Probablemente estés cansado/a de leer cada año por estas fechas los mismos artículos con fórmulas mágicas para «triunfar» en la vuelta al trabajo. Ojalá este texto que tienes delante simplemente te provoque algo diferente.
Quiero ser honesta desde la primera línea: no voy a darte una lista de tareas concretas ni una receta infalible para exprimir septiembre. Me bastaría con que hoy asumieras algo tan simple como liberador: sí, un año más, al volver de vacaciones vas a necesitar un periodo de adaptación. Y toda la apatía, la pereza, la desgana o el bloqueo que puedas sentir estos días no solo es totalmente normal, sino que es una respuesta completamente sana de tu mente.
Puedes leer cien artículos sobre cómo «volver con energía en septiembre», pero lo más importante que me gustaría que te llevaras de esta lectura es esto: la transición exige tiempo. Reaccionar con prisa a una mente que necesita procesar el cambio solo genera más tensión.
Aceptar que estás en un proceso que requiere adaptación —y donde tus emociones van a ser contradictorias, cambiantes y con altibajos— es el verdadero primer paso para no pelearte contigo mismo/a. A partir de esa aceptación, podemos empezar a hablar de cómo cuidar tu energía sin forzar la máquina.
Resumiendo, todo lo que sientas al volver de vacaciones y en esos primeros días o semanas, es sano que lo sientas. Es tu cerebro y tu cuerpo adaptándose a un nuevo ritmo, horario, responsabilidades, tiempos de ocio y de trabajo, etc.
Así que enhorabuena 🥳. Tu salud menta está protegida si le permites que sienta todos estos altibajos que vas a sentir.
1. No «vuelvas» a la vieja rutina: aprovecha para rediseñarla
Vamos con la primera de las claves psicológicas para superar el bloqueo en septiembre y recuperar tu energía. Uno de los mayores errores de septiembre es asumir que volver a la rutina significa encajar de nuevo, a la fuerza, en el molde exacto que dejaste antes de marcharte. Como si la única opción fuera reactivar en piloto automático los mismos horarios, la misma secuencia de tareas y las mismas dinámicas que tal vez ya te apretaban antes del verano.
Si sientes rechazo al pensar en «volver a lo de siempre», no te pelees con esa sensación. En lugar de forzarte a encajar, hazte una pregunta honesta: ¿y si esa rutina que tenías ya no va contigo?
- Permítete el desgaste: Las rutinas no son sagradas ni definitivas. Cumplen una función durante un tiempo y luego caducan. Es totalmente sano cansarte de dinámicas que ya no se ajustan a tu momento vital actual, que han dejado de ser útiles o que simplemente ya no te aportan ninguna satisfacción.
- Crea nuevas formas, no copies las viejas: No estás obligado/a a seguir una rutina solo por inercia o por compromiso. Septiembre no es para «aguantar», es una oportunidad para diseñar una nueva fase. Puedes cambiar horarios, modificar la frecuencia de tus hábitos, transformar el contenido de tus días o eliminar sin culpa lo que ya no suma.
- Trátalo como un experimento: Ningún cambio tiene por qué ser para siempre. Diseña este nuevo esquema para los próximos meses con flexibilidad. Date permiso para probar durante esta etapa y proponte reevaluar los ajustes que introduzcas en tu próximo periodo de descanso o vacaciones. Si funciona, se queda; si no, se ajusta.
Dejar de seguir una rutina por pura obligación es el primer paso para construir un día a día que no necesites pausar desesperadamente para poder respirar.
Recuerda, una vez más, las emociones incómodas que puedas sentir en estas semanas son tu mejor guía. Ellas te dirán lo que te apetece que se que quede y lo que necesitas ajustar.
2. Decide ya que la gestión emocional requiere parar (y practica con esta apatía)
Continuamos con la segunda de las claves psicológicas para superar el bloqueo en septiembre y recuperar tu energía. Solemos pensar en la inteligencia emocional como una herramienta reservada para los «grandes incendios» de la vida: una crisis personal, un conflicto laboral grave o un momento de alta ansiedad. Sin embargo, la capacidad de regular lo que sientes no se improvisa cuando las cosas se complican; se entrena en el día a día, empezando por lo cotidiano.
Aceptar que gestionar tus emociones exige tiempo —parar, escucharte, reflexionar y tomar decisiones— es uno de los compromisos más transformadores que puedes hacer contigo de cara a este nuevo curso.
- Usa la apatía del regreso como laboratorio: Sé lo que estás pensando: «Esto de la desgana al volver de vacaciones se me pasará solo en un par de semanas, no es para tanto». Y es verdad, se pasará. Pero si dejas que se diluya por pura inercia, habrás perdido una oportunidad de oro. Este desajuste de septiembre es el escenario perfecto para practicar la escucha interna con un nivel de intensidad bajo y controlado.
- La diferencia está en el desgaste: Puedes elegir arrastrar la pereza en silencio hasta que el ritmo diario te anestesie, o puedes parar 10 minutos a preguntarte: ¿Qué me está pidiendo esta apatía? ¿Es falta de descanso real, falta de motivación en lo que hago o saturación de expectativas? Gestionarlo activamente no cambia el hecho de que tengas que volver a tus responsabilidades, pero reduce drásticamente el coste emocional del proceso.
- Sentar las bases para lo que vendrá: A lo largo de este año te enfrentarás a momentos de cambio, incertidumbre, picos de estrés o toma de decisiones complejas. En todos esos hitos, la inteligencia emocional será tu pilar clave. Si empiezas hoy a validar e integrar emociones pequeñas como la desgana de septiembre, te resultará infinitamente más natural responder (en lugar de reaccionar) cuando aparezcan emociones más intensas más adelante.
Ya nos ocuparemos de otros temas y de otros retos más densos a medida que avance el año. De momento, tu único entrenamiento hoy es darle espacio a lo que sientes ahora mismo.
3. Tus preocupaciones en «stand by» pueden esperar un poco más
Casi lo tenemos. Vamos con la tercera de las claves psicológicas para superar el bloqueo en septiembre y recuperar tu energía. Al cerrar las maletas y poner rumbo de vuelta, es muy común que la mente reactive de golpe todo lo que dejamos en pausa antes de marcharnos: ese proyecto atascado, la conversación pendiente, el cambio que querías hacer en tu carrera o esa decisión postergada. De repente, todo parece urgente y sentimos la necesidad imperiosa de resolverlo todo hoy mismo para «quitárnoslo de encima».
Sin embargo, desbordarte asumiendo todo el volumen de lo pendiente en tu primera semana es la vía más rápida para ahogarte en la ansiedad.
- No confundas lo pendiente con lo urgente: Lo primero que necesitas recordar es que si un asunto ha podido quedarse en stand by durante tus vacaciones sin que el mundo se desmorone, puede esperar unos días más. No se trata de ignorarlo ni de mirar hacia otro lado, sino de elegir el momento adecuado para abordarlo con calidad emocional y claridad mental, en lugar de hacerlo desde la reactividad y el agobio.
- Siéntate con papel y lápiz (sin prisa por resolver): Antes de lanzarte a buscar soluciones a lo loco, regálate un espacio de calma. Coge papel y bolígrafo para volcar la cabeza y desmenuzar las preocupaciones una a una. Pero hazlo con un matiz clave: antes de decidir qué vas a hacer, déjate sentir qué te gustaría hacer.
- Ajusta el deseo con la realidad: Dibuja el escenario ideal en ese papel y, a continuación, haz el trabajo de aterrizarlo con realismo: ¿Qué de todo esto se puede hacer realmente hoy? ¿Qué requiere más tiempo o ayuda externa? Ponle fecha en el calendario a cada asunto si eso te aporta tranquilidad, o decide conscientemente archivarlo por un tiempo.
Afrontar las cosas de una en una y con método te devuelve el control. Lo que busca tu mente no es resolverlo todo en 24 horas, sino saber que hay un plan sensato para ocuparte de ello cuando tengas la claridad suficiente.
4. Honra lo que apreciaste en vacaciones (y tráetelo de vuelta)
Y por último te propongo la última de las claves psicológicas para superar el bloqueo en septiembre y recuperar tu energía. Solemos ver las vacaciones como un paréntesis aislado, un oasis desconectado del «mundo real» al que le echamos el cierre definitivo en cuanto pisamos de nuevo el felpillo de casa. Entendemos el regreso como un ejercicio de renuncia obligada: hay que guardar los baños de mar, las lecturas sin prisa o las charlas largas en el mismo cajón donde guardamos las maletas.
Pero, ¿y si las vacaciones no estuvieran diseñadas para huir de tu vida, sino para enseñarte cómo quieres vivirla?
- No abandones lo que te hizo bien: Si durante estas semanas descubriste un nuevo hábito, conectaste con un ritmo de vida más pausado, encontraste un hobby que te devolvió la ilusión o simplemente disfrutaste de desayunar sin mirar el reloj, no lo dejes morir por inercia. Si algo de todo eso te hizo sentir vivo/a, merece un lugar en tu día a día a partir de ahora.
- Adapta la frecuencia, pero conserva la esencia: Obviamente, la rutina impone ciertos límites de tiempo, pero eso no significa que tengas que renunciar por completo. Si en vacaciones leías una hora al día, mantén 15 minutos antes de dormir; si caminabas por la naturaleza, reserva la mañana del sábado para hacerlo. Tráete esa experiencia a tu rutina diaria, aunque sea a menor escala o con una frecuencia reducida.
- El verdadero propósito del descanso: Al final, el descanso y el cambio de escenario sirven para que el cerebro descubra nuevos permisos, explore experiencias valiosas y filtre qué es lo que realmente nos importa. Las vacaciones son un gran laboratorio de vida. Lo que descubriste allí no era una ilusión estival: era una pista clara sobre tus necesidades reales.
Decidir conservar esos pequeños tesoros en tu día a día —quizá para siempre— es la mejor manera de honrar lo vivido y construir un año del que no necesites escaparte constantemente.
Un último pensamiento para llevarte hoy
Si al cerrar este artículo sientes que tu nivel de energía sigue lejos del 100%, no intentes forzarlo. La adaptación no es un examen que tengas que aprobar ni una meta a la que llegar con nota alta. Es simplemente un proceso biológico y emocional que requiere su tiempo, su espacio y, sobre todo, una buena dosis de paciencia contigo.
Da un paso a la vez, rediseña lo que ya no encaje, regálate margen para sentir y trae contigo lo bueno. Recuerda que no hay ninguna prisa por llegar adonde ya estás.
Mis mejores deseos para este nuevo comienzo de «curso escolar» y ya la última parte del año. Si por lo que sea sientes que alguna de estas 4 claves te cuesta llevarla a la práctica, puedes contar conmigo. Conversemos de forma sana y segura emocionalmente para ti. Un saludo y bienvenid@.
