Lo mejor del 2017 para tu desarrollo personal

¡Ya finalizamos el año! Es un buen momento para pararse a reflexionar. Aprovechar y felicitarse por todos los retos conseguidos. Con lo que te quede pendiente, revisa, reevalúa, y replanifica. 

En este mes, te iré dejando las lecturas más compartidas y leídas por los lectores de este blog. Por si se te pasó alguna, ahora es un buen momento para revisarlas.

Espero que puedan ser un buen recordatorio para cuidarte personal y emocionalmente.

Lo mejor del 2017 para tu desarrollo personal

Espero que pueda ser una buena revisión para recordar aspectos clave de tu desarrollo personal. 🙂

¿Qué reflexión y decisión de cambio tienes pendiente para empezar el próximo año?

Huyes de tus emociones o te dejas superar por ellas

Huyes de tus emociones o te dejas superar por ellas. Sí, estrategias extremas que se aplican habitualmente para «aparentemente» hacerse con las emociones. 

Hace poco un cliente me comentaba: «Siento una gran rabia y esto no debería sentirlo». «¿Por qué no?», fue el inicio de nuestra conversación. Estaba tratando por todos los medios de no sentir esa rabia que le producía una vivencia personal. 

Sí así lo sientes, es por algo, hay algún motivo que ha provocado esa emoción. La emoción te está dando una alerta.  Tratar de evitarla te hará más daño. 

Huyes de tus emociones o te dejas superar por ellas

Como le ocurría a mi cliente, evitar la emoción le generaba mayor intranquilidad y malestar. Y a su vez no podía dejar de sentir rabia. Las investigaciones demuestran que evitar emociones genera:

  • Menor consciencia de las señales que nos envía nuestro cuerpo
  • Dificultad para identificar las emociones que transmitimos a los demás. También para identificar las señales emocionales que nos envían los demás.
  • Dificultades de comunicación
  • Ansiedad
  • Bloqueo emocional
  • Depresión

Ser un «procrastinador emocional» te causará mayor insatisfacción personal y nuevas emociones negativas.

Por el contrario, en ocasiones tengo clientes, que vienen totalmente embargados por una emoción. Sea tristeza, enfado o miedo, la emoción inunda sus vidas. Su nivel de 0-10, siempre es 10. Dejarse superar por una emoción provoca:

  • Multiplicar la emoción
  • Dificultades para afrontar normalmente los retos personales
  • Incapacidad para visualizar un futuro viable
  • Que las decisiones vitales estén condicionadas a la emoción por la que te sientes superado
  • La emoción que te supera etiqueta todas las vivencias personales

Y la más sobresaliente característica en estos casos. Dejarse superar por las emociones genera RAZONAMIENTO EMOCIONAL.  Es decir:

  • Si me siento mal, esto no es bueno
  • Me siento culpable, así es que lo soy
  • Siento que no soy suficientemente bueno, entonces no tengo nada que hacer

Sentir una emoción intensamente, no convierte la situación en verdadera. Sentirte culpable, no te convierte en culpable. Sin embargo, sí te da un aviso, de que has procesado una vivencia con cierto enfoque que requiere de tu atención y revisión. 

La tristeza y tus estrategias

No reconocer que te sientes triste

Evitar la tristeza puede hacer que actúes con alguno de estos comportamientos:

  • Buscas emociones fuertes en forma de retos enormes, actividades físicas extremas o implicarte en situaciones emocionalmente intensas
  • Te ríes explosivamente con cualquier cosa (pero detrás si observas hay tristeza)
  • Te sientes invencible y asumes riesgos enormes
  • Cualquier conflicto se convierte en una «batalla campal»
  • Llenas todo tu tiempo con muchísimas actividades sociales (que evitan tener que pensar en ti)
  • Trabajas muchísimo, no de forma eficiente, pero llena todo tu tiempo
  • Abusas del alcohol u otro tipo de droga

Me siento muy triste

Dejarte llevar por la tristeza en su máximo nivel puede hacer que asumas alguno de estos comportamientos:

  • Tiendes a aislarte de personas y situaciones con la justificación de «que no te apetece o es siempre lo mismo»
  • Necesitas alcohol u otro tipo de drogas para llevarlo mejor
  • Te rodeas de vivencias tristes, una canción, una película, recuerdos tristes del pasado…
  • Prestas excesiva atención a todas las cosas que van mal, del mundo, de otras personas y de tu vida
  • Vives en el pasado
  • Sientes pena de ti mismo
  • Piensas que sentirte triste te convierte en una persona muy débil

El enfado y tus estrategias

No reconocer tu enfado o rabia

Cuando no reconoces tu enfado, es posible que actúes con alguno de estos comportamientos:

  • Sólo hay una forma de hacer las cosas (la que tu opinas)
  • Escuchas en función de cuánto se parece a ti o no lo que tu interlocutor comenta
  • No prestas atención a las emociones de los demás, sólo en los resultados
  • Tú crees que no pero los demás te comentan que estás irritable
  • La tensión hace personas fuertes, así que la creas
  • Sientes que estás en conflicto pero «lo causan los demás, si los demás no hicieran, no fueran…»

Me siento terriblemente enfadado y siento una gran rabia

Cuando te dejas llevar por el enfado o la rabia puede que asumas alguno de estos comportamientos:

  • Tus comentarios son agresivos 
  • Desprecias con tus acciones y con tu falta de ellas
  • Esperas que los demás reaccionen y solucionen algo mostrando tu enfado
  • Envías indirectas a determinadas personas «a ver si se dan cuenta»
  • No escuchas
  • Sólo ves problemas, defectos, errores e inconvenientes
  • Realizas juicios de valor a los demás

El miedo, la ansiedad y tus estrategias

Puedo vivir sin esa situación.

Una de las formas más frecuentes de evitar sentir miedo, es no afrontar determinadas situaciones. Ha personas que aprenden a vivir sin usar el avión, sin hablar en público, sin subir en ascensores, sin hablar con determinadas personas… O incluso han generado dependencia hacia determinada medicación, que les evita sentir miedo o ansiedad. Así, puede que:

  • Estés dependiendo cada vez más de fármacos por no ser capaz de sentir ansiedad
  • Hayas aprendido a evitar en tu vida determinadas situaciones con las que te has acostumbrado a vivir
  • Cada vez ves que puedes afrontar menos situaciones, pero vives con ello
  • Pones el foco y tu energía en otras cosas o en otras personas en vez de en tus miedos
  • Actúas de determinada forma con algunas personas para que así no se enfaden, no te griten, no te critiquen…
  • No reconoces el miedo que te generan determinadas vivencias pero vives en estado permanente de hipervigilancia

Vivir con miedo y ansiedad

Vivir constantemente con miedo y ansiedad te hace sentir que no depende de ti. Parece que es «algo con lo que te ha tocado vivir». Necesariamente «parece» que no puedes hacer otra cosa más que dejarte superar por esos miedos. Crees que escapa de tu control y hace que actúes con alguno de estos comportamientos:

  • Constante preocupación
  • No hay muchas más emociones en tu vida, es ansiedad o a veces, muy pocas, tranquilidad
  • Dudas muchísimo de ti mismo
  • Has desarrollado hábitos compulsivos que sólo inicialmente calman tu ansiedad
  • Crees que el perfeccionismo calmará algún día tus miedos o ansiedad
  • Experimentas constantes recuerdos de tus errores
  • Vives con tensión muscular constante
  • Tienes fuertes dolores de cabeza, dolor de estómago. Somatizas.

¿Entonces tengo que evitar las emociones o sentirlas en toda su intensidad?

Quizá es el punto más difícil. Encontrar el equilibrio. Evitar emociones has visto que las multiplica y no te hace sentir bien. Dejarse llevar constantemente por una emoción intensa, te impedirá ver las cosas con claridad. Te dificultará tomar buenas decisiones. Es importante recordar que:

  • La gestión de emociones se aprende
  • Es importante identificar claramente la emoción
  • Bajo estados muy intensos de emoción es tremendamente difícil gestionar una emoción, ya que nuestro Sistema Nervioso Simpático lo impide
  • Es fundamental, sentir la emoción en un nivel aceptable y regulado para identificar la señal de alarma
  • Invertir en averiguar por qué sientes esa emoción es un paso importantísimo para su gestión
  • Despreciar las emociones o creer que no debes sentirlas es negarte a ti mismo 
  • Cuando aprendes a gestionar las emociones, todas las emociones son válidas
  • Aprovecharse de lo que te comunican las emociones te hará crecer personal y profesionalmente
  • Gestionar las emociones te ayudará a mejorar tus relaciones personales
  • Tu autoestima se mantendrá sana y fuerte cuando prestes atención a tus emociones
  • Bajo niveles más regulados de enfado, tristeza o miedo puedes aprender recursos personales muy valiosos
¿Y tú? ¿Cuál es tu estrategia más frecuente? ¿Evitas emociones o te dejas llevar por ellas?.
¿Qué emoción está muy presente en tu vida ahora mismo? ¿Tristeza, enfado o miedo?
¿Qué comportamientos has identificado que no te están ayudando? ¿Por dónde puedes empezar a responsabilizarte de tu emoción?

Piensa lo que sientes y siente lo que piensas

Tómate unos minutos para pensar sobre esto: 

  • ¿Cuándo te enfadas tienes que «hacer algo» sino no eres capaz de que se te pase?
  • ¿Cuándo los demás no hacen algo que para ti es importante te afecta emocionalmente?
  • ¿Tiendes a juzgar lo valioso que eres para alguien según las acciones o hechos que hacen por ti?
  • ¿Sueles asumir una posición de «experto» aconsejando a los demás lo que tienen que hacer?
  • Cuando quieres que los demás sepan qué te ocurre ¿muestras comportamientos y acciones dirigidas a que el otro se entere de tu enfado o malestar?
  • ¿Tiendes a esperar que los demás se comporten de manera racional y lógica?

Valorar más las acciones que los demás hacen por nosotros puede mostrar cierta dificultad para la reflexión. Valorar las relaciones en tanto en cuanto los demás hacen algo por ti, te impide comprender los estados emocionales.

Creer más en las acciones visibles que en la comunicación reflexiva, te puede impedir desarrollar tu inteligencia emocional.

Piensa lo que sientes y siente lo que piensas

Nuestra madurez emocional depende de nuestra actividad mental, muchas veces intuitiva y emocional. Esta capacidad nos permite comprender el comportamiento propio y ajeno en términos de estados y procesos mentales.

Nuestra capacidad de reflexión, actúa como mecanismo que nos facilita la regulación de nuestras emociones y poder establecer relaciones interpersonales satisfactorias. Esta capacidad de reflexión la llamamos mentalización.

Desde niños y hasta los cuatro años nos relacionamos de manera causal y racional. Una acción produce una consecuencia. De niños aprendemos a esperar acciones visibles y lógicas de nuestros mayores. 

 Este tipo de pensamiento se denomina «Modelo teleológico». Bajo este este esquema nos expresamos y comprendemos a los demás. Siempre desde la perspectiva de la acción racional. Darse cuenta de los motivos por los cuales alguien actúa de determinada manera, se nos escapa todavía. 

 Es a partir de los cuatro años, y bajo contextos de apego seguro con nuestros familiares, cuando evolucionamos. El apego seguro con nuestros padres, nos proporciona un vínculo emocional de seguridad cuando nos sentimos vulnerables. A partir de esta edad, entonces, desarrollamos otra nueva capacidad. Somos capaces de atribuir intenciones psicológicas a las acciones de los demás. Es decir comprendemos por qué actúan de determinada manera. 

Comprender el por qué de pensamientos, emociones y conductas

Creceremos entonces con una capacidad importantísima en nuestra vida. Ser capaces de explicar y predecir nuestro propio comportamiento y el de los demás. ¿Cómo?. Aprendemos a ser capaces de de atribuir estados mentales que expliquen las conductas.

 De hecho nos será más fácil comprender qué nos pasa, cómo nos sentimos, por qué actuamos como lo hacemos. De igual manera, lo podremos hacer con los pensamientos y sentimientos de los demás.

 Esta habilidad nos permitirá no solo «creer en lo que vemos» de nosotros mismos y de los demás. También seremos capaces de:

  • Ser menos impulsivos
  • Comprender las acciones de los demás
  • Entender nuestras emociones y las de los demás
  • Valorar las actitudes
  • Entender nuestros propios pensamientos
  • Comprender las prioridades y decisiones de los demás
  • Resolver nuestras emociones más difíciles
  • Disolver conflictos emocionales con los demás
  • Estar satisfecho con tus decisiones
  • Comprender las prioridades de los demás

 ¿Cuál es el mecanismo que nos permite todo esto? La reflexión. Esta función reflexiva te ayudará a:

PENSAR LO QUE SIENTES Y SENTIR LO QUE PIENSAS

 Pensar acerca de los sentimientos propios y ajenos y sentir los pensamientos, tuyos y de los demás, es crucial para desarrollar tu propia identidad. Así mismo, es fundamental para crear relaciones saludables y satisfactorias.

Piensa un poco en ti

Piénsalo:

  •  ¿Cuántas veces no entiendes las decisiones y acciones de tus colaboradores? ¿ o de tus compañeros de trabajo?
  • ¿A menudo no sabes lo que te pasa? ¿Incluso por qué reaccionas como lo haces en determinadas situaciones?
  • Con amigos o familiares, ¿sientes un enfado considerable porque no actúan como esperas?
  • ¿Cuando no te sientes bien, esperas que los demás te comprendan debido a que has cambiado tu forma de comportarte con ellos?

Es posible que en estas situaciones estés aplicando sólo el modelo teleológico. Estás esperando que las acciones sean lógicas, racionales y consecuentes. Acostumbras desde este enfoque a expresar lo que sientes con acciones visibles a los demás. 

Se te olvida o has dejado de practicar tu capacidad de reflexión. La inercia de tu día a día te está impidiendo vivir tus experiencias desde la reflexión. Necesitamos vivir. Pensar lo vivido. Y además sentir lo vivido. 

 La función reflexiva es un conjunto de acciones mentales que te permite identificar tus propios estados mentales, y los ajenos. Permite diferenciar entre tu propia realidad y la de los demás. 

La capacidad y el hábito de reflexión te ayuda a vincular emociones, pensamientos y acciones. Recuerda, no sólo pongas el foco en tus acciones o reacciones y en las de los demás. Hay más elementos en las relaciones personales a tener en cuenta. Procura prestarles atención desde tus momentos de reflexión.

¿Cuál es el mejor modo de reflexionar para que poder crear relaciones personales satisfactorias?

Luyfen et al (en Bateman y Fonagy, 2012) identifica 4 polaridades en la reflexión (mentalización). Una adecuada reflexión requiere de un buen equilibrio entre ellas, con suficiente flexibilidad para para funcionar de manera óptima en cada situación.

Es decir, es importante, manejar las cuatro tipos de reflexión y sus polos. Ahora bien, lo esencial es poder elegir el mejor tipo de reflexión (mentalización) según la situación. Aplicar en nuestra capacidad de reflexión solo un modo nos dificultará el beneficiarnos de la reflexión.

 Pensamientos automáticos vs reflexión controlada

El modo automático es con el que funcionamos habitualmente. Sobre todo cuando las cosas van bien. Mentalmente nuestros pensamientos y reflexiones automáticos nos dicen que no hace falta un esfuerzo extra de reflexión. 

El modo controlado, es el provocado. El que atendiendo a señales emocionales, cognitivas y conductuales de los demás nos ayuda a dirigir nuestros pensamientos. Requiere mayor consciencia sobre lo que ocurre. Incluye que nos cuestionemos supuestos automáticos que a veces creamos sobre las situaciones y las personas. 

Autoreflexión vs juicios externos

La autoreflexión pone el foco en nuestro mundo interior o de los demás. Es el curso de reflexión que nos lleva a entendernos y a crear un diálogo mental sano sobre quiénes somos. También nos ayuda a entender cómo funcionamos en las distintas situaciones. 

Esta capacidad de autoreflexión, además, tiene que ver con el interés sobre lo que le ocurre a los demás, cómo se sienten, qué piensan, qué historia han vivido para ser cómo son. 

La realización de juicios rápidos es la reflexión dirigida al exterior. Es la que nos ayuda a entender los gestos y el aspecto externo de los demás, así como nuestras propias señales fisiológicas (sudor, taquicardia…)

Reflexión cognitiva vs reflexión emocional

La reflexión emocional suele asociarse al enfoque de la certeza. Sabes algo porque lo estás sintiendo. Es importante además diferenciar entre «me siento así» y «ser consciente de lo que siento».

La reflexión cognitiva es la que permite la duda y las posibilidades.

Piensas en ti vs piensas en los demás

Ambos focos son importantes en nuestra capacidad de reflexión. Nuestra capacidad de adaptación y las relaciones interpersonales requieren de ambas. A veces encontramos personas que tienen muy desarrollado en foco de atención en sí mismos. Y en otras ocasiones, encontramos personas que casi ponen a los demás como prioritarios en sus vidas.

Como hemos comentado los polos en la reflexión no nos ayudarán. El equilibrio adecuado, entre tenernos en cuenta a nosotros mismos y pensar en los demás, es el objetivo.

Entonces dime, ¿piensas lo que sientes y sientes lo que piensas?

En situaciones de estrés laboral, en conflictos personales o en estados emocionales difíciles nuestra capacidad de reflexión se polariza o incluso se anula.

Te en cuenta que es muy posible que en situaciones así, observes como te inclinas a:

  • Los pensamientos automáticos (rápidamente haces un juicio)
  • Focalizar en lo exterior (buscas responsabilidades fuera de ti o factores externos para la explicación)
  • Reflexión emocional (lo sabes porque así lo sientes)

Cierto es que en situaciones críticas esta combinación permite que podamos dar respuestas rápidas. Ahora bien, procura buscar momentos más tranquilos para compensar y tratar de equilibrar tu capacidad de reflexión:

  • Ten el hábito de reflexionar diariamente de manera voluntaria y tranquila
  • Acostúmbrate a cuestionarte de vez en cuando. Busca admitir la duda y las nuevas posibilidades cuando reflexiones
  • Pon el foco en tu propio mundo interior y en el de los demás

Así podrás:

  • Reflexionar mejor incluso en momentos de enfado o de gran tristeza o por lo menos trabajar reflexivamente tus emociones
  • Aprender a valorar actitudes, gestos, pensamientos y emociones que tienen los demás
  • Dar importancia a las palabras, reflexiones e ideas que te trasmiten los demás
  • Acompañar y ayudar a los demás desde la reflexión conjunta 
  • Expresar verbalmente tus emociones y comprender las de los demás
  • Aprender a qué los motivos de las decisiones y acciones de los demás importan
¿Y tú cuánto tiempo dedicas a la reflexión? ¿Cuánto piensas lo que sientes y sientes los que piensas?

Cómo organizar tu trabajo para no sentir tanto estrés

Sí por favor. ¿Hacemos un ejercicio de análisis de cómo estamos trabajando?. ¿Nos sentimos bien con nuestra gestión del tiempo?.

Esta fue la propuesta que trabajamos con un gran profesional. Miguel Gironés, Decano del Colegio de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas e Ingenieros Civiles. CITOPIC, Zona Aragón. 

Miguel y su equipo, han tenido la amabilidad de invitarme a colaborar con este artículo. En su revista CIMBRA, publicada semestralmente. 

Me alegra muchísimo haber colaborado con ellos, tratando de aportar ideas sobre nuestra gestión del tiempo diaria. Así que os invito a revisar estas reflexiones por si os pueden servir.

Podéis consultar la revista completa en el aquí en su enlace original. 

Cómo organizar el trabajo para no sentir tanto estrés

¿Se puede estar satisfecho de la organización de nuestro trabajo? ¿Y de nuestro tiempo? Sí, efectivamente se puede. Se hace. Y es una de las ventajas de las que más pronto disfrutas cuando te organizas.

 Cuando te organizas y eres el protagonista de tu tiempo y tu gestión, tomas decisiones, negocias tiempos y plazos. Aprovechas los tiempos según el nivel de concentración que necesitas. Siente uno la satisfacción de que cada día te has aproximado a lo que querías. Sino en un 100%, en un porcentaje muy alto.

 

Preocupaciones frecuentes en la gestión del tiempo

Desde profesionales freelance hasta directivos, veo a menudo como el tiempo se come su bienestar y su tranquilidad. Constantemente tienen presente en su cabeza:

  • tareas pendientes
  • llamadas que no hicieron
  • la preocupación de resultados
  • la ansiedad de que no se olviden las cosas
  • la intranquilidad por si no llegan a tiempo a todo

Así, el estado de agotamiento continuo del día a día, dificultará tus mejores niveles de concentración y atención. Es decir, la intranquilidad de las tareas futuras, no te dejará hacer un trabajo de calidad en el presente. Y lo que es peor, no disfrutarás tampoco de tu trabajo. Ya que dedicamos muchas horas al día a trabajar, ¡qué menos que las puedas disfrutar!

Una buena gestión del tiempo y organización del trabajo, te permite concentrarte en lo que quieres hacer. Además, te deja tranquilo. Lo que queda pendiente, tiene un tiempo y un lugar para realizarlo. ¿Por qué?, porque lo has planificado y le has asignado un día y una hora.

¿Pero por dónde empiezo? Haz un "stop" y decide organizar el trabajo.

Una de las primeras recomendaciones que sugiero en los cursos de gestión del tiempo es que te dediques una rato a tener una visión global de tus proyectos y tareas. Elige un tiempo en el que puedas registrar todos tus proyectos, trabajos, etc. Agrupa tareas por similaridad o temáticas. Para ellos son excelentes las ventajas que te pueden proporcionar las aplicaciones de gestión de proyectos y tareas. Buenos ejemplos pueden ser Todoist y Asana, por ejemplo. Si además gestionas equipos, te permitirán hacer un seguimiento al instante, del estado de las tareas asignadas, sin molestar con interrupciones

Registra cada proyecto, o cada cliente, o cada temática de trabajo y registra todas las tareas que serán necesarias para llevarlas a cabo. Mantén esta información actualizada. Y con cada imprevisto o tarea no esperada que te surja en el día, registra en el momento, cuál es el plazo máximo y cuándo la vas a hacer. Consigue que tu cabeza no piense más en ello. Sólo el tiempo que hayas planificado para ello.

Asigna a cada tarea el plazo máximo. Y empieza cada día con las prioridades que te marca tu propia planificación.

El nivel y calidad de concentración en una tarea no está al máximo desde el momento mismo que la empiezas. La concentración sigue un curva de U invertida, que se reactiva cada 1.5h aproximadamente. Por ello antes de exigirte, tu máxima creatividad y esfuerzo, es importante que realices algunas tareas de organización y preparación, como por ejemplo:

  • Si vas a realizar llamadas importantes, haz un esquema de cada llamada y prepárate lo que quieres comunicar y qué quieres conseguir
  • Al realizar un informe importante, dedica unos minutos a preparar los hitos que para ti serán claves y qué puntos incluirás en cada uno de ellos
  • En caso de participar en una reunión prepárate bien lo que quieres comunicar y anticipa cómo manejarás posibles objeciones

Y como dice una expresión inglesa, ¡eat your frogs first!. «Cómete tus ranas primero. Es decir empieza por esas tareas que tienes que hacer pero no te gustan demasiado. Empieza fragmentando la tarea, y progresivamente ve terminando. Tendrás la satisfacción de haberla acabado y el resto del día, para invertir más tiempo en lo que te gusta.

¿Y el calendario, para qué lo uso? Para eventos.

Compruebo como muchos profesionales llenan su calendario con múltiples tareas que constantemente mueven de día. Consiguiendo además, que el aspecto visual del calendario nos genere ansiedad. El calendario es para crear eventos, reuniones, visitas o fechas topes de algo importante. Evita usarlo como recordatorio de tareas. Te saltarán múltiples recordatorios pero no te facilitará establecer prioridades.

¿Y el correo electrónico? Para algo que no sea inmediato.

Cuando es algo urgente, se llama, o se busca a la persona para una interacción presencial.

Muchos directivos me comentan que en su bandeja de entrada reciben diariamente de 200-500 correos. Eso es imposible de gestionar, a no ser que te pases toda la semana contestando. Y no creo que les paguen para eso. Cuando utilizas un gestor de proyectos o tareas, el correo puede reducirse en cerca de un 70-90%. Así que, plantéate:

  • ¿Tendrías que estar en copia en todos esos correos?. Empieza a decidir con los demás cuándo es necesario que estés en copia.
  • ¿Una reunión periódica con tu equipo o con otros departamentos solucionaría los temas? ¿Reduciría la incertidumbre de los demás, ya que no saben cuándo les prestarás atención?
  • ¿Estás discutiendo/debatiendo por correo? Cuando un mismo tema de correo va y viene más de tres veces, plantéate una llamada o reunión
  • ¿Los correos que recibes son para que otros dejen constancia de lo que  han hecho? Usa un gestor de proyectos y combínalo con reuniones de seguimiento estructurado
  • ¿Sabes de qué va ese correo que recibes?. Pide y envía un correo con un asunto concreto, especifica lo que quieres de la otra persona y acostúmbrate a indicar un plazo de tiempo para que todos se puedan organizar.

¿ Y qué hago con los imprevistos? Decidir, si lo son.

Deja en tu planificación un margen para imprevistos. Si es urgente este imprevisto, es urgente. Te corresponde atenderlo. Si es verdaderamente urgente, repito. Si no, se firme con la pregunta ¿urgente para cuando? ¿dentro de una hora?, ¿de un día?. Asígnale un plazo y un tiempo en el que le prestarás atención. Inmediatamente, inclúyelo en tu gestor de tareas. Y olvídate hasta entonces.

Aplica el mismo criterio para las llamadas y visitas inesperadas. Organiza, agrupa y agenda todo lo que puedas con antelación. Incluso asigna un día y hora específico. Muchos imprevistos podrían no haberlo sido con una organización previa, Reduce la incertidumbre de los demás, acerca de cuándo se pueden sentar contigo a ver ese tema.

¿Y las reuniones? Por favor, decide que sean eficaces para todos.

Otra de las quejas comunes en las empresas es las horas interminables que tienen las reuniones y la incertidumbre del tiempo de duración. Estos hábitos generan una tremenda ansiedad sobre cuándo podrán hacer el resto de trabajo que tienen pendiente. Además, provoca una gran pérdida de la sensación de ser «dueño de nuestro tiempo». Así que puedes empezar a reflexionar sobre cuestiones como:

  • ¿Tiene todo el mundo claro para qué va a la reunión?
  • ¿Saben la hora de comienzo y de finalización?
  • ¿Conocen cuál será su aportación y rol en la reunión?
  • ¿Es necesaria para todos la asistencia completa a toda la reunión?
  • ¿Se sabe el orden y tiempo que dedicaremos a cada tema?
  • ¿Cómo recordarán las conclusiones y tareas que se han decidido en la reunión?

Apresúrate, evita hacer una reunión más sin que tengas toda esta información clara para todos los asistentes. Decide hacer que el tiempo invertido sea el justo y sea eficiente para el objetivo.

Sé feliz con tu tiempo. Una vez se vaya, tú pierdes la oportunidad de sentirte mejor.

Como última recomendación, decide en tu organización que la gestión del tiempo es un tema de todos. Si uno sólo aplica decisiones, sirve, pero sirve poco. Conciencia y decide con todos, cómo os organizaréis y como respetaréis vuestro tiempo y vuestras energías.

Pero sobre todo, decide ser feliz con tu tiempo y tu organización del trabajo. Recuerda el objetivo, trabajar con la máxima tranquilidad y satisfacción.

Mensajes atroces que no necesitas en tu vida

Imagina que cada vez que entras en tu casa, o en tu trabajo, alguien te clavara un clavo en alguna parte de tu cuerpo. Día tras día, cuando hablas con esa persona, te clava un clavo. Sabes que cuando te acercas a esa persona, esperas irremediablemente un clavo en tu persona. Y ocurre de verdad. De hecho, parece que hagas lo que hagas, recibes siempre un clavo como respuesta.

El dolor es insoportable, de cada clavo, de cada día, de cada vez. Y aún peor. Ya no duele tanto el clavo, como el saber que un nuevo golpe y un clavo aparecerá y permanecerá en tu persona mañana. Parece eterno. Y casi, es triste, pero es así, tratas de vivir con los clavos que ya acumulas. Además de vivir con los clavos que están por venir.

¿Conocéis un cuento que habla de un niño que se portaba mal con sus amigos, hiriéndoles e insultándoles?. No he podido localizar el autor. (Si lo conocéis será bienvenida vuestra aportación :-))

El cuento viene a decir algo así. Un padre le dijo a su hijo, que cada vez que hiciera daño a una persona, clavara un clavo en una puerta. El niño así lo hizo. Cada insulto correspondía a un clavo en la puerta. Al cabo del tiempo, el padre le dijo: ahora fíjate en la puerta, mira cuántos clavos has clavado. Quítalos. ¿Cómo se ha quedado la puerta?. El niño comprobó, que la puerta seguía siendo puerta. Pero no era la misma. Estaba llena de agujeros. Se veía más fea y vieja. Casi ya no servía como puerta. El padre, le comentó: cada vez que hieres e insultas a una persona, ya nunca vuelve a ser igual. Puedes cuidarla un poco y compensar, o arreglar lo que has hecho. Las cicatrices siempre estarán ahí.

Estoy segura de que estarás de acuerdo con la moraleja del cuento. Estoy segura de que tratas por todos los medios de no «clavar demasiados clavos» en las «puertas» de los demás. No, conscientemente. Esto es genial.

Pero ¿qué ocurre cuando los clavos te llegan a ti?. ¿Qué hacemos entonces cuando tu «puerta personal» se está llenando de «cicatrices»?. ¿Y si no se están «curando»?. La diferencia con el cuento, es que claramente, no somos puertas. Pero sí como árboles vivos. Y cuando nos «clavan clavos» las heridas tardan en curarse. Y sangran durante un tiempo, de forma intermitente, incluso.

Mensajes atroces que no necesitas en tu vida

Veamos qué tipo de mensajes podemos estar recibiendo y que «se clavan» constantemente en nuestra persona dañándonos gravemente. Recuerda que no los necesitas en tu vida.

No te montes castillos de arena. Estás bien como estás. Las cosas son así.

¿Para qué o quien «estamos bien»?. ¿Por qué han de decidir los demás qué significa estar bien para ti? Cada vez que recibes este tipo de mensaje te obligas a mirarte con los ojos de los demás. No con tus propios ojos. En cada ocasión, que das por cierto este mensaje y lo integras en tu persona,algo se remueve. Surge una gran disonancia entre tus valores y prioridades e ilusiones, y los que intentas adoptar. Deja de intentar adoptar algo que no eres tú. ¿Tienes una ilusión?. ¿Tienes un reto? Ve a por ello. Las personas que realmente te apreciarán en tu ámbito profesional o personal, lo valorarán. No tendrán miedo de que hagas lo que ellos no han considerado. Te apoyarán, tanto si tienes éxito como si por el camino descubres que tu reto necesita redefinirse. Esos son los retos y las personas que alimentarán y enriquecerán tu vida.

Tú no vales para eso.

¿Qué significa «valer»?. ¿Qué nivel es el que tienes que alcanzar para «valer» para los demás?. Cuál es tu nivel y hasta dónde necesitas y quieres aprender, es lo que importa. No necesitas saber de todo a nivel máximo. Tienes derecho a decidir, probar, aprender y equivocarte en aquello que elijas. Hay muchas personas que deciden no aprender algo, porque piensan que «siempre habrá alguien mejor que ellos» y como consecuencia asumen el mensaje «no valgo para esto». Así eliminan toda posibilidad de aprender, aunque sea un poco, de una determinada habilidad o aprendizaje técnico. A lo mejor, para tu trabajo, para tu persona, no necesitas ser un «maestro» en ese aprendizaje. Pero ¿cuánto potencial podrías sacarle a un poco aprendido en tu vida? Eso es lo importante.

Me fascinan las personas que con un mínimo de aprendizaje aportan un potencial o un valor extraordinario. Lo que han aprendido tiene un impacto en ellos mismos, en su trabajo o en su vida. Y en muchas ocasiones es mayor que muchas personas que «saben muchísimo».

Mira, te digo y hago esto, porque te estoy haciendo un favor.

 Tal como nos facilitan los derechos asertivos, date permiso para deshacerte de este mensaje. Tienes derecho a ser independiente de la buena voluntad de los demás. Es decir, cuando alguien «pretende» ayudarnos puedes rechazar la ayuda. Porque consideras que realmente no es una ayuda para ti. O bien porque quieres probar a ser más autónomo en ese momento. Incluso, porque ya lo eres. Por otro lado, sería interesante analizar, cuando recibes este mensaje, a quién se está haciendo «este favor» de verdad. ¿A la persona que dice este mensaje o a la receptora del mensaje?.

¿No te das cuenta que así no lo estás haciendo bien? Así no aprenderás nunca. Me canso de llamarte la atención para que hagas bien tu trabajo.

Este tipo de mensajes reverbera en algunos entornos de trabajo. Deja un eco pesado y un dolor considerable cuando asumes todo este peso. La respuesta a la pregunta es NO. No te has dado cuenta. En caso contrario, seguramente lo habrías hecho de otra forma. «No aprenderás nunca», terrible losa que seguramente te hará creer que es así. «Me canso». Nos cansamos. Seguramente tú de recibir este mensaje, y la persona que lo emite, de decirlo. ¿Y si aprendes a decir lo que necesitas para aprender?. Por supuesto, la persona que emite este mensaje también podría aprender a comunicar. Pero mientras tanto, no lleves ese peso. No te lo creas. Tienes derecho a que te cueste aprender tanto si es por motivación, atención, conocimiento o habilidad. Es importante identificar qué necesitas para resolverlo.  Haz tu camino mientras tanto, resuelve lo que necesitas.

Esos sentimientos y recuerdos negativos que tienes no te aportan nada. Olvídalo, no fue para tanto. Céntrate en lo que te aporte en tu vida.

Mensajes de este tipo, los han recibido muchas personas que han sufrido una situación traumática en su vida. Y de repente se encuentran con que determinadas personas les recomiendan que lo olviden. Por supuesto que es importante que te centres en lo que te aporte en tu vida. Pero para ello, en muchas ocasiones necesitarás superar el impacto emocional de esa situación. Puede ser que no has podido o no has sabido resolverlo. En cualquier caso, primero lo primero. No pasa nada, que no te remuerda la conciencia de no haberlo hecho antes. Cada uno necesita un momento y una velocidad determinada. Te mereces superar tu vivencia. Por mucho que otros le resten importancia. Las vivencias de una persona son únicas e intransferibles. Únicamente cada persona puede ocuparse de superarlo. Otros puede que no lo entiendan, o que les resulte «cansino» este sufrimiento que se arrastra en tu vida. Ahora bien, dale la importancia que tiene. ¿Te impide seguir avanzando? Decide aprender cómo llevarlo mejor, cómo superarlo. Consigue que esa vivencia en tu vida sea una cicatriz cerrada. Después podrás centrarte en lo que más aporta en tu vida.

Qué pesadez. Otra vez lo mismo. No merece la pena hablar contigo.

Por qué alguien le dice algo así a su pareja, tiene muchas explicaciones. Realmente hay muchos retos para la persona que emite este mensaje. Necesitará también ver qué le pasa y si quiere resolverlo. Ahora bien, me preocupan mucho las personas que reciben constantemente estos mensajes que no necesitan en su vida. Y que asumen como ciertos. Estos mensajes te crean cicatrices profundas que tambalean quién eres y cómo te relacionas con los demás. Es posible que acabes creyendo que no mereces la pena. Nada más lejos de la realidad. De verdad. Todas las personas tienen su valor. No dejes que esos mensajes estén mucho tiempo en tu vida ni que te impacten profundamente. Cree en ti. Toma decisiones. Las personas que te quieren de verdad te ayudarán a conversar. O incluso perdonarán tus emociones para buscar un mejor momento para hablar. Pero no te dirán que no mereces la pena.

¡Joder, todo el día llorando!

(Perdón por la expresión, pero fue exactamente así).

Le decía esto una madre a su hijo en el mismo momento que escribía este post. 🙁 Pensé aquí empieza todo. ¿Tu hijo llora?. ¿Alguien llora?. No van a dejar de hacerlo porque le lances una queja. Posiblemente el niño, aprenda que llorar es malísimo. Y seguramente tampoco aprenda otra forma de llamar la atención o resolver sus problemas. A esa edad, aunque el niño llore frecuentemente, se  necesitaría encontrar el tiempo y la calma, para enseñarle al niño otras formas o ver los motivos. En una edad más adulta, necesitas recordar que si sigues recibiendo este mensaje, hagas un stop. Aléjate de la queja. No la asumas. No pasa nada por llorar. Ahora bien, consigue aprender. Invierte tiempo y cariño en ti, incluso en pedir ayuda clara para resolverlo. Aférrate a tus virtudes. Cuídate, analiza si has asumido alguno de los mensajes anteriores y lucha por deshacerte de ellos. Cura tus cicatrices.

Te mereces ocuparte de tus cicatrices.

Y ahora respiremos. Profundamente.

Otra diferencia con el cuento, que inicialmente comentábamos, es que estamos vivos física y mentalmente. Tenemos más capacidades de regeneración incluso que un árbol. Nuestra autoestima, nuestros recursos personales y nuestras estrategias de afrontamiento, son la clave. Ahora bien, con cada «clavo» del cuento, estas estrategias pueden resultar dañadas también. Si los «golpes» se sostienen en el tiempo o son muy frecuentes nuestras estructuras personales se tambalean. Se tambalean y nos seguirá doliendo si no ponemos en marcha recursos personales propios. Pero no se destruyen del todo. Siempre hay un pilar personal desde el que empezar el proceso de regeneración. Un proceso de evolución, para ser la persona que queremos ser. Para ser un «árbol de corteza sólida y que da unos frutos buenísimos».

Hoy quiero dedicar este post a todas las personas que depositan la confianza en mi trabajo. Para aquellas personas que vienen y comparten conmigo todas sus heridas abiertas. Son esas personas que se atreven a examinar sus heridas. Toman la decisión de buscar la mejor forma de curarlas.

Son aquellas personas que han decidido que ya hay suficientes mensajes atroces en su vida. Han decidido no dejarse impactar por los «clavos» diarios que reciben en su trabajo, o en sus familias, o en sus relaciones personales y/o sociales. O que recibieron alguna vez.

Quizá no saben como hacerlo. Pero saben que no quieren más de «esta medicina de golpes» que han recibido. Quizá pudieron parar el proceso de golpes hace tiempo, y ahora necesitan invertir en sus cicatrices. Porque les duele mucho, y no pueden vivir más con ese dolor. Han decidido buscar ayuda e invertir en sí mismos.

 

Te mereces curarte si así lo necesitas.

Tú te mereces lo mismo. Quiero animarte si sientes que tus cicatrices profundas no se curan. Cuídate. Apóyate en tus fortalezas. Compártelo. Con un buen amigo. Con un buen profesional. Aprende nuevas estrategias personales. Recuerda, que estar inmerso en la situación de recibir «mensajes atroces» te impide ver, a veces, que hay salida. Recordar incluso con angustia que una vez vivimos esta situación, te llevará a seguir viviendo ese dolor aunque ya no esté.

Tus estrategias de afrontamiento de mensajes atroces y situaciones difíciles serán la clave.

Para salir, necesitas «poner un pie delante del otro». ¡Adelante! Puedes y aprenderás seguro a cómo hacerlo. Hay personas que ya lo están haciendo. ¿Y si lo superaras tú también?.

La mejor habilidad en la que puedes invertir este año

¿Preparado? ¿Has elegido la mejor habilidad en la que puedes invertir este año? ¿Le has dedicado un momento para pensar en ello? Si tuvieras que elegir o priorizar una habilidad ¿cuál elegirías?. Yo te propongo una que considero que es esencial en todos los ámbitos de nuestra vida.

Es la HABILIDAD DE CONVERSAR.

¿La conoces? Seguro que sí. ¿Cómo dirías que te llevas con esta habilidad? ¿Qué nivel consideras que tienes? Piénsalo un momento, no me refiero a hablar, quiero decir exactamente CONVERSAR. Ese arte que parece fácil pero no lo es. Esta habilidad que requiere intercambio de información, que requiere de preguntas y de respuestas constructivas que inviten a seguir reflexionando y responder.

Es la pregunta la que nos impulsa, Neo. La que te ha traído hasta aquí. (Matrix)

¿Dime qué cuestión te trae hasta aquí, hasta mi blog? 🙂

¿Dónde quieres que te lleven tus preguntas? 🙂

Te planteo hoy aprender a conversar contigo mismo, con tu marca personal si quieres que el mundo te encuentre, con el equipo si quieres resultados diferentes,con tus clientes para generar una relación de confianza y con tus fantasmas si quieres coger impulso.

La mejor habilidad en la que puedes invertir este año

1. Aprende a conversar contigo mismo si quieres ser feliz

Dedicarte tiempo para conversar contigo mismo amablemente es un gran comienzo para este año. Antes de que abordes tus retos. Previamente a que analices en qué puedes mejorar. Incluso antes, de que traces tu plan personal de felicidad. Aprende a conversar contigo mismo. Elige cuidadosamente un espacio y un tiempo cómodo, amable y por qué no protegido, en el que conversar contigo mismo. Cuando lo hayas elegido, prueba a conversar contigo, buscando tus propias reflexiones, las de nadie más, guiándote por reflexiones como las siguientes:

  • ¿En qué personas, situaciones, pensamientos, conductas y emociones quieres invertir energía este año? ¿Cuál es el motivo de tu elección? ¿Cómo te hará sentir?

  • ¿Cuáles son los cambios te gustaría abordar este año que todavía te cuestan? ¿Qué estás ganando con ese freno que has activado para no cambiar? ¿Cuántas cosas estás perdiendo?

  • ¿Qué has aprendido sobre el control en tu vida?

  • ¿Cómo quieres «digerir» los posibles errores/fracasos pasados?

  • ¿Cuál ha sido tu aprendizaje con respecto a tus emociones negativas? ¿Y de tus emociones positivas?

  • ¿Y cuál es el significado que le quieres dar a tus momentos de soledad en el futuro?

  • ¿Qué conclusión extraes de tus éxitos pasados?

  • ¿Cómo podrías ser más consciente de tus comportamientos, de tus emociones y de tus pensamientos?

  • ¿Cuánto hace que no te das las gracias? ¿De qué te gustaría darte las gracias?

 Recomendación: estas u otras preguntas son importantes para reflexionar. Puedes tener tus propias preguntas, serán las mejores sin duda. Ahora bien lo importante es que crees el hábito de conversar contigo mismo. Evita hacer estas reflexiones sólo una vez porque es principio de año.

2. Invierte en conversar con tu marca personal para que el mundo te encuentre.

Una de las mayores dificultades que tienen las personas que participan en mis procesos de coaching para desarrollar la marca personal, es encontrar sus propias respuestas.

 Para captar la atención de posibles reclutadores necesitas haber tenido antes una conversación con tu propio valor añadido. Antes de plantearte cómo responder adecuadamente en una entrevista de trabajo, necesitas haber conversado contigo mismo sobre tu propuesta de valor. Explicar claramente y de forma atractiva tus mejores aportaciones a la empresa o a un proyecto pasa por desarrollar tus argumentos. 

No me verás recomendar qué has de responder en una pregunta de entrevista de trabajo. Creo como reclutadora, en que los profesionales se conozcan muy bien y sepan enlazar lo que aportan con lo que la empresa o el puesto demanda. Entonces, ¿has conversado contigo mismo sobre tu aportación diferencial?

Te propongo hoy algunas preguntas que te dirijan hacia tu mejor impacto laboral:

  • ¿Cuál es tu deseo?

  • Pensando en lo que mejor sabes hacer, ¿en qué quieres invertir porque tienes una alta probabilidad de hacerlo muy bien o de forma diferente?

  • ¿Cuál puede ser tu aportación al puesto y/o a la empresa que te contrate?

  • ¿Ganaría el equipo de trabajo que te incluyera como profesional? Indica las ventajas

  • ¿Qué estás dispuesto a aprender para actualizar tu perfil profesional?

  • ¿Tienes definido en qué proyecto, empresa o puesto de trabajo serías feliz y te sentirías realizado profesionalmente?

Sólo cuándo tengas claras las respuestas a estas preguntas e incluso a otras relacionadas, empieza a conversar con el mundo. Empieza entonces, conversaciones de valor con posibles reclutadores o profesionales de las empresas a las que te gustaría acceder. Por favor, no envíes un correo simplemente diciendo que «aquí tienes mi currículum para un posible proceso de selección». Conversa.

3. Desarrolla conversaciones con tu equipo si quieres resultados diferentes.

Hay conversaciones que desmotivan, y hay conversaciones que inspiran. Y como hemos visto determinadas conversaciones te llevarán a un lugar de difícil retorno. Los diálogos resonantes/positivos te llevarán a hacer realidad el potencial de las personas. ¿Cómo son tus conversaciones? ¿Te has parado a pensar que las conversaciones son tu principal herramienta para liderar?

Los buenos diálogos que inspiran tienen la capacidad de activar el cerebro y todas las conexiones emocionales necesarias para el compromiso. Activando las partes del cerebro que facilitan la creatividad, la empatía, la resolución de problemas y las emociones positivas, conseguirás resultados diferentes. De verdad, haz un análisis, ¿se centran tus conversaciones en pedir si se están cumpliendo los plazos de las tareas?. Y si, ¿aprendieras de verdad a tener conversaciones de desarrollo de tus colaboradores?

Estaría muy bien que este año, invirtieras en aprender a generar conversaciones con tus colaboradores en las que:

  • Provoques descubrimientos

  • Les ayudes a sentirse mejor y a superarse

  • Reconozcan sus fortalezas y cómo pueden aprovecharlas mejor

  • Facilites que aprendan a analizar y pensar de otra forma, mejorando su flexibilidad cognitiva

  • Aumentes su compromiso y crees una visión compartida con el equipo

  • Ayudes a crear confianza entre los distintos miembros del equipo

  • Reflexionen cómo están funcionando como equipo

  • Impulses la creación de objetivos de equipo, más allá de los objetivos de negocio

  • Generes ilusión y se te perciba implicado personalmente

 Estas conversaciones necesitan también convertirse en un hábito para que realmente tengan impacto en la obtención de resultados diferentes por parte del equipo. ¿Qué encuentros te cuestan más? ¿Cuáles te son más fáciles y podrías empezar con ellos? Haz una previsión de conversaciones de desarrollo para los próximos seis meses. Inclúyelas en tu agenda de trabajo.

4. Dialoga con tus clientes para generar relaciones de confianza

Demasiado centrados en «cerrar una venta» para invertir en que los clientes «decidan realizar una compra». No es lo mismo un enfoque que otro. En la primera opción, «provocar el cierre de una venta», los profesionales ponen el foco en ser protagonistas de la conversación. De esta forma, casi usarás un 80% de monólogo en la conversación, dejando pues, muy poco espacio para que el cliente converse contigo. Le desmostarás cuánto te sabes tus argumentos, pero no conversarás. Casi la proporción tendría que ser al revés, un 60-70% de participación para el cliente, un 30-40% para ti.

Las buenas conversaciones de venta generan confianza en el profesional de venta y en la empresa. Luego la decisión de compra es elegida y provocada por el cliente. En este modo, el cliente te preguntará, te retará, te propondrá escenarios personales de los que te pedirá tu opinion profesional. Y es justo ahí, en ese «momento de verdad» donde estarás invirtiendo en conversar. Esto sólo ocurrirá si planificas dejar espacio para conversar.

Estaría bien plantearse como objetivo este año que incluyeras en tu aprendizaje comercial los siguientes retos:

  • Analizar tu porcentaje de participación cuando hablas con los clientes

  • Revisar en qué momentos despiertas la atención del cliente y cuándo lo estás perdiendo

  • Invertir en preguntar para aprovechar sus respuestas más que en aprenderte tus propios argumentos de venta

  • Reducir la ansiedad por cerrar una venta y cambiarla por ilusión por conocer al cliente y ganarte su confianza

  • Provocar que el cliente te ponga «objeciones» a tu producto o servicio y conversar para averiguar su preocupación antes de rebatirle.

  • Invertir en inteligencia conversacional

  • Reflexionar sobre la inspiración o ansiedad que puedes estar provocando con tus conversaciones

  • Prepararte las conversaciones antes de visitar a tu cliente

5. Ten una conversación con tus fantasmas para aprovecharte de ellos y tomar impulso

Si en alguna de estas conversaciones te están apareciendo fantasmas que te paralizan, para y habla con ellos. En el caso de que algún reto de los que te estás planteando para los próximos meses, aparecen reiteradamente fantasmas de errores, miedos o traumas pasados, conversa. Nuevamente, date permiso, crea el hábito de resolverlos, busca ese espacio y tiempo amable del que hemos hablado y dales la mano. Evita evitarlos ;-).

Tus preocupaciones afectarán a tu forma de conversar y como consecuencia, al impacto que generes en los demás. Los miedos, aparecerán en tu diálogo interno diario, una entrevista de trabajo, y en las reuniones con tu equipo o con tus clientes.

Los «fantasmas» tienen la facultad de «asustar», pero a veces es que es la única forma de que te pares y les prestes atención. Así que, plantéate hacer caso y conversar con tus:

  • Miedos

  • Experiencias negativas pasadas

  • Frenos al cambio

  • Emociones negativas

  • Preocupaciones

  • Dependencias emocionales

  • Ansiedad

  • Bajo estado de ánimo

  • Auto críticas

  • Propias normas aprendidas o heredadas

  • Desmotivación

 ¡Ánimo! 🙂 , para resolver y seguir adelante con seguridad, una buena conversación te abrirá las puertas del logro al que quieres llegar.

“El talento de la conversación consiste en no hacer ostentación del propio, sino en hacer brillar el de los demás” Dale Carnegie

¿Qué pregunta te surge con estas reflexiones? ¿Cuál de estas conversaciones sería prioritaria para ti?

¿Te gustaría seguir profundizando en este tipo de conversaciones?

¡Cuenta conmigo si lo consideras!

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