Todavía siguen habiendo enfoques empresariales que se plantean

¿por qué mis trabajadores no se implican? deberían estar agradecidos de tener trabajo…

no entiendo que le cuesta hacer las cosas que les digo…

no entiendo por qué actúan de esta manera…

esta persona no tiene actitud para trabajar aquí…

Partamos de una base clara: a todo el mundo le es más satisfactorio hacer las cosas (sobre todo las que más nos gusta)  bien y sentirse satisfecho por buenos resultados. No se trata de que determinadas personas:

– no estén motivadas

– no sean profesionales

– no nos entiendan

– no tengan nada bueno que ofrecer

El talento de las personas viene dado por su competencia (saber hacer), su compromiso y el contexto más adecuado donde esa competencia adquiere valor. En muchos de los cursos que imparto y en sesiones de coaching que dirijo me encuentro con este tipo de planteamientos que lo único que consiguen es ver una parte unívoca de las motivaciones de las personas.

Algunas teorías nos plantean que debemos tener cubierto un orden de necesidades, otras que necesitamos tener en cuenta elementos externos a la tarea que motivan y otros intrínsecos al propio trabajo en sí. Por otro lado, nos encontramos otras que hacen referencia a los logros, al poder y a la afiliación,o a determinadas creencias  previstas sobre las condiciones bajo las cuales alguien estará motivado  o no en su trabajo. Finalmente, también se destaca el valor sobre las expectativas, las recompensas, la justicia, la equidad, etc. Podríamos especificar mas. Todas ellas tienen su valor.

No obstante, me da la sensación de que se sigue creyendo que existe una receta mágica por la cual atraparemos la motivación y el alma-motor de una persona para que se comprometa y esté motivado de por vida en nuestro proyecto empresarial. A veces se pretende, encontrar el resorte mágico que haga que nuestro equipo mantenga una motivación eterna y se centre en trabajar. Es posible que en algunos casos estemos olvidando que:

– el resorte más poderoso está en cada uno de nosotros con lo que busquemos qué es lo que le motiva a cada uno

– es importante tener en cuenta los elementos que nos proporcionan las teorías sobre expectativas, refuerzos, metas, etc., pero como elementos que influyen sobre la motivación de las personas, no como aplicaciones exactas de recetas que si las pongo en marcha, conseguiré un profesional eternamente motivado. Por ello, escucha a quién tengas delante y provoca y fortalece su motivación propia.

–  como el concepto de talento nos indica: lo que más motiva es aquello que mejor sabemos hacer, nos gusta, nos supone retos, nos compromete porque nos interesa y todo ello se puede dar en un contexto en el que se optimice nuestro valor. Por ello, crea contextos instigadores, que provoquen ilusión.

– las personas siempre estamos inmersas en determinados contextos físicos y relacionales en los que necesitan crear vínculos que activen su motivación, con lo que nos podemos encontrar con que pueden estar desmotivados, pero no, que no tengan motivación. Por ello, descubre a quiénes tienes a tu lado.

– cualquier interacción supone un intercambio si queréis hasta “comercial”, y necesitamos ilusionarnos mutuamente, eso es lo que genera mayor compromiso. Busca que hay en el profesional y qué proporciona tu proyecto que es común a ambos y os ilusiona mutuamente.

– esta vida es muy corta para ahogarnos mutuamente y sostener trabajos y proyectos que acaben con la salud emocional de unos y otros. Por ello, busca un punto en común de ilusión y reto.

– Por último, aunque estamos en un mercado empresarial difícil, me siguen llegando casos de profesionales que están buscando o ya tienen un nuevo proyecto/trabajo, que les permite ser mejores personas y profesionales y que no les hacen invertir en un desgaste emocional laboral. Y me consta que están o van a tener éxito en su nuevo proyecto.

Entonces ¿cómo vas a favorecer tú la motivación mutua y propia de cada cual?