Uno de los principales factores que diferencian al ser humano de los demás animales es la consciencia de sí mismo: la capacidad de establecer una identidad y darle valor. En otras palabras, tiene usted la capacidad de definir quién es y luego decidir si le gusta su identidad o no.  (Matthew McKay y Patrick Fanning, Autoestima)

Y es la consciencia de sí mismo y la capacidad de establecer una identidad y darle valor, justo lo que nos interesa trabajar y que a veces se nos olvida, tanto si somos emprendedores, profesionales, líderes…etc.

Actualmente vivimos en un mundo donde el verdadero desafío hoy, es el mundo de las interconexiones sean virtuales o presenciales y para que sean constructivas, enriquecedoras, provocadoras y motivadoras, necesitamos la base de una sana autoestima. Esta sana autoestima nos permitirá impactar de forma sólida con nuestra marca personal, allí donde interactuemos, presencial o virtualmente.

Ahora bien, ¿qué es exactamente una autoestima sana?:

– Es una relación constructiva de estima con nosotros mismos.

– Es la fuente origen que nos facilita nuestra propia aceptación.

– Es una voz siempre presente que nos habla en términos realistas sobre quiénes somos y qué podemos llegar a ser.

– Es un enfoque personal en el que nos permitimos percibir y experimentar, haciendo valiosa nuestra experiencia. Ni mejor ni peor que la de los demás, es diferente y por tanto valiosa.

– Es una relación de agradecimiento propio que nos hace estar satisfechos con nosotros mismos.

– Es una relación continuada con nosotros mismos en la que nos evaluamos, nos aceptamos,  nos cuidamos, nos queremos y nos perdonamos.

En todos estos ítems, hay algo que es evidente que sobresale y es «nosotros mismos» y esta es otra de las claves que a me parece particularmente importante. En los distintos procesos de coaching y de desarrollo personal relacionados con marca personal, liderazgo y equilibrio personal, me encuentro a menudo con que la autoestima de los participantes es «externa». Es decir, depende de si mi alrededor me valora o no. Y ¡cuidado! aquí tenemos un riesgo enorme de caer en la «autoestima dependiente». De esta forma, llegamos a un camino directo de dependencia emocional y espiral de insatisfacciones y de emociones negativas.

Es en este punto cuando nuestra marca personal, allí donde queramos mostrarla, en una entrevista de trabajo, en nuestras relaciones personales o laborales corre un gran riesgo, porque iniciaremos una serie de relaciones con los demás, marcadas entre otras por una serie de características:

La inseguridad.

La prioridad de los juicios de los demás sobre nosotros.

– La continua búsqueda de aceptación externa.

– La inconsistencia personal, basada en que «si soy de esta manera, esta persona me acepta y si soy de otra forma, me acepta esta otra».

– Finalmente, la destrucción e insatisfacción propia de quiénes somos, qué podemos aportar, y que podemos llegar a ser.

Como es lógico, estas características van a afectar muy negativamente sobre la percepción de nuestra marca personal. Y es que, no es que no tengamos que tener en cuenta la opinión de otros, ni que no tengamos que alegrarnos y sentirnos satisfechos con las valoraciones externas. Sin embargo, es cuando «necesitamos» y «dependemos» de fuentes externas a nosotros mismos, para valorarnos y definirnos como persona o profesional, cuando estamos perdiendo el norte y debilitando nuestra marca personal y por supuesto, nuestra valía.

Así que las cuestiones clave son:

¿Estás alimentando tu autoestima para que impacte en tu marca personal?

¿Estás escuchando las percepciones de tu alrededor pero desde una óptica de aprendizaje y no de dependencia?

¿Haces crecer con tu experiencia, tu autovaloración, y así fortalecer lo que puedes aportar a tus clientes, tus colaboradores y tu entorno personal?

¿Estás satisfecho contigo mismo y con las relaciones que generas?

¿Sabes que las personas más felices y que más influyen con su marca personal, en cualquier ámbito, son las que tienen una autoestima sana?