Te duele, y menos mal que sientes ese dolor

Te duele y mucho. Parece que cada cosa que haces cuesta un mundo, y que parte de tu vida ha perdido el sentido. Lo siento mucho, de verdad, pero

¡»Te duele, y menos mal que sientes ese dolor»!

Los comienzos y los finales de las estaciones (verano, invierno…), del año, etapas vitales en general, parece que son una explosión de emociones para muchas personas. Es frecuente que los psicólogos recibamos más casos en algunas épocas del año, que tienen como denominador común, una intensa emoción difícil de sobrellevar por las personas que lo experimentan.

Las emociones con las que se encuentran estas personas, habitualmente son etiquetadas como dolor, pena, tristeza, pérdida de significado vital, falta de ilusión, ansiedad….

Ejemplo de casos:
  • Relaciones de matrimonio o pareja, en la que hay un pequeño detonante que hace saltar las alarmas de una forma tan potente que la relación se rompe.
  • Relaciones laborales que terminan generando una gran desánimo. Este sentimiento se ve multiplicado por algunas situaciones cotidianas, más o menos negativas, a las que damos un gran peso y que conforman un sentimiento de que todo va mal, y que la vida es muy difícil, o no tiene sentido.
  • Cambios laborales que generan un estrés por encima de lo normal y que desestabilizan el equilibrio personal y profesional de los protagonistas, dudando intensamente de si son buenos profesionales o no.
  • Descubrirse en un momento vital en el que sientes que no estás satisfecho, que no sabes si el esfuerzo vale la pena y que como consecuencia, se entra en un estado de bloqueo continuo y extrapolable a casi todas las áreas de la vida (familiar, social, personal…)

En todas estas experiencias inunda la tristeza y el dolor, y en ocasiones empieza un ciclo de rechazo y odio hacia otras situaciones o personas, o incluso uno mismo, que genera mayor tristeza y dolor, y así en un círculo vicioso que parece difícil de romper.

La tristeza y el dolor que lo acompaña, se une a la sensación subjetiva de haber experimentado algún tipo de pérdida: muerte, enfermedad, divorcio, separación, abandono, expectativas no cumplidas…

En todos estos casos, me he encontrado estrategias, que no funcionan, pero que las personas ponen a su disposición. Algunas de ellas son:
  • Pensamientos negativos obsesivos.
  • Búsqueda de culpables.
  • Represión del llanto.
  • Foco en datos subjetivos, que no objetivos, para explicar cómo «debería» ser la situación y no es.
  • Sentimientos de culpa y valoraciones propias de negatividad y «maldad». No he sido buena esposa/o, buen profesional, buen hijo/a…
  • Creencia de que no encajas en este mundo.
  • Expectativas de que los demás «deberían» darnos lo que nosotros damos…

Mucho me temo, que todo esto no funciona y alarga el malestar, la tristeza y el dolor. Con estas estrategias se entra en un estado en el que sólo estas emociones existen. Es importante, recordar que hemos de vivir, lo necesitamos, alternado periodos de alegría y tristeza, de vivencias positivas y negativas, de compartir y de aislarnos, porque las emociones negativas nos alertan, ¡no lo olvidemos!, de que algo no va bien. En cada uno está el poder prestarles atención en cantidad y calidad suficiente.

Y es en ese punto, en el que necesitamos empezar a trabajar. No sin antes permitirnos:

Reconocer la emoción y darle nombre.

Darnos el tiempo necesario para elaborar nuestra pérdida.

Respetar que ahora necesitamos un ritmo distinto.

Acompañarnos de personas que sepan estar ahí, «estando y sin estar» presentes físicamente.

Espacios de silencio y soledad.

Llorar si es necesario.

Verbalizar nuestros sentimientos.

Combinar el foco continuo hacia uno mismo con el foco en el exterior.

Cuando estas personas se permiten escuchar sus emociones y asumir la responsabilidad de resolverlas de manera que sean más adaptativas y útiles, descubren inicialmente, como en los casos que he tenido que:

  • Estaban aguantando una situación de maltrato.
  • Habían creado una relación de protector-protegido que nada tiene que ver con el amor de pareja.
  • Han pasado gran parte de su vida en un segundo plano, priorizando siempre a los demás en detrimento propio.
  • Pueden hacer muchas más cosas que antes ni se planteaban.
  • Su situación ha cambiado y ellos no.
  • Tienen tanto valor como cualquier otra persona.
  • Hay más vida y más emociones.
  • Tienen posibilidades.
  • No son menos por sentir lo que sienten.

Son sólo algunos ejemplos, de descubrimientos iniciales que realizan estas personas, como tú y como yo, que gracias a que han decidido invertir en sus «emociones alarma» han podido empezar a sentirse mejor, a comprender, a elaborar nuevas estrategias y a seguir adelante.

Cualquier etapa o momento vital es bueno para crear consciencia de lo que nos ocurre, hablar con nosotros mismos, conocer nuestras emociones y aprender a vivir con ellas, no contra ellas. Instalarse como «ocupa» en tus emociones no te ayudará, darles la mano un tiempo sí te permitirá que el paseo sea más constructivo.

¿Serás un ocupa en tu malestar?

emociones

 

 

Esa soledad que no encuentras o que te asusta

La soledad es la nada. Es tristeza. Es cómo si no existieras, como si no vivieras.

Estas eran las palabras de una cliente en una de las sesiones de desarrollo personal en las que estaba participando para superar determinados retos personales, el principal, la ansiedad.

¿Soledad? no sé lo que es. No tengo tiempo. Soy el gerente de una importante área de negocio, tengo familia y obligaciones y esa es mi vida.

Estas eran las palabras de un gerente en una de las sesiones de coaching. Palabras que adelantaban que se había pasado la vida cumpliendo retos y obligaciones. Actualmente estaba en un momento de crisis personal en la que no se encontraba a sí mismo y sentía una gran insatisfacción.

Esa soledad que no encuentras o que te asusta

Es curioso como la palabra «soledad» cuanto menos nos inquieta y son pocas las personas que la viven como algo que forma parte de la vida, que es un «derecho emocional»  y que nos puede reportar muchos beneficios.

La soledad es más una experiencia subjetiva que un estado que dependa de elementos externos.

En los casos de mis clientes que expresan con sus propias palabras lo que sienten con el concepto de soledad, nos encontramos:

  • El miedo a estar solo. Es el miedo a no saber que te vas a encontrar sobre ti mismo. A menudo, se esconde detrás la creencia absoluta de que sólo somos alguien si recibimos atención e interacción de los demás. De esta forma pensamos que sólo con los demás se define nuestro valor, y somos esa persona, que define su identidad mediante la relación con los demás. Estas creencias nos llevan a necesitar, no querer, sino necesitar, estar siempre con alguien. En la interacción con los demás construimos nuestra identidad, pero no es la única forma.

Cómo consecuencia la persona trata de llenar su vida con una pareja (qué más o menos nos llevemos bien y nos haga compañía), con actividades compartidas que llenan todas las horas de su día, con más horas de trabajo y reuniones…

Cuando este objetivo de «no estar solo» no se cumple, la persona siente una profunda ansiedad y desesperación, causada por la dependencia emocional de la atención de los demás. Estando en soledad, su fuente de autoestima e identidad se ha desvanecido.

En el segundo caso, encontramos:

  • Vida repleta de actividad. Han sido muchos los casos, sobre todo de directivos, en los que me he encontrado que sin ser muy conscientes de ello, determinados profesionales han guiado su vida por un sinfín de obligaciones y retos. Primero estuvo el reto de los estudios, después el primer trabajo, ya de gran responsabilidad, a continuación la creación de una familia, la promoción profesional interna o externa que conllevaba grandísimos retos y resultados que conseguir… Un largo camino de retos en los que se ha perdido la identidad de la persona, porque ha sido sustituida por una identidad «correcaminos». Casi como, un «no sé dónde voy pero voy, porque sé que puedo».

A diferencia del caso anterior, no se es consciente del miedo a estar solo, porque hay otras prioridades, pero tampoco se es consciente del derecho emocional a la soledad.

En otros casos podemos también observar:

  • Sentirse solo en compañía de otros. En este caso la persona no se atreve a ser ella misma por temor al rechazo, al juicio o la agresividad. Trata de comportarse de una forma socialmente aceptable, pasando desapercibida y no generando ningún impacto, ni positivo ni negativo. A largo plazo, la persona tenderá a aislarse, a sentirse insegura e incomprendida y a crear miedo en las relaciones con los demás.
  • Soledad forzosa o sentimiento de abandono. Normalmente es consecuencia de un cambio en la relación con los demás siendo impuesta por la otra persona. Se percibe como un castigo y no se asume. Se inician conductas obsesivas para llenar el vacío de la persona que ya no está, tratando de liberarse de esa emoción negativa y huyendo de cualquier situación que implique soledad.

Entonces, ¿hemos de afrontar, evitar o vivir la soledad?

Sin duda saber vivir la soledad. Es curioso como se tiende a recomendar que las personas tienen que afrontar la soledad y hacer multitud de actividades, buscar personas nuevas, etc…

El objetivo de estas recomendaciones es lícito si además sabemos estar solos con nosotros mismos.

Saber vivir la soledad implica:

  • La única persona que va a estar contigo 24h al día eres tú, así que es muy sano emocionalmente aprender a conocerse, quererse y soñar.
  • Para dar lo mejor de nosotros mismos, para ser los mejores profesionales se necesita ser consciente de lo vivido y recolocar de forma voluntaria nuestras prioridades para ser feliz.
  • Escuchar continuamente a los demás, hace que no escuches al protagonista principal, tú.
  • Los espacios sanos de soledad permiten ser más creativos.
  • Darle valor a tus gustos, intereses, preferencias, reflexiones…
  • Recargar pilas. Nuestro cerebro y nuestro corazón necesita desconectar y cargarse nuevamente de energía que provenga de nosotros mismos.
  • Saber reconocer nuestros propios logros y aprendizajes.
  • Procesar y digerir las experiencias, las vivencias, los problemas, y la toma de decisiones con claridad.
  • Dirigir nuestra capacidad de concentración desde nuestras necesidades al resto del mundo.
  • Aumentar la confianza en uno mismo como fuente de autoestima, haciéndola más sólida y menos vulnerable a ataques externos.
  • Encontrar tus propias respuestas.
  • Ejercer tu derecho emocional a estar contigo mismo.

¿y tú sabes vivir tu soledad?

3 decisiones voluntarias de cambio para pensar

Parece que no, pero las emociones de los primeros 15 días del año, pueden darnos grandes pistas a cerca de las prioridades de reflexión en los próximos meses. ¿Cómo te ha ido a ti? ¿Estás prestando atención consciente a lo que pasa a tu alrededor y a cómo te afecta? ¿Estás haciendo tu análisis?

He tenido oportunidad de intercambiar reflexiones con una veintena de personas, ultimamente. Esto es lo que me he encontrado:

¡Me voy!

Expresión intensa de cambio que me sigue dejando admirada y preocupada a la vez. Admirada, porque sé lo que cuesta esa decisión. Preocupada porque el entorno de dónde una persona decide irse, posiblemente haya dejado escapar un activo valioso que no ha podido o sabido fidelizar. Sí, estamos hablando incluso en este momento, de profesionales que habiendo llegado a su punto máximo de agotamiento emocional, deciden irse. Posiblemente de la empresa que les ha visto crecer como profesionales. La edad media suele ser de unos 40-50 años, tanto hombres como mujeres. Ellos han tenido una conversación consigo mismos y con su entorno personal, y han decidido que el resto de vida que tienen por delante quieren vivirlo de forma diferente.

Es curioso además como aproximadamente la mitad de las personas con las que he tenido estas conversaciones, están pensado seriamente en cambiar totalmente de rumbo profesional. «No quiero seguir haciendo lo mismo, me lo imagino y me deprimo». Los hay también, que están muy satisfechos con su perfil profesional y aman su profesión. Y lo único que buscan es un proyecto y entorno diferente. Un proyecto, que de nuevo les ilusione, y les permita desarrollar todavía más su potencial.

En ambos casos, ¡mi más sincera enhorabuena por decisión tan valiente!. En ambos casos, impulsados además por la energía emocional que provocan las decisiones, están aprovechando ayudas externas. Bien que les proporciona la empresa de la que salen, a través de procesos de outplacement,  o bien las buscan voluntariamente. En este caso, han detectado algo a lo que no están acostumbrados. Este nuevo hábito por desarrollar es común en las personas en este momento vital:  «no estoy acostumbrado a escucharme ni a pararme a pensar qué quiero, ni te sabría decir ahora mismo qué me haría feliz, sé que no quiero lo que tenía, pero no sé cómo llegar a lo que quiero».

¡No quiero seguir así con mi equipo, ni conmigo mismo!

Decía así un responsable de equipo en su empresa. Y es que fuera de seguir luchando, y discutiendo, y enfadándose, se ha parado a pensar que en su equipo pasa algo. Piensa que su forma de liderar, no está encontrando la fórmula para sacar el máximo potencial de los miembros de su equipo. Concretamente este líder ha detectado que el equipo:

  • invierte muchas energías en la queja y en la crítica hacia los demás
  • no se sienten equipo
  • están más preocupados por ver quién hace de menos o de más, en vez de colaborar internamente
  • la coordinación con otros departamentos de la empresa es una lucha continua agotadora
  • hay un ambiente negativo
  • estas interacciones poco constructivas están impactando en los resultados
  • el propio líder ha sufrido agotamiento emocional en el último año

Pero, nuevamente, la decisión voluntaria de cambiar las nuevas experiencias de los próximos meses, y el paso de empezar por sí mismo a desarrollar nuevas formas de liderar, le va a permitir reflexionar sobre sus actuaciones hasta el momento, descubrirse como líder,  y establecer un plan de acción para el cambio suyo y de su equipo. ¡Fenomenal!

¿Tengo derecho a protegerme entonces?

Cuando alguien te habla así, después de algunas reflexiones que le haces sobre sí mismo, sabes que ha estado sufriendo mucho, y que ha puesto sus prioridades y necesidades emocionales por debajo, muy por debajo, de las de los demás.

Aproximadamente igual eran las expresiones de otras personas que han estado viviendo una situación emocional «poco sana, pero aparentemente feliz» y no se han dado cuenta del coste, hasta que han experimentado y han hecho balance, de que la relación personal o de amistad que mantenían con la otra persona no era «justa emocionalmente», digámoslo así, para ellos.

Y es que a veces surge lo que yo he llamado últimamente, una «simbiosis emocional peligrosa». Esta «simbiosis» se da cuando dos personas  se «utilizan emocionalmente» pero no les une nada más  o no han trabajado en compartir ilusiones, valores, o futuro. Ambas partes aprovechan lo que el otro les da emocionalmente porque no lo obtienen de sí mismos o de su entorno habitual. Durante un tiempo funciona.

El problema es que se acaba asumiendo un rol del que en esa etapa temporal es difícil escapar:
  • Son hijas que han asumido un papel protector con la madre (potenciado por ambas). También tienen, por supuesto el rol de hija pero no pueden activarlo. Sufren, porque siempre están ahí para la otra persona, y cuando necesitan cambiar el rol, no hay nadie que esté allí para ellas. Así que, la relación ya no es la misma. Realmente la madre «utiliza» de paño de lágrimas y preocupaciones a su hija, y ésta asumió este papel porque era una fuente positiva para su autoestima. La relación acaba no siendo recíproca y hay alguien que da más o a un coste emocional más alto y entonces surge el sufrimiento.
  • Son personas con problemas en su matrimonio que «parece» que encuentran otra persona con la que tienen mayor sintonía, pero que sólo han creado una relación en la que se dan lo que no tienen habitualmente, y a la hora de la verdad, únicamente se han «aprovechado emocionalmente el uno del otro». Comienzan en algún punto a darse cuenta que «esto» que han creado no tiene el mismo significado para ambos, que uno ha dado más o con más valor al otro, pero sigue dando  y recibiendo porque al dar y recibir su autoestima mejora, y surge entonces la dependencia emocional de dar para que me valoren, pero como no siempre se puede estar dando a los demás… entonces surgen los reproches.
  • y así más casos similares…

Pero lo más importante y positivo, es que ¡se han dado cuenta y han decidido cambiar! ¡Genial!. Posiblemente les espera un camino de introspección personal intenso y muy satisfactorio.  Un camino, en el que descubrirán por qué han llegado a dónde han llegado. Se darán cuenta de qué no quieren que vuelva a ocurrir. Descubrirán quiénes son y el valor que tienen, sin estar esperando la aprobación de los demás.

Son buenos comienzos, ¡aunque no lo parezcan! Todos estos casos han dado el primer paso:
  • quién quiero ser, como persona o como profesional
  • van a invertir en quien, qué o cómo quieren ser
  • están investigando y pidiendo ayuda para saber cómo hacerlo bien, para desarrollar una buena agenda de aprendizaje
  • y están activamente poniendo en marcha nuevas experiencias, hábitos y prácticas.

pensar

 

¿Y tú has dado el primer paso ya?

¿Tienes razón cuando reaccionas a las críticas?

¿Te has sorprendido alguna vez por la reacción de otra persona ante tus comentarios? Un compañero de trabajo, un miembro de tu equipo ¿ha reaccionado desproporcionadamente a tus opiniones? ¿Se ha subido el tono en una reunión a raíz de ciertos comentarios? O incluso, ¿te has dado cuenta que has reaccionado en exceso ante una conversación con otra persona? ¿Es una crítica lo que nos están comunicando? ¿Hemos lanzado nosotros una crítica sin darnos cuenta? ¿Pensamos que no tienen razón?

En la mayoría de estos casos, las reacciones desproporcionadas tienen mucho que ver con cómo estamos interpretando la realidad que nos rodea, y en concreto, las conversaciones y comentarios que comunicamos o recibimos. Cada persona tiene una «pantalla» por la que filtra su realidad, y en base a los filtros que utiliza para ver los detalles y colores de esa realidad, conforme a eso, reacciona. Porque en definitiva, es la realidad que está viendo, percibiendo y sintiendo.

¿Y entonces que hacemos? Si cada uno tiene su realidad, ¿tenemos razón cuando reaccionamos de manera desproporcionada o agresiva? En estos casos, de «desconexión de pantallas» necesitamos buscar conocernos a nosotros mismos, y saber qué filtros estamos aplicando a la interpretación de nuestra realidad, y conocer también los filtros de los demás, para acordar un punto de enfoque común que nos haga conversar, reaccionar de manera adecuada y entendernos mejor.

¿Tienes razón cuando reaccionas a las críticas?

Señalaríamos tres aspectos fundamentales, a los que necesitamos prestar atención para resolver de mejor manera este tipo de conversaciones, que al final pueden acabar por activar nuestro Sistema Nervioso Simpático, dirigiéndonos a un estado total de posible agresividad, desconfianza y malestar, debido al aumento de nuestros niveles de cortisol, testosterona y norepinefrina:

  • Filtros personales que impiden acordar realidades con los demás.
  • Tipos de respuestas a situaciones de crítica
  • Autoestima y derechos asertivos
¿Qué filtros personales hacen que la realidad que ves y a la que reaccionas no sea tan objetiva como consideras?
  • Tus rasgos de personalidad: Son características estables que permiten determinar, explicar y a veces, no siempre predecir el comportamiento de una persona. Los rasgos de la personalidad marcan la posible tendencia a ser  más o menos activos en estas variables: sociabilidad, extroversión, ansiedad, impulsividad, atrevimiento, impulsividad, dominancia, autosuficiencia, autocontrol…etc.
  • Estado fisiológico: Seguro que has comprobado que determinado problema o situación la valoras de una forma al final del día, y al día siguiente cuando estamos más descansados y despejados, casi siempre ves las cosas de otra manera. El estado físico, afecta incluso aunque no seamos conscientes de que físicamente nos ocurre algo. Un dolor de cabeza, de estómago, un inicio de resfriado, una bajada de defensas, el cansancio… filtra la información que recibimos dándole un significado personal u otro, y claro, en base a ello, reaccionamos.
  • Estado emocional:  Recordemos como afecta a nuestras capacidades cognitivas la activación, según nuestro estado emocional, del Sistema Nervioso Simpático (izquierda del gráfico), encargado de preparar al cuerpo para defendernos en caso de que consideremos la situación como amenazante, y el Sistema Nervioso Parasimpático (derecha del gráfico), que permite renovarnos física y emocionalmente:

SnS y SNPS - copia (2)

 

  •  Patrones de comportamiento habitual: Cada persona tiene una historia aprendida de patrones de conducta de afrontamiento ante las situaciones que ha vivido en el pasado, que a menos que voluntaria y conscientemente decida mejorarlas o aprender otras nuevas, seguirá utilizándolas en el futuro. Estas estrategias se utilizan de forma automática y rápida porque son las estrategias que nuestro cerebro ya tiene aprendidas y validadas en situaciones anteriores. Con lo que nos es más fácil aplicarlas en situaciones complicadas, buscando similitudes de cómo lo resolvimos en el pasado. Así que, ante situaciones que consideramos amenazantes, trataremos de reaccionar y contestar como lo hicimos en el pasado. Ahora bien, no siempre estrategias automatizadas sirven de la mejor manera a nuevas personas y situaciones. Es por ello, que necesitamos concentrarnos cada vez en lo que estamos viviendo y tener un amplio rango de conductas de afrontamiento, además de una actitud continua de aprendizaje en habilidades. ¿Qué patrones de afrontamiento ya no te sirven?
  • Creencias: Los valores, prejuicios, interpretaciones y teorías que cada persona construye en cada interacción social que vive influyen en lo que uno ve en su propia «pantalla». Es difícil desprenderse de las creencias, porque al igual que los patrones de conducta de afrontamiento, están instauradas automáticamente en nuestro cerebro y nos «cuidan» y «alertan» sobre lo que nos gusta o disgusta, sobre lo que nos alegra o nos hace daño, y sobre lo que nos funciona o no, en nuestras relaciones personales. Una vez más la consciencia de qué creencias has elaborado y el deseo voluntario de aprender nuevas creencias nos salvará de este filtro que en ocasiones no nos ayuda. ¿Qué creencias te están dificultando tus relaciones personales y de trabajo?
  • Necesidades: En muchas ocasiones, en cada relación personal, social o laboral en la que se participa, cada persona trata de cubrir alguna necesidad emocional. Este comportamiento que tratará de buscar en las interacciones personales resolver su necesidad emocional, distorsiona la realidad que cada uno vive. Un ejemplo puede ser esa persona que está constantemente pidiendo ayuda, porque necesita confirmación y control sobre todo lo que hace. Otro ejemplo, puede ser cuando un jefe acostumbra a pedir a su equipo que se le informe detalladamente de todo, y se implica en las partes técnicas más concretas de su departamento, no porque esté mostrando cercanía a su equipo, sino porque necesita tener el control de todo lo que se está haciendo y asegurarse de que todo va según su criterio. Un último ejemplo, puede ser cuando una persona está constantemente ayudando y siendo lo más agradable posible a todo el mundo, no porque sea buena persona (que lo será) sino porque necesita estar bien con todo el mundo, en cualquier situación, y evitar conflictos para apreciarse a sí misma. Reconocer esas necesidades puede ayudar a no reaccionar a las críticas o a conversaciones que consideramos, en principio, amenazantes. ¿Qué necesidades emocionales estás tratando de cubrir en tu relación con los demás?

Os cuento un caso que me ocurrió en las primeras clases que tuve en mi vida laboral:

Primer día de clase, un curso de técnicas de venta para comerciales. En la primera ronda de presentaciones y comunicación de expectativas, un alumno de repente comentó: «Me llamo X y yo vengo aquí a que tú me demuestres que tienes algo que enseñarme, porque llevo toda mi vida trabajando en la calle y no creo que una psicóloga tenga nada que enseñarme»

Evaluemos posibilidades:

  1. Si mi rasgo de personalidad hubiera sido tímido, estuviera nerviosa y cansada, si hubiera considerado amenazante su comentario se hubiera activado mi sistema nervioso simpático, si mi patrón de afrontamiento hubiera sido atacar a quien aparentemente me ataca, si tuviera una idea preconcebida sobre los comerciales, y necesitara ser continuamente aceptada por todo el mundo ¿cuál habría sido mi reacción? Posiblemente, atacar, callarle, demostrarle que mis estudios son muy válidos, sentirme mal porque no me da una oportunidad y no me conoce… o sea, la clase hubiera continuado fatal… 🙂
  2. Parece que uno de mis rasgos de personalidad es la sociabilidad y el respeto por todos y por sus estados emocionales, estaba tranquila, alerta, pero no a la defensiva, y me había preparado. Uno de mis patrones de afrontamiento antes de reaccionar, siempre es conocer o preguntar más a cerca de la persona o la situación. Siempre se habla de las ideas preconcebidas, pero aprendí muy pronto a relacionarme con un gran variedad de personas, con lo que mis prejuicios no estaban activos y por supuesto, asumía que como profesional que habitualmente trabaja con muchas personas, no podía caer bien a todo el mundo, y que cada uno tiene derecho a expresar sus miedos de la mejor manera que puede. Resultado: la clase funcionó muy bien, al igual que mi relación con ese alumno (que luego hablando con él, ya con más confianza, me reconoció, que no lo había hecho con mala intención, que le preocupaba algo y lo expresó así). Descubrí su necesidad, quería comprobar si el curso y la profesora eran lo suficientemente válidos como para traer a su equipo a aprender y no perder el tiempo.

Como vemos, nuestros rasgos de personalidad, estado físico o emocional, creencias, necesidades… tienen un gran impacto en cómo reaccionamos a las críticas y a las situaciones que nuestra «pantalla» mental elabora.

Ahora bien, todos estos factores ¿qué tipo de respuestas nos pueden hacer dar en estas situaciones difíciles?

¿Cómo respondemos a las críticas?

crítica

 

¿Cuál sería tu estilo más habitual? ¿Qué impacto tiene en ti? ¿Y en los demás?
¿Afecta nuestra autoestima y los derechos legítimos y asertivos que permitimos tener?

Sí indudablemente.  Los filtros que habitualmente utilizamos para elaborar nuestra realidad pueden ser «ajustados» con una buena autoestima y respetando una serie de derechos legítimos que tenemos todos:

  • Una persona con autoestima sana mostrará comportamientos asertivos
  • Una persona con autoestima baja mostrará comportamientos agresivos o pasivos
  • Una persona que reconozca sus derechos legítimos, tendrá una buena autoestima y su comportamiento mostrará colaboración y respeto
  • Una persona que ponga la valía de los demás por encima de la suya y reconozca los derechos legítimos de los demás, pero no los suyos, mostrará un comportamiento de sumisión y de baja autoestima
  • Una persona que ponga la valía de los demás por debajo de la suya y no reconozca los derechos legítimos de los demás, pero sí los suyos, mostrará un comportamiento agresivo

¿Cuáles son estos derechos?

Ser tratado con respeto y dignidad
Tener y expresar los propios sentimientos y opiniones
A ser escuchado y tomado en serio
A juzgar mis necesidades, mis prioridades y mis propias decisiones
A decir no, no lo sé y no me importa, sin sentir culpa
A pedir lo que quiero, respetando que el otro puede decirme que no
A cambiar de opinión
A pedir ayuda
A cometer errores
A no ser asertivo cuando así se decide
A ser independiente
A tener éxito
A disfrutar
A sentir tristeza o enfado
A pedir tiempo
Al descanso y al aislamiento
A superarse
Conclusiones
  • ¿Conoces tus rasgos más habituales de tu personalidad?
  • ¿Eres normalmente consciente de tu estado físico?
  • ¿Eres consciente de el estado emocional con el que afrontas las situaciones y te relacionas con los demás?
  • ¿Conoces tu patrón de conductas de afrontamiento habitual?
  • ¿Conoces tus creencias?
  • ¿Eres consciente de tus necesidades emocionales?
  • ¿Sabes cual es tu estilo de comunicación más habitual (pasivo, agresivo o asertivo)?
  • ¿Te permites tus derechos legítimos?
  • Las mismas cuestiones las conoces de los demás?
  • ¿Qué necesitarías mejorar?

La próxima vez que reacciones o veas reaccionar a alguien de manera exagerada o incluso que no reacciona o no se implica en las conversaciones, reuniones, etc, ¿crees que podría ayudarte recordar todo esto? ¿Qué has descubierto de ti mismo?

Os deseo una buena reflexión orientada a decisiones de cambio 🙂

Analiza cómo reaccionas ante las críticas

Plantilla semanal: analiza cómo reaccionas ante las críticas

plantilla críticas

Antes de usar esta plantilla te recomiendo una lectura en el enlace siguiente:

¿Tienes razón cuando reaccionas a las críticas?
Espero que te ayude 🙂
Cualquier consulta, ya sabes, escribe en los comentarios en la parte inferior,
contacta por el chat, envíame un correo desde el menú…
¡Pregunta lo que necesites!

plantilla asertividad

5 formas de evitar emociones para ser un «procrastinador emocional»

Hoy voy a dedicar este post a las personas que evitan emociones, a las que usan algunas, o a veces, todas las formas en las que se pueden evitar emociones. Y además, con mucho cariño, voy a dedicar este post a algunos de mis clientes que tuvieron, primero, la confianza de empezar conmigo un proceso de descubrimiento y mejora personal, y segundo, la valentía de aceptar que estaban evitando emociones y esa era una de las claves para empezar a resolver el alto nivel de malestar con el que vivían.

Evitar emociones parece que se está convirtiendo en un hábito. Si, empieza a crearse lo que denominamos entre un cliente y yo la «procrastinación emocional».

Parece que ya no solo procrastinamos en nuestra tareas u objetivos personales y profesionales, sino que también tendemos a posponer la gestión de nuestras emociones. Hay demasiados «compromisos» diarios, demasiadas urgencias en el trabajo, en la familia, en el día a día. Y así van pasando las semanas, los meses y a veces, hasta los años, en los que hemos apartado de nuestras responsabilidades y compromisos diarios, la gestión emocional.

Comenté en un artículo anterior que sin darnos cuenta estábamos utilizando, y puedes consultar si no lo has hecho,  «7 estrategias para no sentirnos bien» y que era esencial identificarlas para empezar a gestionar nuestras emociones. Ahora bien, una de estas estrategias es la EVITACIÓN.

5 formas de evitar emociones para ser un «procrastinador emocional»

El problema de la evitación y su sostenibilidad en el tiempo, es que inicial y aparentemente, cuando ponemos en marcha esta estrategia, sentimos una «falsa tranquilidad» porque no le prestamos atención y parece que no pasa nada, que no tenemos ningún problema ni situación emocional que resolver. A medio o largo plazo, o cuando aparecen situaciones que nos obligan a tomar decisiones, es cuando nos damos cuenta que tenemos una gran dificultad en resolver tal situación, y no acabamos de saber por qué nos cuesta tanto. Profundizando e invirtiendo tiempo en un análisis guiado, la persona se suele dar cuenta de que el problema, no es la decisión que tiene que tomar, sino que hay algo más que tiene prioridad. Y este es el verdadero reto. Ejemplos:

  • Profesionales que no se acaban de ver válidos para el puesto al que le proponen promocionar. Parece que la decisión es si aceptan o no, pero, el objetivo real es cómo se ven a si mismos primero, como se valoran en general como profesionales, y cuál es su verdadero objetivo profesional. No se lo han planteado nunca, se han dejado llevar por la inercia de los años, y han llegado a un punto en el que algo no les cuadra.
  • Personas que se preguntan por qué tienen tantos problemas en sus relaciones personales y se plantean seguir o no en la relación. La verdadera cuestión, es que han desarrollado pautas de desconfianza generalizada, porque algo grave les ocurrió y no lo supieron gestionar en ese momento. Así que la estrategia fue evitar afrontar esa emoción de un episodio traumático.
  • Profesionales que se han quedado en situación de desempleo, quedándoles muchas horas libres en las que prestarse atención, se han dado cuenta de que algo no les permite buscar nuevos proyectos y no están comprometidos del todo con su búsqueda de empleo. Cuando se permiten realizar un foco guiado sobre sí mismos, se dan cuenta de que tienen otros problemas emocionales que resolver, y hace tiempo que los van arrastrando y no les prestaron atención. Claro, en situación de desempleo, hay menos urgencias que atender y que puedan tapar las verdaderas necesidades emocionales.

Llegados a este punto, es importante analizar exactamente qué estoy evitando y aquí encontramos esas 5 formas de evitar emociones:

evitar emociones

Evitación Situacional: » Yo ahí o con esa persona no voy»
  • Una de las más utilizadas. Se suele evitar encontrarse o hablar con determinadas personas, se evitan lugares, cosas o actividades que tienden a activar y potenciar el malestar, causando altos niveles de estrés. Son ejemplos de este tipo de evitación, los lugares con demasiada gente, con gente desconocida, o en los que uno se expone socialmente, como hablar en público.
  • Problemas de inseguridad, habilidades sociales o baja autoestima suelen estar a la base de este tipo de comportamiento.
Evitación Cognitiva: «No, voy a pensar en cómo sería si fuera bonito»
  • Este tipo de de evitación ocurre a nivel mental. Se utiliza esta estrategia cuando se evita conscientemente tener determinados pensamientos o recuerdos, diciéndose a uno mismo «no pienses eso». También ocurre esta estrategia cuando se reemplazan los pensamientos que nos hacen sentir mal por otros que distraen, por otros que permiten fantasear, o que repetimos como ritual para no pensar en lo que impacta negativamente en las emociones.
  • De hecho hay personas que se esfuerzan tanto en fantasear que no son capaces de reconocer la realidad de determinados hechos y llegan a crear sus propios recuerdos positivos de la situación que ocurrió para poder vivir con ello.
Evitación Protectora: «Tengo que prepararme esto una y otra vez, que aún  no está bien»
  • El perfeccionismo o la hiperpreparación son ejemplos de de este tipo de evitación. Ocurren cuando tratamos compulsivamente de evitar riesgos o peligros mediante la repetición continuada de una acción. Hábitos como la limpieza compulsiva y la excesiva corrección de un informe, la excesiva preparación o repaso de un evento, suelen estar compensando la no gestión de una emoción negativa no resuelta.
Evitación Somática: «No hago ejercicio porque me estresa»
  • Con este tipo de evitación, la persona trata de mantenerse siempre en un estado de no alteración física, ni para bien ni para mal. Es decir, no se hace ejercicio físico porque la taquicardia es lo que siente cuando tiene estrés, con lo que mejor no alterarse físicamente. A veces, incluso, las personas evitan emocionarse por un evento próximo, porque la expectación y emoción que causa, les hace sentir como cuando tienen ansiedad. Así que mejor no sentir nada.
  • Personas que sufren ansiedad, fobias o ataques de pánico suelen mostrar este tipo de comportamiento.
Evitación de sustitución: «Necesito emociones fuertes»
  • En este caso se sustituyen unas emociones negativas por otra más fuertes, así no se les presta atención. Por ejemplo, estar triste puede convertirse en enfado, porque se acepta y se tolera mejor; comer en exceso, beber o consumir cualquier droga para sustituir otras emociones negativas que no se saben resolver, llenar completamente y de forma prioritaria el tiempo con actividades físicas de riesgo, puede hacer que se «nublen» las emociones negativas que no queremos o sabemos resolver.

NOTA IMPORTANTE: Estas formas de evitación nada tienen que ver con el comportamiento o decisión, puntual y consciente, de querer hacer algún deporte de riesgo de vez en cuando, de no gustarnos determinado ejercicio físico, de ocuparnos (no preocuparnos) de hacer las cosas bien y estar preparados, de visualizar como nos gustaría que fueran las cosas, o de decidir que con determinadas personas, que no nos aportan, no que queremos compartir nuestro tiempo. El comportamiento no significa la estrategia de evitación.

La distinción clave en cuándo estos comportamientos los usamos para tapar, evitar y sustituir emociones negativas y no asumimos la decisión de resolverlas. En ese momento cuando se convierte en estrategia habitual para un fin (no gestionar la emoción negativa), es cuando no estamos ayudando a nuestro equilibrio personal.

Conclusión

Es importante recordar, que podemos vivir mucho tiempo aplicando estas estrategias, de hecho, se usan porque funcionan en el corto plazo, y se repetirán con más insistencia, porque cada vez necesitaremos evitar más. Sólo en situaciones de crisis, a las que recomiendo no esperar que ocurran, o tomando decisiones, conscientes y voluntarias, de afrontar saludablemente las emociones negativas, o pidiendo ayuda, es como podremos vivir un proceso de resolución con menos desgaste emocional y mental.

¿Has identificado alguna estrategia que es habitual en ti?
¿Qué emoción estás intentando evitar?
¿Eres un «procrastinador» emocional?
¿Eres consciente de que consecuencias está teniendo para ti a medio o largo plazo?

 

Cómo descubrir si evito emociones

Cómo descubrir si evito emociones. Analiza qué y cómo estás evitando emociones negativas esta semana. Toma decisiones emocionales.

Evitar emociones no te ayudará a solucionar tu malestar. Es importante que tomes las riendas. Para ello el primer paso es realizar un análisis para comprobar si estás evitando emociones.

Prueba con estas dos plantillas para trabajar en tu inteligencia emocional.

Cómo descubrir si evito emociones

Plan Evitación Emocional

 

 

Antes de usar esta plantilla te recomiendo una lectura en el enlace siguiente:

5 formas de evitar emociones para ser un «procrastinador emocional»
Espero que te ayude 🙂
Cualquier consulta, ya sabes, escribe en los comentarios en la parte inferior,
contacta por el chat, envíame un correo desde el menú…

plantilla evitar emociones

Estudiante necesitas gestionar tus emociones

Estudiante, necesitas gestionar tus emociones si quieres resultados excelentes en tus exámenes. Gestionar emociones como la ansiedad y el desánimo es fundamental si quieres ser un estudiante de alto rendimiento.

Las emociones que tienes durante todo el proceso de estudio, antes del examen y en el momento de la prueba, afectan a tu rendimiento intelectual. Tus funciones cognitivas: atención, comprensión, asociaciones mentales, memorización y recuerdo, podrán potenciarse o no, depende de cómo sepas gestionar tus emociones.

Por eso, es crucial, no sólo entrenarse intelectualmente para la prueba de examen, sino también emocionalmente. Haremos especial mención hoy a los estudiantes de oposiciones, concretamente oposiciones del área de la salud, como son las que trabajo con CEISAL .

¿Qué elementos se trabajan para gestionar las emociones para un examen importante?
¿Cuáles serán los objetivos a desarrollar con las emociones negativas? ¿Y con las positivas?

Veamos la guía de trabajo sobre la que invertiremos en las sesiones de coaching:

 

Lecturas recomendadas para ir empezando a invertir en tu inteligencia emocional:

¿Cómo funcionan las emociones?

¿Cómo llevarte bien con tus emociones?

5 formas de evitar emociones para ser un «procrastinador emocional»

Cómo descubrir si evito emociones

¿Y tú estás estudiando?
¿Evitas sentirte nervioso o desanimado?
Recuerda que evitar emociones, las multiplicará.
Objetivo: gestionar tus emociones para provocar la emoción más adecuada a cada situación.

 

 

8 retos personales que no puedes olvidar

8 retos personales, para cuidar tu persona. ¿Qué te parece? ¿Podrás revisarlos a ver si puedes incorporarlos a tu vida?

Hoy me centraré en 8 retos personales que compruebo en mi trabajo que algunas personas están dejando de lado. Son muy sencillos, quizá por eso, se nos olvida tenerlos presentes, pero son muy importantes para el bienestar psicológico y el equilibrio emocional.

Espero que estés olvidando los menos posibles 😉

8 retos personales que no puedes olvidar

Ser consciente de lo que haces en cada momento

Me encuentro con muchas personas que viven en el minuto siguiente, en la tarea siguiente, en el día o semana siguiente (o incluso más), porque no paran de pensar en lo siguiente que tienen que hacer. De esta forma se les pasa el presente sin que puedan disfrutar conscientemente del instante que viven. El otro día entrevistando a una persona para su primera sesión de coaching, detectamos que estaba perdiendo la visión final de lo que quería para su futuro profesional. Estaba tan centrado en pensar a cada minuto el minuto siguiente, que esto le impedía, sentirse a gusto con lo que estaba haciendo, comprobar si lo que estaba haciendo le llevaba a dónde quería ir, y además vivía en un estado de ansiedad e inseguridad continua.

Permitirnos ser conscientes a cada momento significa, que si hago una tarea, hago sólo esa tarea, que si tengo un momento de descanso, aprovecho para mirar al cielo o a los pajaritos, no en pensar lo que voy a hacer después. Significa que puedo prestar atención a lo que estoy haciendo, a la emoción que estoy experimentando para ir valorando con calma, si las decisiones que estoy tomando me ayudan a ir donde quiero ir, tanto a nivel personal como profesional.

Hay un momento para todo, para centrarse en tareas, para desconectar, para pensar en la vida personal, para valorar el sueño profesional. Dedica cada momento a una cosa distinta.

Hábitos para provocar las emociones positivas

Para los momentos difíciles, para los más duros, para aquellas situaciones en las que más se necesita activar nuestras emociones positivas, busca y crea hábitos que te calmen. Hábitos, que te recuerden todo lo que consigues cuando tu SNPS está activado. Es decir, cuando tu cerebro genera oxitocina y vasopresina, y tu respiración calmada te permite ver nuevas opciones y estar receptivo a los demás. La clave está en desarrollar hábitos, rutinas efectivas personales y, a veces, intransferibles, que te funcionan y que, aunque no hacen desaparecer la situación difícil, sí te facilitan que tu equilibrio personal y emocional esté cuidado.

Estos hábitos permiten ser conscientes de lo que más nos gusta de nuestra vida, de lo que somos y de lo que vivimos.

¿Has escuchado alguna vez a personas que sabes que viven situaciones difíciles, pero aún así, son capaces de expresar con sinceridad que son felices? Estas personas cuidan sus hábitos para sentirse bien, en armonía consigo mismo y con el mundo. Están satisfechos de como abordan la vida y sus circunstancias.

Poner límites a las emociones negativas

Hablamos en una ocasión de al menos 7 estrategias que utilizas para no sentirte bien y tan importante es identificar qué estamos haciendo, como ponerle determinados límites. Todos hemos experimentado, que cuando nos sentimos mal, nos sentimos mal y punto, es respetable, y tenemos derecho a sentirnos así. Es más, para eso funcionan las emociones para avisarnos de que algo no nos cuadra, que algo nos hace daño, y que algo no es coherente con nosotros.

Ahora bien, necesitamos ponerle un límite de tiempo, de situaciones, de nivel, puedes estar enfadado o triste o decepcionado, experimenta esa emoción, pero ponle un límite antes de que se convierta en un malestar permanente y te influya en otros ámbitos de la vida.

Como decía, uno tiene derecho a sentirse mal, no tiene que forzar una emoción que no siente, pero sí, pasado el momento álgido de la emoción negativa, necesita responsabilizarse de gestionarla adecuadamente, para que le ayude, para que la emoción negativa no se instale en el día a día, para resolver la situación de la mejor manera posible.

Premiarte, saborear lo bueno. Disfrutar al máximo.

En numerosas ocasiones compruebo que a muchas personas se les olvida premiarse por los retos personales o profesionales conseguidos. Es como, si ahora que ya lo tengo, paso al objetivo siguiente. Esta actitud nos hace entrar en ocasiones en una espiral de objetivos a cumplir, en la que creo que no se disfruta de lo alcanzado. Así perdemos la consciencia de lo que ha costado, de lo que hemos superado, y de que nos merecemos sentir esa satisfacción el máximo tiempo posible. Este saborear de los éxitos conseguidos (éxitos que valora cada uno, no han de ser muy grandes, sólo que hayan sido importantes para ti) permite fortalecer nuestra autoestima y nuestra felicidad.

¿Cuándo fue la última vez que te premiaste por algo que conseguiste que para ti era importante?

 Soñar y planificar

Si viera una película de tu vida dentro de diez años ¿cómo sería esa película? ¿Qué estarías haciendo a nivel profesional? ¿Cómo sería tu vida personal? ¿Qué emoción sería la más frecuente en tu vida dentro de 10 años? ¿Te has permitido soñar «esta peli»? alguna vez?

Soñar es otro de los retos y hábitos que nos mantiene con ilusión y con nuestro SNPS activado, y provoca en nuestro cerebro, las conexiones necesarias para acercarnos a esa imagen visual futura. Si dejas fluir tu mente y emociones, descubrirás que prácticamente puedes planificar cómo llegar hasta allí.

Ahora bien, para disfrutar de estos dos retos, necesitas dedicarte un tiempo de vez en cuando a soñar y a dibujar tu futuro, y a permitir que el engranaje de tu cerebro te permita escribir sobre un papel los pasos que necesitarías dar, sin juicios, sin darle prioridad a las dificultades, sin compararte con nadie… La pregunta es ¿te das permiso y tienes como hábito de vez en cuando permitir la atención al fluir de mente y emociones enfocadas a tus sueños?

Disfrutar de la desorganización y el libre albedrío

Totalmente compatible con el punto anterior, es un reto que pocas personas admiten en su vida: la desorganización y el libre albedrío. ¿Cuánta incertidumbre y libre albedrío puedes aceptar en tu vida y cómo te hace sentir? Muchas personas necesitan del control, planificación y medida de cada actividad en su vida, y son poco conscientes, de la ansiedad e inseguridad que esto les provoca a medio o largo plazo.

Además es como la dependencia de las drogas, cada vez necesitamos planificar y controlar más para obtener el mismo nivel de satisfacción o bienestar.

¿Has salido alguna vez a cenar sin haber hecho reserva? ¿Has tenido una conversación con alguien si tener planificado qué vas a decir? ¿Has salido a la calle sin rumbo fijo?

Incluye también en tu vida espacios para no planificar, para disfrutar de la incertidumbre, para disfrutar de cómo te sientes y de cuáles son tus reacciones cuando controlas lo menos posible, de darle la importancia justa a las cosas y de centrarte nuevamente en lo que vives y en cómo quieres vivirlo.

La desorganización es algo subjetivo. Todo depende de qué niveles de incertidumbre aceptamos y de cómo nos afecte. No obstante, lo que es seguro es que el control no permitirá que la vida nos sorprenda, ¿Te dejas sorprender?

Gestionar dependencias

Este es uno de los retos personales que puede hacer mucho daño a las personas implicadas, sobre todo al dependiente. La dependencia emocional sitúa toda la decisión, toda la elección, toda la importancia, toda la valoración de uno mismo en otra persona.

Si te has dado cuenta de que hay alguien a nivel laboral o personal, que toma tus opiniones como propias, que te pone por encima de sí mismo y que busca tu aprobación a toda costa, empieza a tomar decisiones. Le estás haciendo un flaco favor a su autoestima y a su valía personal. Está bien que nos tengan en cuenta pero necesitamos provocar que las personas tengan sus propias creencias, aprendan, tomen decisiones y se valoren a sí mismos.

Si te has descubierto que, por el contrario, está presente siempre determinada persona en tus pensamientos, acciones y emociones, ten cuidado. Puedes aprender de todo el mundo y seguro que hay personas a las que tendremos más en cuenta que a otras, pero eso no debe impedir que tú te consideres alguien valioso y tengas derecho a opinar, a creer, a equivocarte, a sentir, y a tomar decisiones por ti mismo.

Ser fiel a tus valores

Por último, para hoy, uno de los grandes retos personales es invertir en saber cuáles son los valores que definen a una persona. Los valores guían nuestras actuaciones, nuestras emociones y nuestra forma de pensar. ¿Sabes cuáles son los tuyos?

Y lo más importante, ¿te has parado a pensar si tu día a día, responde a tus valores?. ¿Eres coherente con tus valores?

Los valores de una persona contribuyen en gran medida a la satisfacción personal con uno mismo. De hecho si piensas en personas que consideras que son felices y analizas un poco su vida, te darás cuenta, que actúan, piensan y sienten de acuerdo a sus valores. Esa es una gran satisfacción, vivir tu vida de acuerdo a unos valores elegidos y conscientes.

¿Qué retos personales tienes pendientes?

¿Cuándo empiezas?

Cómo blindarte contra las personas tóxicas

Cómo blindarte contra las personas tóxicas, quizá se esté convirtiendo en un objetivo para ti últimamente. Es posible que estés inmerso/a en algunas relaciones familiares, laborales o personales que se pueden describir con alguno de estos indicadores:

  • Determinada persona inunda continuamente tus pensamientos, comportamientos, emociones y acciones
  • Sientes a la otra persona como una amenaza a tu bienestar emocional
  • Estás perdiendo tu propia confianza como consecuencia de la interacción que tienes con esta persona tóxica
  • No sientes respeto en la relación
  • Te estás ignorando casi por completo
  • Te sientes bajo el control de la otra persona
  • Analizas con cuidado tus acciones para no «despertar a la bestia»
  • Estás en una situación emocional tal, que piensas al final, que todo es culpa tuya
  • Esta relación te está afectando, física y psicológicamente

Si alguno o varios de estos indicadores describe tu actual relación con alguna persona, es importante que cuando tengas un momento tranquilo, comprendas primero por qué las personas tóxicas actúan de la forma en que lo hacen:

personas tóxicas 1

Teniendo en cuenta estas ideas centrales para comprender que, cómo te sientes, es el resultado de cómo actúas como respuesta a las comportamientos tóxicos de la otra persona, vamos a centrarnos en al menos 4 claves para que mejores en cómo blindarte contra las personas tóxicas.

Cómo blindarte contra las personas tóxicas

personas tóxicas 2

Sobre todo, y después de identificar tus límites, abandonar tu juicio personal sobre tu persona con las palabras del otro, haberte recuperado con lo mejor de ti, y haber decidido firmemente, no ocupar más tiempo y energía, en hablar continuamente de este tema, traza un plan:

  • Aprende o recupera las técnicas de asertividad básica para aplicar en la próxima situación que tengas que vivir con esta persona, si no tienes más remedio.
  • Si es posible abandona o limita al máximo las conversaciones con la persona que actúa de manera tóxica.
  • Comparte la mínima información personal con esta persona, ya que podrá aprovecharlo en tu contra.
  • Si es posible, deja evidencias o testigos de lo hablado con esta persona.
  • Recuerda que cada vez que te sumerges en su juego le estás dando el apoyo y atención que busca. Delimita.
  • Evita también entrar en el juego de juzgar a la otra persona, amplificarás tu malestar y te impedirá centrarte en los comportamientos de uno en uno.
  • Resuelve cada conversación de una en una, con seguridad emocional, con tus criterios claros y con las máximas técnicas de asertividad que seas capaz de aprender.
  • Dedica tiempo y energía a disfrutar y sentirte bien con otras personas que te aporten valor, seguramente ya les has hablado de esta relación tóxica, ¿para qué seguir?. Disfruta.
  • Recuerda que el objetivo no es ganarles y demostrarles «lo malos que son». El objetivo es que tú estés bien.
  • Prémiate por los pequeños cambios que incorpores en esta relación.
 ¿Tienes relación con alguna persona tóxica?
Por favor, cuídate. No esperes que el otro descubra tus bondades y cambie.
La persona  que muestra una espiral de comportamientos tóxicos no está en condiciones de cambiar.
Tomar las riendas, protección, decisión y acción es lo que necesitas.
¡Ponte en marcha porque te lo mereces!

Si necesitas algún tipo de apoyo, como siempre te invito a:

Sesión gratuita

Cómo volver a la rutina y disfrutar

Cómo volver a la rutina y disfrutar. ¿Te lo has planteado? Espero que sí. Es importante. Parece que la idea de «rutina» siempre nos agobia un poco, y es normal, es saludable, necesitamos que nuestro cuerpo y mente nos avise de que algo en nuestros hábitos diarios va a cambiar un poco. Es la señal de que hemos disfrutado y que nos gustaría seguir haciéndolo.

¿Y si aprovechas esa sensación como una señal?

Cómo volver a la rutina y disfrutar depende de cuánto le hagas caso a esta señal, que te estás enviando. ¿Una señal de qué? De nuevas demandas de energía, atención y recursos. Es así, y de ti depende como gestiones esa demanda. Volver a la rutina significa que nuestros horarios se ven más o menos marcados por hitos clave: trabajo, colegios, clases, etc. Ahora bien, ¿cómo quieres vivir esto, disfrutando o sufriendo? y además ¿sabes que también tienes otros espacios de tiempo para seguir invirtiendo en lo que más te gusta? Un equilibrio entre obligaciones y derechos (a descansar y disfrutar) es la clave para seguir manteniendo tu equilibrio emocional.

¿Y qué hacemos con todo lo que nos espera?

Ser protagonista, sin prisa pero sin pausa.

  • Vas a vivir nuevas emociones nuevamente, buenas y menos buenas.
  • Ser mejor persona y mejor profesional, invertir en ti, en tu diferencia será clave para ti.
  • Es un buen momento para diseñar y decidir si queremos cambiar algo

Lectura sugerida: 7 preguntas que te harán ser mejor

Vamos idea por idea por si estas claves te pueden ayudar.

Cómo volver a la rutina y disfrutar

volver a la rutina y disfrutar 2

Prepárate para las nuevas emociones

Haz el siguiente ejercicio:

  • Cierra las ojos y revive las emociones positivas y de bienestar que has tenido es tus vacaciones, o en esos días que te has podido dedicar a ti.
  • Deja que tu expresión facial vuelva a mostrar durante unos momentos lo que sentiste, respira y guarda con cariño esas emociones, son parte de ti.
  • Vuelve a respirar profundamente y, desde la distancia y la tranquilidad, mira los meses anteriores, mira como si fuera una película, las emociones que has tenido en el trabajo, en tu familia, en tu vida personal, algunas serán también buenas, y otras, no tanto. No hace falta que las sientas intensamente, sólo céntrate en cómo era tu expresión facial.
  • Respira nuevamente y quédate con todas las buenas emociones e ilusiones que cumpliste en vacaciones y en los meses anteriores.
  • Toma nota, de palabras clave, de ideas o emociones que quieres seguir manteniendo y que son importantes para ti.

Descubrirás que muchas de esas emociones no sólo provienen del periodo de vacaciones. ¡Alégrate! Esto es importante recordarlo. Hay sitio para las buenas emociones en todas las épocas del año y en todos los momentos.

Ahora vamos a prepararnos para las emociones futuras:
  • Esas emociones positivas que has experimentado, ¿dónde quieres seguir manteniéndolas? ¿En qué situaciones te vendrían muy bien? ¿Cómo cambiarían tus acciones y el resultado que consigues?
  • Esas emociones menos buenas, ¿cómo las superaste? ¿Qué hiciste? ¿Qué te ayudó?
  • Recuerda las estrategias para utilizarlas en el futuro próximo.

Seguro que piensas que con las emociones positivas es fácil hacer este ejercicio. Es posible, pero tan importante es tenerlas presentes como ser conscientes, de que vendrán momentos en las que tus emociones no serán tan positivas. ¡Prepárate! ¿Por qué? Porque:

  • puede que hayas dejado temas emocionales aparcados este verano y en breve tengas que volver a retomarlos
  • puede que vivas situaciones y relaciones que sabes que alteran tu equilibrio emocional, y seguramente las has dejado a un lado estos días porque no estaban presentes (relaciones tóxicas, plazos urgentes, temas importantes…)

Lectura recomendada: Cómo blindarte contra las personas tóxicas

Necesitamos hacer lo que en psicología llamamos una «prevención de recaídas». Después de buenos momentos en los que hemos disfrutado y hemos conseguido estar bien, o superar determinadas situaciones, es importante, prever que habrá situaciones similares, que puedan disparar emociones negativas como en el pasado. Para hacer ese plan de «prevención de recaídas» es fundamental, analizar qué estrategias personales utilizamos en el pasado para superar las dificultades, o incluso, qué habilidades de los momentos buenos podemos aplicar.

Así que, te animo a realizar con calma y consciencia el ejercicio anterior.

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Alimenta tu diferencia. Invierte en lo que mejor sabes hacer.

Tendremos tiempo de mejorar y aprender nuevos retos, pero sobre todo ahora, invierte en lo que mejor sabes hacer. Alimenta y potencia tus fortalezas. Sé mejor todavía en aquello que se te da bien. Es una buena estrategia para «volver al cole» disfrutando. Estudia, investiga, analiza cómo puedes ser mejor todavía en aquello que te gusta hacer. Haz un «plan de disfrute de tu marca personal». Sólo así podrás diferenciarte.

Yo no entiendo mi vida sin estudiar, sin leer sobre lo que me gusta, y sin planificar cómo puedo aplicar lo aprendido. ¿Y tú? ¿Cuánto dedicas a disfrutar de tu marca personal? 😉

Si estás buscando trabajo, si quieres promocionarte, si quieres darle un enfoque diferente a tus competencias profesionales, como líder, como técnico…, y hacer mejor las cosas para disfrutarlas todavía más, invierte en ti. Escoge unos cuantos libros buenos, apúntate a buenos cursos, ve a conferencias y luego, dedícate un tiempo a disfrutar de lo aprendido. Busca tu propia aplicación. Sal de la rutina de hacer siempre lo mismo de la misma forma (obteniendo normalmente los mismos resultados), de leer un montón de información a la que luego no le sacas ningún partido.

Haz una selección de aprendizaje y encuentra tu forma única de darle la vuelta a tus hábitos y fortalezas profesionales. Encuentra una nueva aplicación de lo aprendido. Haz visible tu marca a reclutadores, a superiores, a tu equipo, dándoles un mayor valor. Seguro que los arrastrarás a seguirte, a querer trabajar contigo, a conocerte mejor, a que la pasión se contagie, y sobre todo a que tú y los de tu alrededor podáis experimentar cómo volver a la rutina, y disfrutar más, y mejor.

Lectura recomendada: Formación: 10 indicadores de éxito

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Camina otros caminos. Prepara esa foto de ti que te va a gustar más.

¿Quieres saber cómo volver a la rutina y disfrutar? ¡Cambia un poco tu rutina! Hay personas que ya saben lo que tienen que hacer en los próximos meses y al mirarlos con perspectiva y ver que nada va a cambiar, se desesperan o asumen lentamente la agonía de la rutina.

Oriéntate a nuevos logros. Diseña nuevos caminos por lo que no caminaste antes y prepara esa foto de ti que te gustaría conseguir.

Te dejo durante unos días :-), el «derecho a pataleo» porque se han acabado las vacaciones. Pasados esos días de «derecho», dibújate.

  • Elige retos que te ilusionaría conseguir
  • Haz un plan, de las fortalezas que pondrás al servicio de estos logros y de cómo lo pondrías en marcha
  • Ahora, junto a ese plan, haz otro con nuevas fortalezas, que parece que sólo pones en marcha en otros ámbitos de tu vida, e indica que otros caminos y acciones podrías poner en marcha, que normalmente no son tu estilo, ¡pero podrían serlo! Piensa en cómo lo haría la persona que más admiras.
  • Detalla las emociones con las que disfrutarías en el camino y cuando lo consigas
  • Detalla qué impacto positivo tendría en ti
  • Indica qué impacto positivo tendría en otros, en tu equipo, en tus compañeros, en tu familia, amigos… ¿cómo te haría sentir que ellos se sintieran así?
  • Organiza y clasifica las tareas, pon en orden los pasos de tu camino
  • Ponle fechas y disfruta, ¡tu «mejor foto» está apunto de revelarse!
¡Bienvenido 🙂 !

Bueno, espero que cuando leas esto, puedan surgirte algunas ideas que te hagan más llevadera tu «vuelta al cole». Recuerda, saber cómo volver a la rutina y disfrutar, puede depender de que la cambies, de que inviertas en lo que mejor sabes hacer para disfrutar más de tu día a día, y de que prepares tu plan emocional. ¡Que lo disfrutes!

Lectura recomendada: 5 hábitos de éxito de un buen profesional

Por último, me gustaría invitarte a ver un breve vídeo que me hicieron llegar en vacaciones y que me estremeció, no sólo por las imágenes de vértigo, sino por la inmersión que hice en cómo este deportista utiliza sus recursos personales, además de físicos, para conseguir sus retos, en aquello que más le gusta hacer. Impresionante. Te dejo que tú saques tus conclusiones 😉

¡Quédate con su expresión al final del vídeo!

¿Y tú quieres tener esa expresión en tu día a día?

Si alguna de esas decisiones que puedes tomar en este tiempo incluye tener otros puntos de vista o incluso pedir ayuda, estoy a tu disposición. Me encantará compartir contigo las reflexiones que este post pudiera haberte provocado. ¿Te animas? Una buena conversación, suele ser una buena provocación para el cambio. No dudes en concertar una sesión conmigo.

¡Bienvenido a tu capacidad para disfrutar! ¡Gracias por volver por aquí! 🙂

Cita previa

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