«No puedo». Es una idea repetitiva, constante y fija en nuestras mentes que parece guiar las decisiones de nuestra vida personal, profesional, social y familiar.

El otro día estaba trabajando en una clase de hábitos de estudio para opositores, y analizábamos cómo podíamos facilitar nuestro entorno de estudio y minimizar las interrupciones. Fue muy rápido, enseguida obtuve muchos «es que no puedo porque….». Como ejemplo, una persona ponía como excusa, para no poder minimizar las interrupciones, que vivía con su familia y eran muchos, con lo que era «imposible» que alguien no la interrumpiera de vez en cuando. Ella era consciente de que esto afectaba a su concentración.

Comunicar y pedir a tu entorno que te ayude en tu objetivo, nos ayuda a estar completamente centrados y orientarnos al éxito. Ahora bien, si como en este caso, buscamos una justificación que nos proteja del éxito y un muro «más o menos real» que nos impida el cambio, será difícil que consigamos nuestros logros con mayores garantías de éxito. Como nuestra estudiante, son muchas las personas que se hacen expertas en localizar impedimentos. Su mente funciona con una rapidez impresionante, a la hora de identificar obstáculos para generar un cambio y luchar por lo que se desea.

Así nos encontramos con expresiones como:

  • Quiero cambiar de trabajo, pero estoy trabajando y no puedo hacer dos cosas a la vez…
  • Quisiera formarme más, pero no dispongo de posibilidades económicas y además estoy trabajando también…
  • Me gustaría trabajar en esa empresa o en ese sector, pero no puedo porque…
  • Me gustaría ser mejor profesional pero en este empresa uno no puede ser mejor, el entorno y los jefes no te dejan..
  • Quisiera sentirme mejor pero con las circunstancias que tengo en mi vida, no puedo…
  • Quisiera obtener una de las mejores calificaciones en esta prueba.. pero no podré…
  • Quisiera en unos años haber conseguido … pero no podré por estos motivos…

¡Y ya la tenemos! esa estructura mental, rebelde, constante y veloz que se crea en nuestras mentes: la estructura del «NO PUEDO». 3 compañeros de viaje que siempre velarán por nuestra protección, ayudándonos a crear excusas.

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Es importante, en esta estructura, saber que la mayoría de los muros no son tan insalvables como los vemos, no suelen estar ahí para siempre, y no suelen ser tan rígidos como nos los planteamos. Con lo que no necesitamos protegernos tanto, y podemos dar un poco más de margen y posibilidad a nuestros deseos, nuestros «me gustaría…»

Yo creo que en el fondo, estas ideas las conocemos, incluso las reconocemos, cuando nadie nos mira, y quizá el problema no sean tanto, nuestros «no puedo» o nuestras excusas, sino, cómo podemos empezar a salir de este hábito tan fielmente instalado en nuestras mentes, en nuestras actitudes y en nuestras decisiones diarias.

2 valiosas preguntas para acabar con el «no puedo»

En vez de invertir energía en analizar tus dilemas circulares de «quiero… «, «pero no puedo…», » entonces me siento mal… «, «y entonces encuentro más motivos por los cuales no puedo…» y ¡uf! desgastarte emocionalmente de manera exagerada, te planteo dos cuestiones que son valiosas, no son mágicas, porque recuerda que la magia la hace cada uno, y son útiles si les das la oportunidad. Sí te ayudarán, si se lo permites, para hacer de palanca y desinstalar el «no puedo» cómo hábito.

¿Cuál sería el verdadero reto para ti en este momento y situación?

  • Buscar el reto: la curiosidad y el hecho de ampliar tu campo de visión te llevarán en la mejor dirección hacia tus logros y cambios.
  • En esta situación y en este momento: no importa que antes tuviéramos otros retos, no los juzgues si fueron mejores o más importantes, o que pudiéramos tener otros retos (claro, en otra situación). A ti te interesa desinstalar el hábito ahora y en esta situación. Así que céntrate, en ese momento y situación que te está paralizando, y define el reto con esas circunstancias (mi empresa es así…, el mercado es así…, en mi familia ocurre que…, etc)
  • Para ti: no el reto que sería para otras personas, sólo importa el reto que es para ti, evita comparaciones, ya que sabes que no te ayudan, sólo céntrate en tu reto, en el de nadie más.

Hablar de tu reto particular, consigue además cambiar el foco de atención. Cuando hablamos de excusas damos protagonismo a la situación, a las cirscunstancias, etc.. que siempre son externas a nosotros. Pensar en términos de «tu reto en este momento y situación» te focaliza en lo que a ti te motivaría en esa situación. Te da protagonismo para redefinirte y para tomar decisiones.

¿Y qué más podrías hacer en este momento y situación?

  • Actúa: buscar más opciones de las que actualmente estás poniendo en marcha te llevará a tomar mejores decisiones.
  • En este momento y situación: evita bloquearte con «en esta situación no puedo hacer nada más», céntrate en qué más puedes hacer. Cómprate más tiempo y posibilidades de actuación.

«¿Qué más?» te ayuda a permanecer activo y a desterrar la creencia de que ya no podemos hacer nada más. Permítete durante un momento abrir tu foco de soluciones, amplía en número de posibilidades de acción que te ayuden a conseguir tu reto particular.

Une ambas cuestiones, redefine el reto con la primera y amplía el número de acciones o soluciones que puedes llegar a poner en práctica para acabar con el «no puedo… porque…»

 

¿Identificarás rápido tu próximo «no puedo» y pondrás en marcha estas dos valiosas preguntas?

Sólo tú puedes ayudarte en esto.

buenas preguntas