¿buscas sentir pasión en lo que haces?

Sí decididamente, es algo que me pasa con mucha frecuencia y es como una droga que necesito para considerar que las cosas que hago, las estoy haciendo lo mejor que sé, de la mejor manera que puedo aportar. De hecho si no encuentro el punto de sentirlo, me preocupo….

Como ya vimos en ese “talento que hace lo que le da la gana”, sentir lo que uno hace es crucial, primero para uno mismo, y después, para que ese talento realmente aporte valor al receptor.

Podríamos explicarlo con conceptos como la inteligencia emocional, teoría de emociones, recuerdo sensorial etc., pero hoy no quiero hacer esto. Quiero sencillamente hacer una reflexión práctica de lo clave que es para mi “sentir lo que voy a hacer” y la forma de potenciarlo (por si puede servir).

Unos ejemplos sencillos en la fase de preparación de:

– Una charla o clase

– Una sesión de coaching

– Una reunión con un cliente

– Una reunión en un proyecto de colaboración

En todos estos casos y como comentamos en otra ocasión, fijaros que empiezo ya con la fase de preparación que es clave. En dicha fase, yo me centro en:

– Cual es el objetivo del trabajo

– Cuáles son los conceptos clave para llegar al otro

– Cuál es el proceso que debo seguir no para mí, sino para que el otro se implique

Cómo lo voy a conseguir

– Posibles dificultades que pueden surgir

Este proceso es bastante racional y permite combinar lo que yo sé que puedo aportar de valor, con el perfil, expectativas y necesidades del otro. Cuando tengo todo esto claro, hago un proceso de interiorización que me permite “sentir” lo que voy a hacer, que aproximadamente:

Implica un tiempo voluntariamente buscado, en el que, los requerimientos técnicos que me exijo están “tranquilos” pues los he trabajado anteriormente, y puedo centrarme en:

  • previsualizar mi actuación
  • anticipar la emoción de mis receptores o el “punto emocional” en el que se encuentran
  • dejarme llevar por cómo me voy a sentir y cómo quiero que se sientan los demás
  • provocar mi recuerdo sensorial (capacidad que tenemos todos de sentir emociones y sentimientos sin estar viviendo en ese momento la situación o estímulo que nos causa la emoción)
  • asociar cada momento clave de mi charla, reunión, etc., a una emoción que quiero transmitir

Este proceso permite asentar, asimilar, deglutir tu propia actuación, intervención, comunicación, etc., y te proporciona:

– Crear un hábito en el que eres fuente de tus propios resultados y emociones

Regular tus emociones ante la situación que necesitas resolver como posibles frenos o miedos

Potenciar tus recursos personales en cantidad “suficiente” para que te emoción sea lo suficientemente “inteligente” para crear el clima adecuado en la situación que te ocupa

– Llegar a una gran conexión empática con la situación, en la que no sólo comprendemos cómo se siente el otro, sino que sientes cómo siente el otro, desde su propio perfil, no el tuyo.

Así pues, no concibo, realizar cualquier actividad de mi trabajo en la que yo no lo sienta primero. Generar emociones en los demás requiere de qué tú lo sientas primero. Las cosas fáciles, o las que nos gustan desde siempre, posiblemente sean fáciles de sentir. No obstante, todos sabemos que tenemos situaciones que nos cuestan más, que pueden ser más tensas, que no nos gustan tanto, etc… y la clave aquí es:

¿estás trabajando para sentir?

¿es un hábito en ti sentir para que sientan?

¿te limitas a los requerimientos técnicos de tu trabajo?

¿se nos olvida que confiamos en las personas y trabajamos con los profesionales?

Raramente se genera confianza sin una emoción positiva 😉