Vivir pendiente de los demás causa agotamiento emocional

Vivir pendiente de los demás causa agotamiento emocional y adicción a responsabilizarte del bienestar de los demás

Sí. Algunos de mis clientes ya reconocen que son adictos. ¡Gran logro, no te creas.! Adictos al bienestar de los demás. Se agotan emocionalmente hablando, viviendo de esta manera, y lo saben. Pero ahí están. Corriendo día tras día, hora tras hora, detrás del agrado, aceptación y satisfacción de los demás.

Son adictos a revisar:

  • Cada mensaje de whatsapp/teams que tienen con familiares, amigos y colegas de trabajo. Igual hay algo que han dicho que ha podido molestar. 
  • Si hay algo más que puedan hacer para que el otro se sienta mejor.
  • Cada gesto o reacción de los demás. Sea un familiar, una relación de pareja, o una reunión de trabajo. Tienen un radar altamente cualificado que les permite identificar cualquier “error” en el lenguaje no verbal, que no debería haber en las personas con las que se relacionan.
  • Si sus decisiones podrían molestar a alguien. Con lo que acaban no tomando decisiones. O bien, las decisiones que toman incluyen los criterios de los demás, no los suyos.

Si te identificas con estas adicciones, ahora que no nos oye nadie ?, entiendo que también estas sufriendo en silencio. A lo mejor, no, y me alegro. Pero recordemos  hay personas que viven con la sensación constante de estar “en deuda” con el mundo.


Personas que están siempre disponibles, pendientes, resolviendo, sosteniendo. Personas que rara vez se permiten fallar, decepcionar, o simplemente no llegar.

Externamente funcionan. Internamente viven con una ansiedad persistente, silenciosa, que no se apaga nunca del todo. No es una ansiedad que se vea.


Es una ansiedad que se normaliza, se integra en la forma de vivir… hasta que el cuerpo y la mente empiezan a pasar factura.

La ansiedad invisible: cuando el malestar no paraliza, sino que empuja

En ocasiones, la ansiedad paraliza. En estas personas, la ansiedad es una fuente de energía desbordante que hace que vivan en situación de “incendio constante”. “Hay que apagar el fuego del malestar de los demás, porque yo puedo conseguirlo, así soy útil, y porque además, mi propio bienestar e identidad personal depende de ello”.

No se lo verbalizan así mismos con estas palabras. Pero casi. Conforme los interrogantes reflexivos de una sesión de coaching avanzan, se dan cuenta de esto.  Que es terriblemente agotador. La situación de emergencia nunca para. 

Desde este insight se dan cuenta que manifiestan síntomas como:

  • Necesidad constante de estar activo.
  • Dificultad para desconectar mentalmente.
  • Sensación de responsabilidad permanente.
  • Hipervigilancia emocional hacia los demás.
  • Vivencia propia de desregulación emocional constante.

Desde fuera, estas personas suelen ser vistas como fuertes, resolutivas, comprometidas. Desde dentro, viven en un estado de alerta continuo, donde la calma es frágil y siempre provisional. 

Y viven una encerrona, “si yo hago todo lo posible por ser la mejor persona, amig@, pareja, hij@, colega, etc…. ¿Por qué me siento tan mal? ¿Todavía hay algo que estoy haciendo mal?”

Vivir pendiente de los demás: haciendo de la supervivencia emocional una forma de vida

En el centro de esta ansiedad suele haber un patrón muy claro: vivir pendiente del bienestar emocional de los demás.

Y este patrón, aparentemente útil en el presente, fue aprendido. 

Las sesiones de coaching permiten reflexionar desde un modelo apreciativo y relacional, cómo se desarrolló. A veces, la persona lo sabe, otras no. 

La persona que ha tomado la decisión de decir ¡Basta, estoy cansad@!, necesita un STOP REFLEXIVO Y AMABLE. 

También puede ocurrir que lamentablemente, ha tenido que causar baja laboral, por el extremado nivel de ansiedad. Sí o sí, buscar parar para comprender qué le hace mantener este patrón, y como puede reconfigurarlo, es esencial.

Como cualquier adicción, aún sabiendo que es nocivo se continua practicando el patrón. Al igual que cualquier adicción, genera dependencia emocional. 

Romper el círculo no es fácil, porque la persona no tiene práctica. Pero la práctica de nuevas estrategias emocionales y relacionales, poco a poco le ayuda a construir relaciones más sanas consigo mismo y con los demás.  

El foco está en conseguir alejarse de la pregunta interna y constante de: 

¿Está todo bien entre nosotros?

Porque cuando la respuesta parece afirmativa, aparece alivio. Cuando hay duda, la ansiedad se activa de nuevo. 

Recordemos, si sientes que vives con una especie de “radar interno” constantemente activo, tu reto es claro. Será una utopía psicológica que puedas calmar ese radar. 

Necesitas otras estrategias emocionales y relacionales. Y te mereces, crear tu identidad personal y tu autoestima sin “ser a través de los demás”.

Ayudar, complacer y responsabilizarse: cuando la ansiedad se vuelve adictiva

Ayudar calma.
Anticiparse tranquiliza.
Resolver reduce la ansiedad… durante un rato.

Por eso, muchas personas desarrollan una relación casi adictiva con el cuidado ajeno. No porque quieran controlar, sino porque no ayudar genera un malestar interno difícil de manejar.

Este patrón de sobre-responsabilidad emocional suele incluir:

  • Sentimiento de culpa al poner límites
  • Sensación de valor personal ligada a ser útil
  • Dificultad para tolerar el malestar del otro
  • Miedo persistente al rechazo o al conflicto

La ansiedad se convierte así en un circuito cerrado:
ansiedad
ayuda alivio ansiedad.

El agotamiento emocional como consecuencia inevitable

Vivir de este modo tiene un coste elevado.

Con el tiempo, esta ansiedad adictiva suele convertirse en:

  • Cansancio emocional profundo.
  • Sensación de vacío cuando no se está “sirviendo” a alguien.
  • Desconexión progresiva de las propias necesidades.
  • Irritabilidad, autoexigencia y dificultad para descansar.
  • Confusión respecto a lo que uno quiere o necesita.

Muchas personas expresan algo muy significativo:

Me siento perdid@ y confus@ y no sé quien soy”.

Darte permiso para un proceso de coaching psicológico: aprender a relacionarte sin vivir en alerta

El trabajo desde una perspectiva de coaching psicológico,  no busca que la persona deje de ser empática, sensible o comprometida.
El foco se pone en adquirir nuevos y mejores aprendizajes. Aprendizajes para el presente. Con la emoción que elijas en el presente. Sin arrastrar emociones desreguladas aprendidas del pasado y que se perciben como automáticas. 

En definitiva, la persona aprende  que puede dejar de vivir en estado de vigilancia emocional. Es un aprendizaje progresivo. En él, como muchos de mis clientes, comprueban que no pasa nada, que no se hunde el mundo por ajustar sus formas de actuar, reflexionar y decidir.

Realmente, muchos clientes comprueban que ahora pueden elegir, pueden discernir, qué, cuánto, cuándo y cómo” en sus relaciones. 

Vivir en modo de supervivencia emocional, no te permite ELEGIR DESDE LA CALMA, sólo REACCIONAR IMPULSIVAMENTE Y CON ANSIEDAD.

Así, en las sesiones de coaching psicológico, el acompañamiento y el aprendizaje suele centrarse en:

Comprensión emocional

Entender cómo la ansiedad interna funciona como regulador del vínculo y por qué genera una sensación adictiva de alivio momentáneo.

Regulación emocional

Aprender a disminuir la intensidad del malestar interno sin necesidad de actuar compulsivamente para calmarlo.

Comprensión de patrones aprendidos

Reconocer que esta forma de relacionarse tuvo una función en el pasado, pero hoy ya no es necesaria ni saludable.

Desarrollo de valores personales

Construir valores internos (autocuidado, coherencia, respeto, límites) que sirvan de guía para relaciones más equilibradas.

Toma de decisiones en las relaciones

Aprender a decidir desde las propias necesidades, y no únicamente desde el miedo a decepcionar o perder al otro.

Soltar el control para incluirte en tu propia vida

Uno de los mayores miedos es pensar que, si se deja de estar tan pendiente, se dañarán los vínculos.

Pero regular esta ansiedad por complacer no implica volverse frío o distante.
Implica empezar a incluirse en la relación.

Cuidar sin desaparecer.
Estar sin vigilar.
Relacionarte sin vivir en tensión constante.

Repasando estas reflexiones, dime, ¿cuál es tu siguiente paso?. ¿Qué duda o temor sigues teniendo?

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