El liderazgo emocional es la responsabilidad más prioritaria que tienen los líderes actuales en las empresas y organizaciones donde trabajan. Tanto en épocas de bonanza como en épocas difíciles, el liderazgo emocional es el responsable de los resultados de tu empresa.

¡Sí, claro! ¡Lo prioritario son los resultados que obtenemos en los objetivos!, podríais decirme.

De acuerdo en que es elemento por el que habitualmente se nos mide, pero se te contrata también por la visión a la que te comprometes llegar con tu equipo, os contestaría.

Por ello, hay un punto de reflexión que a veces se nos escapa. Si me permites vamos a verlo.

En relación al liderazgo emocional, se ha demostrado en diversas investigaciones (Daniel Goleman, Richard Boyatzis, and Annie McKee) que competencias como la empatía, el conocimiento de uno mismo, y el manejo de nuestras emociones impactan directamente en el desempeño de todos nosotros. En este caso nos centraremos en el desempeño de los líderes.

Ahora bien, el estilo emocional del líder (que incluye adicionalmente además otro tipo de competencias) impacta directamente en el estado de ánimo y en el comportamiento de los demás. Este hecho ocurre debido a un proceso que todos hemos experimentado en ocasiones que es el contagio emocional. ¿Has devuelto la sonrisa cuando alguien te ha sonreído? Seguro que en muchas ocasiones.

¿Y cuando te muestran tristeza o enfado, te contagian o te separas de esa emoción?

En un sinfín de ocasiones habremos escuchado también que …»según se levante nuestro jefe…así nos va el día». Y es que los líderes (el equipo directivo) son por su posición, verdaderas fuentes de creación de organizaciones tóxicas, o verdaderas fuentes de organizaciones resonantes. En las primeras podremos observar toda clase de indicios de miedo,  ansiedad, evitación, agresividad, etc. En las segundas, se genera el mismo nivel de contagio, pero justamente al contrario. Nos encontramos con organizaciones donde se observa aprendizaje, creación de ideas, toma de decisiones, información compartida.

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¿Qué estado de ánimo captaría en tu empresa si fuera a visitarla mañana? ¿Qué estado emocional me llegaría?
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Teniendo en cuenta estos síntomas, el liderazgo emocional genera, debido a ese clima positivo, mayores y mejores resultados en el cumplimiento de objetivos y retos de las empresas. Todo es posible, se genera implicación en la consecución de metas, y como consecuencia final, nuestros clientes se sienten más satisfechos y comprometidos.

 De acuerdo, pero ¿por qué ocurre esto?

Recientes investigaciones de los autores mencionados más arriba nos comentan que existe un circuito natural «en bucle» en nuestro sistema límbico del cerebro que impacta en nuestro estado emocional. Este bucle puede funcionar en modo abierto o cerrado.

Un sistema de bucle cerrado: genera y posibilita la auto-regulación, pues permite prestar atención a recursos internos. Es decir, confiamos en nuestros recursos personales y experiencias, para regular nuestras emociones. Cuando lo activamos auto-regulamos nuestras emociones.

Un sistema de bucle abierto: depende de fuentes externas (interpersonal) para su regulación emocional. Confiamos en las conexiones con los demás para determinar nuestro estado de ánimo. Cuando lo activamos regulamos nuestras emociones a través de las emociones de los demás.

No todas las emociones se contagian igual pero la reciprocidad emocional se da y nos afecta a todos, con el mismo proceso aunque con distinto resultado según sean nuestro hábitos emocionales y experiencia.

Necesitamos ambos sistemas para vivir lo más positivamente posible cada una de las experiencias vitales que tenemos. A veces se requerirá y será bueno que nos dejemos contagiar por los demás, y otras, será más conveniente para nuestra salud emocional que sigamos nuestros propios recursos internos para regular nuestras emociones.

 Vale y entonces ¿qué hacemos? ¿por qué sigue siendo prioritario para un líder?

1) ¿Qué hacemos?

Ser conscientes de lo que vamos generando en cada interacción, y aprender a generar el estado emocional que nos lleve realmente a donde todos queremos, ¿Queremos compromiso, implicación y resultados, no? pues eso.

2) ¿Por qué sigue siendo prioritario? Porque:

Nuestros bucles emocionales del sistema límbico nos funcionan a todos. No podemos anular uno y que funcione el otro así apretando un botón, solo con consciencia, aprendizaje y hábitos.

No controlamos si nuestros colaboradores tienen activo el sistema de auto-regulación o el interpersonal. Cada cual tiene una tendencia aprendida hacia un sistema u otro.

– Ya que vamos a sentirnos influenciados por el estado emocional de otros (sí o sí), casi es preferible que esa fuente externa (líder en este caso) que les va a generar un impacto emocional, sea positiva y le oriente hacia la solución, las ideas y la toma de decisiones.

– Para poder impactar positivamente a nuestros colaboradores es esencial que tú como líder, te responsabilices personalmente de ti, para luego poder responsabilizarte de los demás. Como comentamos el liderazgo emocional es una responsabilidad personal con tu equipo.

– Insisto en que liderar de forma resonante no es ir constantemente por ahí con una sonrisa puesta todo el día. El líder más efectivo es aquel que tiene como hábito, integrado en sus conexiones cerebrales, procesos que le permiten actuar de manera adecuada a la situación que se está viviendo (sea positiva o negativa) con una dosis saludable de optimismo. Es ser capaz de respetar los sentimientos de los demás (sean de euforia, enfado o tristeza) y modelarlos hacia delante con confianza, positividad y visión compartida.

– Puede que los resultados de las investigaciones nos parezcan lógicas y de sentido común, como se suele decir, «han descubierto que el agua moja». Correcto, pero lo que no es tan común, lo que no es tan habitual, es encontrar líderes que inviertan en la práctica habitual de la inteligencia emocional y su impacto en los demás.

Cuando nos hemos dejado influir por el estado emocional negativo de alguien, sobre todo el líder, ocurre que se activa nuestro recuerdo sensorial de emociones negativas anteriores y similares a la actual, reaccionamos defensivamente, nos centramos en los errores de los demás con más facilidad, no vemos soluciones, nos centramos en los detalles perdiendo visión de las personas, los problemas y su impacto, atacamos o evitamos la relación con nuestra fuente externa (¿cuántas veces vemos que nuestros colaboradores nos evitan?), y así una enorme cantidad de sentimientos y comportamientos negativos que se alejan totalmente de lo que necesitamos para que nuestro equipo esté satisfecho con la implicación en los resultados del equipo, departamento o empresa.

– Si multiplicas el ejemplo del punto anterior por «x» líderes que existan en tu empresa ¿qué estamos haciendo? ¿qué crees que van a recibir tus clientes?.  Nos hemos convertido en fuentes externas que no se auto-regulan emocionalmente y que serán incapaces de llevar a la empresa a un clima de colaboración, creatividad, apoyo, compromiso y resultados.

¿Qué estado emocional me llegaría si fuese a una de vuestras reuniones? Las reuniones son un claro ejemplo de como son las relaciones emocionales entre el líder y su equipo, y entre los distintos miembros del equipo. Sería algo así, la diferencia que podríamos encontrar en empresas donde se respira resonancia emocional y se ha creado un equipo, y empresas donde el jefe tiene un conjunto de personas que se reúnen y a las que solo podemos identificar como grupo no como equipo:

liderazgo emocional

 

¿Has detectado qué nivel y calidad emocional hay en tu equipo?

¿Qué impacto estás teniendo en ellos?

¿Estás intentando que ellos cambien su estado emocional sin cambiar tú el tuyo?

¿Están consiguiendo todo el potencial de que son capaces?

¿Quieres compartir alguna pregunta o reflexión con nosotros?