Como si de una novela de Poe se tratara, de vez en cuando escucho, experimento, y me adentro en verdaderas narraciones extraordinarias que me causan tanto miedo, como las novelas de misterio que adoro leer. Eso sí, estas narraciones extraordinarias no me gustan tanto como mis lecturas de misterio y crímen.

Es posible que sea por aquello de que la realidad siempre supera la ficción, pero aquí os dejo unos micro relatos de historias reales de crímenes de talento, que espero no os quiten el sueño, pero sí, nos sirvan para estar alerta.

Los que sueñan de día son conscientes de muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche. (Edgar Allan Poe)

1) La espesa niebla de cuchillos.

Érase una vez, un entorno organizativo donde reinaba la desconfianza, el desdén, los intereses personales, los «amiguismos» y los comportamientos sospechosos. Los directivos estaban pendientes de que les apreciaran personalmente hasta tal punto de no señalar, no dar feedback sobre los trabajos realizados por su equipo, o transmitir a todos que es que «mi equipo no me quiere». Cuando alguien «metía la pata» hasta el fondo, en la presentación de un proyecto importante para una empresa, era el directivo quien finalmente, quitándose horas de sueño, trataba de hacer una presentación decente para que al día siguiente el cliente le comprara su propuesta de trabajo. Esta figura directiva, sufría de estrés crónico, baja autoestima, percepción de reconocimiento nulo ante su equipo, y el único apoyo con el que contaba era de amigos externos a la empresa, que le ayudaban puntualmente, a salvar su trabajo. Sin duda estos amigos, le hacían ver que así no podía continuar, y que tenía que tomar decisiones. Pero claro, esas decisiones iban a estar mal vistas por el equipo y tenía miedo de verse todavía menos apreciado por sus colaboradores.

Aún hoy en día, una nube espesa de incertidumbre, miedo y desconfianza reina en el ambiente de ese entorno organizativo. Los equipos buscan alternativas de trabajo en otras empresas a escondidas, y las figuras directivas, luchan entre sí por encontrar mayor reconocimiento personal que les haga sentirse queridos, al menos en el corto plazo del devenir de cada semana oscura de trabajo.

El talento muere cada día pues, todos se estancan en un punto de no retorno en el que nadie aprende, nadie cambia y nadie conoce su verdadero potencial.

2) La incubadora de «incompetentes inconscientes» («incos»)

Tal cual nos indica el «principio de incompetencia» de Peter, érase una vez una granja de gente «que no sabía que no sabía». Esto era lo que se incubaba día tras día, en esa granja de «teórico aprendizaje» donde estaban estas personas. Las figuras de autoridad daban la imagen de estar velando por el desarrollo de personas con mejores valores, mejores capacidades y mejores profesionales, que consiguieran de nuestro mundo un mundo mejor. ¡Ay! que desdicha y desasosiego encontró un día un docente atrevido, ávido de generar inquietudes mentales, motivaciones internas, y de desarrollar la capacidad de crecer y pensar por uno mismo. Al sonido de los graznidos espeluznantes de los «incos» se asombró de los  límites a los que podían llegar determinadas personas, con tal de no hacer un pequeño esfuerzo, por salir de su «zona de confort». Toda actividad, reflexión, interacción o propuesta de trabajo para aprender a ser mejores profesionales (y personas) en equipo, era seguida por esos sonidos guturales que dejan escapar las fieras de los «incos»: «esto es demasiado, no nos lo facilitas, yo no tengo por qué esforzarme, ya pago para que me apruebes, tengo muchas obligaciones en mi vida…»

Así pues, con este ambiente de incubadora incómoda que se había generado, las figuras de autoridad, eliminaron el ataque de este docente intrépido que solo quería generar un aprendizaje interactivo. Como en Alicia en el País de las Maravillas, sonó el «que le cooorten la cabeza». Amenaza eliminada, que protegía a los «incos» de sufrir cualquier «situación no confortable» para sus mentes en calma. En su lugar, se puso a alguien que consintiera a los «incos» sus «aparentes necesidades».

El talento pues, murió por no querer asumir que aprendizaje implica cambio, compromiso y superación.

3) Consejos vendo que para mi no quiero

Érase una vez un palacio de cristal, que relucía y ofrecía poder mirarse en él para descubrir con todo el apoyo y mejor trato del mundo que podías ser mejor. Mejor profesional, mejor empresa, mejor directivo…en definitiva un palacio accesible al mundo terrenal de empresas, que querían ser más sostenibles en el tiempo. Existía en palacio, un excelente cuerpo profesional que orientaba y generaba que otros fueran mejores. Además, por los éxitos conseguidos este cuerpo fue adquiriendo nuevas figuras estratégicas que dotaban al palacio de mayor potencial profesional. Hubo un día, en que algunos de estos buenos profesionales se plantearon que sería muy provechoso, que los mismos servicios de ayuda que prestaban al resto de empresas terrenales y que tanto éxito habían tenido, se pusieran al servicio del propio palacio. De esta manera, el palacio crecería y se convertiría en un entorno aún más rico, que tenía mucho más que ofrecer.

Desdichados nuevamente los intrépidos, que pusieron su corazón en este nuevo cometido, diseñando un plan laborioso que unía las mejores competencias profesionales y el conocimiento interno de allí donde habitaban. Los regentes de palacio advirtieron nuevas incomodidades para su personal y rápidamente empezaron a boicotear tal hazaña. Esto suponía verse con los ojos de los de fuera y nosotros «somos perfectos, ¿no lo ves?» Son los demás los que tienen que cambiar.

Ni que decir tiene, que esto generó, contradicciones morales, profesionales y demás incoherencias organizativas que consiguieron casi asesinar, el espíritu de talento y vocación profesional de estos intrépidos. La desmotivación reinó de forma oscura y desafiante.

El palacio fue perdiendo poco a poco su mayor valor que era el de personas con talento, que querían ser coherentes con sus principios y desarrollar su potencial, tanto hacia su cliente interno como hacia el externo.

Estos micro relatos me asustan de verdad por varios motivos:

– por el momento de evolución y cambio al que estamos obligados a comprometernos y no lo hacemos

– por la cobardía que significan ante la responsabilidad que tenemos todos de aportar algo mejor a nuestro entorno más cercano

– y porque este mundo necesita de más y mejores intrépidos profesionales que se impliquen en conseguir pequeños cambios tangibles en este mundo

¿te asustaron los micro relatos?

¿sí? enhorabuena, por favor, no los olvides y se uno de esos profesionales intrépidos

¿no? mmm me asusto yo entonces…

Sabéis que me gusta comunicar en positivo pero de vez en cuando, vale la pena mirar con la lupa de los grandes descubridores de crímenes, para que no nos acostumbremos a las realidades oscuras, y éstas nos aparezcan a nuestra mente y corazón, como días claros cuando no lo son.

«El secreto de permanecer siempre vigente es comenzar a cada momento».Agatha Christie