Últimamente parece que nos rodea en las diversas situaciones de incertidumbre en las que nos encontramos más miedos todavía de los que habitualmente tenemos.

Leo, escucho y comparto que es importante saber afrontar las distintas situaciones en las que nos bloqueamos en el día a día y diversos tipos de miedo nos impiden avanzar:

– a equivocarnos

– a hablar en público

– a que se nos juzgue

– a nuestros superiores

– a las parejas

– a nosotros mismos

– a que generemos una situación que no controlamos

– a sufrir

– a cambiar

– a qué pasará cuando…

– a reconocer nuestras mejoras .

Se ha hablado lo suficiente del miedo como para saber que es una emoción incómoda que nos bloquea.

Quizá a mi me gustaría recordar y señalar que:

– el miedo es una emoción que surge cuando procesamos y valoramos (de forma objetiva o no) una situación como amenazante

– una situación amenazante es una situación que valoramos de forma que identificamos que requiere más recursos de los habituales para resolverla o simplemente recursos diferentes, que podemos tener adquiridos o no

el miedo nos activa y nos alerta, y genera que nuestro cuerpo reaccione con más energía de la habitual, pues la situación lo requiere para nosotros

– el miedo es nuestro sistema de alerta para estar atentos

– hay un punto en el que si dejamos que las sensaciones extra generadas de forma automática sean excesivas nos bloquean

– ese «extra de emociones» normalmente viene provocado por el torrente de conclusiones subjetivas que nosotros mismos extraemos de manera anticipada de la situación y entonces nos supera y se hace muy difícil afrontar la situación

– el miedo es nuestro aliado pues nos avisa ¿para qué evitarlo? ¿con qué finalidad? ¿no sufrir? perdonad, pero estamos vivos…!

en el punto en que el miedo es alerta, y no excesiva ansiedad, malestar y bloqueo emocional, éste nos ayuda a escanear que tipo de recursos nuevos podemos poner en marcha en la situación que necesitamos afrontar.

Por lo que mi planteamiento de trabajo con respecto a los miedos implicaría:

– diferenciemos el miedo subjetivo del miedo justificado por una situación en la que nosotros mismos nos alertamos

– no es cuestión de eliminar los miedos, es cuestión de regular las emociones que genero cuando proceso una situación o vivencia como amenazante (es decir, necesito recursos nuevos o diferentes a los habituales)

– si se necesita reaccionar inmediatamente en una situación, lo haré lo mejor posible usando los recursos habituales en mi

– si  se puede contar con tiempo de preparación (que son la mayoría de las ocasiones), necesito regular mi emoción y nivelarla al punto que me permita analizar realmente que recursos necesito y cual es el motivo de que consideremos esa situación como amenazante

contar con opiniones externas nos abrirá la mente a ver más interpretaciones a parte de la nuestra sobre la situación que nos preocupa

– darnos cuenta que el miedo es otra situación más de aprendizaje y crecimiento de nosotros mismos

Plantearse las siguientes cuestiones:

– ¿qué recursos que ya domino pueden venir bien para la resolución de esta situación?

– ¿qué otros recursos nuevos o diferentes necesitaría aprender y poner en marcha?

– ¿qué te sigue preocupando? ¿es probable que ocurra o está solo en nuestra imaginación?

– ¿de lo que te preocupa, resolverlo depende de ti? ¿qué nivel puedes aceptar de no control?

– ¿estás evitando sentirte mal? cuidado, generaremos justo lo contrario, nos sentiremos peor ¿qué nivel de activación que no miedo podemos manejar?

– ¿quieres hacer algo para superarte en esa situación?

– ¿qué, cómo y cuando vas a empezar a ponerte en acción?