Se escribe mucho y se lee (supongo) sobre el aprendizaje de habilidades personales y recursos psicológicos que potencien el desempeño de una persona. Leemos sobre liderazgo, comunicación, resiliencia, empatía, trabajo en equipo, autoestima, gestión del estrés, inteligencia emocional, etc. Un sinfín de habilidades que, como poco, sabemos que son clave a la hora de vivir nuestras experiencias de manera saludable, permitiéndonos crecer, y estar más satisfechos con los logros que conseguimos en los distintos contextos: personal, familiar, social y laboral.

Ahora bien, igual que en mis clases o en las sesiones de coaching en las que trabajo, dos constantes guían el aprendizaje real sobre este tipo de cuestiones (hablo del aprendizaje que genera hábitos nuevos, no la acumulación de información sobre autores que todos podemos leer): la comprensión y la práctica.

Y para ello es fundamental que activemos nuestro cerebro si queremos realmente aprender algo sobre cualquier cuestión en general, y en concreto sobre el tema que a mí me ocupa, que es el desarrollo de habilidades.

¿Por qué únicamente leer sobre habilidades no te servirá?

Activar significa poner en marcha, trabajar mental y emocionalmente sobre aquello que estoy aprendiendo. Una simple lectura día tras día no mejorará nuestra capacidad de:

– liderar

– comunicar

-relacionarnos con otros

– influenciar a los demás

– resolver situaciones conflictivas

– resolver miedos personales

– ser inteligente emocionalmente

– tener una autoestima sana

– gestionar nuestro estrés

– etc.

Activar nuestro cerebro de manera consciente en aquello que queremos aprender significa poner en marcha dos tipos de pensamiento (B. Oakley): el modo enfocado y el modo difuso.

Modo enfocado: se relaciona con una concentración intensa en la comprensión de un concepto o problema específico. Cuando nuestro cerebro activa este modo de pensamiento, nuestro cerebro se ocupa de generar las bases o cimientos de aquello en lo que estamos concentrados. Trata de crear fragmentos elaborados  y conectados de información en un zona concreta de nuestro cerebro, mientras enlaza con aprendizajes anteriores  similares para darles sentido. La consolidación de estos fragmentos, improntas en nuestro cerebro, es lo que nos permite después desarrollar una nueva habilidad sin pensar en ella cada vez, produciéndose una respuesta de manera automática.

Modo difuso: Se asocia a la creación de nuevas perspectivas sobre lo que estamos aprendiendo. Nos proporciona una imagen global. Genera de forma repentina “insights” de lo que queremos abordar. Esta interiorización de lo que queremos aprender se activa cuando relajamos nuestra mente y dejamos que fluya. Es muy útil cuando estamos aprendiendo cosas nuevas. Seguramente, habremos experimentado el funcionamiento de este modo de pensamiento, cuando estamos en la ducha o dando un paseo, o nos vamos a dormir, y de repente lo vemos todo claro.

Aprender algo nuevo implica que nuestro cerebro necesita alternar la activación de ambos tipos de pensamiento para consolidar nuestro aprendizaje. Sino activamos las conexiones neuronales sobre aquello en lo que queremos ser mejores, simplemente nuestro cerebro almacenará los datos por un tiempo muy limitado, y luego los eliminará, porque considera que no tienen utilidad.

Es posible que ésta sea, la razón de por qué nos cuesta tanto aprender nuevos hábitos personales, realmente no le damos la oportunidad al cerebro de generar conexiones, y de identificar en qué momentos tal recurso personal nos puede ser útil. Con lo que, al haber otra información, otros hábitos que creemos que funcionan para todo, y otras prioridades, lo dejamos en desuso y finalmente perdemos esa habilidad o no la desarrollamos nunca.

 La deliberada concentración, práctica, y fluidez de nuestro pensamiento  activa los dos modos de pensamiento y es fundamental para el desarrollo de nuevos aprendizajes, ya sea que estemos aprendiendo  nuevas técnicas o fórmulas matemáticas o que estemos aprendiendo habilidades. Al final, lo que queremos conseguir es resolver problemas, o poner en práctica determinada acción o comportamiento de manera casi automática (que no nos cueste) para estar satisfechos con nuestro desempeño en una situación concreta.

Consulta entonces cómo estás aprendiendo:

puzle

Grabamos la información sin sentido, sin conexiones y sin entender.

cara

Memorizamos sin entender.

puzle completo

Entendemos, consolidamos, practicamos y relacionamos con aprendizajes anteriores.

Conductas que no te ayudarán a ser mejor líder, mejor comunicador o desarrollar con éxito tus recursos personales:

habilidades

¿Qué hacemos entonces? De momento evalúa tus hábitos mentales de aprendizaje, es el primer paso. Decide qué puedes cambiar. Sigue atento a las próximas publicaciones y a los recursos de esta web. Podrás practicar e interiorizar para realmente tener éxito en el aprendizaje de tus habilidades.

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