9 consejos para sentirse bien con uno mismo

9 consejos para sentirse bien con uno mismo. ¿Cuál recomendarías tú?. Seguro que si revisas en tu trayectoria personal, identificarás algo que te ha servido mucho en tu vida. Seguro que conseguiste sentirte bien contigo mismo. ¿Qué fue lo que te hizo sentirte mejor en los momentos más difíciles?.

Hoy te propongo repasar 9 consejos de manera breve y sencilla. Si quieres profundizar, fenomenal, puedes hacerlo en los artículos que acompañan a cada idea.

No hay recetas infalibles para todo el mundo. Pero quizá, vale la pena, tomarse unos minutos para reflexionar. Incluso para pensar en los consejos que tu darías. Si tu mejor amigo necesitara un consejo valioso ¿cuál le darías?. ¿Cuál sería ese mensaje esencial que le prestarías?.

Y ahora, dale la vuelta y mira hacia a ti. ¿Sigue ese consejo presente en tu vida?. ¿Cuánto tiempo hace que no pensabas en ese mensaje esencial para tu vida?.

Te animo si quieres a que en el apartado de comentarios nos dejes tu propio consejo. De lo que quieras. Cualquier idea para sentirse bien con uno mismo, siempre es de agradecer, ¿te animas?.

Ahora revisemos el extracto que te propongo para hoy. 🙂

9 consejos para sentirse bien con uno mismo

Qué hacer cuando sientes vergüenza

Cómo superar el perfeccionismo

Cómo descansar tu mente

Qué hacer ante una crisis personal

Cómo encontrarse a uno mismo

Cómo activar tu resiliencia

Supera el estrés, siendo proactivo

Cómo conseguir resultados

Cómo recuperar tu motivación

Conclusión

Tomas las riendas de tu bienestar emocional. Siéntete bien contigo mismo y reactívate. Lleva contigo siempre ideas sencillas para:

  • Superar la vergüenza.
  • Mejorar tu nivel de perfeccionismo.
  • Darte permiso para descansar tu mente.
  • Evitar que llegues a momentos de crisis personal.
  • Encontrarse a uno mismo.
  • Activar tu resiliencia.
  • Ser proactivo y superar el estrés.
  • Conseguir resultados.
  • Revolucionar tu motivación.
¿Qué consejo estaría bien que recordaras esta semana?
¿Cómo puedes ponerlo en marcha?
Visualiza qué ganarías y cómo te sentirías

Y si te apetece y puede ayudarte...

6 habilidades que te ayudarán a vivir mejor

Entender por qué las habilidades de ayudarán a vivir mejor, es crucial para tu bienestar emocional. Todos los días lo compruebo con las personas que vienen a consulta. Vienen con un mar de intranquilidad o inquietud porque existen situaciones o relaciones que no están llevando de la mejor forma. Lo sienten en su día a día, les agota y les impide llevar una vida en la que se sientan satisfechos consigo mismos.

Da igual si el reto es personal o profesional. La cuestión central es que necesitan desarrollar una serie de habilidades que les proporcionen los recursos necesarios para desenvolverse mejor. Sea que hablemos de relaciones personales, sociales o familiares. Incluso también fomentar mejores recursos psicológicos que les faciliten en cuidarse a ellos mismos. 

Cuando la persona que acude a consulta viene con un reto personal o profesional, consigue llevarse muchos recursos. Entre ellos: mayor satisfacción personal, herramientas para afrontar nuevas situaciones, recursos mentales y emocionales para vivir mejor, y una flexibilidad cognitiva mucho mayor.

6 habilidades que te ayudarán a vivir mejor

Autoestima

Desarrollar el hábito de cuidar nuestra autoestima es esencial, es una condición imprescindible para sobrevivir psicológicamente hablando. La autoestima es una de las características que nos diferencia como seres humanos. Las personas tenemos la habilidad de formar una identidad a la que asignemos un valor. Esta característica nos permite definir quiénes somos y tomar decisiones en base a ello. 

Cuando rechazas y juzgas parte o la totalidad de tu identidad, dañas las estructuras psicológicas que literalmente te permiten sobrevivir psicológicamente. 

Desarrollar y cuidar los cimientos de nuestra identidad personal significa aprender a:

  • Realizar una valoración precisa de tus fortalezas y oportunidades de mejora.
  • Identificar y mejorar ciertas estructuras cognitivas fomentadas por las emociones que se activan en el SNS que favorecen el daño a la autoestima.
  • Desarrolla la capacidad de compasión a uno mismo y a los demás.
  • Diferenciar las normas de los valores. Estos últimos fortalecen tu identidad personal y te proporcionan las directrices que facilitan sentir que actúas con coherencia en tu vida.
  • Afrontar de manera saludable los errores, mejorando la forma en que te relacionas con ellos.
  • Reaccionar de manera emocionalmente inteligente a las críticas sin perder el valor de tu identidad.
  • Crear el hábito de gestionar tus retos y conseguirlos para aumentar tu autoestima.
  • No evitar el dolor y saber afrontarlo de forma saludable.
  • Relacionarte con los demás al mismo nivel.

Compasión

Una habilidad estrechamente relacionada con la autoestima es la compasión. Cuando muestras compasión por ti mismo te comprendes y aceptas. Si cometes un error, te perdonas. Cuando eres compasivo contigo mismo estableces expectativas razonables sobre ti mismo y te propones metas conseguibles y retadoras. En general, la compasión te permite valorarte como una persona esencialmente buena ¿Cómo vas de compasión?.

Cuando la compasión te acompaña en tu vida diaria eres capaz de descubrir ante los demás el mejor valor que tienes en cada situación. Además, tu diálogo interno te cuida del daño excesivo o de la autocrítica más destructiva.

La compasión por uno mismo favorece la intención de conocerte sin juzgarte, de aceptar y comprender tus emociones, tus decisiones y tus actuaciones. Lo mismo ocurre cuando aplicamos la compasión a los demás. Es un hábito intencional de  comprender y cuidar en base a esa comprensión. La compasión requiere hacia uno mismo o hacia los demás de:

  • Aceptación sin juicios
  • Perdón
  • Conocimiento de necesidades
  • Identificación de creencias
  • Descubrimiento de emociones
  • Afirmación del valor de uno mismo
  • Empatía
  • Escucha activa
  • Cuidado
  • Tolerancia al estrés
  • Sensibilidad
  • Simpatía

Inteligencia Emocional

La inteligencia emocional es la capacidad de gestionar (regular, no controlar) las emociones propias y de los demás de manera que se pueda encontrar una emoción más adecuada a la vivencia que estás experimentando.

Es fundamental el reconocimiento e identificación de la emoción que se está experimentando y comprender las razones de esa emoción. Sea que esta emoción la estemos experimentando en primera persona o la sientan las personas con las que vives esa situación. La aceptación y comprensión de las emociones te permitirá calmar la intensidad con la que estás viviendo. Desde ahí, el paso hacia su gestión o regulación es más fácil. 

Acompañando a la identificación está el saber expresar esa emoción a ti mismo o hacia los demás. En multitud de ocasiones me encuentro con clientes que llevan años acumulando de forma oculta para los demás ciertas emociones muy intensas y dolorosas. Este hábito dañino sólo hace que alimentar la emoción dolorosa y les impide comprenderla desde la calma o desde otros puntos de vista.

Emociones como el dolor, la rabia, el odio, la ira, la tristeza pueden acumularse en tu interior impidiéndote vivir con mayor satisfacción personal. 

Tanto en el ámbito personal como en el profesional necesitas de la inteligencia emocional para vivir y trabajar con la mejor emoción. Incluso, para liderar, enseñar o relacionarte con los demás provocando las mejores emociones.

Para crear relaciones resonantes (energía positiva que se contagia provocando colaboración y compromiso) necesitas primero aprender a regular tus emociones para afrontar lo mejor posible las situaciones de tensión o incertidumbre. Después cuando ya manejes tu capacidad para regular tus emociones puedes pasar a ayudar a otros. 

Las técnicas de inteligencia emocional te permitirán tener un enfoque mental mucho más saludable e inteligente, emocionalmente hablando, para afrontar lo que necesites. La práctica consciente, deliberada y planificada te facilitará desarrollar este hábito para que ya te acompañe siempre en tu vida personal, familiar, social o laboral. 

Flexibilidad Cognitiva

La flexibilidad cognitiva te ayudará a ampliar tu capacidad mental de forma que evites quedarte atrapado en enfoques rígidos, negativos o “tramposos”. En muchas ocasiones las personas acuden atrapadas en una espiral mental de la que es difícil salir sin los recursos necesarios. A menudo, esta espiral mental que afecta a las emociones viene formada por cierta tendencia a:

  • La realización de predicciones negativas sobre el futuro.
  • Subestimar las habilidades propias para afrontar situaciones difíciles.
  • Asumir culpas o atribuciones negativas.
  • Pensar en términos de “debo, tengo que, debería…”

Este tipo de enfoques mentales contribuyen a que sientas mayor ansiedad, tristeza, enfado, vergüenza, y culpa. De hecho determinados enfoques vitales alimentan constantemente este malestar convirtiendo posiblemente el mundo en que vives en un lugar muy difícil. Acostumbras posiblemente a definir el mundo en función de cómo te sientes. Así, pierdes la oportunidad de que tú, con otros capacidades como la flexibilidad cognitiva puedes verte a ti, y al mundo de una manera mucho más realista y calmada. 

La flexibilidad cognitiva, te ayuda a:

  • Tener una mejor consciencia de la imagen completa de la situación.
  • Valorar “las dos caras de la moneda”.
  • Entender el propósito de tus enfoques negativos.
  • Encontrar explicaciones alternativas que no habías valorado anteriormente.
  • Analizar la situación desde otras perspectivas.
  • Vivir desde la elección y no desde las normas.

Inteligencia Conversacional

Las conversaciones tienen un impacto mayor de lo que habitualmente eres consciente. Además, incluyen más dimensiones que las que aparentemente ves de “preguntar y responder”. Algo esencial que a veces das por supuesto, es que las conversaciones generan emociones. Así de sencillo, hay conversaciones que te hacen sentir bien, o por el contrario, te hacen sentir muy mal. 

Tienes una red neuronal en tu cerebro preparada para identificar si la conversación que estás manteniendo en ese momento es una amenaza para ti o bien, es una conversación “amiga”. Así, las conversaciones impulsan múltiples conexiones neuronales que influyen en cómo te sitúas frente a tu interlocutor y cómo respondes. Incluso, cómo quieres abordar esa conversación. 

Entrenar tu corteza prefrontal te permitirá disfrutar de mejores conversaciones. A todos los niveles, familiar, social o laboral. Ya son muchas las personas que bien a nivel particular o para un enfoque más profesional (líderes, profesores…) están aprendiendo esta habilidad. 

Una mala conversación genera desconfianza, crea actitudes de defensa y ataque, y aumenta las distancias y las diferencias entre las personas.

¿Cómo impactan tus conversaciones?

Cómo extracto, podemos resumir que existen tres tipos de conversaciones:

  • Protectoras: en las que los interlocutores simplemente dicen y preguntan, se dan consejos y se pone el foco en una sola estrategia. Este tipo de conversación genera desconfianza y actitudes defensivas. Se favorece la activación de la amígdala que dispara todas las hormonas encargadas de potenciar el estado de alerta.
  • Consenso: los interlocutores se centran en realizar un intercambio de poder. Se pregunta para ver si se acepta o rechaza al otro. Se investiga para ver de que forma se puede expandir el poder o la influencia. 
  • Descubrimiento: en este tipo de conversación se intercambia energía y se pregunta con la intención de descubrir conjuntamente. Se explora la perspectiva del otro para unir y transformar la realidad. Se escucha para conectar, siendo el tipo de conversación que más confianza genera ya que opera desde la corteza prefrontal. El éxito de la conversación es compartido. Se utilizan preguntas para descubrir no para obtener la respuesta que queremos desde nuestra posición. 

¿Y tú en que nivel conversacional te mueves?.

Toma de decisiones

¿Qué tal vas con esa decisión pendiente?. ¿Cuánto tiempo y energía estás invirtiendo?. La capacidad, el entrenamiento y el hábito de tomar decisiones puede ser una fuente de total bienestar o gran estrés. Sea que tu decisión sea cambiar de trabajo, mejorar tu actitud, reorientar tu vida, o elegir entre diversas actuaciones personales, es importante que te entrenes.

La habilidad para tomar decisiones no depende tanto de que tomes la decisión correcta. Sino más bien, de qué seas consciente de qué te hará sentir mejor y te permitirá ser más coherente con tus prioridades e identidad personal. A muchas personas le causa un estrés tremendo tener que tomar decisiones. A menudo entran en días, semanas o meses en las que andan en espiral valorando qué opciones tienen más o menos ventajas para ellos. O incluso tratando de averiguar qué decisión es la más correcta. He aquí, una de las primeras trampas. Las decisiones son correctas según desde dónde lo valoremos. Con lo que arriesgarnos a identificar y darle valor a los criterios propios es la clave.

Es más fácil tomar decisiones desde el autoconocimiento y la identidad personal. En vez de tratar de sobreanalizar las opciones a tomar. 

Algunas ayudas para tomar decisiones

Como ayuda nos puede servir en general:

  • Limitar la información con la que vas a contar. En ocasiones seguro que tratas de hacerte con el máximo número de datos posibles en relación a las opciones que tienes. La realidad es que si revisas decisiones pasadas con las que estás satisfecho, solo un número limitado de información es la que te hizo decantarte por una opción u otra.
  • Asigna un plazo máximo para tomar esa decisión.
  • Recuerda que tu satisfacción con la decisión que tomes es lo importante, no lo que piensen otros. Puedes tenerlo en cuenta y valorarlo, pero al final las ventajas e inconvenientes las vas a asumir tú.
  • Prepárate para asumir las consecuencias de tu decisión. Cada decisión tiene sus consecuencias. ¿Qué estás dispuesto a asumir?
  • Confía en lo que te dice tu intuición. No sólo la que sientes en el estómago sino la que está basada en tu experiencia.
  • Revisa qué tipo de energía y cuánta estás dispuesto a poner en esta toma de decisión y en la opción que finalmente elijas. No serías el primero, que realmente valora que al final, esa decisión que tenía pendiente, realmente es algo que no le interesa realmente. Con lo que ¿para qué preocuparse?. 

Conclusión

Recuerda invertir en el aprendizaje de las habilidades que más impacto están teniendo en el bienestar emocional de las personas y como consecuencia en sus relaciones:

  • Autoestima
  • Compasión
  • Inteligencia Emocional
  • Flexibilidad Cognitiva
  • Inteligencia Conversacional
  • Toma de decisiones

El aprendizaje de habilidades personales te ayudará a:

  • Conocerte a ti mismo
  • Relacionarte contigo mismo desde la calma
  • Interactuar con los demás de manera más saludable
  • Regular tus emociones
  • Disfrutar más de la toma de decisiones
¿Qué necesitas para vivir mejor contigo mismo?
¿Cuál de las 6 habilidades sería un buen reto para empezar?
¿Cómo te sentirías si consiguieras desarrollar mejor esa habilidad?

Y si te apetece y puede ayudarte...

Cómo dejar de vivir con ansiedad todos los días

Acostumbrarse a vivir con ansiedad puede resultar muy perjudicial para tu salud emocional. Mantener un estado de ansiedad continuado te lleva a vivir en estado de alerta constante. En este estado emocional tu cerebro mantiene siempre activo el modo “búsqueda de errores, culpables y hechos negativos”. Cómo vives cada experiencia personal, familiar, personal o social se ve influenciada por el filtro de que algo negativo va a pasar, que no es segura la situación y que debes estar alerta constantemente por si vuelves a sufrir.

Este modo mental de afrontar las situaciones forma parte de nuestro sistema nervioso. Es importante que funcione para situaciones realmente de peligro o amenaza. Ahora bien, el ser humano tiene la capacidad de activarlo y mantenerlo en “modo on”, simplemente con la interpretación sesgada de las experiencias que vivimos.

Las experiencias pasadas, los miedos, las experiencias traumáticas y las emociones negativas no resueltas pueden hacer que este modo de afrontamiento esté en constante funcionamiento. De esta forma, se genera una forma de vivir cada nueva experiencia desde la ansiedad y el miedo.

Es en este estado cuando el foco de atención de la persona que vive con ansiedad se centra en la situación amenazante o en “pistas” que considera amenazantes, o en el resultado negativo que aventura que ocurrirá. Así, se prepara para prevenir o minimizar el posible dolor posterior o sufrimiento.

Vivir en estado de alerta constante no permite al cuerpo y a la mente descansar, recuperarse, y compensar el desgaste físico y emocional que provoca la ansiedad continuada. El cuerpo está preparado para afrontar situaciones estresantes de manera puntual pero no está capacitado para mantenerse en periodos prolongados de ansiedad.

Cómo dejar de vivir con ansiedad todos los días

Reflexionemos hoy cómo puedes aprender a dejar de vivir con ansiedad todos los días. Recuerda que sin tu voluntad de cambio y elección personal de superarte, el estado de alerta no desaparecerá.

Qué necesito hacer para dejar de controlarlo todo

Deja que las cosas fluyan

Cuando estás en constante estado de alerta mantienes tu amígdala en funcionamiento continuado. Así tu cuerpo y tu mente reciben señales para mantener activo el “modo defensivo”, lo que en muchas ocasiones te llevará a poner en marcha una acción impulsiva para contrarrestar. Incluso, una acción que puede que no sea la mejor en esa situación.

  • Permanece atento a la primera señal de alarma. Respira y para un poco. Si luego quieres seguir con tu impulsividad, lo puedes hacer igualmente. Pero permítete, aprender.
  • ¿Cómo podrías hacer para dejar que la situación fluya por sí sola?. Sabes que controlarlo todo y estar en constante anticipación no es demasiado productivo. Ya lo has comprobado muchas veces.
  • Prueba algo diferente. Deja que la situación ocurra y confía en que si es realmente necesario, sabrás cómo afrontar lo que ocurra después. Habla con alguien en el momento que tu impulso de ansiedad te avise.
  • Evita hacerte más daño al dejarte llevar por la impulsividad y urgencia que pide tu estado de alerta.

Déjate llevar por las distracciones

De normal, parece que no sea bueno dejarse llevar por las distracciones. Parece que tengamos que estar siempre con el foco muy atentamente activado. En esta ocasión utiliza las distracciones en tu beneficio. Tu cerebro necesita apartar la atención de lo que habitualmente te lleva a vivir en estado de alerta constante.

  • En lugar de estar controlando todo, encuentra algo distinto que hacer. Puede ser algo divertido, un crucigrama, un hobby, escuchar a otra persona, leer un libro, ver las noticias, jugar con tus hijos, o acariciar a tu mascota. Lo que quieras, pero en vez de dejarte llevar por el impulso, decide qué otra actividad puede captar tu atención en ese momento.

Si tienes que luchar, lucha contra tus impulsos

La amígadala y todas las hormonas y caminos neuronales que se ponen en marcha son los responsables de tus acciones impulsivas. Esos impulsos retroalimentan de nuevo el estado de alerta.

  • Así que, activa tu corteza prefrontal. Es ahí donde se encuentra la solución. Calmarás la amígdala dejando que la corteza prefrontal dirija las estrategias de afrontamiento más saludables para ti.
  • Necesitas intencional y habitualmente buscar estrategias más saludables que no dejen paso a la urgencia destructiva a la que estás acostumbrado.

Supera la mentalidad de escasez que activa la ansiedad

La vivencia de la mayoría de situaciones estresantes pone en marcha la “mentalidad de la escasez”. Bajo este foco de atención seguro que identificas todo lo que no tienes. Tiendes a pensar que no tienes suficiente:

  • Dinero
  • Valía
  • Capacidad
  • Amor
  • Tranquilidad
  • Seguridad
  • Etc…

Este modo de focalizar tu atención causa enfado, ansiedad y/o tristeza. Puedes incluso obsesionarte con lo que consideras que te falta. Así activas entonces, y de manera constante tu “modo urgente defensivo”. Nuevamente se pondrán en marcha todos los comportamientos impulsivos que tienes aprendidos y que aparentemente te dan una “calma falsa” y muy puntual. Pero no resuelves la ansiedad de la próxima vivencia que experimentas con el mismo filtro de atención.  La amígdala toma el control y no tiene en cuenta mejores soluciones para el largo plazo. Sólo pones en marcha soluciones a corto plazo que no aumentan tus recursos de afrontamiento y flexibilidad cognitiva.

Acabas destruyendo tu ilusión y motivación por vivir situaciones nuevas y cambios. Evitas los posibles peligros que anticipas en tu mente dirigida por la amígdala. Te mantienes protagonizando una vida con los mismos recursos psicológicos que siempre, sabiendo que no te ayudan a largo plazo y te proteges de superarte y crecer.

Elige intencionadamente activar la corteza prefrontal. En la corteza prefrontal se encuentran tus mejores capacidades cognitivas: creatividad, solución de problemas, toma de decisiones, aprendizaje… Prueba poco a poco estrategias diferentes:

Pon el foco en lo que tienes, no en lo que te falta

Revisa tu entorno laboral, social y familiar. ¿Qué tienes que te hace sentir bien?. ¿De qué te sientes orgulloso y agradecido?. Reflexiona sobre ti mismo: ¿Qué logros conseguiste en pasado?. ¿Con qué herramientas mentales y emocionales cuentas, que ya has puesto en marcha antes?

Clarifica tus prioridades

Las personas que viven mejor las situaciones difíciles y estresantes son aquellas que tienen sus valores y prioridades muy claras. De hecho, les es más fácil tomar decisiones en situaciones urgentes. ¿Cuáles son tus valores?. ¿Cuáles son tus prioridades en la vida?. ¿Qué es lo más importante para ti por encima de otras cosas?.

Anticípate con estrategias

Si has de anticipar que no sean miedos. Todavía no se han materializado. Pon el foco en estrategias que utilizarás cuando tus señales de alarma se pongan en funcionamiento. Prepara cómo evitarás dejarte llevar por impulsos ansiosos que sólo te protegerán momentáneamente y no solucionarán tu ansiedad a largo plazo.

Elige tomar riesgos razonables

Antes de se dispare tu amígdala y todas las sensaciones de ansiedad que sabes que sueles sentir, reflexiona. Haz acopio de lo que tienes y asume pequeños riesgos. Riesgos razonables en los que sepas que manejas un alto porcentaje de recursos necesarios para superar ese reto. Para ese porcentaje que crees que no manejas, permítete aprender.

Pon el foco de atención en el largo plazo

La ansiedad constante te proporciona una sensación de urgencia para que actúes impulsivamente o evites la situación que tienes delante. Busca un momento un poco más tranquilo y prepara estrategias a largo plazo que te permitan aprender estrategias mentales y emociones a largo plazo. ¿O te imaginas en 5-10 años viviendo todavía con este estado de alerta constante?.

Cuida tus mejores relaciones

La ansiedad puede provocar estados de aislamiento y reducir el número de impactos y vivencias positivas que nos proporcionan las relaciones personales. Es justo lo que necesitas para recuperarte y aprender otras estrategias. Tus mejores relaciones personales son tu apoyo. Son tu fuente de energía positiva para compensar el desgaste emocional que genera el estado de alerta constante. Mantén esas relaciones, cuídalas. No te castigues. Y procura poner el foco en sus experiencias. Comparte lo que te ocurre, pero de manera delimitada. Deja que tu cerebro expanda sus posibilidades escuchando a tus mejores amigos o a tus seres más queridos.

Elige vivir emociones positivas

Conclusión

  • Vivir en estado de alerta constante perjudica tu salud emocional y tus capacidades cognitivas.
  • La amígdala dirige las acciones urgentes que necesitas hacer cuando tienes miedo, estás enfadado o sientes ansiedad.
  • Las estrategias que pones en marcha bajo tu estado de alerta sólo tienen un efecto a corto plazo y no solucionan el próximo momento de alerta.
  • Elegir voluntariamente la activación de tu corteza prefrontal te permite aprender estrategias a largo plazo.
  • Invertir en conscientemente aprender nuevas acciones ante nuestros miedos reducirá la ansiedad que te provoca el estado de alerta permanente.
  • Ocuparte de vivir emociones positivas activa tu capacidad para afrontar situaciones difíciles o estresantes. Tu capacidad de resiliencia necesita de vivencias de felicidad.
¿Vives en estado de ansiedad todos los días?
¿Qué pequeño cambio y de gran impacto puedes empezar a realizar?
¿Cómo será tu plan para aprender estrategias mentales y emocionales?

Y si te apetece y puede ayudarte...

He perdido la motivación ¿cómo puedo recuperarla?

«He perdido la motivación, ¿cómo puedo recuperarla?», ¿has escuchado esta expresión alguna vez?. O incluso tú mismo, ¿puede que la hayas pensado y que te sientas sin ilusión?. 

La mayoría de las personas que se han encontrado alguna vez con esta sensación piensan que el mundo es un lugar demasiado difícil. Sienten que la vida no tiene un sentido claro para ellos y, que incluso, «parece que haya que ser falso para estar bien y llevarse  bien con todo el mundo».

La verdad es que cuando se permiten hacer un «stop emocional» en sus vidas y comprender su desmotivación, se dan cuenta que su motivación siempre estuvo ahí. Lo que ocurre es que en determinadas épocas de sus vidas no la dejaron salir.

Todo el mundo tiene un motivo que le impulsa como mínimo a:

  • Querer influir positivamente en las personas de su alrededor. Sea el trabajo, la familia, los amigos, etc.
  • Afiliarse y sentirse identificado con un grupo. En cualquiera de sus ámbitos vitales. Formar parte de algo más grande que uno mismo, nos impulsa a aportar lo mejor de nosotros mismos.
  • Conseguir retos. Es el impulso que nos dirige a superarnos, a conseguir nuestras metas y a implicarnos en lo necesario para conseguirlas.

 

Entonces, ¿a dónde se fue tu motivación?

 Podríamos decir, que «se ha escondido». La motivación a menudo se encuentra abrumada y oculta por, al menos, alguna de estas razones:

  • Un montón de vivencias difíciles no resueltas emocionalmente.
  • El cansancio o agotamiento.
  • La falta de recursos psicológicos.
  • Posible inercia de comprometernos con demasiadas obligaciones.
  • Exceso de perfeccionismo.

Pero existe, la tienes. Tu motivación está ahí. Quizá la parte más difícil sea trabajar en ti mismo para dejarla salir. Por ello, invertir en ti para deshacerte de todo lo que oculta tu motivación, es crucial para gestionar esa desilusión.

¿Qué hace que pierdas la motivación?. Veamos algunos casos. También te invito a que te plantees algunas pequeñas acciones para que puedas sacarla a la luz. Cómo ya me conoces, sabes que no daré recetas mágicas ni rápidas. Pero al menos, algunas indicaciones de cómo empezar si que sería interesante que pudieras tenerlas en cuenta. Es importante recordar que los procesos psicológicos son muy personales y que no a todo el mundo le sirve todo. En los casos de desmotivación, siempre estamos ante un camino de autodescubrimiento personal e intransferible.

He perdido la motivación ¿cómo puedo recuperarla?

Hay una serie de señales físicas, emocionales y mentales que te avisarán de que tu motivación está quedándose en un segundo o tercer plano. De hecho, identificar estos avisos y profundizar en cómo llegamos hasta ahí, será la clave para gestionar la tristeza y falta de ilusión que produce la pérdida de motivación. 

¿Qué te dice tu cuerpo sobre tu pérdida de motivación?

  • No escuchas lo que necesita tu cuerpo
  • Trabajas demasiado
  • Te sientes cansado
  • Últimamente los resfriados son más frecuentes o duraderos, igual que los dolores de cabeza o dolores musculares.
  • Tu sistema inmunológico parece estar bajo mínimos.

Una investigación llevada a cabo por Jonathan Leval, Shai Danziger, and Liora Avniam-Pesso en las universidades de Columbia and Ben-Guron mostraba la importancia de la glucosa en nuestro cuerpo. Cuanta menos glucosa tienes en tu cuerpo, menos dispuesto estás a hacer una decisión activa para cambiar el futuro.

¿Puede que tu cuerpo te esté avisando de que necesita determinados alimentos para sentirse mejor?. Puede ser glucosa, pueden ser vitaminas, … Negar las necesidades fisiológicas de tu cuerpo puede afectar a tu energía, en consecuencia a tus emociones y motivación. 

Ya sé que lo sabes, pero hazlo, empieza por lo básico, aliméntate bien.

  • Haz un repaso de tu dieta.
  • Incluye fruta, verdura y frutos secos.
  • Bebe agua.
  • Camina o realiza alguna actividad física. 
  • Y todas las recomendaciones que nos dicen los médicos…

Pero sobre todo, disfruta comiendo. Evita comer pensando en lo siguiente que tienes que hacer. Haz las comidas con mentalidad de mindfulness. Disfruta y concéntrate en cada alimento, en su sabor, en su olor… Si tienes ocasión, ya cuando estés en casa, dedícale un poco de tiempo más a preparar lo que vas a comer. Tan importante es preparar la comida como ingerirla. El proceso de darse la oportunidad de «me merezco este rato para disfrutar» es un proceso  básico que personas con depresión o con gran desmotivación siempre relegan. Lo sustituyen por comer cualquier cosa o incluso comer mal y menos. Lo mismo ocurre con la actividad física. Empieza por lo básico. Luego veremos qué más puedes hacer para recuperar tu motivación. 

¿Qué te dice tu mente sobre tu pérdida de motivación?

  • Te estás involucrando en demasiadas decisiones.
  • Tu perfeccionismo te está ahogando porque no puedes llegar nunca a lo que consideras que es correcto.
  • Te dejas llevar por los ambientes tensos, de incertidumbre y tóxicos.
  • Tienes conflictos internos que te están estresando continuamente y te están agotando.
  • No puedes imaginar claramente tus próximas metas.

Necesitas profundizar, conocerte a ti mismo es la clave para activar tu motivación

lo que te dice tu mente empieza con algunas reflexiones
Te estás involucrando en demasiadas decisiones ¿Realmente tienes que tomar tú todas esas decisiones?. ¿Son todas urgentes?. ¿Son decisiones que quieres tomar?. Haz una lista de las decisiones que quieres tomar, las que debes y las que podrías tomar. Identifica así, más fácilmente el plazo para tomarlas. Ahora déjalas a un lado por un momento, y piensa cuáles son tus prioridades más importantes en tu vida. ¿Puedes reorganizar tu lista de decisiones?. Empieza a ser posible por las decisiones que quieres tomar.
Tu perfeccionismo te está ahogando ¿Qué hay detrás de tu perfeccionismo obsesivo?.Piensa. ¿Qué buscas calmar y no estás consiguiendo?. Haz una lista de motivos por los cuales necesitas prestar tanta atención a la perfección y a lo correcto. ¿Qué te dicen esos motivos?. Reflexiona. ¿Qué necesitas reorientar o fortalecer en vez del perfeccionismo?. Te en cuenta, ¿Qué te pierdes poniendo el perfeccionismo como eje de todas tus actuaciones?.
Te dejas llevar por ambiéntes tensos, tóxicos y de incertidumbre Cuánto menos consciente es uno mismo de sus fortalezas y sus recursos psicológicos, más fácil es dejarse abrumar por este tipo de ambientes o por personas con comportamientos tóxicos. Reflexiona sobre quién eres, de qué te sientes orgulloso, cuáles fueron tus logros pasados y cómo los resolviste. Vive las situaciones tensas, tóxicas o de incertidumbre desde lo qué tu quieres hacer, lo que tú puedes aportar. Delimita bien tus límites y decide en qué batallas quieres poner tu energía y tu valor. A veces la tensión, la incertidumbre y la toxicidad no son un ataque personal. Valora qué puedes y quieres hacer en cada momento de forma consciente.

Más cosas que te dice tu mente...

lo que te dice tu mente empieza con algunas reflexiones
Tienes conflictos internos importantes Los conflictos internos generan emociones negativas posiblemente de ansiedad, intranquilidad y frustración. Si sientes contradicción interna es porque tus valores, prioridades y principios no encuentran coherencia en tu vida. ¿Cómo estás afrontando tu día a día?. ¿Qué estás poniendo por delante de ti?. ¿Son coherentes tus decisiones con tus valores?. Investiga a quién estás dando prioridad y por qué. Posiblemente te venga bien invertir tiempo en reflexionar que lo qué tu quieres es tan importante como lo que quieren los demás, y que vale la pena reflexionar sobre cómo encontrar la forma de llegar a acuerdos. En vez de priorizar lo que piensan los demás sobre lo que piensas tú.
No puedes imaginar claramente tus metas Seguramente las emociones negativas que acompañan a tu desmotivación hacen que mentalmente no dispongas de claridad sobre tus metas. También puede influir que no le estás dedicando el tiempo y reflexión necesarias para poner blanco sobre negro en lo que quieres conseguir. En el caso de que las emociones negativas te estén bloqueando, resuelve y regula primero tus emociones, luego revisa nuevamente tus metas. Para reflexionar sobre tus metas es importante que profundices, sobre el motivo de tus metas, para qué quieres conseguirlas, cómo te harán sentir, a qué estás dispuesto a renunciar y en qué estás dispuesto a implicarte al máximo.

¿Qué te dicen tus emociones sobre tu pérdida de motivación?

  • No te sientes autónomo en tu vida personal, familiar, social o laboral.
  • Dependes mucho de los demás para sentirte bien.
  • Te resulta muy difícil identificar por qué no estás bien.
  • No se lo has contado a nadie o casi nadie pero intuyes que hay alguna emoción no resuelta desde hace tiempo. 
  • Sientes miedo.

Para resolver tus emociones es necesario conocerlas, identificar el motivo y buscar nuevos recursos psicológicos

lo que te dicen tus emociones Empieza con algunas reflexiones
No te sientes autónomo en las diversas facetas de tu vida Sentir que no eres "dueño" de tu tiempo, de tu vida o incluso de tus decisiones puede causar gran desmotivación. La autonomía personal además, influye directamente en tu autoestima. Así que, préstale la atención adecuada y revisa en qué facetas de tu vida no sientes la suficiente autonomía personal. Reflexiona sobre cuánta autonomía tienes en relación a las metas que quieres conseguir. ¿Hay algún área donde te sientes controlado?. Identifica cómo puedes desarrollar progresivamente mayor autonomía. ¿Cómo puedes asumir mayor autonomía en tus tareas, tiempo, decisiones, retos, etc.? Si es necesario pide la autonomía que crees que puedes asumir en algún entorno determinado como el trabajo, por ejemplo.
Dependes mucho de los demás para sentirte bien Está genial sentirnos contagiados por las personas que desprenden alegría y energía. Ahora bien, el problema está cuando dependes del entorno para sentirte bien y no dispones de los recursos necesarios para activar tus mejores emociones cuando las necesitas. La búsqueda de aceptación y aprobación, el considerarte menos que los demás, y la falta de conocimiento consciente de uno mismo, pueden provocar tu desmotivación. Revisar situaciones en las que "por compromiso", tuviste que activar tu mejor emoción puede ayudarte. Muy posiblemente, ser consciente de cómo activaste tu mejor emoción en una situación que "no querías o no podías" expresar tus emociones negativas, puede ayudarte. Seguro que ante un cliente, amigo o familiar diste lo mejor de tus emociones aunque no te sintieras así al principio. Seguramente acabaste por sentirte mucho mejor que cuando entraste en esa situación. ¿Cómo lo hiciste?.

Incluso si te resulta difícil...

lo que te dicen tus emociones Empieza con algunas reflexiones
Te resulta muy difícil identificar por qué no estás bien Seguramente no quieras saber cómo te sientes. Hay muchas personas que "huyen" de profundizar en sus emociones por temor a reconocer lo que sienten. Pero esto, es un falso recurso psicológico, porque el malestar aumenta cada vez más. Prueba a hablar con alguien de confianza, con un profesional o incluso empezar a escribir sobre ello. Empieza por poner palabras sin orden ni concierto sobre lo que sientes. Desarrolla después cada idea emocional. Exprésate y explícate con todo el detalle que necesites. Reflexiona más tarde sobre lo que has sido capaz de expresar ¿qué es exactamente lo que sientes y por qué te ocurre?.

Escucha a tus emociones...

lo que te dicen tus emociones Empieza con algunas reflexiones
Sabes que tienes alguna emoción no resuelta desde hace tiempo Hay emociones que puede que te duelan demasiado, o incluso sientas vergüenza de sentirlas. Lo cierto, es que como no han requerido una solución urgente las has ido procrastinando, y la inercia del día a día las ha ido ocultando. Las emociones que se guardan en cápsulas internas "pendientes de ser resueltas" pueden acabar por hacerte más daño que la emoción inicial. Suelen crear etapas de desmotivación, de crisis personal o de ansiedad en momentos decisivos de la vida de las personas. Date permiso psicológico para abordarlas. Reconcíliate con ellas. Préstales la atención que necesitan. Es como si tuvieras una etapa de tu vida sin terminar y sientes que no te deja seguir adelante con tranquilidad y seguridad. Evita esperar a momentos de crisis. A veces, suelen requerir perdonarse, asumir algunas pérdidas en nuestra vida, reconocer el dolor o la rabia, hacer las paces con nosotros mismos o con alguien.
Sientes miedo Piensa de qué o quién tienes miedo. ¿Qué es exactamente lo que te preocupa?. Tu miedo te está paralizando, así que presta atención a los motivos ya que son parte de la solución. ¿Qué necesitas hacer para que ese miedo se calme?. El miedo es un aviso de que estás ante una situación que requiere de recursos diferentes a los habituales.

Conclusión

La falta de motivación viene acompañada de multitud de señales físicas, mentales y emocionales. Prestarles atención es el paso necesario para iluminar de nuevo tu motivación, tu propósito, tu impulso y tus compromisos. Esa razón por la cual te brillan los ojos, puede estar oculta en determinadas etapas de tu vida. No la has perdido. Puede que sencillamente tengas algunos «pendientes» emocionales, físicos y mentales que atender primero.

Préstales atención y aumenta tu capacidad de vivir de manera plena, consciente y elegida. Tu motivación está esperando a que «hagas los deberes». 🙂 

¿Qué señales estás recibiendo de tu cuerpo, tu mente o tus emociones?
¿Cuáles serían las acciones más pequeñas por las que podrías empezar a resolver tus "pendientes"?
Imagina cómo te sentirías si pudieras dejar salir tu motivación 🙂

Y si te apetece y puede ayudarte...

El coste emocional de negar que #noesno

Imposible no reflexionar ante las noticias en las que un “no” expresado por una mujer no es escuchado. También, imposible no replantearse cuestiones personales y creencias sobre el mundo, sobre la dignidad de uno mismo, y sobre el sentido de control que tenemos sobre nuestras vivencias.

Y esto justo es la clave. No es no. Bien sea que un niño es maltratado. También, cuando dentro de una relación personal no se atiende a un no expresado por una mujer. O igualmente cuando extraños y/o conocidos ignoran un “no”.  

Aunque menores son los casos, estaríamos en la misma situación cuando un hombre expresa un “no”. Conozco casos y son igualmente desagradables. Desafortunadamente, las estadísticas nos muestran mayor número de casos en la mujer. En ningún caso, un “no” debería ser desatendido. Como personas integradas en una sociedad, merecemos todos un respeto y un valor.

No, es basta. Decir no, es gritar para. No, es no quiero esto en mi vida. Gritar no, es decir que ahora mismo quiero otra cosa, y que tengo derecho a cambiar de opinión.

Negar la escucha de un “no”, no sólo afecta a la persona implicada afecta todas las personas que se relacionan con el hecho traumático. Así cuanto más cerca o más implicados estamos en un hecho traumático más probabilidad de que nos afecte también.

Negar la escucha de un “no” significa que justo en ese momento se desestabilizan, sino todas, muchas de las creencias básicas que necesitamos para vivir y desarrollar relaciones de equilibrio personal y confianza.

El coste emocional de negar que #noesno

Las creencias básicas son esquemas conceptuales que desarrollamos sobre nosotros mismos, sobre los demás y en relación con el mundo en general. Estas creencias nos ayudan a manejarnos con cierta sensación de orden y control en la vida. Esta sensación de control y orden, se modifican bruscamente cuando nuestra vida se ve interrumpida por hechos traumáticos como el abuso, la violencia, y la agresión sexual, entre otros. Y aquí es cuando, con mucha seguridad, surge el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT).

Con una agresión aprendemos que el mundo no es bueno

Una de las primeras creencias que nos permite vivir nuestra vida de una forma adaptativa es considerar que por lo general el mundo es bueno. Ante un hecho traumático, estas creencias se caen.

Dejamos de creer que el mundo por lo general es benevolente, así como los hechos que ocurren en él

Las personas por lo general albergamos enfoques optimistas y creemos que ocurren más hechos positivos que negativos. Este enfoque optimista se relaciona con indicadores de bienestar como, por ejemplo:

  • Menor reacción ante el estrés.
  • Mejor capacidad de afrontamiento.
  • Menor depresión y ansiedad.
  • Mayor satisfacción con la vida y sensación de felicidad.

Así estas creencias crean un balance globalmente positivo del mundo en el que vivimos, ya que asumimos que podemos predecir un futuro positivo, y que tenemos pocas probabilidades de sufrir hechos negativos. Incluso consideramos que determinados hechos negativos son controlables. Estas creencias, por supuesto tienen mayor fuerza en las personas que no han experimentado hechos traumáticos.

No todas las personas que experimentan un hecho traumático desarrollan un TEPT, pero en caso de desarrollarlo, se reduce y se pierde:

  • La sensación de invulnerabilidad.
  • El grado de confianza que se puede tener en que se vivirán experiencias positivas.
  • La satisfacción personal con la propia vida, las estrategias de afrontamiento y el sentimiento de felicidad.

Dejamos de creer en que el mundo social que nos rodea es bueno y que podemos confiar en las personas

En relación con nuestro entorno social tendemos a creer que éste es benevolente y que las personas, por lo general nos tratarán con bondad y respeto. Esta creencia nos permite desarrollar una buena integración social, un sentido de pertenencia, y unas buenas relaciones sociales positivas.

Las vivencias traumáticas y la violencia colectiva generan bruscamente la sensación de no saber, de no controlar y de no conocer, cómo se desarrolla el mundo. Así como también, provocan la ruptura de nuestra capacidad de confianza en la gente. Predecimos entonces, que el mundo no tiene sentido y que no existe cohesión social.

Ante una agresión dejamos de creer en el sentido del mundo, el control, el azar y la justicia.

Se asocia a criterios de salud mental desarrollar unas creencias sanas sobre la justicia en el mundo, así como tener un buen locus de control interno (capacidad para crear resultados a partir del compromiso y esfuerzo propio).

Janoff-Bulman (1992) diferencia dentro 3 tipos de creencias básicas y cruciales en nuestra vida:

  • Creencias sobre el control del mundo, que se relacionan con nuestra capacidad de control.
  • Las creencias sobre el azar, que se relaciona con la afirmación de que los hechos no ocurren por azar.
  • Creencias sobre la justicia, según las cuales las personas reciben lo que se merecen, es decir que lo que les ocurre es justo.

Estas creencias cubren nuestras necesidades de mantener un enfoque relativamente estable y coherente sobre lo que ocurre en el mundo, de asimilar las novedades e integrarlas con nuestras creencias, reduciendo la incertidumbre y finalmente, de atribuir un significado al mundo, y de reforzar la consistencia entre nuestras creencias.

Así, cuando ocurre un hecho traumático como una agresión, el sistema que sustenta nuestra capacidad de control, la relación con el azar y las creencias sobre la justicia, se deshacen. Nos sumergen en un estado de descontrol total en el que aprendemos a que no podemos confiar en nadie y que no viviremos en un mundo justo.

Con una agresión se deja de valorar la dignidad de uno mismo

Para mantener una identidad personal y colectiva adecuada necesitamos creer en nosotros mismos. No sólo eso, necesitamos creer que somos merecedores y dignos de respeto. Así, según Janoff-Bulman (1992), es crucial que nos veamos a nosotros mismos como personas:

  • Valiosas con una buena autoestima. Esta capacidad de valorarnos a nosotros mismos se relaciona con menores niveles de ansiedad y depresión, y con una mayor capacidad de reaccionar ante el TEPT. Considerarnos como personas valiosas nos permite, además, recordar con mayor frecuencia los hechos positivos y atribuir con mayor frecuencia los éxitos conseguidos en nuestra vida.
  • Eficaces y con capacidad de decidir. Las personas que valoran que controlan su vida, reaccionan mejor ante el estrés, y sienten que tienen mayor capacidad de decidir libremente, y controlar su destino. Esto facilita un mayor ajuste psicológico.

Ante la vivencia de un hecho traumático, la percepción de valía sobre uno mismo es bruscamente atacada, así como la sensación de ser capaz de afrontar situaciones difíciles, y de decidir libremente sobre la propia vida. Estas consecuencias ponen en riesgo el ajuste psicológico necesario para vivir con nuestro pasado, disfrutar del presente y confiar en un futuro positivo.

Qué les espera a las víctimas de vivencias traumáticas

Para afrontar nuestra vida de una forma emocionalmente saludable necesitamos comprender las vivencias negativas que nos ocurren e integrarlas en nuestra vida: pasado, presente y futuro. Es importante también, que estos hechos traumáticos o negativos tengan cabida y ajuste con nuestro sistema de creencias sobre la justicia, el control, la ausencia del azar y el sentido del mundo. Las personas que han sufrido vivencias traumáticas necesitan encontrar respuestas a qué es, cómo y por qué ocurrió ese acontecimiento, que les desestabilizó por completo su sistema de creencias sobre la bondad y la justicia en el mundo.

Nolen-Hoeksema, S. y Davis, C.G. (2005) y Tennen, H. y Affleck,G. (2005) concluyeron algunas ideas sobre la búsqueda del sentido en relación a la vivencia de hechos traumáticos:

  • No todas las personas logran encontrar un sentido explicativo a lo ocurrido. Entre un 35% y 60% de personas no consiguen encontrar un porqué a las pérdidas incluso varios años después de haber ocurrido el suceso.
  • Las personas que no encuentran un sentido que explique el hecho traumático en un primer momento, siguen sin encontrarlo a medio y largo plazo.
  • Sólo si se encuentra un sentido explicativo al hecho traumático a corto plazo se va a conseguir un mejor ajuste emocional.
  • Cuánto más se tarda en encontrar un sentido a la vivencia traumática peor se valora el mundo, la justicia y el lado benevolente del mundo.

Así, encontramos que las personas que han vivido un hecho traumático tendrán, en la medida que su desarrollo emocional vaya mejorando, una ardua tarea personal de recuperar el sentido de sus vidas, de volver a valorarse personalmente y de reconciliarse con el mundo.

¿En qué más necesitarán invertir las víctimas de violencia?

Entre otros retos, las personas que han sufrido una vivencia traumática necesitarán invertir en

  • Reducir la asociación de aprendizaje que sea ha creado entre relacionarse con personas nuevas o conocidas y las consecuencias de peligro para la persona. Es decir, aprender a confiar de nuevo.
  • Recuperar la estructura mental del miedo como un sistema adaptativo que nos avisa en caso de peligro real. EL TEPT genera una amplia conexión de estímulos reales e imaginados que provocan que la persona necesite evitar cada vez más estímulos o situaciones relacionadas con el hecho traumático original. Las personas que han experimentado abusos y agresiones necesitan ajustar la estructura mental del miedo y reducir la asociación de cualquier situación al hecho traumático.
  • Volver a establecer el control de las situaciones, la atribución de responsabilidades y la integración de nuevas vivencias.
  • Reducir la reacción de la ansiedad mediante la creación de nuevos recuerdos positivos ante nuevas vivencias relacionadas con el mundo, consigo mismo y con las personas.
  • Disminuir las valoraciones negativas excesivas causadas por la vivencia traumática.
  • Reforzar las estrategias de afrontamiento de la persona y aprender nuevos recursos psicológicos que reduzcan el impacto intrusivo que produce el recuerdo constante del hecho traumático.
  • Trabajar la memoria traumática caracterizada por revivirse continuamente aumentando la sensación de que se experimenta de nuevo el trauma.
  • Regular la rumiación de pensamientos negativos relativos a la experiencia traumática.
  • Impulsar la capacidad para aplicar la inteligencia emocional para resolver los miedos y las emociones desestabilizadoras que siente la víctima.
  • Recuperar la autoestima y la percepción de que se merece respeto y dignidad.
  • Crear una vida con expectativas positivas sobre el futuro.
  • Recuperar su identidad personal para evitar definirse como una víctima.
  •  Eliminar la sensación de culpa. 
  • Creer de verdad que su vida  tiene sentido y que merecen sus ilusiones y objetivos.

Conclusión

Las vivencias traumáticas tienen un alto coste emocional para las personas que lo protagonizan. Fundamentalmente tienen un coste emocional:

  • Sobre la expectativa y creencia de que el mundo por lo general es un buen lugar en el que habitualmente ocurren más cosas buenas que malas.
  • En la confianza de las personas que nos rodean.
  • Sobre la valoración de la propia persona como alguien digno de respeto y aprecio.
  • Cuando se produce una vivencia traumática causada por otras personas y considerada como “evitable”, la sensación de dolor y desamparo es muy grande. Confiábamos en que el mundo en general es bueno. Entonces, a la víctima le queda un trabajo personal y emocional para recuperarse, y vivir el resto de su vida de la mejor forma posible.

Buenas noticias

En estos días en las conversaciones con mis clientes que han sufrido situaciones traumáticas similares me cuentan que están bien. Me comunican, que lo han superado y que ver este tipo de noticias, lejos de sumergirlas en recuerdos traumáticos, les han empujado a sentirse “como un león”. Mujeres con fuerza, y con una gran valoración de sí mismas, que han aprendido a confiar de nuevo en el mundo, sin dejar de potenciar sus recursos psicológicos.

¡Enhorabuena! 🙂 Y mi más sentido y emocionado agradecimiento por haber compartido conmigo su proceso de recuperación, y estos momentos de fuerza y valentía.

Mis mejores deseos de recuperación para todas aquellas personas, especialmente mujeres y niños que estén viviendo situación de agresión, abuso o maltrato para que puedan pronto recuperarse y salir del impacto de este recuerdo traumático. 

Ojalá no sufras. De verdad, que ojalá, cada vez haya menos situaciones, por no decir cero, relacionadas con maltrato, violencia o abuso. Pero si lo has sufrido o lo estás sufriendo:

  • Pide ayuda.
  • Se puede superar.
  • Puedes recuperar tu dignidad.
  • Tienes derecho a decir no.
  • Gestionar tu ansiedad y tu tremendo miedo es posible.
  • Tú no tienes la culpa.
  • Sigue habiendo un mundo mejor para ti y te lo mereces.
  • Hay personas y profesionales que están contigo para lo que necesites.
  • El estrés postraumático tiene solución.
#Noesno
Nadie es dueño de nadie
La recuperación emocional empieza siempre por un "quiero, a pesar de todo"

Fuentes

Begue, L. (2002). Belief in justice and faith in people: just world, religiosoity and interpersonal trust. Personality and Individual Differences, 32, 375-382.

Fernández, Itziar. Modelos para la comprensión de las respuestas postraumáticas.

Furnham, A. (2003). Belief in a just world: research progress over the past decade. Personality and Individual Differences, 34, 795-817.

Janoff–Bulman, R. (1992). Shattered Assumptions: Towards a New Psychology of Trauma. Nueva York: The Free Press.

Mas Hesse, Blanca. Modelos explicativos del Trastorno de Estrés Postraumático.

Nolen-Hoeksema, S. y Davis, C.G. (2005). Positive responses to loss: perceiving benefits and growth. En C.R. Snyder y S.J. Lopez (Eds.).Handbook of Positive Psychology. (pp. 598-603) Oxford: Oxford University Press.

Tennen, H. y Affleck,G. (2005). Benefit-finding and benefit-reminding.En C.R. Snyder y S.J. Lopez (Eds.).Handbook of Positive Psychology. (pp. 584-597) Oxford: Oxford University Press.

Foto tomada en Valencia. Grafitti de Julieta xlf. 

 

Y si te apetece y puede ayudarte...

Qué diferencia a las personas con mayor resiliencia

Qué diferencia a las personas con mayor resiliencia. ¿Te lo has planteado?. 

Si tuviste ocasión con el post anterior de encontrarte a ti mismo con las cuestiones que te planteé, seguro que activaste emociones positivas. ¿Lo conseguiste?. Algunos de mis lectores me dieron feedback y disfrutaron mucho de la experiencia. Eligieron un rato tranquilo y se permitieron:

  • Sentirse feliz con uno mismo.
  • Reflexionar sobre lo que les hacía sonreír.
  • Pensar sobre cómo invertir en uno mismo.
  • Reorientar las dudas.
  • Encontrar lo que de verdad importa.

En algunas ocasiones, este tipo de cuestiones puede generar algunos bloqueos. Si fue tu caso, tómalo como una señal de que necesitas resolver algo que no te está haciendo nada bien. Ocurre en pocas ocasiones, pero ocurre.

No obstante, si puedes dejar a un lado tus preocupaciones y como quiero marcar en este post, aprovechar tus momentos de descanso y bienestar, podrás hacerlo. En otro momento, si quieres puedes volver a ver cómo resuelves los temas emocionales pendientes. 

Hoy vamos a aprovechar y reflexionar qué diferencia a las personas con mayor resiliencia. 

Si me permites te guío en algunas reflexiones.

Qué diferencia a las personas con mayor resiliencia

He aquí la clave principal. Las personas con mayor resiliencia, disfrutan más. Sí, cultivan más las emociones positivas, lo que les permite desarrollar mejores recursos cognitivos y emocionales. 

Los modelos de la Psicología Positiva y de Indagación Apreciativa nos proponen que las emociones positivas tienen una misión importante: 

  • Las emociones positivas son buenos indicadores de bienestar y felicidad.
  • Cultivar emociones positivas produce bienestar a largo plazo, aumentando el crecimiento de recursos psicológicos. 
  • Las emociones positivas ayudan a restaurar el impacto psicológico de las emociones negativas.

Las emociones positivas impulsan tus capacidades cognitivas

Cuando experimentas emociones negativas se reducen tus capacidades cognitivas de afrontamiento del estrés, resolución de conflictos y la capacidad de superación. 

Con lo que, vamos a analizar qué ventajas obtendremos si cultivamos más las emociones positivas. Cultivar las emociones positivas, buscar momentos para disfrutar, realizar reflexiones para mirarse desde un punto de vista más compasivo, incorporar en tu vida hábitos para disfrutar, potenciará tus recursos cognitivos para afrontar las dificultades.

Las personas que cultivan las emociones positivas:

  • Son más flexibles a la hora de categorizar y clasificar eventos en sus vidas.
  • Generan más conexiones y relaciones entre sus pensamientos e ideas, con lo que procesan sus vivencias de manera más flexible.
  • Desarrollan una mayor capacidad de memorizar, de elaborar nuevas ideas y enfoques, y de ser más creativos.
  • Elaboran mejores planes de acción a la hora de resolver situaciones y tienen mayor capacidad de convertir el pensamiento en acción.
  • Tienen mayor capacidad de realizar variaciones, alternativas, adaptaciones de las ideas o soluciones previamente elegidas.
  • Muestran mayor capacidad para comprender situaciones complejas y mayor capacidad de aprendizaje.

Resuelves mejor los problemas cuando te sientes bien

Cuando sientes emociones como enfado, tristeza, desengaño, etc. tu cerebro está preparado para seguir buscando información que justifique la emoción que sientes. Así, te será siempre mucho más fácil buscar errores, diferencias con lo que te gustaría que fuera, realizar críticas a ti mismo o a los demás. 

Entonces, permítete un momento para reflexionar. Si te paras a pensar unos minutos, comprobarás algo mucho mejor. ¿Recuerdas la última vez que te sentiste feliz, alegre o satisfecho?. ¿Cómo veías los problemas?. Seguramente tu foco de atención estaba más en buscar alternativas, relativizar los aspectos negativos y en contar con tus propias fortalezas para sentir más confianza en esa situación. 

Cuando te sientes bien

  • Creas con mayor claridad una imagen futura de lo que quieres conseguir en cada área de tu vida o en esas situaciones pendientes de resolver.
  • Es más fácil que seas consciente de tus propias fortalezas y cómo te puedes servir de ellas en tu vida diaria.
  • Mejoras tu compromiso y voluntad de crear pequeños o grandes cambios aumenta.
  • Tu diálogo interno usa palabras más constructivas que te impulsan a la acción y al cambio.
  • Así, las palabras e ideas que están en tu mente empiezan a crear un mundo diferente sea en el ámbito personal, familiar, social o laboral. Tus palabras crean el mundo en el que vives.
  • Aparecen en tu mente las cuestiones y preguntas más adecuadas. Esas preguntas que te impulsan a moverte, a aprender y a resolver o tomar decisiones.
  • Te permites anticipar la imagen que deseas para las situaciones que vives diariamente. En vez de poner el foco en lo inamovible, cuando te sientes bien, focalizas tu atención en las posibilidades. Y además, en cómo puedes hacer para conseguir esa imagen futura que te gustaría.
  • Tu cerebro está más preparado para buscar logros y éxitos pasados. Con lo que eres más consciente de las verdaderas fortalezas que tienes para afrontar cualquier reto.

Cuándo te sientes bien te recuperas física, mental y emocionalmente. Amplías la visión de ti mismo y te permites reconsiderar positivamente tu valía ante la incertidumbre y las dificultades. 

Las emociones positivas compensan el impacto de las emociones negativas

Recuerda necesitas al menos 3 vivencias positivas por cada 1 negativa que experimentas. Las vivencias negativas y sus emociones correspondientes tienen un impacto sobre el agotamiento físico y mental. 

Las personas que sonríen más, practican el humor y cultivan sus emociones positivas:

  • Ante situaciones estresantes o negativas tardan menos tiempo en recuperarse emocionalmente y en volver a un estado emocional tranquilo.
  • Recuperan su nivel cardiovascular en menos tiempo.
  • Ante situaciones de evaluación son mejores en recuperarse y en focalizar su atención en la resolución de problemas.
  • Tienen más capacidad de distanciarse emocionalmente de actitudes tóxicas, situaciones negativas o estresantes.

Cómo cultivar las emociones positivas

Convierte en hábitos todas las acciones posibles que faciliten activar tus emociones positivas y las de los demás. Impactar positivamente en los demás, también te influirá a ti.

  • Sé agradecido, provoca una sonrisa en los demás.
  • Revisa periódicamente todas las cosas por las que te sientes afortunado y orgulloso.
  • Reflexiona sobre tus logros ya conseguidos y cómo los superaste.
  • Revisa también los malos momentos pasados desde una perspectiva positiva. ¿Qué lado positivo tuvieron?. ¿Qué ganaste en esa vivencia?.
  • Mantente conectado a las personas de tu entorno que te dan vida.
  • Acércate a las personas felices para contagiarte y para aprender.
  • Incluye diariamente rituales o momentos para disfrutar y reírte.
  • Recuerda momentos felices que has vivido y compártelos con otras personas.
  • Ralentiza tu tiempo de vez en cuando. Pasea despacio y huele el azahar, las flores…Estimula alguno de tus sentidos por encima de otros: tacto, vista, oído…

Y además...

 

  • «Engánchate» un rato en esa actividad que tanto disfrutas.
  • Incluye ejercicio físico o paseos regulares para disfrutar y relajarte.
  • Déjate llevar por la curiosidad de cualquier tema. Observa a dónde te lleva.
  • Aporta cosas nuevas a tu vida o a la vida de otros.
  • Visualiza la imagen futura de ti mismo que te haría feliz. «Remolonea» todo lo que quieras en esa imagen y constrúyela con todo detalle.
  • Reconoce las capacidades que tienes de las que te sientes más orgulloso.
  • Planifica eventos especiales periódicamente, para asegurar que tendrás momentos clave para disfrutar. 
  • Ten presente siempre tu propósito en la vida, en el trabajo, en la familia, y con los amigos.
  • Practica poder encontrar un significado a tus experiencias vitales.

Conclusión

Las personas con resiliencia disponen de mejores recursos psicológicos. Estos recursos les permiten afrontar mejor las situaciones difíciles y con incertidumbre. Son personas que se cuidan y mantienen una buena salud emocional. Disfrutar y cultivar las emociones positivas amplía sus capacidades cognitivas.

Así, practican y tienen más presentes nuevas formas de abordar las dificultades. Con lo que en situaciones estresantes o complejas se agotan menos, se recuperan antes, relativizan, y tienen mayor capacidad para redirigir su foco de atención.

 

¿Cómo te sientes en general ante situaciones difíciles o de incertidumbre?
¿De qué forma podrías cultivar más momentos felices?
Recuerda tu nivel de resiliencia, es decir tu capacidad para afrontar la incertidumbre depende en gran parte, de cuánto prepares tu cerebro para ampliar el nivel de tus recursos mentales y emocionales. Disfruta más y aumentarás tu resiliencia 😉

Y si te apetece y puede ayudarte...

Qué necesitas saber para superar una crisis personal

El manual DSMV que manejamos los psicólogos para evaluar y diagnosticar, identifica el concepto de crisis de ansiedad (ataques de pánico). Este trastorno se muestra con la aparición súbita de miedo o malestar intenso. Alcanza su máxima expresión en minutos produciéndose entre otros síntomas: palpitaciones, dificultad para respirar, mareos, miedos, y sensación de irrealidad.

Ahora bien, cuando hablamos de crisis personal, hablamos de un decrecimiento de las habilidades de afrontamiento de situaciones cotidianas y vitales de la persona. Cuando se está ante una crisis personal, la persona siente que no puede avanzar. La persona se desmotiva, y su estado de ánimo disminuye. En ocasiones, este nuevo periodo en la vida de las personas se vive con gran ansiedad y con síntomas depresivos. Pudiendo también experimentar crisis de ansiedad (ataques de pánico) ante determinadas situaciones.

Las crisis personales pueden ser provocadas por multitud de vivencias como:

  • Cambios drásticos o inesperados en nuestra vida.
  • Llevar una vida de estrés y ansiedad continuada.
  • Decisiones personales pendientes.
  • Fallecimiento de un ser querido.
  • Separación o divorcio
  • Pérdida de un trabajo.
  • Vivencia de situaciones de desastres naturales, ataques terroristas.
  • Situaciones de maltrato y agresión, etc…

Qué necesitas saber para superar una crisis personal

En las crisis personales la persona siente que no sabe cómo actuar y cómo afrontar su vida. Sus capacidades no le resultan eficaces para superar los retos diarios. Lo que antes le podía servir ahora no le reporta los mismos beneficios, ni resultados que antes. El descenso de la autoestima, y la falta de energía e ilusión, acompañan en muchos casos a los estados de crisis personal.

Qué motivos pueden provocar una crisis personal

Las crisis personales vienen definidas por el motivo que las provoca. A lo largo de nuestra vida, nos encontraremos con decisiones y vivencias vitales que pueden desestabilizar el equilibrio personal alcanzado hasta ese momento. No siempre una decisión clave en nuestras vidas o una vivencia importante generará una crisis personal. Ahora bien, podemos experimentar una crisis personal, en caso de no estar atentos a los cambios que se producen en nuestras vidas, y al restablecimiento de valores y habilidades que le corresponden a cada nueva situación.

Las crisis de ansiedad están siendo muy frecuentes hoy en día. Hay personas que conviven con estados muy intensos de ansiedad que tratan de manejar con fármacos puntualmente. Además, han asumido que su vida incluirá siempre estos niveles de ansiedad. Es muy posible que el uso exclusivo de fármacos en estas situaciones genere un problema. La persona olvida que necesita restablecer y superar nuevas habilidades personales. Así, podrá resolver mejor las situaciones cotidianas a las que se tiene que enfrentar. Con mucha probabilidad, sino amplía sus recursos personales,  cada vez habrá más situaciones que provoquen nuevos estados de ansiedad. De esta manera,  se fortalece la sensación de incapacidad de la persona. Invertir en desarrollar nuestras habilidades personales ayudará a restablecer el equilibrio personal.

 

Experiencias traumáticas o perder el trabajo son algunos motivos de crisis personal

 

Las crisis relacionadas con acontecimientos o experiencias traumáticas no superadas también están muy presentes en la sociedad. Las personas tratan de vivir su día a día sin haber resuelto duelos, separaciones, rupturas o situaciones de maltrato. Este intento de hacer “como si no hubiera pasado nada” les produce más ansiedad. Aumenta así, la falta de motivación, y los síntomas depresivos, que tratan de paliar puntualmente sin decidir trabajar y superar el foco del problema.

Los cambios de rol, como los que se producen cuando se pierde un trabajo también aparecen como motivos de consulta psicológica y desarrollo personal. Acostumbrados durante mucho tiempo a tener un rol en la sociedad y un espacio donde nos sentimos útiles, perder el trabajo puede suponer un gran desequilibrio personal. La pérdida de autoestima y la falta de identidad personal en el nuevo mercado laboral provoca que la persona no se sienta capaz de responder a las nuevas demandas laborales.

Cómo ser consciente de que una crisis personal no debe asustarnos en exceso

Como somos personas adultas a las que nos gusta ser protagonistas de nuestra vida, lo mejor que nos puede pasar es experimentar algún momento de crisis y superarla. La experiencia personal es el mejor motivo que tenemos para seguir superándonos y creer en uno mismo.

De hecho, si revisamos nuestra trayectoria vital, seguro que encontramos momentos en que hemos tenido que hacer una profunda reflexión sobre lo que queremos en nuestras vidas. Esto nos ha permitido crecer y tomar decisiones. Este hábito es muy bueno para que esos momentos de desequilibrio vital no vayan a más.

En cualquier caso, una situación de crisis personal, es importante valorarla en su justa medida. Las emociones en una crisis personal son importantes y tienen un aspecto funcional al que es crucial prestar atención. Las sensaciones y sentimientos, que se experimentan en estos momentos de la vida, nos están avisando de algo. Prestemos atención. Esta intranquilidad y ansiedad quieren enviarnos un mensaje. Algo ocurre y por algún motivo, y necesitamos profundizar sobre ello.

A partir de ahí, se puede trabajar para superar la crisis y seguir adelante saliendo, seguro, más reforzado como persona.

Qué síntomas pueden alertarte de que puedes estar en un momento de crisis personal

Es importante tener cuidado con autodiagnosticarnos sin la ayuda de un profesional. No es lo mismo sufrir depresión o ansiedad, que estar viviendo una crisis personal con síntomas depresivos o ansiosos. Ahora bien, podemos prestar atención a una serie de síntomas que nos alertarán de que podemos estar experimentando una crisis personal que puede necesitar de ayuda profesional:

  • Cambios negativos en el estado de ánimo que nos acompañan más tiempo de lo habitual
  • Síntomas físicos y psicológicos de ansiedad ante determinadas situaciones o de forma generalizada (sentimos ansiedad constantemente)
  • Dudas sobre uno mismo y su capacidad de afrontar la vida
  • Cambios en nuestro desempeño laboral y personal
  • Pérdida de motivación. Desánimo. Falta de ilusión y creencia en el futuro.
  • Bloqueo emocional. Miedos.
  • Mayor irritabilidad, frustración o impaciencia.
  • Evitación de relaciones personales.
  • Insomnio.
  • Pérdida de autoestima. Sentimientos de vergüenza o culpa.

Muchos de estos síntomas junto con la exploración del momento vital de la persona, y sus experiencias recientes, podrán ayudar al profesional a confirmarnos o no si estamos ante una crisis personal. Recordemos que los motivos que provocan un estado de crisis personal son importantes, así como el significado que le hemos dado a lo que nos ha ocurrido.

Qué puede ayudar a cuidarte en caso de vivir una crisis personal

Los hábitos saludables, relacionados con la inteligencia emocional son de gran ayuda en caso de crisis personal. Cuidarse psicológicamente te ayudará a restablecer tu equilibrio personal. Algunos de estos buenos hábitos incluyen:

  • Reconocer que estamos ante un momento de cambio.
  • Escucharse a uno mismo. Practicar la escucha comprensiva de uno mismo, de lo que sientes, de aquello que temes. También de lo que te está frenando en este momento de tu vida.
  • Autocompasión. Cuidarte activamente hasta en las cosas más sencillas. Dedicarte tiempo libre, permitirte desconectar, comer saludablemente, verte con cariño en esta etapa vital, perdonarte a ti mismo si hace falta…
  • Valorar nuevas prioridades en la vida. Permitirte cambiar de criterios y prioridades en tu vida y empezar a tomar pequeñas decisiones.
  • Evitar en lo posible el juicio y la culpa. Las valoraciones negativas sobre ti mismo y el sentimiento de culpa, sesgarán todo nuestro aprendizaje y visión sobre nosotros mismos.
  • Identificar claramente qué has perdido. Las crisis personales tienen que ver con la pérdida. Revisa cómo sueles abordar las situaciones de pérdida.
  • Practica «decir no» a situaciones que sabes internamente que no te hacen sentir bien o con las que no estás de acuerdo. Aprovecha para reflexionar sobre ello.

 

Y además...

  • Valora qué necesitas hacer para sentirte con mejor equilibrio personal. Tus prioridades y necesidades pueden ser ahora distintas. Y tienes derecho a ello.
  • Permítete periodos de descanso y de no tomar decisiones clave en este momento.
  • Protege tus espacios y tiempos de intimidad y privacidad. No necesitas estar disponible para todo el mundo y a cualquier hora. Realmente, esto tampoco ayuda a los demás. 
  • Habla de ello con personas de confianza. Ahora bien, evita estar constantemente hablando de ello a todas horas y con todo el mundo.
  • Escribe sobre lo que sientes y piensas. Sin juzgarte, aunque lo que escribas no tenga mucho sentido o no lo comprendas de momento. Expresa todo lo que necesites.
  • Haz un poco de ejercicio físico aunque te cueste. Actividades como pasear sin pensar en nada más pueden ayudarte y no requiere mucho esfuerzo.
  • Reflexionar sobre otras etapas difíciles en tu vida, e identifica qué fortalezas tuyas te sirvieron entonces.
  • Pedir ayuda profesional si sientes que necesitas otros enfoques y nuevos aprendizajes personales.

Los momentos de cambio, son buenos, es más me preocuparía como psicóloga que alguien que ha experimentado un cambio importante en su vida, no se sintiera un poco “descolocado” y en estado de alerta. Estos momentos de desequilibrio son la señal para hacer algo diferente con nuestras vidas. Las crisis son normales y habituales en nuestras vidas, nos permiten aprender de nosotros mismos y avanzar. La clave está en regular el impacto que los cambios tienen en nuestras emociones y habilidades.

Conclusión

  • Las crisis personales son normales en determinados momentos de cambio en tu vida.
  • Vienen acompañadas de emociones que te avisan de qué necesitas cambiar o reorientar algo de manera diferente a la habitual. 
  • Las crisis personales suponen una pérdida. Es importante valorar qué consideras que has perdido y reflexionar sobre cómo lo vas a superar.
  • Permitirte espacios y tiempos para cuidarte y comprenderte es crucial.
  • Rodearte de personas de confianza te proporcionará quizá parte del apoyo que necesitas.
  • Pide ayuda profesional. Habla con un psicólogo. Valora en primera persona cómo un proceso psicológico puede ayudarte.
¿Has identificado alguno de los síntomas correspondientes a una crisis personal?
Pide lo que necesites
Date permiso para hacer un alto en el camino y comprenderte mejor

Y si te apetece y puede ayudarte...

6 motivos por los que tu mente no te deja descansar

No dejas de pensar y darle vueltas esos pensamientos que te mantienen en una constante tormenta emocional. ¿Te ocurre?. Además, compruebas, pero te es difícil impedirlo, que cada vez sientes más ansiedad. Esto te impide abordar tus tareas y responsabilidades diarias con tranquilidad y seguridad. 

Es posible que vivas en un estado constante de intranquilidad e inseguridad. Acabas por pensar que no podrás afrontar determinadas situaciones. Es posible que cada vez te veas a ti mismo como menos capaz, afectando a tu autoestima y valía personal. 

Como explicamos en el post sobre perfeccionismo obsesivo, en situaciones de estrés o ansiedad, tu neuroquímica cerebral cambia. Tu amígdala, se ha encargado muy bien de mandar las órdenes adecuadas a tu sistema mente-emociones: «tengo miedo, me preocupa y debo estar en alerta».

Lo que ocurre es que no siempre este sistema se pone en marcha ante situaciones «reales» de peligro para las que necesites estar en alerta. Se activa con las interpretaciones que tú realizas de tu vivencia de la realidad. Así, es fácil que si te paras un momento, veas que hay siempre una serie de patrones de pensamientos que activan tu estado de alerta. Si alimentas estos esquemas mentales, seguirás en estado constante de ansiedad y malestar.

¿Qué formas de pensamiento te van a jugar una mala pasada a tu bienestar emocional?

6 motivos por los que tu mente no te deja descansar

Veamos algunos de los patrones mentales más comunes que no te dejarán descansar mental y emocionalmente. 

Pensamiento en blanco y negro. "Las cosas son horribles o perfectas".

  • Ese trabajo que has realizado no está lo suficientemente bien. Tiene que reunir los requisitos que están en tu cabeza y no consigues hacerlo.
  • Ese encargo que has hecho a un colaborador, familiar, o amigo, no está bien hecho. Las cosas se hacen sólo de la manera en cómo tú las piensas.
  • No debiste comportarte así. Es horrible lo que has hecho.
  • La ayuda que te han dado no te sirve, tú esperabas otra cosa.
  • Tu colaborador no hace su trabajo exactamente como le has indicado. No aprende. 
  • El resultado que has obtenido en esa situación es horrible. Tú querías conseguir algo diferente.

¿Suelen estar presentes este tipo de reflexiones en tu mente?. ¿Te hacen sentir bastante mal y te producen gran ansiedad?.

Si es así, necesitas ser consciente de que estás aplicando el «pensamiento en blanco y negro». A través de este patrón de pensamientos sitúas tus vivencias y resultados sólo en dos categorías. Horrible o perfecto. Con lo cual, sólo disfrutas cuando  las cosas salen exactamente como están en tu cabeza. Y en consecuencia, sufres constantemente cuando tus expectativas no se cumplen.

Razonamiento emocional. "Si me siento mal es que no está bien".

  • Me siento mal con esa persona. Esta relación no es buena. Esta persona es mala.
  • Si en esta situación yo me siento bien, es que está todo bien.
  • Me siento bien cuando me ayudan tanto. Esta es la forma en la que se debe ayudar a otros. 
  • Si realizar ese reto no me hace sentir bien es que no es bueno para mi. No debo hacerlo.

¿Tiendes a asumir que algo es verdadero porque te sientes que lo es?. O por el contrario, ¿tiendes a asumir que algo o alguna persona no es buena porque te sientes mal?. Bien. Nuevamente, amplía tu consciencia sobre este patrón de pensamiento. Estás aplicando el «razonamiento emocional». Tiendes en este caso a razonar y tomar decisiones en función de cómo te hacen sentir. Con lo que son las emociones que sientes las que dictan tus decisiones y juicios sobre situaciones o personas. Te pierdes la posibilidad de aprender que en gran medida, tienes más posibilidades de actuación de las que estás considerando.

Visión de túnel. Hay algo, vivencia o idea que está constantemente presente en tu vida.

En el patrón de pensamiento «visión de túnel», tus vivencias más difíciles dominan tu vida. Todo lo relacionas y lo razonas según se parezca o no a la situación difícil que viviste anteriormente. 

Si alguien te trató mal, buscas constantemente cómo te tratan y actúan las demás personas para ver si debes alejarte de ellas. Tu foco de atención está constantemente centrado en detectar posibles amenazas y fuentes de malestar o estrés. Comienzas, entonces un loop de pensamiento detectivesco que te ayuda anticipar posibles desgracias o evitar posibles males. Constantemente estás en búsqueda de que algo malo pueda ocurrir.

Tienes un nivel de vigilancia y alerta por encima de lo deseable. Este constante estado de activación vigilante, te mantiene en un estado emocional negativo que te genera cada vez más ansiedad y miedo.

Si te paras a pensar en algo positivo en tu vida, sí lo reconoces pero le buscas una explicación lógica relacionada con tus miedos. Y realmente no tiene tanta importancia. Lo realmente importante, es lo que pueda ocurrir y puedas prevenir. 

Pensamiento "seguro que todo sale bien". El deseo positivo te impide afrontar otros resultados.

¿Organizas tu vida en torno a tus deseos y creencias de que las cosas saldrán bien?. No quieres estresarte, todo irá bien. De hecho, no sueles prepararte para otros posibles resultados. ¿Qué harás si no sale todo cómo esperas?. ¿Tienes otro plan?. ¿Estás preparado para afrontar que esa persona tome una decisión diferente a la que imaginas?. ¿Has ideado otro plan de acción por si no obtienes la valoración que consideras que te mereces y has imaginado?. ¿Cómo lo afrontarás?.

Ser optimista es fundamental. Ahora bien, si tu optimismo y buenos deseos se convierten en tu único recurso personal para que las cosas salgan bien… Ahí puedes encontrarte después con la dura realidad. Y necesitarás de otros planes, y otros recursos personales, que te permitan recuperarte en caso de que tu sorpresa te cause verdadera ansiedad. 

Evitar estar preparado y obviar posibles resultados diferentes a los que tú esperas, te causará un bienestar a corto plazo. Ahora bien, lo importante es que seas capaz de afrontar tu desilusión.

¿Te has sentido muy mal después de que no te seleccionaran para esa entrevista de trabajo que pensabas que fue tan bien?. ¿Te has sentido muy decepcionado y ha afectado a tu autoestima que ese cliente no se decidiera por tu propuesta?. 

Analiza cuánto peso tienen los buenos deseos y el «seguro que todo sale bien» en tu forma de vivir. 

Personalización. "Es mi culpa".

¿Cuánto tiendes a echarte la culpa de todo lo que ocurre?. Y sobre todo, de lo malo que te ocurre. 

  • Si no me seleccionan en esta entrevista de trabajo es que no soy buen profesional.
  • En las relaciones personales, si mi pareja, me deja es que yo no soy suficientemente bueno.
  • En las situaciones familiares, si mis seres queridos se sienten mal o me tratan mal, es culpa mía. Algo no estoy haciendo bien.
  • Si mis amigos se enfadan, es que he hecho algo mal.
  • Ahora lo pienso, y no debí tomar esa decisión.

¿Te has descubierto a ti mismo pensando aproximadamente de esta manera?. ¿Te causa verdadera ansiedad?. ¿Se convierte este patrón de pensamiento en una preocupación habitual para ti?. ¿Tienes remordimientos por la decisión que tomaste hace tiempo?.

¡Ojo!. Todo no depende de ti. Las responsabilidades son compartidas siempre en cualquier relación. Y más aún. Las decisiones se toman y se valoran en relación a tu momento vital. Pasado el tiempo, tú siempre serás otra persona. Con valores y prioridades diferentes. Con lo que, martirizarte con lo que podrías haber hecho no dejará que descanses mental y emocionalmente.

Comparaciones inútiles

  • No soy tan bueno como…
  • Mis compañeros de trabajo son mejores que yo.
  • Yo nunca seré como…
  • Otros compañeros de carrera, a estas alturas, ya están en… y yo sigo todavía aquí.
  • Hay gente que es mucho mejor que yo, ¿para que voy a intentarlo?.
  • Se presenta mucha gente a esa entrevista, oposición… Seguro que hay personas mejores que yo, que sacarán mejores resultados.

¿Sueles realizar este tipo de comparaciones?. ¿Y el resultado, por supuesto, es que tú nunca eres suficientemente bueno comparado con otros?.

Bien es posible. Siempre encontraremos personas que aparentemente resuelven mejor que nosotros determinadas situaciones. Ahora bien, además de usar «tu bola mágica» para anticipar el pasado :-), ¿te has parado a pensar qué hacen que tú no?. Valorar sin más que otras personas pueden resolver determinados retos mejor que tú, no te sitúa en el foco de la solución. Identificar qué habilidades han entrenado y qué hábitos han desarrollado, puede ayudarte a ti a aprender. Puede situar tu foco de atención en aprendizajes y habilidades a las que no das importancia. Eso sí, ser «tan bueno como ellos» requiere aprendizaje y riesgos. ¿Estás dispuesto a asumirlos?. O, ¿estás más cómodo pensando que simplemente los demás son mejores que tú?.

Conclusión

  • Ver el mundo en blanco y negro, te dirige directamente a perderte matices y grises que permiten más posibilidades y aprendizajes.
  • El razonamiento emocional te impide darte cuenta de que igual necesitas nuevos recursos personales. Los juicios emocionales te causarán intranquilidad personal.
  • Valorar el mundo y tus vivencias en «modo túnel» te impide valorar las vivencias y las personas con mayor amplitud de miras. 
  • Confiar en que todo se solucionará y saldrá como tu esperas, bloquea tu capacidad de resolución de problemas.
  • Asumir la culpa de todo, te pondrá difícil diferenciar qué relaciones son saludables y cuáles no. 
  • Las comparaciones con los demás sólo son útiles en la medida que te impulsen a aprender recursos personales a los que no prestas atención.
¿En qué patrones de pensamiento te has sentido identificado?
¿Cuáles son las ventajas e inconvenientes de mantener esos patrones de pensamiento?
¿Qué otras estrategias de afrontamiento mental y emocional necesitas aprender?

Y si te apetece y puede ayudarte...

Tu perfeccionismo obsesivo multiplicará tu ansiedad

Querer mejorar y dar lo mejor de nosotros mismos, es un valor excepcional que nos mantendrá en el camino del aprendizaje. Por el contrario, el perfeccionismo obsesivo multiplicará tu ansiedad. Te mantendrá en un camino de constante insatisfacción. 

¿Eres de los que piensas constantemente si tu trabajo estará bien hecho?. ¿Te obsesionas pensando que hasta que no lo tengas todo bien organizado y terminado no puedes descansar?. ¿Te calificas negativamente sino estás haciendo algo todo el tiempo?. ¿Piensas que no haces suficiente por tus seres queridos?. Cuidado, aquí, es donde tu perfeccionismo te hará sentir una ansiedad constante y gratuita que no te dejará sentirte en equilibrio contigo mismo. 

Tu perfeccionismo obsesivo multiplicará tu ansiedad

Cuando te sientes estresado, tu amígdala envía a tu cerebro la orden para que se disparen todas las alarmas.  Tu neuroquímica cambia y la testosterona, la norepinefrina, y el cortisol se disparan. Este nivel hormonal te facilita pensar en negativo, luchar defensivamente y estar en constante tensión muscular. 

Las sensaciones de estrés están ahí para señalarnos que ante una situación que interpretamos como negativa, necesitamos más lucha, más defensa y recursos distintos a los habituales. Ahora bien, en el caso de que constantemente aumentes este nivel de alerta con mensajes del tipo: «no está del todo bien», «no he hecho lo suficiente»… se multiplicará tu ansiedad. Más allá de lo necesario. Las personas que tienen constantemente presentes estos pensamientos obsesivos, pueden convertir el estrés puntual en estrés crónico. 

De esta forma tu cerebro estará constantemente y para todas las situaciones, en modo alerta, con lo que tu salud física puede resentirse. Tu nivel de agotamiento emocional será cada vez mayor, por la constante exigencia a tu cerebro de un sobre esfuerzo. 

Las situaciones difíciles a las que nos enfrentamos en el día a día pueden compararse más a una maratón que a un sprint. Con lo que ¿quieres gastar toda tu energía en el primer KM?. Seguro que no llegarás o vas a acabar agotado física, emocional y mentalmente. Es muy posible que sientas que no puedes con todos los frentes que tienes abiertos.

Afrontar situaciones estresantes o difíciles requiere de tiempo de recuperación. Esta recuperación a nivel física, mental y emocional te permitirá seguir adelante con todos tus retos. Para cada etapa o momento de estrés se requiere etapas y momentos de recuperación y descanso. 

El coste emocional y físico que tiene tu obsesión por el perfeccionismo

Como comentábamos aumentar nuestra exigencia en situaciones que de por sí ya requieren un esfuerzo extra, tendrá un coste emocional y físico. Necesitarás tomarte descansos no sólo físicos, sino también mentales y emocionales.

El perfeccionismo alimenta tu necesidad de control. Con lo que cada vez, estarás menos preparado para afrontar situaciones de incertidumbre. ¿Qué otras consecuencias tiene el perfeccionismo?

  • Dificultad en disfrutar de lo que vives.
  • Menor sensación de felicidad.
  • Insatisfacción personal.
  • Tristeza.
  • Ansiedad crónica.
  • Insomnio.
  • Sistema inmunológico bajo.
  • Problemas de concentración.
  • Falta de autoestima.
  • Dificultad de sentirse en paz con uno mismo.
  • Sensación de culpa constante.
  • Protección y rechazo ante los cambios.

Te propongo algo. Quiero invitarte hoy a que te tomes un rato para revisar qué te ocurre. Tómate con tranquilidad unos minutos para reflexionar sobre el elemento que te está causando ese estrés que empieza a ser insoportable para ti. 

Usa el test que encontrarás a continuación para que te ayude a clarificar los motivos de perfeccionismo.

*Puedes enviarme tus respuestas de forma anónima. Así, puedo tener información de tus intereses para próximas entradas del blog. Y si quieres, puedes enviarme tu respuesta con tus datos y podemos comentarlo luego personalmente, si crees que te puede ayudar. 

9 formas de reducir la culpa y superar el perfeccionismo

1 Trabaja con listas

Si te sientes culpable porque crees que nunca haces lo suficiente por tu familia, amigos, trabajo, etc., haz una lista de las cosas que habitualmente haces. Después haz otra lista con las cosas que haces para cuidarte a ti mismo. ¿Qué lista es más larga?. Trabaja habitualmente con estas listas para ser consciente y tener datos objetivos sobre tu duda. Piensa además, cuánto te ayuda la lista de «cuidarme a mi mismo» a ser mejor padre, madre, hijo, amigo, profesional…

2 Afronta la realidad del problema

En lugar de sentirte culpable, afronta bien el problema. Pregunta a las personas que piensas que no se sienten suficientemente atendidas por ti. Considera si tienen tendencia a esperar demasiado de ti y no tienen en cuenta su propia responsabilidad sobre sus problemas. Piensa además, que cuando se lo solucionamos todo a alguien, cuando siempre estamos ahí, la otra persona no crece.

Concéntrate en alguien a quien admires. ¿Cómo vería desde fuera esta situación y estas relaciones?. En caso de que encuentres datos objetivos de que la otra persona no se sienta atendida, habla con ella y trata de llegar a un equilibrio entre lo que das y lo que te cuidas tú.

3 Date las gracias

La culpa y el perfeccionismo al activar tu amígdala y el Sistema Nervioso Simpático, impiden que puedas pensar en positivo y en posibilidades. Toma como hábito acabar el día, pensar qué cosas has hecho por los demás y permítete darte las gracias. Siéntete satisfecho y valora tu implicación. También recuerda sentirte orgulloso de las cosas que has hecho para cuidarte tú.

4 Toma perspectiva

A menudo tendemos a ser más comprensivos y compasivos con los demás que con nosotros mismos. ¿Y si te pusieras en su lugar?. ¿Qué pensarías tú si recibieras lo que tú le das?. Toma perspectiva y ponte en el lugar del «observador» y del que recibe.

5 Establece límites

Si consideras que tu perfeccionismo te está causando ansiedad y sensación de culpa, empieza por ponerte límites. Comienza por poner un límite de tiempo a ese trabajo que tienes que realizar. También, establece un número de veces que atiendes a esa persona al cabo del día, o de la semana.

Crea límites de tiempo o de frecuencia para esas tareas a las que dedicas un tiempo interminable. Procura hacer lo mismo con esas personas que están constantemente demandando tu atención. Te darás cuenta poco a poco que empiezas a ser más eficiente con tus tareas y más objetivo con la implicación hacia determinadas personas.

6 Uno o dos comprobaciones son suficientes

Date cuenta de cuánto tiempo y energía inviertes en comprobar una y otra vez ese mail, ese informe, esa presentación. No te permitas comprobar más de una o dos veces ese trabajo que estás realizando. Comprueba que estarás menos agotado y ganarás tiempo.

En última instancia, permítete equivocarte. Los demás no te van a dejar de valorar por un error puntual. Eres tú y tu miedo quién  no se perdona los propios errores. ¿A qué sueles perdonar más los errores ajenos que los tuyos propios?.

Focaliza tu atención, tienes una o dos comprobaciones para corregir lo que quieras, no más.

7 Comete algunos errores o descuidos adrede

Sí, no es broma. Hemos comentado que el perfeccionismo  alimenta tu necesidad de control y tu rechazo extremo a equivocarte. Así, es posible que huyas constantemente de la crítica, de la incertidumbre y del error. Si es tu caso, trata de reflexionar que también estás huyendo de las ideas alternativas, de la espontaneidad, de la improvisación y del aprendizaje. ¿De verdad quieres limitar tus habilidades y no disponer de estas últimas?. 

Permítete algún error, aunque sea pequeño. Después escribe que crees que pasará como resultados. Comprueba la realidad. ¿Fue tan malo como esperabas?. ¿Podrías haberte ahorrado esa ansiedad gratuita que experimentaste?.

8 Haz algo para no procrastinar con esa tarea que piensas que no vas a hacer bien

En ocasiones tu afán de perfeccionismo te bloquea. Procrastinas una y otra vez esa tarea que piensas que no vas a hacer suficientemente bien. Suficientemente perfecta. Esto te ocasiona problemas de cumplimiento de plazos y relaciones con los demás. 

Desmenuza esa tarea. Hazla en pasos más pequeños y simplemente empieza. Relájate y evita juzgarte. Es más, permítete imaginarte cómo te sentirías satisfecho con el cumplimiento de esa tarea. No, como la harás perfecta, sino cómo harás para sentirte satisfecho. ¿Qué toque personal puedes darle?. 

Aborda esa tarea o esa conversación pendiente y empieza. Sin juicios. Ya sabes dónde te lleva el juicio extremo y el perfeccionismo. Prueba ahora a dónde te lleva tu espontaneidad y tu implicación sin ataques personales. 

9 Mírate como te miran los que admiras y los que te aprecian

Cuando evalúes tu propio trabajo o tus actuaciones, para un momento. Da un paso atrás e imagina qué feedback te darían las personas que admiras y te aprecian. ¿Dónde pondrían el foco?. ¿Qué les gustaría de lo que has hecho?. ¿Qué dirían esas personas de esfuerzo y tu implicación?. Seguramente encontrarás motivos y reconocimientos en los que tú por ti mismo no habrías puesto atención.

Regula tu exigencia y tus estándares. Te sentirás más feliz y satisfecho contigo mismo.

En última instancia y si te cuesta hacer este ejercicio. Prueba otra cosa. ¿Qué espera el receptor de tu trabajo?. ¿Seguro que tu exigencia y tus normas son las mismas que las del receptor de tu trabajo?. A veces ponemos el foco en exigencias que no son necesarias, sobre todo para el que recibe el resultado de tu trabajo.

Conclusión

Perfeccionismo, culpa y ansiedad van de la mano. Multiplican tu ansiedad más allá de lo que la situación a la que te enfrentas requiere de verdad. Ser consciente de tu diálogo interno y tus hábitos de auto cuidado será un buen comienzo.

Recuerda, el objetivo no es que no te importe ser mejor. Es rebajar, regular, normalizar tu ansia por ser perfecto. En el momento que tu valor de ser mejor cada día te bloquea y te causa ansiedad, ahí deja todo de tener sentido. Caerás en tu propia contradicción. Tu ansiedad te impedirá lo que deseas, aprender y ser mejor en tu trabajo y en tus relaciones personales. 

¿Cómo impacta en tu vida diaria el perfeccionismo y la culpa?
¿Puedes identificar qué ganas y qué pierdes manteniendo ese nivel de ansiedad constante?
¿Por dónde empezarás a regular tu ansiedad?

Y si te apetece y puede ayudarte...

Sentir vergüenza es bueno para tu salud emocional

¿Sientes vergüenza de sentir vergüenza?. ¿Te sientes mal porque te avergüenzan determinados aspectos de tu persona?. ¿Es en determinadas situaciones donde sientes mucha vergüenza y tratas de evitar la situación?.

Atento. Tratar de evitar la vergüenza, la multiplicará y dificultará que puedas gestionarla adecuadamente. Como todas las emociones, la clave está en aceptarla y trabajarla con cariño. Aprovéchate de tu sentimiento de vergüenza. Podrás regularlo y sentirte mejor. Sentir vergüenza es bueno para tu salud emocional.

La vergüenza es una emoción primaria que facilita las relaciones sociales, permitiéndonos conectar con otros y experimentar un sentido de pertenencia. Este nexo es necesario para la supervivencia, el comportamiento prosocial, la empatía y la compasión. 

La vergüenza actúa como regulador del comportamiento para dar a conocer a los demás que se ha roto/violado una norma social o que una persona ha actuado de forma inaceptable.

Una expresión sana de la vergüenza es una estrategia adaptativa que asegura la supervivencia y las buenas relaciones con los demás.

Sin embargo, cuando la vergüenza es impuesta, puede convertirse en tóxica y encerrar a la persona en un abismo de odio y daño hacia sí mismo. Ser repetidamente humillado y avergonzado puede generar una sensación crónica de vergüenza. El dolor emocional puede ser tan insoportable que las personas tienen que empujar sus sentimientos fuera de la consciencia consciente.  Y por tanto, desacoplarla de las experiencias originales que causaron la vergüenza. Es muy frecuente en terapia que los clientes no asocien su ansiedad a sus experiencias de vergüenza originales. 

Sentir vergüenza es bueno para tu salud emocional

Podemos definir la vergüenza como una intensa y duradera reacción a la amenaza de uno mismo, a su sentido de pertenencia y de autoaceptación.

Es importante identificar los elementos positivos y negativos asoaciados a la vergüenza. ¿De qué tipo son las experiencias que te causaron el sentimiento de vergüenza?

Sentir vergüenza de una forma saludable

La vergüenza saludable o adaptativa, se experimenta por todo el mundo de distintas formas y grados. Estas experiencias son positivas y nos recuerdan que somos humanos, que cometemos errores. También que necesitamos ser valorados, respetados y aceptarnos a pesar de los errores. En estas necesidades básicas media la vergüenza regulando las relaciones para mantener la cercanía, la sintonía y las pruebas de las relaciones que merecen la pena. Utilizaremos entonces, comportamientos prosociales, la cooperación, la empatía, la compasión y la aceptación. 

La vergüenza saludable nos proporciona la guía moral necesaria para facilitar la autoconsciencia de nuestro comportamiento en relación a los demás y nos impulsa a una mayor apreciación de las relaciones. Nos proporciona señales de aviso de cuándo un código social no se cumple. Por ello, en este caso, la experiencia de la vergüenza es transitoria. 

 Es cuando los demás no responden al arrepentimiento y humillan constantemente cuando la vergüenza saludable puede convertirse en crónica. En este momento, es cuando nos podemos sentir abandonados y enormemente rechazados.

Ejercicio: identifica experiencias de vergüenza saludable

Para identificar la vergüenza saludable, piensa en alguna experiencia basada en la vergüenza que haya guiado tu comportamiento de una forma positiva, o te haya ayudado a darte cuenta de que no eres mejor o peor que nadie.

Vergüenza crónica: siento vergüenza constantemente

Con el paso del tiempo, la naturaleza insistente de la vergüenza se puede volver crónica y tóxica. Entonces, los sentimientos intensos que la acompañan se convierten en creencias de que la identidad de la persona es defectuosa, inadecuada e inaceptable para otros. Estas consecuencias dejan a la persona tremendamente vulnerable, con miedo y psicológicamente frágil. Para superar estos sentimientos dolorosos, se ponen en marcha diversos mecanismos de defensa, como la disociación. Ésta permite a la persona protegerse de la vergüenza, situándola fuera del plano consciente. 

 Es muy probable que la vergüenza crónica, se internalice en forma de ataques personales. Comportamientos internos como rumiar, hacerse daño, mostrar compulsiones, adoptar conductas de riesgo y posibles adicciones, serán conductas persistentes en la vergüenza crónica. Este comportamiento persistente generará anticipaciones futuras de vergüenza. En ellas, cada nueva experiencia se añadirá al bagage personal que constantemente amenaza a la identidad personal.

Ejercicio: impacto de tus experiencias de vergüenza

Reflexiona sobre cómo te han impactado tus experiencias de vergüenza a lo largo del tiempo. Piensa como te han influido y hasta qué punto están presentes actualmente.

Vergüenza interna y externa.

  • Interna: El foco de atención se sitúa en la necesidad de cumplir con las expectativas de los demás para ser considerado un miembro más del grupo. Son los juicios de los demás los que tienen el poder de provocar los sentimientos de vergüenza. Estas fuentes externas tienen un alto poder regulador del comportamiento. Se centran en las demandas que consideramos que las personas importantes de nuestro alrededor tienen sobre nosotros.
  • Externa: Se relaciona con el aprendizaje vicario, es decir, la observación de otros. Se aprende el sentimiento de la vergüenza a partir de los sentimientos de vergüenza que tienen otras personas significativas en nuestra vida. Así el sentido de identidad de la persona, se ha infectado con las creencias de otros. Hasta el punto de que, la persona puede valorarse como defectuosa y poco valiosa. En este aprendizaje, se suelen generar conductas de auto-sabotaje personal, para confirmar que son inferiores a los demás.  
Ejercicio: identifica dónde se sitúa tu sentimiento de vergüenza
  1. Piensa qué expectativas de las personas significativas de tu vida estás tratando de cumplir a costa de tu bienestar emocional.
  2. Identifica si has asumido «modelos de vergüenza» en tu trayectoria personal.

 

Vergüenza consciente e inconsciente.

La diferencia crucial entre un sentimiento de vergüenza sano y uno no saludable es el grado en el que es una experiencia consciente. En la vertiente saludable, la vergüenza es un sentimiento transitorio y permanece en el consciente. Cuando la vergüenza es tóxica, los sentimientos son tan intensos que las personas tienden a guardarlo fuera de la consciencia y bloquearlo. Así lo separan del suceso original que causó la vergüenza. Aunque bloqueado, cualquier experiencia similar provoca nuevamente el sentimiento de vergüenza, creando una espiral en la que es difícil salir. 

  • Vergüenza consciente: La persona está en contacto con la sensación física de la vergüenza (taquicardia, cabeza baja, caída de hombros, etc) y los sentimientos que les acompañan. Les suele acompañar la negación del reconocimiento del sentimiento de vergüenza.
  • Vergüenza inconsciente: Al tratar de bloquear o situar la vergüenza fuera de la consciencia, las personas son capaces de evitar las emociones intensas que la provocan. Se crea un estado de disociación. En este estado se niegan las experiencias de vergüenza de uno mismo y de los demás. En posibles extremos, las personas pueden generar una especie de «anestesia emocional», en la que que no sienten nada de vergüenza. Este hecho puede degenerar en comportamientos extremos como el narcisismo, la arrogancia, etc… En algunas ocasiones, también, los pensamientos obsesivo-compulsivos, pueden tratar de cauterizar y bloquear los sentimientos de vergüenza, pero no se gestionan emocionalmente. Todo lo contrario, mantienen vivo el sentimiento de vergüenza. 

¿Te sientes culpable o avergonzado?

Sentirse culpable
  • «Hice algo que no estuvo bien».
  • Posibilidad de sentirse avergonzado por el comportamiento que se puso en marcha.
  • Normalmente consciente.
  • Impulsa la compensación, el cambio, la confesión.
  • Se elabora una respuesta reparadora del comportamiento que no fue adecuado.
  • No afecta a la identidad de la persona.
Sentir vergüenza
  • «Soy mala persona».
  • No siempre consciente.
  • Foco de atención en la identidad de la persona como fracasada o inadecuada.
  • Sentimiento insistente y crónico.
  • Produce bloqueo y parálisis.

¿Qué activa la vergüenza?

Identifica  cuál es el impulsor que pone en marcha tu sentimiento de vergüenza:

  • Ridículo
  • Comparación con otros
  • Juicios
  • Desprecio
  • Incompetencia
  • Culpabilidad
  • Pensamientos negativos
  • Vulnerabilidad y dependencia emocional
  • Abandono y rechazo
  • Exposición

¿Cuál es el mecanismo de defensa que pones en marcha?. ¿Sobre qué necesitas trabajar y reflexionar?.

Identifica cuál es el mecanismo de defensa que pones en marcha ante el sentimiento de vergüenza. Cada una de las opciones que marques serán tus objetivos de mejora para convertir la vergüenza en un sentimiento saludable.

  • Autoevaluación negativa
  • Pensamientos negativos
  • Diálogo interno destructivo
  • Comparación con otros
  • Necesidad de control
  • Represión de expresión de emociones 
  • Perfeccionismo
  • Grandiosidad y Narcisismo
  • Responsabilidad excesiva
  • Asumir roles impuestos por otros
  • Enfado y rabia
  • Falta de empatía y compasión

Conclusión

La próxima vez que...
  • Te avergüence una situación de exposición al público.
  • Sientas vergüenza delante de otra persona.
  • Sientas ansiedad ante una situación importante en tu vida.
  • Te avergüencen determinadas vivencias en tu vida.
  • Experimentes verdadera incomodidad con determinados aspectos físicos, psicológicos o emocionales de tu persona.
Aprovecha las señales que te proporciona tu sentimiento de vergüenza
  • Tómalo como una señal de alerta inteligente de cuerpo y mente para que hagas algo diferente.
  • Procura ponerle solución para que sea algo pasajero.
  • Evalúa si estás avergonzado  por un comportamiento o por tu persona.
  • Clarifica si ese sentimiento te está acompañando demasiado tiempo a lo largo de tu vida.
  • Pide ayuda si lo necesitas a un profesional que te permita regular el nivel del sentimiento de vergüenza.
¿Cómo es tu sentimiento de vergüenza? ¿Es saludable o te hace daño?
¿Tienes estrategias saludables para manejar el sentimiento de vergüenza?
En caso de que necesites mejorar tu sentimiento de vergüenza ¿Cuál es tu conclusión? ¿Por dónde necesitas empezar a trabajar?

Y si te apetece y puede ayudarte...

Ninguna mujer tiene dueño. Violencia doméstica y Estrés Postraumático. 

Ninguna mujer tiene dueño. Sí, este fue el subtítulo que sin lugar a dudas me vino a la cabeza. Estaba preparando un trabajo sobre Trastornos de Estrés Postraumático y Violencia Doméstica.

Hay muchas noticias en el telediario que me gustaría que no tuvieran que emitir. Pero, sin duda, hay una que me pone en alerta sobremanera. El maltrato y la violencia doméstica. Por el número elevado de casos que conocemos que acaban con la vida de tantas mujeres. Y además, por los casos que no se conocen, pero siguen activos. Es decir, hay muchísimos casos en los que sigue habiendo mujeres que son o han sido víctimas de violencia y maltrato doméstico. 

Puede ser una mujer que conoces, puede ser una amiga de tu amiga, o una conocida, que sin saberlo tú, es ha sido víctima de abusos, maltrato y violencia.

Son más de lo deseable (que sería cero) los casos en los que he trabajado. Me encuentro en ocasiones, con mujeres que afortunadamente piden ayuda psicológica, quizá por otros temas, o por ese motivo en particular. ¡Aprovecho para felicitarlas!. 

 En cualquier caso, son las vidas de mujeres que sufren o han sufrido este gran trauma y dolor en sus vidas. Es una situación que además se suele esconder, a excepción de signos visibles. No les resulta fácil incluso reconocerlo. Y cuando lo hacen, finalmente se dan cuenta de que les está afectando una serie de consecuencias psicológicas que les causa un gran estrés postraumático. 

Porque sí, es el estrés postraumático, la consecuencia psicológica que sufren estas mujeres. Impidiéndoles tener una relación sana consigo misma y con los demás. Dificultándoles vivir sin ansiedad y sin miedo.

Ninguna mujer tiene dueño. Violencia doméstica y Estrés Postraumático. *

*Extracto del trabajo presentado por Maite Finch como TFM

Hoy y sin necesidad de que sea ninguna fecha concreta en el calendario, quiero lanzar esta reflexión. Me gustaría poder aportar desde mi trabajo, algunas ideas y datos sobre el maltrato doméstico y las consecuencias psicológicas que se producen. Para que las conozcamos todos. Por si llega a alguna mujer que está sufriendo. Para que pueda ver como normal, y consecuentes, los síntomas y emociones que puede estar sintiendo. Y que tiene derecho a superarlos. Con la idea de que se pueda identificar y comprender mejor. Quiero hacerles llegar, con la mejor de las intenciones que tiene solución. Que puede sentirse mejor. Ella tiene a su disposición un trabajo psicológico adecuado para estas vivencias y que pueden conseguir salir de esa vida de estrés y miedo.

Ninguna mujer tiene dueño 

Martin (Hache). Film de Adolfo Aristarain. 1997.

¿Qué es la violencia doméstica?

La violencia doméstica se define como un patrón de conductas abusivas que incluyen un amplio rango de maltrato físico, sexual y psicológico. Estas conductas abusivas son usadas, por una persona en una relación íntima contra otra, para poder ganar o mantener el abuso de poder, control y autoridad sobre esa persona. (Walker, 1999). Podemos distinguir 3 tipos de maltrato: físico, psicológico y sexual. 

Se proponen tres requisitos mínimos que necesita reunir un comportamiento caracterizado por violencia doméstica:

  • Ejercicio de violencia física, sexual y/o psicológica.
  • Practicada por el/la cónyuge o ex cónyuge, pareja de hecho, expareja, novio o ex novio, o por cualquier otro miembro de la unidad familiar.
  • El agresor está en situación de dominio permanente en los casos en los que la víctima es mujer.
  • En el caso de violencia psicológica, está presente de forma reiterada o habitual.

La violencia por parte de la pareja se asocia a una sensación de amenaza a la vida y al bienestar emocional por las graves implicaciones psicológicas que produce.Es decir, la mujer teme por su vida y por su salud psicológica. (Sarasua, Zubizarreta, Echeburúa y de Corral, 2007). Heise y Moreno (2002) nos aportan dos criterios más:

  • Relaciones o conductas sexuales forzadas
  • Conductas de control, tales como aislamiento, control de las actividades y restricciones en el acceso a la información y asistencia. 
Tienes derechos

Sé que puede parecer evidente, pero a veces se nos olvida. Incluso las mujeres en situación de maltrato piensan que no tienen una serie de derechos, que sí les están permitidos. Mujer, tienes derecho a:

  • Decir que no en cualquier momento.
  • Ser autónoma e independiente de la «buena voluntad» de los demás.
  • Entrar, salir y realizar cualquier actividad sin restricciones de horarios ni de personas.
  • A tu intimidad.
  • A tener acceso a cualquier información y apoyo.

¿Qué es el maltrato doméstico?

El maltrato doméstico se refiere a las agresiones físicas, psíquicas o sexuales llevadas a cabo reiteradamente en el hogar por parte de un familiar. Estas agresiones, vulneran la libertad de otra persona y causan daño físico o psicológico (Echeburúa, Corral, Amor, Sarasua y Zubizarreta, 1997). El maltrato doméstico se identifica por una serie de características específicas como:

  • Es una conducta que no suele denunciarse. Y si se denuncia, la víctima frecuentemente perdona al supuesto agresor antes de que el sistema penal sea capaz de actuar.
  • Es una conducta continuada en el tiempo.
  • Como conducta agresiva, se corre el riesgo de ser aprendida de forma vicaria por los hijos.

El maltrato evoluciona en una escala ascendente en cuanto a la gravedad y frecuencia de aparición de los actos violentos. Es decir, no suele remitir en el tiempo. Por el contrario, cada vez habrá más situaciones de control y abuso. Además, las conductas humillantes y las actitudes de menosprecio tienen también un carácter intimidatorio. 

La mujer víctima de maltrato doméstico, queda así atrapada en un círculo violento en donde las agresiones físicas y/o psicológicas se manifiestan de forma repetida e intermitente. Se combinan con con actitudes y comportamientos de arrepentimiento o buen trato (Walker, 1984).

El círculo repetitivo de agresión y arrepentimiento, es el punto que más fortalece la dependencia emocional que se genera en las mujeres víctimas de maltrato. Pensando que sólo ha ocurrido unas cuantas veces, y que parece que el maltratador lo lamenta, se continua en este tipo de relación.

Tienes derechos

Por mucho, que aparentemente lo lamente el maltratador, como mujer tienes derecho a:

  • Decir ¡Basta!
  • Alejarte de esa relación.
  • Poner límites y condiciones.
  • Pedir ayuda.
  • Elegir otro tipo de vida y otro tipo de relaciones.
  • Estar tranquila. Su comportamiento no es culpa tuya.
  • Merecer algo mejor en tu vida.

Una de las características que más llaman la atención en estos casos es que la mayor parte de las mujeres permanecen con su pareja durante muchos años, y vuelve con ella, aunque hayan sido capaces de abandonarla temporalmente. Porque como señalan Heise y García-Moreno (2002), dejar una relación de abuso es un proceso que incluye periodos de negación, culpa y sufrimiento. Estos sentimientos aparecen antes de que las mujeres sean capaces de reconocer la realidad del maltrato, punto que suele señalar el comienzo de la separación y de la recuperación del abuso.

¿Cuáles son las consecuencias negativas de la violencia doméstica?

Las consecuencias negativas de la violencia doméstica son múltiples y afectan a la vida de la persona en su totalidad. A nivel de salud física destacan según Labrador, Fernández-Velasco y Rincón (2005):

  • Los trastornos funcionales (colon irritable, trastornos gastrointestinales, dolor crónico, etc.).
  • Lesiones y daños permanentes en articulaciones, pérdida parcial de audición y visión y/o disfunciones sexuales. 

En cuanto a las consecuencias psicológicas, Lorente (2001), estima que el 60% de las mujeres maltratadas sufre de este tipo de problemas. Predominan pues:

  • Síntomas depresivos. Pérdida de interés por una misma y por el mundo.
  • Sentimientos de ineficacia. Creer que una no sirve para nada.
  • Dudas sobre la propia capacidad. Dudar del potencial que tienes como persona.
  • Síntomas de autoinculpación. Sentir que esa situación es culpa tuya.
  • Pensamientos distorsionados sobre tí misma y el mundo.
  • Desconfianza hacia los demás .

Además las mujeres víctimas de maltrato y violencia doméstica pueden sufrir:

  • Trastornos de ansiedad.
  • Depresión.
  • Abuso y dependencia del alcohol y otras sustancias.
  • Especialmente el trastorno de estrés postraumático (TEPT) (Astin, Ogland-Hand, Foy y Coleman, 1995; Campbell, Sullivan y Davidson, 1995; Dutton, 1992; Golding, 1999; Labrador, Rincón, De Luis y Fernández-Velasco, 2004). 

¿Qué es el TEPT y qué relación tienen con la violencia doméstica?

EL TEPT consecuencia de la violencia doméstica tiene características específicas que lo definen según Labrador et al (2005): 

  • Es un tipo de trauma reiterado que se produce en el lugar que debería ser el más seguro para la persona, su hogar. Por este motivo, se da en la víctima un estado permanente de hipervigilancia e hiperactivación. Además, se experimenta la vivencia del fracaso personal y con frecuencia, sentimientos de culpa y pérdida de autoestima en la víctima.
  • Suele ser un problema crónico y prolongado: las mujeres tardan alrededor de 10 años de media en pedir ayuda, debido a las consecuencias personales, familiares y sociales para la víctima. Entre ellas, la pérdida de muchas actividades cotidianas, sociales y de ocio, reduciéndose así las posibilidades de exprimentar situaciones positivas y facilitando la aparición de síntomas depresivos. 

TEPT y depresión son las consecuencias más comúnmente detectadas a largo plazo (Amor, Echeburúa, Corral, Sarasua, y Zubizarreta, 2001; Echeburúa, Corral, Amor, Sarasua y Zubizarreta, 1997).

El Estrés Postraumático causa entre otros síntomas:

  • Pensamientos intrusivos constantes.
  • Evitación persistente de personas y situaciones.
  • Alteraciones en el estado de ánimo.
  • Estado de ansiedad, alerta y reactividad.
  • Embotamiento emocional.
  • Miedo y sensación de indefensión.

¿Cómo es la ayuda para superar el Estrés Postraumático en víctimas de violencia y maltrato doméstico?

Se dan una serie de necesidades específicas en estos casos. Labrador et al (2005). Cuando se trabaja el estrés postraumático en mujeres que han sufrido violencia y maltrato doméstico, se ayuda entre otros objetivos, a:

  • Superar las experiencias traumáticas vividas.
  • Dotar de recursos personales para superar los síntomas asociados, entre los que se encuentran síntomas depresivos, pérdida de autoestima, sentimientos de culpa y problemas de adaptación personal y social.
  • Desarrollar un proceso de ayuda psicológica breve y concreto para superar el problema y activar cuanto antes la readaptación a la sociedad.
  • Manejar los pensamientos e ideas de culpa y vergüenza relacionadas con el maltrato.
  • Exponerse a las situaciones temidas.
  • Entrenamiento en desarrollo de autoestima, asertividad, autocuidado y autodefensa.
  • Buscar apoyo social.
  • Tener información psicológica sobre su situación.
  • Entrenamiento en control de la activación

Conclusión

Pongamos atención para identificar y comprender la violencia y el maltrato doméstico. La mujer víctima de esta situación puede sufrir Estrés Postraumático entre otras consecuencias físicas y psicológicas. Identificar, reconocer y superar son los tres objetivos principales. 

  • La violencia doméstica se define como un patrón de conductas abusivas que incluyen un amplio rango de maltrato físico, sexual y psicológico. Estas conductas abusivas son usadas, por una persona en una relación íntima contra otra, para poder ganar o mantener el abuso de poder, control y autoridad sobre esa persona.
  • El maltrato doméstico se refiere a las agresiones físicas, psíquicas o sexuales llevadas a cabo reiteradamente en el hogar por parte de un familiar. Estas agresiones, vulneran la libertad de otra persona y causan daño físico o psicológico.
  • El Trastorno de Estrés Postraumático y la Depresión son las consecuencias psicológicas más frecuentes a largo plazo. 
Aunque hayas terminado con una relación de maltrato es importante que te cuides psicológicamente. Superar el pasado debe permitirte vivir con tranquilidad e ilusión.
Volver a creer en ti y en todo lo que te mereces, es tu principal meta.
No dudes en pedir ayuda a quien consideres de confianza. Muchas mujeres están disfrutando de su vida y han superado las situaciones de maltrato.
Desde aquí mi deseo de que se reduzcan al máximo las noticias de violencia y maltrato doméstico. Ojalá todas las mujeres que lo necesiten reciban la ayuda adecuada.
Recuerda ninguna mujer tiene dueño. Tú puedes y te mereces ser dueña de ti misma 🙂

Y si te apetece y puede ayudarte...

Cómo ser fuerte para conseguir tus objetivos

Bienvenidos de nuevo. Espero y deseo que hayáis empezado el año con muchísima ilusión y energía. Es un momento estupendo, como ya sabemos, para reiniciar, y hacer borrón y cuenta nueva, de lo que no nos gustó. Y también es momento de dibujar nuevos escenarios, retos e ilusiones. 

Seguro que has tenido ocasión de pensar en ello. ¿Eres de los que ya lo tiene todo preparado?. ¿Ya tienes un plan establecido de lo que harás este año?. O por el contrario, ¿prefieres ir con calma, ir viendo y buscar otro momento más adelante para pensar?. En cualquier caso, hoy me gustaría reflexionar sobre algunas ideas que, en ambos casos, creo que pueden servirte.

Además de los objetivos que estoy segura que tendrás en mente, me gustaría ampliar tu enfoque. Analizando siempre qué es lo que lleva a las personas a conseguir sus retos, la conclusión siempre es una. A parte de objetivos, las personas con éxito, demuestran buenos hábitos. Y estos hábitos les facilitan ser fuertes en el logro de sus objetivos. Superimportante. Piénsalo conmigo y verás. Son hábitos relacionados con:

  • Su propio aprendizaje.
  • El estilo de comunicación y de conversar con los demás.
  • Los hábitos y diálogo interno emocionalmente saludables
  • Tomar decisiones, de forma que sus respuestas y comportamientos son más conscientes y elegidos.
  • Trabajar constantemente sus creencias.

Así que elige el objetivo que quieras, pero desarrolla buenos hábitos.

De este listado, ¿cuántos hábitos cumples?. ¿Cuáles ya tienes instaurados?. ¿Te gustaría asumir algunos más?

Vamos a ello, a ver por dónde podemos empezar.

Cómo ser fuerte para conseguir tus objetivos

Convirtiendo el aprendizaje en un hábito

Más allá de que leas muchos libros, artículos y asistas a cursos, masters, etc., la pregunta que me surge siempre aquí es, ¿estudias?. De verdad, ¿lo conviertes en aprendizaje útil para tu vida personal o profesional?. Sino es así, simplemente te quedas en buenos hábitos de lectura y escucha de posibles buenos ponentes. Un buen hábito de aprendizaje podría incorporar:

  • Por supuesto, leer un libro, un artículo, asistir a formación on line o presencial, etc.
  • Comprenderlo bien. Haz tu propia guía de trabajo para recordarlo. Haz uso de mapas mentales, esquemas y resúmenes de lo aprendido. Cuando realmente lo dominamos somos capaces de explicárselo a otros. Recuerda, “enseñar es aprender dos veces” (Joseph Joubert).
  • Conviértelo en un cambio. ¿Dónde puedes aplicarlo y con quién?. ¿Qué beneficios te reportará?
  • Prepara tu propio guión de trabajo para ponerlo en práctica.
  • Pruébalo y evalúa los resultados. ¿Hay algo que se te ha escapado?. ¿Qué te falta por pulir?. ¿Has pedido feedback?
  • Vuelve a ponerlo en práctica hasta conseguir los resultados que tú quieres.
  • Incorpóralo dentro de tu repertorio de hábitos personales o profesionales.
  • Felicítate por el logro y la evolución de tu aprendizaje.

Los buenos hábitos de aprendizaje te ayudaran a ser más fuerte en el desempeño de tu trabajo y en tus objetivos personales.

Buenos hábitos de conversación

¿Qué se llevan las personas de tu alrededor cuando conversan contigo?. ¿Les recomiendas lo que tienen que hacer?. ¿Sueles solucionarles el problema que te plantean?. ¿Escuchas y les cambias el planteamiento?. A veces, pueden ser éstos buenos objetivos. Ahora bien, ¿qué te parece si incorporaras otras formas de conversar?. ¿Cómo podrías hacer que tus conversaciones generaran emociones positivas, autonomía y aprendizaje?. Quizá, analizando tus conversaciones, podrías ampliar el número de ocasiones en las que:

  • Ayudas a pensar en vez de recomendar lo que tienen que hacer
  • Formulas preguntas que les activen su motivación
  • Facilitas que busquen la solución a partir de sus mejores cualidades
  • Impulsas a pensar nuevas alternativas que puedan analizar por ellos mismos
  • Proporcionas feedback positivo señalando concretamente el comportamiento de éxito
  • Facilitas el análisis de posibles mejoras reflexionando con la otra persona y permitiéndole elegir las acciones de cambio
  • Ante peticiones de ayuda, buscas concretar exactamente cuál es la demanda concreta

Crear conversaciones que impacten en los demás, te proporcionará una gran fuente de autoestima al mejorar tus relaciones personales.

Diálogo interno emocionalmente saludable

Cuidarse emocionalmente, cómo hábito, no solo cuando estamos en situaciones difíciles. Es uno de los grandes hábitos de las personas que mejor abordan el día a día y los momentos de mayor exigencia. La reflexión sobre sus vivencias y el permitirse sentir sin reprimirse, habitualmente les acompaña. Dedicar un tiempo a las emociones más incómodas para ver cómo se pueden regular, solucionar y redirigir. Son hábitos que previenen el desgaste emocional del día a día. En general, cuanto más tranquilo estés contigo mismo y más consciente de tus emociones seas, más salud emocional disfrutarás. ¿Qué te parecería si este año crearas nuevos hábitos con respecto a tu salud emocional?. Recuerda que puede ayudarte hábitos como:

  • Pensar desde la tranquilidad sobre lo que te pasa por la cabeza
  • Buscar el sentimiento que te producen tus pensamientos
  • Pensar sobre lo que sientes
  • Preguntarte qué pista te están aportando tus emociones sobre lo que necesitas
  • Perdonarte
  • Animarte y felicitarte
  • Comprenderte
  • Identificar claramente tus miedos sin juzgarte por ello, usándolos como palanca para el aprendizaje y el cambio
  • Hacerte cargo de aquello que llevas mucho tiempo evitando: personas, emociones, recuerdos, situaciones…
  • Tomar decisiones desde la tranquilidad de que tienes derecho a elegir, sin importar si es la opción más o menos válida para otros
  • Ponerte límites hacia a ti o hacia los demás para protegerte para cuidarte. No condiciones, las condiciones suelen ir acompañadas de evitación. La evitación multiplicará siempre una emoción negativa en el tiempo. Hablamos de límites. Por ejemplo, el tiempo y la cantidad de preocupación que dedicaremos a un tema. O límites hacia determinadas persona o actitudes.

Sólo cuando estos hábitos seas capaz de proporcionártelos a ti mismo, conseguirás aportarlos de verdad a los demás.

Tomar decisiones

No tomar decisiones es limitar nuestras fuentes de aprendizaje. ¿Podemos equivocarnos?. Depende como lo mires, la equivocación supone que hay un criterio correcto e inamovible. En pocas cosas lo hay. Lo que ocurre es que cuando tomamos una decisión, los resultados pueden cumplir o no las expectativas que teníamos. ¿Tomaste una decisión y no dio los resultados que esperabas?. Bueno, aprende para la próxima vez. Amplia tus miras cuando tomes decisiones para valorar mejor las posibles consecuencias y resultados. Para ti y para los demás. Pero no dejes de tomar decisiones. Cuando tomes decisiones:

  • Analiza desde tu experiencia.
  • Pide opinión sobre posibles resultados y significados de tus decisiones. Para ampliar tu perspectiva. Evita pedir la opinión de si tomarían esa decisión o no. Las demás personas no son tú. No tienen tus necesidades, ni están en el momento vital que estás tú.
  • Busca siempre que esa decisión sea el resultado de tus prioridades y preferencias. Evita tomar las decisiones desde la ansiedad o la culpa.
  • Asume que las decisiones son solo elecciones y que tienes derecho mañana a cambiar de opinión.
  • Absorbe la idea de que tomar decisiones te proporciona una sensación de autonomía que nadie puede darte.
  • Las decisiones son preferencias que necesitan dar respuesta a tus prioridades vitales, personales y profesionales.
  • Tomar decisiones es alimentar nuestras fuentes de autoestima y de aprendizaje.

La práctica intencionada en tomar decisiones te ayudará a ser más fuerte. Toma decisiones, hasta de lo más sencillo. Practica. Aumentarás tu capacidad para situaciones posteriores más difíciles.

Trabajar tus propias creencias

Las creencias son la esencia de cómo te ves a ti mismo, a los demás, al mundo y al futuro. Se crean como consecuencia de nuestras experiencias y vivencias. Desde nuestra infancia y están en constante cambio y aprendizaje. En muchas ocasiones, se mantienen y se vuelven rígidas ya que ponen el foco en la información que corrobora tu propia creencia. Con lo que se alimentan constantemente. Y así te evitan poner atención a posible información que contradice tu creencia. Si una creencia se vuelve inflexible y rígida, seguramente esté cumpliendo la función de protegerte de algo. ¿De qué necesitas protegerte y estás evitando?.

Cuestionarse nuestras propias creencias habitualmente es una de las mejores formas de crecer. Por ello es bueno que:

  • Analices creencias que tienes desde hace mucho tiempo.
  • Revises creencias aprendidas de personas significativas y de etapas anteriores de tu vida.
  • Reflexiones si realmente son tan incuestionables y ciertas y qué te están aportando. ¿Te aportan crecimiento o protección?.
  • Analices si las creencias que tuviste anteriormente te sirven en tu momento vital actual.
  • Ponlas a prueba para ver si realmente son como tú crees.

Conclusión

  • Aprende para que puedas crecer creando nuevas experiencias que puedas contrastar.
  • Conversa de forma que se lleven de ti mayor autonomía, motivación y aprendizaje.
  • Haz que tu diálogo interno sea constructivo, te va a acompañar siempre.
  • Toma decisiones no como prueba de tu inteligencia sino como fuente de autoestima y crecimiento.
  • Cuestiona regularmente las creencias que te han hecho llegar al día de hoy.
Ahora piensa, ¿qué hábito consideras que necesitas desarrollar?
¿Por dónde empezarás a ser fuerte para conseguir tus objetivos?

Y si te apetece...

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