Por muy difícil que sea nuestro entorno…»Tú eres en gan medida responsable de quién eres»

Hay ocasiones en que me hierve la sangre cuando escucho y veo a mi alrededor, y otras en que me siento muy pequeña, pero feliz de vivir experiencias, que te hacen inclinarte ante determinadas personas.

Empezaremos por aquello que me asusta, me pone los pelos de punta y me entristece. Ayer murió asesinada a tiros la diputada del partido del PP de León.  No suelo, utilizar este blog para temas políticos y sociales, es posible que haya mejores sitios y mejores profesionales que se dedican a esto  y que aporten más valor que yo, a los acontecimientos sociales.

No voy a entrar ni siquiera en el tipo de partido al que pertenecía, ni cómo era, ni siquiera sobre su trayectoria. Lo siento, me da exactamente igual. El caso es que la han asesinado, así a tiros, como si nada. Mi primera reacción, fue ¿qué? ¿por qué? e intenté buscarle posibles explicaciones basadas en el estado de ánimo de la sociedad en general. No para justificarlo, todo lo contrario, sino para entender, y ver qué motivo puede haber para que una persona llegue a ese extremo. En ningún caso está justificado, al menos para mi el asesinato. Ahora bien, una vez recibida más información, y una vez leído todo lo que se estaba publicando en las diversas redes sociales y una vez, escuchadas las primeras opiniones verbales que me llegaron, me quedé atónita de nuevo y casi más que al escuchar la noticia.

Resulta que existe gente, existen personas cuyos primeros pensamientos y expresiones sobre esta noticia fueron:

– Los políticos se tienen que dar cuenta de lo que hacen y esta es la única manera.

– Se lo merecen

– Me da igual ha vivido demasiado bien…

– No tengo respeto por quien no lo merece…

Perdonarme la informalidad, pero ¡alucino!, ¿a qué estamos jugando? ¿en qué nos estamos convirtiendo? ¡que han matado a alguien así sin más! Que lo siento, pero cuando mostramos un comportamiento tan agresivo con alguien, estamos convirtiéndonos en el mismo tipo de persona o peor que la que estamos criticando… Que si pensamos así, no estamos respetando, no estamos pensando,o ni estamos mostrando la clase de valores que se dice defender. Para defender cualquier valor, sea respeto, honestidad, sinceridad, etc… lo primero es demostrarlo. Así no vamos a ningún sitio, y me da mucho miedo de verdad, que la sociedad esté alimentando este tipo de sentimientos y de ideas… ¿estamos en declive? Sobre todo porque a veces a la gente se le llena la boca diciendo una y otra vez, lo que es y lo que no es, pero a la hora de la verdad, no actúa como nada de lo que dice.

Repito que no soy una experta en temas sociales ni políticos, y a veces, me da igual, para eso están los profesionales. Trato de razonar las cosas y verlas desde un enfoque de reflexión y respeto.

Menos mal, que afortunadamente también podemos encontrar personas que piensan de otra manera y luchan todos los días para cambiar el mundo. Sobre todo, empezando por ellos mismos. Es el caso de Nadal. Todos, estoy segura, habremos visto su juego, leído todos los artículos que hay sobre él, etc. En este caso pido permiso para centrar nuestra atención sobre el campeonato que ganó en Mutua Madrid Open. No hablaré hoy sobre toda su trayectoria, sino sobre un gesto, una acción que me pareció loable después de un partido que le llevó a la gloria y en el que supo poner de manifiesto su autoexigencia, su respeto y su reflexión.

Nadal ganó, no hay duda, su trabajo anterior en el campeonato fue bueno, pero este partido en concreto tenía un «sabor agridulce», que podía haberse guardado, que podía no haber sentido, pero lo hizo.

Tanto el lenguaje no verbal como el verbal, en estas declaraciones y desde que se retiró Nishikori, mostraban alegría y tristeza, consciencia sobre cómo he jugado, como está mi oponente, y … esta forma de ganar no me gusta. Casi diría que le costó alegrarse por su victoria.

Por si no escuchásteis las primeras declaraciones (entra en la imagen o en el enlace):

 

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Nadal: «Lo siento por Nishikori, en el primer set me pegó una paliza»

Nadal muestra:

– Respeto y comprensión hacia la situación y hacia el otro

– Empatía

– Reflexión

– Regula sus emociones y las convierte en constructivas

– Agradece

– Es sincero consigo mismo en cuanto al valor aportado en el partido y el valor del otro.

– Reconoce «su paliza» y empieza a desarrollar expectativas realistas sin «nubes»

– Excelente cuando reconoce: «intento dar lo máximo y lo mejor de mi cada semana, pero el máximo que a veces doy, no es el máximo que he podido dar en mi carrera». Es decir, hoy he dado lo máximo que he podido pero sé que he dado más y mejor y puedo dar más. Tengo mayor capacidad, pero hoy no la suficiente.

– Genial: «hay que acostumbrarse a pelear con lo que uno tiene cada día» y «lo más importante es prepararme para los siguientes torneos»

Sin palabras, me inclino.

Y es que hoy después de estas dos reflexiones y ejemplos tan dispares sobre comportamientos sociales, he querido destacar tres valores que considero cruciales actualmente: Reflexión, autoexigencia y respeto. Yo, personalmente, creo que no sé vivir sin ellos.

La reflexión como hábito nos permite conocernos y conocer a los demás. Nos permite «trabajarnos» y mejorar. Nos permite ser conscientes de nuestras prioridades y fortalezas, y nos permite identificar aquello en lo que podemos mejorar. (Cuanta gente veo en mi trabajo diario, que no es consciente de quién es y que va reaccionado como apagafuegos ante los acontecimientos, en vez de reorientar, priorizar y actuar conscientemente. Este hecho acaba por pasarle una factura emocional considerable)

Esta reflexión sana, nos lleva a ser exigentes con nosotros mismos y nos empuja a aprender, crecer y seguir creando nuestro equilibrio personal y profesional. Y es aquí, cuando uno se conoce, invierte en su mejora, lidia con sus propias dificultades cuando surge el respeto por los demás. Pero sin ese «trabajo» anterior de reflexión y autoexigencia, en ocasiones, es difícil que llegue el respeto, por uno mismo y por los demás.

¿Está esta sociedad dejando de reflexionar y reaccionando como apagafuegos de sus propios miedos?

¿Estamos utilizando el ataque a los demás como defensa, en vez de alimentar nuestra propia fortaleza como personas y que ésta sea nuestra mejor arma, para construir con los demás?

¿Cuánta sensibilidad y respeto estamos perdiendo en la interacción con nuestro entorno social, laboral y familiar?

¿De verdad que no nos creemos que construir, motiva e impulsa más, que destruir?

No somos como Nadal, ni creo, vamos a liarnos a tiros, pero …

¿Cómo están siendo tus interacciones diarias?

¿Estás alimentando tu dieta de excelencia, empezando por ejemplo con la autoexigencia, reflexión y respeto?