¿Qué haces con tus emociones negativas?

La actitud positiva es clave para superarnos, afrontar cambios y para aprender a priorizar nuestra felicidad y equilibrio personal. De hecho hablamos también, en un post anterior de la relación que tiene con la productividad personal y empresarial.

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Ahora bien, el manejo de las emociones negativas, también es una tarea pendiente, que en ocasiones puede dejarse de lado consciente e inconscientemente. Este hecho multiplica a medio o largo plazo las crisis personales o profesionales, las interacciones negativas en ámbitos personales, sociales o profesionales y como siempre que se nos olvida «trabajar» nuestro interior, la factura emocional es alta.

Tanto en casos de crecimiento personal como profesional, detecto casos en los que se ponen en marcha una serie de  «técnicas poco productivas» a largo plazo para aparentemente sobrellevar, que no manejar y afrontar, nuestras emociones negativas. Son casos como:

Reaccionar con comportamientos y verbalizaciones agresivas cuando alguien me «molesta» en un equipo o en una reunión. Comportamiento que poco a poco se generaliza a cualquier tipo de contexto e interacción. De esta forma, muy probablemente la persona tenga que aumentar cada vez más estas acciones para superar la situación creando una sensación de que «todo el mundo está contra mi». Este comportamiento también convierte a la persona en el punto de mira de todos, y con un protagonismo mayor que la situación inicialmente que causaba desagrado.

Hacer como que la situación o la persona no me importa, desvalorizarla, entrar en estado de «anestesia emocional»,  son algunas de las reacciones que vemos en las interacciones personales y de equipos. Este comportamiento genera una «falsa realidad» en la que la persona deja de tener uno de sus pilares personales sin las estructuras adecuadas. Genera a medio o largo plazo, insatisfacción, desánimo,  indefensión aprendida y un compromiso cada vez menor con sus prioridades y responsabilidades vitales o profesionales, que hace tambalear su equilibrio personal.

Evitar al mínimo o totalmente hablar o reunirme con determinada persona o estar presente si quiera en determinada situación personal o profesional, es el ejemplo claro de otro caso en el que no se están manejando adecuadamente las emociones negativas. Este comportamiento elimina cualquier posibilidad de superación del conflicto o de la situación, que nos causa estrés emocional, y acaba por generalizarse y ampliarse, a cualquier situación o persona que identifiquemos con características similares a la original. Podemos dejar de participar en cada vez más actividades que nos limitan nuestra experiencia vital o profesional.

Estos casos responden a las siguientes técnicas:

Confrontamiento: intentos de solucionar directamente la situación mediante acciones directas, agresivas, o potencialmente arriesgadas.

Distanciamiento: intentos de apartarse del problema, no pensar en él, o evitar que le afecte a uno.

Huida-evitación: intentos de centrarse en cualquier otra actividad o situación que no se asocie o sea la que causa malestar.

Realmente, la inteligencia emocional nos proporciona un enfoque mucho más constructivo, que se basa en responsabilizarse de nuestras emociones negativas, tanto en la aceptación y reconocimiento de las mismas, cómo en las acciones que vamos a implementar para resolverlas, y conseguir nuestra meta emocional en la situación que nos estaba desagradando con intensidad.

Mantener en general una actitud positiva en la vida y en todos nuestros contextos vitales, es clave y necesario para saber aprovechar y potenciar lo mejora de cada uno y de cada situación. Esto nos impulsa a crear nuevas posibilidades y nuevas experiencias. Tan importante como esta última visión es alimentar nuestros recursos personales, de forma que da igual la situación que tengamos que afrontar, hemos desarrollado hábitos para manejar inteligentemente nuestras emociones. Para ello, necesitamos primero:

– Reconocer la emoción negativa.

– Plantearme cómo me gustaría sentirme en esa situación.

– Identificar cual es el motivo de mi sentimiento.

– Revisar o desarrollar nuevas acciones internas para resolver la emoción que quiero cambiar.

Parecen pasos lógicos, pero no por su claridad son menos complejos (para cada uno). Requieren de un esfuerzo personal por asimilar, «masticar» como digo en ocasiones, estos cuatro aspectos. Por mi experiencia profesional, compruebo que no se suele tener estos hábitos tan desarrollados como pensamos, porque suelen requerir de esfuerzo, decisión y voluntad. Suele ser mas fácil sobrellevar las inquietudes negativas, poniendo en marcha alguna de las tres técnicas indicadas al principio. Y cuanto más las mantenemos en el tiempo, más difíciles son luego de resolverlas de una forma más válida y constructiva. Se puede pero se sufre más.

Es tremendamente constructivo evitar pensar que lo tenemos todo claro, que nos conocemos mucho y que «somos así», para aprender cada día a lidiar con nuestras emociones y recursos personales. Aquí os dejo un breve cuento que puede hacernos pensar:

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¿Desbordas sabiduría o aprendes? 😉

¿Confrontas, te distancias o huyes de tus emociones negativas?

¿Manejas tus emociones negativas?