¡Cuánta información a nuestro alrededor! ¡Cuántas tareas pendientes! y ¡Cuántas cosas en las que queremos pensar a la vez!

Y al final, acabamos prestando atención y recursos seguramente a lo menos importante, o quizá a aquello que no nos gusta tanto, pero ¡vaya! sigue siendo importante y de nuestra responsabilidad.

¿Cómo hacemos para que nos cunda el día y además nos sintamos satisfechos? Buen objetivo éste, y muy satisfactorio siempre y cuando conozcas cómo funciona tu cerebro, cómo funciona tu atención y la creación de buenos hábitos.

Este proceso, básicamente, es lo que ocurre cuando dejas, continuamente y por sistema, aquello que te cuesta hacer. Puede ser una tarea de tu trabajo que no te gusta, o cualquier otra acción a la que todavía no te has acostumbrado, como por ejemplo, esos buenos propósitos que hacemos hacia final o principio de año, o incluso después de una vivencia traumática en la que decides cambiar de hábitos. Es decir, se apodera de ti la procrastinación.

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Y así, repitiendo este pequeño, pero potente proceso, en el que se recompensan (temporalmente) justo las tareas que hacemos fácilmente, nos convertimos en personas a las que les cuesta crear hábitos nuevos o simplemente no conseguimos:

– Crear una rutina / hábito eficiente para optimizar nuestra búsqueda de empleo.

– Ser más eficientes en nuestro trabajo diario.

– Incorporar nuevas habilidades personales o profesionales en nuestro repertorio cognitivo-conductual.

– Etc.

 Cómo tener éxito en tus hábitos productivos

La creación de hábitos sólidos, conlleva 4 elementos importantes (B.Oakley):

La señal. Una llamada de teléfono, un mensaje de whastapp, notificaciones de redes sociales, un mail en tu bandeja de entrada, una pregunta o comentario incómodo en una reunión con tu equipo o con tu cliente, pueden hacer que dejes para otro momento el poner en práctica determinados comportamientos o tareas que tenías previstos.

En el fondo, son tareas o comportamientos que quieres aprender pero siempre hay algo, que lo pospone: ya pondré en marcha “eso de la inteligencia emocional” en otro momento, ya comunicaré de forma más constructiva la próxima vez, ya haré ese análisis e informe en otro momento, ya haré…. porqué ha habido una señal que ha desviado tu atención y “has decidido”, sí lo has hecho, prestarle tu atención, tu tiempo y tus recursos a algo que podría esperar, ya lo tienes aprendido, o simplemente no es importante ahora o no es lo que quieres realmente.

Las señales no tienen nada de malo, ocurren, seguirán ocurriendo y requieren de nuestra acción en algún momento. La cuestión es si es ese momento el que le quieres prestar atención, o si es de esa forma cómo quieres atender esa tarea. Comunicar puedes comunicar siempre, pero si quieres aprender a comunicar mejor a tu equipo, cualquier indicio/señal al que le prestes atención y “te justifiquen” seguir con tus viejos, pero nada eficientes, hábitos, no te ayudará a incorporar las nuevos.

La rutina. Es realmente la cadena de reacciones que tienes a las señales diarias en cualquier situación, lo que mantiene la procastinación. Lo que haces cuando aparece un mail en tu bandeja (atenderlo enseguida), cuando recibes una llamada telefónica (filtrarla o posponerla), el comportamiento que te sale de manera automática cuando recibes una crítica negativa, o cuando se desvía el tema de la reunión, etc., es la rutina que tienes automatizada.

Es el cambio de esa cadena de reacciones comportamentales lo que te ayudará realmente a superar la procastinación en tu trabajo diario, en el aprendizaje real de nuevas habilidades y comportamientos, y en el desarrollo de nuevos hábitos saludables que te propones cada año.

Así pues, tener un plan de cómo voy a reaccionar a las señales, es la clave. Desarrollar nuevos rituales de reacción, prever qué haré con las señales, reducirlas o posponerlas, hará que finalmente crees rutinas exitosas de los nuevos hábitos que quieres conseguir.

La práctica continuada de los nuevos hábitos crea además improntas en nuestro cerebro que se vuelven cada vez más automáticas, de manera que perseverar en los nuevos hábitos, hace que luego sea cada vez más fácil reaccionar justo como queríamos conseguir o aprender.

La recompensa. La recompensa más poderosa en mantener un hábito sólido en el tiempo es la propia satisfacción, el orgullo, la superación y el estado de felicidad que nos produce estar inmersos en ese hábito. Ahora bien, si estamos hablando de que ahora hay cosas que nos cuestan, pues esta satisfacción, nos va a costar un poco al principio. Por eso, es importante, planificar de antemano, con qué me voy a premiar, conforme logre acercarme a detectar “mis señales”, “mis rutinas cómodas”, ponga en marcha “nuevas rutinas”, etc. Aumentemos la recomopensa conforme sea más difícil nuestro logro. ¡Disfruta con las recompensas, date un capricho!

La creencia. Fundamental. La creencia de que puedes hacerlo, de que puedes aprender, de que puedes superar la procastinación y que puedes desarrollar los hábitos nuevos que quieras. Relacionarte con personas que también están aprendiendo, que quieren superar su procastinación, o que quieren crear nuevos hábitos, nos dará apoyo en momentos de decaimiento.

Visualizar cuál es el comportamiento, tarea, hábito nuevo que queremos desarrollar y “vernos mentalmente” con detalle en la situación futura que queremos crear es un potente impulsor de nuevas acciones. Sentir, con anticipación, las emociones/satisfacción que tendríamos en la nueva situación, provocará ya que cambiemos la emoción que tenemos hacia la tarea o comportamiento, que nos cuesta y que queremos cambiar.

Sugerencia…

¿Qué elemento podrías trabajar y reforzar para fortalecer tus hábitos?

hábitos

¿Quieres que comentemos personalmente tus reflexiones?