Te deseo… lo mejor y una buena pregunta que…

felices fiestas (1)

 

Gracias por tu confianza, por tu tiempo, por tu amabilidad, por tu sonrisa, por tu sorpresa, tu ilusión, por compartir un rato de tu vida conmigo, por tu trabajo conmigo, por tu atención e interés, por tus mensajes, por tus confidencias, por tus dudas, por tus soluciones, por tus reflexiones, y sobre todo por ser tú.

¡¡Te deseo lo mejor en este nuevo año 2016!!

Siempre a tu disposición. Un abrazo.

 

Antes de hacer listas para el próximo año, ¡mantén una conversación contigo mismo!

A todos nos pasa, que a final de año, empieza a desarrollarse una urgente necesidad de hacer buenos propósitos para el año próximo. Encontramos miles de noticias, artículos, consejos, sobre cómo conseguir el año próximo lo que no conseguimos este año. Y así, nos lanzamos a imaginarnos en el año siguiente cumpliendo una lista de tareas que consideramos importantes o nos han recomendado que hagamos para sentirnos más satisfechos.

Miremos atrás, ¿lo conseguimos el año anterior? Seguramente, conseguiríamos algunas metas, pero otras parece que se repiten, y no llegamos a alcanzarlas.

La pregunta es ¿quieres realmente conseguir todo eso que te planteas en tu «lista del año próximo»?

Cualquier momento es bueno, pero que duda cabe que el final de año, sea por las vacaciones o porque todo se reinicia, tenemos mayor receptividad para hacer un parón en nuestra rutina diaria.

Ahora bien,

¿Y si soñases primero? ¿Y si imaginaras? ¿Y si visualizaras la emoción que quieres conseguir este año?

¿Y si decidieras qué valores quieres vivir este año? ¿Y si definieras qué criterios son para ti importantes?

¿Y si eligieras que vivencias quieres para ti y tu alrededor este año? ¿Y si eligieras lo que no quieres este año?

¿Y si te pararas a pensar lo que has aprendido sobre ti este año? ¿Qué has aprendido de las personas con las que te relacionas?

¿Qué decisiones te gustaría tomar con respecto a tus aprendizajes?

¿Qué ha sido lo mejor de ti este año? ¿Qué quieres que sea lo mejor de ti el año próximo?

¿Qué quieres ser de mayor, cuando tengas un año más?

¿Qué te haría ser más feliz? ¿Qué te haría ser mejor profesional y más satisfecho?

Lanzarse a hacer listas de tareas o propósitos sin antes cultivar el arte necesario de seguir conociéndonos, y digerir lo que hemos vivido, puede hacer que no consigas realmente lo que quieres y empieces a llenar tu vida nuevamente, con innumerables «rutinas de tengo que» en vez de «motivos de quiero que».

He visto este año, demasiadas personas perdidas, demasiadas personas sin ilusión, demasiadas personas que no respiran bien cuando mantienen una conversación, demasiadas personas que piensan que «si el otro, no me da lo que quiero… yo no puedo hacer nada», demasiadas personas a las que les pasa desapercibida su motivación y la de los demás, demasiadas personas angustiadas porque piensan que «son así» o que creen que sus debilidades son como una «enfermedad»con la que deben convivir, demasiadas personas que se ajustan a un guión de «cómo deben ser las cosas», o que creen que ya lo han aprendido todo, demasiadas personas que están acomodadas y se limitan a hacer lo fácil, sin dar lo mejor de ellos mismos, y perdiéndose la oportunidad de ser más felices, y de vivir de manera diferente, personas que anticipan toda serie de consecuencias negativas que les mantienen en parálisis permanente…

También he visto personas que tienen verdaderas dificultades pero no pierden la sonrisa, personas que se permiten momentos de «bajón» porque saben que son necesarios para poder remontar, personas que mantienen conversaciones interiores durante todo el año para valorar cómo se sienten, aunque todo parezca ir bien, personas que crean nuevos hábitos para ser conscientes de sus logros, personas que luchan por desarrollar una buena autonomía personal, personas que admiten sus dudas, porque saben que de ellas se aprende, personas que no tienen miedo de compartir sus inquietudes porque eso les hace humanos y más fuertes, personas que han tomado decisiones, aunque sea la decisión de «esto no lo quiero más» y necesito ayuda, personas que se consideran una buena conciencia con la que necesitan conversar de vez en cuando, personas que continuamente hacen borrón y cuenta nueva, porque lo importante es seguir adelante, personas que no quieren aguantar determinadas situaciones o relaciones personales o laborales, y dan un paso adelante, personas en definitiva, que se han parado a hablar consigo mismas y que han definido los criterios, valores y emociones que quieren en su vida.

En definitiva, cuando realmente mantienes el hábito de conversar contigo mismo y cuestionarte, el habito de identificar los sueños profesionales y personales que quieres para cuando tengas un año más, cuando realmente te marcas un cómo, no tanto un qué, aparecen sin darte cuenta la energía y motivación necesarias para hacer aquello que no habías conseguido hasta ahora, no que consigas lo que «tienes que hacer» sino lo que «quieres hacer». En el «cómo» encontramos «qués» que ni siquiera habíamos imaginado. ¿Te lo vas a perder?

Casi, no hará falta que hagas este año tu lista de propósitos, pues tus «cómo» te dirigirán a un sinfín de logros que ni te habías planteado. Vivirás emociones que ni siquiera sabías que existían. Vivirás motivado con una energía interior, la más poderosa de todas, que te guiará en las decisiones, en tus acciones y en tus actitudes.

¿y tú qué vas a hacer?

¿Ya has conversado contigo mismo?

Te deseo un feliz año  de conversación interior 😉

¿Cómo afrontarás tus objetivos personales y profesionales?

¿Ya has mantenido esa conversación contigo mismo de la que hablamos en el artículo anterior? Te dejo el enlace por si acaso:

Antes de hacer listas para el próximo año, ¡mantén una conversación contigo mismo!

Y ahora sí, corresponde ir perfilando objetivos y deseos que te gustaría alcanzar en estos próximos meses. Ahora bien, te planteo un «stop» más, antes de lanzarte a ellos.

¿Cómo afrontarás tus objetivos personales y profesionales?

¿Cuál va a ser tu actitud? ¿Te vas a comer el mundo? ¿Sigues pensando que todo es muy complicado? ¿Estás haciendo un análisis de las cosas que puedes mejorar y de aquello en lo que te puedes adaptar?

En resumen podríamos decir, que nos podemos encontrar con estas tres actitudes a la hora de afrontar objetivos:

objetivos

Estas tres actitudes corresponden con las diversas posiciones en las que las personas nos podemos situar en relación a nuestro locus de control.

¿Y qué es el locus de control?

El locus de control es un rasgo de personalidad propuesto a partir de la teoría del aprendizaje social  de Julian B. Rotter y nos habla de la explicación causal que atribuimos a nuestras conductas y los resultados que obtenemos con ellas.

Tendremos un locus de control interno: cuando creamos que todo lo que nos ocurre, es debido a nuestros esfuerzos, comportamientos y compromisos. Estas personas creerán firmemente en sus habilidades, implicación y responsabilidad y generarán como consecuencia los logros que se plantean. Además, en consonancia, cuando experimenten un fracaso, considerarán que es su responsabilidad también, como consecuencia de comportamientos y compromisos que no han llegado a poner en marcha de manera adecuada.

Tendremos un locus de control externo: cuando creamos que lo que nos ocurre es consecuencia del azar, de la suerte o de estar en el momento y lugar adecuados. Estas personas creerán firmemente que lo que les ocurre no tiene relación con su dedicación y esfuerzo, ni los logros ni los fracasos. Nada de lo que les ocurra dependerá de ellos, atribuirán tanto el fracaso como el éxito, a otras personas o a factores externos y a veces «mágicos» como la suerte, el destino, etc.

¿Te identificas con alguna de estas dos posiciones?

Pues una reflexión más, como vemos en la infografía, las personas que piensan:

  • ¡Yo sólo con mi esfuerzo lo conseguiré!
    • Conseguirán muchos de los retos que se planteen, generarán muchas oportunidades de sentirse satisfechos, comprobarán todo lo que pueden conseguir y mostrarán un gran compromiso, en todas aquellas actividades en las que decidan implicarse. Contagiarán su entusiasmo.
    • Ahora bien, corren el riesgo, de empeñarse en que todo depende de ellos, y de culparse con la misma intensidad que se comprometieron, de los errores o fracasos que puedan experimentar. Esto les causará ansiedad y malestar emocional. Es probable que experimenten, altibajos emocionales pronunciados en los que unos días se sientan que pueden con todo, y otros días, se sientan que son los culpables absolutos de lo que les pasa.
    • En caso de dirigir equipos, es probable que tiendan a no delegar, pensando que sólo ellos pueden conseguir el reto en la forma y plazo que se requiere, no fiándose de su equipo.
    • Como compañeros de equipo, les resultará difícil compartir y confiar en los demás, pues no permiten la incertidumbre del azar o a de lo que puedan o no aportar otras personas. Tienden a trabar solos.
  • ¡El mundo es muy difícil, no puedo hacer nada!
    • No conseguirán, ni siquiera se plantearán retos, porque piensan que no depende de ellos. Perderán oportunidades de alimentar su autoestima y de valorarse de una forma más real. No suelen admitir consejos que impliquen protagonismo por su parte en la actividad planteada.
    • Ahora bien, ese sentirán «aparentemente» protegidos de experimentar malestar emocional por fracasos o errores, porque tampoco depende de ellos. La explicación de lo que les ocurre la atribuirán a otras personas o al azar.
    • Cómo perfil de líder, se mantendrá en una posición cómoda en la que pueda resolver medianamente el día a día, sin destacar ni aportar ni esforzarse en las situaciones críticas. Es posible que consideren que las dificultades que tienen con su equipo o con otros departamentos, sea debido a que sus superiores no le autorizan, o no le dejan… o no le valoran lo suficiente. (Difícil, si observamos que estas personas tampoco creen en ellos mismos.)
    • Como compañero de equipo, se dejará llevar, pero tampoco aportará ni dará lo mejor de sí mismo, pues «hay demasiadas personas», «los demás son mejores», «hay demasiados factores que influyen en los retos».

Si embargo, podemos entrenarnos y cambiar nuestro hábitos para movernos hacia la tercera posición (la central) , aunque siempre tengamos una cierta tendencia hacia un extremo u otro. Las personas que se plantean:

  • ¿Qué puedo mejorar y en qué me puedo adaptar?
    • Conseguirán la mayor parte de los retos que se propongan. Experimentarán situaciones de aprendizaje continuo y tendrán muchas oportunidades de alimentar su autoestima de forma saludable. Serán capaces de dialogar constructivamente con ellos mismos.
    • Ante los fracasos o errores, tenderán a analizar qué podrían haber cambiado y en qué aspectos necesitarán adaptarse. Su gestión emocional será más estable, desarrollando la inteligencia emocional necesaria para aprovecharse de sus emociones positivas y para regular las emociones negativas.
    • Cómo perfil de líder, es probable que sea más comprensivo consigo mismo y con los demás, reconociendo constructivamente los errores propios y ajenos. Gestionará adecuadamente el reconocimiento del trabajo bien hecho y valorará las actitudes de compromiso. Aprovechará su inteligencia emocional para contagiar a los demás y para regular las emociones que puedan ser negativas. Confiará en su equipo y podrá delegar, entendiendo este proceso como un proceso de aprendizaje para todos.
    • Como compañero de equipo, confiará en sus compañeros y se ilusionará por pertenecer a un equipo con el que puede compartir éxitos y fracasos. Su actitud de implicación y compromiso será percibida.

Entonces:

¿Que actitud has tenido hasta ahora en la consecución de logros? ¿Cuál quieres tener a partir de ahora?
¿Cómo vas a ser más consciente de tu locus de control? ¿Estás teniendo en cuenta el cómo quieres ser  y qué actitud vas a poner en marcha?

 

3 decisiones voluntarias de cambio para pensar

Parece que no, pero las emociones de los primeros 15 días del año, pueden darnos grandes pistas a cerca de las prioridades de reflexión en los próximos meses. ¿Cómo te ha ido a ti? ¿Estás prestando atención consciente a lo que pasa a tu alrededor y a cómo te afecta? ¿Estás haciendo tu análisis?

He tenido oportunidad de intercambiar reflexiones con una veintena de personas, ultimamente. Esto es lo que me he encontrado:

¡Me voy!

Expresión intensa de cambio que me sigue dejando admirada y preocupada a la vez. Admirada, porque sé lo que cuesta esa decisión. Preocupada porque el entorno de dónde una persona decide irse, posiblemente haya dejado escapar un activo valioso que no ha podido o sabido fidelizar. Sí, estamos hablando incluso en este momento, de profesionales que habiendo llegado a su punto máximo de agotamiento emocional, deciden irse. Posiblemente de la empresa que les ha visto crecer como profesionales. La edad media suele ser de unos 40-50 años, tanto hombres como mujeres. Ellos han tenido una conversación consigo mismos y con su entorno personal, y han decidido que el resto de vida que tienen por delante quieren vivirlo de forma diferente.

Es curioso además como aproximadamente la mitad de las personas con las que he tenido estas conversaciones, están pensado seriamente en cambiar totalmente de rumbo profesional. «No quiero seguir haciendo lo mismo, me lo imagino y me deprimo». Los hay también, que están muy satisfechos con su perfil profesional y aman su profesión. Y lo único que buscan es un proyecto y entorno diferente. Un proyecto, que de nuevo les ilusione, y les permita desarrollar todavía más su potencial.

En ambos casos, ¡mi más sincera enhorabuena por decisión tan valiente!. En ambos casos, impulsados además por la energía emocional que provocan las decisiones, están aprovechando ayudas externas. Bien que les proporciona la empresa de la que salen, a través de procesos de outplacement,  o bien las buscan voluntariamente. En este caso, han detectado algo a lo que no están acostumbrados. Este nuevo hábito por desarrollar es común en las personas en este momento vital:  «no estoy acostumbrado a escucharme ni a pararme a pensar qué quiero, ni te sabría decir ahora mismo qué me haría feliz, sé que no quiero lo que tenía, pero no sé cómo llegar a lo que quiero».

¡No quiero seguir así con mi equipo, ni conmigo mismo!

Decía así un responsable de equipo en su empresa. Y es que fuera de seguir luchando, y discutiendo, y enfadándose, se ha parado a pensar que en su equipo pasa algo. Piensa que su forma de liderar, no está encontrando la fórmula para sacar el máximo potencial de los miembros de su equipo. Concretamente este líder ha detectado que el equipo:

  • invierte muchas energías en la queja y en la crítica hacia los demás
  • no se sienten equipo
  • están más preocupados por ver quién hace de menos o de más, en vez de colaborar internamente
  • la coordinación con otros departamentos de la empresa es una lucha continua agotadora
  • hay un ambiente negativo
  • estas interacciones poco constructivas están impactando en los resultados
  • el propio líder ha sufrido agotamiento emocional en el último año

Pero, nuevamente, la decisión voluntaria de cambiar las nuevas experiencias de los próximos meses, y el paso de empezar por sí mismo a desarrollar nuevas formas de liderar, le va a permitir reflexionar sobre sus actuaciones hasta el momento, descubrirse como líder,  y establecer un plan de acción para el cambio suyo y de su equipo. ¡Fenomenal!

¿Tengo derecho a protegerme entonces?

Cuando alguien te habla así, después de algunas reflexiones que le haces sobre sí mismo, sabes que ha estado sufriendo mucho, y que ha puesto sus prioridades y necesidades emocionales por debajo, muy por debajo, de las de los demás.

Aproximadamente igual eran las expresiones de otras personas que han estado viviendo una situación emocional «poco sana, pero aparentemente feliz» y no se han dado cuenta del coste, hasta que han experimentado y han hecho balance, de que la relación personal o de amistad que mantenían con la otra persona no era «justa emocionalmente», digámoslo así, para ellos.

Y es que a veces surge lo que yo he llamado últimamente, una «simbiosis emocional peligrosa». Esta «simbiosis» se da cuando dos personas  se «utilizan emocionalmente» pero no les une nada más  o no han trabajado en compartir ilusiones, valores, o futuro. Ambas partes aprovechan lo que el otro les da emocionalmente porque no lo obtienen de sí mismos o de su entorno habitual. Durante un tiempo funciona.

El problema es que se acaba asumiendo un rol del que en esa etapa temporal es difícil escapar:
  • Son hijas que han asumido un papel protector con la madre (potenciado por ambas). También tienen, por supuesto el rol de hija pero no pueden activarlo. Sufren, porque siempre están ahí para la otra persona, y cuando necesitan cambiar el rol, no hay nadie que esté allí para ellas. Así que, la relación ya no es la misma. Realmente la madre «utiliza» de paño de lágrimas y preocupaciones a su hija, y ésta asumió este papel porque era una fuente positiva para su autoestima. La relación acaba no siendo recíproca y hay alguien que da más o a un coste emocional más alto y entonces surge el sufrimiento.
  • Son personas con problemas en su matrimonio que «parece» que encuentran otra persona con la que tienen mayor sintonía, pero que sólo han creado una relación en la que se dan lo que no tienen habitualmente, y a la hora de la verdad, únicamente se han «aprovechado emocionalmente el uno del otro». Comienzan en algún punto a darse cuenta que «esto» que han creado no tiene el mismo significado para ambos, que uno ha dado más o con más valor al otro, pero sigue dando  y recibiendo porque al dar y recibir su autoestima mejora, y surge entonces la dependencia emocional de dar para que me valoren, pero como no siempre se puede estar dando a los demás… entonces surgen los reproches.
  • y así más casos similares…

Pero lo más importante y positivo, es que ¡se han dado cuenta y han decidido cambiar! ¡Genial!. Posiblemente les espera un camino de introspección personal intenso y muy satisfactorio.  Un camino, en el que descubrirán por qué han llegado a dónde han llegado. Se darán cuenta de qué no quieren que vuelva a ocurrir. Descubrirán quiénes son y el valor que tienen, sin estar esperando la aprobación de los demás.

Son buenos comienzos, ¡aunque no lo parezcan! Todos estos casos han dado el primer paso:
  • quién quiero ser, como persona o como profesional
  • van a invertir en quien, qué o cómo quieren ser
  • están investigando y pidiendo ayuda para saber cómo hacerlo bien, para desarrollar una buena agenda de aprendizaje
  • y están activamente poniendo en marcha nuevas experiencias, hábitos y prácticas.

pensar

 

¿Y tú has dado el primer paso ya?

Qué y cómo comunicar mejor

Tu herramienta para buscar trabajo, para liderar o para tener relaciones saludables con los demás es la comunicación.

¿Cómo comunicas?

Comunica. Ahora. Mañana. Siempre.

Tu comunicación puede activar el aburrimiento o la curiosidad del receptor.

Puede activar las emociones positivas o negativas del receptor.

Puede provocar acción y compromiso o activar la desvinculación emocional

Puede comunicar para solucionar o para aumentar el problema.

Qué y cómo comunicar mejor

comunicar mejor

¿Cómo estás comunicando?

¿Qué necesitas mejorar?

¿Por qué cambios vas a empezar?

Provoquemos que los estudiantes tengan su marca propia

¿Los estudiantes tienen marca propia?

Son estudiantes, no tienen experiencia ¿pueden crear su marca personal?

¿Pueden diferenciarse?

 ¡Sí, absolutamente sí! Pueden y se lo merecen. Merecen acceder ya (suerte que no tuvimos otros) a su propio proceso de descubrimiento personal que les permita definirse con sus ilusiones, intereses, talento y aporte al mundo.

Gracias al IES Galileo de Valladolid y a su propuesta de Emprendimiento Emocional, los días 27 y 28 de enero tuve la oportunidad y honor de compartir con cerca de 100 estudiantes de FP dos sesiones de entrenamiento en emprendimiento emocional. Los objetivos principales propuestos por el departamento de FOL del IES Galileo fueron que trabajáramos en las sesiones, reflexiones y dinámicas, que permitieran a los estudiantes:

  1. Desarrollar en los alumnos los valores y actitudes personales del nuevo mercado laboral.
  2. Descubrir el potencial de uno mismo.
  3. Impulsar la autonomía e iniciativa personal.
  4. Diseñar un breve plan de acción personal / profesional.
  5. Desarrollar las claves para la creatividad, la autocrítica; el control y la inteligencia emocional.
  6. Fomentar en los alumnos la capacidad de transformar las ideas en actos.
  7. Concienciar a los alumnos en valores éticos

y así lo hicimos. ¿Qué puedo confirmar después de la experiencia? Puedo confirmar, que por favor,

Provoquemos que los estudiantes tengan su marca propia

Es importante, no, es esencial, y provoca ideas y remueve ilusiones, abrir la mente de los estudiantes a la visión de que ya son alguien dignos de confianza y de escucha. Tenemos una labor genial y urgente para nuestros nuevos profesionales. Ayudar a descubrirse, contribuir a su confianza y credibilidad, además de su visibilidad en el mercado laboral. Ahora bien, necesitamos conocer bien su perfil, lo que les preocupa y sus ilusiones para provocar que tengan su marca propia:

Qué les preocupa:

  • Ser suficientemente buenos
  • No tener nada que aportar por no tener experiencia profesional
  • Saber cómo acceder a contactar con empresas y profesionales que les puedan ayudar, orientar y contratar
  • Saber cuál es su talento
  • Saber en qué son diferentes
  • Saber si su forma de ser y su talento personal puede ser valorado en las empresas

Qué mitos tienen en la cabeza (quiero pensar que son mitos y que hay realidades mejores, que de algunas puedo dar fe)

  • Las empresas solo les van a ofrecer contratos malos y que se van a aprovechar de ellos
  • Las empresas no van a invertir en ayudarles a crecer como profesionales
  • Si son sinceros en las entrevistas de trabajo no les contratarán
  • No hay trabajo para ellos
  • Los profesionales adultos no quieren hablar con estudiantes

De qué son muy conscientes:

  • Su desmotivación, en ocasiones, y que no saben cómo mejorarla
  • Sus dificultades de concentración en el estudio y que no saben cómo mejorarla
  • Tienen dificultad y desconocimiento de cómo gestionar sus emociones
  • No tienen o no saben como desarrollar un plan de acción
  • Su autoestima es muy variable, y por lo tanto, no suficientemente sólida para hacerse valer en el mercado laboral

Se les ilumina la cara cuando:

  • Les cuentas casos reales de empresas que desmontan sus mitos
  • Les informas de cómo funciona un proceso de selección bien realizado y acorde a su perfil
  • Descubren que tienen habilidades que se valoran en el mercado
  • Descubren que sus experiencias personales y de estudiante las pueden extrapolar al trabajo
  • Les proporcionas herramientas para estar informado y poder adaptarse al mercado
  • Les facilitas técnicas y nuevos hábitos para gestionar su autoestima y emociones
  • Les pones a prueba y comprueban que hay habilidades que son valoradas, y no lo sabían, y detectan claramente, en qué necesitan mejorar
  • Les ayudas a crear un plan de acción inicial para empezar a definir su marca personal

Merecen reconocimiento y ayuda porque:

  • Algunos estudian y trabajan en puestos que no les gustan, pero necesitan tener cubiertas unas necesidades económicas por circunstancias varias
  • Si te pones a su lado, y no en frente, te dan su confianza y están hambrientos de saber más
  • Proporcionarles herramientas y buenas técnicas hace que su motivación aumente y mejore la percepción de sí mismos
  • Despertarles conlleva grandes descubrimientos para sí mismos y para ti
  • Hay más potencial del que parece
  • Saben reconocer lo que les ayuda y lo que no
  • Comunican claramente y eso ayuda a una interacción muy enriquecedora para ambas partes
  • Cuando descubren su viabilidad como proyecto individual en el mercado laboral te sorprenden

Conclusiones: 

Trabajemos sus preocupaciones.

Desterremos sus mitos.

Aprovechemos su consciencia de mejora.

Provoquemos que se les ilumine la cara.

Reconozcamos que son marca personales en potencia.

Los estudiantes merecen acceder al descubrimiento de su marca personal y al aprendizaje de cómo hacerla creíble, confiable y visible.

 

 

Necesitas protagonizar tu propio camino porque…

Necesitas protagonizar tu propio camino porque a veces no es suficiente…

  • Leer frases bonitas, porque no te las crees
  • Pensar que hoy va a ser tu mejor día o el primer día del resto de tu vida, porque no lo sientes así
  • Mirar o aprender de los mejores, porque no te sientes identificado
  • Las autoayudas rápidas, porque no están alineadas con tu momento vital
  • Los programas rápidos de solución de problemas, porque todavía no estás preparado para solucionar
  • El optimismo sin límite, porque también es real esa parte negativa que estás viendo
  • Mirar siempre hacia delante, porque todavía de duele, te engancha o no has soltado «el antes»
  • No pensar en algo, porque eso no te hace superarlo y en el fondo lo sabes
  • Modificar tus recuerdos alterando la realidad que fue, porque no has acabado de aprender, de resolverlo o de superarlo
  • Saber racionalmente que no tienes razón, porque el sentimiento te puede
  • Saber que es lo que tienes que hacer, porque todavía algo no te permite decidir
  • Pensar que no necesitas ayuda, que depende de ti salir de dónde estás, porque no lo estás consiguiendo
  • Conformarte, porque sabes que no estás siendo feliz y te lo mereces
  • Ponerte una coraza, porque está afectando a todo lo nuevo que intentas crear
  • Mirar cómo otros lo superaron, porque no son tú
  • Etiquetarse, para decir «ya sé lo que me pasa, ya lo tengo delimitado», porque saberlo no te hace resolverlo
  • Escuchar o hacer lo que otros te dicen que tienes que hacer, porque a ti no te sirve

Muchas personas me comentan frecuentemente que han probado todas estas estrategias anteriores que he listado, y que no les sirven, y tienen razón. No son suficientes. Y no son suficientes porque cada persona ha de vivir su cambio de una manera voluntaria y en primera persona. Cada persona ha de protagonizar su camino.

Hasta ese concepto de «mochila» que ya todos conocemos parece que se ha convertido en una carga con la que hay que vivir. A mi me gusta explicar a mis clientes, que la conocida «mochila» no debe ser una carga. «La mochila» está llena de nuestras vivencias, de nuestros aprendizajes, de nuestros «pendientes», de nuestros miedos, expectativas, límites e ilusiones, de nuestro autoconcepto, de nuestros valores, nuestras creencias… Y podemos hacer dos cosas, asumir el peso de nuestra vida o imaginar que llevamos una «mochila con alimentos», con nutrientes, y al igual, que hace nuestro cuerpo, necesitamos digerirlos, aprovechar lo que nos alimenta el corazón y la mente, y desechar aquello que no nos aporta (pero después de un proceso de digestión emocional y mental). De esta manera, al «digerir», entender, aceptar, reconocer y asumir nuestras vivencias, aprendizajes, etc. … podemos llenarla de nuevas experiencias que también digeriremos.

Eso sí, necesitamos hacer «altos» en el camino, de vez en cuando, para alimentarnos de esos nutrientes y digerirlos con calma, porque sienta mal comer haciendo dos cosas a la vez, ¿a qué sí?, pues aquí ocurre lo mismo.

Ahora bien, ¿qué es eso de «digerir»? Cada vez más en las sesiones personales que tengo con los clientes, hay un denominador común: la persona sabe lo que le pasa pero no sabe cómo «digerirlo». Y es justo en ese punto donde los profesionales que trabajamos en el desarrollo de personas, debemos poner al servicio de los clientes un proceso, único y protagonista, por donde el cliente pueda caminar con toda la autonomía posible. Diseñar ese proceso, esa vivencia desde la posición desde donde está la persona, no desde las frases bonitas y las «recetas mágicas».

La orientación a la persona, al cliente debe ser máxima y debe proporcionarle procesos internos que le permitan digerir lo que su corazón y su mente no ha podido hacer todavía. Me encuentro pues, casos en los que:

  • Se ha terminado una relación personal, y sabiendo que no ha sido una relación sana, emocionalmente hablando, la persona sigue » enganchada» y sufre sin poder seguir adelante. Sabe racionalmente que no se podía seguir, pero se siente muy mal y desconoce como superar ese sentimiento.
  • Directivos que no «sienten» su vida y empiezan a tener problemas en su desempeño profesional y en su vida personal. Son profesionales que han llegado a un punto de su vida en la que algo ha cambiado, no sabrían decir qué ni por qué, pero se sienten insatisfechos y desmotivados. Saben racionalmente que «aparentemente» no tienen de qué quejarse pero no pueden seguir con ese nivel de malestar emocional que les hace cuestionarse quién son y qué quieren, y no encuentran respuesta.
  • Personas que viven limitadas por su ansiedad. Poco a poco van aumentando las situaciones que evitan por la vivencia de estrés intenso que experimentan, afectándoles a su autoestima y a su potencial de desarrollo.
  • Profesionales que han promocionado a un puesto superior o de líder, manteniendo creencias, valores, actitudes y comportamientos que antes le daban resultados y están encontrando que no consiguen resultados. Un claro ejemplo de que nos hemos puesto «el sombrero» del nuevo rol sin haber digerido el cambio, las expectativas y los objetivos nuevos.
  • Personas que no pueden llegar a tomar decisiones porque hay algo que les frena y no son capaces des deshacerse del «ancla» a la que están sujetos. Saben racionalmente que necesitan tomar una decisión pero no pueden hacerlo.
  • Personas que han vivido durante mucho tiempo situaciones de maltrato, y aunque han tomado la decisión de terminar con esa situación, se encuentran que no pueden fácilmente seguir con su vida.

¿Qué podemos hacer si nos sentimos identificados con que las «recetas mágicas» no nos sirven?

Como proceso clave, hablar con uno mismo. El diálogo interno es la forma que tenemos para «digerir» nuestras vivencias. Si ese diálogo no es constructivo, funciona en espiral (vuelves siempre al mismo sitio) o no te hace sentir mejor, pide ayuda profesional. En serio, a quién sea de tu confianza, pero pide ayuda, porque el desgaste emocional de no saber cómo resolver nuestro equilibrio emocional, añade una factura extra al desgaste causado por la situación o problema inicial.

Sin, obviamente, dar soluciones rápidas al malestar emocional, a la baja autoestima, a la dificultad de tomar decisiones, al «enganche» al pasado, al miedo al futuro y a la gestión de los cambios, sí te diré, que ese camino que necesitas recorrer de forma protagonista, necesita tener en cuenta elementos como: Visión personal, Valores, Creencias, Equilibrio Emocional, Habilidades, Actitudes, Estrategias emocionales, Estrategias mentales, Hábitos de afrontamiento…

Ese diálogo interno, necesita, entre otras cosas, permitirnos elaborar reflexiones sanas sobre nuestro pasado, reflexiones de confianza sobre el futuro, puntos de inflexión o «quiebres» en los que las emociones reprimidas sean reconocidas, aceptadas y gestionadas, una identidad propia definida y con capacidad de evolución, una visión futura de qué queremos llegar a ser, descubrimientos sobre nuestro potencial, una agenda de aprendizaje personal,  un sentimiento de paz con nosotros mismos y con los demás…

Entonces, dejando a un lado la lista de cosas que ya sabes que no te ayudan,

deja a un lado incluso mi reflexión de este artículo,

¿estás digiriendo tu «mochila» o cargas con ella?
¿cómo es tu diálogo interno en el día a día?
¿lo evitas llenando tu día a día de actividades y llevando a la espalda el peso de la «mochila»?
¿te dejas llevar por el diálogo en espiral negativa?
¿Qué necesitas para ser protagonista de tu diálogo, hacer «altos» en el camino y caminar con una «nueva forma de alimentarte»?

¿Tienes razón cuando reaccionas a las críticas?

¿Te has sorprendido alguna vez por la reacción de otra persona ante tus comentarios? Un compañero de trabajo, un miembro de tu equipo ¿ha reaccionado desproporcionadamente a tus opiniones? ¿Se ha subido el tono en una reunión a raíz de ciertos comentarios? O incluso, ¿te has dado cuenta que has reaccionado en exceso ante una conversación con otra persona? ¿Es una crítica lo que nos están comunicando? ¿Hemos lanzado nosotros una crítica sin darnos cuenta? ¿Pensamos que no tienen razón?

En la mayoría de estos casos, las reacciones desproporcionadas tienen mucho que ver con cómo estamos interpretando la realidad que nos rodea, y en concreto, las conversaciones y comentarios que comunicamos o recibimos. Cada persona tiene una «pantalla» por la que filtra su realidad, y en base a los filtros que utiliza para ver los detalles y colores de esa realidad, conforme a eso, reacciona. Porque en definitiva, es la realidad que está viendo, percibiendo y sintiendo.

¿Y entonces que hacemos? Si cada uno tiene su realidad, ¿tenemos razón cuando reaccionamos de manera desproporcionada o agresiva? En estos casos, de «desconexión de pantallas» necesitamos buscar conocernos a nosotros mismos, y saber qué filtros estamos aplicando a la interpretación de nuestra realidad, y conocer también los filtros de los demás, para acordar un punto de enfoque común que nos haga conversar, reaccionar de manera adecuada y entendernos mejor.

¿Tienes razón cuando reaccionas a las críticas?

Señalaríamos tres aspectos fundamentales, a los que necesitamos prestar atención para resolver de mejor manera este tipo de conversaciones, que al final pueden acabar por activar nuestro Sistema Nervioso Simpático, dirigiéndonos a un estado total de posible agresividad, desconfianza y malestar, debido al aumento de nuestros niveles de cortisol, testosterona y norepinefrina:

  • Filtros personales que impiden acordar realidades con los demás.
  • Tipos de respuestas a situaciones de crítica
  • Autoestima y derechos asertivos
¿Qué filtros personales hacen que la realidad que ves y a la que reaccionas no sea tan objetiva como consideras?
  • Tus rasgos de personalidad: Son características estables que permiten determinar, explicar y a veces, no siempre predecir el comportamiento de una persona. Los rasgos de la personalidad marcan la posible tendencia a ser  más o menos activos en estas variables: sociabilidad, extroversión, ansiedad, impulsividad, atrevimiento, impulsividad, dominancia, autosuficiencia, autocontrol…etc.
  • Estado fisiológico: Seguro que has comprobado que determinado problema o situación la valoras de una forma al final del día, y al día siguiente cuando estamos más descansados y despejados, casi siempre ves las cosas de otra manera. El estado físico, afecta incluso aunque no seamos conscientes de que físicamente nos ocurre algo. Un dolor de cabeza, de estómago, un inicio de resfriado, una bajada de defensas, el cansancio… filtra la información que recibimos dándole un significado personal u otro, y claro, en base a ello, reaccionamos.
  • Estado emocional:  Recordemos como afecta a nuestras capacidades cognitivas la activación, según nuestro estado emocional, del Sistema Nervioso Simpático (izquierda del gráfico), encargado de preparar al cuerpo para defendernos en caso de que consideremos la situación como amenazante, y el Sistema Nervioso Parasimpático (derecha del gráfico), que permite renovarnos física y emocionalmente:

SnS y SNPS - copia (2)

 

  •  Patrones de comportamiento habitual: Cada persona tiene una historia aprendida de patrones de conducta de afrontamiento ante las situaciones que ha vivido en el pasado, que a menos que voluntaria y conscientemente decida mejorarlas o aprender otras nuevas, seguirá utilizándolas en el futuro. Estas estrategias se utilizan de forma automática y rápida porque son las estrategias que nuestro cerebro ya tiene aprendidas y validadas en situaciones anteriores. Con lo que nos es más fácil aplicarlas en situaciones complicadas, buscando similitudes de cómo lo resolvimos en el pasado. Así que, ante situaciones que consideramos amenazantes, trataremos de reaccionar y contestar como lo hicimos en el pasado. Ahora bien, no siempre estrategias automatizadas sirven de la mejor manera a nuevas personas y situaciones. Es por ello, que necesitamos concentrarnos cada vez en lo que estamos viviendo y tener un amplio rango de conductas de afrontamiento, además de una actitud continua de aprendizaje en habilidades. ¿Qué patrones de afrontamiento ya no te sirven?
  • Creencias: Los valores, prejuicios, interpretaciones y teorías que cada persona construye en cada interacción social que vive influyen en lo que uno ve en su propia «pantalla». Es difícil desprenderse de las creencias, porque al igual que los patrones de conducta de afrontamiento, están instauradas automáticamente en nuestro cerebro y nos «cuidan» y «alertan» sobre lo que nos gusta o disgusta, sobre lo que nos alegra o nos hace daño, y sobre lo que nos funciona o no, en nuestras relaciones personales. Una vez más la consciencia de qué creencias has elaborado y el deseo voluntario de aprender nuevas creencias nos salvará de este filtro que en ocasiones no nos ayuda. ¿Qué creencias te están dificultando tus relaciones personales y de trabajo?
  • Necesidades: En muchas ocasiones, en cada relación personal, social o laboral en la que se participa, cada persona trata de cubrir alguna necesidad emocional. Este comportamiento que tratará de buscar en las interacciones personales resolver su necesidad emocional, distorsiona la realidad que cada uno vive. Un ejemplo puede ser esa persona que está constantemente pidiendo ayuda, porque necesita confirmación y control sobre todo lo que hace. Otro ejemplo, puede ser cuando un jefe acostumbra a pedir a su equipo que se le informe detalladamente de todo, y se implica en las partes técnicas más concretas de su departamento, no porque esté mostrando cercanía a su equipo, sino porque necesita tener el control de todo lo que se está haciendo y asegurarse de que todo va según su criterio. Un último ejemplo, puede ser cuando una persona está constantemente ayudando y siendo lo más agradable posible a todo el mundo, no porque sea buena persona (que lo será) sino porque necesita estar bien con todo el mundo, en cualquier situación, y evitar conflictos para apreciarse a sí misma. Reconocer esas necesidades puede ayudar a no reaccionar a las críticas o a conversaciones que consideramos, en principio, amenazantes. ¿Qué necesidades emocionales estás tratando de cubrir en tu relación con los demás?

Os cuento un caso que me ocurrió en las primeras clases que tuve en mi vida laboral:

Primer día de clase, un curso de técnicas de venta para comerciales. En la primera ronda de presentaciones y comunicación de expectativas, un alumno de repente comentó: «Me llamo X y yo vengo aquí a que tú me demuestres que tienes algo que enseñarme, porque llevo toda mi vida trabajando en la calle y no creo que una psicóloga tenga nada que enseñarme»

Evaluemos posibilidades:

  1. Si mi rasgo de personalidad hubiera sido tímido, estuviera nerviosa y cansada, si hubiera considerado amenazante su comentario se hubiera activado mi sistema nervioso simpático, si mi patrón de afrontamiento hubiera sido atacar a quien aparentemente me ataca, si tuviera una idea preconcebida sobre los comerciales, y necesitara ser continuamente aceptada por todo el mundo ¿cuál habría sido mi reacción? Posiblemente, atacar, callarle, demostrarle que mis estudios son muy válidos, sentirme mal porque no me da una oportunidad y no me conoce… o sea, la clase hubiera continuado fatal… 🙂
  2. Parece que uno de mis rasgos de personalidad es la sociabilidad y el respeto por todos y por sus estados emocionales, estaba tranquila, alerta, pero no a la defensiva, y me había preparado. Uno de mis patrones de afrontamiento antes de reaccionar, siempre es conocer o preguntar más a cerca de la persona o la situación. Siempre se habla de las ideas preconcebidas, pero aprendí muy pronto a relacionarme con un gran variedad de personas, con lo que mis prejuicios no estaban activos y por supuesto, asumía que como profesional que habitualmente trabaja con muchas personas, no podía caer bien a todo el mundo, y que cada uno tiene derecho a expresar sus miedos de la mejor manera que puede. Resultado: la clase funcionó muy bien, al igual que mi relación con ese alumno (que luego hablando con él, ya con más confianza, me reconoció, que no lo había hecho con mala intención, que le preocupaba algo y lo expresó así). Descubrí su necesidad, quería comprobar si el curso y la profesora eran lo suficientemente válidos como para traer a su equipo a aprender y no perder el tiempo.

Como vemos, nuestros rasgos de personalidad, estado físico o emocional, creencias, necesidades… tienen un gran impacto en cómo reaccionamos a las críticas y a las situaciones que nuestra «pantalla» mental elabora.

Ahora bien, todos estos factores ¿qué tipo de respuestas nos pueden hacer dar en estas situaciones difíciles?

¿Cómo respondemos a las críticas?

crítica

 

¿Cuál sería tu estilo más habitual? ¿Qué impacto tiene en ti? ¿Y en los demás?
¿Afecta nuestra autoestima y los derechos legítimos y asertivos que permitimos tener?

Sí indudablemente.  Los filtros que habitualmente utilizamos para elaborar nuestra realidad pueden ser «ajustados» con una buena autoestima y respetando una serie de derechos legítimos que tenemos todos:

  • Una persona con autoestima sana mostrará comportamientos asertivos
  • Una persona con autoestima baja mostrará comportamientos agresivos o pasivos
  • Una persona que reconozca sus derechos legítimos, tendrá una buena autoestima y su comportamiento mostrará colaboración y respeto
  • Una persona que ponga la valía de los demás por encima de la suya y reconozca los derechos legítimos de los demás, pero no los suyos, mostrará un comportamiento de sumisión y de baja autoestima
  • Una persona que ponga la valía de los demás por debajo de la suya y no reconozca los derechos legítimos de los demás, pero sí los suyos, mostrará un comportamiento agresivo

¿Cuáles son estos derechos?

Ser tratado con respeto y dignidad
Tener y expresar los propios sentimientos y opiniones
A ser escuchado y tomado en serio
A juzgar mis necesidades, mis prioridades y mis propias decisiones
A decir no, no lo sé y no me importa, sin sentir culpa
A pedir lo que quiero, respetando que el otro puede decirme que no
A cambiar de opinión
A pedir ayuda
A cometer errores
A no ser asertivo cuando así se decide
A ser independiente
A tener éxito
A disfrutar
A sentir tristeza o enfado
A pedir tiempo
Al descanso y al aislamiento
A superarse
Conclusiones
  • ¿Conoces tus rasgos más habituales de tu personalidad?
  • ¿Eres normalmente consciente de tu estado físico?
  • ¿Eres consciente de el estado emocional con el que afrontas las situaciones y te relacionas con los demás?
  • ¿Conoces tu patrón de conductas de afrontamiento habitual?
  • ¿Conoces tus creencias?
  • ¿Eres consciente de tus necesidades emocionales?
  • ¿Sabes cual es tu estilo de comunicación más habitual (pasivo, agresivo o asertivo)?
  • ¿Te permites tus derechos legítimos?
  • Las mismas cuestiones las conoces de los demás?
  • ¿Qué necesitarías mejorar?

La próxima vez que reacciones o veas reaccionar a alguien de manera exagerada o incluso que no reacciona o no se implica en las conversaciones, reuniones, etc, ¿crees que podría ayudarte recordar todo esto? ¿Qué has descubierto de ti mismo?

Os deseo una buena reflexión orientada a decisiones de cambio 🙂

Por qué tus conversaciones no generan confianza

Parece que no tenemos tiempo para tener conversaciones eficientes y satisfactorias. Parece que nuestras conversaciones delatan la prisa que tenemos en obtener una respuesta que confirme o desmienta lo que tenemos en nuestra cabeza (Veo cada vez más personas que alteran su respiración cada vez que hablan). Parece que lo único importante es decir lo que tenemos que decir antes de que se nos olvide y que la otra parte, nuestro interlocutor, absorba de inmediato lo que hemos dicho sin cuestionar, ni reflexionar, ni plantearse cualquier alternativa.

Se espera continuamente que los colaboradores capten de inmediato lo que quiere su líder y le den respuestas a lo que quiere confirmar o descartar. Se espera que los compañeros de trabajo den respuestas claras a lo que les han pedido. Se espera que los candidatos en una entrevista de trabajo den respuestas claras que confirmen o desmientan lo que el entrevistador busca como ideal de candidato, perdiéndose en conocer realmente las habilidades técnicas y personales, que puede ofrecer ese candidato a la empresa que puede contratarlo. Se espera que el cliente confirme o niegue una serie de cuestiones que llevamos en la cabeza para encontrar la oportunidad de decirle las ventajas del producto o servicio que se ofrece sin realmente conocerle o dar pie a una buena conversación.

¿Dónde vamos con tanta prisa? ¿Nos estamos dando cuenta que ese tipo de conversaciones no dará los resultados que buscamos? ¿Nos damos cuenta que ese tipo de conversación ralentiza la creación de confianza y como consecuencia los éxitos que queremos conseguir?

Este tipo de conversaciones, no sólo retrasa (aunque no lo parezca) los resultados exitosos de compartir una conversación sino que generan desconfianza en nuestro interlocutor. Aquella persona con la que hablamos, que no conversamos, se sentirá presente en un interrogatorio constante que activará sin remedio sus alarmas de desconfianza potenciando su actitud defensiva. Llegados a este punto, se habrá conseguido dar un paso atrás en que nuestro intento de conversación prospere.

«Los cambios se producen con nuevas conversaciones» como nos indica Pilar Jericó en su artículo Para cambiar tu mundo cambia tu conversación. Si quieres crear cambios en actitudes y acciones en los demás, conversa. Si quieres conseguir implicación, conversa. Si quieres persuadir, conversa. Si quieres conocer realmente lo mejor de alguien, conversa. Sí, tienes razón, se necesita aparentemente un poco más de tiempo, pero piensa, en la cantidad de tiempo que pierdes, cuando los colaboradores no te han entendido, no se han implicado, el cliente no te ha entendido o ha perdido tu confianza, o a tu candidato no le has facilitado que te demuestre sus verdaderas fortalezas…

Por qué tus conversaciones no generan confianza

¿Qué hace que estas conversaciones que estamos teniendo no generen confianza? ¿Por qué las personas con las que hablas se ponen a la defensiva? Veamos al menos, 4 elementos:

Falta de consciencia sobre los puntos ciegos que puede haber en las conversaciones potenciando la creencia de que no hay nada que invalide el mensaje propio
  • Crees que el otro piensa y siente igual que tú y actúa con el mismo motivo que tú
  • Crees que las emociones de ambos no afectan al resultado de tu comunicación
  • Crees que el otro recuerda lo que dijiste tal como tú lo entendías y que el análisis que hizo de lo que le comentaste no afecta al resultado de tu comunicación
  • Crees que lo que hablas es el verdadero significado, no existen más interpretaciones o análisis

¿A cuántos puntos ciegos no estás prestando atención? Revisa más información en este artículo: 4 puntos ciegos en tus conversaciones

Creencia de que una conversación es sólo un intercambio de información, actualizaciones y hechos que ayudan a alinear las realidades o confirmar que se está en la misma «onda».

Cuando el líder busca confirmar que se está de acuerdo con su proposición, cuando un compañero de trabajo demanda que confirmes su punto de vista, cuando buscamos confirmar que un cliente está de acuerdo en lo que le proponemos, o cuando un entrevistador busca confirmar que el candidato cumple una serie de requisitos, estamos demandando un «sí» o un «no», no estamos conversando ni preocupándonos por la opinión del otro. Esta acción, este tipo de preguntas, este tipo de enfoque en nuestro «intento de conversación» normalmente se repite en varias ocasiones generando una interacción que se parece más a un interrogatorio que a una conversación.

¿Cuántas preguntas realizas buscando que te respondan un «sí» o un «no»?

Prioridad de aquello que queremos validar para confirmar el punto de vista propio.

En muchas ocasiones, es prioritario el objetivo de «informar al otro». Las acciones más destacadas en la interacción con otros, son pedir y proporcionar información. Se trabaja con la fórmula HABLAR + PREGUNTAR. Se termina escuchando para protegerse del otro. Se observa una tendencia a hablar más que preguntar. La conversación está centrada en el «yo» no en el «nosotros». Se busca tener éxito propio en lo que sea habla, tener razón. No se muestra ninguna receptividad a los planteamientos, ideas o emociones del otro. Se muestra una gran habilidad para formular preguntas cerradas: se busca que la respuesta del otro sea «si», «no», o un «dato concreto». Se genera baja confianza en el interlocutor.

¿Cuánto tiendes a hablar en las conversaciones? ¿Utilizas la formula HABLAR + PREGUNTAR?

nivel 1 conversación

Olvido del elemento de confianza en la conversación.

La gestión de la confianza en las conversaciones vendrá dada por el interés que tengamos en ocuparnos de conversar con el interlocutor de manera que pueda comprobar que:

  • no necesita protegerse de nosotros y son sus expectativas de temor las que importan, no las que nosotros creemos que puede tener
  • somos un aliado no un enemigo
  • ambas partes tienen algo que aportar a lo que estamos hablando
  • ambas partes pueden aprender algo
  • ambas partes pueden aportar valor

¿Cuánto tiempo dedicas a conversar sobre estos cinco puntos? Revisa más información en este artículo: Hablemos a sus dudas para ser un buen líder

Conclusiones:

 

¿Eres consciente de los puntos ciegos que hay en tus conversaciones?

¿Puedes cambiar el objetivo en tus conversaciones? En vez de validar lo que tú quieres ¿Qué otro objetivo podrías plantearte?

¿Qué otro tipo de preguntas más abiertas podrías realizar que permitieran al otro exponer sus ideas, reflexiones, opiniones y emociones?

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