Trabajando desde los casos de coaching personal que habitualmente me llegan, me llama la atención la frecuencia con que están presentes determinadas trampas psicológicas. Estas trampas personales y subjetivas, totalmente, impiden a las personas alcanzar o mantener su equilibrio personal o profesional, así como sus objetivos.

He aquí algunas de ellas:

  •  No me creo nada de las palabras bonitas que me dicen, no estoy consiguiendo resultados, con lo que no soy bueno o el mercado está imposible. No hay nada que hacer

Es frecuente en estado de ánimo bajos y prolongados que alguien se pueda sentir así. El entorno nos afecta y la forma en cómo evaluamos nuestro valor también. Pero cuidado, hay veces que ponemos un termómetro tan preciso para evaluarnos, que polarizamos totalmente nuestras interpretaciones. Parece que si no tenemos ese resultado concreto que tanto ansiamos no somos nada.  Esta polarización y estas “gafas” con las que nos miramos nos están haciendo perder “visión” de nosotros mismos y de nuestra realidad.

En este caso puedes o no creerte un feedback positivo sobre tu persona o perfil profesional (doy por supuesto que un buen feedback vendrá de personas que no nos dicen palabras fáciles y sin fondo). El problema es que ¡no lo aprovechas! Si no estamos consiguiendo los resultados que queremos, puede ser que:

–  Al no creer en nosotros hayamos dejado dormidas nuestras fortalezas y no las estemos poniendo en marcha realmente.

– Puede ser que nuestros resultados haya que redefinirlos porque en muchas ocasiones, sobre todo en lo que se refiere al mercado laboral, estamos esperando un resultado concreto que en el actual mercado es difícil que se de, por ejemplo del tipo: “quiero que una empresa me contrate con este sueldo y ya casi por tiempo ilimitado, no quiero cambiar más”. Si, es posible que pueda ocurrir pero no sé si es probable en ya muchos sectores, con lo que ¿y si nos redefinimos?

Ir contracorriente es creativo y genial pero ir en contra de la realidad, ¿lo es?.

  • Lo que yo pienso deber ser así porque así, lo he creído durante toda mi vida, y es lo que me ha ayudado a llegar donde estoy.

Nadie dice que no hayan sido valiosos y exitosos los valores y comportamientos que hasta el momento actual hayamos puesto en marcha. Ahora bien, son numerosos los casos en los que esta creencia tiene un límite en nuestra trayectoria vital. Bien porque no funciona, bien porque no se valora ya en nuestro entorno, bien porque no nos hacen sentir bien las consecuencias que hemos asumido de tener esa máxima en nuestras vidas.

Has llegado hasta aquí hoy pero ¿te servirán los mismo recursos para llegar donde quieres mañana?

  • Manejar cómo me siento es muy difícil teniendo en cuenta lo que los otros me hacen a mí. Yo soy así y me siento así, no lo puedo evitar

Esta parece ser la eterna pugna personal que tenemos con nosotros mismos tanto en ámbitos personales, sociales o laborales. Los demás me hacen esto y esto otro pues ¿cómo me voy a sentir? Además suele ser fuente de conflictos de todo tipo generando un subidón de las emociones negativas que se retroalimentan así mismas, confirmándonos cosas como ¿ves lo que me están haciendo? ¿cómo no me voy a sentir así?

¿Realmente te sientes así porque eres así o porque esto te ayuda a evitar otras cosas? ¿Manejas tus emociones negativas o las alimentas?

  • Es tarde para mi, tengo 40/50 y tantos y no puedo competir con los jóvenes.

¿Qué es tarde? ¿Qué es pronto? ¿Realmente me lo puedes decir?

Será tarde cuando tú hayas tirado la toalla, cuando tú hayas renunciado a tus sueños, cuando tú hayas renunciado a ti mismo/a. El tiempo no lo indica una fecha en el calendario y nuestro carnet de identidad. Ahora bien, si te vas a comparar con los demás, y te vas a comparar con otras personas que no son comparables a ti, la respuesta será siempre la misma: “no puedo, no soy mejor”.

¿Quieres seguir comparándote? No se trata de ser mejor o peor que otros, se trata de ser diferente.

  • Si me he implicado en varios proyectos/trabajos y después de unos años no estoy satisfecho, es que me he equivocado y me sigo equivocando.

Equivocarse, ¡que riesgo de palabra!. ¡Pero también que oportunidad para aprender! A lo mejor a lo largo del tiempo has cambiado, a lo mejor a lo largo del tiempo tu alrededor ha cambiado. A lo mejor ver el pasado como una equivocación no te ayuda, porque compararnos a nosotros mismos con lo que éramos hace quince años, genera disonancia y ¡menos mal que la genera! Esa disonancia es nuestro indicador para ver que hemos evolucionado.

Así que, realmente ¿te equivocaste o has cambiado y no te das cuenta?

  • Lo he hecho todo “bien” me he responsabilizado de mi familia, de mis hijos, de mi trabajo, de mi….. y nada me sale bien.

Responsabilidad, ese concepto que nos puede hacer sentir muy satisfechos o muy saturados. De la responsabilidad sana a la responsabilidad insana hay un paso muy pequeño. Y de ahí, al control para tranquilizar nuestro bienestar y nuestras inseguridades hay otro paso pequeño y resbaladizo.

Si el grado e implicación de nuestra responsabilidad nos muestra indicadores que no nos hacen sentir bien, a lo mejor estamos haciendo que todo pase por nosotros, que todas las soluciones dependan de nosotros, que todo el bienestar de las personas más cercanas pasen por nosotros y esto es insostenible en el tiempo. Y además genera dependencias en todas las direcciones, con lo que los resultados al final no se corresponden con lo que queríamos.

 ¿Tu responsabilidad es sana?

  • No puedo más. He hecho lo imposible por agradar a todos y siguen exigiéndome. Nunca es suficiente lo que hago.

Agradar constantemente a otros hace que nos perdamos en el camino, y además, acostumbramos a los demás a una incesante lista de requerimientos que hay que cumplir, y que cada vez, esta lista es más y más larga. Por otro lado, esta búsqueda infinita de cumplimiento con el agrado de los demás hace que lleguemos a un estado de agotamiento emocional que efectivamente nos hace expresar “no puedo mas”.

Claro que estamos agotados, ¿y tú? ¿dónde estás tú?

  • Si lucho y lucho muy fuerte, cuando lo consiga todo estaré tranquilo/a.

Luchar es elogiable, admirable, todo lo que queramos, nos permite superarnos y afirmar nuestra valía. Ahora bien, cuando no podemos sentirnos, ni vivirnos, ni disfrutar en esa lucha, entramos en una espiral que nunca acaba. Esta espiral nos hace mirar el final, como la meta de nuestras satisfacciones, alegrías y equilibrios internos. La realidad es que no hay una situación ideal que llegue y todo esté controlado y bajo unas condiciones determinadas. Si esperamos a que cambiemos/encontremos trabajo, los hijos se hagan mayores, el mercado mejore, etc…. ¡se nos va a pasar la vida!

¿Quieres perdertela? Cuidado con la eterna promesa que te haces a ti mismo/a.

He aquí algunas de las trampas psicológicas con las que las personas conviven en el día a día. Detectadas en los proceso de coaching personal, y con un arduo trabajo interno, no lo vamos a negar, las personas salen de estos auto boicoteos que sin darnos cuenta se asumen. Detectarlos es la primera fase, y la segunda, darse cuenta de que están limitando nuestra realidad y nuestras posibilidades.

Todos estos casos tienen en común una sola cosa para poder superarlos y salir de esas auto trampas:

¿Quieres salir de tu trampa o estás cómodo en ella?