¿Por qué hablar de autonomía y dependencia hoy?

Generar dependencia hoy está a la orden del día igual que su complemento que es «ser dependiente». Ambos lados de este tema generan consecuencias nada positivas a largo plazo para los que intervienen en esta relación compartida.

¿de qué tipo de dependencias estamos hablando?

Lo primero que nos puede venir a la cabeza son personas que dependen de sustancias químicas (alcohol, drogas, tabaco…) Pero no, esto lo dejaremos para los especialistas. Hoy me preocupa la dependencia psicológica/emocional que observo en  escenarios más cercanos como los laborales, familiares, sociales , de pareja, etc… En este tipo de relaciones podemos observar que determinadas personas no se consideran nada sin su pareja, sin su jefe, sin su amigo…, es decir la persona dependiente acaba por poner como elemento de identidad de sí mismo, la relación/la satisfacción del otro.

¿cuando hay dependencia en este tipo de relaciones?

Se dan cuatro signos característicos en las personas que mantienen sin darse cuenta relaciones dependientes:

obsesión: la conducta dependiente es apremiante por lo general y con frecuencia obliga a esta persona a estar pensando continuamente en el elemento de su obsesión. Por ejemplo, una persona puede estar continuamente pensando si sus actos o ideas van a ser validados y aprobados por otra persona (pareja, jefe…). De esta manera la persona actúa, siente y piensa como el que es fuente de su dependencia y se convierte en un «clon» sin ideas, sentimientos o acciones propias.

Consecuencias negativas: las conductas adictivas se caracterizan por generar efectos positivos a corto plazo (placer, satisfacción, aceptación, protección, seguridad …) pero a medio largo plazo producen consecuencias negativas, pues la persona dependiente empieza a reducir su participación en otras áreas de su vida por encontrar satisfacción en la fuente elegida. Por ejemplo, pueden dejar de escuchar otras opiniones y trabajar con otras personas, o tener relación con otros, por buscar la aceptación y refuerzo de su jefe, o de su pareja. Esta conducta generará además ansiedad, inseguridad e irritabilidad por tratar de cumplir al 100% las expectativas de fuente de dependencia, nivel de exigencia que por supuesto es imposible cumplir.

Falta de control: Pese a las consecuencias negativas que sufre la persona dependiente, ésta experimenta un total falta de control sobre su conducta. Por ejemplo, no pueden dejar de comprar cosas que no necesitan cuando nos sentimos mal, no pueden dejar de acudir o de satisfacer constantemente a la persona de la que dependen aunque eso les anule como persona, dejando además a un lado cualquier otra forma/estrategia para sentirse bien.

Negación: A medida que la dependencia se vuelve más grave, las personas implicadas muestran señales de no reconocimiento del problema, creen que lo pueden controlar y que no les causa ninguna consecuencia negativa para sí mismos. Por otro lado, tampoco reconocen que su malestar emocional sea causado por ser dependiente de la opinión o aceptación de alguien determinado (pareja, jefe, etc..)

Así reflexiones del tipo: «no tengo ningún problema», «no es tan grave», «no voy a hablar de esto», «cómo no voy a estar nerviosa si todos a mi alrededor sois…hacéis…», «yo no me siento tan mal como…», son frecuentes entre los que se encuentran inmersos en este tipo de relación.

Y es que este tipo de relaciones significaron un placer, satisfacción o refuerzo en algún momento inicial en el que:

la fuente de la dependencia ganaba autoestima y satisfacción porque «mira todo lo que puedo aportar y fíjate como no pueden funcionar sin mi…» (reflexiones de una pareja, jefe, amigo, …)

el dependiente estaba feliz porque encontraba solución a sus problemas, atención, valoración, aprobación, protección, sentido de pertenencia, predecibilidad (se que si hago esto todo va a estar bien, seré aceptado…) en el hecho de convertir a la otra persona en alguien con mayor prioridad que ellos mismos.

¿qué podemos hacer entonces?

Lo primero que necesitamos es desarrollar un hábito de reflexión con nosotros mismos, en los que nos analicemos y preguntemos sinceramente si estamos satisfechos y felices con lo que hacemos, y con el tipo de relaciones que tenemos. Si esto nos es difícil de realizar o reconocer, demos al menos «el beneficio de la duda» a aquellos que realmente nos aprecian y buscan nuestra autonomía y felicidad, que nos aceptan como somos y no necesitan que siempre les demos lo que quieren. Seguramente tengamos a nuestro alrededor, amigos o compañeros que nos hagan ver lo que no vemos.

Después del primer paso de reconocimiento, necesitamos valorar en qué me beneficiaba esa relación dependiente, y ver de que otras formas podría sentirme bien, que no fuera a costa de nuestra propia valía o de otro.

Conforme vayamos practicando acciones como:

– ser capaces de elegir, pensar, sentir y actuar por nosotros mismos

–  aceptar que a veces nos equivocaremos y que somos igual de valiosos

– concedernos tanto valor como el que tienen los demás

podremos construir relaciones sanas que nos beneficiarán en que:

– seamos más autónomos

– nos consideremos más valiosos y con muchas cosas que aportar a mi jefe, compañero, pareja…etc

– nuestra felicidad depende de nosotros mismos

– nos conoceremos más y reforzaremos nuestro potencial

– creceremos con los demás

– experimentaremos máyor ilusión en aquello que decidamos implicarnos

Y ahora las preguntas que os lanzo son:

¿estás generando dependencia en tu equipo de trabajo o colaboradores?

¿y en tu familia, amigos, compañeros?

¿es prioritario y apremiante para tí satisfacer a los demás por encima de tu propia felicidad?

¿qué vas a hacer para empezar a romper las cadenas y construir lazos flexibles pero más constructivos?