplimiento con el agrado de los demás hace que lleguemos a un estado de agotamiento emocional que efectivamente nos hace expresar «no puedo mas».

Claro que estamos agotados, ¿y tú? ¿dónde estás tú?

  • Si lucho y lucho muy fuerte, cuando lo consiga todo estaré tranquilo/a.

Luchar es elogiable, admirable, todo lo que queramos, nos permite superarnos y afirmar nuestra valía. Ahora bien, cuando no podemos sentirnos, ni vivirnos, ni disfrutar en esa lucha, entramos en una espiral que nunca acaba. Esta espiral nos hace mirar el final, como la meta de nuestras satisfacciones, alegrías y equilibrios internos. La realidad es que no hay una situación ideal que llegue y todo esté controlado y bajo unas condiciones determinadas. Si esperamos a que cambiemos/encontremos trabajo, los hijos se hagan mayores, el mercado mejore, etc…. ¡se nos va a pasar la vida!

¿Quieres perdertela? Cuidado con la eterna promesa que te haces a ti mismo/a.

He aquí algunas de las trampas psicológicas con las que las personas conviven en el día a día. Detectadas en los proceso de coaching personal, y con un arduo trabajo interno, no lo vamos a negar, las personas salen de estos auto boicoteos que sin darnos cuenta se asumen. Detectarlos es la primera fase, y la segunda, darse cuenta de que están limitando nuestra realidad y nuestras posibilidades.

Todos estos casos tienen en común una sola cosa para poder superarlos y salir de esas auto trampas:

¿Quieres salir de tu trampa o estás cómodo en ella?

¿Cómo te comportas ante los conflictos?

 

Aceptar y respetar la diferencia es una de esas virtudes, sin las cuales la escucha no se puede dar.

Paulo Freire

El valor del conflicto y de la discrepancia nos permite, tal y como comentamos en «yo te llevaré la contraria»:

– asegurarnos de nuestro valor

– reorientar nuestro valor

– ampliar nuestra visión

– el primer paso hacia el cambio

– contar con la mirada del otro

– aprender a hacerlo diferente

– a potenciar nuestro valor

– descubrir nuevos mundos

– comunicar una señal de alarma

-expresar la intención y necesidad de que queremos que algo cambie y que algo se mantenga

Desafortunadamente hemos aprendido durante mucho tiempo, por educación, cultura…, y lo seguimos haciendo, que el conflicto es «algo malo», porque además nos «pone de los nervios», nos altera, nos hace sufrir y no nos gusta sentirnos mal. De hecho, este «razonamiento emocional», es decir, «con esta relación, situación o persona me siento mal…entonces esto no es bueno y debo evitarlo», es una de las creencias racionales que más causan problemas, y que más impiden ser resolutivos en situaciones de discrepancia y conflicto.

Este razonamiento emocional del que hablamos nos refuerza nuestra creencia de que tenemos la razón o lo sabemos todo… y además nos evita, nos salva una vez más, de aprender a gestionar nuestras reacciones emocionales, sobre todo las negativas.

En la mayoría de los conflictos en los que participo dentro de una empresa, o entre dos personas que tienen algún tipo de relación hay, entre otros, dos elementos comunes:

Lo que más les molesta  a los implicados es la «otra persona» en sí misma.

Casi, casi podríamos decir que los implicados se «han olvidado» de la fuente del conflicto o del problema real, y han entrado en una espiral de juicios de valor personales en la que nada de lo que hace la otra persona les parece bien. Además, se permiten interpretar los comportamientos del otro, siempre en clave, claro, de «es mala persona», «no es normal», «es egoísta», «es prepotente»…y toda clase de «piropos personales».

– La solución por la que optan es evitar cualquier interacción con esa persona a toda costa y defender, a capa y espada, su posición. Además la culpa es del otro.

La creencia menos productiva más firme llegados a este punto, es considerar que mientras el otro no cambie, nada va a cambiar. La responsabilidad de la situación es siempre del otro. Esto ocurre porque el estado emocional en que se encuentra este participante del conflicto, le impide considerar que pueda tener ningún impacto sobre el otro. Y esto no es así. La comunicación e interacción es bidireccional, ambas partes se influyen para bien o para mal. Lo que se nos olvida y no vemos es que si cambiamos algo de nuestro comportamiento tendrá un impacto posiblemente más constructivo en el otro.

Y lo que lo que necesitamos entonces es:

Evitar juicios, sobre todo personales, y gestionar mi propia reacción emocional

– Solucionar basándonos en un resultado final acordado cuyo criterio de validez, no pase ni por mi ni por ti, sino por la necesidad del cliente externo o interno, o del beneficio y satisfacción de las partes implicadas.

¿y tú que haces ante los conflictos?

¿la responsabilidad la sitúas en el otro?

¿sabes manejar primero tus recursos personales?

¿Positividad? sí, y ¿aprendes también a manejar tus emociones negativas?

 

¿Qué haces con tus emociones negativas?

La actitud positiva es clave para superarnos, afrontar cambios y para aprender a priorizar nuestra felicidad y equilibrio personal. De hecho hablamos también, en un post anterior de la relación que tiene con la productividad personal y empresarial.

productividad positividad 2

Ahora bien, el manejo de las emociones negativas, también es una tarea pendiente, que en ocasiones puede dejarse de lado consciente e inconscientemente. Este hecho multiplica a medio o largo plazo las crisis personales o profesionales, las interacciones negativas en ámbitos personales, sociales o profesionales y como siempre que se nos olvida «trabajar» nuestro interior, la factura emocional es alta.

Tanto en casos de crecimiento personal como profesional, detecto casos en los que se ponen en marcha una serie de  «técnicas poco productivas» a largo plazo para aparentemente sobrellevar, que no manejar y afrontar, nuestras emociones negativas. Son casos como:

Reaccionar con comportamientos y verbalizaciones agresivas cuando alguien me «molesta» en un equipo o en una reunión. Comportamiento que poco a poco se generaliza a cualquier tipo de contexto e interacción. De esta forma, muy probablemente la persona tenga que aumentar cada vez más estas acciones para superar la situación creando una sensación de que «todo el mundo está contra mi». Este comportamiento también convierte a la persona en el punto de mira de todos, y con un protagonismo mayor que la situación inicialmente que causaba desagrado.

Hacer como que la situación o la persona no me importa, desvalorizarla, entrar en estado de «anestesia emocional»,  son algunas de las reacciones que vemos en las interacciones personales y de equipos. Este comportamiento genera una «falsa realidad» en la que la persona deja de tener uno de sus pilares personales sin las estructuras adecuadas. Genera a medio o largo plazo, insatisfacción, desánimo,  indefensión aprendida y un compromiso cada vez menor con sus prioridades y responsabilidades vitales o profesionales, que hace tambalear su equilibrio personal.

Evitar al mínimo o totalmente hablar o reunirme con determinada persona o estar presente si quiera en determinada situación personal o profesional, es el ejemplo claro de otro caso en el que no se están manejando adecuadamente las emociones negativas. Este comportamiento elimina cualquier posibilidad de superación del conflicto o de la situación, que nos causa estrés emocional, y acaba por generalizarse y ampliarse, a cualquier situación o persona que identifiquemos con características similares a la original. Podemos dejar de participar en cada vez más actividades que nos limitan nuestra experiencia vital o profesional.

Estos casos responden a las siguientes técnicas:

Confrontamiento: intentos de solucionar directamente la situación mediante acciones directas, agresivas, o potencialmente arriesgadas.

Distanciamiento: intentos de apartarse del problema, no pensar en él, o evitar que le afecte a uno.

Huida-evitación: intentos de centrarse en cualquier otra actividad o situación que no se asocie o sea la que causa malestar.

Realmente, la inteligencia emocional nos proporciona un enfoque mucho más constructivo, que se basa en responsabilizarse de nuestras emociones negativas, tanto en la aceptación y reconocimiento de las mismas, cómo en las acciones que vamos a implementar para resolverlas, y conseguir nuestra meta emocional en la situación que nos estaba desagradando con intensidad.

Mantener en general una actitud positiva en la vida y en todos nuestros contextos vitales, es clave y necesario para saber aprovechar y potenciar lo mejora de cada uno y de cada situación. Esto nos impulsa a crear nuevas posibilidades y nuevas experiencias. Tan importante como esta última visión es alimentar nuestros recursos personales, de forma que da igual la situación que tengamos que afrontar, hemos desarrollado hábitos para manejar inteligentemente nuestras emociones. Para ello, necesitamos primero:

– Reconocer la emoción negativa.

– Plantearme cómo me gustaría sentirme en esa situación.

– Identificar cual es el motivo de mi sentimiento.

– Revisar o desarrollar nuevas acciones internas para resolver la emoción que quiero cambiar.

Parecen pasos lógicos, pero no por su claridad son menos complejos (para cada uno). Requieren de un esfuerzo personal por asimilar, «masticar» como digo en ocasiones, estos cuatro aspectos. Por mi experiencia profesional, compruebo que no se suele tener estos hábitos tan desarrollados como pensamos, porque suelen requerir de esfuerzo, decisión y voluntad. Suele ser mas fácil sobrellevar las inquietudes negativas, poniendo en marcha alguna de las tres técnicas indicadas al principio. Y cuanto más las mantenemos en el tiempo, más difíciles son luego de resolverlas de una forma más válida y constructiva. Se puede pero se sufre más.

Es tremendamente constructivo evitar pensar que lo tenemos todo claro, que nos conocemos mucho y que «somos así», para aprender cada día a lidiar con nuestras emociones y recursos personales. Aquí os dejo un breve cuento que puede hacernos pensar:

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¿Desbordas sabiduría o aprendes? 😉

¿Confrontas, te distancias o huyes de tus emociones negativas?

¿Manejas tus emociones negativas?

No esperes a «tu propia crisis profesional o personal»

¿Para qué esperar a sentirte «fundido en negro»?

Si hay algo que caracteriza a algunos de los clientes que acuden a un proceso de coaching profesional o a un proceso de desarrollo personal, es que están en una situación de desesperación personal o profesional. Han aguantado mucho tiempo o muchas situaciones, o muchas interacciones negativas en su trayectoria vital y no pueden más.

Aún así, es un mérito digno de reconocimiento el pedir ayuda en ese momento, ya que aunque cueste un poco más la recuperación emocional, una vez decidido, la persona entra un «camino de baldosas amarillas» que le abre un mundo de posibilidades y de nuevas herramientas personales o profesionales, que le permiten vivir con mayor satisfacción y seguridad.

Ahora bien, no deja de preocuparme el estado emocional negativo en el que han entrado y que en la mayoría de los casos, ha superado sus recursos y energía personal.

Son indicadores muy claros, síntomas como:

– Dormir peor o menos.

– Sensación de cansancio continuado.

– Aumento de síntomas de ansiedad o cronicidad de los mismos, con lo que nos acostumbramos a vivir en un estado de «alteración continuada».

– Reacciones emocionales difícilmente controlables.

– Dudas sobre la propia valía.

– Dudas sobre pilares como la familia, entorno social o laboral.

– Pérdida de confianza en los demás.

– Desánimo o falta de ilusión.

– Sensación de «darse contra un muro» continuamente.

– Esquemas mentales aprendidos que no están obteniendo los resultados que anteriormente conseguían.

– Baja calidad o disfrute de cualquier tipo de relación.

– Incapacidad de valorar lo positivo de las personas o situaciones que se viven.

– Sensación de indefensión aprendida.

– Sensación de alerta continuada.

– Muestra de actitud defensiva continuada.

Y algunos síntomas más… que pueden estar presentes incluso durante años.

De esta manera, cuando varios de estos síntomas nos acompañan durante mucho tiempo, entramos en una espiral, que nos hace pensar, que bueno, ésta es una situación normal, cuando no lo es. Hemos entrado en nuestra «rutina de no talento personal». Esto afecta a nuestro rendimiento y satisfacción personal, con lo que es necesario, darse cuenta de que «algo no va bien».

Las personas necesitamos evolucionar paralelamente a las nuevas situaciones o interacciones que vamos viviendo. Es clave, pues, no esperar a que se produzcan verdaderas situaciones de crisis, ya que, sí, es cierto:

– “El exceso de compromisos es la ruina de las personas que tienen muchas opciones buenas”.

– “Nuestros compromisos más vinculantes son, por lo general, el resultado de las pequeñas decisiones que tomamos cada día, demasiado pequeñas para que nos fijemos en ellas”.

– “Las crisis suelen obligar a replantearse muchos aspectos vitales, porque obligan a elegir

Ahora bien, para mantener un «equilibrio personal» sano en nuestra trayectoria vital, sería fácil poner algunos remedios como:

Dedicarse habitualmente un tiempo y espacio para uno mismo, en el que «sentirse y pensarse».

Estar alerta sobre como me siento con mi vida o algún aspecto concreto de la misma.

Detectar si estoy poniendo «engaña-excusas» que me permiten soportar la situación: no tengo tiempo, no soy prioritario, cuando acabe esto o lo otro, cuando pase…, tengo que trabajar, cuidar de mi familia…, ahora en los tiempos que corren debo esforzarme más y dejarme de tonterías…

Compartir con alguien cómo me siento.

Realizar una consulta a un buen profesional, aunque no decidas en el momento.

– Replantearse cual es tu verdadera prioridad en la vida.

– Dedicarme tiempos de ocio, casi, casi poniéndolo en la agenda.

– Buscar momentos para «vivir, disfrutar y respirar» realmente.

En definitiva, tomar las riendas de lo que ocurre, lo que se siente y lo que quiero para mi y mi alrededor. Si los síntomas mencionados anteriormente se han «instalado» en nuestra persona ¡haz algo!  y si están con nosotros ya, durante mucho tiempo, ¡no esperes más! No necesitas, no mereces, entrar en un momento de «crisis personal o profesional». Todo tiene solución pero si podemos evitarnos un proceso de desgaste emocional intenso, mejor que mejor.

Entonces ¿qué haces?

¿»te atreves a buscar nuevos campos o sigues viviendo tu silenciosa desesperación»?

Reflexión, autoexigencia y respeto: talentos excelentes vs talentos en declive

 Por muy difícil que sea nuestro entorno…»Tú eres en gan medida responsable de quién eres»

Hay ocasiones en que me hierve la sangre cuando escucho y veo a mi alrededor, y otras en que me siento muy pequeña, pero feliz de vivir experiencias, que te hacen inclinarte ante determinadas personas.

Empezaremos por aquello que me asusta, me pone los pelos de punta y me entristece. Ayer murió asesinada a tiros la diputada del partido del PP de León.  No suelo, utilizar este blog para temas políticos y sociales, es posible que haya mejores sitios y mejores profesionales que se dedican a esto  y que aporten más valor que yo, a los acontecimientos sociales.

No voy a entrar ni siquiera en el tipo de partido al que pertenecía, ni cómo era, ni siquiera sobre su trayectoria. Lo siento, me da exactamente igual. El caso es que la han asesinado, así a tiros, como si nada. Mi primera reacción, fue ¿qué? ¿por qué? e intenté buscarle posibles explicaciones basadas en el estado de ánimo de la sociedad en general. No para justificarlo, todo lo contrario, sino para entender, y ver qué motivo puede haber para que una persona llegue a ese extremo. En ningún caso está justificado, al menos para mi el asesinato. Ahora bien, una vez recibida más información, y una vez leído todo lo que se estaba publicando en las diversas redes sociales y una vez, escuchadas las primeras opiniones verbales que me llegaron, me quedé atónita de nuevo y casi más que al escuchar la noticia.

Resulta que existe gente, existen personas cuyos primeros pensamientos y expresiones sobre esta noticia fueron:

– Los políticos se tienen que dar cuenta de lo que hacen y esta es la única manera.

– Se lo merecen

– Me da igual ha vivido demasiado bien…

– No tengo respeto por quien no lo merece…

Perdonarme la informalidad, pero ¡alucino!, ¿a qué estamos jugando? ¿en qué nos estamos convirtiendo? ¡que han matado a alguien así sin más! Que lo siento, pero cuando mostramos un comportamiento tan agresivo con alguien, estamos convirtiéndonos en el mismo tipo de persona o peor que la que estamos criticando… Que si pensamos así, no estamos respetando, no estamos pensando,o ni estamos mostrando la clase de valores que se dice defender. Para defender cualquier valor, sea respeto, honestidad, sinceridad, etc… lo primero es demostrarlo. Así no vamos a ningún sitio, y me da mucho miedo de verdad, que la sociedad esté alimentando este tipo de sentimientos y de ideas… ¿estamos en declive? Sobre todo porque a veces a la gente se le llena la boca diciendo una y otra vez, lo que es y lo que no es, pero a la hora de la verdad, no actúa como nada de lo que dice.

Repito que no soy una experta en temas sociales ni políticos, y a veces, me da igual, para eso están los profesionales. Trato de razonar las cosas y verlas desde un enfoque de reflexión y respeto.

Menos mal, que afortunadamente también podemos encontrar personas que piensan de otra manera y luchan todos los días para cambiar el mundo. Sobre todo, empezando por ellos mismos. Es el caso de Nadal. Todos, estoy segura, habremos visto su juego, leído todos los artículos que hay sobre él, etc. En este caso pido permiso para centrar nuestra atención sobre el campeonato que ganó en Mutua Madrid Open. No hablaré hoy sobre toda su trayectoria, sino sobre un gesto, una acción que me pareció loable después de un partido que le llevó a la gloria y en el que supo poner de manifiesto su autoexigencia, su respeto y su reflexión.

Nadal ganó, no hay duda, su trabajo anterior en el campeonato fue bueno, pero este partido en concreto tenía un «sabor agridulce», que podía haberse guardado, que podía no haber sentido, pero lo hizo.

Tanto el lenguaje no verbal como el verbal, en estas declaraciones y desde que se retiró Nishikori, mostraban alegría y tristeza, consciencia sobre cómo he jugado, como está mi oponente, y … esta forma de ganar no me gusta. Casi diría que le costó alegrarse por su victoria.

Por si no escuchásteis las primeras declaraciones (entra en la imagen o en el enlace):

 

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Nadal: «Lo siento por Nishikori, en el primer set me pegó una paliza»

Nadal muestra:

– Respeto y comprensión hacia la situación y hacia el otro

– Empatía

– Reflexión

– Regula sus emociones y las convierte en constructivas

– Agradece

– Es sincero consigo mismo en cuanto al valor aportado en el partido y el valor del otro.

– Reconoce «su paliza» y empieza a desarrollar expectativas realistas sin «nubes»

– Excelente cuando reconoce: «intento dar lo máximo y lo mejor de mi cada semana, pero el máximo que a veces doy, no es el máximo que he podido dar en mi carrera». Es decir, hoy he dado lo máximo que he podido pero sé que he dado más y mejor y puedo dar más. Tengo mayor capacidad, pero hoy no la suficiente.

– Genial: «hay que acostumbrarse a pelear con lo que uno tiene cada día» y «lo más importante es prepararme para los siguientes torneos»

Sin palabras, me inclino.

Y es que hoy después de estas dos reflexiones y ejemplos tan dispares sobre comportamientos sociales, he querido destacar tres valores que considero cruciales actualmente: Reflexión, autoexigencia y respeto. Yo, personalmente, creo que no sé vivir sin ellos.

La reflexión como hábito nos permite conocernos y conocer a los demás. Nos permite «trabajarnos» y mejorar. Nos permite ser conscientes de nuestras prioridades y fortalezas, y nos permite identificar aquello en lo que podemos mejorar. (Cuanta gente veo en mi trabajo diario, que no es consciente de quién es y que va reaccionado como apagafuegos ante los acontecimientos, en vez de reorientar, priorizar y actuar conscientemente. Este hecho acaba por pasarle una factura emocional considerable)

Esta reflexión sana, nos lleva a ser exigentes con nosotros mismos y nos empuja a aprender, crecer y seguir creando nuestro equilibrio personal y profesional. Y es aquí, cuando uno se conoce, invierte en su mejora, lidia con sus propias dificultades cuando surge el respeto por los demás. Pero sin ese «trabajo» anterior de reflexión y autoexigencia, en ocasiones, es difícil que llegue el respeto, por uno mismo y por los demás.

¿Está esta sociedad dejando de reflexionar y reaccionando como apagafuegos de sus propios miedos?

¿Estamos utilizando el ataque a los demás como defensa, en vez de alimentar nuestra propia fortaleza como personas y que ésta sea nuestra mejor arma, para construir con los demás?

¿Cuánta sensibilidad y respeto estamos perdiendo en la interacción con nuestro entorno social, laboral y familiar?

¿De verdad que no nos creemos que construir, motiva e impulsa más, que destruir?

No somos como Nadal, ni creo, vamos a liarnos a tiros, pero …

¿Cómo están siendo tus interacciones diarias?

¿Estás alimentando tu dieta de excelencia, empezando por ejemplo con la autoexigencia, reflexión y respeto?

Déjate sonreír… ¡te lo mereces! :-)

En breve tienes tiempo y espacio para ti

¿te lo vas a permitir?

Me gustaría que no tuviera que recordarnos nadie que podemos permitirnos descansar. Por eso hoy voy a ser muy breve. Espero que no se os olvide y estos días próximos que tenéis, os deis todo lo que os merecéis que seguro que es mucho. Apenas unas notas:

Tu talento puede renovarse con claves sencillas para ser mejor; en definitiva ¡disfruta hasta del mínimo detalle!

Diviérte y genera diversión

Aprovecha porque ese tiempo de descanso no vuelve ¿lo vas a dejar pasar?

Permítete:

  1. No saber qué hora es ni a qué hora vas a hacer algo
  2. Decir no lo sé y esto no me apetece
  3. Hacer lo que te apetezca
  4. Dejar de pensar en preocupaciones y obligaciones y si no tienes más remedio, limita el tiempo que le vas a dedicar
  5. Decir Sí o NO, según te apetezca
  6. Buscar a tus amigos y familia
  7. Jugar a lo que sea…
  8. Vagabundear por el monte o la playa
  9. Respirar
  10. Sonreír
  11. Hacerle a alguien cosquillas
  12. Abrazar porque sí
  13. Tomar el sol o la sombra
  14. Conversar
  15. Dormir
  16. Leer algo que no sea de trabajo ni de estudio
  17. Contemplar tu alredor
  18. Escuchar y escucharte
  19. Pedir y dar
  20. Todo lo que quieras añadir 😉

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¿Aceptas la invitación? 😉

Yo necesito sentirlo ¿tú no?: talento con pasión

¿buscas sentir pasión en lo que haces?

Sí decididamente, es algo que me pasa con mucha frecuencia y es como una droga que necesito para considerar que las cosas que hago, las estoy haciendo lo mejor que sé, de la mejor manera que puedo aportar. De hecho si no encuentro el punto de sentirlo, me preocupo….

Como ya vimos en ese «talento que hace lo que le da la gana», sentir lo que uno hace es crucial, primero para uno mismo, y después, para que ese talento realmente aporte valor al receptor.

Podríamos explicarlo con conceptos como la inteligencia emocional, teoría de emociones, recuerdo sensorial etc., pero hoy no quiero hacer esto. Quiero sencillamente hacer una reflexión práctica de lo clave que es para mi «sentir lo que voy a hacer» y la forma de potenciarlo (por si puede servir).

Unos ejemplos sencillos en la fase de preparación de:

– Una charla o clase

– Una sesión de coaching

– Una reunión con un cliente

– Una reunión en un proyecto de colaboración

En todos estos casos y como comentamos en otra ocasión, fijaros que empiezo ya con la fase de preparación que es clave. En dicha fase, yo me centro en:

– Cual es el objetivo del trabajo

– Cuáles son los conceptos clave para llegar al otro

– Cuál es el proceso que debo seguir no para mí, sino para que el otro se implique

Cómo lo voy a conseguir

– Posibles dificultades que pueden surgir

Este proceso es bastante racional y permite combinar lo que yo sé que puedo aportar de valor, con el perfil, expectativas y necesidades del otro. Cuando tengo todo esto claro, hago un proceso de interiorización que me permite «sentir» lo que voy a hacer, que aproximadamente:

Implica un tiempo voluntariamente buscado, en el que, los requerimientos técnicos que me exijo están «tranquilos» pues los he trabajado anteriormente, y puedo centrarme en:

  • previsualizar mi actuación
  • anticipar la emoción de mis receptores o el «punto emocional» en el que se encuentran
  • dejarme llevar por cómo me voy a sentir y cómo quiero que se sientan los demás
  • provocar mi recuerdo sensorial (capacidad que tenemos todos de sentir emociones y sentimientos sin estar viviendo en ese momento la situación o estímulo que nos causa la emoción)
  • asociar cada momento clave de mi charla, reunión, etc., a una emoción que quiero transmitir

Este proceso permite asentar, asimilar, deglutir tu propia actuación, intervención, comunicación, etc., y te proporciona:

– Crear un hábito en el que eres fuente de tus propios resultados y emociones

Regular tus emociones ante la situación que necesitas resolver como posibles frenos o miedos

Potenciar tus recursos personales en cantidad «suficiente» para que te emoción sea lo suficientemente «inteligente» para crear el clima adecuado en la situación que te ocupa

– Llegar a una gran conexión empática con la situación, en la que no sólo comprendemos cómo se siente el otro, sino que sientes cómo siente el otro, desde su propio perfil, no el tuyo.

Así pues, no concibo, realizar cualquier actividad de mi trabajo en la que yo no lo sienta primero. Generar emociones en los demás requiere de qué tú lo sientas primero. Las cosas fáciles, o las que nos gustan desde siempre, posiblemente sean fáciles de sentir. No obstante, todos sabemos que tenemos situaciones que nos cuestan más, que pueden ser más tensas, que no nos gustan tanto, etc… y la clave aquí es:

¿estás trabajando para sentir?

¿es un hábito en ti sentir para que sientan?

¿te limitas a los requerimientos técnicos de tu trabajo?

¿se nos olvida que confiamos en las personas y trabajamos con los profesionales?

Raramente se genera confianza sin una emoción positiva 😉

Reiniciando emociones: importante

Estrés, enfado, tristeza…¡eh!

¿reinicionamos emociones?

Recuerdo una vez, que fui a visitar a un nene, que de normal estaba siempre muy sonriente. Nos veíamos poco, pero era siempre muy sociable y sonriente. No sé por qué, ese día cuando entré, toda sonriente para saludarle… ¡hola guapo! 🙂 , estaba llorando 🙁 a todo pulmón, y se me quedó mirando mi cara… y siguió llorando, porque… noooo, buaaahhh, él estaba llorando. Punto.

En ese momento, se me ocurrió hacer una tontería que funcionó. Cambié mi cara inmediatamente a menos alegre, pero tranquila, y le dije suavemente: Vale, no te preocupes, sé que lloras, pero si quieres…vuelvo a entrar y empezamos de nuevo. Te digo hola y entonces nos saludamos, y nos damos un beso grande vale?

El nene, se me quedó mirando, paró un poco su llanto, pero me seguía mirando como ¿y ésta, qué dice ahora?

Inmediatamente, salí por la puerta y desaparecí. Volví a entrar de nuevo con la cara alegre, y le saludé con un gran ¡HOLA!, acercándome a él para darle un beso y un abrazo. ¡¡Y, maravilla, el nene sonrió! 🙂

Fue genial :-). A partir de ahí ya empezamos a hablar y jugar, como si nada, supercontento.

Lo más genial, es que es uno de esos hechos que te ocurren, que siempre recordaré porque… ¡narices! (perdón) ¿¡es tán fácil!?

Cuantas veces, en el día a día, se nos tuercen las emociones, por motivos más o menos justificados (no lo dudo), pero continuamos todo el día, semana, mes… con el mismo «llanto» con el que hubiera seguido este nene. ¿y si hiciéramos como en esta anécdota? ¡¡seguro que puedes!!

A veces, «reiniciar» es una buena idea, porque:

– nadie dice que tus motivos de tristeza o enfado no sean legítimos y dejarlos aparcados un rato, tampoco le quita relevancia

– esperar eternamente a que llegue el momento ideal para ser feliz o sonreir… es… (creo que ya lo sabes)

– en ese momento, si seguimos así, nadie más que nosotros, se pierde la siguiente sonrisa, la siguiente interacción, la siguiente buena idea…

– tenemos más poder del que creemos para hacernos sonreír a nosotros mismos y a los demás (¡sino mira que mi idea fue tonta…!, pero resultó)

– la cantidad de energía y desgaste que generamos para mantenernos en un estado emocional negativo es enorme

– la cantidad de beneficios que genera una simple sonrisa es increíble

– llevarnos la contraria nos produce ese «click» para el cambio

Así que, hoy,  como las imágenes valen más que mil palabras, solo alguna cuestión más y un video para añadir a mi anécdota. Espero que puedas extraer enseguida tus propias conclusiones:

¿tú, a qué esperas?

¿cuantas veces podrías haber hecho así?

Talentos protagonistas ¿de quién dependen?

¿eres protagonista?

Podríamos añadir a estas claves que me vienen hoy a la cabeza el «con o sin ayuda», dependerá de ti y de otros factores. Tanto valor hay en pedir ayuda, como en organizarse para la autosuperación y el aprendizaje. No obstante, la clave principal reside en ti, porque con ayuda pero sin ti, tampoco conseguiremos nada. Así que puedes:

– decidir quién eres y cómo mostrarte al mundo

prepararte y superarte

– buscar tu diferenciación

– gestionar un alto porcentaje de tu tiempo

– disfrutar y centrarte en aquellos que te hacen feliz

– poner prioridades en tu vida

– seguir tus valores y/o crear nuevos

– mejorar en la gestión de tus interacciones

– captar la atención de alguien

– decidir en qué quieres invertir tiempo y energía

– establecer caminos que no quieres tomar

– establecer y crear caminos que quieres

– verte como una víctima o como un luchador

– parar, acelerar o desacelerar cuando te apetezca

– depender, abandonar o tomar  las riendas de tu vida

aprender

– decidir en qué te quieres comprometer

– mostrar lo mejor de ti

aceptar que tenemos cosas que mejorar

– ser lo suficientemente exigente contigo y con los demás para conseguir superación

organizarte para llegar a todo

permitirte no llegar a todo

– darte permisos en general

abandonar, seguir o reorientar la situación

– decidir qué te importa y qué no

– asumir las consecuencias de tus decisiones

– llamar la atención sobre lo que te molesta o lo que te ilusiona

– centrarte en los posibles

compartir o reservarte

– ser responsable de ti

P.D. Los extremos de «yo solo puedo hacerlo todo» o de «yo no puedo hacer nada» pueden causar efectos secundarios, que requerirán, entonces sí, irremediablemente ayuda de un profesional. El consumo moderado de tu «yo» y una actitud protagonista en la vida te ayudarán enormemente en tu equilibrio y felicidad.

Tus pies son tuyos ¿los diriges?

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