Tómate unos minutos para pensar sobre esto: 

  • ¿Cuándo te enfadas tienes que "hacer algo" sino no eres capaz de que se te pase?
  • ¿Cuándo los demás no hacen algo que para ti es importante te afecta emocionalmente?
  • ¿Tiendes a juzgar lo valioso que eres para alguien según las acciones o hechos que hacen por ti?
  • ¿Sueles asumir una posición de "experto" aconsejando a los demás lo que tienen que hacer?
  • Cuando quieres que los demás sepan qué te ocurre ¿muestras comportamientos y acciones dirigidas a que el otro se entere de tu enfado o malestar?
  • ¿Tiendes a esperar que los demás se comporten de manera racional y lógica?

Valorar más las acciones que los demás hacen por nosotros puede mostrar cierta dificultad para la reflexión. Valorar las relaciones en tanto en cuanto los demás hacen algo por ti, te impide comprender los estados emocionales.

Creer más en las acciones visibles que en la comunicación reflexiva, te puede impedir desarrollar tu inteligencia emocional.

Piensa lo que sientes y siente lo que piensas

Nuestra madurez emocional depende de nuestra actividad mental, muchas veces intuitiva y emocional. Esta capacidad nos permite comprender el comportamiento propio y ajeno en términos de estados y procesos mentales.

Nuestra capacidad de reflexión, actúa como mecanismo que nos facilita la regulación de nuestras emociones y poder establecer relaciones interpersonales satisfactorias. Esta capacidad de reflexión la llamamos mentalización.

Desde niños y hasta los cuatro años nos relacionamos de manera causal y racional. Una acción produce una consecuencia. De niños aprendemos a esperar acciones visibles y lógicas de nuestros mayores. 

 Este tipo de pensamiento se denomina "Modelo teleológico". Bajo este este esquema nos expresamos y comprendemos a los demás. Siempre desde la perspectiva de la acción racional. Darse cuenta de los motivos por los cuales alguien actúa de determinada manera, se nos escapa todavía. 

 Es a partir de los cuatro años, y bajo contextos de apego seguro con nuestros familiares, cuando evolucionamos. El apego seguro con nuestros padres, nos proporciona un vínculo emocional de seguridad cuando nos sentimos vulnerables. A partir de esta edad, entonces, desarrollamos otra nueva capacidad. Somos capaces de atribuir intenciones psicológicas a las acciones de los demás. Es decir comprendemos por qué actúan de determinada manera. 

Comprender el por qué de pensamientos, emociones y conductas

Creceremos entonces con una capacidad importantísima en nuestra vida. Ser capaces de explicar y predecir nuestro propio comportamiento y el de los demás. ¿Cómo?. Aprendemos a ser capaces de de atribuir estados mentales que expliquen las conductas.

 De hecho nos será más fácil comprender qué nos pasa, cómo nos sentimos, por qué actuamos como lo hacemos. De igual manera, lo podremos hacer con los pensamientos y sentimientos de los demás.

 Esta habilidad nos permitirá no solo "creer en lo que vemos" de nosotros mismos y de los demás. También seremos capaces de:

  • Ser menos impulsivos
  • Comprender las acciones de los demás
  • Entender nuestras emociones y las de los demás
  • Valorar las actitudes
  • Entender nuestros propios pensamientos
  • Comprender las prioridades y decisiones de los demás
  • Resolver nuestras emociones más difíciles
  • Disolver conflictos emocionales con los demás
  • Estar satisfecho con tus decisiones
  • Comprender las prioridades de los demás

 ¿Cuál es el mecanismo que nos permite todo esto? La reflexión. Esta función reflexiva te ayudará a:

PENSAR LO QUE SIENTES Y SENTIR LO QUE PIENSAS

 Pensar acerca de los sentimientos propios y ajenos y sentir los pensamientos, tuyos y de los demás, es crucial para desarrollar tu propia identidad. Así mismo, es fundamental para crear relaciones saludables y satisfactorias.

Piensa un poco en ti

Piénsalo:

  •  ¿Cuántas veces no entiendes las decisiones y acciones de tus colaboradores? ¿ o de tus compañeros de trabajo?
  • ¿A menudo no sabes lo que te pasa? ¿Incluso por qué reaccionas como lo haces en determinadas situaciones?
  • Con amigos o familiares, ¿sientes un enfado considerable porque no actúan como esperas?
  • ¿Cuando no te sientes bien, esperas que los demás te comprendan debido a que has cambiado tu forma de comportarte con ellos?

Es posible que en estas situaciones estés aplicando sólo el modelo teleológico. Estás esperando que las acciones sean lógicas, racionales y consecuentes. Acostumbras desde este enfoque a expresar lo que sientes con acciones visibles a los demás. 

Se te olvida o has dejado de practicar tu capacidad de reflexión. La inercia de tu día a día te está impidiendo vivir tus experiencias desde la reflexión. Necesitamos vivir. Pensar lo vivido. Y además sentir lo vivido. 

 La función reflexiva es un conjunto de acciones mentales que te permite identificar tus propios estados mentales, y los ajenos. Permite diferenciar entre tu propia realidad y la de los demás. 

La capacidad y el hábito de reflexión te ayuda a vincular emociones, pensamientos y acciones. Recuerda, no sólo pongas el foco en tus acciones o reacciones y en las de los demás. Hay más elementos en las relaciones personales a tener en cuenta. Procura prestarles atención desde tus momentos de reflexión.

¿Cuál es el mejor modo de reflexionar para que poder crear relaciones personales satisfactorias?

Luyfen et al (en Bateman y Fonagy, 2012) identifica 4 polaridades en la reflexión (mentalización). Una adecuada reflexión requiere de un buen equilibrio entre ellas, con suficiente flexibilidad para para funcionar de manera óptima en cada situación.

Es decir, es importante, manejar las cuatro tipos de reflexión y sus polos. Ahora bien, lo esencial es poder elegir el mejor tipo de reflexión (mentalización) según la situación. Aplicar en nuestra capacidad de reflexión solo un modo nos dificultará el beneficiarnos de la reflexión.

 Pensamientos automáticos vs reflexión controlada

El modo automático es con el que funcionamos habitualmente. Sobre todo cuando las cosas van bien. Mentalmente nuestros pensamientos y reflexiones automáticos nos dicen que no hace falta un esfuerzo extra de reflexión. 

El modo controlado, es el provocado. El que atendiendo a señales emocionales, cognitivas y conductuales de los demás nos ayuda a dirigir nuestros pensamientos. Requiere mayor consciencia sobre lo que ocurre. Incluye que nos cuestionemos supuestos automáticos que a veces creamos sobre las situaciones y las personas. 

Autoreflexión vs juicios externos

La autoreflexión pone el foco en nuestro mundo interior o de los demás. Es el curso de reflexión que nos lleva a entendernos y a crear un diálogo mental sano sobre quiénes somos. También nos ayuda a entender cómo funcionamos en las distintas situaciones. 

Esta capacidad de autoreflexión, además, tiene que ver con el interés sobre lo que le ocurre a los demás, cómo se sienten, qué piensan, qué historia han vivido para ser cómo son. 

La realización de juicios rápidos es la reflexión dirigida al exterior. Es la que nos ayuda a entender los gestos y el aspecto externo de los demás, así como nuestras propias señales fisiológicas (sudor, taquicardia...)

Reflexión cognitiva vs reflexión emocional

La reflexión emocional suele asociarse al enfoque de la certeza. Sabes algo porque lo estás sintiendo. Es importante además diferenciar entre "me siento así" y "ser consciente de lo que siento".

La reflexión cognitiva es la que permite la duda y las posibilidades.

Piensas en ti vs piensas en los demás

Ambos focos son importantes en nuestra capacidad de reflexión. Nuestra capacidad de adaptación y las relaciones interpersonales requieren de ambas. A veces encontramos personas que tienen muy desarrollado en foco de atención en sí mismos. Y en otras ocasiones, encontramos personas que casi ponen a los demás como prioritarios en sus vidas.

Como hemos comentado los polos en la reflexión no nos ayudarán. El equilibrio adecuado, entre tenernos en cuenta a nosotros mismos y pensar en los demás, es el objetivo.

Entonces dime, ¿piensas lo que sientes y sientes lo que piensas?

En situaciones de estrés laboral, en conflictos personales o en estados emocionales difíciles nuestra capacidad de reflexión se polariza o incluso se anula.

Te en cuenta que es muy posible que en situaciones así, observes como te inclinas a:

  • Los pensamientos automáticos (rápidamente haces un juicio)
  • Focalizar en lo exterior (buscas responsabilidades fuera de ti o factores externos para la explicación)
  • Reflexión emocional (lo sabes porque así lo sientes)

Cierto es que en situaciones críticas esta combinación permite que podamos dar respuestas rápidas. Ahora bien, procura buscar momentos más tranquilos para compensar y tratar de equilibrar tu capacidad de reflexión:

  • Ten el hábito de reflexionar diariamente de manera voluntaria y tranquila
  • Acostúmbrate a cuestionarte de vez en cuando. Busca admitir la duda y las nuevas posibilidades cuando reflexiones
  • Pon el foco en tu propio mundo interior y en el de los demás

Así podrás:

  • Reflexionar mejor incluso en momentos de enfado o de gran tristeza o por lo menos trabajar reflexivamente tus emociones
  • Aprender a valorar actitudes, gestos, pensamientos y emociones que tienen los demás
  • Dar importancia a las palabras, reflexiones e ideas que te trasmiten los demás
  • Acompañar y ayudar a los demás desde la reflexión conjunta 
  • Expresar verbalmente tus emociones y comprender las de los demás
  • Aprender a qué los motivos de las decisiones y acciones de los demás importan
¿Y tú cuánto tiempo dedicas a la reflexión? ¿Cuánto piensas lo que sientes y sientes los que piensas?