Estás confrontando en vez de conversar

Estás confrontando en vez de conversar, cada vez que tu intención/actuación al comunicarte con otra persona es juzgar, y poner el foco en los desacuerdos, y en la queja. De esta forma, tanto la otra persona como tú mismo acabáis sintiendo una gran sensación de amenaza en estas “conversaciones”. Que no son tales, porque no hay escucha, no hay recepción, no hay cuidado mutuo, y por supuesto, no se elabora un ofrecimiento mutuo para solucionar. 

En su lugar suele haber, un intento de convencer por imposición de la razón que tiene cada una de las partes. Oir, que no escuchar al otro, produce un ataque a tu propio esquema y forma de ver las cosas. 

No sé si te acuerdas, pero cuando sientes que hablar con alguien es una amenaza a tu bienestar, se activa esa parte del cerebro (Sistema Nervioso Simpático) que te prepara para reaccionar, no para elaborar comprensión, acuerdo y toma de decisiones. Bajo este sistema, literalmente nuestro cerebro está “secuestrado” para atacar. Nada más lejos de lo necesario para conversar. 

Conversar de forma emocionalmente sana requiere de la activación de la parte del cerebro (Sistema Nervioso Parasimpático) que nos permite comprender, y crear soluciones. Ahora bien, si te dejas llevar por el ataque del otro, respondiendo desde el mismo enfoque, el conflicto y la confrontación están servidas. 

Familias, parejas, empresas… que confrontan en vez de conversar

Da igual el contexto, si te pones, puedes generar confrontación allá donde vayas. En la familia, con tu pareja e hijos, con tus compañeros de trabajo, con tu equipo si es que lideras, con tu herman@ con el que resulta que diriges la empresa, pues estáis en una empresa familiar… En todas las relaciones puedes dejarte llevar por la reactividad y la confrontación, llevando a generar interacciones marcadas con verbalizaciones como:

  • “Eres un egoísta…”
  • “Tú lo único que quieres es sacar dinero de aquí….”
  • “No haces nada por nosotros…”
  • “¿Quién te crees que eres…?”
  • “Te consideras mejor que nadie…”
  • “Tú nunca/siempre….”
  • “No tengo nada más que decir…”
  • “Eres muy cabezota, no piensas las cosas….”
  • “Deja de atacarme constantemente…”
  • “No cumples con lo que tienes que hacer…”

Y así podríamos seguir… ¿te suenan algunas de estas frases en las “conversaciones” que protagonizas a diario?.  Uno de los mayores problemas se usa por una u otra parte, este tipo de afirmaciones, nadie se hace responsable de pedir lo que quiere. Si lo piensas bien, prácticamente todas estas verbalizaciones son hacia el otro, y además, tampoco son exploratorias para conocer más sobre el otro. Son más bien afirmaciones de juicio. Sería mucho más fácil si se conversara desde: 

  • “Me resulta difícil entenderte, explícamelo de otra forma…”
  • “Me siento…”
  • “Cuando tomas esta decisión, pienso que… ¿es así?”
  • “Me gustaría que tuvieras en cuenta… ¿cómo podemos acercar tus necesidades y las mías?”
  • “Vamos un momento a reflexionar sobre…”
  • “Querría conocer cuál es el motivo de que me digas esto…”
  • “Nos habíamos comprometido en… ¿qué ha ocurrido?
  • Siento que esto te molesta mucho, me gustaría entender mejor los motivos…”

Prepararse para Conversar, no para Confrontar

La mayor parte de las veces se afronta una conversación difícil sin haber reflexionado. Es más seguramente hayas pasado mucho tiempo dándole vueltas a los desacuerdos que tenéis. Así, es posible que en tu cabeza se repitan los juicios hacia la otra persona confirmando que tu idea es la correcta porque la otra persona, “está… es…”.  Disfrutar de una buena conversación requiere de explorar, comprender, ver posibilidades, y cuidar al otro. Si tu pensamiento va en “bucle” es difícil que puedas conseguir esto último. Busca calmarte, escribe si es necesario para ir más despacio en tus reflexiones… Comprueba si lo que te estás preparando es un ataque para decirle lo que no hace bien el otro. O por el contrario, has podido situarte en lo que quieres pedir, ofrecer, acordar, escuchar, reconocer… Pon el foco en estás últimas habilidades, practícalas. Recuerda que lo que te haya podido decir anteriormente la otra persona, no habla tanto de ti como de sí misma. Es decir, cuando dice que “te consideras mejor que nadie….”, ¿cómo se estará sintiendo esa persona para decir esto, y cuál es el motivo?, ¿lo sabes?, ¿Necesitarías explorarlo?. Evita caer en otro nuevo ataque verbal. 

El saludable hábito de reflexionar sobre las conversaciones

Prepárate, no dejes una conversación totalmente a la espontaneidad y la reactividad:

  • Identifica metas realistas para tus conversaciones. Es decir, ten en cuenta al otro. Si tu meta es “salirte con la tuya”, además, de no ser necesaria la conversación, estás partiendo de la idea de que la situación o el tema del que habláis es sólo como tú lo ves. 
  • Evita “es que el otro tiene que verlo, debería…”. Desde esta idea estás preparando tu conversación desde cómo te gustaría a ti que fuera el mundo, pero no de una forma integradora con la otra persona.
  • Deja la culpa a un lado. Seguramente nadie tuvo la intención consciente de hacer daño al otro. Habla más de responsabilidad. Conversa más hacia adelante. Establece vías abiertas con la otra persona sobre cómo solucionarlo en el futuro más inmediato.
  • Practica el dar y proporcionar feedback sobre lo que estás entendiendo, no vaya a ser que respondas en función de lo que entiendes, en vez de lo que el otro quiere realmente decir.
  • Prepárate para “escuchar” las emociones del otro y atenderlas. Comprender las emociones del otro y ayudar a cuidarlas va antes siempre que la llegada a cualquier acuerdo. También ocúpate de expresar las tuyas desde dónde tú sientes, no desde donde el otro debería comportarse.
  • Pon el foco apreciativo a funcionar. ¿Qué es aquello en lo que sí estáis de acuerdo?. ¿Cómo podrías crear un acuerdo empezando por lo que sí compartís?
  • En cuanto a las diferencias, evita argumentar atacando las ideas del otro, sino que primero, busca qué criterios hay detrás del pensamiento del otro.


Recomendado: Cómo evitar caer en la trampa de un ataque verbal

Conversar es un arte, aprendido con la intención de mejorar las relaciones

Conversar es un arte. Por lo menos es lo que consideramos los que tenemos la conversación como nuestro principal medio para desarrollar nuestra vocación y profesión. Y sin llegar a tanto, conversar es lo que nos hace humanos. Conversar es  el arte que te permite conectar con los otros. Y es importante no olvidarlo. Conversar permite comprender, aprender, emocionarse, llegar a acuerdos… Puede ser una tremenda fuente de satisfacción personal o puede llegar a ser una de las fuentes de mayor estrés. En este último caso, para mí no estaríamos hablando de conversar, sino de hablar, simplemente. Parece que en la televisión, redes sociales, sociedad, familias, empresas, se habla mucho, pero se conversa poco. Se habla con estrés y dolor, pero no se conversa para crear entendimiento y compasión mutua. 

Conversar es cuidar. Y en el fondo lo sabes. Eres capaz, estoy segura de diferenciar cuando has tenido una CONVERSACIÓN DE VERDAD con alguien, a cuando HABÉIS HABLADO simplemente sin conexión. 

Hablamos en muchos entornos, familiar, social, laboral…, de compromiso, implicación, motivación, etc. HABLAR por HABLAR no produce ninguno de estos objetivos. Echa un vistazo al día a día y a las redes sociales y lo comprobarás. CONVERSAR sincera y saludablemente sí que consigue las metas de compromiso, desarrollo, crecimiento, conexión e implicación. ¿Acaso no quieres todo esto en cualquiera de las relaciones que tienes?.

Ocúpate de conversar. Si cada uno nos ocupamos de crecer en este arte, en esta habilidad, nos irá mucho mejor. Ahora mismo sólo tú eres responsable de CONVERSAR de verdad, en vez de HABLAR POR HABLAR. 

Prueba a conversar en vez de confrontar

Conversar permite expresar qué sentimos y comprender qué siente la otra persona. A partir de este descubrimiento podemos entendernos. No es necesario poner el foco en confrontar. Es más, es bastante inútil, si lo que quieres es cuidar tus relaciones y sentirte mejor contigo mismo. ¿Le das una vuelta antes de tu próxima interacción con esa persona a la que quieres cuidar?

¿Y tú confrontas o conversas?

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