Estrés, enfado, tristeza…¡eh!

¿reinicionamos emociones?

Recuerdo una vez, que fui a visitar a un nene, que de normal estaba siempre muy sonriente. Nos veíamos poco, pero era siempre muy sociable y sonriente. No sé por qué, ese día cuando entré, toda sonriente para saludarle… ¡hola guapo! 🙂 , estaba llorando 🙁 a todo pulmón, y se me quedó mirando mi cara… y siguió llorando, porque… noooo, buaaahhh, él estaba llorando. Punto.

En ese momento, se me ocurrió hacer una tontería que funcionó. Cambié mi cara inmediatamente a menos alegre, pero tranquila, y le dije suavemente: Vale, no te preocupes, sé que lloras, pero si quieres…vuelvo a entrar y empezamos de nuevo. Te digo hola y entonces nos saludamos, y nos damos un beso grande vale?

El nene, se me quedó mirando, paró un poco su llanto, pero me seguía mirando como ¿y ésta, qué dice ahora?

Inmediatamente, salí por la puerta y desaparecí. Volví a entrar de nuevo con la cara alegre, y le saludé con un gran ¡HOLA!, acercándome a él para darle un beso y un abrazo. ¡¡Y, maravilla, el nene sonrió! 🙂

Fue genial :-). A partir de ahí ya empezamos a hablar y jugar, como si nada, supercontento.

Lo más genial, es que es uno de esos hechos que te ocurren, que siempre recordaré porque… ¡narices! (perdón) ¿¡es tán fácil!?

Cuantas veces, en el día a día, se nos tuercen las emociones, por motivos más o menos justificados (no lo dudo), pero continuamos todo el día, semana, mes… con el mismo «llanto» con el que hubiera seguido este nene. ¿y si hiciéramos como en esta anécdota? ¡¡seguro que puedes!!

A veces, «reiniciar» es una buena idea, porque:

– nadie dice que tus motivos de tristeza o enfado no sean legítimos y dejarlos aparcados un rato, tampoco le quita relevancia

– esperar eternamente a que llegue el momento ideal para ser feliz o sonreir… es… (creo que ya lo sabes)

– en ese momento, si seguimos así, nadie más que nosotros, se pierde la siguiente sonrisa, la siguiente interacción, la siguiente buena idea…

– tenemos más poder del que creemos para hacernos sonreír a nosotros mismos y a los demás (¡sino mira que mi idea fue tonta…!, pero resultó)

– la cantidad de energía y desgaste que generamos para mantenernos en un estado emocional negativo es enorme

– la cantidad de beneficios que genera una simple sonrisa es increíble

– llevarnos la contraria nos produce ese «click» para el cambio

Así que, hoy,  como las imágenes valen más que mil palabras, solo alguna cuestión más y un video para añadir a mi anécdota. Espero que puedas extraer enseguida tus propias conclusiones:

¿tú, a qué esperas?

¿cuantas veces podrías haber hecho así?